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La oportunidad de cambio llegó

12 de mayo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de mayo de 2023.

La marcada decadencia del PSC en Guayaquil en estos últimos cuatro años posibilitó que haya cambio en la administración de la ciudad. Casi 31 años después de aquel lejano 10 de agosto de 1992 cuando León Febres-Cordero inició el rescate de una ciudad viciada de roldosismo, en este Guayaquil del 2023 y dado su brutal declive, la administración que empieza Aquiles Álvarez tendrá como misión un nuevo rescate.

Por necesidad, el camino a recorrer por la administración de Aquiles Álvarez debe ser el opuesto al que transitó el PSC, en dos aspectos fundamentales. Tan fundamentales que atañen a nuestra vivencia de la ciudad y a la supervivencia misma de la ciudad.

El primero de ellos: el nuevo modelo de administración de la ciudad debe orientar su atención a los sectores populares de una manera planificada y técnica. Contrario a lo que muchos quisieron creer cuando valía el catecismo del éxito de la administración del PSC en Guayaquil, en esta ciudad existen amplios sectores que viven en un casi total abandono de equipamiento urbano. Si se quiere cambiar la convivencia en Guayaquil, estos sectores tienen que ser atendidos de manera prioritaria, con mucha inversión social, planificación y políticas públicas basadas en la evidencia.

Este cambio es necesario, porque no es sostenible vivir en una ciudad en donde uno tiene que planificar sus salidas a la calle como unas experiencias de supervivencia.

El otro aspecto fundamental: el nuevo modelo de administración de Guayaquil tiene que tomarse en serio las amenazas que la ciudad tiene por las inundaciones que ya sufre. 

Esta temporada de lluvias ha sido muy decidora de la situación de la ciudad. No es que ella no haya sido conocida por las autoridades, porque la propia alcaldía de Guayaquil encargó el año 2017 a unos expertos de la Corporación Andina de Fomento (CAF) la elaboración de un informe que se tituló: “Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en Guayaquil”. Allí se describió una situación crítica: muchos sectores de alta vulnerabilidad, y muchísimas industrias, comercios, centro de salud e instituciones educativas con una alta probabilidad de empezar a ser sub-acuáticas. 

Por fortuna, el citado informe del año 2017 contiene también unas medidas para la adaptación al cambio climático muy razonables y oportunas para enfrentar estas graves amenazas que sufre Guayaquil. Este informe propone una serie de medidas para reforzar la capacidad adaptativa así como medidas de adaptación verdes, híbridas y grises, que se las desarrolla con mucho detalle: la justificación de cada medida, su alcance, objetivos y finalidad, el potencial, los costos estimados y la duración prevista, además de un análisis de las oportunidades y barreras para su aplicación.  

El final de la administración de Nebot y toda la administración de Viteri ignoraron, casi en su totalidad, las medidas propuestas por la CAF el año 2017. Así, queda casi todo por hacer en un tema que atañe a la supervivencia misma de la ciudad. Y si no se toman importantes medidas, como las que se recomendaron en el informe de la CAF, a este año 2023 lo recordaremos como apenas los arrabales del infierno.

La oportunidad de cambio llegó y hay un rescate por hacer.

Guayaquil en serio

31 de marzo de 2023

            Publicado en diario Expreso el 31 de marzo de 2023.

Diez años atrás, Guayaquil estaba ya advertida. El año 2013, un estudio que se publicó en la revista Nature comparó las pérdidas económicas de las 136 ciudades costeras del mundo que superan el millón de habitantes y la ubicó a Guayaquil como la tercera ciudad (después de Cantón en la China y Nueva Orleáns en los Estados Unidos) cuya economía sufrirá en una mayor medida por las inundaciones producto del cambio climático. Con un escenario conservador de la elevación del nivel del mar (apenas 20 cms.), las pérdidas de Guayaquil para el año 2050 se calculan superiores a los 3.000 millones de dólares. 

Por supuesto, si se adoptan medidas adecuadas y eficaces, el daño económico a la ciudad se podría atenuar de manera significativa. Pero si no se adoptan medidas, el informe del 2013 indica que ello “resultaría en pérdidas inaceptablemente altas” para la ciudad.

Cuatro años después, la Corporación Andina de Fomento (CAF) publicó el informe “Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en Guayaquil”. Este informe aterrizó las consecuencias de las inundaciones para la ciudad y encontró que existe en Guayaquil “un gran número de hot spots, es decir, complejos industriales, comerciales, educacionales y de salud, localizados en zonas a riesgo de inundación”. 

Para mitigar los daños, en este informe del 2017 los expertos le presentaron a las autoridades de Guayaquil una serie de medidas adecuadas y eficaces para enfrentar los efectos de las inundaciones (medidas para reforzar la capacidad adaptativa y medidas de adaptación verdes, híbridas y grises), con un nivel de detalle importante: la justificación de cada medida, su alcance, objetivos y finalidad, el potencial, los costos estimados y la duración prevista, además de un análisis de las oportunidades y barreras para su implementación.  

Pero pasaron seis años y dos administradores socialcristianos (Nebot y Viteri) y nada se hizo para cumplir con las medidas propuestas en el informe de los expertos de la CAF. 

Y peor que no haber hecho nada para adoptar las medidas de adaptación propuestas por los expertos de la CAF es que se haya implementado en Guayaquil, por tanto tiempo, el exacto contrario de lo que se debía hacer para prevenir las inundaciones. 

Por décadas, las administraciones municipales de Guayaquil (esto incluye, por supuesto, treinta años de socialcristianismo) han favorecido un crecimiento urbano horizontal, gris e impermeable, con tala del manglar y relleno de los esteros, sin árboles ni áreas verdes. Y esto fue así, claro, para beneficio del negocio de la construcción. Beneficio de unos pocos, perjuicios para la mayoría.

Una ciudad construida con este tamaño desprecio por la naturaleza hace que, cuando hay inundaciones, el agua se acumule y cause daño a las propiedades y a las personas. De no tomar medidas, estos daños serán cada vez más recurrentes e intensos. 

A punta de inconsciencia y codicia, Guayaquil es firme candidata a su auto-destrucción.

La nueva alcaldía de Aquiles Álvarez tiene la gran oportunidad de empezar a aplicar las recomendaciones de los expertos. Ha llegado el momento de tomar a Guayaquil en serio y de adoptar las medidas necesarias para garantizar la supervivencia de la ciudad. 

Capitalismo de amigos

25 de noviembre de 2022

            Publicado en diario Expreso el viernes 25 de noviembre de 2019.

Que “Guayaquil no es más que un mangle con ínfulas de ciudad” escribió el historiador Julio Estrada Ycaza en la introducción del tercer tomo de su extraordinaria “Guía Histórica de Guayaquil”. Y ha ocurrido que, por el acelerado crecimiento que experimentó Guayaquil desde los años cincuenta, sus ínfulas de ciudad arrasaron con su mangle, con su naturaleza. En palabras del historiador Estrada, escritas a inicios de los noventa: “Se ha ido la belleza, y una fuente de vida; han quedado los escombros y el hedor”. Y que conste que él lo escribió antes de empezar la administración del PSC en Guayaquil.

Porque durante estos 30 años de administración del PSC, que ha sido el período de mayor expansión urbana de Guayaquil bajo un mismo gobierno, el crecimiento de la ciudad continuó con la depredación de la naturaleza. Pero hoy es mucho peor, pues esa continua depredación atenta ya contra la supervivencia misma de la ciudad. Esto, debido a que su crecimiento ha sido decididamente horizontal, gris e impermeable, lo que no sólo encareció los costos de su hechura, sino que resulta muy perjudicial para la mitigación de los daños que causarán las inundaciones que ocurrirán por la elevación del nivel del mar en razón del cambio climático. 

Desde el año 2013 se conoce, por un estudio que auspició el Banco Mundial y que consideró para el año 2050 una conservadora elevación del nivel del mar de apenas 20 centímetros, que Guayaquil es la tercera ciudad del mundo (después de Cantón en China y Nueva Orleáns en los Estados Unidos) cuya economía sufrirá más debido a las futuras inundaciones (este análisis se hizo para 136 ciudades costeras de más de 1.000.000 de habitantes). Para Guayaquil se calculó una afectación económica por encima de los 3.000 millones de dólares. 

El riesgo de inundaciones es una amenaza grave y real para la supervivencia de Guayaquil, riesgo que sólo ha podido incrementarse en las últimas décadas. La mayoría de sus zonas de expansión urbana (donde vive la inmensa mayoría) según un informe de la Corporación Andina de Fomento (CAF) del año 2013 (“La inundación de Guayaquil en marzo 2013”) ha crecido así: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. 

En este tipo de crecimiento se ha optado como solución para eliminar las aguas de lluvia la creación de extensas redes de alcantarillado, solución ineficaz que aumenta gravemente el riesgo de inundaciones, y también, solución muy costosa en su ejecución, pues puede “llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” si son comparados con una estrategia diseñada “bajo los conceptos de ciudades verdes, inclusivas y sustentables”. Es decir, se paga mucho pero no en beneficio de la gente. Ha sido un crecimiento urbano pensado a gusto y conveniencia de las empresas constructoras, pero maldito para el ciudadano común. 

Así, en Guayaquil, por años hemos pagado mucho (un claro sobreprecio) para construir una ciudad inundable que nos hará mucho daño. Se benefició a unos pocos, en perjuicio de la inmensa mayoría. Y éste es, en esencia, el “capitalismo de amigos”, preparándonos un nuevo legado de escombros y hedor.

Los capitalistas salvajes

18 de noviembre de 2022

            Publicado el viernes 18 de noviembre de 2022 en diario Expreso.

Para decirlo de manera gráfica: durante 30 años (durante el período de mayor crecimiento urbano de Guayaquil) se puso la basura debajo de la alfombra. Mucha basura. Muchísima. Y vinieron los capitalistas salvajes, levantaron la alfombra y han encendido un ventilador gigante. Estamos basureados.

El crecimiento urbano de Guayaquil ha sido un caldo de cultivo para que surjan los capitalistas salvajes. Ha sido un crecimiento urbano cuya ejecución de obras y servicios se ha basado en la capacidad económica del beneficiario (llevada a un extremo sádico según el cual, donde ello no resultaba rentable, simplemente la ejecución de obras y servicios no se daba) y, por ende, ello debía resultar en una creciente población receptora de obras y servicios de segunda clase, una que malvive en los amplios cinturones de miseria que rodean la ciudad.

Un informe de la Corporación Andina de Fomento del año 2013 definió así el crecimiento urbano de estos sectores de Guayaquil: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Añadió que esta forma de ocupación del espacio eleva la temperatura de la ciudad, produce erosión y aumenta la contaminación. Y precisó que, en estos sectores, los servicios se prestan de una forma escalonada: “Se observa que el abastecimiento de agua es el primer servicio que se atiende, seguido de alcantarillado sanitario y, finalmente, siguiendo un enfoque tradicional ligado a la instalación exclusivamente de obras de conducción, se atiende el drenaje pluvial.”

No es difícil comprender que unas personas que, además de ser pobres, reciben unas obras y servicios de segunda (si es que los reciben) se encuentran en unas circunstancias muy difíciles para superar su situación de pobreza. Esas personas viven en lo que se conoce como “trampas de la pobreza”.

Y si todo lo que puede ofrecer Guayaquil a esas personas entrampadas en la pobreza es esta vida de segunda clase, realmente no existe un ideal de comunidad que ellas se sientan obligadas a respetar. Y aquí es cuando surge el capitalista salvaje, que es aquel que se enrola en la empresa ilegal de traficar drogas para escapar de su pobreza, de manera rápida y violenta, sin respetar al resto de la comunidad, imponiéndose a bala.

En rigor, no es una situación que empieza hace uno o dos años, ni hace diez, ni siquiera hace treinta años cuando inició el modelo socialcristiano (ya modelo a secas, porque ahora no hay quien lo moteje de “exitoso”). Es una situación que atraviesa la historia de la ciudad: unas élites que miran a la inmensa mayoría como meros recursos. El surgimiento de estos capitalistas salvajes es un subproducto de esta incesante mirada, acentuada en las últimas tres décadas.

Pero ocurre que hoy la situación se les está yendo de las manos. Sin un ideal compartido de comunidad, sin sólida institucionalidad, sin voluntad política de cambiar las condiciones estructurales que son el caldo de cultivo de los capitalistas salvajes, todo lo que se puede esperar es violencia, vacunas, balas.

Después de años de exclusión y olvido, el ventilador está encendido.

Guayaquil catástrofe

8 de julio de 2022

 

Publicado en diario Expreso el 8 de julio de 2022.

 

Este artículo es un ejercicio de prospectiva: estudiar lo que se ha hecho en Guayaquil para mitigar el impacto de las inundaciones, a fin de explorar su (sub-acuático) futuro.

 

Las inundaciones en Guayaquil pueden provocar unas pérdidas inaceptablemente altas. Un estudio del año 2013 (“Future flood losses in major coastal cities”, de Hallegatte et al.) auspiciado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estimó, calculadas al año 2050, las pérdidas económicas a causa de las inundaciones que ocurrirán en las 136 ciudades costeras más grandes del mundo por efecto del cambio climático. Con una estimación conservadora que consideró una elevación del nivel del mar de apenas 20 centímetros, este estudio encontró que Guayaquil es la tercera ciudad, después de Cantón en China y Nueva Orleáns en los Estados Unidos, cuya economía iba a sufrir más producto de las inundaciones. Para Guayaquil se calculó que el porcentaje de pérdidas económicas anuales en relación con su producto interno bruto (PIB) era del 1.08%.

 

Este porcentaje del 1.08% representa “la parte de los gastos económicos de la ciudad que debería ahorrarse anualmente para pagar las futuras pérdidas por inundaciones”. Este porcentaje, por cierto, es siempre y cuando la ciudad haya tomado medidas adecuadas para la mitigación de los impactos por las inundaciones. El escenario cambia si no se actúa a tiempo.

 

Estudiar lo que se ha hecho en Guayaquil para hacer frente a las inundaciones es breve, porque realmente no se ha hecho nada de relevancia, como no sea empeorar la situación. Por decenas de años, la ciudad ha experimentado un crecimiento que la ha vuelto propensa a las inundaciones. En un informe técnico que la propia Alcaldía de Guayaquil le solicitó a la Corporación Andina de Fomento (CAF) sobre el posible impacto de las inundaciones en la ciudad, los técnicos de la CAF lamentaron que una ciudad como Guayaquil que “ofrece condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano [y] sustentables a largo plazo” haya optado por un crecimiento que resulta perjudicial para la mitigación de las inundaciones.  

 

El informe de la CAF describe así el crecimiento urbano de Guayaquil: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Impermeabilizar el suelo de una ciudad costera es facilitar el trabajo a los efectos del cambio climático. Guayaquil es una gran mancha gris propensa por mensa a las inundaciones.

 

Imaginemos una ciudad sub-acuática y la posibilidad de vivir en ella. Y la respuesta es no.

 

En el estudio auspiciado por la OCDE se advierte que el riesgo de no hacer nada para mitigar el impacto de las inundaciones “resultaría en pérdidas inaceptablemente altas”. Y es en esta categoría de ciudad irresponsable que la tenemos a Guayaquil.

 

La diferencia entre una catástrofe y una tragedia es que una catástrofe se podría haber evitado por la oportuna actuación humana, mientras que una tragedia no. Guayaquil va galopante rumbo a una catástrofe de dimensiones colosales, cosa que a nadie en esta ciudad parece preocuparle, y mucho menos a sus autoridades. 

El lado perverso del socialcristianismo

22 de octubre de 2021


Sostengo que la ciudad de Guayaquil vive las horas más bajas de su historia. La premisa fundamental para esta idea la he desarrollado en mi artículo ‘Dworkin, Guayaquil, y asaltar el Tía, que es un análisis en clave guayaca del artículo de Ronald Dworkin Why Liberals Should Care About Equality? (¿Por qué debe importar a los liberales la igualdad?). Mi artículo sobre Dworkin y asaltar el Tía lo concluí con la siguiente reflexión:
 
‘¿(D)e qué comunidad se les puede hablar a estos excluidos? Ellos, lo que realmente quieren, es asaltar el Tía, y cuando tienen chance, pues lo hacen. Y Guayaquil, que se joda.
Que es exactamente lo que piensan los tipejos de las empresas constructoras, mientras cuentan su billete, na’ más que a otra escala. Y es por esto, por esta generalizada desidia de los pobres y de los ricos hacia la ciudad que habitan, así como por la ausencia de pensamiento crítico en su clase media, que estamos tan, pero tan mal. Y es por la sostenida estupidización que ha tenido lugar aquí, que ni siquiera nos damos cuenta.
Salvo los del Tía. Ellos sí que se dan cuenta’.
 
Ocurre que ahora no únicamente los del Tía se dan cuenta de los violentos frutos del largo y sostenido proceso de casi 30 años de exclusión social bajo el dominio socialcristiano. Este año 2021, lleno de violencia y muertes en la cárcel de Guayaquil y en la ciudad entera, ha puesto en evidencia que la exclusión social (es decir, la incapacidad de responder a la pregunta ‘¿de qué comunidad se les puede hablar a estos excluidos?’) ha producido una violencia en las calles que no se experimentaba, por lo menos, desde los años noventa (1).
 
Así, el lado perverso del modelo socialcristiano es la exclusión social que han producido sus políticas de crecimiento urbano (2). El de Guayaquil ha sido un crecimiento no planificado, orientado al beneficio de las grandes empresas constructoras (sector de donde emergió el Alcalde socialcristiano que lo fue por 19 de los 29 años del dominio del PSC en la ciudad) y con un enfoque diferenciado para la satisfacción de las necesidades básicas en los sectores de clase media y en los sectores populares, donde (mal)viven la inmensa mayoría de habitantes de la ciudad. Un informe de expertos de la Corporación Andina de Fomento, que fue pedido el 2013 por la propia Alcaldía de Guayaquil, describió con precisión el (mal)vivir en los sectores populares:
 
lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano –inclusive en las divisorias y laterales de calles y avenidas construidas en fechas recientes. Este tipo de ocupación aumenta notablemente la temperatura de la ciudad, incrementa significativamente los picos y la velocidad del escurrimiento durante las crecidas de la escorrentía superficial, produce erosión y aumenta la contaminación de las aguas pluviales(3).
 
Esto es lo que les toca en Guayaquil a las personas que no pueden acceder al mercado formal de vivienda, que son la inmensa mayoría. Porque el credo del Municipio PSC es que una persona vale tanto como el dinero que ella tenga. Si tiene dinero, puede acceder a la oferta del mercado formal de bienes raíces. Si no lo tiene, queda excluido. Nadie lo pudo expresar con mayor claridad y desdén como el líder de la administración del PSC que mejor encarnó este credo, el abogado Jaime Nebot, quien en una sesión del Concejo Municipal de octubre de 2010 en la que se debatió la ampliación de los límites urbanos de la ciudad, postuló como única alternativa para el ‘hombre pobre’ de Guayaquil que…
 
vaya compre una vivienda, vaya compre un terreno urbanizado del Gobierno, vaya compre un terreno en un lote o en una casa urbanizada por el Municipio […] voy a hacer una campaña de comunicación para decirle al hombre pobre, vaya compre una vivienda…’. (4)
 
El mismo año en que el Alcalde Nebot comunicó esta sandez, la ONU-Hábitat publicó el informe ‘Estado de las Ciudades de América Latina y el Caribe’, en el que explicó que la no existencia ‘de un programa habitacional institucional público dirigido hacia la población que no cuenta con la capacidad económica suficiente para participar en el mercado de vivienda constituye una ruptura definitiva con la posibilidad de atender las necesidades habitacionales de los hogares de bajos ingresos’. Esta exclusión, que es promovida de forma activa por el Municipio socialcristiano de Guayaquil en aras de beneficiar a sus Grandes Amigos del Negocio de la Construcción (5), produce y reproduce las ‘condiciones que contribuyen a la creación de la pobreza y a su realimentación, algunas de las cuales hacen parte del concepto que las define como trampas de pobreza(6). Vivir en una trampa de pobreza implica para los excluidos, necesariamente, una ruptura con cualquier ideal de comunidad que incluya a las autoridades públicas.
 
Una ciudad así diseñada es campo fértil para que un choque externo produzca un aumento de la violencia y que ella se tome las calles. Este choque externo ocurrió y fue la creciente presencia, desde 2016, de los carteles mexicanos del negocio de la droga, principalmente de la cocaína (7). Sumado a este escenario, una continua desinstitucionalización del Estado, en especial de su sector carcelario (8), más su habitual ineficacia y su consabida corrupción: sólo queda esperar por tiempos peores.  
 
Guayaquil es campo fértil porque no hay una idea de comunidad, es la tierra del sálvese quién pueda. El que puede pagar por una vivienda, accede a una vivienda como lo dejó muy claro el Alcalde Nebot. El que puede pagar por una vivienda en una ciudadela cerrada, pues la paga y se resguarda. Y si puede pagar por seguridad privada, la obtiene. El mantra parece ser que si uno se esfuerza mucho-mucho, podría huir a los extramuros de Guayaquil y ponerse a salvo. Por ejemplo, en la isla Mocolí, como lo hizo el mismísimo Alcalde Nebot.
 
Guayaquil es un campo fértil para la violencia porque la administración del PSC en Guayaquil ha despedazado el ideal del bien común. En Guayaquil no hay parques decentes (el negocio era las palmeritas), ni su administración ha sido capaz de controlar el deterioro del patrimonio común (los ríos y los esteros, las canteras). Hacia el futuro, la administración del PSC tampoco ha sido capaz de pensar las consecuencias de su modelo de desarrollo frente a las inminentes inundaciones por la elevación del nivel del mar (spoiler alert: va a ser un desastre). Sus grandes proyectos de transporte público han sido: la Metrovía un fracaso, la Aerovía un fraude. Y su norte, maldita sea, ha sido la satisfacción de los intereses económicos de unos pocos en perjuicio de las grandes mayorías (en perjuicio de los componentes social y ambiental del desarrollo sostenible). En crudo, el lado perverso del socialcristianismo ha sido el triunfo de un burdo credo individualista, que ha destrozado todo posible ideal comunitario en la ciudad (puro pinga, nunca minga). La mayor muestra del desinterés del PSC por el bien común de Guayaquil es que jamás, durante una administración iniciada en el ya lejano ’92, ha existido una clara planificación de la ciudad, por la sencilla razón de que ha resultado mejor para el grupo en el poder operar a río revuelto y en la opacidad.
 
Una ciudad así pensada y construida por casi 30 años es una trituradora serial del ideal de comunidad, un cante jondo al sálvese quién pueda. Un lugar donde la pregunta ‘¿de qué comunidad se les puede hablar a estos excluidos?’ tiene, desde este año, por respuesta las balas.
 
~*~
 
(1) Tal vez no sea únicamente una coincidencia que, tanto ese surplus de violencia noventera como el actual, sean simultáneos a la coexistencia en funciones de un gobierno nacional programáticamente de derechas (en los noventas fue el gobierno del Presidente Durán-Ballén, ahora es el de Lasso: son los dos únicos, después del gobierno de León Febres-Cordero) y una autoridad socialcristiana en la Alcaldía de Guayaquil. En los noventas, esa autoridad socialcristiana fue el mismísimo exPresidente Febres-Cordero, duro entre los duros, capo di tutti capi, mientras que ahora es una versión pop y femenina de esa fiereza inicial: es como haber hecho de Kiss, una Locomía. La Alcaldesa Viteri, como Alcaldesa de una ciudad de dos millones y medio de habitantes, es una gran Jocelyn Mieles: da la impresión de vivir en otra realidad, ajena a una ciudad que explota y arde.
(2) El lado amable del socialcristianismo es una ilusión de modernidad de la ciudad, que, como lo habrá advertido el lector perspicaz, es apenas su lado perverso pero lavado, olorizado y talqueado por los mass media.
(3) Corporación Andina de Fomento, ‘La inundación de Guayaquil en Marzo 2013’, pp. 12-13.
(4) Acta del Concejo Cantonal de Guayaquil, Sesión del 7 de octubre de 2010, pp. 11-12
(5) Lo que ocurre en Guayaquil es un evidente caso de ‘Capitalismo de Amigos’, v. ‘Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’.
(6) ONU Hábitat, Estado de las ciudades de América latina y el Caribe’, v. pp. 115-138.
(7) BBC, ‘Cómo Ecuador pasó de ser país de tránsito a un centro de distribución de la droga en América Latina (y qué papel tienen los carteles mexicanos)
(8) Lo ha dicho claramente la actual Secretaria de Derechos Humanos, Bernarda Ordóñez: ‘Por ejemplo, se eliminó el Ministerio de Justicia hace tres años; se eliminó el centro de inteligencia; el presupuesto para el eje de justicia y para lo que tiene que ver con la Secretaría de Derechos Humanos y el SNAI ha sido reducido considerablemente. Todas estas acciones contribuyen a que hoy en día tengamos un problema en el sistema de rehabilitación social. Si eso fue intencionado o no, si es que fue planeado, eso se tiene que investigar y la Fiscalía General del Estado está llamada aquí a investigar’, v. ‘Vera a su manera – 15 Octubre 2021’, min. 10:03.

Dworkin, Guayaquil, y asaltar el Tía

12 de diciembre de 2019


Los otros días, leyendo un artículo del libro ‘A matter of principle’ de Ronald Dworkin, titulado ‘Why liberals should care about equality’, vi a Guayaquil. El artículo, apropiadamente, constaba en la parte III del libro, que lleva por título ‘Liberalism and Justice’.

De Ronald Dworkin (1931-2013) es admirable su propuesta de rescate del liberalismo de las estupidizantes garras conservadoras y de procurar darle un contenido no pajero a este concepto a través del principio de igualdad. Por ello, Ronaldo es crack. Y este párrafo de su artículo, me la recordó a mi Guayaquil:

‘Si los liberales recuerdan el consejo de igual preocupación, ellos construirán ahora una teoría que, por indicar las bases mínimas a partir de las cuales se pueda esperar que la gente que se respeta a sí misma considere a una comunidad como la suya propia y que considere al futuro de esa comunidad, en cualquier sentido, como el suyo. Si el gobierno empuja a la gente por debajo del nivel en el que pueden contribuir a forjar su comunidad y obtener de ella cosas de valor para sus propias vidas, o si el futuro brillante que les ofrece es uno en el que a sus hijos se les promete una vida de segunda clase, entonces se tira al traste la única premisa sobre la cual se podría justificar su conducta.” (p. 212)

Este fue el Guayaquil de Octubre, en el que aquellos que tienen una idea distinta y precaria de su futuro no mostraron ningún problema en atentar contra los bienes de la comunidad: no lo tienen, porque no la sienten como la suya, pues sus futuros son divergentes. Por eso es que apenas se levantan las restricciones (el 30-S, las protestas de Octubre), aparece el vandalismo en la periferia de la ciudad (es decir, la Perimetral, nuestra versión del Wild Wild West) y es allí que almacenes Tía tiembla, porque sabe lo que le va a pasar: los previsibles saqueos en una ciudad descompuesta.

Guayaquil, como se lo advirtió en la película Sin Otoño, sin primavera, tiene unos cien mil habitantes porque “el resto son extras”. Estos “extras” son aquellos a los que el desarrollo socialcristiano, lo que ha podido ofrecerles, es “una vida de segunda clase”.

Esto ocurre por un hecho fundamental: la orientación del crecimiento urbano durante la administración del PSC. En un informe que contrató la Alcaldía de la ciudad a técnicos de la CAF para que expliquen la inundación ocurrida en Guayaquil los días 2 y 3 de marzo de 2013, se describió el crecimiento de la ciudad en los sectores populares, por oposición al resto:

“Sin embargo, al mismo tiempo, se observa un fuerte proceso de ocupación irregular en áreas de expansión donde no necesariamente se siguen las normas de ocupación del suelo establecidas en ordenanzas municipales. Paradójicamente, como en otras ciudades de la región, la expansión de la ciudad irregular ocurre en forma cuasi organizada, generalmente por emprendedores que invaden propiedades privadas –con o sin acuerdo del propietario de la tierra- y con ello activan un mercado sumergido de la tierra urbana que se inicia con la ocupación ilegal de lotes sin servicios básicos de aguas, alcantarillado y drenaje. En algunos países es frecuente que políticos utilicen estos mismos mecanismos que promueven la ocupación informal de la tierra para obtener réditos electorales.” (p. 13).

Entre esos países está el Ecuador, y en él, Guayaquil, con el caso del PSC. El informe describe también a los desarrollos de vivienda que impulsa la Alcaldía socialcristiana de Guayaquil, y explica que algunos de ellos…

“… se localizan en zonas de riesgo por inundación y los proyectos aparentemente siguen soluciones convencionales, con extensos urbanismos sobre rellenos y construcción de conductos para drenaje para absorber picos de escorrentía generados por nuevas áreas impermeables. Estas opciones de ingeniería no representan claramente la mejor opción para garantizar su sustentabilidad en el futuro. […] Se observa que el abastecimiento de agua es el primer servicio que se atiende, seguido de alcantarillado sanitario y, finalmente, siguiendo un enfoque tradicional ligado a la instalación exclusivamente de obras de conducción, se atiende el drenaje pluvial.” (p. 13).

A pesar de que el informe de la CAF advierte que en Guayaquil se tienen “condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de vivienda, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medio ambiente” (p. 31), el informe también reconoce que la realidad de Guayaquil es, en general, muy distinta a este ideal, pues consiste en “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano. […] Este tipo de ocupación aumenta notablemente la temperatura en la ciudad, incrementa significativamente los picos y la velocidad del escurrimiento durante las crecidas de la escorrentía superficial, produce erosión y aumenta la contaminación de las aguas pluviales” (p. 24). Es decir, una vida de segunda clase.



Visto desde los hechos de su desarrollo urbano (contados en este informe de la CAF que pagó la Alcaldía y que se redactó para presentárselo al Alcalde Nebot, v. p. 5), es fácil deducir que el desarrollo urbano se ha hecho con el fin de favorecer a las empresas constructoras, en vez de a los habitantes de Guayaquil. Esto, porque en ello está el negocio.

Y esto es apenas asombroso, si se toma en cuenta que el exAlcalde por casi dos décadas y actual Alcalde-por-encima-de-la-Alcaldesa-de-ahora, Jaime Nebot, provenía él mismo del negocio de la construcción. No es tan raro, entonces, que él haya buscado beneficiar a su gallada (esto es el Ecuador, no seamos tan patéticamente giles). El problema de este modelo de “Capitalismo de Amigos” del PSC es que realmente perjudica a la gente común, a pesar de que en la esfera pública se nos haya vendido otra idea.

Así, la magia del socialcristianismo consiste en mantener sometida a una población con vidas de segunda clase, con el sabroso cuento de que se vive un caso de “modelo exitoso”. (Esto se llama “delusión”, o si lo quieren en palabras coloquiales, “una metida de dedo”). Detrás de estas personas que viven miserablemente pero que sostienen el proceso del PSC (algunos con sincero entusiasmo), hay un continuado proceso de estupidización en el que los medios de comunicación han jugado un rol fundamental.

Pero el encanto de la estupidización del guayaquileño se quiebra en ciertas circunstancias dramáticas (30-S, las protestas de Octubre) y entonces salta la pus. El tejido social revela sus costuras, que se le notan en tantas otras cosas: la forma cómo conducimos, la ausencia de una fiesta local congregadora, el sistema de clientelismo en los barrios populares, el sistema de cooptación de la participación social en los grupos amigos (los 117 favorecidos), el diseño de una ciudad como una vitrina… Pero en esos momentos extremos, en los que irrumpe la violencia de los guayaquileños pobres contra los bienes comunes y contra los comercios de los otros, es que se revela la mentira del modelo socialcristiano. Un modelo que realmente es excluyente y produce ciudadanos de segunda, que no han llegado nunca a compartir un futuro en común con su comunidad. Por eso les resulta muy fácil agredirla.

Al final, es un problema de imaginación: hemos sido incapaces, como sociedad, de pensar ideas alternativas a las que ha impuesto el PSC, al punto de que ellos, hoy, pueden cerrar con seguridad privada la ciudad a los foráneos (léase, a los “indígenas del páramo”) como acaba de ocurrir durante las protestas de Octubre: Guayaquil es una ciudad colonial del siglo XVII, perdida en el XXI.

La Alcaldía ha podido hacer poco y mal, como lo han descrito los expertos de la CAF, pero en Guayaquil se considera a este poquito, mejor que cualquier otra cosa que se haya podido pensar y hacer en la ciudad. Nuestra verdadera miseria, en Guayaquil, es mental: reside en nuestra incapacidad, hasta la fecha, de pensar en la esfera pública por fuera de la lógica perversa que ha impuesto el PSC.

Es momento de traerlo de vuelta al gran Ronaldo, el crack de Liberalismo & Justicia. Dice en el cierre del artículo citado, Why liberals should care about equality, “[s]i nuestro gobierno puede proveer un futuro atractivo únicamente a través de la presente injusticia”, que en el caso de Guayaquil comporta un suplido a cuentagotas de los servicios públicos en los sectores marginales, se les está pidiendo finalmente a “algunos ciudadanos que se sacrifiquen en el nombre de una comunidad de la que ellos están, en cualquier otro sentido, excluidos.” Y esto es lo que le pasa a los “extras” de Guayaquil: ¿de qué comunidad se les puede hablar a estos excluidos? Ellos, lo que realmente quieren, es asaltar el Tía, y cuando tienen chance, pues lo hacen. Y Guayaquil, que se joda.

Que es exactamente lo que piensan los tipejos de las empresas constructoras mientras cuentan su billete, na’ más que su perjuicio es a otra escala. Y es por esto, por esta generalizada desidia de los pobres y de los ricos hacia la ciudad que habitan, así como por la ausencia de pensamiento crítico en su clase media, que estamos tan, pero tan mal. Y es por la sostenida estupidización que ha tenido lugar aquí, que ni siquiera nos damos cuenta.

Salvo los del Tía. Ellos sí que se dan cuenta.

Comerse el amague definitivo (o "Proyecto de Ciudad Sub-Acuática por Inercia")

6 de mayo de 2019


¿De qué se está hablando cuando se dice que una mayoría de guayaquileños se han comido los amagues de su Municipio por decenas de años (desde 1992)?

Fundamentalmente, se habla de esto: que Guayaquil ha crecido mal, en perjuicio de la mayoría de sus habitantes y en beneficio de unos pocos.

Piensa en esto, guayaco voraz jamador de amagues: el Alcalde de Guayaquil está vinculado al sector de la construcción. Cuando entró a la función pública en los ochentas (en esos salvajes ochentas) durante el Gobierno de León Febres-Cordero, Jaime Nebot afirmó ser Presidente y Gerente de varias empresas dedicadas al negocio inmobiliario*. Piénsalo, entonces, como un guayaco: una vez llegado este man al poder, ¿a quién podría beneficiar?

Si aún no has sido lobotomizado, admitirás que la respuesta a esta pregunta es muy sencilla: “al sector de la construcción”.

Porque ese es el dato pepa: Guayaquil ha crecido de una manera costosa para los recursos públicos, pues el modelo de crecimiento urbano de Guayaquil utiliza “exclusivamente los principios basados en la transmisión de los impactos en el macro drenaje hacia aguas abajo”. Esta descripción del crecimiento urbano de nuestra ciudad consta en un documento de análisis y recomendaciones por el riesgo de las inundaciones en Guayaquil que nuestro Municipio le solicitó a unos expertos internacionales vía una Cooperación Técnica acordada con la Corporación Andina de Fomento (CAF) el año 2014. 

En dicho documento técnico,  los expertos indicaron que la forma de crecer de Guayaquil puede “llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” comparados con una estrategia integral propia de “ciudades verdes, inclusivas y sustentables”, estrategia integral que los expertos justificaron para nuestra ciudad: “Guayaquil ofrece condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de vivienda, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medio ambiente [para] diseñar soluciones sustentables en el largo plazo”.

Pero la realidad de nuestro crecimiento urbano, de acuerdo con este mismo Informe, es muy distinta: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Es decir, todo lo contrario a una ciudad “verde, inclusiva y sustentable”, pero todo muy pero muy conveniente para los negocios vinculados a la construcción.

Este parque en la calle Rosa Borja sirve como ejemplo de la impermeabilización del suelo urbano de la ciudad: purititito adoquín y apenas tres pinches palmeritas.
  
La buena noticia es que se puede hacer mucho mejor. La mala es que hasta ahora lo hemos hecho pésimo (menos para los negocios de las empresas vinculadas al negocio de la construcción, como resulta evidente de este relato).

Piénsalo, entonces, insaciable devorador de amagues del poder político de tu ciudad: si ya es muy grave que se gaste cerca de seis veces más por un crecimiento urbano deficiente, es muchísimo peor cuando llegas a la comprensión de que este crecimiento de Guayaquil propiciado para el beneficio de unos pocos ha puesto a la ciudad en una situación de riesgo. Guayaquil es una ciudad que corre el riesgo de inundarse a consecuencia del cambio climático, lo que causará unas pérdidas económicas cuya consecuencia, si no se toman las medidas para atajar este problema con tiempo, “resultaría en pérdidas inaceptablemente altas”. Y durante la administración de Jaime Nebot no ha hecho sino agravarse este tema para la ciudad, pues para Nebot el problema no existe: no lo siente como un problema de Guayaquil pues él ya no verá la destrucción que ahora siembra. A Nebot realmente no le importa nuestro futuro, por una razón muy sencilla y prosaica: no le resulta rentable AHORA. Sus prioridades están claras.

Pero así es la vida en los trópicos: irresponsable y feliz. En el caso de Guayaquil, de aquí a unos 30 años la ciudad podría tener que enfrentar una catástrofe de proporciones bíblicas por la inundación y consecuente inhabitabilidad de amplios sectores (principalmente, de los aledaños a los ríos y esteros, cientos de miles de personas) causada por la elevación del nivel del mar y por un crecimiento urbano a contramano de una ciudad “verde, inclusiva y sustentable”, como aquella que  recomendó la CAF en su Informe del 2014 caído en saco roto. Porque ha sido esta forma de crecimiento urbano, tan perjudicial a nuestros propios intereses como habitantes de Guayaquil, la que se ha ratificado por la mayoría de los guayaquileños (un 52.60%) en las elecciones del 24 de marzo que pasó.

Así, Guayaquil ha crecido mal, en beneficio de unos pocos y en perjuicio de la mayoría de sus habitantes (en términos de uso de sus recursos naturales y de su perspectiva de futuro) pero la mayoría de sus habitantes ha insistido en ratificar con su voto este sistema dañino a sus propios intereses. Es un uso del voto como pistola para dispararse al pie: el voto que se registró el 24 de marzo a favor de la sucesora de Nebot es el homenaje más sentido que la estupidez colectiva le ha podido rendir al sistema democrático en el Ecuador.§

Y así es como muchos guayacos se han comido y se siguen comiendo el amague definitivo que les ha tirado el poder político de su ciudad: hacerles pasar este desastre de dañoso crecimiento urbano contrario a nuestros propios intereses, como un supuesto “modelo exitoso”. (Y para que esto sea así, por supuesto, el Municipio ha contado con la inestimable participación de unos medios de comunicación que son, en su amplia mayoría, verdaderos mercachifles de la palabra).

Bien lo dice el dicho: “La ignorancia es felicidad”. En Guayaquil es eso, pero la ignorancia es también mucho más: es el cultivado sustento del poder político del Municipio local.

* “El Grupo Nebot se especializa en el negocio inmobiliario. Su oficina central está ubicada en el Edificio Valra de Guayaquil (Av. 10 de Agosto 103 y Malecón), edificio que comparte con las oficinas del Ing. Febres-Cordero y de Ecuasal”, en: Fierro Carrión, Luis, ‘Los grupos financieros en el Ecuador’, Centro de Educación Popular, Quito, 1992, p. 289 (v. “Subgrupo Nebot”, pp. 288-292). Por esta razón, todavía a la entrada del edificio Valra la limpian (e imagino que la seguirán limpiando hasta que se vaya el Bigotón Farsante) unos empleados del Municipio de Guayaquil: esto de usar los recursos públicos en beneficio privado se les nota hasta en los detalles.
§ Uso la palabra “estupidez” en sentido etimológico, pues proviene de “stupere”: “asombrase, quedarse inmóvil”. Es esta inmovilidad lo que caracteriza a la mayoría de los guayacos (principalmente, de clase media pa’ arriba, y mientras más aspiracional más acusado es este síntoma) cuando de opinar sobre su Municipio se trata: se estupidiza, se le traba su sentido crítico y termina por exteriorizar (aunque no tenga evidencia para decirlo) que su Municipio es bueno, o que ha sido, al menos, mejor que cualesquier otra alternativa. Y es por esta inmovilidad de muchos que la habitan pero que no la piensan que nuestra ciudad se sigue moviendo al ritmo del poder político enquistado en su Municipio desde 1992, más sus agnados y cognados de la construcción. (Es decir: en lo fundamental se sigue moviendo en beneficio de unos pocos mientras la gilada guayaquileña aplaude, ignorante y feliz.)

Los variables culpables de las inundaciones

23 de octubre de 2018


El Alcalde Nebot juega bien sus cartas. Escenificó en una radio amiga, de esas que son una nota al pie en su discurso, una de sus especialidades: culpar a otro de las desgracias de Guayaquil.

Esta vez, previsiblemente, la víctima fue Jimmy Jairala, contrincante de su candidata para la Alcaldía en marzo de 2019. El Prefecto Jairala no ha hecho el dragado del río Guayas, por lo que Nebot lanzó la siguiente especie:

“… la falta de ese dragado pone a Guayaquil, la falta de dragado que no me vengan a hablar de drenaje, ¿no? de dragado, en el número dieciséis de las ciudades con mayores posibilidades futuras de inundarse en el mundo, por falta de dragado” (22:42).

Una cosa importante: El dragado es una negligencia de la Prefectura de Jimmy Jairala, eso es indudable.

Otras cosas mucho más importantes: Las consecuencias que son imputables a la gestión de más de un cuarto de siglo del PSC en Guayaquil, por la destrucción del arbolado urbano y el crecimiento urbano sin planificación y en beneficio de una argolla de la construcción (“El Capitalismo de Amigos”). Y se ha actuado, a sabiendas, irresponsablemente, porque el que las inundaciones eran el más grave riesgo para la ciudad, lo sabía la Alcaldía desde su Diagnóstico del Sistema Ecológico-Ambiental del cantón Guayaquil incorporado al Plan de Ordenamiento Territorial del GAD del cantón Guayaquil del año 2011, que en una de sus conclusiones advirtió: “El riesgo de mayor importancia para el cantón es el riesgo de inundación, debiéndose prever en el futuro obras de control de inundaciones”. Por estos años, el culpable de cualquier inundación era la naturaleza: la excusa era la “marea alta”.


El año 2013 se publicó una investigación a nivel mundial sobre las futuras pérdidas por inundaciones en las grandes ciudades costeras (“Future flood losses in major coastal cities”, publicado en Nature Climate Change) que involucró a las 136 ciudades costeras y con más de un millón de habitantes del mundo, entre las que figura nuestra Santiago de Guayaquil. El resultado de este diagnóstico, parte de un proyecto de la OECD, es que nuestra ciudad es la tercera en el mundo más vulnerable a las pérdidas económicas por efecto de las inundaciones que se proyecta se tengan para el año 2050 por el incremento del nivel del mar a consecuencia del cambio climático. En este rubro macabro y demostrativo de nuestra preocupante falta de previsión, Guayaquil está únicamente detrás de Guangzhou y de Nueva Orleans.

Está avalado por la ciencia el que las inundaciones en el mundo serán cada vez más comunes y devastadoras, dada la elevación del nivel del mar. Si esta es únicamente de 20 cms. para el año 2050 (un cálculo que se estima conservador), las pérdidas económicas que el estudio estimó para Guayaquil fueron de 3.189 millones de dólares. ¿De dónde vendrán estas pérdidas? Básicamente, de infraestructura inutilizable por subacuática.

Ese mismo 2013, a raíz de una inundación en los primeros días de marzo, la Alcaldía de Guayaquil solicitó un estudio a expertos de la Corporación Andina de Fomento sobre el riesgo de inundaciones en Guayaquil, mismo que determinó en un informe presentado a la Alcaldía que el problema era precisamente aquel que el Alcalde negó en su radio amiga la semana que pasó: el drenaje. “La experiencia demuestra”, dice este informe, que soluciones a las inundaciones “que utilizan exclusivamente los principios basados en la transmisión de los impactos en el macro drenaje aguas abajo, no son sustentables”, además de que pueden “llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” comparados con una estrategia integral de gestión. OJO, que es así cómo nosotros hemos crecido como urbe: hemos pagado más (aproximadamente 6 veces más), para crecer peor y aumentando la factura a pagar en el futuro por las irresponsabilidades hechas para lucrar en el presente. 

Y se ha concretado este propósito de lucro, increíblemente, con el aplauso de la mayoría.

Conclusión:

Como si nada, cuando luego se hable de la posibilidad real de inundaciones en Guayaquil, su máximo responsable por dos décadas volcadas a una gestión de cemento, adoquín y palmeritas, por la decidida voluntad de crear una ciudad impermeable (véase en el espejo de Houston), el Alcalde Jaime Nebot, pretenderá eludir su responsabilidad, endosándole la culpabilidad a otro. Antes era la “marea alta”, o los ladrones, ahora (porque es tiempo de elecciones) le toca a Jimmy Jairala.

Pero el incapaz mayor de enfrentar el riesgo de las inundaciones, pues afecta a su negocio, la pasa siempre de alivio.

Esto sólo es posible en una ciudad con un periodismo incapaz de ejercer los mínimos del oficio, sometido a la autoridad local, como la radio en la que se llevó a cabo esta entrevista. Y más allá de la responsabilidad que pueda tener Jairala, realmente es por la falta de visión de la Alcaldía y por el lucro inmediato por ella permitido a los negocios vinculados a la construcción, que se ha agravado la situación de Guayaquil de cara a un futuro subacuático y a enfrentar pérdidas millonarias en el futuro por las irresponsabilidades del presente.

Gary Cooper y las inundaciones en Guayaquil

18 de abril de 2017

Como rara vez en sus intervenciones públicas, el alcalde Jaime Nebot se refirió a un estudio de la Corporación Andina de Fomento (CAF). Uno de sus entrevistadores le pidió cuentas sobre qué pasó con este estudio. La respuesta del alcalde Jaime Nebot es un auténtico cualquierismo: “Hay una película muy buena de Gary Cooper que se llamaba Eco de tambores”. Acto seguido, sorbió de su botella de Coca-Cola. El guacharnaco Luis Almeida, exdiputado y exconcejal socialcristiano, dueño de la emisora, se apresuró a cambiar de tema.

Fuente: [6:52-7:09]




Este informe de la CAF (“Diagnóstico y proyección de vulnerabilidades frente a la variabilidad y cambio climático en la ciudad de Guayaquil”) no es un informe cualquiera. De acuerdo con el diario Expreso (el único que ha publicado noticias sobre este informe), la investigación de la CAF “da cuenta de la situación real y perspectivas que por el cambio climático experimentaría esta zona en los próximos 32 años”. En una columna editorial, el diario reconoció la gravedad del asunto:

“Nos debe alarmar la cifra de la posible afectación (3 mil millones de dólares) que se produciría en los próximos años y que causaría una pérdida de aproximadamente el 30% del total de los bienes y servicios (PIB de la ciudad) que ella genera por su estructura y dinámica económica” (1).

Un periodismo responsable debería exigir precisiones sobre las responsabilidades que debe asumir la Alcaldía de Guayaquil (y el porqué no las ha asumido, como en efecto no lo ha hecho) para enfrentar las inundaciones a consecuencia del cambio climático (2). Pero el periodista de radio Morena, en esta entrevista del 3 de marzo, apenas se animó a pedirle una aclaración general, que Nebot decidió no contestarle.

¿Cómo lo hizo? Con una técnica que debe haber causado furor en los años cincuenta: tirar una línea que incluya una película de Gary Cooper. Una manera altamente random de decirle a su entrevistador: “No vayas por allí”. Muy efectiva (por tratarse de Nebot). 

Así, Guayaquil es una ciudad en la que su máxima autoridad política esquiva una discusión sobre su futuro por los graves efectos del cambio climático con una referencia a una película del año 1951. Nebot, porque puede (vía la complicidad de un periodismo lánguido).

Me pregunto cuánta gente en Guayaquil sabe quién es Gary Cooper. Pero es seguro que es un número mayor que los que saben lo que dice este informe de la CAF. 

Ojalá que esta situación se revierta, pues es necesaria una discusión sobre los graves efectos del cambio climático en Guayaquil de aquí al año 2050. Hoy, nuestra ciudad, según diario Expreso, “está entre las cuatro ciudades costeras de mayor afectación como resultado del cambio climático” a nivel mundial. Y si no se hace nada, como hasta ahora no se ha hecho, la situación únicamente va a empeorar.

El periodismo de Guayaquil, en general, le permite al alcalde Nebot ser una autoridad irresponsable. Porque sin Gary Cooper se puede vivir, pero bajo el agua ya no.

(1) Amenaza de futuro peligro’, Diario Expreso, 8 de abril de 2017. Las noticias que ha publicado Diario Expreso sobre este tema son: Mariella Toranzos, ‘Estudio pide almacenar y reutilizar el agua lluvia’, Diario Expreso, 28 de marzo de 2017; Mariella Toranzos, ‘Las inundaciones le costarán a la ciudad $3.000 millones hasta 2050’, Diario Expreso, 27 de marzo de 2017
(2) El grave problema en Guayaquil es que su supuesto "modelo exitoso de desarrollo" va a contramano de las medidas que deben adoptarse para enfrentar las inundaciones a consecuencia del cambio climático, v. Guayaquil a la deriva.

La ciudad peregrina y gris que se fundó un 15 de agosto

15 de agosto de 2016


Un día como hoy, 15 de agosto, se debería celebrar el aniversario 482 de la fundación de la ciudad de Guayaquil, hecho que se verificó en las cercanías de la laguna de Colta. Guayaquil nació a la vida jurídica en la serranía (eso implica el acto de su fundación), pero terminó ubicada un día incierto del año 1547 en el cerro Lominchao (hoy, cerro Santa Ana) (1).

Su siguiente traslado se decidió el año 1693, a lo que se conoció como “Ciudad Nueva”, la que coexistió con la “Ciudad Vieja” (todavía asentada en el cerro Santa Ana) hasta que el crecimiento de la ciudad terminó por volverlas a juntar. Julio Estrada Ycaza ubica las cuadras originales de “Ciudad Nueva” en “un cuadrado de cinco cuadras de frente (Luque a Colón) y cinco de fondo (Pichincha a Boyacá)” (2).

Las dos partes de la ciudad se unieron, primero a través de un puente de 800 varas que cruzaba cinco esteros, luego a través de un crecimiento que rellenó esos esteros y otros más para avanzar como una mancha gris, arrasando con los recursos naturales, contaminando el agua, enterrando los esteros, dañando las canteras y podando árboles.

La falta de planificación y la ineficacia en el ejercicio de los controles administrativos (ambientales y de construcción) han sido características constantes en la historia de las alcaldías de Guayaquil, sin importar que el partido en el poder haya sido el roldosista o el CFP o el PSC, o cualquier otra tienda política. Desde que el alcalde es escogido por votación popular (año 1947: primer alcalde, Rafael Guerrero Valenzuela) las consecuencias de estas dos características (la falta de planificación y la ineficacia en los controles) ha sido una ciudad cuyo crecimiento es “peregrino y gris”: sin un norte claro (como no sea el favorecimiento, al menos durante el casi cuarto de siglo de dominación de los socialcristianos, a las empresas vinculadas al negocio de la construcción) y con mucho cemento, rejas y segregación.

Esto no es para tomárselo a la ligera: el informe técnico hecho con el auspicio de las Naciones Unidas (proyecto RADIUS) arroja como resultado una ciudad vulnerable a los terremotos; el informe técnico elaborado por expertos de la Corporación Andina de Fomento señala una ciudad vulnerable a las inundaciones y que se desarrolla de una forma tal que gasta siete veces más en implementar una solución ineficaz para prevenir las consecuencias de las inundaciones (3).

Pero las consecuencias en las personas son acaso las más graves. Aquellas produjeron gran asombro en David Harvey, cuando visitó Guayaquil: “Entonces te preguntas qué tipo de mundo se construye allí, en que la experiencia urbana de las personas queda secuestrada tras estos muros, tienen un contacto casi nulo con personas de otras clases sociales” (4).

Hay muchas cosas que deben cambiar en Guayaquil, una ciudad que ha crecido en la dirección equivocada, al amparo de ideas erróneas sobre su desarrollo, así como también sobre su origen (5). Una de esas cosas que debemos cambiar, en relación con esto último, es empezar a celebrar la fundación de Guayaquil el día que le corresponde: el 15 de agosto, puesto que fue ese día de hace 482 años (lo que se conoció por la ingeniosa investigación de un destacado guayaquileño, Miguel Aspiazu Carbo) que empezó el peregrinaje de la que este mismo hecho de su fundación en 1534 convierte en la segunda ciudad más antigua (fundada por españoles) en el Sur de nuestra América, durante la conquista del Perú (6).

(1) La alcaldía de Guayaquil, en los primeros años de administración de Jaime Nebot, creó una Comisión compuesta por Alejandro Guerra, Ana Rodríguez de Gómez, Efrén Avilés y Melvin Hoyos, que publicó un informe el año 2002 en el que determinó que “[e]l mariscal Diego de Almagro facultado por el gobernador Francisco Pizarro fundó en Riobamba la ciudad de Santiago de Quito, hoy Santiago de Guayaquil, el 15 de agosto de 1534”: ‘25 de julio: Guayaquil celebra su fiesta patronal’, en: Calderón Chico, Carlos (comp.), ‘Guayaquil universal: Entre la literatura y la historia’, Libresa, Quito, 2009, p. 107-108.
(2) Estrada Ycaza, Julio, ‘Desarrollo histórico del suburbio guayaquileño’, p. 19, en: ‘Revista del Archivo Histórico del Guayas’, Año 2, Número 3, Junio de 1973, Guayaquil.
(3) De acuerdo con el proyecto RADIUS (‘Herramientas de Evaluación del Riesgo para el Diagnóstico de Zonas Urbanas contra Desastres Sísmicos’, por sus siglas en inglés) “[e]l crecimiento no planificado de la ciudad es una de las principales razones para que el riesgo se haya incrementado significativamente durante los últimos años”; así, la vulnerabilidad de Guayaquil en caso de un terremoto se da “por la vetustez de muchas edificaciones, el incremento de la construcción informal con materiales pesados sin previsiones sísmicas, y la falta de aplicación de código de diseño sismo-resistente”, v. Proyecto RADIUS, Vol. I, Reporte Final a la Secretaría del IDNDR de las Naciones Unidas [Preparado por: Jaime Argudo Rodríguez], p. 9. Por su parte, en materia de inundaciones, los técnicos de la Corporación Andina de Fomento (en un informe que solicitó la misma alcaldía) explicaron que Guayaquil es una ciudad vulnerable a las inundaciones y que el modelo de desarrollo adoptado por la alcaldía de Guayaquil es ineficaz para evitarlo. La construcción de obras que aumentan la capacidad para conducir el agua (esto es, la alternativa escogida por la alcaldía) cuesta alrededor de US$7 millones por kilómetro cuadrado, mientras que las soluciones que incorporan recursos naturales a la planificación del crecimiento de la ciudad son mucho más eficaces y sustentables que la alternativa escogida por la alcaldía de Guayaquil, además de muchísimo más económicas, pues cuestan alrededor de US$1 millón por kilómetro cuadrado: v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tuci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez, ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, Opinión de Expertos Internacionales. Cooperación Técnica de la CAF, Informe Gerencial, junio de 2013, p. 27.  
(4) David Harvey y la vía a Samborondón’, Xavier Flores Aguirre, 13 de diciembre de 2015. Si bien el análisis de Harvey está referido a la vía a Samborondón, no es difícil su extensión a otras áreas de la ciudad. Quien mejor ha sintetizado la idea de Harvey es la argentina Leila Guerriero, quien en una crónica de Guayaquil para el diario La Nación de su país de origen, registró la figura de “El Gato”: v. Leila Guerriero, ‘Guayaquil: la regenerada’, Diario La nación (Argentina), 2 de diciembre de 2007; mis comentarios al respecto: ‘El Gato’, Xavier Flores Aguirre, 11 de enero de 2009; ‘Felinas reflexiones’, Xavier Flores Aguirre, 18 de enero de 2009.
(5) Esta es la idea clave del informe de la CAF: “Guayaquil puede ser una ciudad líder en la gestión verde, inclusiva y sustentable en América latina”, puesto que ofrece “condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de viviendas, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medios ambiente verde, inclusiva y sustentable”, v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tuci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez, ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, p. 31.
(6) La primera ciudad fundada por los españoles fue San Miguel de Piura. La alcaldía de Guayaquil quiso establecer el 15 de agosto de 1534 como fecha definitiva de fundación, por intermedio de la Comisión antes citada. Sin embargo, la idea languideció y terminó por desaparecer de la opinión pública. Una vez más, la ineficacia de la Alcaldía de Guayaquil de llevar a cabo un propósito, puesta de manifiesto.