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El Perico

26 de diciembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 26 de diciembre de 2025.

Hubo un tiempo en que el periódico más leído en Guayaquil se llamaba “El Perico”. Fue un semanario satírico de formato pequeño, cuatro planas a dos columnas, que en su primer número (en “El Perico” se lo llamaba “vuelo”) declaró: “El Perico emprenderá el vuelo de hoy en adelante por la tarde del sábado de cada semana, hasta que lo dejen con vida o lo encierren en sólida jaula, y seguirá dando la pata por el módico precio de un real”. Se han cumplido 140 años de este primer número, que salió a la venta el 7 de noviembre de 1885.

Eran los tiempos del Presidente José María Caamaño (1884-1888) y la amenaza del encierro en una “sólida jaula”, bosquejada en el primer número de “El Perico”, se hizo real. Después del décimo quinto número, que se publicó el 13 de febrero de 1886, “El Perico” dejó de volar. El período presidencial de Caamaño debió concluir, para que “El Perico” vuelva a emprender sus vuelos. 

En su segunda época, durante el gobierno del Presidente Antonio Flores (1888-1892), “El Perico” publicó 111 números entre el 5 de enero de 1889 y el 9 de agosto de 1890 (en esta época salió los miércoles y sábados). Y tuvo todavía una tercera época, durante el gobierno del Presidente Leonidas Plaza (1901-1905), con 27 números publicados entre el 3 diciembre de 1903 y el 20 de agosto de 1904. Siempre gozó de una gran popularidad y, en palabras de José Antonio Gómez Iturralde en su obra “Los periódicos guayaquileños en la historia 1821-1997”, tuvo “el estilo impecable, la frase a punto y el chiste nada vulgar pero filudo como un puñal”. 

En el título de este semanario satírico, entre sus letras, aparecía un perico trajeado de frac y corbatín; debajo de él, un lema que era toda una declaración de principios: “Cada pájaro taje su propia pluma y enristre”. Este perico elegante era la estrella de la publicación y apareció en casi todos sus vuelos, salvo que se haya ocupado el espacio de su caricatura por la “galería de celebridades contemporáneas”. Todos los dibujos del semanario eran obra del médico cirujano y simpatizante liberal Francisco Xavier Martínez Aguirre (1850-1917).

Martínez Aguirre fue un pionero de la cirugía moderna en el Ecuador y un hábil dibujante, que en los tiempos en que la importación de las láminas de anatomía era prohibida por sinrazones religiosas, las dibujaba él mismo para impartir sus clases universitarias. De él, diría Gómez Iturralde que “hacía los dibujos trabajando magníficos grabados, que eran simultáneamente la revelación del artista y ocurrente caricaturista que indefectiblemente llevaba a la víctima al ridículo, haciendo las delicias de los lectores”.

Justo en el vuelo del 26 de diciembre de 1885, un día como hoy hace 140 años, el espacio fue ocupado por la “galería de celebridades contemporáneas”. Ese día Martínez Aguirre llevó a su víctima al ridículo: dibujó a Sexto J. Venal (es decir, a Sixto J. Bernal) sobre una rueda de la fortuna, contemplando “su bello rostro en el espejo de la verdad”. Pero el espejo le reflejaba a Sexto J. Venal la imagen de un burro. 

A decir verdad, esto sigue vigente: es muy difícil concebir una imagen más contemporánea y perfecta para representar a la inmensa mayoría de políticos del Ecuador. 

Los desgajos a la Provincia de Guayaquil

13 de junio de 2025

            Publicado el viernes 13 de junio en diario Expreso.

La Provincia de Guayaquil, durante los muchos años en que fue parte del Reino de España, fue un territorio de alrededor de 50.000 kilómetros cuadrados. Después de que en julio de 1822 se anexionó (por la fuerza) la Provincia de Guayaquil a la República de Colombia, esta antigua provincia española se transformó en un departamento colombiano. Tras haberse expedido el 25 de junio de 1824 por el Congreso de Colombia la Ley de División Territorial de la República de Colombia, la que fue una provincia de 50.000 kilómetros cuadrados sufrió su primer desgajo. El departamento de Guayaquil, que fue uno de los doce departamentos colombianos, se lo dividió en dos provincias: Guayaquil y Manabí. Con los departamentos de Azuay y Quito, estos tres departamentos conformaron el Distrito del Sur de Colombia.  

Esta Ley colombiana de 1824, a su vez, subdividió a la Provincia de Guayaquil en seis cantones: Guayaquil (su capital), Daule, Babahoyo, Baba, la Punta de Santa Elena y Machala. Esto que había resuelto Colombia en 1824 se mantuvo cuando el Distrito del Sur se separó de Colombia para crear el Estado del Ecuador en 1830. Se mantuvieron los departamentos (de hecho, según el artículo 1 de la Constitución de 1830, el Estado del Ecuador no era otra cosa que la reunión de los departamentos de Azuay, Guayas y Quito) y no se realizó ninguna alteración a los límites establecidos en la ley colombiana de 1824. Es así que Ecuador surgió a la vida jurídica con siete provincias: Guayaquil y Manabí (en la región Costa), e Imbabura, Quito, Chimborazo, Azuay y Loja (en la región Sierra).

El siguiente desgajo sufrido por la Provincia de Guayaquil ocurrió en 1861 durante el primer gobierno del guayaquileño Gabriel García Moreno cuando se creó una nueva provincia llamada originalmente “Ríos” (con el tiempo, “Los Ríos”; una parte de esta provincia se la segregaría en 1884 para la creación de la provincia de Bolívar). García Moreno también fue el responsable de cambiar el histórico nombre de “Provincia de Guayaquil”, pues desde la Lei sobre División Territorial que se dictó a inicios de su primer gobierno, en mayo de 1861, se la empezó a llamar “Provincia del Guayas”.

Durante el gobierno presidencial de otro guayaquileño, José María Caamaño, se procedió al siguiente desgajo de la provincia en la Ley sobre División Territorial de 1884. La provincia de El Oro emergió del territorio de la provincia del Guayas, al menos en su franja costera. Y de esta manera, a fines del siglo XIX, quedó configurada la división de la Costa en cinco provincias (Manabí, Guayas, Los Ríos y El Oro, más Esmeraldas, que siempre se mantuvo fuera de la órbita de la Provincia de Guayaquil). Esta división territorial de la Costa persistió por más de un siglo (123 años).  

El siguiente desgajo a la provincia del Guayas ocurrió en el 2007, durante el gobierno de otro presidente guayaquileño, Rafael Correa, cuando de ella se desprendió a la Provincia de Santa Elena. Así, de los seis cantones originales con los que empezó la provincia en 1830, Santa Elena fue el tercero que se provincializó. Y es de notar que todos ellos se provincializaron en períodos de Presidentes guayaquileños: García Moreno, Caamaño y Correa.

Matilde Hidalgo y el Código Civil

14 de junio de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 14 de junio de 2024.

La Constitución que se aprobó en febrero de 1884 fue la décima del Estado del Ecuador y tiene un rasgo singular: fue la primera que eliminó todo tipo de restricción de acceso a los cargos públicos en razón de la condición económica, pero fue la primera y única que puso una restricción de acceso a los cargos públicos en razón del sexo. 

El artículo 9 de la Constitución de 1884 estableció que eran “ciudadanos los ecuatorianos varones que sepan leer y escribir, y hayan cumplido veintiún años o sean o hubieren sido casados”. De acuerdo con esta Constitución, para ser elector y para el ejercicio de todo cargo público se debía ser ciudadano. La consecuencia obvia: ninguna mujer podía participar en la esfera pública.

En los debates de la asamblea constitucional que produjo la Constitución de 1884 se discutió sobre la palabra “ciudadano”. Un diputado conservador, de apellido Caamaño, representante de la provincia de Pichincha, entendía que era natural que el término “ciudadano” se refiera de manera exclusiva a los varones, porque “la costumbre hace ley, y es costumbre que los varones ejerzan la ciudadanía puesto que la mujer jamás lo ha pretendido”. 

Por contraste, un liberal apellido Borja, diputado por la provincia de León (hoy Cotopaxi), apeló a la gramática pues juzgó necesario el que “comprendiéndose a las mujeres en la denominación de ecuatorianos, debía decirse expresamente que son ciudadanos todo ecuatoriano Varón que sepa leer y escribir”. Para él, palabras tales como hombre, persona, niño, adulto y ciudadano se aplicaban a los seres humanos con independencia de su sexo (y así lo estipula a día de hoy el Código Civil en su artículo 20). 

El diputado Borja era un prestigioso jurisconsulto y su postura fue la triunfadora. Se dice que esta Constitución de 1884 fue, en gran medida, su hechura. De las diez constituciones que estuvieron en vigor durante el siglo XIX, esta de 1884 fue la única en vigor por dos períodos presidenciales completos (José María Caamaño y Antonio Flores). Duró hasta que triunfó la revolución liberal en 1895 y se aprobó una nueva Constitución.  

Ni la Constitución de 1897 ni la de 1906 (ambas del período liberal) contemplaron la palabra “varones” en su consideración de “ciudadano”. En ellas se omitió la especificidad que había dispuesto el jurisconsulto Borja en la Constitución de 1884.

Bajo el imperio de la Constitución de 1906, Matilde Hidalgo acudió a inscribirse para votar en unas elecciones a representantes en el Congreso a celebrarse en mayo de 1924. La ausencia en la norma de la palabra “varones” para caracterizar el concepto de “ciudadano” era la base de su argumento de no existencia de un impedimento de orden legal para que una mujer ejerza el derecho al sufragio. 

Su argumento triunfó y pudo votar en las elecciones de mayo de 1924. Pero la última palabra acerca de la legalidad de su acto la tuvo el Consejo de Estado. El 9 de junio, de forma unánime, dicho órgano resolvió que en materia de derechos políticos “no cabe hacer distinciones de sexo, pues no las ha hecho el legislador; y que su ejercicio corresponde a los ecuatorianos varones como a las mujeres”.

Triunfo completo de la tesis de Matilde Hidalgo (y del Código Civil).

La República de la inestabilidad

22 de marzo de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 22 de marzo de 2024.

Durante el siglo XIX, desde 1835 en que se fundó la República del Ecuador con la entrada en vigor de la Constitución de Ambato y con el guayaquileño Vicente Rocafuerte como su primer presidente, un total de quince varones ocuparon la Presidencia de la República, sea que hayan sido designados por un congreso o asamblea constitucional (en el siglo XIX hubo diez de éstas) o elegidos por la voluntad popular.

Los presidentes elegidos por un congreso o asamblea constitucional durante el siglo XIX fueron diez (dos de ellos, Flores y García Moreno, lo fueron por dos ocasiones); de estos diez, seis lograron terminar su período de gobierno: Rocafuerte (1835-1839), Roca (1845-1849), Urbina (1852-1856), García Moreno (1861-1865 y 1869-1875, en asocio con León), Caamaño (1884-1888) y Alfaro (1897-1901). Todos los que concluyeron su período fueron elegidos por una asamblea que dictó una Constitución.

El caso del guayaquileño Gabriel García Moreno es peculiar, porque es el único de esta lista con dos períodos de gobierno concluidos, aunque él no haya vivido para la conclusión del segundo. El primer período, entre 1861 y 1865, bajo la Constitución de 1861, García Moreno lo gobernó completo. El segundo, entre 1869 y 1875, bajo la Constitución de 1869, lo gobernó casi completo, pues lo asesinaron el 6 de agosto de 1875, a escasos cuatro días de concluirlo. Este período de gobierno (el único sexenio que ha existido en nuestra historia) lo concluyó el vicepresidente de la República, el quiteño Francisco Javier León, por lo dispuesto en el artículo 55 de la Constitución. 

Los restantes cinco presidentes fueron elegidos por la voluntad popular, posibilidad que se instituyó por la entrada en vigor de la Constitución de 1861. El universo de votantes siempre fue muy reducido: se calcula que durante el siglo XIX osciló alrededor del 3%. Sólo uno de estos cinco presidentes concluyó el período para el que fue elegido: Antonio Flores, hijo del venezolano Juan José Flores y nacido en 1833 en el Palacio de Carondelet, en los tiempos en que su padre ejercía la presidencia del Estado y el Ecuador se sentía todavía parte (hipotética, ilusoria) de la República de Colombia. Todos los demás no terminaron su período, sea por una renuncia (Carrión), por golpes de Estado (Espinosa y Borrero) o por la revolución liberal (Cordero).

El caso del quiteño Antonio Flores Jijón es singular, porque él se encontraba fuera del Ecuador (en Francia) cuando fue elegido presidente de la República. En aquellos tiempos, el proceso electoral era distinto: no existía un organismo autónomo para organizarlo, sino que se dependía del gobierno de turno para su realización. El previsible resultado de esta fórmula era el tenaz triunfo del candidato del gobierno de turno. Flores ni necesitó hacer campaña, pues como el candidato del gobierno de Caamaño, triunfó con casi un 97% de los votos.  

Así, de un universo de diecisiete períodos de gobierno presidencial que pudieron haberse concluido durante el siglo XIX, tan sólo ocho lo consiguieron. Y de los elegidos por la voluntad popular, uno lo pudo hacer. Es todo un testimonio de la inestabilidad de la República (o debo decir: de la República de la inestabilidad).

La venta de la bandera

25 de agosto de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 25 de agosto de 2023.

La primera guerra sino-japonesa estalló en agosto de 1894. Fue triunfo japonés: en abril de 1895, China y Japón firmaron el Tratado de Shimonoseki, por el que China entregó a Japón los territorios de Taiwán, Liaodong y las islas Pescadores, además del control sobre la península de Corea. 

El Ecuador participó en la guerra sino-japonesa, de manera turbia y secundaria, apoyando al imperio japonés. Para Japón, esta guerra representó el primer triunfo de su imperialismo. Para el Ecuador, este apoyo al imperio del Japón derivó en el triunfo de la causa liberal. Ambos triunfos se registraron el año 1895.

Frente a esta guerra sino-japonesa, el Ecuador no era ni neutral ni beligerante. Por su parte, Chile sí se había declarado neutral, por lo que bajo las reglas del derecho internacional estaba impedido de vender un buque de guerra a China o a Japón. Pero Chile quería vender a Japón un crucero, el “Esmeralda”. Y aquí es cuando el Ecuador (o debo decir: su bandera) fue funcional a este negocio.

Para vender el crucero “Esmeralda” a Japón, éste primero fue vendido al Ecuador por 220.000 libras esterlinas para que dicho buque de guerra salga del puerto de Valparaíso con la bandera ecuatoriana. Luego, por 300.000 libras esterlinas, se lo vendió a Japón, que tomó control del crucero en Hawái y lo rebautizó Izumi. Los intermediarios del turbio negocio (incluido un expresidente ecuatoriano, José María Caamaño) obtuvieron pingües ganancias. 

Esta venta de la bandera se conoció en el Ecuador y estalló un gran escándalo. Es fama que dinamitó al régimen conservador y que posibilitó el advenimiento de un gobierno liberal.

A instancias de este chanchullo, el 5 de febrero de 1895 y en Managua, Eloy Alfaro publicó su “Proclama a los habitantes del Ecuador”, donde declaró: “Solamente a balazos dejarán vuestros opresores el poder que tienen únicamente por la violencia. […] La libertad no se implora como un favor: se conquista como un tributo inmanente al bienestar de la comunidad”. Y su proclama surtió efecto. Una semana después, el 12 de febrero, Milagro se levantó y proclamó la causa liberal. 

Después de Milagro se sumaron decenas de ciudades y pueblos con nuevos levantamientos y proclamas. Con la seguridad de repartir balazos para conquistar el poder, Eloy Alfaro arribó al puerto de Guayaquil el 18 de junio. Organizó un ejército con el que derrotó, el 15 de agosto y en Gatazo, al ejército del gobierno. Uno tras otro fueron cayendo el presidente constitucional, Luis Cordero, y dos encargados del poder, Vicente Lucio Salazar y Aparicio Ribadeneira. Y Quito cayó. Ya no pudo resistir más los embates del pujante liberalismo.

Eloy Alfaro y sus huestes entraron en Quito el 4 de septiembre de 1895. Con esta entrada en la capital empezó, en el Ecuador, un largo período de dominio liberal. 

El imperio del Japón acabó en agosto de 1945, después de sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Por su parte, el dominio del partido liberal en el Ecuador duró un par de años más, hasta 1947. Fue en septiembre de ese año en que por primera vez desde 1895 volvió al poder un gobierno conservador, cuando por trece días (del 2 al 15), Mariano Suárez ocupó la presidencia de la república.

La República del Ecuador (enero de 1842 a enero de 1942)

10 de octubre de 2021

En enero de 1842, el Gobernador de Guayaquil Vicente Rocafuerte y Rodríguez de Bejarano, hombre de 58 años de edad, todavía soltero (1), podía pensar en un futuro brillante para la República del Ecuador que él había contribuido a fundar en 1835.

 

En enero de 1842 el Ecuador era una joven república, dejando atrás un pasado borrascoso de insurrecciones y de guerra civil, además de una sui géneris figura jurídica de ser, entre 1830 y 1835, un Estado dentro de una República de Colombia que, en la práctica, lo ninguneó (2). Vicente Rocafuerte, hombre adinerado e ilustrado, viajero y cosmopolita, había llegado a Guayaquil en 1833, después de residir en el extranjero por 14 años, y tras varias escaramuzas, se terminó por aliar con el hombre fuerte de esos años bisoños, el general venezolano Juan José Flores, para gobernar el Ecuador. De esta alianza entre un ilustrado y un bruto surgió el triunfo militar en los arenales de Miñarica y emergió, después, una Constitución (la ambateña de 1835) que fue la primera que declaró al Ecuador como una República, ya no como el aborto de Estado que había sido en el diseño anterior.

 

La Constitución de 1835 era moderna (p. ej., establecía normas para la protección de la propiedad intelectual) y bajo su imperio ocurrió la conclusión del período de gobierno de Rocafuerte entre 1835 y 1839, y la transmisión del poder ejecutivo a Flores. En enero de 1842, bajo la Presidencia de Flores y la vicepresidencia de Aguirre, Rocafuerte podía pensar que la Constitución que él moldeó en julio y agosto de 1835 garantizaba la estabilidad de los gobiernos en el territorio que el Ecuador tenía entonces, que era de alrededor de más de un millón doscientos mil kilómetros cuadrados, y que era limítrofe, por el Este, con el Imperio del Brasil. A Rocafuerte le pudo parecer en enero de 1842 que el Ecuador era una tierra promisoria para la prosperidad.

 

Pero si Rocafuerte abrigó este pensamiento, la realidad no tardó en arrebatárselo. Primero, la fiebre amarilla, que asoló a Guayaquil ese mismo 1842. Luego, la ‘Carta de la Esclavitud’ de 1843 y el primer golpe de Estado exitoso con el triunfo de la revolución marcista en 1845 y la expulsión de Flores del territorio del Ecuador en julio de ese año. Entre 1843 y 1845, el ideal de estabilidad de los gobiernos se había hecho trizas. Rocafuerte murió en 1847 y se perdió la sucesión de golpes de fuerza que se acomodaron con nuevas Constituciones.

 

Porque, después de la revolución marcista, el Ecuador fue de tumbo en tumbo, creando Constituciones para justificar variopintos golpes de Estado, con más pena que gloria y sin producir una sucesión de Presidentes de la República como la ocurrida entre Rocafuerte y Flores hasta la próxima unión de un hacendado guayaquileño muy adinerado y un Flores, casi al final del siglo XIX (3).

 

La sucesión de constituciones y golpes de Estado, sumada a la errática política diplomática y la debilidad del Estado en el concierto de las naciones, hicieron que en enero de 1942, en Río de Janeiro, el representante del Ecuador, Julio Tobar Donoso, firme un Protocolo que redujo el territorio de la República del Ecuador a los aproximadamente 280.000 kilómetros cuadrados que actualmente (mal)administra. Así, entre enero de 1842 y enero de 1942, la República del Ecuador perdió alrededor de un millón de kilómetros cuadrados de territorio y resignó su vecindad con el inmenso Brasil. Perdió toda guerra en la que participó y casi tuvo más Constituciones que períodos presidenciales concluidos (4). Vencido en el exterior e inestable en lo interior, es fama que el representante del Brasil, Oswaldo Aranha, le espetó a un atribulado Tobar en la Conferencia de Río de Janeiro un ‘aprendan a ser país, y luego reclamen sus derechos(5).   

 

Entre enero de 1842 y enero de 1942 pasaron cien años y no hicimos un país en serio. Y parece claro, en esta tierra de perpetuos desacuerdos, que seguimos sin atisbo de serlo.

 

*

 

(1) Se casó con su sobrina Baltazara Calderón Garaycoa (hermana de Abdón Senén) el 10 de febrero de 1842.

(2) Así pasó cuando Roberto de Ascázubi, tras la derrota en Miñarica y por resolución de una Asamblea Constitucional que se reunió en Tulcán, fue a Bogotá a ofrecer la anexión de la Sierra ecuatoriana a Colombia, país que en ese entonces operaba bajo el alias de ‘la Nueva Granada’. En Bogotá se cagaron de la risa le negaron su propuesta a Ascázubi y lo mandaron con viento fresco de vuelta.

(3) La otra ocasión del siglo XIX en que se sucedieron dos Presidentes de la República que terminaron sus períodos de gobierno ocurrió entre 1884 y 1892, cuando gobernó entre 1884 y 1888 el guayaquileño José María Caamaño y Gómez-Cornejo, hacendado adinerado que fue sucedido por el gobierno del quiteño Antonio Flores Jijón, hijo del general Flores, que se llevó a cabo xentre 1888 y 1892.

(4) Desde 1835 hasta el año 1942 de la pérdida territorial frente al Perú, la República del Ecuador tuvo un total de catorce períodos de gobierno concluidos durante la vigencia de doce Constituciones (si contamos las Constituciones desde que el Ecuador es Estado independiente, serían trece). 

(5) El diplomático norteamericano Sumner Welles, que representó a los Estados Unidos de América en la Conferencia de Río de Janeiro, escribió una memoria sobre cinco países andinos y argumentó que, de todo lo que andaba mal con la América andina, la República del Ecuador era lo peor, un remedo de país.