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Justificar el maltrato

27 de agosto de 2019


Los datos del Latinobarómetro del 2018 son escalofriantes. En primera instancia, sobre un hecho tan importante como la respuesta a la pregunta: ¿Para quién se gobierna?, la situación en el Ecuador rezuma desesperanza. El 81% de los ecuatorianos respondió que eran “grupos económicos en su propio beneficio” (p. 38). Al menos 8 de cada 10 de entre nosotros, no nos comemos ese amague.

Pero, en cambio, Ecuador encabeza un indicador de vergüenza: es el país de América latina que responde a la pregunta: ¿Cuán justa es la distribución de la riqueza?, que la distribución de riqueza en su territorio es “Muy justa” o “Justa”. Es decir, que en el país se gobierna en beneficio de unos pocos (así lo cree una amplia mayoría), pero somos los primeros en la región en justificar esta distribución de la riqueza claramente abusiva.

Corolario: Las élites de este país han sido de mucha crueldad y han acostumbrado a la base popular al maltrato. Un país de gente, en su mayoría, abandonada a su suerte.

Tráfico de influencias: Sofía Espín vs. Elizabeth Cabezas

10 de marzo de 2019


Es notorio el contraste, el doble rasero: Por una parte, la asambleísta Sofía Espín fue a una cárcel a visitar a una detenida el 24 de septiembre de 2018 y por la imputación de que en esa visita intentó “influir” en la persona que visitó para que declare de una cierta manera en el juicio en el que la detenida estaba (y está todavía) involucrada, se la destituyó de su curul de asambleísta y se la acusó penalmente por “tráfico de influencias”. El argumento contra Espín fue un supuesto combate de la corrupción, pues su visita a la detenida (autorizada por las autoridades de la cárcel) fue un supuesto delito, acusación que realmente es un adefesio. Hoy Sofía Espín se encuentra fuera del país.

Por otra parte, Elizabeth Cabezas, la Presidenta de la Asamblea Nacional, fue captada en el momento en que llamaba a una autoridad de la Función Ejecutiva (la Ministra del Interior María Paula Romo) para que gestione los votos de la bancada socialcristiana, a fin de evitar una investigación de corrupción relativa al Presidente Lenin Moreno. Si los socialcristianos no eran llamados al orden por Romo, la cosa se pudría: “Nos joden”, decía Cabezas en el audio.

Es decir, en el caso de Cabezas, se para una votación sobre un tema de corrupción porque si no se “joden”, por lo que debió intervenir la Ministra Romo (una expromesa de cambio devenida en bulldog de la derecha reaccionaria) y evitar in extremis que todo se pudra.

Así, el “delito” por el que se acusó a Espín fue visitar a una detenida y que ella diga que le dijeron (algo totalmente subjetivo, es el jueguito del teléfono devenido en prueba judicial) que la quisieron convencer para que no declare en contra de Rafael Correa, pero no hubo ninguna consecuencia jurídica de este hecho (no produjo ningún efecto en la realidad, no cambió la opinión del juez, ni de la testigo, ni de nadie, fue palabrería pura). Lo hecho por Elizabeth Cabezas, en cambio, sí tuvo consecuencias e influyó en un resultado concreto: evitó una investigación de corrupción al Jefe de Estado y de Gobierno, el Señor Presidente Mojón en la Marea. Esta consecuencia sí debería investigarse a fondo, o es que estamos todos pintados.

Porque a una (a Espín) le caen con todo, mientras que a otra (Cabezas) la dejan pasar de alivio, pues hasta se ha dado el lujo de retrucar: ella dice que el audio no es el problema, que el problema es que lo hayan obtenido pues se vive un “Estado de espionaje(?). Nos toma el pelo, y la gente, tan campante.

Verdad es que los ecuatorianos, frente a las acciones de nuestra clase política, las más de las veces parecemos, y en algunas hacemos gala de ser, un pelotón de cojudos pintados en la pared.

Cambiar todo

13 de febrero de 2017


Mismo caricaturista, 20 años (1997-2017) en lo mismo.

Diario El Universo, 12 de noviembre de 1997

 
No es su culpa.

Ha sido el narrador visual de un país que nunca se ha querido*

* Mirando a un costado cuando de la Alcaldía de Guayaquil se trata.

Un caso de inestabilidad política: la familia Noboa en la Presidencia

26 de diciembre de 2016

La rama de la familia gallega Noboa asentada en Guayaquil ha dado a la República del Ecuador dos Presidentes, Diego y Gustavo. Ninguno de ellos fue elegido por votación popular y los dos constituyen ejemplos de inestabilidad política del paisito. Uno más que el otro.

Gustavo Noboa sucedió el 21 de enero del año 2000 al defenestrado Mahuad, el tipo a quien la mierda del país le explotó en la cara. El propio Gustavo Noboa retrató la inestabilidad de su gobierno, en una frase memorable:

“Soy como los miembros de alcohólicos anónimos. Tomo las cosas un día a la vez” (1).

A su tatarabuelo, Diego Noboa, le fue incluso peor. Elegido por una Asamblea Constitucional el año 1851, su gobierno duró alrededor de seis meses de ese mismo año. En julio, el general Urbina lo inquietó, por lo que Noboa “decidió bajar a Guayaquil, creyendo conjurar el peligro personalmente. En la misma lancha en que se acercaba a la ciudad fue tomado preso por el general Francisco Robles, que cumplía órdenes de Urbina, transbordado sin más a una goleta y desterrado del país” (2).

Diego Noboa (1789-1870) vale un chuchaqui.

Ante esta chapeta colosal, incluso los casi tres años de rehab presidencial de Gustavo Noboa parecen un modelo de estabilidad. A los dos Noboa, en 1851 como en 2003, los sucedió un militar.

(1) Stein et al. (Coord.), ‘La política de las políticas públicas. Progreso económico y social de América latina. Informe 2006’, Banco Interamericano de Desarrollo, Cambridge, USA, p. 63.
(2) Villalba F., Jorge, ‘Los gobiernos marcistas o la reacción antifloreana’, en: Salvat, Juan & Eduardo Crespo (Dir.), ‘Historia del Ecuador’, Vol. 6, Salvat Editores Ecuatoriana, S.A., Navarra, España, 1982, p. 66. 

Viejo país a la vista

2 de diciembre de 2016


Sobre la política en el parlamento ecuatoriano, tras el retorno a la democracia: “Algunas coaliciones, como las de Ecuador, son muchos más informales, ad hoc y de corta duración” (1).

El expresidente Hurtado escribió esta descripción de comportamiento político el año 2006, antes de la existencia de Alianza País (AP). Su irrupción en la política (de AP, el año 2007) ocasionó que la polarización entre el Ejecutivo y el Legislativo (coloquialmente conocida como “la pugna de poderes”) se apacigüe mientras el poder se consolidó por decisión popular en AP. La Asamblea Constituyente de Montecristi y dos Asambleas Nacionales son testimonio de ello. Pero esta luna de miel ha terminado.

La Asamblea Nacional que se viene, lo más probable, es que vaya a resultar una Asamblea fragmentada (con Alianza País con una mayoría no decisiva) y con un carácter confrontativo efectivo (o sea, the very revival of “la pugna de poderes”) y unas coaliciones “informales, ad hoc y de corta duración”, como las describió el zombie que ejerció una olvidable presidencia entre 1981 y 1984 (2).

El viejo país a la vista. Coming soon. Mayo 2017, GRAND RE-OPENING.

(1) Hurtado, Osvaldo, ‘Los partidos políticos, las legislaturas y los presidentes’, en: AA.VV. 2006, ‘La política de las políticas públicas. Progreso económico y social en América Latina’, Banco Interamericano de Desarrollo, México D.F., pp. 27-64. (El título de Hurtado es un poco raro: como si un tipo que estudia la naturaleza publicara un artículo con el título “Las nubes, las montañas, los árboles”, es cualquiera. La academia no se lo tomaría en serio, lo estimarían un émulo de Freddy Ehlers). De todas maneras, la descripción de las coaliciones legislativas hecha por Hurtado se ajusta a lo sucedido en ese esperpento compuesto por altos personajes de la Vieja Guardia política llamado ‘La Unidad’. En su artículo del 2006, Hurtado se refería a las coaliciones en el Legislativo, que era adonde se proyectaba La Unidad. Ya no existe.
En todo caso, su breve historia nos sirve como un abrebocas de la fragilidad de las coaliciones en la Asamblea Nacional que se avecina.
(2) Olvidable, literal. Cuando hizo campaña en la elección presidencial del año 2002 (con la esporádica “Patria Solitaria”: obtuvo apenas el 1.08% de los votos, penúltimo), Oswaldo Hurtado, quien había sido presidente en los años iniciales de los ochenta (tiempos que eran ya televisivos), recorrió la popular Bahía de Guayaquil para promocionar su candidatura a la Presidencia de la República. El pueblo allí reunido, según lo vio pasar y así lo registró la prensa local, se preguntaba qué quién es que era ese man.

Ecuatorianos en la piscina

3 de octubre de 2016

En esta conversación con Kintto Lucas y Washington Reyes en radio Pichincha Universal (emisión de esta mañana, 08h25) se recordó el chiste aquel de los canadienses y los ecuatorianos en una piscina (el enlace, aquí). Lo que el chiste revela está en la base de aquello que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos denominó “la incapacidad de [las] clases dirigentes [del Ecuador] de formar consensos amplios y perdurables que permitan identificar e implementar políticas públicas inclusivas necesarias para el respeto y goce efectivo de todos los derechos humanos” (1).

Las “clases dirigentes” del Ecuador siguen en la etapa de lo provisorio y lo destructivo: sus ideas apenas atacan la coyuntura y su propósito esencial es desplazar a otro para servirse ellos. Vista la enorme posibilidad de una Asamblea Nacional fragmentada, el viejo país está a la vuelta de la esquina. Y tras él, un año después, el estreno de la muerte cruzada.   

(1) 'Retrato de un país roto', Xavier Flores Aguirre, 27 de enero de 2015.

Ecuador y su anagrama (con la cultura política como telón de fondo)

1 de enero de 2010


En otras palabras, este artículo de Orlando Alcívar Santos, versa sobre el clásico “palo porque bogas, palo porque no”. El telón de fondo del mismo es la cultura política, la que hace que en Ecuador el anagrama de su nombre (para los no informados o perezosos, “acuerdo”) sea una mala palabra, tanto como la palabra original parece serlo para algunos (usualmente los mismos).