La mascota del poder que Vilmatraca dibuja siempre en sus caricaturas ha dicho que el pueblo de Quito quiere votar por un alcalde corrupto, porque después de la intervención orquestada desde el gobierno (¿hay alguien tan ingenuo que lo ponga en duda?), Pabel Muñoz creció en intención de voto del 21% al 24%.
Esa es una narrativa prepaga, por eso es así de pobre. Lo que ocurre, en realidad, es que la gente en Quito y en el Ecuador cada vez percibe con mayor nitidez que el gobierno actúa para perseguir y sacar de juego a la oposición política. Y que, por la cercanía de las elecciones, ahora se persigue con particular saña a las autoridades seccionales. Y por eso los apoya, por la actuación del gobierno.
Hay evidencias de esta persecución. La primera, que cuando se les pregunta a los voceros del gobierno el porqué la Fiscalía actúa justo ahora, ellos responden que las investigaciones no se vinculan con la política, que tienen sus propios tiempos y resulta que salen justo ahora porque esto es así (por preciosa coincidencia). Se necesita ser un cínico para decir esto y un imbécil para creérselo.
La segunda y más concluyente, es la dirección que invariablemente toma la actuación de los órganos de la justicia penal y del control electoral. La Fiscalía (presidida por un devenido en Fiscal cuya carrera a convertirse en el Fiscal designado por el CPCCS parece tan certera como viciada) hace tiempo dejó de pretender ser un órgano independiente del poder y hoy es una mascota o una geisha o una escena del porno alemán. En cualquier caso, un órgano que exuda un total servilismo. Una vergüenza, calificada como una de las peores fiscalías del mundo.
Los mismos calificativos aplican a los órganos electorales (como son órganos colegiados, se permiten o toleran el gang bang).
En resumen: creo que es mucho más probable que haya gente que justifique a Noboa en sus persecuciones (en plan, ellos persiguieron, ahora está bien que los persigan a ellos), que alguien que sea tan subnormal o despistado como para que realmente crea que el gobierno no persigue a sus opositores. El ecuatoriano es autoritario, pero no imbécil.
Y por eso fracasa el relato prepago de las mascotas periodísticas del poder, porque no tiene las premisas que hagan verosímil a su relato. Querer pintar como bueno a un gobierno esencialmente perverso no está ni estará dentro de sus posibilidades.
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