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La independencia retrógrada

19 de junio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 19 de junio de 2026.

El proceso de independencia americana de España (1810-1826) significó una ruptura con la administración del territorio desde un reino europeo establecido por la fuerza en América unos trescientos años atrás y la consiguiente emergencia de unos atribulados Estados en el continente (España conservó la posesión de dos islas: Cuba y Puerto Rico, que perdió en 1898). El gran legado de estas guerras por la independencia fue el autogobierno de dieciocho territorios, con más pena que gloria. 

Porque rara vez este autogobierno se ejerció para el beneficio de los habitantes del territorio. Sus beneficiarios fueron los que predijo Bolívar, un “pequeño género humano”. En el caso del Estado del Ecuador establecido en 1830, el gobierno del territorio por los descendientes de los conquistadores (unos adinerados blanco-mestizos) significó una libertad más perfecta de ellos para oprimir a los otros habitantes del territorio en el marco de un gobierno racial heredado de los tiempos de los españoles. 

Simón Bolívar, en la célebre Carta de Jamaica publicada en Kingston en 1815, lo tenía muy claro. La independencia del reino de España se la iba a hacer por y para un “pequeño género humano”, que él definió como una “especie media entre los legítimos propietarios y los usurpadores”, es decir, ni indígena ni española. Así, ellos eran distintos a los españoles por el nacimiento, mientras que eran distintos a los indígenas por los derechos, que ellos tenían por su herencia española pero que los indígenas no tenían por un efecto de la conquista. Su mensaje: la independencia se la iba a hacer contra los españoles, pero no en beneficio de las mayorías. 

El Estado del Ecuador que inició su maltrecha andadura en 1830 no varió el gobierno racial, sino para peor. Los esclavos siguieron siendo esclavos, pero la relación entre los nuevos gobernantes criollos con los indígenas se hizo más opresiva. La primera Constitución ecuatoriana, que entró en vigor en septiembre de 1830, los trataba a los indígenas como unos interdictos. En su artículo 68 encargaba a “los venerables curas párrocos por tutores y padres naturales de los indígenas, excitando su ministerio de caridad en favor de esta clase inocente, abyecta y miserable”. 

Tras la independencia, el “pequeño género humano” en su versión Ecuador ensayó varios mecanismos para sujetar a la población indígena a la producción de la hacienda, en una situación abominable conocida como “concertaje” (abolido recién en 1918). Para peor, a la población indígena le cobraban un tributo por el hecho de ser indígena: durante largos años, este tributo financió una buena parte del funcionamiento de un Estado diseñado para oprimir a quienes lo pagaban. Un Estado administrado por aquel “pequeño género humano” por el que tanto luchó Bolívar. 

En su libro ‘América latina: la construcción del orden’, Waldo Ansaldi y Verónica Giordano concluyen acerca del proceso de independencia americana del Reino de España: “En síntesis, independencia política sin emancipación social”. Para el caso del Ecuador, se podría decir que nos fue peor: la independencia política significó una mayor y más perfecta opresión sobre los maltratados desde los tiempos de la conquista. 

La chirez de Bolívar en Jamaica

18 de junio de 2019


Al Libertador (título conferido por el Ayuntamiento de Mérida en 1813 en los tiempos de la “Campaña Admirable”) el exilio en la caribeña isla de Jamaica que empezó a mediados de 1815 le resultaba intolerable. Vendida la poca plata que había llevado a su nuevo destino, únicamente le restaba implorarle a un escocés (originalmente, panadero y comerciante de harina en Dumfries), de nombre Maxwell Hyslop, a que le cruce un billete y a cambio le ofrecía un “Dios le pague” estilo bolivariano: “La generosidad de V. debe ser gratuita, porque me es imposible ofrecer ninguna recompensa, después de haber perdido todo; pero mi gratitud será eterna”.

Simón Bolívar no prescindió de ponerle drama a su petición. De plano, le encamó al escocés Hyslop, en carta del 30 de octubre de 1815, que si no le daba el dinero que le pedía, se iba a suicidar:

“No me lisonjea otra esperanza que la que me inspira el favor de V. Sin él la desesperación me forzará a terminar mis días de un modo violento, a fin de evitar la cruel humillación de implorar auxilios de hombres más insensibles que su oro mismo. Si V. no me concede la protección que necesito para conservar mi triste vida, estoy resuelto a no solicitar la beneficencia de nadie, pues es pre­ferible la muerte a una existencia tan poco honrosa.”

Por los beneficios a los que accedieron después los hermanos Hyslop (Maxwell y Wellwood), es de suponer que Maxwell Hyslop le “donó” su billete al Libertador para que enfrente sus horas bajas en Jamaica. Su “eterna gratitud” no fue en vano: fue devengada una vez que Bolívar ocupó la Presidencia de la naciente República de Colombia, unos años después. Visto así, más que una “donación”, a Hyslop este billete le resultó una “inversión”.

La generalizada ignorancia

17 de junio de 2019


Cuando se exilió en la isla de Jamaica, Simón Bolívar le escribió una carta al inglés Maxwell Hyslop, fechada 19 de mayo de 1815, en la que hizo la siguiente descripción de las masas americanas:

“… no debemos alucinarnos: la opinión de las Américas no está aún bien fijada, y aunque los seres que piensan son todos, todos independentistas, la masa general ignora todavía sus derechos y desconoce sus intereses”*

La visión de Bolívar podrá ser elitista, pero el hecho de la generalizada ignorancia sobre sus derechos e intereses en la población era tan cierto en los tiempos de la independencia como lo sigue siendo ahora. Por ejemplo, lo es en la ciudad de Guayaquil con relación a los riesgos inminentes que vamos a enfrentar por el cambio climático y la elevación del nivel del mar en unos 30-50 años. La guayaca es una ignorancia, además, tremendamente peligrosa pues atenta contra nuestra propia supervivencia como ciudad.

Doy por sentado que la solución no debe ser la autocracia de Bolívar una vez en el poder, pero su diagnóstico de 1815 sobre la realidad de las masas sigue siendo (lamentablemente) certero.

* Citado por: Ansaldi, Waldo & Verónica Giordano, ‘América latina. La construcción del orden’ [Tomo I. De la colonia  la disolución de la dominación oligárquica], Ariel, Buenos Aires, 2012, p. 199.