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Hoy, discusión sobre democracia inconclusa

23 de septiembre de 2009



Hoy, a las 19h00, en el auditorio “Leonidas Ortega” de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil en compañía de mi tocayo y amigo Xavier Castro Muñoz discutiremos un ensayo sobre la democracia inconclusa. La invitación que circula para este caso dice, poco más o menos, lo siguiente:

La Red de Investigadores para el Monitoreo de la Democracia en la Región Andina de la Universidad de British Columbia (Vancouver-Canadá), el Centro de Investigaciones de Política y Economía (CIPEC) y el Programa de Maestría en Gobernabilidad y Gerencia Política de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil difunden el informe de investigación “La democracia inconclusa: derechos fundamentales, instituciones políticas y rendimientos gubernamentales en Ecuador (1979-2007)” de autoría de Santiago Basabe, Simón Pachano y Andrés Mejía.

La agenda del acto de difusión del informe es la siguiente: 1) Presentación del informe por parte del Dr. Santiago Basabe Serrano, Director del Centro de Investigaciones de Política y Economía (CIPEC) y Coordinador del equipo ecuatoriano para el monitoreo de la democracia en la región andina; 2) Comentarios del Ab. Xavier Castro Muñoz, jurista y especialista en temas judiciales; 3) Comentarios del Ab. Xavier Flores Aguirre, analista político y catedrático universitario; 4) Preguntas del público. El acto lo moderará la Lcda. Olilia Carlier de Idrovo, Directora de la Maestría en Gobernabilidad y Gerencia Política de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.

Importante: vino gratis. A ver si alguno de los lectores de esta bitácora déjase caer.

UCSG, mala cosa

23 de enero de 2009

El amigo Héctor Chiriboga, a instancias de esta nota de prensa que publicó Diario El Universo el domingo 18 de enero, publicó esta columna en su espacio como firma ancla de Diario El Telégrafo. La columna parte de los últimos sucesos acaecidos en la elección del Presidente de la Asociación Escuela de Derecho de la Universidad Católica (AEDUC) para derivar en un análisis de la situación actual de la UCSG. Lo hace en los siguientes precisos términos:

“Cuando se piensa la U como una empresa y los criterios son financieros, considerando a los estudiantes como clientes a los que hay que satisfacer para que sientan que todo es fácil y rápido, se producen distorsiones en lo laboral y académico; cuando las cosas realmente importantes no se debaten desde las instancias con mayor representatividad, involucrando a los estudiantes, sino que, por el contrario, se prohíbe las discusiones y cuando la universidad se involucra sin problema en las “causas cívicas”, pero se horroriza porque algunos de sus estudiantes están con el partido contrario, entonces ellos observan el doblez del discurso, y lo aprenden; cuando no sólo se permite que algunos estudiantes agredan al Presidente de la República y profesores, sino que además se los protege, entonces no deben causar sorpresa las balas y agresiones como formas del debate político”.

Este párrafo de Chiriboga es tan preciso como revelador: el afán crematístico por sobre el aval académico, la mucha autocracia y la poca autocrítica, el sesgo y el oportunismo políticos son algunas de las adoquinadas rutas que nos conducen a este debacle académico e institucional de la UCSG. El papá de mi carnaval Curro Toral solía decir cuando algo andaba mal, uh, mala cosa. El buen y sapiente George falleció hará casi tres años: yo le heredé esa frase, que utilizo a menudo y que bien vale para la situación actual de esta pobre UCSG, mala cosa. Pero es que, de veras, no menos puede esperarse de hacer las cosas tan mal, eh.

(Tragi)comedia editorial en El Comercio

15 de diciembre de 2008

En la busca de información para redactar la entrada “Buitres y papel picado” encontré este adefesio. El amigo Héctor Chiriboga me había advertido de su publicación y mucho nos habíamos reído de su torpe comparación. En su parte tragicómica (o mejor dicho, en la más tragicómica, porque el resto tampoco vale mucho) el editorial de El Comercio del 11 de diciembre afirma lo siguiente:

“Lo sucedido en la Universidad Católica de Guayaquil es insólito, aunque desconcierta, pues fue ese centro universitario el que tuvo la hidalguía de oponerse, hace pocas semanas, a una agresión estatal que pretendía convertir a ese campus en un centro de promoción electoral. Entonces hubo una reacción estudiantil, más que de las autoridades, que rememoró las grandes gestas de la universidad en el continente.
Se regresó a la histórica reforma universitaria de Córdova [sic] de 1918 y a los hitos de la universidad ecuatoriana a raíz de la revolución de 1944, cuando Benjamín Carrión enarboló la cultura como identificación nacional.” (Las cursivas son mías)

Me interesa, en particular, la parte en cursivas. El fulano que redactó este editorial desconoce mucho, el pobre, el significado de la reforma universitaria de Córdoba. En un apartado de su extensa y excelente obra de historia sobre América latina (América latina. De la independencia a nuestros días, Fondo de Cultura Económica, Pág. 413-414) François Chevalier describe ese proceso histórico en los siguientes términos:

“[Argentina] fue teatro, en 1918, en la vieja universidad de Córdoba (fundada por los jesuitas), de una insurrección estudiantil cuyas repercusiones continentales, a 50 años de distancia, aún ofrecían curiosas analogías con los movimientos mundiales “contestatarios” en las universidades, entre otros con el de Francia en 1968.
Recordemos brevemente las bases del “manifiesto de Córdoba” y de sus prolongaciones en junio-julio de 1918, que atrajeron la atención de ciertos periodistas europeos […]
De ahí nacen las “bases para la organización de las universidades” que proclamó en su congreso de Córdoba, del 20 al 31 de julio de 1918, la Federación Universitaria Argentina (fundada el precedente 11 de abril).
Las bases comprenden 10 puntos:
1. coparticipación de los estudiantes;
2. nexo institucional con los estudiantes alumnos o diplomados (“vinculación de los graduados”);
3. libre asistencia a los cursos;
4. profesorado libre;
5. periodicidad de la cátedra;
6. carácter público de las actas y de las sesiones;
7. extensión de la universidad fuera de su recinto (o difusión de la cultura universitaria);
8. asistencia social a los estudiantes;
9. autonomía universitaria (sistema diferencia organizativo)
10. universidad social (es decir abierta al pueblo y dependiente del pueblo)
Una vez reconocidas por el Presidente Yrigoyen (decreto de reforma del 13 de octubre de 1918), estas ideas vencen en 1918-1920 a pesar de la vigorosa oposición que suscitaron, sobre todo entre el cuerpo profesional. Se propagaron con rapidez en Montevideo, y especialmente en Perú (1918-1920); después en Chile, Colombia (Bogotá y Medellín), Caracas, México, La Habana, etc.”

Transcrito lo cual, cualquier comparación entre este complejo proceso político y educativo con la pendencia acaecida en los predios de la UCSG el 16 de agosto de 2008 es desconocer (ignoro si por estupidez o por mala fe) el inmenso, gigante hiato que distancia el proceso de Córdoba de este suceso universitario. Para mayor inri, el pobre fulano que redactó este adefesio desconoce que Córdoba se escribe con “b” de burro (un sustantivo que bien podría caracterizarlo, por cierto). Sería solamente para la risa sino fuera porque El Comercio se supone un periódico serio y este adefesio representa su opinión institucional sobre este tema: de allí su condición trágica. Aunque, en todo caso, la risa prevalece: que sirva, entonces, para el escrache y la risa esta necedad.

P.S.- El amigo Héctor Chiriboga publicó este interesante artículo, en sintonía.

Buitres y papel picado

12 de diciembre de 2008

La actitud de Ricardo Antón, Director de la Comercial de Tránsito del Guayas, en relación con la obra del artista Betto Villacís es reprochable y torpe. Reprochable, porque constituye un atentado contra la libertad de expresión artística de Betto Villacís y contra el derecho que tenemos todos los ciudadanos de recibir ideas de toda índole. Torpe, porque el efecto que provocó su reprochable actitud fue el contrario al que pretendió: lejos de impedir que se conozca la obra, contribuyó a difundirla (yo pongo mi granito de arena); lejos de impedir que se afecte la honra de la Comercial de Tránsito del Guayas, contribuye a que en legítimo uso de nuestro derecho a la libertad de expresión los ciudadanos “afectemos” la honra de la muy sensible Comercial de Tránsito del Guayas.












Por cierto, no cabe justificar la actitud de Antón como un ejercicio del derecho a la protesta como alguien sugirió en los comentarios a la entrada que posteó el amigo José María León Cabrera en su excelente bitácora. Yo he suscrito y he postulado el derecho a la protesta que tenemos los ciudadanos, por ejemplo aquí y acá: no es difícil comprender la naturaleza de este derecho a partir de estas palabras del Juez Brennan de la Corte Suprema de Estados Unidos: “Los métodos convencionales de petición pueden ser y suelen ser inaccesibles para grupos muy amplios de ciudadanos. Aquellos que no controlan la televisión y la radio, aquellos que no tienen la capacidad económica para expresar sus ideas a través de los diarios o hacer circular elaborados panfletos pueden llegar a tener un acceso muy limitado a los funcionarios públicos, y como lo que nos interesa es que tengan un acceso regular a los funcionarios públicos, sobre todo si lo que tienen consigo es una queja vinculada con un agravio constitucional muy fuerte, entonces el hecho de que éste sea un grupo con muy especiales dificultades para expresar su punto de vista nos obliga a tener una consideración muy especial frente a los medios que escogen para presentar sus reclamos”. El comentario que Roberto Gargarella formula a esta opinión del Juez Brennan precisa la idea: “Cuando más dificultad tenga un individuo o grupo para acceder al poder, más razones hay para asegurarle una protección especial”. (Gargarella, Roberto, Carta abierta sobre la intolerancia. Apuntes sobre derecho y protesta, Pág. 27-28). No cabe, entonces, amparar la reprochable y torpe actitud de Antón en el derecho a la protesta.

Pero la actitud que de verdad me preocupa, porque se supone que debería estar en sus antípodas, es la actitud de las autoridades de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (¡ay, mi alma máter!). El Vicerrector Académico de la UCSG, Mauro Toscanini Segale, lejos de defender la autonomía universitaria y el derecho a la libertad de expresión, ofreció disculpas a Ricardo Antón; el argumento de éste es paupérrimo: “[n]o puede ser que en la misma universidad donde se educan vigilantes se haga este tipo de mofa de la institución. No lo aceptaré” (en referencia a los cursos que los aspirantes a vigilantes reciben en la UCSG y que los paga la Comercial de Tránsito del Guayas) pero mucho peor es que el vicerrector Mauro Toscanini lo acoja: “Yo pedí que sacaran la pintura porque, en realidad, se afectaba a una institución. 1 200 de estos vigilantes se capacitan en la universidad en valores para que sean mejores en su institución. Y no podemos ridiculizarlos”. Antón conversó con Toscanini; según las propias palabras de Antón, “la CTG no dio ninguna orden para que se retire este cuadro de la exposición. Fueron los propios directivos de la universidad que al darse cuenta de lo que estaba sucediendo dispusieron que se retirara”; Toscanini considera, el pobre, que esa disposición no constituye censura, al tiempo que advirtió a Betto Villacís, cuando retiraba el cuadro que estaba alojado en el vicerrectorado académico, que no podría exhibir la obra en el galería de la universidad.

Sin embargo, el Consejo Universitario emitió el 8 de diciembre una resolución en la que rechaza “todo acto que signifique violación a los espacios y práctica universitaria [sic]”y ratifica “la adscripción y respeto de nuestra Universidad a los principios universales de libertad de expresión” y de “libre expresión artística”. Si esta resolución no es un burdo acto de cinismo y se toma con mínima seriedad lo que se afirma en la misma, la obra de Villacís debería exhibirse en la galería, gústele o no al Director de la Comercial, pésele a quien le pese. Pero es sólo lírica, una verónica para la tribuna. Más pesan 1.200 cursantes, en contante y sonante. Porque es evidente que el único argumento en limpio que exhibe Mauro Toscanini es que debe respetarse a una institución (la Comercial) que educa a 1.200 de sus miembros en la universidad. Los principios que enuncia la resolución son sólo papel picado, que unos buitres picotean por allí.

La universidad en el horno y a Antón el tiro le salió por la culata. Yo quiero contribuir al escarnio y la sátira, pero mis habilidades en materia de diseño son escasas; quien diseñe algo en ese sentido, me lo envía y aquí lo colgamos. ¿Si le ponemos alitas de buitre a este ojón adefesio? Podría ser un buen inicio. Sírvanse.












De parte de Jonathan Lucero

6 de septiembre de 2008

Los acontecimiento de la Universidad Católica (como ciudadano, como ex alumno) me preocupan. Me tentó escribir sobre el tema, una mirada crítica sobre las muchas responsabilidades que cabe adjudicar. Pero no quería hacerlo en caliente. Quería hacerlo con conocimiento de causa, después de conversar con varios de quienes allí estuvieron. No me había dado modos de cumplir con ese propósito ("the days run away like wild horses", decía Bukowski) pero ayer en la noche, en una graciosa conversación con varios estudiantes de la universidad, en principio convocada de manera casi espontánea para discutir un proyecto lúdico de "cine y derecho" (explicar el derecho penal a partir de la Naranja Mecánica, y así) me anoticié, carcajadas y quipes mediante (la reunión se realizó en el comedero del jordano amigo Alí) de varias cosas que precisaron mis ideas y hoy recibí un correo electrónico con varios intercambios epistolares, incluido éste, que transcribo íntegro, de autoría de Jonathan Lucero. Lo abajofirmo en todos y cada uno de sus puntos. Ahí les va:

"Saludos a todo los que reciban este correo, en especial a quienes han participado en esta discusión.

Me alegra que el mail que inicialmente envié, haya producido un debate tan rico y oportuno. Veo con sumo agrado que se han dicho cosas sumamente interesantes, así como reflexiones muy profundas, mucho más coherentes y complejas de las que haya visto en medio masivo alguno.

Creo que debo iniciar respondiendo algo que Daniela dice en su primer texto. En efecto, Yo 'confieso' haber estado presente en el lugar de los hechos violentos, luego de que el presidente se marchó. El problema precisamente es que estuve cuando se supone que 'todo había pasado'. Pero resulta que no todo había pasado. presencié una agresión física a un ser humano que decidió filmar a una autoridad municipal presente en el lugar. Justamente hoy escuché una justificación terriblemente dudosa para el ataque, excusa que provino de alguien que respeto muchísimo: 'por qué Burbano estaba filmando a Roche?'. Yo a eso simplemente respondería cosas como ¿Y por qué no? ¿Qué se lo impedía? ¿No se llama eso libertad de expresión?

En todo caso, es preciso el comentario de Daniela en el sentido de que dicho mail pretendía ser un testimonio sobre un hecho violento acaecido minutos después de que, aparentemente, los ánimos se habían calmado.

En esta ocasión, para seguir el hilo de la discusión, quisiera hacer unos cuantos comentarios sobre los hechos protagónicos de aquel sábado. Me resultará un poco difícil, puesto que Carlos Burgos, con quien comparto muchos intereses académicos, ya ha dicho cosas sumamente valiosas y de una manera muy precisa.

Esta ha sido una semana difícil de digerir en la Universidad Católica. Como si no bastara la labor de hacer una honda reflexión sobre los hechos del sábado y las posturas mediáticas tomadas al respecto, el inicio de la súbita pausa de dos días en la institución, planteó muchas más interrogantes hacia todos los involucrados. Fue terriblemente penoso ver al rector de la Universidad Católica negarse a hacer declaraciones a la prensa, pero aún más penoso fue verlo acercarse sigilosamente a los estudiantes que sí las estaban dando, para, a espaldas de los reporteros, hacerles señas de que se callaran. Cuando un compañero de la carrera de Comunicación Social se acercó a la máxima autoridad universitaria para preguntarle frontalmente por qué había cerrado las puertas de la institución, éste atinó a responder: 'tú no sabes lo que yo sé'.

A veces, cuando pienso de manera foucaultiana en estas cosas, termino viendo a las instituciones como maquetas de un sistema mucho más grande.

No ha sido jamás mi intención justificar la acción de la policía. También he sido agredido en varias ocasiones por agentes del orden, entre las cuales se cuentan la del primer año de corridas de toros en el coliseo cerrado, a la que también se refiere Carlos; fui grabado e intimidado por miembros de inteligencia de la Policía Nacional, vestidos de civiles, durante protestas realizadas en los dos primeros aniversarios del Caso Fybeca. Y cómo podría faltar, la respectiva disputa verbal con el guardia de la Plaza San Francisco, quien luego de que me senté en el suelo, me juraba por su santa madre que aquel espacio era propiedad privada, y estuvo a punto de meterme en la camioneta de los metropolitanos. De eso nadie sabe, y está muy bien así. No me interesaba en lo absoluto aparecer en programas de tv en el papel de agredido. Conozco por experiencia los abusos a los que la policía puede ser capaz de someter a manifestantes, sean estos violentos o no.

Tampoco tengo intenciones de hacer proselitismo en favor del presidente. Concuerdo con Carlos en la mayoría de sus apreciaciones respecto a ese sujeto y a su papel en la política ecuatoriana. No se trata de un héroe que salvará a la patria, sino tan solo del individuo necesario para convulsionar la política del país desde sus cimientos. Tristemente, me parece que la única forma en que la ciudadanía ecuatoriana puede reaccionar de su letargo, es a través de convulsiones que rara vez nos parecerán agradables. El actual presidente tampoco me produce temor, y esa demonización que es incluso promovida desde algunos círculos intelectuales, realmente me parece bastante vacía. El clima social actual, atado al terrorismo mediático en que incurre la prensa al tacharlo de dictador o comunista, impide hacer una crítica real y veraz de los verdaderos y gravísimos defectos de nuestro jefe de estado, quien cada vez parece esforzarse más y más por errar.

¿Por qué entonces la crítica hacia los estudiantes universitarios en particular? Por que nadie la hace. En medio de la mediocridad convertida en norma, nadie reflexiona a conciencia en que los hechos violentos del día sábado, que tuvieron a los estudiantes de la universidad católica como una de las partes protagonistas, son un síntoma de un proceso degenerativo del cual las autoridades son tan concientes como responsables. No es casual el silencio del rector. Definitivamente tampoco es casual que, en medio del conflicto, quienes resultan ser los iluminados, los defensores de los intereses de los estudiantes, son gente como el Sr. Buitrón. No es casual que el presidente de la federación de estudiantes, pese a no estar alineado con el rector, haya aprendido de él la lección de bailar al son necesario para encontrar apoyo económico o político, lo cual se comprueba con el supuesto pronuciamiento del sr. Sánchez en favor del sí, meses después de haber suscrito el Mandato de Guayaquil (luego de lo cual, por cierto, nadie reclamó ni criticó, pese a arrogarse el nombre de los estudiantes para fines políticos, igual que en esta ocasión). Lo rescatable del actual representante estudiantil talvez sea que, hasta ahora, no surgen indicios de malversación de fondos, lo cual fue habitual durante los dos años anteriores.

Todo esto configura para los estudiantes y sus posiciones en torno al conflicto un panorama mucho más complejo que, digamos, el presente en la misma institución en 1972. Hoy, incluso quienes toman posturas de manera sincera, de acuerdo a sus convicciones, no están muy seguros de a quién terminan sirviendo.No dudo que el gobierno esté manipulando este suceso y armando estrategias. Pero tampoco dudo que lo haga el municipio. Y dudo menos aún de que el partido político que perdió las elecciones de representación estudiantil esté tratando de aprovechar la coyuntura para salir bien librado. Menos aún dudo de la intención de los mal llamados 'representantes' de los estudiantes, de encontrar plataformas políticas en medio del caos develado en estos días.

Busquemos coherencia: si los estudiantes que iniciaron, o que reaccionaron con violencia el día sábado, no responden a intereses que vayan más allá de sus propias convicciones y sus acciones no apuntan a favorecer sus cuentas bancarias, ¿por qué permiten que los represente gente de esa calaña? Esta es la razón por la que algunos estudiantes de derecho a quienes admiro por su integridad y que votarán por el No para el plebiscito, se averguenzan de la forma en que sus compañeros se han hecho notar en los medios.

Y es que como dice Carlos, esto es lo que la universidad nos enseña, con la venia de algunos políticos, para quienes los resultados económicos están muy por encima del pensamiento y el conocimiento. Nuestra ciudad es la insignia de esa forma de concebir la realidad, y nuestra universidad es un fiel reflejo de ello.

Como dije antes, este foro ha sido muy productivo. ¿Por qué nos vemos obligados a realizarlo por vía electrónica? ¿Qué espacio hay en Guayaquil para realizar este tipo de discusiones? ¿Qué creen que sucedería si se planteara un espacio de debate sobre el problema, dento de la universidad? Digo esto unas horas después de que me he enterado de que rige para los estudiantes una prohibición de dar declaraciones a medios de comunicación sobre este tema. Pero lo más terrible es que antes de que nos paralice la censura de las autoridades, ya nos habrá detenido el miedo asimilado a través de la cultura, que ahora llevamos impregnado en cada músculo. La razón por la que los representantes mediáticos son individuos de moral tan deplorable, es que quienes tienen el respeto y la inteligencia necesaria para pronunciarse de manera auténtica, están aterrorizados. Este día hablé con ilustres docentes de la universidad, en busca de alguno que se adhiera a la idea de un grupo de estudiantes de derecho, de generar una declaración pública que abra un debate sobre el tema. No hubo uno solo que esté dispuesto, y no por que no estuvieran de acuerdo con la idea. Todos felicitaban, decían que era lo necesario, que ya era hora que alguien defienda la universidad y evite que se termine de perder en diez minutos lo que se había construido por 45 años. Sin embargo, inmediatamente se llenaban la boca de peros relacionados a su imposibilidad de participar debido a la posición que ocupan en la institución. Creo que puedo comprenderlos. Pero no puedo dejar de pensar que el día en que yo esté en esa misma posición, me sentiré terriblemente desgraciado. Callar por conveniencia, a mi parecer, es un destino infame. Foucault en este apartado, sigue teniendo razón.

También es necesario que las personas aprendan a diferenciar la defensa coherente de una postura y la fidelidad religiosa hacia ella. Claro, esto es una utopía. Para Habermas, la clave de la vida en sociedad está en alcanzar identificaciones racionales. Desde nuestra perspectiva teórica, todo lo que se puede alcanzar es nada más que una racionalización de las identificaciones. Los apasionamientos hacia o contra un bando, habría que dejarlos para el estadio.

No soy tan optimista como Carlos. Creo que todo este asunto y cuanto se quiera hacer para solucionarlo, terminará en el fracaso. Es más, a este escándalo le quedan escasos 7 días de duración, es decir, hasta que culminen las clases en la universidad. Luego, la prensa callará. Daniela, Carlos, Mónica y yo habremos escrito una serie de molestos mails mostrando nuestras posturas, y se perderán entre los días y los mensajes que vayan llegando a las bandejas de entrada de todos los receptores. Con un poco de suerte, las autoridades serán capaces de maquillar nuevamente el verdadero rostro de la educación universitaria, que se dejó ver en estos días. Quien sabe, talvez con un poco de apoyo económico y mediático, se podría aprovechar la situación hasta para hacerle un par de implantes y una inyección de botox a la imagen de la institución. Todo se volverá a perder. Y quienes ya estamos cerca de abandonar la universidad, miraremos el asunto con resignación; pero aquellos individuos sensibles a la indignación y libres de conveniencia, lo vivirán con desesperación. Acá, no pasará nada. Nada bueno al menos. La ciudad no despierta y no va a despertar, salvo para defender a su exlusivo caudillo de turno.

No obstante, pienso que el hecho de que no se vaya a lograr nada no desmerece el intento personal de que algo se mueva. Es talvez una forma de no sentirme en deuda conmigo mismo ni con los que me rodean. Expreso mi punto de vista sin esperar que alguien escuche, sino tan solo porque pienso que es correcto. Medito mi voto luego de haber leído la constitución. Entro en el apartado de los indecisos. Soy capaz de reconocer los (pocos) aciertos del gobierno tanto como los del municipio de mi ciudad, así como me doy la libertad de criticar los errores y horrores provocados por ambas instituciones. De hecho, no soy muy amigo de las instituciones, conceptualmente hablando. Pero tampoco tengo la más mínima esperanza en que los sujetos hagan lo correcto.

Y sin embargo, aquí estamos. Esperando respuestas y deseando no haberlos cansado, me despido.

Jonathan Lucero"

Reflexiones de victoria

28 de octubre de 2006

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Publicado en diario El universo el 28 de octubre de 2006.

*

Las finales son ocasiones muy tensas porque todo se resume allí: el esfuerzo previo, el riesgo tomado y el cumplimiento eventual del reto que se asumió. Si la decisión final resulta favorable, se desata la euforia y se siente la enorme satisfacción del deber cumplido y una dicha casi infinita. Así sucedió hace unos pocos días, precisamente la tarde del 20 de octubre del 2006, en la ciudad de Santa Fe de Bogotá durante la ronda final de la III Edición del Concurso Iberoamericano de Derechos Humanos y Derecho Internacional Francisco Suárez S.J. organizado por la Pontificia Universidad Javeriana, mismo en el que participaron dieciocho equipos de ocho países de América Latina. En esa tarde, la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil venció a la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, desatando con esto la euforia, cumpliendo el deber y sintiendo, entonces, esa dicha casi infinita que les menciono.

Por cierto, el hecho era inédito: no porque Ecuador no hubiera obtenido otros triunfos en concursos de derecho internacional (los dos únicos antecedentes: la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil ganó el Concurso Víctor Carlos García Moreno, que organizó el Consejo Latinoamericano de Estudiosos del Derecho Internacional y Comparado Capítulo México en la ciudad de México D.F. el año 2002 y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador el mismo concurso Francisco Suárez S.J. el año pasado) sino porque era la primera ocasión que en la final de un concurso de derecho internacional se enfrentaban (dejando de lado, además, a excelentes universidades del continente como la Francisco Marroquín, de Guatemala, la Javeriana, de Colombia, o la Universidad de Buenos Aires, entre otras) dos universidades del Ecuador. Este hecho, que además de significar que en el país sí existe gente de probado talento a escala internacional (y no solo la escoria política y la medianía intelectual que tanto abunda), me conduce a participarles de dos reflexiones.

La primera de ellas: la importancia de la realización de este tipo de actividades académicas, no solo porque contribuyen a una formación académica de calidad de los estudiantes y profesionales que participan en ellas, sino porque además sirven al propósito de entender la auténtica naturaleza de los derechos humanos. En este país se tiene la distorsionada, errónea y ridícula concepción de que los derechos humanos son “los derechos de los delincuentes” (la pobreza intelectual de cierta derecha lo sostiene con énfasis) como si no fueran, en realidad, un entramado muchísimo más complejo y amplio que abarca, por supuesto, las garantías judiciales de todos (un presupuesto necesario para que exista en rigor aquello que llamamos “sociedad democrática”) como también un elenco de derechos civiles y políticos que suponen obligaciones al Estado para que este se abstenga de ejecutar ciertos actos que interfieran de manera ilegítima en la vida y propiedad de las personas como, además, obligaciones positivas para demandarle al Estado un compromiso activo a favor de generarle a todas las personas las aceptables condiciones materiales de vida que merece. Estos concursos contribuyen a disipar y otorgar herramientas para disipar esta penosa confusión.

La segunda reflexión es la necesidad cierta de incentivar de manera directa la participación en estos acontecimientos académicos. Existe, se sabe, gente de probado talento en el país; no existe, en contraste, salvo muy contadas excepciones, políticas universitarias que los aprovechen para demostrar la supuesta “excelencia académica” a la que toda universidad debe, o debería, aspirar. En muchas universidades (incluida la mía propia, la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil) en las que ni siquiera figura en el pénsum la cátedra de ‘Derechos Humanos’, es difícil pensar todavía que se pueda institucionalizar la participación en estos concursos académicos. Y sin embargo, valga como conclusión decirlo sin ambages, el auténtico propósito de la Universidad, su sentido último, va en ello. Ojalá sea momento oportuno para pensárselo.