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Él saltó de la terraza

3 de mayo de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 3 de mayo de 2024.

La de Francisco Javier León fue una vida que se descarriló hasta el salto al vacío. La enturbió, pobre, el ejercicio del máximo poder.

León fue el Encargado del Poder Ejecutivo por disposición de la “Carta Negra”, apelativo con el que se conoce a la Constitución de 1869, dictada por una asamblea adicta a Gabriel García Moreno tras el golpe de Estado por él orquestado en enero de ese mismo año. Esta Constitución (la séptima de la República del Ecuador) disponía en su artículo 55 que, en caso de vacar la presidencia por causa de muerte, correspondería al vicepresidente la subrogación del cargo. 

Para García Moreno, Francisco León era un tipo de confianza. Fue en su segunda administración, entre 1869 y 1875, que García Moreno le confió el Ministerio de lo Interior. Por disposición del artículo 52 de la “Carta Negra”, cuando por un motivo temporal García Moreno no podía ejercer la presidencia lo debía subrogar “el Ministro de lo Interior con el título de Vicepresidente de la República”. León lo subrogó en varias ocasiones.  

Francisco León fue abogado y político, nacido en Quito el 13 de octubre de 1832, que muy joven asumió el Ministerio de lo Interior, pues contaba alrededor de 37 años. Cuando asumió el Encargo del Poder tras el magnicidio de García Moreno, León tenía 42 años. 

El 6 de agosto de 1875, a escasos cuatro días de culminar su período de gobierno, asesinaron al presidente García Moreno al pie del Palacio de Carondelet. Entonces, por aplicación del artículo 55 de la Constitución, le correspondió a León terminar los cuatro días que le faltaron a García Moreno y completar así el único sexenio presidencial en la historia ecuatoriana.

La muerte de García Moreno significó también la muerte de quien iba a gobernar el siguiente sexenio (1875-1881), porque el pueblo había votado por García Moreno para presidente en las elecciones de mayo de 1875. Por ello, León asumió la más alta investidura civil del Ecuador hasta la organización de nuevas elecciones y, dadas las circunstancias, para perseguir y ejercer el máximo rigor en contra de los asesinos de García Moreno.

Los persiguió con saña, incluso saltándose la Ley, como en el caso de Gregorio Campuzano.   A él lo absolvió un Consejo de Guerra, pero León ejerció el máximo poder: decidir sobre su vida o muerte. León escribió al Consejo de Guerra, para que se le imponga la pena capital: “… con las manos sobre el corazón y el juramento de estilo, digo: tengo el convencimiento moral que Gregorio Campuzano es responsable del alevoso asesinato cometido tan vilmente en la persona de S.E. el presidente de la República”.

El Consejo de Guerra acató el designio de León y el 9 de agosto de 1875 lo condenó a Campuzano. Dos días después, lo fusilaron.  

A León, los fantasmas de aquel muerto lo persiguieron en lo que le restó de vida. Lo atacó el remordimiento de haber ordenado la muerte de una persona sobre la que él no tenía pruebas de que fuera culpable, apenas un “convencimiento moral” que pronto se trocó en angustias. Empezó a alucinar que Campuzano vendría de ultratumba a jalarle las patas. 

El 10 de agosto de 1880, en Quito, el atormentado León saltó de una terraza, en procura del descanso eterno. Tenía 47 años.

La chirez de Bolívar en Jamaica

18 de junio de 2019


Al Libertador (título conferido por el Ayuntamiento de Mérida en 1813 en los tiempos de la “Campaña Admirable”) el exilio en la caribeña isla de Jamaica que empezó a mediados de 1815 le resultaba intolerable. Vendida la poca plata que había llevado a su nuevo destino, únicamente le restaba implorarle a un escocés (originalmente, panadero y comerciante de harina en Dumfries), de nombre Maxwell Hyslop, a que le cruce un billete y a cambio le ofrecía un “Dios le pague” estilo bolivariano: “La generosidad de V. debe ser gratuita, porque me es imposible ofrecer ninguna recompensa, después de haber perdido todo; pero mi gratitud será eterna”.

Simón Bolívar no prescindió de ponerle drama a su petición. De plano, le encamó al escocés Hyslop, en carta del 30 de octubre de 1815, que si no le daba el dinero que le pedía, se iba a suicidar:

“No me lisonjea otra esperanza que la que me inspira el favor de V. Sin él la desesperación me forzará a terminar mis días de un modo violento, a fin de evitar la cruel humillación de implorar auxilios de hombres más insensibles que su oro mismo. Si V. no me concede la protección que necesito para conservar mi triste vida, estoy resuelto a no solicitar la beneficencia de nadie, pues es pre­ferible la muerte a una existencia tan poco honrosa.”

Por los beneficios a los que accedieron después los hermanos Hyslop (Maxwell y Wellwood), es de suponer que Maxwell Hyslop le “donó” su billete al Libertador para que enfrente sus horas bajas en Jamaica. Su “eterna gratitud” no fue en vano: fue devengada una vez que Bolívar ocupó la Presidencia de la naciente República de Colombia, unos años después. Visto así, más que una “donación”, a Hyslop este billete le resultó una “inversión”.

Benjamin y la mar

13 de noviembre de 2018


Cuenta Diedrich Diederichsen en Personas en loop*:

“Visité Port Bou, en la frontera española-francesa, y estuve en el lugar en donde se suicidó Walter Benjamin. Éste había alcanzado territorio seguro en España cuando la dueña del hotel en que dormía delató la presencia de un judío alemán a la guardia de frontera. Le informaron que lo enviarían de vuelta hacia la Francia ocupada en el primer tren de la mañana. Benjamin usó el tiempo que le quedaba para tomar una sobredosis de morfina. Otra coproducción hispano-germana”.

Y añadió que en este extremo de Cataluña “hay ahora una escultura minimalista bellísima de Dani Karavan, un pasadizo de hierro insertado en el peñasco donde se encuentra el cementerio”. Es éste:*



Diederichsen, Diedrich, ‘Personas en loop. Ensayos sobre cultura pop’, InterZona editora, Buenos Aires, 2011, pp. 67-68.

El aniversario de un (feliz) acto fallido

25 de agosto de 2008

Hoy se cumplen exactos 25 años de la fecha que Jorge Luis Borges anunció para su suicidio. Para fortuna de sus lectores, el argentino no cumplió. (Cuando le preguntaron por qué, Borges contestó "por cobardía". Pues bendita sea: en el ínterin hasta su muerte el 14 de junio de 1986, en Ginebra, Borges publicó los libros -algunos de sus textos los escribió antes- La Memoria de Shakespeare, Altas y Los Conjurados). María Esther Vásquez refiere en Borges, Esplendor y Derrota (Pág. 315) que Borges sí intentó un suicidio real, o que al menos eso decía él:

"Ya en Buenos Aires, Borges confesó a los amigos más íntimos, incluyendo a Fani Uveda, su empleada doméstica, que había intentado suicidarse llenando la bañadera con agua hirviendo y metiéndose adentro. Por supuesto, al sumergir el pie, el dolor se impuso sobre su decisión y desbarató el intento". Vásquez comenta sobre este episodio: "Es probable que Borges buscara esa ineficacia"; María Kodama refiere que Vásquez inventó esta historia para difamarla. (Véase, "Breve historia de la ineficacia suicida", de Gustavo Valle.)

En todo caso, para fortuna de sus lectores, la profecía que Borges no cumplió el 25 de agosto de 1983 la utilizó para escribir el cuento cuyo título es aquella fecha que no fue y que se publicó, precisamente, en La Memoria de Shakespeare. Acá, esa joyita. Por cierto, ayer 24 de agosto, Borges habría cumplido 109 años y lo conmemoramos en casa del Curro con pasta, buen vino argentino y muy grata compañía.

Para cerrar, este diálogo de Borges con Sábato, sobre el tema del suicidio:

Borges: Yo también [he pensado en el suicidio]. Hace setenta y cinco años que vengo suicidándome. Tengo más experiencia que usted, Sábato.
Sábato: (sonriendo) Con muy poca eficacia, por lo que se ve.
Borges: Sí, pero con mucha vocación, realmente.

Vocación literaria, claro está.