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La fundación de Quito

28 de agosto de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 28 de agosto de 2026.

Un día como hoy, hace 492 años, se fundó San Francisco de Quito. Por mor de precisión: el 28 de agosto de 1534 Diego de Almagro fundó la villa española de San Francisco, en la provincia de Quito. El 6 de diciembre de 1534 Sebastián de Benalcázar trasladó la villa de San Francisco a su ubicación definitiva, en la misma provincia que se estaba conquistando por la Corona de Castilla. La trasladó al sitio donde se levantaba la Kitu indígena, quemada y arrasada por Rumiñahui para que los conquistadores no se puedan apropiar de sus riquezas. 

El acta de la fundación de San Francisco es diáfana en el lugar y la fecha en que este hecho tuvo lugar: “En la ciudad de Santiago a veinte y ocho días del mes de agosto del nacimiento de nuestro salvador…”. La ciudad de Santiago había sido fundada trece días antes, el 15 de agosto. Contra toda evidencia se ha dicho de esta ciudad que se extinguió, que fue reemplazada por la villa de San Francisco o que se convirtió en Riobamba. En la realidad documentada, tanto la ciudad de Santiago como la villa de San Francisco subsistieron, ambas fueron fundadas por Diego de Almagro y ambas fueron trasladadas a otros destinos por Sebastián de Benalcázar. 

Que la ciudad y la villa subsistieron se evidencia por las probanzas de once soldados dadas el 12 de octubre de 1534, quienes confirmaron a pedido de Almagro que “en la dicha provincia de Quito” él había fundado una ciudad y una villa. Más concluyente es la provisión del gobernador Francisco Pizarro del 22 de enero de 1535, pues él había firmado un contrato para la conquista con la Corona de Castilla y era quien debía aprobar lo hecho por Almagro en la “provincia de Quito”. En esta provisión, Francisco Pizarro aprobó la fundación de los dos pueblos hecha por Diego de Almagro en nombre de la Corona, “el uno, la ciudad de Santiago y el otro, la villa de San Francisco”.

Subsistieron, y lo que sigue son los traslados. Primero, la villa de San Francisco fue trasladada al lugar donde se decía en su acta de fundación que se la debía trasladar: “el pueblo que en lengua de indios, se llama Quito, que estará treinta leguas, poco más o menos, de esta ciudad de Santiago”. Allí, Benalcázar la asentó el 6 de diciembre de 1534. He aquí el origen de un equívoco: a este conquistador lo celebran como el fundador, cuando no lo fue; a esta fecha la consideran el día de su fundación, cuando realmente es un día como hoy, 28 de agosto. 

El mismo Benalcázar, después de realizado este asentamiento de San Francisco sobre las ruinas de Kitu, regresó al Sur para el traslado de la ciudad de Santiago a un lugar más conveniente, hecho que también estaba prefigurado en su acta de fundación: “pareciéndole á su señoría quel dicho pueblo se debe mudar á otra parte, con el su nombre, se pueda mudar, por que el presente á causa de ser la tierra nuevamente conquistada e andar acabándola de pacificar, no se ha visto ni tiene esperiencia de los sitios donde mejor pueda estar el dicho pueblo…”.

Benalcázar la trasladó a la Costa a inicios de 1535, pero Santiago siguió su peregrinaje por los trópicos hasta asentarse en la cima de un cerro en 1547, con el nombre que la acompaña desde entonces: Santiago de Guayaquil. 

Casal y el año 1534

10 de julio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 10 de julio de 2026.

El año 1895, Manuel Alfredo Casal publicó en Santiago de Guayaquil un libro que contenía unas refutaciones a ciertos dichos de la ‘Gran Guía Estadística Sud-Americana’ acerca de la República del Ecuador. Este libro se había publicado en Génova en 1892 y entre sus tantas refutaciones, Casal explicó que Guayaquil se debió haber fundado el año 1534, no el año 1535 como se sostenía en el libro. 

Esta refutación hecha por Manuel Alfredo Casal no se la basó en la continuidad que existe entre la ciudad de Santiago de Quito fundada en 1534 en las cercanías de la laguna de Colta y la ciudad de Santiago de Guayaquil donde Casal publicó su libro en 1895. La continuidad entre estas dos ciudades (una serrana y otra costeña) es la base del argumento que avanzó por primera vez Miguel Aspiazu Carbo en un libro publicado sesenta años después, en 1955. 

Es importante destacar que este argumento de Aspiazu no lo podía Casal desarrollar en 1895 porque el argumento de Aspiazu surge a raíz de la atenta y razonada lectura de un documento (el acta de fundación de la ciudad de Santiago de Quito, hecha el 15 de agosto de 1534 por Diego de Almagro) que se publicó recién en 1934, con ocasión de los 400 años de fundación de San Francisco de Quito, hecha el 28 de agosto de 1534 (y fundada, justamente, en la ciudad de Santiago).

El argumento de Manuel Alfredo Casal para concluir que Guayaquil se fundó el año 1534 implicó la referencia a un documento no tan conocido y un ejercicio de pura lógica. Por su lectura del libro de Francisco Campos, ‘Compendio histórico de Guayaquil desde su fundación hasta el año de 1820’, él conoció de la existencia de una Cédula Real de Carlos I de España, emitida el 6 de octubre de 1535, en la cual se consideraba a Guayaquil como “la segunda ciudad fundada en los dominios del Reino de Quito”. 

Entonces, dedujo Casal, “acordes en que la ciudad de Lima fué fundada por Pizarro en enero de 1535, mal puede admitirse que Guayaquil fuese la segunda fundación de los españoles, si ella hubiese tenido lugar el 25 de julio de 1535, en cuyo caso hubiese sido la tercera, tomando por base sólo las fundaciones de San Miguel, hoy Piura, fundada en 1532, y de Lima, en enero de 1535”. Finalmente, Casal concluyó: “la fundación de Guayaquil tuvo lugar en 1534.”

Aquel año 1534, justamente, es el que consta en el acta de fundación de la ciudad. Miguel Aspiazu, los esposos Ádam Szászdi y Dora León, Julio Estrada, son historiadores que han demostrado que existe una continuidad entre la ciudad de Santiago de 1534 (fundada en la provincia de Quito) y la ciudad de Santiago de 1547 (que se asentó en el cerro Lominchao -hoy, Santa Ana-, en un área vinculada al cacique Guayaquile). El tránsito de esta ciudad española de la Sierra a la Costa para servir mejor a los propósitos de la conquista y sus varios traslados en la Costa hasta encontrar su lugar definitivo en el cerro Lominchao, son materia de minuciosos estudios por Ádam Szászdi y Dora León.

A los nombres de estos historiadores ilustres para dilucidar la fundación de una ciudad y su tránsito hasta un asentamiento definitivo, en cuanto al año de su fundación, se debe agregar a un precursor del siglo XIX: Manuel Alfredo Casal.

Almagro, el fundador

12 de junio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de junio de 2026.

Diego de Almagro (neé Montenegro, en un lugar de la Mancha de donde él tomó su apellido) era tuerto y analfabeto cuando en una quincena de agosto de 1534 fundó una ciudad y una villa. Con un parche en su rostro para cubrir la cuenca vacía de su ojo derecho, perdido en 1525 por una lanceada en la lucha contra los indígenas de Punta Quemado, Almagro le pidió a un escribano que firme en su nombre el acta de fundación de la ciudad de Santiago (firmó Blas de Atienza) y el acta de fundación de la villa de San Francisco (firmó Juan de Espinoza), ambas en la provincia de Quito. 

Diego de Almagro es un héroe desconocido: en 1534 él fundó una ciudad y una villa que, en el curso de los años, se convirtieron en las dos ciudades más pobladas e importantes de la República del Ecuador, un territorio independiente del reino para el que Almagro tanto luchó desde su llegada a América en 1514, tanto, que le había costado un ojo de su cara (se atribuye a su cuenca vacía el origen de la coloquial frase). 

Diego de Almagro no recibe de las ciudades de Guayaquil y Quito un justo homenaje. Ellas prefieren recordar a Orellana y a Benalcázar, conquistadores españoles que participaron en el traslado de las poblaciones a nuevos asentamientos, más convenientes para su desarrollo. Esto ocurre a pesar de que Almagro se preocupó de dejar inequívoca evidencia de que él fue su fundador. 

Cuando Almagro y su hueste tomaron rumbo al sur para encontrarse con Francisco Pizarro, jefe de la conquista del Perú, Almagro hizo que en San Miguel, el 12 de octubre de 1534, varios soldados dejen una constancia inequívoca de su rol de fundador. En sus probanzas, ante la pregunta: “si saben, que en la dicha provincia de Quito… Y en muy buenas comarcas, según se requiere, dejé fundados dos pueblos: la ciudad de Santiago de Quito y la villa de San Francisco…”, once soldados confirmaron la afirmación de Almagro. El 22 de enero de 1535, sus dos fundaciones fueron aprobadas por el jefe de la conquista, Francisco Pizarro.

Diego de Almagro conocía la imprevisibilidad y los vaivenes de la conquista, por lo que fue precavido y en ambas actas de fundación que firmaron en su nombre, consignó que la ciudad que él fundó el 15 de agosto y la villa que él fundó el 28 de agosto puedan mudarse a otros lugares, como en efecto ocurrió. La villa de San Francisco marchó en seguida al norte, a ubicarse en el sitio donde ahora está, mismo que estaba prefigurado en el acta del 28 de agosto (como el traslado fue en el ámbito de la misma provincia, conservó el “de Quito”). El traslado a su nuevo asentamiento lo hizo Benalcázar, lo que está en el origen de la confusión de atribuirle a él una fundación que nunca hubiera podido hacer, porque no tenía autorización para ello. Él únicamente podía trasladar lo fundado, y eso fue lo que hizo. 

La ciudad de Santiago de Quito se trasladó muchas veces (una de ellas, por Orellana) hasta encontrar su destino en 1547 frente a un río grande, en la cima de un cerro. Por salir del ámbito de la provincia de Quito, la ciudad perdió este topónimo y asumió otro. Quedó como Santiago de Guayaquil. 

Guayaquil y Quito comparten un mismo fundador: el tuerto, analfabeto y olvidado Diego de Almagro.

El nacimiento del Quito español

29 de marzo de 2026

En noviembre de 2023 se publicaron los tres volúmenes de “Historia de Quito. Patrimonio mundial y capital del Ecuador”, coeditado por la Corporación Editora Nacional y el Municipio de Quito, en cuyo segundo capítulo del primer volumen, Carlos Landázuri Camacho escribe sobre “La conquista de Quito”. (1) Es un texto fascinante para observar cómo se distorsiona la historia a pesar de la evidencia existente.

El antecedente necesario: en agosto de 1534, los españoles fundan una ciudad y una villa, en la llanura de Liribamba, hoy Sierra central del Ecuador. La ciudad se fundó el 15 de agosto y se llamó Santiago de Quito, la villa se fundó el 28 de agosto y se llamó San Francisco de Quito (“Quito”, por ser el nombre de la región que los españoles estaban conquistando).

Landázuri Camacho adhiere a la idea de la fundación de Santiago de Quito como una “prueba jurídica” de la conquista del Reino de Quito frente a las pretensiones del adelantado Pedro de Alvarado. E indica que Diego de Almagro “el 15 de agosto de 1534 fundó en Riobamba la ciudad de Santiago de Quito” (p. 60), y añade que esto se lo hizo “con las formalidades legales del caso y dejando constancia escrita de todo: cabildo, alcaldes, regidores, vecinos, todo ello en nombre del monarca español” (pp. 60-61). Y concluye entonces que “la estrategia de Almagro funcionó” (p. 61).

Hasta aquí, todo bien. Pero luego Landázuri Camacho se manda esto: “Volviendo al caso de Santiago de Quito, no está claro si Diego de Almagro la fundó como una población real, destinada a desarrollarse a través del tiempo, o solamente como un recurso jurídico-político, para demostrar que esos territorios ya habían sido conquistados y comenzado su colonización” (p. 61). Esta es una idea absurda, porque Almagro tuvo muy claro que había fundado una ciudad y una villa en esa agitada quincena de agosto del 34. Tal es así, que Almagro solicitó a testigos de las fundaciones de la ciudad y la villa que, el 12 de octubre de 1534 en San Miguel, hagan unas probanzas que así lo acrediten. (2)

A la pregunta: “si saben, que en la dicha provincia de Quito… Y en muy buenas comarcas, según se requiere, dejé fundados dos pueblos: la ciudad de Santiago de Quito y la villa de San Francisco”, un total de once testigos confirmaron en sus probanzas la existencia simultánea de una ciudad y una villa, fundadas por Diego de Almagro. (3)

Para despejar cualquier vestigio de duda: la ciudad de Santiago es “una población real” porque su fundación la aprobó el 22 de enero de 1535, de manera específica, el gobernador Francisco Pizarro, en cuyo nombre las fundaciones de la ciudad y de la villa se habían hecho. (4) 

No contento con esto, Landázuri Camacho despacha esta certeza: “Lo que sí está claro es que la ciudad de Santiago de Quito desapareció de inmediato, tras la partida de Almagro hacia el sur y de Benalcázar hacia el norte y, por lo mismo, nunca existió en la realidad como ciudad, más allá del papel” (p. 61). Esta afirmación es temeraria y contradice el “cuidadoso rigor académico” que supuestamente tiene esta obra (p. 11). Porque tanto existió Santiago de Quito como ciudad, que se celebraron todos los actos para convertirla en “una población real” (Landázuri Camacho dixit) y se celebraron cabildos en ella para discutir cómo tratar la incursión de Pedro de Alvarado, e incluso, como se evidencia en su acta del 28 de agosto, ¡allí se fundó, allí nació, la villa española de San Francisco de Quito! (5)

Posteriormente, esta ciudad donde se fundó Quito se trasladó a la Costa, conservó su nombre español (Santiago) y agregó el nuevo nombre indígena de la región que los españoles estaban conquistando (Guayaquil). Y se empezó a llamar Santiago de Guayaquil.

*

(1) El volumen I “Visión histórica de Quito” de “Historia de Quito” contiene artículos de Segundo Moreno Yánez, Carlos Landázuri Camacho, Javier Gomezjurado Zevallos, Enrique Ayala Mora y Wilson Miño Grijalva. Un comité editorial compuesto por diez personas (David Arcentales, Dora Arízaga, Ramiro Ávila, Enrique Ayala, Javier Gomezjurado, Francois Laso, Luis Mora, Diego Raza, Alfonso Ortiz, María A. Vásquez) supervisó la redacción de la colección de tres volúmenes. 

(2) Dora León Borja y Ádám Szászdi, “Santiago de Quito-Santiago de Guayaquil (1534-1536)”, en: Estudios sobre las fundaciones de Santiago de Guayaquil, Archivo Histórico del Guayas, Guayaquil, 2006 (pp. 75-154). Es un síntoma de la falta de rigor académico que en su análisis de la bibliografía sobre la fundación de Guayaquil en la llanura de Liribamba y sus posteriores traslados hasta situarse en la cima del cerro Lominchao, Landázuri Camacho omita toda referencia a los estudios de León Borja y Szászdi, probablemente quienes han desarrollado con mayor rigor la hipótesis publicada por primera vez, en 1955, por Miguel Aspiazu Carbo.  

(3) En el citado texto, se transcriben (a riesgo de ser repetitivas) nueve declaraciones, de los testigos Francisco de Villacastín, Bernardo Ramírez, Bartolomé de Segovia, Alonso Téllez, Diego de Vega, Pedro Bravo, Antonio Picado, Álvaro Alonso y Vicente Béjar (pp. 95-97).  

(4) El adelantado Francisco Pizarro aprobó el 22 de enero de 1535 en la Ciudad de los Reyes lo realizado por Diego de Almagro en los dos pueblos, “el uno, la ciudad de Santiago y el otro, la villa de San Francisco”, de los que tuvo “por bien de confirmar y aprobar lo que el dicho Mariscal, por virtud del dicho mi poder, hizo y proveyó en la provincia de Quito, y por la presente, en nombre de su Majestad, lo confirmo y apruebo”.

(5) Resulta cuando menos curioso que de la ciudad de Santiago de Quito sí mencione Landázuri Camacho que se la fundó en Riobamba (el pueblo de indios con ese nombre, no confundir con la Fríobamba actual), pero de la villa de San Francisco de Quito omita el lugar de su fundación, que son ¡las primeras líneas del acta que constituye y crea a la villa que él está historiando!

El real de Santiago

2 de enero de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 2 de enero de 2026.

Eran los tiempos de la conquista española de América y entonces el propósito de la acción era afianzar el control del territorio, frente a otros españoles y frente a los indígenas. En esos tiempos, la fundación de las ciudades españolas atendía este propósito. Diego de Almagro y sus hombres fundaron Santiago, para afianzar el territorio frente a otros españoles, y San Francisco, para afianzar el territorio frente a los indígenas. Ambas fundaciones tienen en común el real de Santiago.

Pedro de Alvarado era uno de los grandes nombres de la conquista americana. Avecindado en América en 1510, conquistador en México y Centroamérica, Alvarado quería más y en 1532 firmo una capitulación (digamos, un contrato de conquista) con la Corona española, que lo autorizó a conquistar territorios que no estén siendo conquistados por otros. Y emprendió un viaje con 500 soldados españoles y 2.000 indígenas. 

Por eso el chasco debió ser enorme cuando, después de haber armado una flota gigante de doce navíos, surcado los mares, desembarcado en Caráquez, trepado la montaña con penurias indecibles y pérdida de vidas humanas y animales, Alvarado y sus tropas llegaron a una llanura en el callejón interandino donde pudieron avistar pisadas de caballos.

Un real, en la tercera acepción del diccionario de la RAE, es un campamento militar. Cuando Almagro y sus hombres supieron de la llegada de las tropas de Alvarado, cumplieron todas las formalidades a fin de que aquel real donde estaban asentados en la llanura de Cicalpa sea una ciudad española, en el marco de la conquista de la provincia de Quito. Esto, a efectos de afianzar la conquista del territorio frente a los otros españoles, por tener a su favor un acto jurídico formal que implicaba el dominio del territorio. 

Como eran tiempos de conquista, esta ciudad española tenía inscrito en su acta de fundación que se la podría mudar a otra parte, según convenga. Y así ocurrió: a esta ciudad de Santiago de Quito, fundada en la Sierra, se la trasladó a la Costa. Perdió el topónimo Quito cuando abandonó los confines de la provincia y, andando los años, se convirtió en la portuaria Santiago de Guayaquil.

Pero en el breve período en que estuvo en la montaña y se apellidó de Quito, la ciudad de Santiago nunca dejó de ser un campamento militar. Eso sí, uno donde ocurrieron hechos importantes. Primero, en Santiago se reunieron Alvarado y Almagro el 26 de agosto de 1534 cuando se acordó que Alvarado iba a desistir de su propósito de conquista. 

Segundo, dos días después, en esta misma Santiago, Almagro fundó la villa de San Francisco de Quito, segunda población española fundada durante la conquista de la provincia del mismo nombre, a efectos de afianzar la conquista frente a los indígenas. Esto, porque esta villa se la destinó a asentarse sobre las ruinas de una arrasada ciudad indígena, “que estará treinta leguas, poco más o menos, de esta ciudad de Santiago”, según se lee en su acta de fundación.

La villa de San Francisco se trasladó 30 leguas al norte de Santiago y conservó su topónimo (“de Quito”) porque su traslado se lo hizo dentro de los confines de la provincia que los españoles estaban conquistando. Se convirtió en ciudad en 1541.

"En la ciudad de Santiago..."

5 de diciembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 5 de diciembre de 2025.

El 6 de diciembre de 1534 ocurrió un hecho que estaba prefigurado en el acta de fundación de la villa española de San Francisco de Quito. Eran tiempos de la conquista de un territorio: los europeos que cruzaron el océano para ocupar las tierras de los americanos y someterlos a trabajos forzados, cuando fundaron esta villa española indicaron que su destino era asentarse sobre un poblado indígena, convenientemente arrasado y situado treinta leguas al norte de donde se realizó la fundación de la villa el 28 de agosto de 1534. 

Decía el acta de fundación que ese poblado arrasado era “el pueblo que en lengua de indios, se llama Quito, que estará treinta leguas, poco más o menos, de esta ciudad de Santiago”.

El lugar y la fecha de la fundación por Diego de Almagro de la villa de San Francisco de Quito está indicado en las palabras iniciales del acta (digamos: en su partida de nacimiento). Allí se lee claramente: “En la ciudad de Santiago, a veinte y ocho días del mes de agosto, año del nacimiento de nuestro salvador Jesucristo de mil y quinientos y treinta y cuatro años…”. Esta ciudad de Santiago se había fundado por Diego de Almagro apenas trece días antes, el 15 de agosto de 1534, pero había albergado importantes acontecimientos en este brevísimo y turbulento período.

La ciudad de Santiago en la provincia de Quito se había fundado para tener un mejor título para la conquista del territorio frente a las pretensiones del adelantado Pedro de Alvarado, que venía de Guatemala a conquistar ese mismo territorio. Se fundó esta ciudad con todas las formalidades y se nombró a sus dos alcaldes y ocho regidores. En los primeros días de la ciudad se reunieron los conquistadores en el cabildo a fin de decidir cómo lo iban a enfrentar a Pedro de Alvarado. El 26 de agosto se reunieron Almagro y Alvarado en la ciudad de Santiago para decidir el futuro de la conquista de la provincia de Quito. 

La reunión pudo salir mal y terminar en un enfrentamiento entre las huestes conquistadoras. Pero salió bien y en la ciudad de Santiago se selló un acuerdo. Alvarado consintió recibir 100.000 pesos de oro, volverse por donde vino y dejar en libertad a sus hombres de volverse con él o quedarse.

Dos días después del acuerdo, el 28 de agosto, con la seguridad de haberse fortalecido (por los refuerzos europeos) y de que existía un único rival (los americanos), Diego de Almagro decidió la fundación de una villa para la ocupación del antiguo poblado indígena. Era importante ocupar ese espacio para la conquista de la provincia: así se hizo, y el 6 de diciembre se nombró a los alcaldes y regidores para la villa española que se asentó sobre sus ruinas. 

En cuanto a la ciudad de Santiago donde se fundó la villa que hoy es la ciudad de San Francisco de Quito, desde 1535 fue trasladada a la Costa para servir de puerto a San Francisco de Quito (por lo cual perdió el topónimo “de Quito”, para utilizar otros hasta llegar a su definitivo “de Guayaquil”). Después de varios asentamientos (no fundaciones, porque la fundación fue el acto que se realizó el 15 de agosto de 1534 y es único), la ciudad se terminó por asentar en el cerro Lominchao (hoy, Santa Ana) en una fecha indeterminada del año 1547. 

Los primeros días de Santiago

17 de octubre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 17 de octubre de 2025.

Santiago es el nombre castellano de una ciudad que Diego de Almagro fundó para entrar a una negociación en los tiempos de la conquista de América. En los Andes, los conquistadores del bando del adelantado Pizarro estaban sometiendo la provincia de Quito, cuando tuvieron la noticia de la llegada a ese territorio de otros conquistadores bajo el mando del adelantado Alvarado. 

Pizarro era el gobernador del territorio que se estaba conquistando y Diego de Almagro era su teniente de gobernador en la provincia de Quito, con facultad para fundar ciudades y villas en el proceso de conquista. Santiago fue la primera y fue una fundación en toda la regla, con alcaldes, regidores y vecinos. 

En palabras de los historiadores Dora León y Ádám Szászdi, con la fundación de esta ciudad se quiso reforzar “el derecho al territorio que el rey había concedido a Pizarro con una clara señal de que su título no sólo era de jure, sino también de facto” y también se le quiso poner una barrera a Alvarado “ante sus pretensiones de avanzar hasta el Cuzco, para que se viere obligado a atropellar la justicia real, en las personas de los alcaldes ordinarios, si pretendía proseguir su marcha hacia el sur”.

En la ciudad de Santiago se discutió entre los conquistadores del bando de Pizarro, acerca de cómo enfrentar a Alvarado y su hueste. Almagro se dirigió a los conquistadores reunidos en el cabildo de la ciudad de Santiago para decidir “si será bien estorbarle y resistirle que no pase ni ande por esta dicha Gobernación, para excusar los daños que ha hecho y podía hacer andando en ella, o si le dejara pasar y se irá adelante con alguna gente”.

Finalmente, en la ciudad de Santiago se reunieron Almagro y Alvarado. Se evitó el combate entre sus huestes, porque se llegó a un acuerdo: el pago de 100.000 pesos de oro al adelantado Alvarado para comprar sus naves, dejando en libertad a los que vinieron con él para quedarse en la conquista con el adelantado Pizarro o volverse con él por donde habían venido.

Antes de partir al Sur para que Alvarado reciba el pago acordado, en la ciudad de Santiago Diego de Almagro fundó la villa de San Francisco, para ocupar un poblado indígena situado al Norte (para este traslado Almagro encargó a un subordinado, Benalcázar). Todos estos acontecimientos ocurrieron en una quincena de agosto del año 1534, en la provincia de Quito que se estaba sometiendo a mayor gloria del rey de Castilla.

Ambas, la ciudad de Santiago y la villa de San Francisco, se mudaron de su lugar de fundación (estos traslados no implicaban nuevas fundaciones; la fundación es un acto único, como el nacimiento de una persona). San Francisco lo hizo dentro de la provincia de Quito, por lo que conservó su topónimo original y quedó como San Francisco de Quito.

En el caso de la ciudad de Santiago, los conquistadores la trasladaron a la Costa y perdió su topónimo original (Quito) y tomó otros nombres (Santiago en Estero de Dimas, Santiago de Amay, Santiago de la Culata), hasta que terminó por adoptar su nombre definitivo: Santiago de Guayaquil, en su ubicación definitiva: el cerro Lominchao (hoy conocido como Santa Ana). Pocas ciudades en América tuvieron un comienzo tan agitado como el suyo.

El "Libro Verde"

15 de agosto de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 15 de agosto de 2025.

Un día como hoy, hace 491 años, un mariscal, hombre analfabeto y tuerto, de nombre Diego de Almagro, fundó la ciudad de Santiago de Quito en el valle de Cicalpa (hoy, Sierra central del Ecuador). Trece días después, ese mismo hombre fue el fundador de la villa de San Francisco de Quito, en el mismo lugar. La historia de estas fundaciones se cuenta en el “Libro Verde”, conservado en el Archivo Metropolitano de Historia de Quito (también accesible en su página web), que contiene las actas de fundación de Guayaquil y de Quito, ciudades (Quito lo es desde 1541) que comparten un mismo lugar de fundación y un mismo fundador.

También comparten el hecho de haber sido unas fundaciones provisionales. En el acta de fundación de Santiago de Quito (documento 6 del “Libro Verde”) se prevé que Santiago “se pueda mudar porque al presente, a causa de ser la tierra nuevamente conquistada y andar acabándola de pacificar, no se ha visto, ni tiene experiencia de los sitios donde mejor pueda estar”. El acta de fundación de San Francisco de Quito (documento 10 del “Libro Verde”) es más específica, porque hace referencia a un pueblo “que en lengua de indios, [ahora] se llama Quito, que estará treinta leguas, poco más o menos, de esta ciudad de Santiago”. Y allá se asentó la villa de una manera definitiva el 6 de diciembre de 1534. 

Diego de Almagro fundó la ciudad y la villa en nombre del gobernador y adelantado Francisco Pizarro. Consta en el documento 13 del “Libro Verde” que Francisco Pizarro aprobó el 22 de enero de 1535 lo realizado por Diego de Almagro en dos pueblos, “el uno, la ciudad de Santiago y el otro, la villa de San Francisco”, de los que tuvo “por bien de confirmar y aprobar lo que el dicho Mariscal, por virtud del dicho mi poder, hizo y proveyó en la provincia de Quito, y por la presente, en nombre de su Majestad, lo confirmo y apruebo”.

La ciudad y la villa subsistieron y ambas se mudaron del lugar de su fundación. San Francisco de Quito acudió a su destino inscrito en el acta de su fundación. Santiago de Quito empezó a peregrinar por la costa, perdió el topónimo “de Quito” y se terminó por asentar el año 1547 en un cerro que mira a un ancho río, adoptando otro topónimo (“de Guayaquil”) para acompañar a su Santiago castellano.  

Difieren Santiago de Quito y San Francisco de Quito en su relación con el momento de la negociación entre Diego de Almagro y el adelantado Pedro de Alvarado. Santiago de Quito es anterior a esta negociación que ocurrió el 26 de agosto de 1534, mientras que San Francisco de Quito es posterior. 

Esta diferencia es importante. Diego de Almagro fundó Santiago de Quito, en palabras de González Suárez, como un testimonio de “la anticipada posesión de la tierra en donde se había introducido tan incautamente el Adelantado”, es decir, como un arma ante la inminente negociación con Alvarado (en el “Libro Verde” constan los cabildos celebrados en la ciudad de Santiago de Quito para dilucidar cómo enfrentarlo a Alvarado). Almagro triunfó en la negociación del 26 de agosto y la fundación de San Francisco de Quito es el producto de su éxito. 

Este “Libro Verde” es clave para comprender el origen de las dos ciudades más importantes del Ecuador.

Salvajes europeos en lucha

18 de agosto de 2023

            Publicado en diario Expreso el 18 de agosto de 2023.

Para Santiago de Guayaquil, los pleitos entre europeos durante la conquista del territorio americano fueron la causa para su fundación en 1534 y su ubicación definitiva en 1547.

En 1534, el adelantado Pedro de Alvarado y sus huestes llegaron a las costas occidentales de Sudamérica, específicamente a la bahía de Caráquez. Desde allí se adentraron para subir la cordillera.

Ocurrió que el adelantado Francisco Pizarro y sus huestes ya estaban conquistando ese espacio sudamericano. Ellos supieron que los de Alvarado venían a disputar el territorio y Pizarro lo despachó a Diego de Almagro para enfrentarlos. Estos europeos se encontraron en agosto de 1534 y en condiciones muy distintas. 

Los de Almagro venían equipados y bien dispuestos a la batalla, mientras que Alvarado y su gente eran una multinacional de harapientos. Despeñaderos, clima hostil y la ceniza del Tungurahua; hambre, sed y un cansancio sin fin. La subida de la cordillera les costó cientos de hombres y bestias, y cuando los de Alvarado se encontraron con la gente de Almagro ya no estaban en condiciones de guerrear. 

Más aún, para sostener frente a Alvarado un mejor título para la conquista del territorio, Almagro había fundado el 15 de agosto de 1534 una ciudad con el nombre de Santiago de Quito. El 26 de agosto Almagro y Alvarado convinieron que este último recibiría 100.000 pesos de oro y se iría por donde vino, dejando en libertad a su gente para acompañarlo en su vuelta o quedarse. Entre otros, se quedó Pedro de Puelles. 

A Almagro lo ajusticiaron los pizarristas en 1538, a Pizarro lo asesinaron los almagristas en 1541. Alvarado también murió ese año, luchando contra un levantamiento de los indígenas. Y en cuanto a Santiago de Quito, con el tiempo se mudó a la Costa, perdió su “de Quito” (pues ya no se situaba en ese territorio) y se convirtió en Santiago de Guayaquil, por el nombre de un cacique chono.

En 1547, Santiago de Guayaquil, que siempre se había situado en la ribera oriental del río, se mudó a la orilla occidental del río para hallar su asentamiento definitivo. Su traslado se debió al pleito entre la Corona de Castilla y unos europeos rebeldes capitaneados por Gonzalo Pizarro. Él y otros conquistadores se rebelaron para explotar a los indígenas a su gusto y a perpetuidad. En respuesta, la Corona de Castilla envió a Sudamérica a un pacificador, el obispo Pedro de la Gasca. Esto lo cambió todo. 

El rebelde Pizarro había nombrado a Pedro de Puelles como Gobernador de Quito. Francisco de Olmos era el Teniente del Gobernador en Portoviejo y Manuel Estacio era el Teniente del Gobernador en Guayaquil. Cuando Olmos se enteró de la venida del obispo de la Gasca, Portoviejo volvió a la Corona. Enseguida Olmos se fue a Guayaquil acompañado de otros europeos, a conseguir que ella también regrese a la Corona. Y para conseguirlo, mataron al Teniente Estacio y otras personas.

Temerosos de la venganza del gobernador rebelde Puelles por esta traición y crimen, un día indeterminado de 1547 Guayaquil fue trasladada a la orilla occidental del río. Puelles nunca pudo ejecutar su venganza, pues lo mataron el 29 de mayo de 1547.   

Y fue después de tanta sangre, que Guayaquil finalmente encontró su casa.

Sobre la fundación de Quito

9 de diciembre de 2022

            Publicado el 09 de diciembre de 2022 en diario Expreso

El conquistador Diego de Almagro fue el fundador de una ciudad y una villa en una agitada quincena del mes de agosto de 1534, fundaciones hechas en la llanura de Liribamba, en las cercanías de la laguna de Colta. La ciudad se convertiría en Santiago de Guayaquil y la villa (ascendida a ciudad en marzo de 1541 por el rey Carlos I de Castilla) se convertiría en San Francisco de Quito. Esto significa que Guayaquil y Quito comparten un mismo fundador y un mismo lugar de fundación, siendo Guayaquil anterior a Quito por trece días. 

Diego de Almagro fundó la ciudad de Santiago el 15 de agosto de 1534 y la fundó para oponerla a las pretensiones de otro conquistador, Pedro de Alvarado, como evidencia de una anticipada posesión de la tierra por los españoles comandados por Francisco Pizarro, de quien Almagro era su representante. Este hecho lo disuadió a Alvarado de continuar con su empresa de conquista: negociaron entre conquistadores el 26 de agosto y Alvarado aceptó el pago de 100.000 pesos de oro y volverse por donde vino. Esta ciudad de Santiago fundada el 15 de agosto se la trasladó a la Costa y se la terminó asentando en un cerro el año 1547, tomando el apellido “de Guayaquil” por el nombre de un cacique del sector. 

La villa de San Francisco, por su parte, Diego de Almagro la fundó después de este arreglo entre conquistadores, el 28 de agosto de 1534. Y la fundó con el específico propósito de ocupar el espacio que entonces ocupaba un pueblo indígena. Lo decía claramente su acta de fundación del 28 de agosto, en la que se autorizaba el traslado de la villa de San Francisco “al sitio e asiento donde está el pueblo que en lengua de indios se llama Quito, que estará treynta leguas más o menos de esta ciudad de Santiago”. 

La villa de San Francisco, apellidada “de Quito” por el nombre indígena de la zona que se estaba conquistando, cumplió este traslado indicado en su acta de fundación el 6 de diciembre de 1534. Ese día, entonces, empezó la ocupación y total destrucción por los españoles del pueblo indígena llamado Quito, para erigir una villa española a su entero gusto. En un libro laudatorio de Quito (“La Real Audiencia de Quito. Claustro en los Andes”), su autor, Ricardo Descalzi, cita a Luciano Andrade Marín para resaltar que de la Quito indígena los españoles lo destruyeron todo “sin dejar una piedra sobre piedra en todo lo que había sido palacio real, almacenes, templos, fortalezas y sepulcros de los antiguos Reyes […] Una vez demolida la Quito Inca, los conquistadores se amoldaron a levantar sus viviendas”. 

Entonces, sobre la fundación de Quito: Primero, no ocurrió el 6 de diciembre de 1534, pues ese fue el día en que se cumplió el traslado de la villa, pero su fundación (en cuya acta se prefiguraba el postrer traslado) ocurrió el 28 de agosto de 1534, trece días después de fundada la ciudad de Santiago. Segundo: lo que finalmente se conmemora, cuando se recuerda el 6 de diciembre en Quito, es la ocupación y total destrucción de un pueblo indígena. Y salvo por un profundo desprecio hacia el mundo indígena, las autoridades de la franciscana ciudad deberían revisar la fecha que cada año conmemoran. 

Porque esa fecha, además de falsa, es malosa.  

Pacífico no pacífico

4 de abril de 2020


En los años de mi vida, más allá de las aguas de otros océanos (el Atlántico y el Índico) he visto y disfrutado de las aguas del Pacífico. Mi familia tiene una propiedad desde la que se observa la punta Santa Elena, uno de los sitios más salientes del Pacífico Sur y límite Norte del golfo de Guayaquil. El sitio ha conservado el nombre de la madre del emperador romano Constantino, aquel que puso fin a la persecución del cristianismo con el edicto de Milán del 313. Después de esto, ya los perseguidores serían los cristianos. Y la sub-especie castellana sería una de las más feroces.

El caso es que en Europa desconocían de la existencia del océano Pacífico hasta que el extremeño Vasco Núñez de Balboa y su muchachada lo pudo observar por primera vez en 1513. Recuerdo que en la escuela nos enseñaban que sus palabras, cuando lo descubrió (sumergido en aguas ahora panameñas), fueron: “Oh, mar, qué pacíficas son tus aguas”, en un diálogo con el mar que prefigura a nuestro capo-cómico Alvarito.

Prefigurando a Alvarito. (Nuestro capo-cómico no necesita armadura).

Y dentro de la ancha geografía del océano Pacífico, fue recién en 1527 que uno de los invasores europeos avistó la punta que ahora lleva el nombre de Santa Elena (o Helena, como se escribía endenantes), puesto que el día que la avistó, el 18 de agosto, constaba la tal santa en el santoral, y por ello, ahí está su nombre recogido en el accidente geográfico, en el nombre de la provincia y aún en su capital. Santa Elena rocks.

El invasor que le puso nombre a esta punta fue otro extremeño, Francisco Pizarro. Antes, Pizarro había estado en Panamá y allí lo conoció a su paisano Vasco Núñez de Balboa (años después, su apellido sería moneda), a quien él tuvo el gusto de meterlo preso por disposición del Gobernador Pedro Arias Dávila. Al autor de “Oh, mar…” se lo condenó a muerte y se lo ejecutó enseguida (eran tiempos de justicia sumaria, el rey andaba muy lejos). Se optó por su decapitación, que se llevó a cabo el 15 de enero de 1519.

Después de Panamá, Pizarro se dirigió al Sur, nombró a la punta Santa Elena y a otros tantos lugares, creó ciudades y ocupó y dominó unos territorios inmensos en la América del Sur, todo en nombre de su rey lejano. Pero como a muchos otros, a Pizarro lo mataron. En su caso, fueron los partidarios de Diego de Almagro (entre otras lindezas, fundador en una quincena de agosto de 1534 de la ciudad y villa que devendrían en Guayaquil y Quito) quienes entraron a su casa en la recién fundada Lima (established since 1535) para, a cargamontón, darle chicharrón. Y cumplieron los muchachos almagristas: ello ocurrió el 26 de junio de 1541. Lo mataron a Pizarro (se dice que le atravesaron una espada en la garganta) para vengar la muerte de Almagro, la que se había llevado a cabo en la Plaza de Armas de Cuzco por la vía del estrangulamiento por torniquete, el 8 de julio de 1538.

En resumidas cuentas, la invasión de América por las hordas castellanas fue una matanza, pero lo fue en dos vías: se liquidó a mucha de la población indígena (menos de lo que se piensa por la violencia –lo que es lógico, pues ellos querían explotarlos- y mucha más por las enfermedades para las que los indígenas no tenían inmunidad, como la viruela, la sarampión y otras –los COVID-19 antes del COVID-19), pero también se mataron entre los mismos invasores para acumular más poder y mayor gloria entre los sobrevivientes.

Es así que en este muy breve repaso sobre el océano Pacífico y uno de sus accidentes geográficos, nos encontramos con que al descubridor europeo del océano lo decapitaron y al que le puso el nombre Santa Elena a la punta le cayeron a espadazos, por haberlo, a su vez, estrangulado a Diego de Almagro…

Lo dicho, aquello fue una matanza.

Una fundación intempestiva y útil

10 de enero de 2017


Dos conquistadores españoles disputan un territorio en tierras del naciente Perú en el mes de agosto de 1534, pero para evitar la lucha se sientan a negociar (1). En esta negociación, el conquistador Diego de Almagro tenía las de ganar, pues de su parte estaban el derecho y la fuerza (2). El saldo de la negociación fue una compraventa forzada y una licencia general: el pago de 100.000 pesos de oro por todo el bagaje que el conquistador Pedro de Alvarado había traído de Guatemala a Perú y la libertad a los hombres que habían venido con él a conquistar, para decidir si regresaban o se quedaban. La mayoría se quedaron.

Esta negociación entre Diego de Almagro y Pedro de Alvarado tuvo lugar el 26 de agosto de 1534. Unos días antes, el 15 de agosto, Diego de Almagro había fundado la ciudad de Santiago de Quito como estrategia para afirmar la posesión del territorio. De esta manera, Almagro (nacido de apellido Montenegro en Almagro, La Mancha) sumó un argumento para demostrar la posesión del territorio en disputa a favor del adelantado Francisco Pizarro y, en consecuencia, orillar a Alvarado al abandono inmediato de su empresa conquistadora.

Es imposible determinar en qué medida pesó, pero la fundación ese 15 de agosto de 1534 de la ciudad que derivó en Santiago de Guayaquil, a juzgar por los resultados, satisfizo el propósito que espoleó su intempestiva hechura (3).

(1) Pudo ser distinto: ‘El mal clima contra la expedición de Alvarado’, Xavier Flores Aguirre, 9 de abril de 2016.
(2) El derecho, pues Francisco Pizarro tenía una capitulación a su favor (dada por la corona de Castilla en Toledo, el 25 de abril de 1529) que lo nombraba “Gobernador del Perú”, mientras que Pedro de Alvarado tenía una capitulación a su favor (dada en Medina del Campo, el 5 de agosto de 1532) que le impedía conquistar “las tierras en las que hoy hay proveídos gobernadores”, v. Ortuño Sánchez-Pedreño, José María, ‘Los afanes del adelantado de Guatemala, Pedro de Alvarado por descubrir y poblar en el mar del sur. Documentos y exploraciones’. Revista de Estudios Histórico-Jurídicos, Vol. 27 [2005], pp. 251-279. La fuerza, pues las huestes de Alvarado llegaron a las alturas de Liribamba ya muy mermadas. Al respecto, ver el enlace anterior.
(3) ‘El azar de un nombre’, Xavier Flores Aguirre, 3 de noviembre de 2015.

Guayaquil nació en Ricpamba

17 de noviembre de 2016

En el libro La Real Audiencia de Quito. Claustro en los Andes de Ricardo Descalzi (1912-1990), publicado en septiembre de 1978 por la Alcaldía de Quito, se cuenta acerca de la fundación de la ciudad capital. Se refiere que el 28 de agosto de 1534 se fundó una villa española en una llanura antes llamaba Ricpamba, esto es, “la llanura por donde se va o se sale fuera” (1), con el nombre de Villa de San Francisco. Esta villa, emplazada en otro sitio el 6 de diciembre de 1534 (esto es, “en el sitio y asiento donde está el pueblo que en lengua de indios ahora se llama Quito, que estará treynta leguas más o menos de esta ciudad de Santiago”, según se dispuso en su acta de fundación del 28 de agosto) se convertiría en la Ciudad de San Francisco de Quito (2).

Unos días antes de la fundación de San Francisco, el 15 de agosto, se había fundado la primera ciudad española en el territorio que, en el curso de los años, se convertiría en la república malhecha del Ecuador. Su nombre fue Santiago de Quito. Santiago por el santo español (¡Santiago y cierra España!) y Quito por la provincia en que se la fundó, por razones estratégicas, como bien lo advirtió Descalzi en su libro: “la presencia de [Pedro de Alvarado] determinó a [Diego de Almagro] a fundar una ciudad española, presentando de este modo y a su favor, la total posesión de la tierra” (3).

La misma imagen de esta estampilla por su centenario consta en la solapa de su libro setentero.

El riobambeño Ricardo Descalzi apunta que Santiago de Quito, la primera ciudad española fundada en el territorio que sería el Ecuador, “con el transcurso de los años devendría en la ciudad de Riobamba” (4). No aporta ninguna prueba para ello, pero de todas maneras lo sostiene. En el acta de fundación de esta Ciudad de Santiago de Quito (no Villa, como la San Francisco trece días junior) se advierte la posibilidad de mudarla, en el entendido de que se trataba de un asentamiento provisional, como lo era también el asentamiento de la Villa de San Francisco, trasladado (entre agosto y diciembre de 1534) “treynta leguas más o menos” al norte.

El libro de Ricardo Descalzi es una crónica del “devenir artístico, social y comunitario” en el Quito del siglo XVI (5). Su historia se nutre de las actas del cabildo de Quito cuando las hay (entre los años 1551 y 1573 y los años 1576 y 1593, se encuentran perdidas) y también de Cédulas Reales y otros documentos pertinentes que permitan “suplir la escasez de datos” (6). En todo caso, las evidencias de que el destino de Santiago de Quito era distinto al que Descalzi había sugerido ya eran conocidas, por los empeños del guayaquileño Miguel Aspiazu (1905-1991). 

Miguel Aspiazu explicó el origen de nuestra tropical Santiago de Guayaquil a partir de la lectura de la misma acta de fundación de Santiago de Quito que comentó Ricardo Descalzi en su libro. Acompañado de otros elementos de juicio, recabados con esfuerzo y organizados con ingenio y rigor, Aspiazu concluyó que Santiago de Guayaquil era la continuación de la ciudad española Santiago de Quito fundada el 15 de agosto de 1534 (7). Estas ideas eran conocidas en el Ecuador para la época en que Descalzi publicó su libro (1978), pues el libro pionero de Aspiazu se había publicado el año 1955 (8).

Casi cuarenta años han pasado desde la publicación del libro “oficial” de Ricardo Descalzi (9). Hoy, sólo una necedad rayana en la estupidez negaría que la tropical Santiago de Guayaquil situada junto al río Guayas es la continuidad de la Santiago de Quito que se fundó en una llanura de la sierra central (de nombre “Ricpamba”, según Descalzi) del territorio que hoy es el Ecuador, el 15 de agosto del año 1534, por el conquistador manchego Diego de Almagro (10). El libro de Descalzi (excelente documento, por otra parte) es un testimonio más de lo difícil que resulta, en la historia, la demolición de ciertos mitos y lugares comunes.

(1) “[C]onstaba de tres llanuras contiguas, al pie de la laguna de Colta… La primera entre el norte y el oriente… se llamó antiguamente Liribamba y era la capital de los antiguos régulos de Puruhá… se la conoce ahora con el nombre de Gatazo [….] La de en medio… tuvo y tiene el nombre de Cajabamba, que significa ‘el llano que está entre dos estrechos’ o puertas. La de la parte meridional, la más espaciosa y de clima frío es Ricpamba, esto es ‘la llanura por donde se va o se sale fuera’. Estas tres llanuras se hallaban pobladas, haciendo una sola ciudad o pueblo llamado Tumenpalla conformado por más de sesenta mil habitantes”, citado por Descalzi del libro de Julio Castillo Jácome ‘La provincia de Chimborazo en 1942’, v. Descalzi, Ricardo, ‘La Real Audiencia de Quito. Claustro en los Andes’, Seix Barral, Barcelona, 1978 [Serie: Historia de Quito Colonial; V. 1: Siglo XVI], p. 43.
(2) Quito fue fundada como Villa en 1534. En marzo de 1541, el Emperador Carlos V le confirió el título de ciudad: “Por ende, por la presente es nuestra merced y mandamos que agora y de aquí adelante la dicha villa se llame e yntitule Ciudad de Sant Francisco del Quito e que goze de las preeminencias, prerrogativas e inmunidades que puede y debe gozar por ser ciudad”, v. Descalzi, Ricardo, op. cit., p. 112. Este decreto se pregonó “en las cuatro esquinas de la Plaza Mayor por la voz de Cristóbal de Salcedo” el 26 de septiembre de 1541 (p. 116).
(3) Descalzi, Ricardo, op. cit., p. 44.
(4) Ibíd.
(5) Descalzi, Ricardo, op. cit., p. 12. Tomado del prólogo hecho por Alberto Donoso Darquea, Alcalde de San Francisco de Quito, fechado el 18 de mayo de 1978.
(6) Descalzi, Ricardo, op. cit., p. 176. En total, entre 1534 y 1599, se han perdido las actas correspondientes a unos 38 años.
(7) ‘El azar de un nombre’, Xavier Flores Aguirre, 3 de noviembre de 2015.
(8) Miguel Aspiazu Carbo, ‘El Acta de Fundación de la Ciudad de Santiago de Guayaquil (Santiago de la Provincia de Quito). 15 de Agosto de 1534’, Cuadernos de Historia y Arqueología, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas [1970].
(9) Digo “oficial”, puesto que la participación de la Alcaldía de Quito fue determinante en la publicación del libro, de pasta dura y hermosa factura.
(10) Por cierto, esto implica que existe un mismo lugar de fundación y un mismo fundador para Guayaquil y Quito. El tema es de particular interés, porque Descalzi (de manera paralela a Miguel Aspiazu con su investigación sobre la fundación de Guayaquil) contribuyó a difundir que la fundación de San Francisco de Quito no fue el 6 de diciembre, sino el 28 de agosto de 1534, con la publicación en 1986 de un libro titulado ‘Cinco errores históricos de Quito’, v. ‘Recorra los ‘5 errores históricos deQuito’ de Ricardo Descalzi’, Ecuavisa, 21 de septiembre de 2012. El personaje es una suerte de Jack of all trades: v. ‘Evocación al escritor Ricardo Descalzi’, Diario El universo, 22 de septiembre de 2012.

Cuzco y Guayaquil

25 de abril de 2016

La ciudad de Cuzco tiene una relación curiosa con Guayaquil: fue el lugar de la muerte de dos iniciadores de la ciudad. Allí murió el 8 de julio de 1538 el tuerto Diego de Almagro, ejecutado por orden de Hernando Pizarro y cuyo cadáver se lo decapitó en la Plaza de Armas. Almagro fue el fundador de Santiago de Quito el 15 de agosto de 1534, ciudad que en el curso de trece años terminaría por asentarse en el cerro Santa Ana y llamarse Santiago de Guayaquil (1).

Dibujo de Diego de Almagro por Antonio de Herrera y Tordesillas. Fuente: Wikipedia Commons. 
En Cuzco murió también, aunque en este caso por causas naturales, Gregorio Escobedo, segundo jefe militar del Batallón ‘Granaderos’, quien desde la madrugada del 9 de octubre de 1820 asumió el cargo de Jefe Superior Militar del Guayaquil independiente del Reino de España. En la mañana de ese mismo día 9, un cabildo abierto nombró a Escobedo Jefe Superior de la provincia del Guayas y el 14 de ese mismo mes el Cabildo nombró al arequipeño Gregorio Escobedo como el primer Presidente de la Junta de Gobierno del Guayaquil independiente, compuesta también por los vocales Rafael María Ximena y José Vicente Espantoso. No duró mucho en el cargo, puesto que por sus actos despóticos el Colegio Electoral de la provincia del Guayas, reunido el 8 de noviembre de 1820, lo destituyó de su cargo e instituyó una nueva Junta de Gobierno, compuesta por José Joaquín de Olmedo como su Presidente y por los vocales Rafael María Ximena y Francisco María Roca (2).

Gregorio Escobedo (1795-1836). Fuente: Diario El Universo.
Es cuando menos curioso que el fundador de una ciudad española en América y su primer presidente de un gobierno independiente de España hayan muerto, ambos en el extranjero y ambos en la misma ciudad, Cuzco (no siendo ninguno de ellos nativos de ésta).

(1) 'El azar de un nombre', Xavier Flores Aguirre, 3 de noviembre de 2015. Almagro tomó su nombre de la ciudad manchega en la que nació el año de 1485. Su apellido original era Montenegro.
(2) El resumen de estos hechos se extrajo de: Destruge Illingworth, Camilo, 'Historia de la Revolución de Octubre y Campaña Libertadora de 1820-22', Guayaquil, segunda edición, 1982 [Primera edición, 1920], pp. 163-225. Gregorio Escobedo era, en palabras de Aguirre Abad, un sujeto “dispuesto a todo para satisfacer sus vicios”, v. Aguirre Abad, Francisco Xavier, Aguirre Abad, ‘Bosquejo histórico de la República del Ecuador’, Corporación de Estudios y Publicaciones, Guayaquil, 1972, p. 178.

Quito: la ciudad que no se fundó en diciembre

5 de enero de 2016


“Este acuerdo se dio el 28 de agosto de 1534; y ese mismo día se celebró el acta de la fundación de la nueva ciudad, a la cual se le puso el nombre de San Francisco, no porque hayan entrado los conquistadores en la ciudad el día 4 de Octubre, sino por honrar la memoria de Pizarro, Gobernador del Perú, con cuya autoridad y poderes se hacía la nueva fundación. Esta es la verdadera fundación de Quito y, por tanto, su verdadero fundador fue el Mariscal Don Diego de Almagro, quien dio a la nueva población el nombre de Villa de San Francisco” (1).
La segunda quincena de agosto del año 1534 fue de ajetreos administrativos en la América ecuatorial: se fundaron una ciudad y una villa en Liribamba (a la vera de la laguna de Colta) pues los conquistadores bajo el mando del adelantado Francisco Pizarro (al que alude en la cita González Suárez, cuando habla de la “autoridad y poderes” para hacer la fundación) se iban a encontrar con las huestes comandadas por el adelantado Pedro de Alvarado, que venía de Guatemala a disputar el territorio con los de Pizarro, por lo que ambos grupos, recuerda González Suárez, “estaban a punto de venir a las manos” (2). Los de Pizarro (comandados, en este caso, por el Mariscal Diego de Almagro) querían alegar, para una posible negociación con Alvarado, “la anticipada posesión de la tierra en donde se había introducido tan incautamente el Adelantado” (3). Ese es el contexto de las fundaciones, hechas dentro de una quincena y al apuro. (Al final, Alvarado aceptó el pago de 100.000 pesos de oro por lo que había llevado a estas tierras y se volvió a Guatemala –bien podría decirse que la estrategia rindió).

Esos dos sitios fundados en Liribamba fueron una ciudad y una villa. La ciudad, que se llamó Santiago de Quito, se la fundó el 15 de agosto de 1534, se la trasladó a la región litoral y terminó por tomar un nombre indígena (4); la villa, que se llamó San Francisco de Quito, se fundó el 28 de agosto de 1534 y su traslado al norte no implicó en ningún caso una nueva fundación de la villa el día 6 de diciembre en que se verificó su asentamiento. Este suceso decembrino fue una mera mudanza administrativa: la fundación fue una sola y fue la primera, la que es la “verdadera” según el parecer razonado de González Suárez. Y sucedió un agosto, casi al fin de un mes agitado.

(1) de la Torre Reyes, Carlos (ed.) 1995, Escritos de González Suárez, Banco Central del Ecuador, Quito [Colección de Escritores Ecuatorianos, Vol. 4], p. 145.
(2) Ibídem.
(3) Ibídem.
(4) El azar de un nombre, Xavier Flores Aguirre, 3 de noviembre de 2015.