Anécdota ciclo-dialéctica (con gabachos de telón de fondo y sin café)

25 de marzo de 2009

Llegué unos pocos minutos antes al desayuno pactado en la cafetería del hotel Oro Verde. Estacioné mi bicicleta en un delgado árbol diagonal al consulado de los Estados Unidos de América. Me encontré con un amigo de tiempos cristobalinos, con quien conversaba corteses trivialidades hasta que apareció en escena un policía nacional. Me dijo, con la distante cortesía de quien ejerce autoridad, que no podía estacionarme en ese lugar. Sucedió un diálogo similar al siguiente:

xaflag: ¿Por qué?
policía nacional: Porque no puede, señor.
x: ¿Puedes explicarme el por qué no puedo? Porque para que yo no pueda hacerlo tienes que ofrecerme una razón, aunque sea chiquitita. (Hice un gesto con los dedos pulgar e índice para expresarle lo chiquitita que podía ser.)
pn: Por razones de seguridad.
x: Si esa es la razón, te pido que me expliques de qué manera mi bicicleta constituye una amenaza a la seguridad del sector. Mírala, es inofensiva. (Señalé la bicicleta.)
pn: (Pensó un rato, sabrá el Dios de los cristianos en qué y de qué manera) Es por las cámaras.
(En este punto se acercó uno de los guardias privados tantas veces mentados en esta bitácora como sujetos de escasas luces. Se acercó en plan mirón, solamente.)
x: Si esa es la razón, te pido que me expliques de qué manera afecta mi bicicleta en este árbol a la vigilancia que realiza la cámara del consulado.
(Pensó de nuevo –pensó es un decir).
x: ¿A ti no te parece (dije, dirigiéndome al gordito guardia privado que andaba de mirón) que no tiene lógica que se impida estacionar mi bicicleta aquí? ¿Te parece que afecta a la seguridad del sector o a la cámara del consulado? ¿Te hace sentir inseguro mi bici?
(El tipo no respondió y miró a otro lado –no creo que haya pensado ninguna respuesta, acaso una tarea demasiado compleja para él. Me di cuenta que la disputa era inútil, estaba de buen humor todavía y no quería perder más tiempo so pena de retrasarme para el desayuno.)
x: Entiendo tu preocupación (dije, dirigiéndome al policía), la que no tiene relación con la seguridad de nadie, ni con la del consulado. Todo es porque más tarde si la bicicleta sigue aquí tus jefes te pedirán explicaciones y quieres ahorrarte el problema. Tus jefes te dieron órdenes y tú solamente las cumples. Solo quería añadir que en el país del consulado estacionar la bicicleta donde yo lo he hecho es normal, muy normal. Dime, ¿el que no se estacione aquí la bicicleta, es por el consulado o por la regeneración?
pn: Por los dos. (El gordito guardia privado volvió a mirar.) Por el consulado y por la regeneración.
x: ¿Estás de acuerdo conmigo en que no me ofreciste ninguna razón válida para que no estacione mi bicicleta aquí, no? (se lo dije en plan distendido).
(El policía asintió sin mirarme a los ojos.)
x: Ok. Dime, ¿la puedo estacionar en este cesto, aquí junto? Está fuera del perímetro del consulado y, supongo, de su cámara.
pn: Déjeme consultar.
(Habló en paisano con el que supongo su superior inmediato. No escuché demasiado, porque llamé para avisar que ya entraba a la cafetería en un par de minutos.)
pn: Haga el favor, estaciónela en esas rejas afuera de la cafetería.

Hubo un último intercambio de trivialidades y estacioné mi bicicleta tal como puede observarse en la foto que arribaubico. Los hechos y el diálogo hablan por sí solos. Entré de inmediato a la cafetería donde, ¡chiale!, todavía no puedo tomar café por prescripción de mi dentista. (Jugo de sandía, por favor)

P.S.- El lugar de los hechos: el árbol, en la parte baja casi al centro.








12 comentarios:

Anónimo dijo...

Te apoyo, lo mismo me hicieron a mi al tratar de parquear mi bici en la explanadita cerca de la escalinata del cerro santa ana... tuve que arrumarla a la reja que da hacia la calle bajo un arbol y un muro... sencillamente, no entiendo que tanto temor a los guardias de seguridad les da una bicicleta... y peor aun un ciclista!!!... Por eso hay que seguir sumandose, para hacer montón y la cosa caerá por su peso.. Las ciudades gigantes y que se precian de brindar a sus ciudadanos espacios de movilidad y libertad, promueven abiertamente el uso de bicicletas!!! Aquí esto tardará pero llegará... será como esperabamos el estreno de ET en los 80...como un año despues ... hahaha...algo así.!!!!

byceversa dijo...

Pico y pala más bien. Qué hace la calle hecha peatonal para guarecer a estos del consulado yo me pregunto? Recuerdo los más de 6 años que diariamente pululaba por esos lares cuando la calle era calle -mi glorioso colegio es el que casi sale en la foto-, y cada vez que regreso por allí, generalmente al oro verde, es tema de conversación segura esta redegeneración de la calle por el consulado. Qué chistosa anécdota, me ha gustado por el hecho que lograste mantener la calma y ejercer el juicio, para mí es imposible frente a estos, aplicarla. Solidaridad será la palabra, que casos como estos pasan muy a menudo por aquí… y se viene más además.
Un abrazo,
Erika E.

Ángel Largo Méndez dijo...

Xavier:

NO domino mucho la herramienta de dos ruedas apra movilizarme, epro si puedo dar fe de la poca convicción con la que los "guardias" defienden a la inmaculada regeneración urbana.

UN día me tocó defender a un vendedor de paraguas en la Nueve de Octubre (apropiado y justo a dos dólar en tiempo de aguaceros inoportunos) para que no se lleven sus productos. En la acalorada discusión, me fue imposible hacerles entender que ellos cometían un delito al llevar se la mercadería del joven, hehco prohibido en la nueva Constitución.

Incluso uno llego a decirme que ellos estan apra mantener el orden de la zona regenerada y me puso de ejemplo que días pasados expulsó de la avenida a un joven homosexual por... SER HOMOSEXUAL,, así nada más.

CReo que Nebot debería darse un tiempito para pedirle a sus subalternos que isntruyan un pco a estos señores, que, en verdad, solo se están ganando el pan diario honradamente. A lo mejor y con una mayor preparación, el que sabemos puede utilizarlos como voces de su ensalzado modelo de desarrollo y defenderlo ante los críticos con argumentos, si es que acaso los tiene.

Espero saludarte hoy en el estreno de Guayaquil Informal

Juan Sebastián Utreras-Carrera dijo...

Un alarde de gran preparación contrastado con la simpleza mental del gendarme.

Te has lucido. Demostraste que en tí impera el raciocinio y la lógica, fruto de una privilegiada educación. La razón está de tu lado.

No obstante, debes recordar que, al igual que el policía aquel y sus elementales procesos mentales, el 80% del electorado ecuatoriano se mueve mas o menos en el mismo nivel, gracias a la deficiente cultura y educación a la que han tenido acceso.

¿Lograste algún cambio en la mentalidad del sujeto en cuestión? ¿Te demostraste a tí cuan *inteligente eres en comparación a este insignificante policía? ¿Crees que el chapa aquel, aprendió o entendió algo? ¿Te diste cuenta que la secuencia de tus actos, simplemente denotó tu arrogancia, al mismo tiempo que bejó a un sujeto por hacer lo que le mandan, sin cuestionarse?

Si, de pronto el chapita este, también quizo saborear un poco de poder. Es propio de aquellos que son **significantes, y sabiéndose tales, procuran esas minúsuculas satisfacciones, en actos como el de la bicicleta.

80% de nuestro pueblo piensa y actúa de forma similar. Caldo de cultivo fértil para las demagogias y populismos, para el resentimiento social y los odios de clases. 80% de nuestro pueblo, es quien pone a, y vota por, los presidentes y aprueba sendos papeles higiénicos llamados constituciones. Es válido entonces asumir que el votante promedio, ese que es parte del 80%, no tiene idea, ni sabe escoger.

Perdón por desviarme de tu tema, pero valga la acotación al tema anterior sobre equidad electoral.


*Inteligencia: muchos confunden inteligencia con educación y preparción. En este caso, no es tu inteligencia la que se puso de manifiesto, sino, el uso que le diste a ésta, gracias a las herramientas que posees: tu educación.

**Insignificantes o simplemente modestos y mas humildes que uno.

jose dijo...

Xavier, por ahí creo que te equivocas en la dirección de tu crítica. En este caso este pobre hombre simplemente estaba cumpliendo con su deber, con la orden que le han dado. Y de esa manera defiende su trabajo, su sustento. Tú puedes pensar que es una tontería que un hombre se limite a recibir órdenes y obedecerlas sin preguntarse por qué, pero no todos tienen esa posibilidad de cuestionar órdenes superiores cuando está su trabajo en riesgo. Por último, en el caso que expones aquí, el policía fue bastante educado (utilizó la frase "por favor" inclusive) y jamás intentó sacarte del lugar a la fuerza o con insultos. Cuando menos reconozcámosle eso, considerando que hay decenas de casos en los que el abuso de poder de los policiales o guardias de seguridad es insufrible.

El blanco de la crítica debería ser la autoridad que da estas órdenes absurdas. Si el motivo de la prohibición de bicicletas en dicho lugar fue por la regeneración, es pues otra barbaridad de las que, lamentablemente, ya estamos algo aostumbrados en nuestra ciudad. Si esta prohibición viene por el lado de la ubicación del consulado creo que habría algo que debatir (o averiguar en todo caso). Personalmente estoy de acuerdo en lo que argumentabas sobre el nulo riesgo que supone una bicicleta para la seguridad del consulado, pero me he dado cuenta que no solo en Guayaquil sucede esto. En Quito no puedes dejar ni carros ni bicicletas alrededor de ciertas embajadas y hace unas semanas mientras caminaba por Buenos Aires en una zona lindísima me fijé que alrededor de la embajada Francesa habían letreros que indicaban la porhibición de parquear TODO TIPO de vehículos. Algo deben temer los del servicio secreto de algunos países, alguna conspiración bicicletera de pronto.

Juan Sebastián Utreras-Carrera dijo...

Abundando en lo que dice Pepe, ese espíritu de impunidad y de creerse la mamá de Tarzán que nos aqueja en el Ecuador, también se ha hecho manifiesto en este caso del policía.

Imaginemos que el gendarme simplemente cumple órdenes superiores, entonces, el mentalizador de dichas órdenes, debe ser alguien que desconoce la ley (lo cual no lo exime de responsabilidad) o simplemente le importa un bledo.

Tal y como hemos coincidido con Xavier, en Ecuador no hay estado de derecho, y eso se refleja en todas esas arbitrariedades que podemos ver, sufrir o experimentar en muchas instancias de nuestro diario trajinar. Y lo peor de todo, es que nos acostumbramos a ellas, son parte de nuestro pan de cada día y las aceptamos. Y cuando reclamamos por ellas, terminamos haciéndolo de la peor manera, atacando el problema por las ramas, y no por la raíz, como lo es increpando al pobre ignorante sobre su ignorancia y su actitud autoritaria, convencidos de que hemos dado una lección o hecho un punto o una aseveración y comprobación magníficas.

Insisto, la razón le acoge a Xavier, sin embargo su reclamo, o su trunco esfuerzo en cambiar la mente del pobre chapa se chocan con la realidad: la falta de educación en valores, en el respeto a los demás, y en el permisivismo y laxitud morales que nos aquejan, y que solo cambian, cambiando la mentalidad del sistema. ¿Cómo? Con educación, (aquella que hasta la fecha de hoy, ningún gobierno se ha molestado en sentar la primera piedra, a pesar de ser éste, por ejemplo, un gobierno de no se cuántas primeras piedras.)

No hemos visto, ni en este gobierno, ni en muchísimos otros que le antecedieron, ni el mas pequeño amago por querer cambiar esa mentalidad. Al contrario, hemos visto, como esa mentalidad, se ha convertido en el credo y praxis de éste y los otros gobiernos y ha sido expandida e inculcada al resto de la población. Y perdón por la letanía, pero éste es el punto álgido y el meollo del asunto, que motivan mi gran aversión a este gobierno y sus impunes actuaciones al margen del derecho.

Al chapita ese, le dan una orden, que raya en la prepotencia y en el abuso y en el desconocimiento de los derechos de los transeúntes y peatones. Los mismos gringos en su consulado se sienten con el derecho de cerrar las calles, amurallarlas y exigir/demandar del estado Ecuatoriano, que se permitan todos esos privilegios y arbitrariedades. Los ciudadanos se limitan a "agachar el lomo" y aceptarlo. Algún ingenuo bien intencionado repara en este abuso, y trata de hacer de éste hecho, un ejemplo con moraleja, un escarmiento moral para el pobre chapa, cuya ignorancia, fruto de políticas que promueven tal anquilosis cerebral, lo tienen a él y a muchos mas, sumidos en dicho estado mental de permisivismo, aceptación, laxitud moral, temor y actitud pusilánime ante quien le impone dichas obligaciones.

El pobre chapa tiene miedo de cuestionar al prepotente que le dio dicha orden. El pueblo tiene miedo de demandar de sus gobernantes, el ceñimiento a las normas y el respeto a la ley y a los derechos de las personas. Nadie, por ejemplo, le pone freno a los cinismos, y a las acciones y expresiones abusivas de este presidente, y sus adlátares, aquellas que son crasamente reñidas con la constitución que ellos mismos fabricaron y el derecho de los demás.

¿Se le puede ocurrir a alguien que cualquier país, pueda cerrar las calles aledañas a sus embajadas y consulados, dentro de los Estados Unidos, y que para ello, demande de las autoridades gringas, que se impongan dichas arbitrariedades? ¿No será que alguien, como Xavier levanta un reclamo, y éste tiene eco en muchos, y mas pronto que tarde, se aplican los correctivos?

Ahora, si el chapa actuaba de pura espontaneidad, y su actitud arbitraria y autoritaria se origina de su peculio y propia cosecha, igualmente, dicho acto responde al mismo problema de fondo: la mentalidad que se nos ha infundido, la de creernos capaces de decir y hacer lo que nos venga en gana, sin contemplar las consecuencias, o sin importar dichas consecuencias, y a sabiendas de que nos ampara esa pequeña cuota de poder, que nos hace sentir por encima de otros, aunque sea en ridiculeces como esa, y por un pequeñísimo momento.

Si un chapa ignorante, escuetamente educado comete estos abusos, bien sea, porque se siente valido ante su pequeña cuota de poder provista por su envestidura, o porque otro mas prepotente que él, se lo ordenó, ¿qué se puede esperar de un sujeto con un PhD, economista, supuestamente educado, pero lleno de complejos y taras de larga data, que se ha encaramado en el poder, con la envestidura mas grande de todas en este país?

AMPUEROF dijo...

Que no hay ni seco de chivo ni jugo de sandía!

Autómata dijo...

es obvio, las bicis-bomba, no quieren llenar de confeti y papelitos la zona regenerada!!

mmm, esos encontrones con guardias son plato de cada día, y sí, uno se cabrea a muerte con los tipos, les pide explicaciones y ellos simplemente se escudan en que tienen que cumplir órdenes, y claro, uno de manera natural está llamado a reclamar por lo que considera justo o injusto, matizado todo por el emputamiento que te causa uno de esos malos ratos absurdos...

y les doy la razón a todos, a Flores por reclamar desde la lógica, al guardia por intentar cumplir sus órdenes (vamos, dijo por favor, y en parte te solucionó el problema), a tus visitantes por justificarlo también desde la lógica.

La culpa es de los disponen las medidas, hay tanto billete municipal del cual se puede tomar una mínima cantidad en capacitar al personal en servicio (en el caso de los so called guardias-de-la-decencia) y bueno de la policía nacional ni hablar, en teoría ellos están a nuestro servicio.

Recuerdo el caso de un amigo estudiante de periodismo, que desde su "inocencia" estaba realizando entrevistas (para un deber de la U) en la acera de en frente del consulado, al rato se le acercaron guardias, policías y "hombres de negro" (no es broma) y le trataron de quitar la cámara, luego solicitaron revisar el cassette, para por último tomarle los datos y fotografiarlo, él estaba muy asustado, al rato reaccionó de todo lo que le ocurrió, el caso quedó impune, no pasó nada.

zzzzz dijo...

El relato fue de lo mas gràfico... me imaginaba con total claridad la cara del chapita intentando contestar las preguntas....eso si es que tenìa la intenciòn y/o capacidad de contestarlas.....en fin es un vivo retrato de la degenaraciòn humana que el Señor Alcalde ha provocado con su mal llamada regenaraciòn urbana...

Guayaquil no son sòlo palmeritas y adoquines, puentecitos.... tambièn el bienestar (educaciòn , salud, plan habitacional, etc) de los pocos Guayaquileños que vivimos en ella como tambièn los que de otros lados viven aqui (la mayorìa)...

El Chapita cumple ordenes,estoy segura, que màs de recibir un uniforme, el pobre ni siquiera ha recibido un entrenamiento adecuado.. peor aùn conocimiento de derechos de los transeùntes.

El Morador del Sector dijo...

Estimado Xavier,

Suscribo tus críticas en relación con la irracionalidad de las medidas empleadas en aras de una seguridad que de ninguna forma se ve amenazada por la presencia de una bicicleta.

Sin embargo, no podemos olvidar que el agente de policía es el último eslabón de un sistema que malenseña, malpaga y malagradece. Tengamos presente además que como señala Zaffaroni, los procesos sociales de selección de policías tienden a escoger a sus miembros de los mismos estratos sociales de donde salen los delincuentes, es decir, este agente al cual tú intentaste hacer razonar sobre políticas de seguridad o sobre obediencia debida, definitivamente no ha tenido una formación o un medio privilegiado que le permita discernir lo que le proponías.

La labor del oficial de policía es desde mi punto de vista despreciable en sí misma, pues su obligación es obedecer, ejecutar sin preguntar y rendir pleitesía al superior. Si bien los policías tienen la posibilidad jurídica de rechazar las órdenes ilegales e inconstitucionales, seamos honestos, no tienen los recursos intelectuales para hacerlo, y probablemente no acatar la orden le signifique un arresto disciplinario e incluso la pérdida de su empleo.

A la sociedad no le interesa tener policías cultos, sino políticas claras de seguridad que permitan un ejercicio racional del espacio de poder que se les da a los agentes. Te menciono un ejemplo: A los policías norteamericanos les enseñan incluso qué infracciones pueden perdonar, bajo que circunstancias las perdonan, y a quienes. No se trata que el policía gringo sea culto, sencillamente tiene instrucciones más claras y racionales.

Yo desprecio y combato la arbitrariedad policial en mi ejercicio profesional, como te lo he comentado, pero me doy cuenta que ellos no son más que un producto de un sistema, que tiene su punto de partida en nosotros como sociedad y que les dicta qué está bien y qué está mal. Así como los criminólogos insisten en que las sociedades tienen los delincuentes que se merecen, lo mismo podemos decir de la policía: Los ecuatorianos tenemos los policías que nos merecemos.

A fin de cuentas el oficial es honesto, él hace su trabajo. A mi me preocupan más los policías indisciplinados y arbitrarios. De hecho, si el agente no te hubiera botado del lugar, eso lo convierte en un mal policía, porque no tendríamos garantía alguna de que los agentes se rigen por las órdenes que les da alguien con mayor formación, y el problema está ahí, en quienes les dan las órdenes.

Saludos,

Pablo

Pd: La labor policial puede llegar a ser tan incomprendida como la de un abogado, salvando las distancias, que en muchísimos casos no son muy claras. ¿Acaso no nos llaman muchas veces con desdén “defensores de delincuentes” o cosas parecidas? A fin de cuentas, nosotros también cumplimos con nuestro trabajo.

Kojudo Mayor dijo...

Una interesante parodia, cortesía de Endivio Roquefort, y que nos ayuda a ver este caso de otra manera:

Sucedió en la calle Boyacá, frente a las oficinas de El Telégrafo. Propios de una vida de célebre comentarista a la par de irredento flâneur, como ya sabrán los lectores de este bitácora, son aquellos bucólicos paseos matutinos sin bicicleta, que sirven tanto para digerir uno de los más que pasables ceviches de algas de la marisquería Neptune Puk’d, como para reflexionar sobre el extraordinario alcance de la estupidez humana, ejemplificado en este caso por la conversación de mi compañero, el pana Rodolfo, una gran persona cuya facilidad para encontrar colillas de cigarrillos aun rescatables entre la basura de las alcantarillas (cortesía Nebot) hace tiempo que consiguió granjear mi simpatía y condescendencia en aquellas ocasiones en que casualmente topaba con él (el caso de la mañana en cuestión). En esta ocasión, a pesar de mis esfuerzos dialécticos, el pobre seguía, evidentemente, sin apreciar el punto de mi argumento, acerca de la posibilidad de aplicar el archiconocido criterio legal británico referente al juicio equitativo del ”hombre del autobús de Clapham” (mann in the Clapham omnibus) a la realidad ecuatoriana, argumento que el lector ya conocerá a partir de los diversos artículos que he firmado en torno a esta cuestión. (Sucintamente: sobre este asunto opino que en lugar de una persona oriunda de la ciudad londinense donde se ubica Clapham, escena (dicho sea de paso) de varias de mis más suculentas conquistas falderas, débese aplicar en su lugar, en lo que a los juicios por negligencia se atañe, el criterio de un vendedor de calcos de Barney y de Hihg Shool Musical 3, durante el tránsito de un autobús de la línea 17 a través del puente de la Unidad Nacional, siendo éste más familiarizado con la cultura de este país, entre otros argumentos que por mor de brevedad no expondré aquí.)

Cuando ya empezaba a desesperar de encontrar en la cabeza de mi compañero una sola neurona susceptible de entrar en servicio temporal, sucedió lo inesperado. Se me acercó un policía y me dijo, más o menos textualmente, lo siguiente:

CHAPA: No puede pasear aquí a esa langosta, señor.

YO: ¿Por qué no? (debo explicar que últimamente no salgo de casa sin mi langosta, a quien he bautizado (es un decir) con el nombre de Gerard, evidentemente en honor al poeta gabacho a quien se le atribuye el descubrimiento de esas cualidades de la langosta que la hacen compañero ideal para el intelectual soltero.)

CH: Porque aquí, señor, las langostas no se pasean.

YO: Un momento… ya. Por favor, señor agente triste e irremediablemente bovino, hable alto, en el micrófono, quiero que esta conversación sea grabada para que pueda deleitarme con ella junto a otras personas en un futuro próximo. Ahora, repite, en sus propias y asombrosamente descerebradas palabras, su razón por intentar impedirme pasear a este pequeño e inofensivo crustáceo a lo largo de esta calle que creo haber escuchado que es de todos.

CH: Porque aquí, señor, las langostas no se pasean.

YO: Efectivamente, creo que eso fue lo que dijo. Felicidades, parece que a pesar de todo la memoria sí le sirve. Ahora, señor agente de las fuerzas oscuras del vacío craneal, dígame una cosa. ¿Usted está familiarizado con la famosa nota al pie de la página 387 de la obra de Braulio Silva da Costa, Algunas Reflexiones en Torno a las Observaciones de Lucia Branniu Cassio sobre la potestad de bienes muebles en la cultura monasterial de Tibet en el Siglo XVII? Me refiero a la segunda edición, la de 1927.

CH: Lamento decir que no conozco ese opúsculo, señor.

YO: ¡Aja! No sabría decir por qué, pero eso ya lo sospeché. Por eso me tomaré la libertad de citar algunas palabras de esa nota, no en un vano intento de desasnar a un representante de las fuerzas del desorden, sino únicamente para que usted parezca todavía más ignorante e imbécil de lo que ya es, labor que en este momento se me antoja un desafío a la altura de un verdadero artista como yo. Veamos. La citada nota dice, textualmente: “Es poco probable que el significado real sea éste.” Ahora, ¿ve el sentido de lo que le estoy diciendo?

CH: Todavía no, señor. Pero insisto en que aquí las langostas no se pasean. Y en mi humilde opinión, su nota al pie de página en este asunto, con todo el respeto, vale verga.

YO: El famoso argumentum ad tripodium. Interesante. Bueno, le invito a pensar - si tal verbo se puede aplicar a esos procesos tan rudimentarios a los que su rocosa testa de uniformado a sueldo aun puede aspirar - sobre el verdadero “significado”, en acertada expresión de Silva da Costa, de lo que aquí está sucediendo. Por cierto, antes de emitir su criterio al respecto, le invito a tomar en consideración mi propia acotación al respecto. Donde el célebre autor dice “significado”, yo añadiría de mi cosecha y a partir de mi propia experiencia, que es la de un célebre comentarista con un extenso currículum de conquistas amorosas de ínfima extensión temporal, las palabras “ y gelatina de frutilla”.

CH: No entiendo, señor.

YO: Ya. Y en estas palabras suyas, antológicas por cierto, aunque no se dé cuenta, se resume toda una filosofía, todo un Weltanschauung, toda una toma de postura respecto al mantenimiento de lo que se ha dado en llamar el orden público. Pero respóndeme una cosa, agente. ¿Le parece que la presencia de este crustáceo en esta calle podría derivar en algún disturbio, en algún daño material o en la comisión de alguna infracción tipificada en el Código Penal?

CH: No, pero insisto en que las langostas aquí no se pasean.

YO: Su argumento, entonces, consiste en un légerdemain ético-metafísico en que lo descriptivo, acerca de las costumbres y usos de la gente, lo que yo llamaría mores populi, se torna prescriptivo, lo cual demuestra una mentalidad profundamente reaccionaria.

CH: Así es. Tengo una mentalidad profundamente reaccionaria.

YO: Bien. Así parece que nos vamos acercando al meollo de la cuestión.

CH: No sé si nos vamos acercando a eso, señor, pero le repito que aquí no se pasean los crustáceos. Donde se pasean los animales es allá abajo, donde ve esos árboles. Eso le llama un parque. Allí es donde se pasean a los animales, categoría que se supone incluye tanto crustáceos como canes, iguanas, cabras y otras muchas especies.

YO: Efectivamente, veo que hay un parque. Para no alargar esta conversación, ya que tengo cosas importantísimas que hacer, cuya importancia su infradotada mente nunca sabrá comprender, convengo en retirarme hacia tal lugar, en aras de la orden municipal, tan bien resumido por usted, según el cual cada actividad tiene un lugar destinado para su realización, en claro detrimento de esa libertad personal tan notoriamente despreciada por el actual cabildo. Una última pregunta: ¿usted en algún momento ha adivinado quién soy?

CH: No, señor. Su identidad es un misterio insondable para mí.

YO: Y ése es el chiste más grande de todos. ¡Qué falta de cultura, por el Dios de los cristianos! Pero bueno, cada uno da de lo que tiene y donde no hay no se puede pedir. Buenos días, agente.

Y con estas palabras me despedí cordialmente de este bruto representante de la imbecilidad reinante en este país, la cual durante esta conversación noté de reojo que se había por así decirlo cernido sobre nosotros, bajo la forma de una inmensa muchedumbre congregada alrededor de esta escena, aparentemente presa de una boba y servil admiración respecto a mi mascota. Esto, a su vez, me condujo a otra reflexión sobre lo inmensamente estúpida que es la raza humana, salvedad hecha, evidentemente, de un servidor.

Xavier dijo...

Veamos, hay mucho que decir aquí. Agradezco a quienes manifestaron su solidaridad y suscribo varias de las afirmaciones que se hicieron en relación con los hechos, en particular, la de quienes le atribuyen la responsabilidad de los mismos a los jefes superiores de quienes ejecutaron las órdenes. Eso, de hecho, estaba implícito en mi entrada, cuando mencionó que los “los hechos y el diálogo hablan por sí solos” después de haber puesto como antecedente, en el curso del diálogo, que el policía quería ahorrarse un problema con sus jefes: “Tus jefes te dieron órdenes y tú solamente las cumples”. Mi intención, a diferencia de lo que sugiere JS, nunca fue lograr un “cambio en la mentalidad del sujeto en cuestión”, ni comportarme de manera arrogante ni vejar (es con “v”, JS) al policía. No creo que ninguno de esos atributos se trasunte del diálogo en cuestión, donde en contraste afirmé que estaba de buen humor y que dije cosas en plan distendido. La intención fue exponer un hecho que revela lo ilógico de las políticas de seguridad pública: en efecto, mi blanco es precisamente hacia las autoridades a cargo de formular esas políticas de seguridad (es así mucho más si se lo mira en contexto con mis críticas en entradas anteriores a las autoridades a cargo de formularlas). Recuerdo que en una ocasión conversé con un asesor del Alcalde en el contexto de un almuerzo entre amigos y él me refirió que entendía que los guardias municipales cometían abusos pero que esos sucedían por culpa de su falta de educación: me pareció un argumento impresentable, porque si alguien tiene la obligación de educar a los guardias para que cumplan bien su trabajo es, precisamente, la autoridad que les da las órdenes a cumplir.
Ampuerof, para ese man no hay ni lo uno ni lo otro, ja.
KM, lo de ER es chistoso, ja.
Salute.