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La chirez de Bolívar en Jamaica

18 de junio de 2019


Al Libertador (título conferido por el Ayuntamiento de Mérida en 1813 en los tiempos de la “Campaña Admirable”) el exilio en la caribeña isla de Jamaica que empezó a mediados de 1815 le resultaba intolerable. Vendida la poca plata que había llevado a su nuevo destino, únicamente le restaba implorarle a un escocés (originalmente, panadero y comerciante de harina en Dumfries), de nombre Maxwell Hyslop, a que le cruce un billete y a cambio le ofrecía un “Dios le pague” estilo bolivariano: “La generosidad de V. debe ser gratuita, porque me es imposible ofrecer ninguna recompensa, después de haber perdido todo; pero mi gratitud será eterna”.

Simón Bolívar no prescindió de ponerle drama a su petición. De plano, le encamó al escocés Hyslop, en carta del 30 de octubre de 1815, que si no le daba el dinero que le pedía, se iba a suicidar:

“No me lisonjea otra esperanza que la que me inspira el favor de V. Sin él la desesperación me forzará a terminar mis días de un modo violento, a fin de evitar la cruel humillación de implorar auxilios de hombres más insensibles que su oro mismo. Si V. no me concede la protección que necesito para conservar mi triste vida, estoy resuelto a no solicitar la beneficencia de nadie, pues es pre­ferible la muerte a una existencia tan poco honrosa.”

Por los beneficios a los que accedieron después los hermanos Hyslop (Maxwell y Wellwood), es de suponer que Maxwell Hyslop le “donó” su billete al Libertador para que enfrente sus horas bajas en Jamaica. Su “eterna gratitud” no fue en vano: fue devengada una vez que Bolívar ocupó la Presidencia de la naciente República de Colombia, unos años después. Visto así, más que una “donación”, a Hyslop este billete le resultó una “inversión”.

La generalizada ignorancia

17 de junio de 2019


Cuando se exilió en la isla de Jamaica, Simón Bolívar le escribió una carta al inglés Maxwell Hyslop, fechada 19 de mayo de 1815, en la que hizo la siguiente descripción de las masas americanas:

“… no debemos alucinarnos: la opinión de las Américas no está aún bien fijada, y aunque los seres que piensan son todos, todos independentistas, la masa general ignora todavía sus derechos y desconoce sus intereses”*

La visión de Bolívar podrá ser elitista, pero el hecho de la generalizada ignorancia sobre sus derechos e intereses en la población era tan cierto en los tiempos de la independencia como lo sigue siendo ahora. Por ejemplo, lo es en la ciudad de Guayaquil con relación a los riesgos inminentes que vamos a enfrentar por el cambio climático y la elevación del nivel del mar en unos 30-50 años. La guayaca es una ignorancia, además, tremendamente peligrosa pues atenta contra nuestra propia supervivencia como ciudad.

Doy por sentado que la solución no debe ser la autocracia de Bolívar una vez en el poder, pero su diagnóstico de 1815 sobre la realidad de las masas sigue siendo (lamentablemente) certero.

* Citado por: Ansaldi, Waldo & Verónica Giordano, ‘América latina. La construcción del orden’ [Tomo I. De la colonia  la disolución de la dominación oligárquica], Ariel, Buenos Aires, 2012, p. 199.