White man can't dance like that (the only exception being the black that turned onto white)

4 de julio de 2009


Dijo el sabio Terencio, homo sum, humani nihil a me alienum puto. El proverbio suena a otra cosa (como la palabra pedófilo, que también suena a otra cosa pero que resulta incluso peor de lo que suena, y que, curiosamente, tiene relación con el personaje de esta entrada) pero significa humano soy, nada de lo humano me es ajeno. La frase es admirable y es muy hermosa, pero uno debería introducirle necesarios matices. Así, es altamente probable que incluso ante lo más humano que tenemos (la presciencia de lo cual, precisamente, nos define como tales) que es la muerte, si ésta se manifiesta en el muy sentido deceso (para sus panas) de Mr Albert “Al” Morranas, morador de un suburbio de Anaheim, California, nos valga un enorme elenco de Tn³ de gaver pero, de manera curiosa, no nos suceda lo mismo con la muerte de un muchacho negro nacido en agosto de 1958 en el pequeño pueblo de Gary, Indiana… a condición, claro está, que ese august colored guy haya crecido para convertirse en Michael Jackson, Rey del Pop.

A decir verdad, la muerte del Rey del Pop no nos deja un vacío musical en el mundo porque desde hace muchos años MJ vivía de sus admirables éxitos de décadas pasadas y es improbable que su inminente regreso en Londres lo hubiera podido reposicionar en el espacio estelar que ocupó en el mundo del pop en el que antes era el célebre y único Michael Jackson y en el que ahora era el enigmático Wacko Jacko, un personaje que con sus excentricidades demasiado se prestaba (y se presta, porque la muerte no clausura esa posibilidad) para la chicana y el humor. Pero es innegable que MJ fue un referente generacional y que uno siente una pérdida, no necesariamente a un nivel íntimo (lo que queda reservado para sus fanáticos y yo nunca lo fui) sino como la pérdida de un miembro del paisaje cultural compartido con la mayoría de personas de mi generación, de alguien a quien todos conocíamos sin conocerlo y que sin conocerlo nos era propicio para experimentar emociones (desde la admiración por su música y su baile, hasta la risa por sus excentricidades) y que ahora sólo nos las podrá provocar en el recuerdo de su legado, lo que además le pone un poco de melancolía al asunto, no tanto por la muerte de MJ en sí, sino por hacernos recordar que es ese el destino común de lo humano al que ninguno de nosotros le es ajeno, ni aunque seamos los reyes (del pop, o los magos de la rockola -¡pero que Aladino no muera nunca, carajo!) ni aunque cambiemos de color y 13 cirugías y Neverland, etc.

2 comentarios:

amanda dijo...

Deshumanizarse es el trabajo, en ese espacio que se busca perder, el momento del regreso, puedes encontrar el final.
Terencio que se oponía a aquellos actos romanos sin explicación y en el contenido su humanidad, la frase pertinente.
Y ese sentido de la vida por insoportable, por tener ese comùn destino que mencionas, natural, un reducto con final.
Bello Xavier! De melancolìas sin disfraz.
Que gracioso lo de Tn y coincido si no muere Aladino que no muera Gerardo Moràn!

Pepita dijo...

Viva Aladino carajo! 691060!!!