Sobre los anónimos (oh, ah, Cantona)

14 de noviembre de 2008

En un artículo (Oh, ah, Cantona) de su exquisito libro sobre fútbol Salvajes y Sentimentales, Julián Marías reivindica con razones la acrobática patada que Eric Cantona le propinó al espectador Matthew Simmons. Éste, al amparo de su condición de hombre-masa, lo insultaba a aquel: situación marrullera y cobarde la de este fulano Simmons, de la que el francés Cantona supo sustraerlo no sin antes hacerle conocer, de botín y obra, su sincera opinión. En un texto impecable, Marías escribe:

“Quien ha pisado alguna vez un estadio o una plaza de toros ha visto a individuos cobardes que, amparándose en la distancia y el anonimato, se atreven a gritarles a los futbolistas o toreros cosas que no serían capaces de murmurarle a nadie que estuviera a dos pasos, gente que no saldría ni en defensa de un niño al que vapulearan cuatro adultos. Se atreven a insultar y humillar en tanto que masa, confundidos con otros de su misma especie, jaleándose y envalentonándose mutuamente. Se sienten impunes porque en esos lugares es casi imposible que sean individualizados, percibidos como lo que son, individuos.”

No es difícil reemplazar el pisar “un estadio o una plaza de toros” por “participar de un blog”. Aclaro, eso sí: no es el anonimato en sí mismo el que me molesta aunque prefiero (por obvias razones: saber si se trata de un afectado directo, de un experto, de un defensor de ciertos intereses, etc.) conocer quién es mi interlocutor en un debate. Reconozco, por supuesto, que lo importante en un debate son las ideas y que, en la medida en que se expongan de manera inteligente y respetuosa, me resulta indiferente si las expone un anónimo o un identificado. El que me parece despreciable es aquel que calza en esta descripción que realiza Marías, aquel que utiliza su anonimato para el aleve insulto y la pretensa humillación de su interlocutor, partícipes de una cuota de mala leche y de estupidez malsana que es impropia de cualquier debate serio. Estos cobardes, hay que decirlo con todas sus letras, solo merecen desprecio.

Ah, para cerrar, unos goles del gran maestro Cantona (oh, ah, Cantona, ran away with the teacher’s bra) para deleite de la peña futbolera.

9 comentarios:

Kojudo Mayor dijo...

Libertad de expresarse.

El mensajero es lo de menos, el mensaje es lo importante. El libelo, el infundio y el insulto, si se es maduro y coherente, resbalan como brisa veraniega. El irrestricto derecho a la expresión no puede ser coartado por la intención del anonimato. ¿Derecho humano? Si. ¿Dónde queda entonces la praxis de quien los defiende -los DDHH-?

¿Cobarde aquel que se esconde en la multitud cuando lanza la piedra? Tal vez si, tal vez no.

Cuando el autoritarismo se ha hecho evidente, el instinto natural de protegerse aflora. Al mismo tiempo existe la imperiosa necesidad de expresar disenso.

¿Valiente quien se identifica al hablar o tirar la piedra? Tal vez si, tal vez no. En mi opinión -anónima- tiene que ser alguien que se siente bien protegido, que está a buen resguardo y que lo embarga una amalgama de estupidez/audacia/arrogancia.

Las ideas tienen peso, no solo por quien las emite, sino por las razones, hechos y fundamentos que las sustentan.

Correa insulta, condena, difama, injuria y descalifica. Son los artilugios del patético cobarde que no tiene ni siquiera las agallas suficientes para ser un ilustrado déspota a carta cabal. Pusilánime y eufemística forma de fusilar a quien opina diferente. La esencia es la misma: la intolerancia e irrespeto a la opinión ajena y opuesta. Colaborar con alguien así, convierte al individuo en cómplice del crimen. Ya sea por cobarde silencio, o por concupiscencia ideológica.

El anonimato, la única forma de evitar ese atentado contra un derecho humano malamente entendido y deficientemente defendido.

Xavier dijo...

KM, gracias por escribir. Veamos. Coincido en que el mensaje es lo importante. Ahora, dudo que un infundio ("mentira, patraña o noticia falsa, generalmente tendenciosa") pueda ser "maduro y coherente" y menos que su propósito sea que resbale en el interlocutor. No se escribe, creo yo, para que las mentiras y patrañas le resbalen a un interlocutor: se escribe, creo yo, para producir ideas, para contribuir al debate. No muchos, a juzgar por lo que escriben, cumplen con ese propósito. Más todavía, uno puede (por supuesto) producir ideas y utilizar el insulto como una forma para transmitirlas, en cuyo caso, el insulto se convierte en una de las bellas artes. Pero entre los anónimos que he leído en la blogósfera no he conocido a ninguno que sea ese artista; he visto, sí, mucha estupidez y mucha vulgaridad al amparo de su anonimato.
Ahora, la libertad de expresión es un derecho muy amplio pero no incluye la libertad de agredir verbalmente a otros. Así, la libertad de expresión no es absoluta y, cuando resulta de veras ofensiva y agrede a un tercero, está sujeta a responsabilidades ulteriores. El problema con el anónimo que agrede verbalmente a terceros es que no está sujeto a esas responsabilidades ulteriores. Se sabe impune. Y la agresión y la impunidad son los atributos de la cobardía, no una manera de defender un "derecho humano malamente entendido y deficientemente defendido".
No me interesa el debate sobre la libertad de expresión en este Gobierno, no en este post. (Sé bien, por supuesto y lo he dicho en varias ocasiones y desde hace mucho tiempo, que este es el derecho que este Gobierno menos entiende.) Pero insisto, no escribí el post con ese propósito: lo escribí para debatir los límites de la libertad de expresión y las características de algunos de quienes las ejerzan en este tipo de espacios. Suponer, KM, que el anonimato es la única forma de atacar el "autoritarismo" de Correa (¿sabes lo que es un régimen autoritario? Salvo los casos reprochables del uso de la figura de desacato, la pretendida colegiación obligatoria de periodistas y algunas otras necedades, el respeto al derecho a la libertad de expresión es la norma -basta nada más mirar la cantidad de infundios e insultos que se divulgan a diario en distintos medios de comunicación social) es pretender otorgarle dimensiones heroicas a un acto pueril y llanamente ofensivo, es hacer una defensa de la posibilidad de agredir a sabiendas de la impunidad que ampara esa agresión, es defender la cobardía de no detenerse a pensar mejor las palabras para no agredir con ellas (lo que, por supuesto, es muy posible: nada de lo que quieres decir no puede no decirse en términos respetuosos) o la cobardía de no hacerse cargo de cada palabra, de no decir "esta boca es mía".
KM: no confundas la naturaleza de un derecho, ni te llames a engaño sobre la naturaleza de quienes abusan del mismo en nombre de su pretensa defensa, naturaleza que es simplemente cobarde y, en muchos casos, ruin.

La chica Cosmo dijo...

Esta ciberplaga de pusilánimes que intentan compensar con alevosía su falta de virtudes es el precio que se paga por un internet libre para todos. El internet refleja lo mejor y lo peor de la humanidad, no podía ser de otra manera, cada vez que me topo con un ofensor cuya vileza sólo se ve superada por su cobardía recuerdo que son inevitables para disfrutar de lo mejor que la especie tiene para ofrecer. Por supuesto, no tienen porqué ser consentidos en el blog de una.

Fernando dijo...

Lo que pasa es que es distinto un estadio que un blog. En el estadio la masa y la pasión que genera el más popular de los deportes hace que saquemos nuestro lado animal. ¿Quién no ha puteado a un árbitro o mandado a la casa de Emilio Palacio a un jugador del equipo rival? Esos insultos no son pensados, salen al momento, muchas veces nos arrepentimos del mismo pero ya fue, el fútbol lo aguanta. Distinto es aquel que se toma su tiempo para, escondido en el anonimato, proceder a insultar o a denigrar a las personas simplemente porque no están de acuerdo con la forma de pensar de otra. En sus insultos queda demostrado su bajeza y falta de argumentos para discutir una idea.

Inolvidable capítulo futbolero el clásico de la expulsión de mi gemelo y los gritos desaforados de J.C.

!Grande Cantona! y más aun el Manchester United. De ahora en adelante voy a celebrar los goles como el franchute, cruzado de brazos. Ja.

Xavier dijo...

lcc, concuerdo, palabra por palabra: soy abajofirmante. Fernando, de acuerdo. Salvajes y sentimentales dice el título de Marías: gritos y lágrimas son inventario de cualquier hincha que se precie de tal; también las risas y la impagable sensación de victoria. Antecedente éste que, en efecto, torna más despreciables a quienes no pueden esgrimir la excusa de esta pasión y que terminan por rebajar a torpe insulto lo que debería ser ocasión propicia para discutir argumentos.
Inolvidable, por supuesto, J.C. esa noche de clásico del Astillero en que expulsaron a tu clon en la que el pobre se despojó de todo asomo de racionalidad; ya no era un primo, era un primate (ignoro si la presencia de Janine Leal tuvo relación con esa exhibición de enjundia primaria -como táctica, hay que admitirlo, fue muy mala, ja).
P.D.- ¡Maestro Cantona! Pero yo prefiero celebrar los goles como Lucarelli, con el puño izquierdo en alto.

Fernando dijo...

Habría que consultarle a J.C. si su sin razón se debió al fallo arbitral que sin duda nos despojó del triunfo o al abrazo que le prodigó a Janine Leal en el gol de EMELEC. Tema para discutirlo en el almuerzo donde la abuela. Ja.
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PD: Yo hablo de mis goles, los que convierto en las canchas a las que me invitan a jugar. Tus goles se limitan al futbolín de Bucay.

Xavier dijo...

Todo un tema el de J.C. Yo creo que un tanto cachondo sí andaba el pana, lo que pudo incidir en su arranque de irracionalidad eufórica posterior. (Hay formas y formas de canalizar las energías: éste utiliza métodos un chance primitivos, ja.)
Sobre esa imputación de los goles, pues no te me hagas el banana, Eli, que parece que fueras la estrella del Showbol en vez del ob(s)eso Maradona (solo porque el otro día tapaste tres de cuatro penales en clara imitación de Cevallitos te me sobras, so cabrón, ja.) Que mis goles trascienden el futbolín lo pueden acreditar J.C. (en sus momentos de racionalidad), el Curro y la Niñez de Jaime Araque, con quienes fuimos a jugar este sábado y fueron testigos de que uno de los partidos del equipo en que jugué (que ganó todos menos uno y fueron cuatro o cinco) lo ganamos con un único gol, convertido por este servidor, con rasante tiro cruzado de derecha que entró junto al poste izquierdo con relación al portero. Gol y puño izquierdo, eh.

Fernando dijo...

Por cierto ayer empecé con mi racha de festejos a lo Cantona, aunque el gol fue a lo Lupo Quiñonez, media chilena con arco descubierto, pelota en el vertical izquierdo y desde el piso con la cabeza de rebote. Ja.

Xavier dijo...

Ummmmm, lo tuyo parece extraído del circo de los hermanos Gasca, qué te diré...