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Lasso con suerte

15 de abril de 2021

A Guillermo Lasso le sonó la flauta en la carrera a la Presidencia de la República: se enfrentó a Andrés Arauz, un candidato débil. Muy débil: sumó aproximadamente 1.2 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta, mientras Lasso sumó más de 2.8 millones. Una diferencia brutal. Tan débil fue Arauz, que en cinco provincias, el voto nulo le ganó.

 

Hay que tener en claro que este triunfo de Lasso se debió, también, a su control del CNE. Este control (AKA ‘superpoder’) se lo aseguró por su tregua con el PSC (v. ‘La tregua’), cuyo máximo líder tuvo una muy curiosa y decidora participación en la segunda vuelta: quedarse callado (1). Si Lasso quería ganar en la Sierra, el señor de los páramos debía callarse. Tal el nuevo rol de Nebot en la política nacional: ser un operario en las sombras, de creciente irrelevancia.

 

Tener este superpoder llamado CNE no quiere decir, de ninguna manera, que Lasso haya hecho fraude. Pero el CNE a su favor sí que era una garantía de que el candidato opositor sería la víctima de la politización del sistema electoral (Lasso podía acreditarlo por su propia experiencia del año 2017). El CNE, durante todo el proceso electoral, le hizo sentir a los ‘correístas’ que las elecciones eran libres para todos, menos para ellos (2). Con estos antecedentes, un empate técnico se iba a resolver necesariamente a favor de Lasso. La amenaza real del CNE politizado le auguraba a Arauz una batalla desigual y una derrota humillante.

 

Frente a ello, Arauz tuvo una salida elegante (v. ‘Arauz con suerte’).

 

Y tanto le sonó la flauta a Lasso, que aun obteniendo este 2021 menos votos totales que el 2017 en que perdió, en esta ocasión, Lasso ganó (3). Lasso fue menos, pero Arauz fue menos que él, menos que el nulo en varias provincias. Arauz es el candidato que ha sufrido el mayor revés en la historia electoral: le remontaron 1.200.000 de votos en la segunda vuelta. Esto, porque a Arauz, Lasso lo pudo descalificar de kikuyo aprovechado y de sometido a Rafael Correa, mientras él ofrecía al elector una imagen de candidato más fresca y juvenil (?). Lasso y una imagen fresca y juvenil es un puercoespín mimoso, un total contrasentido, pero es posible por la existencia de Arauz solamente. Es un efecto de contraste.

 

CNE aparte, la suerte de Lasso en esta elección se resume en haberlo tenido a Andrés Arauz como su rival.

 

(1) Más que quedarse callado, lo que debe resentir Nebot es que Lasso, una persona a la que él ha visto siempre a menos, a quien en la práctica política ha burlado en varias ocasiones (v. ‘El extraordinario caso del PSC: Triunfar perdiendo’ y ‘Mal paga el diablo a sus devotos’), haya llegado adonde él no pudo llegar. Pero es improbable que esta haya sido una oportunidad perdida para él: Nebot no iba a obtener jamás la votación que obtuvo Lasso en la Sierra, debido a The Paramo Affair.

(2) Tampoco para Alvarito. So sad.

(3) El año 2017, en la segunda vuelta, Lasso obtuvo 4.833.389 votos frente al Mojón Moreno. Frente a Andrés Arauz, con resultados aún por cerrarse (escrutado el 99.78%), ha obtenido 4.653.938.

Arauz con suerte

14 de abril de 2021

Andrés Arauz es un tipo con suerte. Tiene 36 años, cuatro idiomas, una abuela, estudios en el exterior y una linda familia con una manabita. Además, a tan corta edad (1), acaba de vivir una de las experiencias más intensas e interesantes de la vida política en democracia, como lo es competir para Presidente de la República. 

 

Arauz ganó en la primera vuelta, perdió en la segunda. Obtuvo casi 4.234.000 de votos. Not bad. Y, dato no menor, es el más querido en la provincia de Manabí (donde dobló a Lasso), que es la provincia más bacán para ser querido (2).

 

Pero también Arauz es un tipo con suerte por haber perdido. Como es un político bisoño y sin una agencia política propia, sujeto a los controles a distancia de Rafael Correa (el Dr. Frankenstein de su experimento vital) y a los rigores del cargamontón de los actores de la derecha, incluidos los fieros medios de comunicación, Andrés Arauz iba a soportar una presión que terminaría en una implosión. De Arauz o del país. O de los dos.

 

De hecho, hay cómo leer su derrota como una elegante capitulación. Desde el campo de Arauz se sopesó la situación: por una parte, un político novel sin verdadero poder popular, más acostumbrado a los cuadros de Excel que a la calle, y por otra, un político aliado con el órgano electoral, con recursos y ambición, con los medios de comunicación a su favor. Si no se aceptaba el triunfo del rival (es decir, si hacía el berrinche que Lasso el 2017), Arauz iba a emprender una batalla desigual, que iba a concluir en derrota con humillación.

 

Para prevenir eso, la salida elegante: una concesión de la derrota rara vez vista en este país arrabalero, con un discurso que juzgo el mejor de su breve carrera. Me recordó esta frase de Borges: ‘Hay una dignidad que el vencedor no puede alcanzar’. Y Arauz la encontró.

 

(1) Si ganaba, Arauz se hubiera convertido en el segundo Presidente más joven de la historia del Estado ecuatoriano (v. ‘31 de enero de 1839’).

(2) Si una de las 24 provincias es para que a uno lo quieran mucho, mucho, esa es Manabí. It had me at corviche.

Artículo 28b

11 de abril de 2021

Hoy es día de elecciones y pienso en el artículo 28b.

El gran Luca Prodan explica dicho artículo:

 

Para la ley italiana yo soy un enfermo mental. Cuando me quisieron meter en la colimba dije: «No». Por eso estuve preso dos veces en la cárcel militar hasta que me agarró un médico y me dio el artículo 28b que quiere decir que sos un enfermo mental. El 28a era puto y el 28c, drogadicto. A mí me pusieron el b y me avisaron que a partir de ese momento no iba a poder votar más ni laburar en un empleo público. Me cagué de risa… ¡¡Qué éxito!!’. (‘Cuando se nos fue Luca Prodan’)

 

 Pienso en el artículo 28b y sus consecuencias. Qué éxito, la plena.

El Estado aniquilado

28 de marzo de 2021


El gobierno de Lenin Moreno ha demostrado que el Estado del Ecuador es de una inutilidad suprema. Durante dos meses, el Presidente de una república estuvo convencido de que su ministro de salud (su subordinado) tenía un plan de vacunación, pero resulta que dicho plan únicamente estuvo en la cabeza del Ministro (?). Aun así, el Presidente dijo que ese ministro puso ‘todo el cuerpo’ (menos su cabeza, se entiende) en su gestión (‘Presidente Moreno reconoce que hubo discrecionalidad en plan de vacunación contra el covid-19’). Y ese ministro, Juan Carlos Zevallos, hoy se refugia en Miami.

 

Esta escena absurda ilustra todo lo que ha sido, es, y viene siendo, la aniquilación del Estado andino-tropical del orto del Ecuador. En dos figuras:

 

1) El Presidente ausente.- Lenin Moreno no existe. Es el momento más crítico de la historia del país, se muere gente por decenas cada día y el celo en la ejecución de sus órdenes podría salvar muchísimas vidas, pero al Presidente Moreno esto no le importó. Durante dos meses, un subordinado suyo, la persona a cargo del área más importante para enfrentar el momento más crítico del país, no tuvo un plan pero él creía, porque así le parecía por los medios de comunicación, que sí lo tenía.

 

Esto es lo más hijueputamente inútil que se ha escuchado alguna vez de una autoridad de este nivel: no hay un plan de vacunación, pero el Presidente ni se entera porque él cree que sí lo hay por lo que ve en TV. Es más un televidente que Presidente, estuvo más preocupado por Master Chef que por la vacunación de su gente. Su idea de ejercer el poder es ayudarse a sí mismo y a los suyos: con vacunarse él y vacunar a su círculo cercano y amiguetes poderosos, Lenin Moreno está cumplido. El resto de la población son personas borrosas, cosas ajenas, el pueblo ecuatoriano.

 

Si la cabeza del gobierno no funciona, los subordinados aprovechan para hacer cualquier huevada. Y como ejemplo de subordinado que hace cualquier huevada, lo tenemos al ministro Zevallos.

 

2) El ministro corrupto.- La crisis de salud más grave en la historia del Ecuador y el ministro de salud no tuvo un plan de vacunación. O mejor dicho, tuvo uno, pero secreto y perverso: discrecionalmente vacunar a familiares y amigos, utilizando los recursos públicos en beneficio particular. Lo decidor es que el ministro Zevallos no observó ningún problema en su conducta, pues él creyó haber hecho lo habría hecho otro en su lugar. Y en esto coincide con un representante de nuestra élite económica, el banquero Fidel Egas, que juzgó ‘ético’ el vacunar a la familia con recursos públicos.

 


Así, el Ecuador es un país en el que sus autoridades y sus élites naturalizan el abuso de los recursos públicos para el beneficio particular (ejemplos hay por montones, del reparto de los hospitales a los vacunados del club Rotario). Hoy, el Estado del Ecuador ha vuelto a ser un botín en manos de una facción depredadora, un escenario del sálvese quien pueda.

 

¿Cómo llegamos a esta aniquilación del sentido público del Estado ecuatoriano?

 

Creo que porque los últimos cuatro años hubo un único programa en el gobierno y fue uno de carácter político: eliminar la alternativa política llamada ‘correísmo’. Por este propósito, el gobierno de Moreno se olvidó de servir a la gente que lo votó (a los que, frente a algunos de sus amiguetes, admitió que había empezado a odiar). Moreno se entregó de cuerpo y nalgas a la facción ‘anti-correísta’, que es un amplio arco de personas de izquierda a derecha cuyo fin es impedir que el ‘correísmo’ vuelva a ocupar los espacios que en el gobierno de Moreno esa gente ha recuperado. A mayor número de espacios, más botín a repartir.

 

Uno pensaría que un Presidente que se olvidó de gobernar para la gente para perseguir a un grupo político, al menos habría sido efectivo en su persecución y habría eliminado al grupo ‘correísta’. Pero no ha sido así. La persecución de Moreno ha sido un fracaso.

 

Rafael Correa podría haber puesto a competir en las elecciones a un cactus y lo mismo lo tendría de ganador. Y más que por el mérito de Correa es por el gran demérito de sus opositores, que han fracasado en administrar un Estado mejor que su adversario y en cuyo período de gobierno los servicios públicos se deterioraron, las obras decayeron y la corrupción campeó. El Estado del Ecuador, hoy, ha vuelto a ser la entidad despreciable que tradicionalmente ha sido (v. ‘Retrato de un país roto’)

 

El saldo de estos últimos cuatro estúpidos años es que sus opositores, por acabar con Correa, aniquilaron al Estado.

El problema de Arauz

20 de marzo de 2021


El problema de Arauz es que tiene todo para ganar, menos una sociedad democrática.

 

Andrés Arauz es un candidato improbable. De aspecto lento y burocrático, de tono atiplado y desprovisto de carisma, explicar a Arauz en matemáticas políticas corresponde a la siguiente operación: Andrés Arauz menos el Perón del Guayas es igual a un Carlos Sagnay de la Bastida. Pero el Perón del Guayas le insufla vida a su candidatura y lo tiene a Arauz en la segunda vuelta, tras obtener en la primera vuelta un holgado primer lugar, a casi 13 puntos de su más cercano perseguidor. El Perón del Guayas consigue algo muy difícil, como es que un burócrata quiteño, un kikuyo, sea el más querido en la Costa de este atribulado país.

 

A Andrés Arauz se le ha dado todo bien, porque el peor escenario para la segunda vuelta era que pase el Yaku Power. Pero como él no maneja el CNE tan a fondo y tan bien como el candidato que lo desplazó, pasó a ser Yaku Powerless, un hombre desesperado al darse cuenta que se le esfumaba su oportunidad de llegar a la Presidencia y ver cómo se repetía esa misma historia multisecular en la que un oligarca blanco patea al indio. Y pasó, entonces, Guillermo Lasso, el más vencible de los opositores a Arauz.

 

Lasso es el más vencible, por sus atributos personales y por el contexto. Hoy por hoy, no hay nada que empute más a un ecuatoriano que el gobierno de Lenin Moreno, y Lasso es el candidato que se lo puede asociar al gobierno de Moreno, pues ha co-gobernado con él. Por contraste, el candidato Arauz puede elaborar una narrativa de la persecución que su grupo político ha sufrido durante el gobierno de Moreno: se lo podrá acusar de muchas cosas, pero no de haber co-gobernado con él. Todo lo contrario: es su víctima.

 

Así, Arauz tiene todo para ganar: llega a una segunda vuelta 1.200.000 votos por encima de su contendor, teniendo a un adversario débil y una narrativa favorable.

 

El problema de Arauz es que la victoria en las urnas no lo define todo. Si triunfa por poco, el superpoder de Lasso en el CNE puede hacerlo perder. Y si triunfa por mucho, se podría activar un plan B, donde a pesar de ganar las elecciones Arauz no llegaría a ejercer el poder, porque se descalifica al binomio ganador antes del 24 de mayo. La razón para esto, mientras tenga un mínimo de verosimilitud, es lo de menos, porque la fiscal Salazar y el contralor Celi no tienen dudas ni tampoco miedos. Y los estándares democráticos del anti-correísmo son tan bajos, tan al ras, que permiten suponer un indisimulado apoyo a esta alternativa.

 

El gobierno de Moreno se ha caracterizado por sus esfuerzos para acabar con el correísmo, a un nivel de monomanía. Con órganos ad-hoc, jueces, autoridades administrativas, legislativas y electorales: todo lo que tenía a mano el gobierno de Moreno para acabar con el correísmo, lo utilizó*. Pero lo hizo de una manera tan burda y tan torpe, tan Notario Cabrera, que sus esfuerzos fracasaron, pues terminaron por fortalecer a Correa**. Al poscorreísmo de Lenin Moreno (2017-2021) le salió el tiro por la culata, pues en vez de superarlo a Correa, está logrando que él regrese al poder por la interpuesta persona de su candidato improbable. El 11 de abril sería el día de la certificación del fracaso de los (des)propósitos de este gobierno imbécil.

 

Frente a todos los obstáculos que le han interpuesto, Correa está terminando por reírseles en la cara a sus opositores. Y es por ese contexto, que creo que Arauz tiene un problema grave: incluso a pesar de ganar, podría no ser Presidente. Y en rigor, no es su culpa. No lo es el ganar (pues eso es mérito del Perón del Guayas), ni por supuesto, perder, pues esto último se deberá a que lo elegirían Presidente en una sociedad que, de democrática, tiene el membrete y unos cuantos entusiastas***.

 

* A título ilustrativo, sobre las persecuciones por el Consejo Transitorio, v. ‘La dictadura inadvertida’; por la rama legislativa, v. ‘Ella dice que ella dijo’ y ‘Estamos pintados’; por la rama electoral, v. ‘Las elecciones del 24 de marzo de2019: como ni una’; y, por las autoridades administrativas, v. ‘La Contraloría ecuatoriana contra los derechos’ y ‘Ola k iso?’.

** Un hecho que termina por fortalecer lo que buscaba destruir acomete ‘la fábula de Nopol’.

*** El problema no es solo una élite política de escaso sentido democrático (un sistema respetable en tanto conveniente a la élite, v. ‘Ecuador, 1978: el origen del caos’) porque un problema mayor es que no hay en el Ecuador una ciudadanía que defienda al sistema democrático en las calles. Un movimiento de última hora, como el que cobijó a la agrupación de Correa para su participación en las elecciones del 2021, es apenas un instrumento para esa participación, carente de bases populares.