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Debate jurídico: Aguilar vs Oyarte

3 de junio de 2018



En esta entrevista el debate inició porque los abogados Ramiro Aguilar y Rafael Oyarte entienden de manera distinta una palabra. Esa palabra es “designación” y la divergencia es en relación a la supuesta facultad del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social transitorio de evaluar y, eventualmente, destituir, a la Corte Constitucional del Ecuador.

Aguilar empezó el debate: él sostiene que la palabra “designación” en la pregunta 3 de la Consulta Popular significa que sólo para las autoridades que el Consejo designa de acuerdo con el artículo 208 de la Constitución (números 10, 11 y 12) cabe la facultad de evaluación y, eventualmente, destitución. Esto, de ninguna manera, razona Aguilar, puede incluir la evaluación y destitución de la Corte Constitucional, puesto que el procedimiento para su selección es distinto. Esto que Ramiro Aguilar hace es una interpretación “literal” de la Constitución.

Oyarte rechaza esta interpretación “literal” de Aguilar. Él afirma que “la Constitución no comienza ni termina en el 208” y postula que la palabra “designación” debe interpretarse de forma “sistemática”, es decir, acudiendo a otras normas para obtener un resultado distinto a la interpretación “literal” (de hecho, hasta llegar a la interpretación opuesta a la de Aguilar). El de Oyarte es el trabajo típico que se asocia a un abogado: una norma dice que otra norma, y ésta interpretada junto a esta otra, etc.

En respuesta a esto, Aguilar no contradice la interpretación “sistemática” propuesta por Oyarte, pues traslada el asunto a un campo práctico. Él sostiene que la actuación del Consejo transitorio se extralimita de sus competencias legales y que esta realidad resulta “nociva a la institucionalización” del país. Porque él teme,

“que lo que se le criticaba, y con razón, al gobierno de Correa y al correísmo y a todo ese andamiaje constitucional e institucional que tuvo, de hacer lo que le daba la gana, se termina aplaudiendo en el Consejo de Participación transitoria, de Participación Ciudadana transitorio, haga nomás lo que le da la gana con tal de zafarnos del correísmo. Yo soy un poco más purista en esta cosa. Es decir, yo creo firmemente en la necesidad de volver a la institucionalidad; pero creo firmemente en la necesidad de hacerlo, distanciándonos y haciéndonos diferentes de los correístas. Porque si a la final vamos a tomar las mismas prácticas, no es que hemos sido correístas y anti-correístas, pues, sino que hemos sido lo mismo”. (12:30).

Aquí entran los comerciales. O mejor dicho, el único comercial (es Telesucesos).

Al regreso de la pausa, ya no se discute tanto de la palabra “designación” y las normas, como de su aplicación práctica. Oyarte añade a su interpretación “sistemática”, una interpretación “finalista”: “Nada, nada has hecho si mantienes esa Corte Constitucional, ¿para qué? ¿Para qué quieres cambiar el Consejo de la Judicatura, pues? ¿Para qué quieres cambiar la justicia ordinaria? Si el órgano de cierre es la Corte Constitucional. Interpretación finalista” (21:46).

La respuesta de Aguilar a Oyarte es directa: “Oiga, pero vamos a la dictadura de una vez. O sea, si es que el tema es ‘tengo que bajarme primero a la Corte Constitucional, para luego poderme bajar al Consejo de la Judicatura, al Contralor, al Fiscal’, entonces la Corte Constitucional se vuelve un objetivo político” (23:36). Ouch. Eso debió doler.

Y, en efecto, dolió: cuando Oyarte respondió, ya su única argumentación era decir (textual) que la Corte Constitucional “no existe” y que todo lo que nos podía hacer sospechar que existe, está mal. Y que por eso tenía que irse. Oyarte terminó notoriamente exaltado, menos un jurista que un político populista.

Y Ramiro Aguilar lleva razón: en este país, el autoritarismo es malo cuando no lo ejerce un “bueno” (como lo es El Notario) y la diferencia fundamental entre correístas y anti-correístas es apenas la sucesión en el tiempo. 

Lassoledad

19 de abril de 2017


Durante la primera y la segunda vuelta, el mejor día para Guillermo Lasso fue el 21 de febrero. Ese día, Lasso estaba en Guayaquil frente a las instalaciones del CNE liderando una protesta por fraude, rodeado de miles de simpatizantes y apoyado por varios políticos, entre ellos, Abdalá Bucaram Jr. y Jaime Nebot. Los sucesos de aquel 21 de febrero parecían confirmar que Guillermo Lasso se iba a convertir en el Gran Contradictor del Correísmo, tal vez en ruta a la Presidencia de la República. Ese día, Lasso era legión.

Sin embargo, después de aquel día, las cosas a Lasso se le fueron yendo como para el carajo. Los primeros en abandonarlo, todavía en campaña, fueron los políticos. Su principal aliado en la provincia del Guayas, Jaime Nebot, tomó distancia con una jugada propia de un “viejo sabido” (1). También lo abandonó Abdalá Bucaram Jr., cuyo candidato a la Vicepresidencia de la República, Ramiro Aguilar, advirtió que CREO “es de la Sierra, es una candidatura de clase media y por eso va a perder las elecciones. Repito, va a perder las elecciones y después va a decir que hubo fraude(2).

Una vez obtenidos los resultados de la segunda vuelta, en efecto, Guillermo Lasso se lanzó a decir que hubo fraude. Lasso advirtió que reclamaría ante la OEA, pero la OEA se apresuró a reconocer el triunfo de Lenin Moreno. Los gobiernos de los países extranjeros, incluido el de los Estados Unidos de América, reconocieron pronto el triunfo de su rival. Así, las cosas a Lasso se le pusieron cuesta arriba: los organismos internacionales y los gobiernos extranjeros le restaban potencia al reclamo por fraude que Lasso empezaba. 

Descartados así los apoyos de los políticos ecuatorianos y de la comunidad internacional, le quedaba a Lasso hacerse fuerte en la sociedad civil. Poco a poco, sin embargo, esos apoyos también han empezado a desgajársele. En este sentido cabe entender la distancia que han tomado frente al discurso del fraude opositores al gobierno como Manuel Ignacio Gómez y Felipe Burbano de Lara.

Tanto Gómez como Burbano de Lara, en sendos artículos elogiosos a Lasso publicados en diario El Universo, enviaron un claro mensaje acerca de la necesidad de voltear la página. Gómez sostuvo que ya fue, que “[q]uedó en el camino la posibilidad de un cambio”, mientras que Burbano de Lara fue más contundente:

“Lasso cometió un solo error en la segunda vuelta: proclamarse triunfador de la elección muy tempranamente sobre la base del exit poll de Cedatos. De allí en adelante, en lugar de capitalizar lo conquistado para seguir trazando las agendas del Ecuador poscorreísta, se puso a jugar con fuego deslizándose al pantanoso terreno del fraude. Y en ese desliz, los avances alcanzados corren el peligro de corroerse y distorsionarse” (3).   

Lasso, sin embargo, se mantiene en sus trece con la estrategia del fraude: ayer ratificó que no reconocerá el triunfo de Moreno (4).

En mi opinión, a Guillermo Lasso le convendría una jugada cortazariana: “No todo está perdido, si tenemos el valor de admitir que todo está perdido, y empezarlo de nuevo”. Con este borrón y cuenta nueva, Guillermo Lasso podría dedicarse efectivamente a “capitalizar lo conquistado para seguir trazando las agendas del Ecuador poscorreísta” de cara a la siguiente batalla: las elecciones seccionales del 2019.

Pero emperrarse en las acusaciones de fraude es una manera de NO “capitalizar lo conquistado”, sea dicho in the parlance of Burbano de Lara. Todo lo contrario: es una vía segura para quedarse cada vez más solo. Lasso ya ha perdido el apoyo de los políticos ecuatorianos y de la comunidad internacional, y se enrumba a un cada vez mayor desgaste entre la sociedad civil opositora al oficialismo. Esto, porque su discurso de fraude está ya en trance de cruzar la frontera que separa un justo reclamo del berrinche y la pataleta.

En conclusión: casi dos meses después de aquel 21 de febrero, el hombre que aquella tarde era legión, hoy se está quedando solo (la compañía de Páez únicamente acentúa su soledad), emperrado en un callejón sin salida discursivo y esforzándose, con una pasión digna de mejor causa, por dilapidar lo que había ganado en varios años de construcción de su imagen política.

(1) De la estrategia de Nebot he hablado en otra parte: v. ‘El extraordinario caso del PSC: triunfar perdiendo’, Xavier Flores Aguirre, 30 de marzo de 2017.
(2) Juan Carlos Calderón, ‘Ramiro Aguilar: el trompón de Jacobito nos mató’ [entrevista], Plan V, 20 de marzo de 2017.
(3) Felipe Burbano de Lara, ‘Lasso, la democracia y el fraude’, Diario El universo, 18 de abril de 2017; Manuel Ignacio Gómez, ‘Gracias, Guillermo’, Diario El universo, 17 de abril de 2017.
(4) Guillermo Lasso dice que no reconocerá victoria de Lenín Moreno’, Diario El universo, 19 de abril de 2017.