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La generalizada ignorancia

17 de junio de 2019


Cuando se exilió en la isla de Jamaica, Simón Bolívar le escribió una carta al inglés Maxwell Hyslop, fechada 19 de mayo de 1815, en la que hizo la siguiente descripción de las masas americanas:

“… no debemos alucinarnos: la opinión de las Américas no está aún bien fijada, y aunque los seres que piensan son todos, todos independentistas, la masa general ignora todavía sus derechos y desconoce sus intereses”*

La visión de Bolívar podrá ser elitista, pero el hecho de la generalizada ignorancia sobre sus derechos e intereses en la población era tan cierto en los tiempos de la independencia como lo sigue siendo ahora. Por ejemplo, lo es en la ciudad de Guayaquil con relación a los riesgos inminentes que vamos a enfrentar por el cambio climático y la elevación del nivel del mar en unos 30-50 años. La guayaca es una ignorancia, además, tremendamente peligrosa pues atenta contra nuestra propia supervivencia como ciudad.

Doy por sentado que la solución no debe ser la autocracia de Bolívar una vez en el poder, pero su diagnóstico de 1815 sobre la realidad de las masas sigue siendo (lamentablemente) certero.

* Citado por: Ansaldi, Waldo & Verónica Giordano, ‘América latina. La construcción del orden’ [Tomo I. De la colonia  la disolución de la dominación oligárquica], Ariel, Buenos Aires, 2012, p. 199.

Denuncia: Juan Ramírez no es suficiente

5 de junio de 2019


Somos una sociedad muy pobre, pero no me refiero al dinero (aunque también)*. Somos culturalmente muy pobres, pues somos incapaces de enfrentar lo que se viene. Simplemente, parece que estamos destinados a sufrirlo, como si de un designio divino o del impacto de un asteroide se tratara. No es que no se conozca que Guayaquil corre el riesgo de inundarse y tornarse inhabitable en unos 30 a 50 años (alguna noticia se ha difundido, algún foro se ha hecho), el tema es que a nadie parece realmente importarle.

En realidad, Guayaquil es una ciudad secundaria para el mundo mundial. Es una de las 136 ciudades costeras de más de un millón de habitantes que en el mundo existen, pero una de las más prescindibles. Las inundaciones en Guayaquil serían una preocupación para sus habitantes y para algunos compatriotas, pero poco más. Es decir: la preocupación por las futuras inundaciones de Guayaquil se reduce a una porción mínima, poco influyente del mundo. El resto podría ver que nos inundamos y muy tranquilamente no hacer nada por nosotros. No nos engañemos: estamos en el mismo nivel de periférica importancia que un bombardeo en Siria o una sequía en el centro de África.

Otra cosa, por supuesto, es la ciudad de Nueva York, USA. Allá se toman muy en serio lo que le pueda pasar a la ciudad, entre otras cosas, porque Nueva York es la capital no oficial del mundo mundial. Y su administración pública sí se ha tomado en serio los efectos del cambio climático y han creado varias oficinas para tratar este tema. Tiene a un responsable máximo, quien responde directamente al Alcalde de NYC, con el cargo de “Senior Director of Climate Policy and Programs”. Este cargo lo ocupa Daniel A. Zarrilli, quien supervisa la gestión de los varios departamentos que se dedican a tratar con los efectos del cambio climático en esa ciudad (Mayor’s Office of Recovery and Resiliency, Mayor’s Office of Sustainability, Mayor’s Office of Environmental Coordination) y quien también tiene a su cargo la coordinación del programa de Nueva York (OneNYC) para una acción climática inclusiva. 

OneNYC
Daniel A. Zarrilli es un ingeniero que se toma en serio el futuro de la ciudad para la que presta sus servicios. Bajo su dirección, Nueva York orienta sus políticas y programas a la obtención de ocho (8) metas: una democracia vibrante, una economía inclusiva, barrios florecientes, una vida saludable, la equidad y excelencia en la educación, un clima habitable, movilidad eficiente, infraestructura moderna. Para alcanzarlas, la ciudad se ha comprometido a treinta (30) iniciativas concretas cuyo cumplimiento puede medirse: hay mucha información disponible al público, hay una rendición de cuentas constante desde la autoridad, hay indicadores para medir la efectividad de las gestiones emprendidas; hay un Plan de Acción y una estrategia a seguir de aquí a 30 años… El mundo de cosas que ocurre en Nueva York (la tercera ciudad con la mayor población de ecuatorianos en el mundo, por encima de Cuenca) de cara a enfrentar los riesgos asociados a la inevitable elevación del nivel del mar, es abrumador.

Pues resulta abrumador frente a la desidia que hay acá, porque en Guayaquil no pasa nada a pesar de que se proyecta como la cuarta ciudad en el mundo que enfrentará los mayores costos económicos (alrededor de 3.000 millones de dólares) asociados a la elevación del nivel del mar en 30 años. Acá, en el Puerto Principal y Perla del Pacífico, lo tenemos a Juan Ramírez. Ramírez es el ingeniero a cargo de la Gestión de Riesgos en la Alcaldía de Guayaquil, acostumbrado a obedecer órdenes y a cumplir protocolos. En su dirección municipal no hay ninguna planificación para enfrentar los riesgos que las futuras inundaciones imponen a Guayaquil (la palabra “inundación” no aparece en la normativa de su dirección).

Web Alcaldía GYE

El Ing. Juan Ramírez es un funcionario pensado para ser reactivo: si ocurre una situación de riesgo en la ciudad, él debe coordinar muchos esfuerzos para resolverla.

Web Alcaldía GYE

Y habría que ver si realmente Ramírez cumple con lo que se supone que hace: por ejemplo, si su Dirección prepara esos “planes anuales” de reducción de riesgos con indicadores… Pero no hay que comerse el coco con vanas ilusiones: para la Alcaldía de Guayaquil, el uso de planes con indicadores es material de ciencia ficción.

El problema es que un funcionario como Ramírez no es suficiente (OJO: no es culpa de él, es la falta de criterio en la administración municipal en general). Como ciudad, en Guayaquil no se está haciendo nada, o casi nada, para enfrentar un problema que en unos 30 a 50 años tendrá unas consecuencias catastróficas si no son adoptados los necesarios correctivos ahora, como los que ha empezado a adoptar una ciudad que sí está consciente del problema como Nueva York.

Por contraste a NYC, Guayaquil está en la peor situación posible. A su administración pública, en manos de los irresponsables de los socialcristianos, no le ha importado lo que pueda llegar a pasar en el futuro con la ciudad, porque sus ganancias son AHORA (nuestro crecimiento urbano está hecho “inconscientemente” para facilitar las inundaciones venideras, dada su impermeabilidad) y son mis conciudadanos, en una amplísima mayoría, ignorantes de los problemas que se les avecinan (en el caso más feliz, piensan como Jazmín). A mayor inri: NYC tiene muchos recursos y puede generar muchísimos más a través de redes de solidaridad que ciudades como Guayaquil simplemente ni tienen, ni podrán tener, por su condición de periferia pobre del mundo mundial.

La desgracia de Santiago de Guayaquil es que, o la salva la preocupación y el esfuerzo de sus propios habitantes, o en unos años post-socialcristianos se nos inunda y que el último residente apague las luces (si aún queda algún vestigio de electricidad en una ciudad anegada)**. Y por como vamos en tamañas irresponsabilidad e inconsciencia, este segundo escenario es muy posible. 


* A guisa de ejemplo: la ciudad de Buenos Aires (excluyendo el Gran Buenos Aires) tiene una población de aproximadamente tres millones de personas, tiene un presupuesto anual de alrededor de 10.000 millones de dólares. Guayaquil, con una población similar, tiene un presupuesto anual de apenas 800 millones de dólares (las consecuencias de vivir con cinturones de miseria e informalidad).
** Guayaquil sufrirá por la elevación del nivel del mar, a consecuencia de lo cual (si continuamos en la feliz ignorancia de nuestros problemas) varias zonas de la ciudad quedarán anegadas de forma permanente, o tan recurrente, que se volverán inhabitables. Esto provocará cientos de miles de desplazados por efecto del cambio climático, que en un país tan anárquico e idiota como el Ecuador, se dispondrán a crear situaciones de descontrol tiro 30 de septiembre, pero por días y días y días. Un apocalipshit guayaco.

Gary Cooper y las inundaciones en Guayaquil

18 de abril de 2017

Como rara vez en sus intervenciones públicas, el alcalde Jaime Nebot se refirió a un estudio de la Corporación Andina de Fomento (CAF). Uno de sus entrevistadores le pidió cuentas sobre qué pasó con este estudio. La respuesta del alcalde Jaime Nebot es un auténtico cualquierismo: “Hay una película muy buena de Gary Cooper que se llamaba Eco de tambores”. Acto seguido, sorbió de su botella de Coca-Cola. El guacharnaco Luis Almeida, exdiputado y exconcejal socialcristiano, dueño de la emisora, se apresuró a cambiar de tema.

Fuente: [6:52-7:09]




Este informe de la CAF (“Diagnóstico y proyección de vulnerabilidades frente a la variabilidad y cambio climático en la ciudad de Guayaquil”) no es un informe cualquiera. De acuerdo con el diario Expreso (el único que ha publicado noticias sobre este informe), la investigación de la CAF “da cuenta de la situación real y perspectivas que por el cambio climático experimentaría esta zona en los próximos 32 años”. En una columna editorial, el diario reconoció la gravedad del asunto:

“Nos debe alarmar la cifra de la posible afectación (3 mil millones de dólares) que se produciría en los próximos años y que causaría una pérdida de aproximadamente el 30% del total de los bienes y servicios (PIB de la ciudad) que ella genera por su estructura y dinámica económica” (1).

Un periodismo responsable debería exigir precisiones sobre las responsabilidades que debe asumir la Alcaldía de Guayaquil (y el porqué no las ha asumido, como en efecto no lo ha hecho) para enfrentar las inundaciones a consecuencia del cambio climático (2). Pero el periodista de radio Morena, en esta entrevista del 3 de marzo, apenas se animó a pedirle una aclaración general, que Nebot decidió no contestarle.

¿Cómo lo hizo? Con una técnica que debe haber causado furor en los años cincuenta: tirar una línea que incluya una película de Gary Cooper. Una manera altamente random de decirle a su entrevistador: “No vayas por allí”. Muy efectiva (por tratarse de Nebot). 

Así, Guayaquil es una ciudad en la que su máxima autoridad política esquiva una discusión sobre su futuro por los graves efectos del cambio climático con una referencia a una película del año 1951. Nebot, porque puede (vía la complicidad de un periodismo lánguido).

Me pregunto cuánta gente en Guayaquil sabe quién es Gary Cooper. Pero es seguro que es un número mayor que los que saben lo que dice este informe de la CAF. 

Ojalá que esta situación se revierta, pues es necesaria una discusión sobre los graves efectos del cambio climático en Guayaquil de aquí al año 2050. Hoy, nuestra ciudad, según diario Expreso, “está entre las cuatro ciudades costeras de mayor afectación como resultado del cambio climático” a nivel mundial. Y si no se hace nada, como hasta ahora no se ha hecho, la situación únicamente va a empeorar.

El periodismo de Guayaquil, en general, le permite al alcalde Nebot ser una autoridad irresponsable. Porque sin Gary Cooper se puede vivir, pero bajo el agua ya no.

(1) Amenaza de futuro peligro’, Diario Expreso, 8 de abril de 2017. Las noticias que ha publicado Diario Expreso sobre este tema son: Mariella Toranzos, ‘Estudio pide almacenar y reutilizar el agua lluvia’, Diario Expreso, 28 de marzo de 2017; Mariella Toranzos, ‘Las inundaciones le costarán a la ciudad $3.000 millones hasta 2050’, Diario Expreso, 27 de marzo de 2017
(2) El grave problema en Guayaquil es que su supuesto "modelo exitoso de desarrollo" va a contramano de las medidas que deben adoptarse para enfrentar las inundaciones a consecuencia del cambio climático, v. Guayaquil a la deriva.