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Olmedo y su récord constitucional

26 de junio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 26 de junio de 2025.

El guayaquileño José Joaquín Olmedo (1780-1847) participó en un total de seis asambleas constitucionales, en cuatro Estados, en dos continentes. Estos cuatro Estados fueron, en orden cronológico: España, Guayaquil, Perú y Ecuador. A excepción del efímero Estado de Guayaquil (1820-1822), que el propio Olmedo presidió como cabeza de la Junta de Gobierno designada por el Colegio Electoral que se reunió en esta ciudad entre el 8 y el 11 de noviembre de 1820, los otros tres Estados que José Joaquín Olmedo contribuyó a forjar siguen en funciones.  

Este hecho extraordinario de participar de la constitución de tantos Estados fue posible por los cambios en la administración de la provincia de Guayaquil durante la vida de Olmedo. En 1810, la provincia era española y el Cabildo de Guayaquil (por 10 de 11 votos) designó a Olmedo como su representante en las Cortes de Cádiz, donde fue parte de la redacción de la Constitución que se aprobó en marzo de 1812. 

En 1820, la provincia de Guayaquil declaró su independencia de España y un Colegio Electoral, compuesto por 57 representantes de 27 pueblos, designó a Olmedo como la máxima autoridad del Ejecutivo (la cabeza de un triunvirato compuesto, además, por Francisco María Roca y Rafael María Ximena) y aprobó una Constitución (denominada “Reglamento Provisorio de Gobierno”) que, es fama, la escribió el propio José Joaquín Olmedo. 

Después de un período de pertenencia a Colombia (1822-1830) por la ocupación militar de Guayaquil en julio de 1822 y la anexión de la provincia a Colombia hecha por el Libertador (o en este caso, debo decir: el Opresor) Simón Bolívar, la antigua provincia española de Guayaquil (ahora denominada Departamento de Guayaquil) pasó a integrar el Estado del Ecuador. Olmedo fue uno de los cuatro representantes por Guayaquil (los otros tres: Francisco de Marcos, Vicente Ramón Roca y León de Febres-Cordero) que participaron en el Congreso Constituyente que se reunió en Riobamba entre agosto y septiembre de 1830 para aprobar la Constitución que originó el Estado del Ecuador. Olmedo fue parte de su comisión de redacción y está documentado que redactó esta Constitución de su puño y letra.   

El caso de su participación en la redacción de la primera Constitución del Perú, aprobada en noviembre de 1823, fue diferente. Tras la ocupación de Guayaquil por las tropas de Bolívar, Olmedo salió al exilio en Lima. Estando allí, fue invitado a formar parte del Congreso Constituyente reunido en dicha ciudad, como un reconocimiento a su enorme valía y a su experiencia previa como diputado en España y gobernante en Guayaquil. Fue nombrado diputado por el Departamento de Puno, territorio que todavía estaba en manos de los españoles, e integró la comisión que redactó las bases de la primera Constitución peruana. 

Además del Congreso Constituyente de Riobamba en 1830, Olmedo participó en otros dos procesos constitucionales del Ecuador: en Ambato, en 1835, y en Cuenca, en 1845. Pero el hecho sin paralelo en la historia de la humanidad (e irrepetible, dadas las circunstancias) fue su participación en la redacción de las constituciones que forjaron cuatro Estados, en dos continentes: todo un testimonio de su genialidad. 

Historia de dos amigos guayaquileños

19 de septiembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 19 de septiembre de 2025.

José Joaquín Olmedo y Vicente Rocafuerte fueron guayaquileños y contemporáneos, nacido el primero en 1780 y el segundo en 1783. Fueron ilustrados y fueron amigos, que participaron en la lucha por la independencia de los territorios americanos del Reino de España y que terminaron por fundar, en 1835, la República del Ecuador. 

Hasta llegar a este momento de fundación de la República del Ecuador, Olmedo y Rocafuerte tuvieron unas trayectorias similares: ambos integraron las Cortes de Cádiz en el Reino de España (Rocafuerte únicamente por un breve período en 1814, mientras que Olmedo fue parte de las Cortes entre 1811 y 1814, año de su disolución por decisión del rey Fernando VII), ambos formaron parte del Cabildo de Guayaquil, ambos viajaron por varios países de América y de Europa, y ambos fueron representantes en Europa de un nuevo Estado americano (Rocafuerte de México, Olmedo del Perú). 

Las trayectorias de Olmedo y Rocafuerte también tienen sus diferencias. Entre 1819 y 1833, años en los que Rocafuerte vivió en el exterior, Olmedo tuvo una agitada vida en su territorio natal. En 1820, fue elegido el primer jefe civil del Guayaquil independiente y republicano. Olmedo gobernó la Provincia Libre de Guayaquil como presidente de una Junta Superior de Gobierno entre 1820 y 1822, hasta la ocupación militar de la provincia comandada por el general Simón Bolívar en julio de 1822. 

Como presidente de la Junta Superior de Gobierno, Olmedo procuró la independencia de los demás territorios que pertenecieron a la Audiencia de Quito. Tras la batalla del Pichincha, la Junta presidida por Olmedo publicó el 9 de junio de 1822 una proclama, en la que se leía: “Cuando nos propusimos ser libres, no podíamos dejar gemir en la opresión a los pueblos que nos rodeaban”. Y en esta proclama se reconoció que los esfuerzos de Guayaquil habían sido coronados por el éxito: “Guayaquileños: Quito es ya libre: vuestros votos están cumplidos”. 

Años después, en 1830, Olmedo participó como diputado en el Congreso Constituyente que reunió a veinte adinerados varones en Riobamba con el propósito de fundar un Estado con el disparatado nombre de “Estado del Ecuador en la República de Colombia”. Olmedo fue parte de la comisión que redactó la Constitución y fue nombrado su primer Vicepresidente, cargo al que renunció el año siguiente. 

En 1833 volvió Rocafuerte a Guayaquil. Por aquel entonces, Olmedo estaba dedicado a sus asuntos privados, pero no lo estaría por mucho tiempo. La vorágine de los acontecimientos del trienio 1833-1835 desembocó en una guerra civil que parió una república. 

Rocafuerte fue el Jefe Supremo triunfante en la guerra civil, tras la victoria de su ejército en la batalla de Miñarica. Convocó a una convención nacional, que fue presidida por Olmedo. Esta convención, reunida en Ambato, aprobó la Constitución que originó la República del Ecuador y que lo designó a Vicente Rocafuerte como su primer Presidente Constitucional. El Ejecútese de Rocafuerte a esta Constitución que Olmedo contribuyó a redactar con su guía y pluma, fue dado el 13 de agosto de 1835. Ese día nació la República del Ecuador.  

Fue un largo viaje de dos amigos en la vida pública, hasta concretar una república.

20 años

16 de mayo de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 16 de mayo de 2025.

Un lunes, hace exactos 20 años, publiqué mi primera columna de opinión en un diario de circulación nacional. Ocurrió un mes después de la rebelión de los forajidos, que tumbó al gobierno del presidente Lucio Gutiérrez. Como una reflexión sobre ese episodio, aquel lejano día del 2005 mi columna postuló un reto: “la construcción de un país a partir de su ciudadanía comprometida con el cambio de las formas tradicionales de participación política”. Fue una plegaria por una ciudadanía comprometida con la gestión de lo público.

Aquel lunes de mayo del 2005 se publicó una columna bisoña, cargada de ingenuidad. En los veinte años que han transcurrido desde entonces sí que se ha registrado un cambio en las formas de participación política del Ecuador, pero ha sido para peor.

Para empezar, a la ciudadanía ecuatoriana ni siquiera se la podría reputar como democrática. Cuando se fundó esta malhadada República del Ecuador en 1835 (unitaria y centralista, capital Quito), su primer presidente, el guayaquileño Vicente Rocafuerte, dirigió las siguientes palabras a los ecuatorianos que se reunieron en Ambato para dictar la Constitución que parió una república: “¿Existe entre nosotros esa pura moral de la que nace el espíritu público? Es duro decirlo, pero es preciso confesar que nó. ¿Estamos al nivel de las luces del siglo? Nó. ¿Hay comodidad, desahogo o instrucción en la masa del pueblo? Nó. Luego faltan los fundamentos en que debe apoyarse el edificio democrático”.

Casi 190 años después de esta alocución de Rocafuerte, es justo precisar que ese edificio democrático jamás se erigió en el Ecuador. Y que lo que empezó mal en 1835, hoy está en una situación mucho peor. 

A día de hoy, la “masa del pueblo” ecuatoriano cree (estos datos son del Latinobarómetro publicado en diciembre de 2024) que la democracia puede ser un cascarón vacío, porque puede funcionar sin partidos políticos, sin parlamento y sin oposición (más de la mitad de los ecuatorianos lo cree y, en comparación, es el porcentaje de la población más alto de toda América latina). En el Ecuador, el “edificio democrático” está en ruinas, porque la mayoría de los ecuatorianos ignora el significado de la democracia.

En una tipología de las políticas públicas, el Estado del Ecuador tiene un régimen al que se lo puede caracterizar como de “obediencia endeble”, es decir, un Estado cuya actuación depende, en buena medida, de la incidencia de intereses privados. En el caso ecuatoriano, en los últimos 20 años, estos intereses privados incluyen a los intereses perversos de los grupos de delincuencia organizada (GDO) que controlan vastas extensiones de territorio, que inciden (por amenaza o soborno) en las decisiones judiciales y en las políticas públicas, y que determinan (por amenaza directa o por miedo generalizado) la vida cotidiana de la población.

Es decir, el cambio registrado en los últimos 20 años en materia de participación política no ocurrió para fortalecer a la ciudadanía frente al poder público, sino para incluir los intereses privados de organizaciones criminales en la actuación del Estado. 

En conclusión, el Ecuador, así como está constituido, ¿tiene posibilidades de desarrollo? La respuesta corta es: No.

Transición a la República

17 de enero de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 17 de enero de 2025.

Se suele decir que la República del Ecuador se fundó en 1830. Esta afirmación es falsa.

En mayo de 1830, el Distrito del Sur se separó de la República de Colombia y adoptó el nombre “Estado del Sur de Colombia”. Con este nombre y un incipiente aparato administrativo (dos venezolanos: un jefe y su secretario) se convocó a la elección de los representantes en un Congreso Constituyente, que se reunió en Riobamba para aprobar una Constitución y darle forma a un Estado que llevó por nombre “Estado del Ecuador en la República de Colombia”. 

Esta Constitución, promulgada en septiembre de 1830, propuso que el Ecuador siga perteneciendo a Colombia, pero como parte de una confederación con los otros Estados, Venezuela y Colombia, que habían sido los distritos del Norte y del Centro de Colombia. Así, el Ecuador proponía el regreso de la Gran Colombia en un formato de confederación, donde cada Estado tendría un margen de autonomía pero habría un “Gobierno general” de la República de Colombia (los detalles de este gobierno general y de las relaciones entre los Estados tendrían que discutirse en una reunión de plenipotenciarios). Nadie le paró bola a esta propuesta. 

El único período presidencial en el que rigió esta Constitución terminó muy mal, porque desembocó en una guerra civil. Por una parte, José Félix Valdivieso, jefe supremo de la Sierra. Por la otra, Vicente Rocafuerte, jefe supremo de la Costa.  

Así, entre 1830 y 1834 pasamos de formular una pacífica propuesta diplomática de unión sudamericana a enfrentarnos en una sangrienta guerra civil. Cuando concluyó esta guerra civil (la primera de este terruño tan aficionado a la violencia), con el triunfo del ejército del jefe supremo de la Costa en la batalla de Miñarica en enero de 1835, se abrieron dos posibilidades: extinguir el Estado ecuatoriano o convertirlo en República independiente. 

Se ensayaron ambas posibilidades. El bando perdedor de la guerra civil declaró que el Estado del Ecuador, nacido en la Constitución de 1830, debía volver sobre sus pasos y reintegrarse a la Colombia de la que se separó en 1830, terminando así con la experiencia de un Estado ecuatoriano autónomo. Unos 800 huyeron de Quito y muchos terminaron por residir en Popayán, donde publicaron el semanario “La Voz del Ecuador”, en cuyas páginas justificaron el reintegro del Ecuador a Colombia. Se comisionó a uno de ellos, Roberto de Ascázubi, para obtener la aceptación de Colombia, pero pasó la vergüenza de ser rechazado en Bogotá. 

El bando triunfador de la guerra civil, por su parte, convocó a una convención nacional para reorganizar el territorio y dictar una Constitución, que se reunió en Ambato entre junio y agosto de 1835. Esta convención eligió presidente a Vicente Rocafuerte y dictó una nueva Constitución que persistía en el Estado del Ecuador, pero esta vez sin una propuesta de confederación con otros Estados y con el título de República independiente y no por una pertenencia a una asociación mayor. Su artículo 1 decía, sin lugar a equívoco: “La República del Ecuador, se compone de todos los ecuatorianos, reunidos bajo un mismo pacto de asociación política”.

Pudo no ser, pero en 1835 nació en Ambato la República del Ecuador.

Edificio en ruinas

16 de agosto de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 23 de agosto de 2024.

En la Convención de Ambato de 1835 el primer Presidente de la República del Ecuador, el guayaquileño Vicente Rocafuerte, dirigió estas duras palabras a los diputados del pueblo ecuatoriano allí reunidos: “¿Existe entre nosotros esa pura moral de la que nace el espíritu público? Es duro decirlo, pero es preciso confesar que nó. ¿Estamos al nivel de las luces del siglo? Nó. ¿Hay comodidad, desahogo o instrucción en la masa del pueblo? Nó. Luego faltan los fundamentos en que debe apoyarse el edificio democrático”.

Casi dos siglos pasaron desde esa Convención que fundó una república, y los fundamentos de su “edificio democrático” han variado en la forma, pero no en el fondo. O al menos no para bien.

Hoy, el “edificio democrático” que refirió Rocafuerte en su alocución está corrompido (lo ha estado casi invariablemente desde aquel lejano 1835). En cuanto a las variaciones de forma, se convirtió a las elecciones en un proceso organizado por un órgano especializado (desde la aprobación de la Constitución de 1945) y se convirtió en obligatorio el voto de los ciudadanos (desde la aprobación de la Constitución de 1946). En lo de fondo, hoy, este órgano especializado no controla si la corrupción penetra en el proceso electoral. Y para legitimar la situación, se nos obliga a los ecuatorianos a sostener este sainete siniestro con el voto.

La preocupación del presidente Rocafuerte en 1835 era que los ecuatorianos no gozaban de las condiciones necesarias para hacer el bien a su Patria. Nuestra preocupación, casi dos siglos después, debe ser que el “edificio democrático” que se ha erigido en el Ecuador se ha asentado en un sistema electoral que permite que algunos ecuatorianos le hagan el mal a su Patria. 

Nuestro sistema electoral favorece la producción de este sainete siniestro. No impide que los movimientos y partidos políticos sean una mascarada sin asomo de ideología, ni que sus elecciones primarias sean una burla sin asomo de participación (salvo la gente como parte del decorado). Es decir, en el sistema electoral ecuatoriano no importa que los movimientos y partidos políticos hagan un sainete de la elección de las autoridades. Lo realmente grave, sin embargo, es que el sistema electoral está permitiendo ahora que ese sainete merezca la calificación de siniestro, pues se confiesa incapaz de controlar los fondos que ingresan para el financiamiento de los movimientos y partidos políticos. 

Esta falta de control en el financiamiento es siniestra, pues para nadie es desconocida la presencia e influencia en la sociedad ecuatoriana de los grupos de delincuencia organizada. Se han infiltrado en las instituciones, corrompido a sus autoridades y ocupado territorios en los que el Estado está vedado de intervenir, y se imponen por el terror o por la muerte. 

Que el Estado esté inerme frente a la posibilidad de que ellos financien las candidaturas de las autoridades, sólo nos augura un futuro siniestro, uno en que la misión básica del Estado de proteger a los habitantes de su territorio se subvierte para poner al Estado al servicio de quienes agreden a los habitantes de su territorio.

Casi dos siglos después, y estamos peor que como empezamos. Y conste que empezamos mal.

Veintemilla robó el Banco del Ecuador

8 de septiembre de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 8 de septiembre de 2023.

En la historia política del delirante Ecuador, el general quiteño Ignacio de Veintemilla era el que había ejercido la máxima autoridad del Poder Ejecutivo durante el mayor tiempo consecutivo (1876-1883), hasta que el economista guayaquileño Rafael Correa le rompió el récord (2007-2017). Su historia al mando del Poder Ejecutivo merece contarse: incluyó un golpe de Estado, un autogolpe de Estado y la guerra civil de 1882-1883, y concluyó con el robo a un banco y su partida al exilio.  

Empezó sus andanzas el general Veintemilla cuando, siendo el Comandante General de la Plaza de Guayaquil, él lideró un golpe de Estado y se declaró “Jefe Supremo de la República” en un abierto desafío al gobierno constitucional del cuencano Antonio Borrero. Esta Jefatura Suprema fue proclamada por el Cabildo de Guayaquil el 8 de septiembre de 1876 para que el general Ignacio de Veintemilla gobierne “bajo los verdaderos principios de la causa liberal”. 

Triunfante su golpe de Estado, el general Veintemilla siguió el procedimiento usual y convocó a una Asamblea Constitucional que se reunió en Ambato y que lo designó primero Presidente constitucional interino (42 votos) y después Presidente constitucional definitivo (48 votos). El Presidente Veintemilla no concluyó su período constitucional de gobierno, pues nuevamente se declaró Jefe Supremo tras el auto-golpe de Estado del 26 de marzo de 1882.

El cambiante y violento gobierno del general Veintemilla concluyó el 9 de julio de 1883 cuando, perdedor en la guerra civil que siguió a su auto-golpe de Estado, debió abandonar el Ecuador abordo del vapor Santa Lucía. Entre 1876 y 1883 él gobernó, en total, por seis años, diez meses y un día. 

Pero antes de abandonar el Ecuador, el general se aseguró de obtener el dinero de un banco guayaquileño... Por la fuerza.

En mayo de 1883, el general Veintemilla solicitó al Banco del Ecuador que le conceda un préstamo de 200.000 pesos. Ante la negativa de los gerentes, el general dispuso que se le otorguen los 200.000 pesos en calidad de “empréstito forzoso”. Y mandó a que la Fuerza Pública satisfaga su disposición.

El 8 de mayo de 1883, en presencia de los gerentes del banco, de los cónsules de varios países y de los perpetradores del “empréstito forzoso”, el escribano público Juan Rivas levantó un acta del expolio que sufrió el Banco del Ecuador. Allí constató que el coronel Manuel Castro “como comisionado de S.E. el General don Ignacio de Veintemilla, iba a proceder a la ruptura de la puerta de la bóveda del Banco del Ecuador, a lo que se opusieron y protestaron los señores cónsules”, pero que el coronel Castro insistió porque “tenía orden de hacer sacar doscientos mil pesos de dicha bóveda”. Procedió a romper el candado que la aseguraba con un cincel y un martillo. 

El coronel Castro cumplió su cometido, y todavía más: sacó otros 120.000 pesos con la excusa de un dinero que el Banco de la Unión (donde el general poseía una cuenta) tenía depositado en una cuenta corriente del Banco del Ecuador. De todo este dinero (en total, 320.000 pesos) jamás se volvió a saber.

Ignacio de Veintemilla salió al exilio en 1883 y volvió al Ecuador en 1907. Murió en Quito, al año siguiente.

Olmedo postrero

10 de marzo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 10 de marzo de 2023.

Antes de que exista el Estado del Ecuador, el guayaquileño José Joaquín de Olmedo había sido diputado constitucional en España en 1811-1812, en Perú en 1823, y en Guayaquil. En este último territorio, cuando se independizó de España en octubre de 1820, él fue su primer jefe civil de gobierno y (salvo por un breve paréntesis) gobernó el territorio como su máxima autoridad hasta que el militar venezolano Simón Bolívar, manu militari, sometió a Guayaquil al régimen colombiano en julio de 1822. 

Mientras gobernaba Guayaquil, el 18 de octubre de 1821, el líder civil Olmedo le escribió al militar venezolano Antonio José de Sucre, quien había sido el enviado por Simón Bolívar para lograr la independencia de los territorios del Sur de Colombia todavía sujetos a España: “Mis males crecen cada día, y ya necesito no sólo de reposo, sino de inacción por algunos meses para restablecerme. (…) Yo no he nacido para este puesto: el retiro, la soledad y la comunicación con las musas eran convenientes a mi genio y carácter; mandar, regir, moderar un pueblo y en revolución no es para mis fuerzas intelectuales y físicas”.

En 1830 y en Riobamba, Olmedo volvió a participar en una Asamblea que creó una Constitución. Olmedo fue diputado, parte de la comisión de redacción y Vicepresidente de esta Asamblea, que creó el Estado del Ecuador (Estado que, torpe e ilusoriamente, se quería confederado en la República de Colombia). En esta Asamblea, a Olmedo lo eligieron Vicepresidente del Estado. En 1831, Olmedo renunció a ese cargo. 

El desenlace de la batalla de Miñarica en enero de 1835 lo conminó a Olmedo a la poesía (con la composición de la “Oda a Miñarica” en homenaje al militar venezolano Juan José Flores) y a participar en una Asamblea que creó una Constitución, esta vez en Ambato. Olmedo fue designado Presidente de esta Asamblea. Ella redactó la Constitución que creó la República del Ecuador (ya sin la torpeza de pensarse como parte de una ilusoria República de Colombia) y nombró como primer Presidente de la naciente República al guayaquileño Vicente Rocafuerte.

En marzo de 1845, una revolución que se gestó en Guayaquil lo tuvo a Olmedo como triunviro de un gobierno provisional, que gobernó el Ecuador en conflicto con el Presidente Juan José Flores hasta que se concretó la salida de Flores del país, en junio de ese año. Este triunvirato gobernó hasta la entrega del poder en diciembre de 1845 a una Asamblea reunida en Cuenca. 

Olmedo fue entonces, por última vez, diputado a una Asamblea que creó una Constitución. Para esta época, José Joaquín de Olmedo estaba desencantado de la política ecuatoriana, pues se preguntaba con desdén en carta dirigida a un pariente: “¿Qué significarán estos nombres, patria, libertad, derechos del pueblo, convención, etc.?”.

Y unos días antes de morir, en carta del 31 de enero de 1847 dirigida a Andrés Bello, Olmedo le manifestó una crítica acerba sobre Simón Bolívar, quien había ocupado Guayaquil en 1822. De Bolívar, él dijo, “nos libró del yugo español, y nos dejó todos los desastres de las revoluciones”.

En esos días postreros debió pensar Olmedo que el joven Ecuador ejemplarizaba todos esos desastres. Murió casi enseguida, el 19 de febrero.  

Trámite y traición

24 de febrero de 2023

            Publicado en diario Expreso el 24 de febrero de 2023.

La creación del Estado del Ecuador fue un trámite, empezado en Quito. En mayo de 1830, el prefecto de uno de los tres distritos que componían la República de Colombia, el general venezolano Juan José Flores, aceptó la invitación de los notables del departamento del Ecuador (la antigua provincia española de Quito) para segregar este departamento de la República de Colombia.

El departamento del Ecuador era uno de los tres departamentos que componían el distrito que gobernaba el general Flores. Los otros dos departamentos, Guayaquil y Azuay (las antiguas provincias españolas de Guayaquil y Cuenca), también se segregaron de Colombia por la expresión de sus notables y se sumaron al departamento del Ecuador para constituir un nuevo Estado, que se llamó “Estado del Ecuador en la República de Colombia”, pues este nuevo Estado pensaba confederarse con los otros dos distritos (que hoy son Colombia y Venezuela) para conformar una República de Colombia.

Como el distrito segregado era el Distrito Sur de Colombia, a los venezolanos que impulsaron el trámite para la creación del nuevo Estado se les ocurrió que, por el verano de 1830, el territorio segregado se iba a llamar “Estado del Sur”. 

Las primeras autoridades de este “Estado del Sur” fueron dos venezolanos: el Jefe de la Administración del Estado del Sur, Juan José Flores, y Esteban Febres-Cordero. El primer decreto de Juan José Flores como Jefe de la Administración fue designar a su coterráneo Febres-Cordero como Secretario General. El segundo decreto, firmado por ambos, fue convocar a los ciudadanos “del Sur” a reunirse en Riobamba. La elección de esta ciudad fue una opción lógica dada su aproximada equidistancia a las capitales de los departamentos que iban a componer el nuevo Estado. 

El trámite siguió. La Convención reunida en Riobamba debió empezar sus sesiones el 10 de agosto, pero los diputados llegaron tarde. Se instalaron el 14 de agosto de 1830: en 45 días produjeron una Constitución, 15 leyes, 22 decretos y designaron como primer Presidente del Estado del Ecuador a quien había aprobado el inicio de este trámite de estatalidad, el venezolano Juan José Flores.

Un trámite nos hizo un Estado, pero la traición nos forjó como República. La Constitución de 1830 reconocía en sus artículos 38 al 41 la existencia de un único “Ministerio de Estado”. El Presidente Flores nombró como ese único Ministro a un hombre nacido en territorio ecuatoriano: el lojano José Félix Valdivieso.

Así, desde septiembre de 1830 empezó a operar el Estado del Ecuador, con Flores y Valdivieso a la cabeza del Estado. Para 1834, Valdivieso se había declarado Jefe Supremo del Ecuador, desafiando la Presidencia de Flores que él antes había servido. Esta situación derivó en la primera guerra civil ecuatoriana, resuelta el 19 de enero de 1835 en la batalla de Miñarica con la derrota del ejército del Jefe Supremo Valdivieso. 

De la derrota en la guerra civil de este funcionario traidor que trató de tumbar al Presidente al que sirvió y tras una Asamblea Constitucional reunida en Ambato, en agosto de 1835, surgió la República del Ecuador. Al fin, afirmando su estatalidad, ya sin la tara de creerse parte de una ilusoria República de Colombia.

El 13 de agosto

12 de agosto de 2022

 

Publicado el 12 de agosto de 2022 en diario Expreso.

 

El 19 de julio de 1834, Alexander Scammel Wadsworth, comodoro de la balandra de guerra USS Vincennes (incidentalmente, el primer barco de bandera estadounidense que circunnavegó la Tierra), fue testigo del convenio entre el Presidente Constitucional del Estado del Ecuador, el venezolano Juan José Flores, y un particular sublevado contra el gobierno constitucional de Flores, el guayaquileño Vicente Rocafuerte. El primer artículo del convenio entre Flores y Rocafuerte dispuso lo siguiente: ‘Art. 1.- Habrá paz, unión, concordia sincera y fraternal entre todos los ecuatorianos’. El artículo 2 del convenio dispuso que se debía convocar a una Convención Nacional para la reorganización del país. Este último artículo es el origen de la reunión de representantes que produjo a la República del Ecuador.

 

Para entender el porqué un Presidente Constitucional pudo acordar con un revolucionario un convenio para la reorganización de un territorio, se debe considerar la desastrosa Presidencia de Flores entre 1830 y 1834, que incluye la derrota en una guerra contra Colombia, la invariable crisis de las finanzas públicas y una constante inestabilidad de la conducción política por la aparición de variopintos revolucionarios por doquier.

 

Rocafuerte y otras gentes se le sublevaron en Guayaquil, y acá se vino el presidente Flores a atajar la revolución, pero luego se le sublevaron en la Sierra. El 12 de junio de 1834, el que había sido el primer Ministro del Ecuador, el lojano José Félix Valdivieso (en los orígenes del Estado ecuatoriano, según su Constitución, había un único Ministerio), se declaró Jefe Supremo en Ibarra. Quito se plegó a esta Jefatura Suprema el 13 de julio. Después, el 25 de agosto, se la incorporó a Cuenca. Valdivieso se consolidó como el Jefe Supremo de la Sierra.

 

Para vencer a Valdivieso y mantenerse en las altas esferas del poder, Flores apostó a una alianza con el revolucionario más prominente de Guayaquil, el ilustre y adinerado Vicente Rocafuerte.

 

El 10 de septiembre de 1834 concluyó el período constitucional de gobierno de Flores, quien de manera irregular transmitió el poder a Rocafuerte para que él gobierne en calidad de Jefe Supremo de Guayaquil. Flores se recicló como Comandante del ejército de la Jefatura Suprema de Guayaquil para enfrentar al ejército de la Jefatura Suprema de la Sierra. El 19 de enero de 1835 estos ejércitos se enfrentaron en los arenales de Miñarica. Allí triunfaron Rocafuerte y Flores.

 

Lo siguiente fue cumplir con el artículo 2 del convenio entre ellos firmado en julio de 1834 y la consecuente convocatoria a una Convención Nacional para la reorganización del territorio.

 

Aquí es donde entra el 13 de agosto. La Convención se reunió en Ambato, entre junio y agosto de 1835, para redactar y aprobar una nueva Constitución en la que el Estado del Ecuador dejó de ser un Estado confederado en una República imaginaria y pasó a ser una República por sí mismo. La Convención decidió el 8 de agosto que Vicente Rocafuerte sea el primer Presidente de la República y él, en esta calidad, fue quien puso el ejecútese a la Constitución el jueves 13 de agosto de 1835.

 

Y ese día, que nadie lo recuerda, se originó la República del Ecuador.

El olvidado 13 de Agosto

25 de septiembre de 2021

En la República del Ecuador, las autoridades del Estado conmemoran el 10 de agosto, pero realmente deberían conmemorar lo que pasó tres días después, el 13 de agosto. Creer en la primera fecha es sostener, de una manera oficial y con recursos del Estado, una fantasía. La segunda fecha tiene la incomparable ventaja de estar asentada en un hecho positivo y real.

 

Me explico: el 10 de agosto de 1809 está muy claro que no fue, que jamás intentó ser, un proceso de independencia del Reino de España (v. ‘Lo contrarrevolucionario en la ‘Revolución del 10 de agosto’ (becominga weirdo)’ y ‘El 10 de agosto no fue obra de canallas’). La revolución de agosto en Quito fue el desafío regional de Quito a las capitales de las provincias vecinas de Popayán, Cuenca y Guayaquil, a fin de que se acepte su primacía (Quito como una primus inter pares administrativa de su territorio audiencial, v. ‘Las relaciones exteriores de Quito en 1809’). La movida de Quito resultó un rotundo fracaso, porque nadie le aceptó un carajo.

 

El 24 de Octubre de 1809, forzados por las circunstancias, los sublevados de Quito tuvieron que devolver el poder administrativo a los mismos españoles que lo detentaban antes de haberse hecho la revolución. Pactaron con ellos una inmunidad por sus actos de agosto, la que no fue respetada por las tropas que vinieron de Lima a instancias del Gobernador de la provincia de Guayaquil, Bartolomé Cucalón.

 

Sin mucho trámite, se metió presos a los cabecillas de la revolución. Tras un fallido rescate de estos cabecillas, las tropas peruanas los asesinaron el aciago 2 de agosto de 1810 a ellos, a muchos de quienes intentaron el rescate y a tutti quanti. Así, el rapto de entusiasmo de agosto de 1809 le terminó por costar a la recoleta Quito, el agosto siguiente, la masacre de alrededor de 200 de sus hijos, incluida buena parte de su élite ilustrada. Quito se disparó al pie.

 

En resumen, que el 10 de agosto no puede ser, en estricto rigor, una fiesta nacional. Porque es la conmemoración de lo ocurrido en una provincia, llevado al estatus de fiesta nacional (a pesar de haber sido disputado, enfrentado y vencido por las otras dos provincias que conformaron el Ecuador); porque es una derrota colosal, con masacre incluida, llevada al estatus de acto heroico. Es una farsa, representada como la historia ‘oficial’.

 

En claro contraste, el 13 de agosto resulta una fecha muy comprobable. Se había dado una condición para llegar a ella: Quito había sido vencida en una guerra civil, que se resolvió con la derrota del Ejército de la Sierra en la batalla de Miñarica del 19 de enero de 1835. (v. ‘La república nació en un barco (1834-1835)’). Se impuso en seguida la organización de una Asamblea Constituyente que se reunió en Ambato, la ciudad más cercana a los arenales donde se había peleado la batalla decisiva.

 

Esta Asamblea Constituyente nombró, el 8 de agosto de 1835, a quien fue el primer Presidente Constitucional ecuatoriano (o, por mor de precisión, el primer Presidente nacido en una de las tres provincias y gobernaciones españolas que, en tiempos de la independencia, se unieron para conformar el Estado del Ecuador) y promulgó, el 13 de agosto de 1835, la primera Constitución que declaró que el Estado del Ecuador era una República. Su artículo 1 decía: ‘La República del Ecuador, se compone de todos los ecuatorianos, reunidos bajo un mismo pacto de asociación política’. Y desde la vigencia de este documento, el 13 de agosto de 1835, República ha sido para siempre.

 

En 1809 y 1835 se narran sendas derrotas de Quito. La derrota de la revolución de 1809 se selló con una inmisericorde masacre de quiteños que la llevó a Quito a ser valevergueada por el mismo Dios, quien simplemente ‘aceptó el Holocausto’ (i.e., Dios en plan ‘ya qué chucha’), según cuenta nuestro disparatado Himno Nacional (v. ‘Nuestro himno nacional, explicado’). En 1835, la derrota de Quito (y de la Sierra at large) en una guerra civil fue el paso previo para un breve período de estabilidad política y la fundación formal de la República. Pero a la derrota de 1809, más antigua y borrosa, se la ha falseado de heroica al punto que las autoridades, este año 2021, siguen apuntalando su falso heroísmo con recursos del Estado, verbosidades y protocolos.

 

En cambio, a la otra fecha, el 13 de agosto de 1835, que merecería el grato reconocimiento de ser el momento fundacional de la República, se la ha sepultado en el olvido.

Aves y república

8 de agosto de 2017

Se puede decir que mientras ha habido aves en nuestro Escudo de Armas, ha habido (formalmente) república en el Ecuador. Tanto la representación de las aves en el Escudo como el atributo de república para este territorio provienen de un mismo año y de una misma convención: la celebrada en la ciudad de Ambato el año 1835 (1).

Entre 1830 y 1835 hubo un Escudo de Armas que esencialmente reprodujo aquel de la Gran Colombia (adoptado en el Congreso de Cúcuta de 1821), cuyo diseño se lo atribuye a José Fernández-Salvador, el presidente de nuestra primera convención constituyente, celebrada en Riobamba entre el 14 de agosto y el 28 de septiembre del año 1830 (2). Esta convención dio origen al Ecuador como un Estado independiente, mas no como república. Este último atributo le correspondía a Colombia porque Ecuador era, apenas, el “Estado del Ecuador en la República de Colombia”.

El Escudo de Armas entre 1830 y 1835. Nunca más volvería a no tener aves, desde lo decidido en Ambato.

Llegó 1835 y la segunda convención en Ambato. Desde entonces se colocaron dos aves en nuestro Escudo (en su descripción se aclara que eran “águilas”, no cóndores: esta ave de rapiña se enseñoreó en nuestro Escudo a partir de 1843) y se adoptó, por vez primera, el nombre de “República del Ecuador”.  

(1) Esta convención escogió al primer Presidente Constitucional nacido en el territorio del Ecuador, Vicente Rocafuerte.