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Arauz con suerte

14 de abril de 2021

Andrés Arauz es un tipo con suerte. Tiene 36 años, cuatro idiomas, una abuela, estudios en el exterior y una linda familia con una manabita. Además, a tan corta edad (1), acaba de vivir una de las experiencias más intensas e interesantes de la vida política en democracia, como lo es competir para Presidente de la República. 

 

Arauz ganó en la primera vuelta, perdió en la segunda. Obtuvo casi 4.234.000 de votos. Not bad. Y, dato no menor, es el más querido en la provincia de Manabí (donde dobló a Lasso), que es la provincia más bacán para ser querido (2).

 

Pero también Arauz es un tipo con suerte por haber perdido. Como es un político bisoño y sin una agencia política propia, sujeto a los controles a distancia de Rafael Correa (el Dr. Frankenstein de su experimento vital) y a los rigores del cargamontón de los actores de la derecha, incluidos los fieros medios de comunicación, Andrés Arauz iba a soportar una presión que terminaría en una implosión. De Arauz o del país. O de los dos.

 

De hecho, hay cómo leer su derrota como una elegante capitulación. Desde el campo de Arauz se sopesó la situación: por una parte, un político novel sin verdadero poder popular, más acostumbrado a los cuadros de Excel que a la calle, y por otra, un político aliado con el órgano electoral, con recursos y ambición, con los medios de comunicación a su favor. Si no se aceptaba el triunfo del rival (es decir, si hacía el berrinche que Lasso el 2017), Arauz iba a emprender una batalla desigual, que iba a concluir en derrota con humillación.

 

Para prevenir eso, la salida elegante: una concesión de la derrota rara vez vista en este país arrabalero, con un discurso que juzgo el mejor de su breve carrera. Me recordó esta frase de Borges: ‘Hay una dignidad que el vencedor no puede alcanzar’. Y Arauz la encontró.

 

(1) Si ganaba, Arauz se hubiera convertido en el segundo Presidente más joven de la historia del Estado ecuatoriano (v. ‘31 de enero de 1839’).

(2) Si una de las 24 provincias es para que a uno lo quieran mucho, mucho, esa es Manabí. It had me at corviche.

Yaku Powerless, o el perro de las dos tortas

16 de marzo de 2021

Eso del perro de las dos tortas es un dicho popular en México para aludir a la dificultad de servir a dos amos y, en consecuencia, quedarse en nada. En esencia, esto le ocurrió a Yaku Pérez.

 

En su momento, Yaku Pérez era el candidato con bases indígenas y alianzas con las élites, todo a una. Era el candidato ideal para tomar el poder: era fresco y anti-sistema, en un país que hace gala de odiar a sus políticos y que, por sistema, favorece a los candidatos anti-sistema en las elecciones (Bucaram, Gutiérrez, Correa, dan testimonio)*.

 

Frente a Yaku Pérez, en una segunda vuelta Andrés Arauz no tenía opción**. Pero frente al superpoder de Guillermo Lasso, cual es el control electoral, nada pudo ya hacer el Yaku Power. De poder a poder, contar los votos es mucho mejor que plagiar una canción.

 

Luego de pasar al tercer puesto, ya Yaku se desmoronó. O como se dice con acierto en esta columna de Iván Sandoval, ‘Presidente por dos días’, Yaku Pérez se ‘berreó’.

 

Yaku quiso amalgamar a la derecha y a la izquierda, unidas frente a un enemigo común: el correísmo. Y a la final, como en el dicho del perro de las dos tortas, Yaku Pérez se quedó en nada, sin pan ni pedazo. El candidato de la derecha, tan CNE-habiente, lo desplazó.

 

Y ahí quedó Yaku Powerless.

 

* Cuando se ha elegido un candidato del establishment nos ha ido como la poronga: de ello dan testimonio Jamil Mahuad en 1998 (quisiera creer que redimido por su versión cannábica) y, tomando en cuenta que Correa fue un torrente de cambio que desembocó en las aguas empozadas del establishment, Moreno en 2017.

** Luego, ya en el ejercicio del poder, Pérez iba a ser el mismo desastre de toda la vida, un Gutiérrez pachamámico, algo droguizórrico.

La (ir)relevancia electoral de Quito

15 de marzo de 2021

Visto de una manera general, Quito parece una ciudad relevante en el panorama electoral: el más votado de los candidatos en la segunda vuelta fue uno de sus hijos, y uno prototípico: un burócrata quiteño, Andrés Arauz, que es lo que bota la mata. El otro de los candidatos en la segunda vuelta (porque Arauz no es profeta en su tierra) es el que fue más votado en dicha ciudad, Guillermo Lasso.

 

Pero ya examinado más en detalle, la cosa aparece muy distinta. El burócrata quiteño, si no tuviera el apoyo del Perón del Guayas, Rafael Correa, sería en su candidatura un Carlos Sagnay de la Bastida de la vida, un quídam. Así, es un guayaquileño el que le insufla vida al candidato quiteño. Y el candidato más votado en Quito, el que llega a la segunda vuelta con el burócrata quiteño, es Guillermo Lasso, un banquero guayaquileño, un representante de esa rancia oligarquía que tanto ama a Quito odiar.

 

Así, si Quito pone un quiteño en segunda vuelta es porque lo lleva allá un guayaquileño. Y si Quito pone los votos para un candidato en segunda vuelta, es para un oligarca guayaquileño.

 

De parecer relevante a resultar irrelevante: drama quitensis.

Quito en la mala

18 de febrero de 2021

En Quito, un factor clave (i.e., un político de Guayaquil) determina su norte. Por ejemplo, condujo a la elección de Rodas el 2014 (v. ‘La caída de Rodas’).

 

Ahora, al 2021, el primer lugar en la primera vuelta electoral fue para un quiteño, Andrés Arauz. No cualquier quiteño, pero la especialidad de la casa: un burócrata quiteño (v. ‘Marx y Quito’). Sin embargo, este hombre, uno de los suyos, académico y formal, no es profeta en su tierra. Gana por mucho en el país, pero en Quito obtiene un discreto tercer lugar, detrás de Hervas y Lasso.   

 

¿A quién es que quiere, entonces, Quito? La montañesa Quito quiere es a un guayaco. Y no a cualquier guayaquileño: a Guillermo Lasso, que es banquero y que es aliado de Jaime Nebot, capo di tutti capi de la derecha conservadora y goodfella guayaquileña (v. ‘Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’). La mayoría de quiteños, así, vota por la rancia y fulera derecha guayaquileña. La que, por cierto, usualmente los ha visto a menos (v. ‘La descripción de un cojudo’).

 

Quito niega a uno de los suyos, para rendirse a un representante de sus históricos rivales, los  oligarcas de Guayaquil. Todo esto le ocurre por su odio a otro guayaquileño Correa, claramente. Por eso, y por la falta de un liderazgo propio (v. ‘Quito sin liderazgo’), pues Quito es esa rara capital que no produce liderazgos de alcance nacional (esto es una constante histórica). Y, a juzgar por su situación actual (un alcalde con grillete, un rector digno del siglo XIX, el Deportivo Quito), ni liderazgos a secas.