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Casal y el año 1534

10 de julio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 10 de julio de 2026.

El año 1895, Manuel Alfredo Casal publicó en Santiago de Guayaquil un libro que contenía unas refutaciones a ciertos dichos de la ‘Gran Guía Estadística Sud-Americana’ acerca de la República del Ecuador. Este libro se había publicado en Génova en 1892 y entre sus tantas refutaciones, Casal explicó que Guayaquil se debió haber fundado el año 1534, no el año 1535 como se sostenía en el libro. 

Esta refutación hecha por Manuel Alfredo Casal no se la basó en la continuidad que existe entre la ciudad de Santiago de Quito fundada en 1534 en las cercanías de la laguna de Colta y la ciudad de Santiago de Guayaquil donde Casal publicó su libro en 1895. La continuidad entre estas dos ciudades (una serrana y otra costeña) es la base del argumento que avanzó por primera vez Miguel Aspiazu Carbo en un libro publicado sesenta años después, en 1955. 

Es importante destacar que este argumento de Aspiazu no lo podía Casal desarrollar en 1895 porque el argumento de Aspiazu surge a raíz de la atenta y razonada lectura de un documento (el acta de fundación de la ciudad de Santiago de Quito, hecha el 15 de agosto de 1534 por Diego de Almagro) que se publicó recién en 1934, con ocasión de los 400 años de fundación de San Francisco de Quito, hecha el 28 de agosto de 1534 (y fundada, justamente, en la ciudad de Santiago).

El argumento de Manuel Alfredo Casal para concluir que Guayaquil se fundó el año 1534 implicó la referencia a un documento no tan conocido y un ejercicio de pura lógica. Por su lectura del libro de Francisco Campos, ‘Compendio histórico de Guayaquil desde su fundación hasta el año de 1820’, él conoció de la existencia de una Cédula Real de Carlos I de España, emitida el 6 de octubre de 1535, en la cual se consideraba a Guayaquil como “la segunda ciudad fundada en los dominios del Reino de Quito”. 

Entonces, dedujo Casal, “acordes en que la ciudad de Lima fué fundada por Pizarro en enero de 1535, mal puede admitirse que Guayaquil fuese la segunda fundación de los españoles, si ella hubiese tenido lugar el 25 de julio de 1535, en cuyo caso hubiese sido la tercera, tomando por base sólo las fundaciones de San Miguel, hoy Piura, fundada en 1532, y de Lima, en enero de 1535”. Finalmente, Casal concluyó: “la fundación de Guayaquil tuvo lugar en 1534.”

Aquel año 1534, justamente, es el que consta en el acta de fundación de la ciudad. Miguel Aspiazu, los esposos Ádam Szászdi y Dora León, Julio Estrada, son historiadores que han demostrado que existe una continuidad entre la ciudad de Santiago de 1534 (fundada en la provincia de Quito) y la ciudad de Santiago de 1547 (que se asentó en el cerro Lominchao -hoy, Santa Ana-, en un área vinculada al cacique Guayaquile). El tránsito de esta ciudad española de la Sierra a la Costa para servir mejor a los propósitos de la conquista y sus varios traslados en la Costa hasta encontrar su lugar definitivo en el cerro Lominchao, son materia de minuciosos estudios por Ádam Szászdi y Dora León.

A los nombres de estos historiadores ilustres para dilucidar la fundación de una ciudad y su tránsito hasta un asentamiento definitivo, en cuanto al año de su fundación, se debe agregar a un precursor del siglo XIX: Manuel Alfredo Casal.

La importancia de llamarse Santiago

18 de julio de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 18 de julio de 2025.

Durante muchas décadas, la fundación de Santiago de Guayaquil fue un enigma. El año 1929, el Concejo Municipal conformó una comisión de historiadores para determinar la fecha de fundación de nuestra ciudad. Pero aquel año 1929 la información era escasa y resultaba imposible conocer algo mejor, así que estos historiadores reunidos en comisión decidieron que el 25 de julio sea celebrado como la fecha de fundación de Guayaquil. 

El 25 de julio es una fecha importante para Santiago de Guayaquil, porque es el día que se celebra a su santo patrono, Santiago Apóstol o Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles de Jesús, que le da su nombre castellano a esta ciudad desde que se la fundó en la montaña. Así, Santiago es el nombre que ha acompañado a Guayaquil desde 1534. Pero el día de su santo, el 25 de julio, no es la fecha de su fundación.

El nombre Santiago es la clave de bóveda para desentrañar el enigma de la fundación de la ciudad. Miguel Aspiazu Carbo (1905-1991) se llamó el entusiasta de la historia que identificó la existencia de una continuidad de la ciudad de Santiago que se había fundado en la Sierra el 15 de agosto de 1534 (en el valle de Cicalpa, cerca de la laguna de Colta) con la ciudad de Santiago que se asentó de manera definitiva en la Costa (en la cima del cerro Lominchao, conocido hoy como Santa Ana) en una fecha indeterminada de 1547. Aspiazu razonó de forma documentada esta continuidad en su libro “Las fundaciones de Santiago de Guayaquil”, impreso el año 1955 por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas.

En este libro que cumplió ya los 70 años de haber sido publicado, Aspiazu estableció que la ciudad de Santiago de Quito se había fundado el 15 de agosto de 1534, que el conquistador Francisco Pizarro había confirmado en sus cargos a las autoridades que se nombraron aquel día de agosto y que, con el nombre Santiago a cuestas, la ciudad fundada en el valle de Cicalpa había empezado un largo peregrinaje por la costa del Pacífico Sur para servir de puerto a una villa (ciudad desde 1541) que se había fundado en esa misma época (el 28 de agosto de 1534) y en el mismo emplazamiento: San Francisco de Quito. 

El acta de fundación de la ciudad de Santiago de Guayaquil consta en el tomo I del Libro Primero de Cabildos de Quito (conocido como “Libro Verde”), con el nombre de Santiago de Quito. Resalta, entonces, la importancia de llamarse Santiago: la ciudad que se fundó en la montaña, pronto fue trasladada a la Costa y perdió el topónimo “de Quito”, para adoptar los correspondientes a sus varios asentamientos en la Costa. Pero la ciudad nunca perdió el “Santiago”, lo que permitió rastrear el camino que siguió con posterioridad a su fundación.

Así, durante este período de peregrinaje por la costa del Pacífico Sur hasta que se concretó su asentamiento definitivo la ciudad, entre otros nombres, se llamó Santiago en Estero de Dimas, Santiago del río de Amay y Santiago de la Culata. En su asentamiento definitivo, esta ciudad que siempre fue Santiago, adoptó el nombre Santiago de Guayaquil, por el nombre de un cacique (Guayaquile) del área que se estaba conquistando y es con este nombre que se la ha distinguido por casi cinco siglos.

Las fiestas de Julio

4 de julio de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 4 de julio de 2025.

Empezó el mes de Julio en Santiago de Guayaquil: el mes de su santo patrono Santiago el Mayor, también conocido como Santiago Apóstol, pero no el mes de su fundación.

Porque su fundación ocurrió el 15 de agosto de 1534, lo que convierte a Santiago de Guayaquil en la ciudad más antigua fundada en el territorio del actual Ecuador (pues la villa de San Francisco de Quito se fundó trece días después, el 28 de agosto). Se la fundó en la montaña, en la actual Sierra central del Ecuador, en las cercanías de la laguna de Colta; por eso, al nombre español de la ciudad (“Santiago”), en los tiempos de su fundación en la montaña, se lo apellidaba “de Quito”, porque tal era el nombre indígena de la vasta región donde la ciudad había sido fundada.

Cuando la ciudad fundada aquel 15 de agosto se trasladó a la Costa para servir de puerto a una San Francisco de Quito que el 6 de diciembre de 1534 se había asentado en su ubicación actual, treinta leguas al Norte de su lugar de fundación, la ciudad de Santiago tomó distintos nombres según el lugar de su asentamiento. Así, ella fue Santiago en Estero de Dimas, Santiago del río de Amay y Santiago de la Culata, para tomar, tras su asentamiento definitivo en el cerro Santa Ana en 1547, su nombre definitivo: Santiago de Guayaquil.

Durante años, la fundación de Guayaquil fue un enigma. El hombre que empezó a descifrar este enigma, quien enlazó a la Santiago de Quito fundada en la Sierra en 1534 con la Santiago de Guayaquil asentada en la Costa en 1547, se llamó Miguel Aspiazu Carbo (1905-1991). Él escribió el libro “Las fundaciones de Guayaquil” en 1955, hace setenta años, que fue publicado por la editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. La Municipalidad de Guayaquil le otorgó a Aspiazu, por esta obra, la Medalla al Mérito Científico.

En esencia: Miguel Aspiazu Carbo dedujo que existían tanto la ciudad de Santiago de Quito como la villa de San Francisco de Quito por la provisión del adelantado Francisco Pizarro, fechada 22 de enero de 1535, por la que confirmó en sus cargos a los designados como alcaldes y regidores en ambos lugares. 

Con este antecedente, Aspiazu se planteó enlazar a la ciudad de Santiago de Quito en la Sierra con la ciudad de Santiago de Guayaquil en la Costa. Aspiazu demostró que, por Cédula Real del 4 de mayo de 1534, el adelantado Francisco Pizarro estaba autorizado “para que cada y cuando le pareciera que un pueblo fundado o que fundare se deba mudar de sitio lo pudiese mudar al sitio que le pareciese, con su nombre”. Y con su nombre, Santiago, la ciudad se mudó de la Sierra a la Costa. 

Esto último se demostró porque Aspiazu encontró una provisión del rey, de septiembre de 1540, donde constaba el nombre de Santiago de Quito para identificar a la ciudad de Santiago que se había trasladado a la Costa y que terminaría siendo Santiago de Guayaquil en 1547. Las investigaciones originadas por este libro pionero (de Dora León, de Ádam Szászdi, de Julio Estrada) sólo han confirmado la hipótesis aventurada por Aspiazu en 1955.

De todas maneras, hay que seguir festejando el 25 de julio: es el día de Santiago, nombre que ha acompañado a esta ciudad desde su fundación en la montaña el 15 de agosto de 1534.

Unas largas fiestas patronales

11 de agosto de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 11 de agosto de 2023.

Guayaquil tiene un problema con su fundación: la vive en fecha equivocada. La vive el 25 de julio, que es el día de su santo patrono (Santiago), cuando ocurrió un 15 de agosto.

El primero en esclarecer el origen de Santiago de Guayaquil fue Miguel Aspiazu. Fue él quien documentó que a los cuatro días de fundada la Ciudad de los Reyes (Lima), un 22 de enero de 1535, el adelantado Francisco Pizarro confirmó los cargos de los alcaldes y regidores de la ciudad de Santiago de Quito (fundada el 15 de agosto de 1534) y de la villa de San Francisco de Quito (fundada el 28 de agosto de 1534). Así, la ciudad y la villa, ambas subsistieron.

En libros extranjeros, Aspiazu encontró la Cédula Real que autorizó al adelantado Pizarro para que una ciudad fundada en su territorio de conquista se pudiera mudar “al sitio que le pareciese, con su nombre”. Esto se hizo con la ciudad de Santiago. La mudaron a la Costa, donde perdió su “de Quito” y terminó por llamarse “de Guayaquil”. Y Aspiazu encontró también una provisión del Rey de España de 1540 que todavía identificaba como “Santiago de Quito” a esta ciudad que buscó asiento en la ribera del Guayas hasta que lo consiguió, de manera definitiva, un día de 1547.

Todo encajaba en la teoría de Aspiazu. Ella fue corroborada por investigaciones posteriores de historiadores como Dora León, Ádám Szászdi y Julio Estrada.

Esta ciudad fue siempre Santiago: Santiago de Quito, Santiago en Estero de Dimas, Santiago del río de Amay, Santiago de la Culata, hasta ser Santiago de Guayaquil, por el nombre de un cacique del sector. 

Antes de las investigaciones de Aspiazu, en 1929, por solicitud del bibliotecario municipal, el concejo municipal de Guayaquil aprobó la creación de una comisión para establecer la verdadera fecha de la fundación de la ciudad. En aquel entonces no se podía saber mejor y los miembros de la comisión decidieron que se mantenga el 25 de julio como fecha de fundación de la ciudad.

Después de las investigaciones de Aspiazu, en 2001, por disposición del alcalde se creó una comisión para establecer la verdadera fecha de la fundación de la ciudad. A pesar de las investigaciones de Aspiazu y demás, que debieron orillarlos a una conclusión distinta, los miembros de la comisión decidieron mantener el 25 de julio como fecha de fundación de la ciudad. Uno de los miembros declaró a la prensa: “El 25 de julio seguiremos celebrando las fiestas de fundación aunque no es la fecha”. 

Reconocer el 15 de agosto de 1534 como el día de la fundación de la ciudad haría justicia a los hechos, además de otorgarle a Guayaquil el timbre de primera ciudad española fundada en el territorio del Ecuador. 

Este reconocimiento del 15 de agosto no obsta que se siga festejando el 25 de julio como las fiestas patronales. De hecho, es también un reconocimiento a un nombre que ha acompañado a la ciudad desde su fundación en la Sierra en agosto de 1534. Así, el 25 de julio puede ser el punto de partida para unas festividades que presenten actividades culturales y artísticas por veintiún días y que concluyan justamente el 15 de agosto, con los festejos del día de fundación de la ciudad más antigua del territorio que hoy ocupa la república del Ecuador.

La ciudad de Santiago

29 de julio de 2022

Publicado en diario Expreso el 29 de julio de 2022.

 

En una quincena de agosto del año 1534 se fundaron en la llanura de Liribamba (Sierra central del Ecuador) una ciudad y una villa españolas que son parte fundamental de la historia del Estado del Ecuador. Ambos asentamientos fueron provisorios, mudables: la villa de San Francisco de Quito, fundada el 28 de agosto, se trasladó treinta leguas al norte para ocupar el espacio de la arrasada Kitu indígena. La ciudad de Santiago de Quito, fundada el 15 de agosto, se la trasladó a la Costa para servir de puerto a la villa que ocupó el espacio de la arrasada Kitu indígena.

 

Con el tiempo, la villa de San Francisco de Quito pasó a ser una ciudad (1541) y fue la sede de una Gobernación (1540) y de una Audiencia (1563), para después convertirse en la capital del Estado independiente del Ecuador (1830). La ciudad de Santiago de Quito, en su tránsito a la Costa para servirle de puerto, mantuvo su nombre cristiano de Santiago, pero perdió el “de Quito” para tomar un nombre relativo a su nueva geografía. El nombre de un cacique reemplazó a su nombre montañés.

 

El hombre que estableció que la Santiago de Quito fundada en 1534 era la misma ciudad que se estableció en un cerro a orillas de un ancho río fue Miguel Aspiazu. Él leyó con atención el acta de fundación de la ciudad de Santiago de Quito y la provisión del adelantado Francisco Pizarro fechada 22 de enero de 1535, por la que esta autoridad confirmó los cargos de los que habían sido designados alcaldes y regidores de Santiago de Quito. De ello dedujo Aspiazu que “no por haberse fundado el Cabildo de la villa de San Francisco de Quito había dejado de existir el de la ciudad de Santiago de Quito”, pues de otra manera no se habría confirmado a esas autoridades en sus cargos.

 

Establecida esta idea, Aspiazu se planteó la hipótesis de que la ciudad de Santiago de Guayaquil fuera la continuación de la ciudad de Santiago de Quito fundada en Liribamba. Aspiazu demostró que, por Cédula Real dada en Toledo el 4 de mayo de 1534, se había autorizado al adelantado Francisco Pizarro “para que cada y cuando le pareciera que un pueblo fundado o que fundare se deba mudar de sitio lo pudiese mudar al sitio que le pareciese, con su nombre”. Y demostró también que, en una provisión del Rey de España hecha en septiembre de 1540, constaba el nombre de Santiago de Quito para identificar a la ciudad que ya se había trasladado a la Costa y que empezaba a asentarse a la vera de un río para servirle de puerto a San Francisco de Quito.  

 

Miguel Aspiazu tiene el mérito de haber razonado y construido este relato de la fundación de la ciudad. Él recordó que, en su viaje a la Costa, la que era Santiago de Quito pasó a llamarse Santiago en Estero de Dimas, o Santiago del río de Amay, o Santiago de la Culata, hasta que finalmente se llamó Santiago de Guayaquil, por el nombre de un cacique, Guayaquile.

 

Dado este antecedente, es un error festejar el 25 de julio como la fundación de Guayaquil pues la fecha de su fundación es el 15 de agosto de 1534, fecha que la convierte a Guayaquil (después de Piura) en la segunda ciudad española fundada en Sudamérica durante la conquista del Perú y la primera fundada en el territorio del Estado del Ecuador.

Guayaquil nació en Ricpamba

17 de noviembre de 2016

En el libro La Real Audiencia de Quito. Claustro en los Andes de Ricardo Descalzi (1912-1990), publicado en septiembre de 1978 por la Alcaldía de Quito, se cuenta acerca de la fundación de la ciudad capital. Se refiere que el 28 de agosto de 1534 se fundó una villa española en una llanura antes llamaba Ricpamba, esto es, “la llanura por donde se va o se sale fuera” (1), con el nombre de Villa de San Francisco. Esta villa, emplazada en otro sitio el 6 de diciembre de 1534 (esto es, “en el sitio y asiento donde está el pueblo que en lengua de indios ahora se llama Quito, que estará treynta leguas más o menos de esta ciudad de Santiago”, según se dispuso en su acta de fundación del 28 de agosto) se convertiría en la Ciudad de San Francisco de Quito (2).

Unos días antes de la fundación de San Francisco, el 15 de agosto, se había fundado la primera ciudad española en el territorio que, en el curso de los años, se convertiría en la república malhecha del Ecuador. Su nombre fue Santiago de Quito. Santiago por el santo español (¡Santiago y cierra España!) y Quito por la provincia en que se la fundó, por razones estratégicas, como bien lo advirtió Descalzi en su libro: “la presencia de [Pedro de Alvarado] determinó a [Diego de Almagro] a fundar una ciudad española, presentando de este modo y a su favor, la total posesión de la tierra” (3).

La misma imagen de esta estampilla por su centenario consta en la solapa de su libro setentero.

El riobambeño Ricardo Descalzi apunta que Santiago de Quito, la primera ciudad española fundada en el territorio que sería el Ecuador, “con el transcurso de los años devendría en la ciudad de Riobamba” (4). No aporta ninguna prueba para ello, pero de todas maneras lo sostiene. En el acta de fundación de esta Ciudad de Santiago de Quito (no Villa, como la San Francisco trece días junior) se advierte la posibilidad de mudarla, en el entendido de que se trataba de un asentamiento provisional, como lo era también el asentamiento de la Villa de San Francisco, trasladado (entre agosto y diciembre de 1534) “treynta leguas más o menos” al norte.

El libro de Ricardo Descalzi es una crónica del “devenir artístico, social y comunitario” en el Quito del siglo XVI (5). Su historia se nutre de las actas del cabildo de Quito cuando las hay (entre los años 1551 y 1573 y los años 1576 y 1593, se encuentran perdidas) y también de Cédulas Reales y otros documentos pertinentes que permitan “suplir la escasez de datos” (6). En todo caso, las evidencias de que el destino de Santiago de Quito era distinto al que Descalzi había sugerido ya eran conocidas, por los empeños del guayaquileño Miguel Aspiazu (1905-1991). 

Miguel Aspiazu explicó el origen de nuestra tropical Santiago de Guayaquil a partir de la lectura de la misma acta de fundación de Santiago de Quito que comentó Ricardo Descalzi en su libro. Acompañado de otros elementos de juicio, recabados con esfuerzo y organizados con ingenio y rigor, Aspiazu concluyó que Santiago de Guayaquil era la continuación de la ciudad española Santiago de Quito fundada el 15 de agosto de 1534 (7). Estas ideas eran conocidas en el Ecuador para la época en que Descalzi publicó su libro (1978), pues el libro pionero de Aspiazu se había publicado el año 1955 (8).

Casi cuarenta años han pasado desde la publicación del libro “oficial” de Ricardo Descalzi (9). Hoy, sólo una necedad rayana en la estupidez negaría que la tropical Santiago de Guayaquil situada junto al río Guayas es la continuidad de la Santiago de Quito que se fundó en una llanura de la sierra central (de nombre “Ricpamba”, según Descalzi) del territorio que hoy es el Ecuador, el 15 de agosto del año 1534, por el conquistador manchego Diego de Almagro (10). El libro de Descalzi (excelente documento, por otra parte) es un testimonio más de lo difícil que resulta, en la historia, la demolición de ciertos mitos y lugares comunes.

(1) “[C]onstaba de tres llanuras contiguas, al pie de la laguna de Colta… La primera entre el norte y el oriente… se llamó antiguamente Liribamba y era la capital de los antiguos régulos de Puruhá… se la conoce ahora con el nombre de Gatazo [….] La de en medio… tuvo y tiene el nombre de Cajabamba, que significa ‘el llano que está entre dos estrechos’ o puertas. La de la parte meridional, la más espaciosa y de clima frío es Ricpamba, esto es ‘la llanura por donde se va o se sale fuera’. Estas tres llanuras se hallaban pobladas, haciendo una sola ciudad o pueblo llamado Tumenpalla conformado por más de sesenta mil habitantes”, citado por Descalzi del libro de Julio Castillo Jácome ‘La provincia de Chimborazo en 1942’, v. Descalzi, Ricardo, ‘La Real Audiencia de Quito. Claustro en los Andes’, Seix Barral, Barcelona, 1978 [Serie: Historia de Quito Colonial; V. 1: Siglo XVI], p. 43.
(2) Quito fue fundada como Villa en 1534. En marzo de 1541, el Emperador Carlos V le confirió el título de ciudad: “Por ende, por la presente es nuestra merced y mandamos que agora y de aquí adelante la dicha villa se llame e yntitule Ciudad de Sant Francisco del Quito e que goze de las preeminencias, prerrogativas e inmunidades que puede y debe gozar por ser ciudad”, v. Descalzi, Ricardo, op. cit., p. 112. Este decreto se pregonó “en las cuatro esquinas de la Plaza Mayor por la voz de Cristóbal de Salcedo” el 26 de septiembre de 1541 (p. 116).
(3) Descalzi, Ricardo, op. cit., p. 44.
(4) Ibíd.
(5) Descalzi, Ricardo, op. cit., p. 12. Tomado del prólogo hecho por Alberto Donoso Darquea, Alcalde de San Francisco de Quito, fechado el 18 de mayo de 1978.
(6) Descalzi, Ricardo, op. cit., p. 176. En total, entre 1534 y 1599, se han perdido las actas correspondientes a unos 38 años.
(7) El azar de un nombre’, Xavier Flores Aguirre, 3 de noviembre de 2015.
(8) Miguel Aspiazu Carbo, ‘El Acta de Fundación de la Ciudad de Santiago de Guayaquil (Santiago de la Provincia de Quito). 15 de Agosto de 1534’, Cuadernos de Historia y Arqueología, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas [1970].
(9) Digo “oficial”, puesto que la participación de la Alcaldía de Quito fue determinante en la publicación del libro, de pasta dura y hermosa factura.
(10) Por cierto, esto implica que existe un mismo lugar de fundación y un mismo fundador para Guayaquil y Quito. El tema es de particular interés, porque Descalzi (de manera paralela a Miguel Aspiazu con su investigación sobre la fundación de Guayaquil) contribuyó a difundir que la fundación de San Francisco de Quito no fue el 6 de diciembre, sino el 28 de agosto de 1534, con la publicación en 1986 de un libro titulado ‘Cinco errores históricos de Quito’, v. ‘Recorra los ‘5 errores históricos deQuito’ de Ricardo Descalzi’, Ecuavisa, 21 de septiembre de 2012. El personaje es una suerte de Jack of all trades: v. ‘Evocación al escritor Ricardo Descalzi’, Diario El universo, 22 de septiembre de 2012.

La ciudad peregrina y gris que se fundó un 15 de agosto

15 de agosto de 2016


Un día como hoy, 15 de agosto, se debería celebrar el aniversario 482 de la fundación de la ciudad de Guayaquil, hecho que se verificó en las cercanías de la laguna de Colta. Guayaquil nació a la vida jurídica en la serranía (eso implica el acto de su fundación), pero terminó ubicada un día incierto del año 1547 en el cerro Lominchao (hoy, cerro Santa Ana) (1).

Su siguiente traslado se decidió el año 1693, a lo que se conoció como “Ciudad Nueva”, la que coexistió con la “Ciudad Vieja” (todavía asentada en el cerro Santa Ana) hasta que el crecimiento de la ciudad terminó por volverlas a juntar. Julio Estrada Ycaza ubica las cuadras originales de “Ciudad Nueva” en “un cuadrado de cinco cuadras de frente (Luque a Colón) y cinco de fondo (Pichincha a Boyacá)” (2).

Las dos partes de la ciudad se unieron, primero a través de un puente de 800 varas que cruzaba cinco esteros, luego a través de un crecimiento que rellenó esos esteros y otros más para avanzar como una mancha gris, arrasando con los recursos naturales, contaminando el agua, enterrando los esteros, dañando las canteras y podando árboles.

La falta de planificación y la ineficacia en el ejercicio de los controles administrativos (ambientales y de construcción) han sido características constantes en la historia de las alcaldías de Guayaquil, sin importar que el partido en el poder haya sido el roldosista o el CFP o el PSC, o cualquier otra tienda política. Desde que el alcalde es escogido por votación popular (año 1947: primer alcalde, Rafael Guerrero Valenzuela) las consecuencias de estas dos características (la falta de planificación y la ineficacia en los controles) ha sido una ciudad cuyo crecimiento es “peregrino y gris”: sin un norte claro (como no sea el favorecimiento, al menos durante el casi cuarto de siglo de dominación de los socialcristianos, a las empresas vinculadas al negocio de la construcción) y con mucho cemento, rejas y segregación.

Esto no es para tomárselo a la ligera: el informe técnico hecho con el auspicio de las Naciones Unidas (proyecto RADIUS) arroja como resultado una ciudad vulnerable a los terremotos; el informe técnico elaborado por expertos de la Corporación Andina de Fomento señala una ciudad vulnerable a las inundaciones y que se desarrolla de una forma tal que gasta siete veces más en implementar una solución ineficaz para prevenir las consecuencias de las inundaciones (3).

Pero las consecuencias en las personas son acaso las más graves. Aquellas produjeron gran asombro en David Harvey, cuando visitó Guayaquil: “Entonces te preguntas qué tipo de mundo se construye allí, en que la experiencia urbana de las personas queda secuestrada tras estos muros, tienen un contacto casi nulo con personas de otras clases sociales” (4).

Hay muchas cosas que deben cambiar en Guayaquil, una ciudad que ha crecido en la dirección equivocada, al amparo de ideas erróneas sobre su desarrollo, así como también sobre su origen (5). Una de esas cosas que debemos cambiar, en relación con esto último, es empezar a celebrar la fundación de Guayaquil el día que le corresponde: el 15 de agosto, puesto que fue ese día de hace 482 años (lo que se conoció por la ingeniosa investigación de un destacado guayaquileño, Miguel Aspiazu Carbo) que empezó el peregrinaje de la que este mismo hecho de su fundación en 1534 convierte en la segunda ciudad más antigua (fundada por españoles) en el Sur de nuestra América, durante la conquista del Perú (6).

(1) La alcaldía de Guayaquil, en los primeros años de administración de Jaime Nebot, creó una Comisión compuesta por Alejandro Guerra, Ana Rodríguez de Gómez, Efrén Avilés y Melvin Hoyos, que publicó un informe el año 2002 en el que determinó que “[e]l mariscal Diego de Almagro facultado por el gobernador Francisco Pizarro fundó en Riobamba la ciudad de Santiago de Quito, hoy Santiago de Guayaquil, el 15 de agosto de 1534”: ‘25 de julio: Guayaquil celebra su fiesta patronal’, en: Calderón Chico, Carlos (comp.), ‘Guayaquil universal: Entre la literatura y la historia’, Libresa, Quito, 2009, p. 107-108.
(2) Estrada Ycaza, Julio, ‘Desarrollo histórico del suburbio guayaquileño’, p. 19, en: ‘Revista del Archivo Histórico del Guayas’, Año 2, Número 3, Junio de 1973, Guayaquil.
(3) De acuerdo con el proyecto RADIUS (‘Herramientas de Evaluación del Riesgo para el Diagnóstico de Zonas Urbanas contra Desastres Sísmicos’, por sus siglas en inglés) “[e]l crecimiento no planificado de la ciudad es una de las principales razones para que el riesgo se haya incrementado significativamente durante los últimos años”; así, la vulnerabilidad de Guayaquil en caso de un terremoto se da “por la vetustez de muchas edificaciones, el incremento de la construcción informal con materiales pesados sin previsiones sísmicas, y la falta de aplicación de código de diseño sismo-resistente”, v. Proyecto RADIUS, Vol. I, Reporte Final a la Secretaría del IDNDR de las Naciones Unidas [Preparado por: Jaime Argudo Rodríguez], p. 9. Por su parte, en materia de inundaciones, los técnicos de la Corporación Andina de Fomento (en un informe que solicitó la misma alcaldía) explicaron que Guayaquil es una ciudad vulnerable a las inundaciones y que el modelo de desarrollo adoptado por la alcaldía de Guayaquil es ineficaz para evitarlo. La construcción de obras que aumentan la capacidad para conducir el agua (esto es, la alternativa escogida por la alcaldía) cuesta alrededor de US$7 millones por kilómetro cuadrado, mientras que las soluciones que incorporan recursos naturales a la planificación del crecimiento de la ciudad son mucho más eficaces y sustentables que la alternativa escogida por la alcaldía de Guayaquil, además de muchísimo más económicas, pues cuestan alrededor de US$1 millón por kilómetro cuadrado: v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tuci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez, ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, Opinión de Expertos Internacionales. Cooperación Técnica de la CAF, Informe Gerencial, junio de 2013, p. 27.  
(4) David Harvey y la vía a Samborondón’, Xavier Flores Aguirre, 13 de diciembre de 2015. Si bien el análisis de Harvey está referido a la vía a Samborondón, no es difícil su extensión a otras áreas de la ciudad. Quien mejor ha sintetizado la idea de Harvey es la argentina Leila Guerriero, quien en una crónica de Guayaquil para el diario La Nación de su país de origen, registró la figura de “El Gato”: v. Leila Guerriero, ‘Guayaquil: la regenerada’, Diario La nación (Argentina), 2 de diciembre de 2007; mis comentarios al respecto: ‘El Gato’, Xavier Flores Aguirre, 11 de enero de 2009; ‘Felinas reflexiones’, Xavier Flores Aguirre, 18 de enero de 2009.
(5) Esta es la idea clave del informe de la CAF: “Guayaquil puede ser una ciudad líder en la gestión verde, inclusiva y sustentable en América latina”, puesto que ofrece “condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de viviendas, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medios ambiente verde, inclusiva y sustentable”, v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tuci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez, ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, p. 31.
(6) La primera ciudad fundada por los españoles fue San Miguel de Piura. La alcaldía de Guayaquil quiso establecer el 15 de agosto de 1534 como fecha definitiva de fundación, por intermedio de la Comisión antes citada. Sin embargo, la idea languideció y terminó por desaparecer de la opinión pública. Una vez más, la ineficacia de la Alcaldía de Guayaquil de llevar a cabo un propósito, puesta de manifiesto.

El azar de un nombre

3 de noviembre de 2015


Publicado en diario El telégrafo el 3 de noviembre de 2015 como "En la urbe prevaleció el nombre indígena, Guayaquil, antes que el hispánico Santiago".

El interés de las autoridades políticas (nacionales y locales) por el pasado indígena de Guayaquil se reduce casi de manera exclusiva a su uso como recurso para la oratoria pomposa.  Por esta razón, lo que se conoce de los pueblos aborígenes que poblaron los territorios en los que se asentó la ciudad de Santiago (durante sus varios traslados por la cuenca del Guayas) ha tenido más de invención fabulosa que de rigor histórico.

Tres son los pueblos aborígenes que tuvieron parte en la fundación de Guayaquil: los huancavilcas, los chonos y los punáes.  Para el guayaquileño en general, sin embargo, esta participación resulta desconocida o, peor aún, infantilizada por fábulas como la de ‘Guayas y Quil’ (a la que el municipio hoy le construye un nuevo monumento) (1).  Ello, a pesar de existir evidencia sobre esta participación en crónicas y documentos del período de conquista, así como en modernos estudios históricos sobre la fundación de la ciudad.  De hecho, en la evidencia del período de conquista se demuestra que los huancavilcas eran “indios de paz” (así fueron descritos por el capitán Diego de Urbina, uno de los primeros alcaldes de la ciudad, en su carta al Rey de España fechada en mayo de 1543) mientras que los chonos eran considerados belicosos y guerreros.  Pero para la fábula oficial y útil a la retórica política, los huancavilcas son el pueblo aguerrido y los chonos, un pueblo olvidado.

Los modernos estudios históricos sobre la fundación de Guayaquil han permitido aclarar la confusión sobre su “proceso fundacional” empezado en 1534 y culminado en 1547, el año de su asentamiento definitivo.  Es importante que estos estudios se reconozcan y valoren, pues es el rigor histórico el que debe prevalecer por sobre las fábulas convenientes a los políticos, por mucho que a éstos les pese.  A partir de esta idea, el presente artículo busca satisfacer dos propósitos: el primero, destacar la curiosa paradoja de que a pesar del desconocimiento generalizado de su pasado indígena, haya sido un nombre indígena el que terminó por identificar a la ciudad; el segundo, resaltar la obra de Miguel Aspiazu Carbo (1905-1991) cuyo libro Las fundaciones de Guayaquil, publicado en 1955, fue el punto de partida para pensar la fundación de Guayaquil con seriedad documental.  Los trabajos posteriores de Dora León Borja de Szászdi y Adam Szászdi y de Julio Estrada Ycaza completaron y profundizaron el camino que Aspiazu señaló.      

Para los propósitos de este artículo es necesario comprender cómo construyó Miguel Aspiazu Carbo su argumentación.  En el prólogo escrito para el ‘Acta de Fundación de la Ciudad de Santiago de Guayaquil (Santiago de la Provincia de Quito) 15 de agosto de 1534’, publicada en los Cuadernos de Historia y Arqueología de la Casa de la Cultura en julio de 1970, este autor explicó de una manera sucinta las razones por las que él entendió que existía identidad entre la ciudad de Santiago de Quito fundada en 1534 y la ciudad de Santiago de Guayaquil que en 1547 se asentó de manera definitiva en el Cerrito Verde (hoy Cerro Santa Ana).

En resumen, el razonamiento de Aspiazu se originó en documentos que constan en el tomo I del Libro Primero de Cabildos (conocido como “Libro Verde”) que publicó el Archivo Municipal de la ciudad capital con ocasión de los cuatrocientos años de su fundación.  Aspiazu hizo una atenta lectura del acta de fundación de la ciudad de Santiago de Quito (hecha por el capitán Diego de Almagro el 15 de agosto de 1534 en Cicalpa, cerca de la actual Riobamba) así como de la provisión de Francisco Pizarro del 22 de enero de 1535 en la que esta autoridad confirmó los cargos de aquellos a los que Almagro había designado como alcaldes y regidores tanto de la ciudad de Santiago de Quito como de la villa de San Francisco de Quito (fundada el 28 de agosto de 1534 por el mismo Almagro, en el mismo asiento de la ciudad de Santiago).  De esta lectura, Aspiazu concluyó que “no por haberse fundado el Cabildo de la villa de San Francisco de Quito había dejado de existir el de la ciudad de Santiago de Quito”, pues es obvio que si esto fuera así, no tendría sentido el que Pizarro confirmase alcaldes y regidores para ambos lugares, la ciudad de Santiago de Quito y la villa de San Francisco de Quito.  En ambos casos, el término “Quito” se refiere a la región, no a la ciudad que hoy es la capital del Ecuador.

A partir de esta idea, Aspiazu intuyó que el Santiago de Guayaquil que creció en la ribera del Guayas era la continuación del Santiago de Quito que se fundó en las montañas serranas.  Para confirmar esta intuición, Aspiazu necesitaba, primero, la evidencia de la facultad para trasladar la ciudad de un sitio a otro y, segundo, la evidencia del uso de Santiago de Quito para identificar a la ciudad que se ubicó en la ribera del Guayas.  Aspiazu consiguió lo primero en el libro Cedulario del Perú publicado por el historiador peruano Raúl Porras Barrenechea en 1944, “en cuya página 163 del primer tomo consta la Cédula Real hecha en Toledo el 4 de mayo de 1534, por la que, a solicitud de Pizarro, expresamente se lo autoriza para que cada y cuando le pareciera que un pueblo fundado o que fundare se deba mudar de sitio lo pudiese mudar al sitio que le pareciese, con su nombre” (el libro se lo envió el propio Porras desde el Perú). 

Lo segundo, Aspiazu lo consiguió en el documento 451 de la colección Harkness (una colección de documentos relativos a la conquista del Perú que el millonario y filántropo estadounidense Edward Stephen Harkness donó a la Librería del Congreso de su país) en el que se publicó la copia de una provisión del Rey de España fechada en septiembre de 1540, en la que constaba el nombre de Santiago de Quito para identificar a la ciudad asentada en la ribera del Guayas.  El original reposaba en los archivos del Cabildo de la ciudad (años después perdidos por los incendios) y hasta allá viajó el escribano Sebastián Sánchez de Merlo para hacer la copia fiel de la provisión y asentó claramente en ella la fecha (29 de setiembre de 1541) y el lugar donde la realizó: la ciudad de Santiago de Quito, pues “era la ciudad de Santiago en la provincia de Quito, no en la de Chile o de Cuba o de Guatemala o de Compostela”, como bien precisa Aspiazu.

Es así que la ciudad que fue fundada con el nombre de Santiago en la provincia de Quito tuvo diversos nombres en sus primeros años, según el sitio de su asiento.  Aspiazu recordó los nombres de Santiago en Estero de Dimas, Santiago del río de Amay, Santiago de la Culata, hasta llegar a Santiago de Guayaquil.  Este autor atribuye el desuso del nombre Santiago a una razón práctica e imprevisible al momento de su fundación en 1534: “seguramente para evitar confusiones al haber surgido ya, más al sur del Pacífico, Santiago de Chile”.  Al día de hoy y desde hace siglos, nadie en Guayaquil se refiere a sí mismo como “santiaguino”, como sí lo hacen quienes habitan Santiago de Chile o de Cuba o del Estero.

Así, es obra del azar y curiosa paradoja el que una ciudad con tan escasa memoria de su pasado indígena haya perdido su nombre hispánico y haya terminado por ser conocida universalmente por un nombre indígena: el nombre de aquel que era cacique de estos territorios (Guayaquile) antes de que lleguen los españoles a ocuparlos por la fuerza.  Y es de justicia rendirle homenaje a Miguel Aspiazu Carbo, quien en una ciudad devota a las fábulas para explicarse su origen, se dedicó a obtener con esfuerzo, ingenio y rigor una explicación histórica razonable para dilucidar aquello que durante siglos se desconoció: la fundación de Santiago, la ciudad que se asentó en los territorios del cacique chono Guayaquile, de quien finalmente tomó su nombre.

(1) Sobre este monumento "a una fábula, con una ejecución tardía y pobre", v. El monumento a Guayas y Quil, Xavier Flores Aguirre, 11 de diciembre de 2015.