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Universidades grises

11 de agosto de 2016


Guayaquil es una ciudad tan gris en su pensamiento, que una de sus figuras intelectuales más relevantes, Walter Spurrier, puede publicar en las páginas del periódico de mayor circulación de la ciudad que Guayaquil se ha quedado atrás (“Quito, capital económica indiscutible”) y eso no provocar ninguna opinión ni a favor ni en contra, ni en la prensa ni fuera de ella (1). Eso es turro en los ciudadanos, pero en el caso de las universidades es realmente preocupante porque ellas son las llamadas a producir pensamiento crítico y generar alternativas para superar este estancamiento.

Las universidades de Guayaquil, sin embargo, jamás han puesto a debate el “modelo de desarrollo” impuesto desde el poder municipal en Guayaquil por casi un cuarto de siglo (pues he allí, en ese “modelo”, el origen del estancamiento económico de la ciudad).

Este hecho speaks volumes de la docilidad de la sociedad guayaquileña.

(1) Walter Spurrier Baquerizo, ‘Guayaquil se rezaga’, Diario El universo, 22 de febrero de 2015.

El peor Quito (imaginado) es el Guayaquil cotidiano

24 de mayo de 2016

El título de esta entrada tiene justificación desde la perspectiva de Antonio Villarruel, un articulista de La República, quien tiene la sensación de que en sus “peores momentos”, la Alcaldía de Mauricio Rodas en Quito “no es otra cosa que el interés por convertir a la ciudad en una modesta hacienda, con pasos elevados, brea y cemento, barrios desplazados, árboles caídos, gente silenciada y con un buen puñado de habitantes fungiendo de peones urbanos” (1). Lo que convertiría a Quito, curiosamente, en un remedo de lo que ha logrado el socialcristianismo con Guayaquil tras un cuarto de siglo de administración de la ciudad: obras de cemento y ciudadelas de burbuja, sin espacios públicos ni áreas verdes y con un montón de extras que guardan un silencio “bastante parecido a la estupidez” (2).

El artículo de Villarruel concluye con la afirmación de que a él no se le ocurre “cuánto más bajo se pueda llegar a caer”. Le bastaría estudiar con cierto detalle a uno de los auspiciantes del portal donde escribe, para que se le ocurra las honduras que tanto busca (3).  



(1) Villarruel, Antonio, ‘Rodas: máscara y hacienda’, La República, 5 de mayo de 2016. La comparación que hago entre el Quito de Mauricio Rodas y el Guayaquil socialcristiano no debería tener nada de extraña en razón de los antecedentes socialcristianos del "fresco" Rodas.
(2) ‘La respuesta del economista Manuel González’, Xavier Flores Aguirre, 3 de diciembre de 2014. La respuesta de González demostró “esa notoria incapacidad crítica que existe en la ciudad (de la que hace gala el economista [Manuel González] y que es sintomática de la gran mayoría de “pensadores” en Guayaquil) de personas que suelen ser híper-críticas para tantas otras cosas, pero que cuando se trata de la administración municipal de Guayaquil, o callan, o la defienden con un servilismo a prueba de ideas”. En el futuro, cobrará sentido la proclama de la Junta Tuitiva de la ciudad de la Paz con relación a los tiempos del socialcristianismo en Guayaquil: “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”.
(3) La sociedad civil quiteña es mucho más crítica de sus autoridades locales que lo que la dócil sociedad civil guayaquileña es. De todas maneras, la sociedad civil es la única alternativa frente a unos medios de comunicación que parecen más "miedos" de comunicación cuando de opinar e informar sobre la Alcaldía de Guayaquil se trata.