Cinema Paradiso

8 de septiembre de 2008

Un jueves en Quito convine con mi pana Ernesto Arosemena (que hoy estudia en el seminario y que si algún día me avengo a casarme –porque la institución del matrimonio me interesa tan poco, que precisamente en razón de ese desinterés podría muy bien hacerlo- será él quien oficie la boda –o sea, la charla previa a la batalla de hígados) en ir al Octaedro (allí, en la calle Zurriago, ¿existirá todavía?) para ver Cinema Paradiso. No fuimos ese jueves porque un aguacero brutal (cats and dogs, it was raining) nos suspendió la función.

El martes siguiente un anuncio diminuto en El Comercio advertía al público en general que aquello que el jueves no fue, sería ese día. Lo revisé justo un par de horas antes, llamé a Ernesto, se excusó. Tomé la Catar-El Bosque y llegué a Octaedro, unos diez minutos antes de la 19h30, hora de la función. Si no yerro, el dueño de Octaedro era o es un tipo que hace cine y que se apellida Cañizares. Me parece que administraba el lugar en compañía de su madre. Cuando entré, sólo los vi a ellos, sentados y dos tazas de café. No había nadie más y parecían a punto de irse. Les pregunté, ¿hay función? Se miraron, como buscando respuestas en sus pupilas, y optaron por el respeto a la palabra empeñada. Por supuesto, dijo él, adelante.

Y ahí estaba yo, solo, frente a una pantalla que proyectaba las imágenes que despedía un cañón de luz desde atrás y sentado en una silla de director de cine, en una situación que parecía de homenaje a esta película que es, en sí misma, un homenaje al cine. Empezó a rodar, a escucharse la música de Ennio Morricone y empecé yo a quebrarme desde el momento en que Alfredo salva a Toto cuando la madre lo amonesta por gastarse el dinero en las películas. La historia de amor, cito de memoria la frase de Alfredo, ese inmenso Philippe Noiret, “no te metas con las mujeres de ojos azules, ésas son las peores” (yo me he perdido en mujeres de ojos azules, Alfredo) es trágica y hermosa. La escena final, esa catarata de imágenes, tenía su réplica en mis mejillas. Recuerdo que cuando pasaban los créditos, entró el tipo a apagar el proyector y con voz quebrada le pedí que no lo hiciera. Él me miró como si yo fuera un alucinado. Es probable que no se haya percatado que en ese momento, para mí, no terminaba la película: terminaba un rito.

Cuando salí de Octaedro mi viejo me esperaba afuera. Se asombró de verme en este estado. Yo traté de explicarle, de hacerle entender, pero no pude verbalizarlo. Escribió Cioran que “no se habita un país, se habita una lengua. Una patria es eso y nada más”. Y si el rumano está en lo cierto, una experiencia como ésta te convierte en apátrida, te saca de tus posibilidades de expresión. No hay quien te entienda, al menos por palabras (acaso sólo se entiendan estas cosas por cuerpos, miradas, orgasmos). Mi viejo no lo entendió. Recuerdo que le dije que yo no había llorado tanto desde que murió mi abuelo. Él no me respondió nada, sólo miró hacia adelante, en perfecto control del volante. Caía una lluvia tenue.

Mi amigo Jorge Pipo Aycart se suele burlar de mi relación con Cinema Paradiso (la que yo considero la mejor película que haya visto, y esto lacera al bueno de Pipo, parece). Él prefiere un cine conceptual, una especie de cine sacerdotal que sólo lo entienden, en todos sus extremos, los iniciados, aquellos que manejan la jerga y conocen los libros y los códigos. Nada que objetarles, salvo el aburrimiento y que ese tipo de película, a mí, ni me mueve ni me toca. Yo quiero, yo anhelo otro cine. Uno que me conmueva, que me saque. Un cine que me vuele los sesos, sí, pero que también me acaricie il cuore. Y para mí, Cinema Paradiso tiene eso en su justa medida. Y no puedo (me avergonzaría algún día no hacerlo) verla sin lágrimas en los ojos. Ni modo, así nos juega el corazón.

13 comentarios:

Jorge Baquerizo Minuche dijo...

El efecto Morricone, mi amigo...el otro día me vi por segunda vez "Lolita", pero no la de Kubrick, sino la de Adrian Lyne -y mira tú qué casualidad, esa me la vi por vez primera en la Católica, en un cine foro que allá por el 98 tú dirigías en la Facultad de Jurisprudencia- y apenas sonaron las notas del genial Ennio (también presente en ésta "Lo"), no pude aguantar dos pesadas lágrimas que cayeron de improviso. Desde ese día estoy en IMDB buscando y tomando nota de todas las pelis en que este monstruo ha metido su mano, o mejor decirlo, su magia. Suerte en todo!

Xavier dijo...

Jorge, compadre: un gusto tenerte por aquí, muchas gracias por tu comentario. Nos debemos unas cervezas para ponernos al día (aunque imagino que nos veremos en el matrimonio de Erick, el 20). Ja, yo de esa Lolita me acuerdo que alquilé el cassette en Blockbuster y en la casa de Bolívar Sandoval (¡bendito sea donde quiera que esté!, ¿tienes noticias de él?) hacíamos la alquimia a un nuevo cassette que podíamos denominar de "nuestra" propiedad. (Propiedad del cine foro, en todo caso.) Yo siempre he sido un negado para esos trámites y sin la colaboración de Bolívar hubiera sido imposible. Uffff, Morricone es un maestro. Te copio este enlace a un concierto de orquesta con la música de Cinema Paradiso, te quiebras. Ayer que estuve hasta las tantas en la redacción de un artículo, me acompañó esta música, melancólica y fiel, todo el rato. Imagino que lo tienes que haber escuchado. Helo aquí: http://www.youtube.com/watch?v=1FzVWlOKeLs ¡Gigante! Salute.

Anónimo dijo...

Me causa mucha gracia el entrar hoy a tu blog y ver este artículo porque precisamente ayer me vi ésta película en compañía del vallesoletano de mi hermano, coincidencias en Pascuales dicen. Será que soy muy duro pero no logré quebrarme aunque estuve a punto en la parte final cuando Toto recibe el regalo póstumo del gran Alfredo. Y tienes razón, Alfredo me recordó en mucho a nuestro abuelo.

Xavier dijo...

Jorge, por cierto, tenemos un proyecto con unos estudiantes progres de la Facultad (lo poco que hay de bueno, porque neta...) sobre "Cine y derecho" y se me ocurre que la idea te puede interesar. Sería genial contar con tu aporte. Avísame. Fernando, el vallisoletano (no le pongas, "valle..." porque a la peor se enoja y te "dice en la calle" la furia española. Este español amargo, por cierto, no se vino a ver el fútbol el sábado donde la abuela. Lo dicho: es un amargo. Aflójate un poco, campeón, piántate el lagrimón, la peli lo amerita, eh. Salú.

Jorge Baquerizo Minuche dijo...

Formidable. Las casualidades no cesan, te cuento que por estos días he tenido en mente el mismo proyecto, más aun después de revisar el programa de "Cine y Derecho" en el que está involucrado Gargarella (tal vez nuestra idea nace de la misma fuente, la referencia en el blog del Seminario...?) pero en todo caso me encantaría formar parte del mismo, cuenta con mi apoyo total para el tema. Un abrazo y adelante con el blog.

Silvana Tapia dijo...

Muy llevadero leerte. Sí, así nos juega el corazón, a mí me jugó un poco parecido, ya que empapé la almohada cuando vi esta película, sola, a medianoche, en la televisión de mi casa.

Xavier dijo...

Silvi, muchas gracias por tu comentario. Jorge, en efecto, nuestra idea comparte origen. Yo la trabajo con unos estudiantes de la Universidad, inteligentes y con voluntad de llevar el proyecto a cabo in situ. Excelente saber que podemos contar contigo, excelente de veras. Oe, ¿sabes algo de Bolívar? Por cierto, la bitácora continuará, mientras genere debate y opinión, continuará de largo. Un gran abrazo.

Anónimo dijo...

No he tenido, aún, la oportunidad de ver esta película. Pero después de haber leído a don Xavier, creo que es un menester que la vea lo mas pronto posible.

Casi nunca veo películas por lo que otros comentan de ellas. Sin embargo, debo reconocer que la narración bucólica y sincera de don Xavier es bastante intensa como para no prestarle oídos.

Xavier dijo...

Gracias por tus palabras juan sebastián. Aunque no creo mucho que mi narración haya sido bucólica en la medida en que no referí un suceso pastoril ni campestre, mi sinceridad ojalá valga para que te animes a mirarla. Un abrazo.

Anónimo dijo...

En una palabra: magnífica, eso es Cinema Paradiso; además existe una suerte de metáfora democrática en ese cine, donde el pueblo hace realidad el "autogobierno colectivo" (en tus palabras, Xavier), ahí se incluyen todos, crecen, aprenden, mueren (caso del paro cardiaco) y bueno tambn experimentan la sexualidad; gráfica la escena del hombre de platea alta, de clase alta, acostumbrado a escupirle sus odios al pueblo llano (queriendo imponer el orden, esto es, "su" orden), jaja, (fiel reflejo de las actuales relaciones de poder en el sistema de economía capitalista ... claro que el pueblo luego lo hace mierda lanzándole un mojón de mierda). Se presenta un diálogo constante y participativo, entre pueblo y autoridades (Totto, Alfredo) democráticas. Pero la figura, quizás, más curiosa es la del loco aquél que grita por la plaza (léase "espacio público") "esta plaza me pertenece", puesto que representa una visión de lo público muy en boga en nuestra ciudad..... Dejo de lado la magnífica historia de amor, a propósito, porque representa pureza... en con Del Hp Nuovo Cinema Paradiso.

Xavier dijo...

Muy interesante tu comentario, Diego. Me interesa la parte que haces referencia al loco de la plaza. Ya quisiera yo que cuando en esta ciudad se apropian del espacio público nosotros (me refiero a los ciudadanos) miráramos a las autoridades que perpetran esa apropiación como si fueran locos y no los tomáramos en serio porque tenemos consciencia de que no pueden restringir nuestros derechos ciudadanos. Pero acá el loco de la plaza tiene vigencia, ropaje instituicional, credibilidad y autoridad para imponer las restricciones injustificadas que le plazcan: para someter, en resumidas cuentas, a los ciudadanos al improbable estándar moral que deviene de la escasa formación intelectual de un guardia privado y su silbato. Es triste pensarlo en el contraste: lo que para algunos (en la película) era motivo de broma, para otros (en la vida real) tiene el serio peso de la autoridad y su sistema represivo que contraría los mínimos derechos ciudadanos en un sistema democrática. Ummm, mal.

María Noel Alvarez dijo...

Hola, a mi tambien me encantó esta peli, la vi a los 10 años! Acá reproduje una de las escenas mas lindas, ojalá te guste volver a verla,
http://www.abrilosojos.com/blog/index.php/2008/09/17/al-final-los-besos/

Sldos!

cristhian castro constantine dijo...

hola a todos!!! es la primera vez que entro a este blog, me ha gustado mucho saber que hay gente con buen gusto cinematográfico en ecuador, con respecto a la película no he tenido la oportunidad de verla, pero he escuchado la música de Ennio Morricone y puedo asegurar que todos esos sentimientos o lagrimas para hablar físicamente son lo que se produce cuando escuchas a este genio de la música, que ha hecho tanto por el cine. Con respecto a esos emprededores que sueñan con hacer un buen cine pongo a disposición mi colaboración.