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Satori

18 de junio de 2017

He contado en una entrada anterior la vez que decidí ser carnívoro el resto de mi vida. Sucedió en la Argentina, país propicio a la buena carne, en un campo en las afueras de Mendoza. Todo era ideal: la carne, el vino, el ambiente. Fue un momento digno de justificar el eterno retorno.

Ese fue el día en el que abandoné el prejuicio urbano (debo decir, de algunos urbanitas) de la sacralidad de la naturaleza. Los animales son hermosos, también en mi plato.

Y acepté en mi corazón, todavía sin conocerla, la frase atribuida a Fran Lebowitz que leí años después en Brasil: “Mi animal preferido es el bife” (1).

(1) de Lara, José Francisco (comp.), ‘Ironia. Frases soltas que deveriam ser presas’, Cócegas Editora, Curitiba, 2005, p. 79. 

Guayaquil con miedo

14 de junio de 2017

Por estos días, mientras en Guayaquil su Alcaldía ha dispuesto la electrificación y la construcción de rejas más altas en los perímetros del parque Centenario y del malecón, en Barcelona se ha discutido sobre “Ciudades sin miedo” (1). En este encuentro participaron más de 180 ciudades de los cinco continentes, pero ninguna de Ecuador.

A diferencia de ONU Hábitat, donde la Alcaldía de Guayaquil justificó su inasistencia con una mentira colosal (2), para el encuentro “Ciudades sin miedo”, la Alcaldía de Guayaquil no envió representante alguno. Lo hicieron ciudades como Vancouver, Venecia, Rosario, Río de Janeiro, Seattle, Sídney, Tokio. Pero Guayaquil, no.

Pues, ¿por qué lo iba a hacer, si lo suyo es precisamente el negocio del miedo? Tómese el ejemplo de la disposición de electrificar y elevar el tamaño de las rejas: como lo afirma la Fundación Siglo XXI en su comunicado sobre el enrejado del parque Centenario, el único objetivo de esta medida es “brindar mayor seguridad a los usuarios del lugar y visitantes”. Pero para fundamentar su decisión, como lo comentó el redactor de diario Expreso, la fundación “no detalló si esta medida responde a algún antecedentes delictivo o si surge a raíz de una situación en particular, y se limitó a explicar en el documento que la decisión es ‘por seguridad en general’” (3).

Pero no es la arbitrariedad de una decisión de la administración de Guayaquil lo que debe preocuparnos, llegados a este punto. Lo realmente grave es que esta decisión de electrificar o de elevar el tamaño de un enrejado es una muestra cabal de cómo se administra una ciudad con criterios obsoletos.

Porque electrificar y poner unas rejas aún más altas… ¿es en serio? ¿No se pudo pensar en otra alternativa, menos onerosa y más útil para el propósito que se busca satisfacer? Con una medida así, cabe preguntarse, cui bono? (4).

(1) Sobre la electrificación de las rejas en el parque Centenario, v. Ronald Soria, ‘Tres semanas, con derecho de admisión’, Diario Expreso, 2 de junio; sobre la elevación de las rejas en el malecón, v. ‘El malecón eleva el cercado’, Diario Expreso, 14 de junio de 2017. “Ciudades sin Miedo” fue un encuentro internacional de municipios que organizó Barcelona en Comú entre el 9 y el 11 de junio, en el que se debatió el rol de las ciudades en un mundo donde ellas “se están convirtiendo en el lugar desde donde defender los derechos humanos, la democracia y el bien común”. Es decir, se discutió un rol de ciudad opuesto al ideario y praxis de una Alcaldía como la del PSC en Guayaquil, que tan claramente privilegia a los negocios por encima de la participación ciudadana y del bien común.
(2) Sobre la mentira colosal de la Alcaldía de Guayaquil sobre ONU Hábitat, v. ‘El mundo del revés: la Alcaldía de Guayaquil y Hábitat III’.
(3)El Malecón eleva el cercado’, Diario Expreso, 14 de junio de 2017.
(4) Porque no se lo olvide nunca: la seguridad (sobre todo la necesidad de la seguridad, que es la provincia del miedo) es un negocio. Uno muy lucrativo.  

La visión de Nebot

30 de enero de 2017


Revista Vistazo, edición No 838, Julio 18/02, p. 40


El año 2002, revista Vistazo entrevistó al alcalde Jaime Nebot para un reportaje especial titulado “Guayaquil está de moda”. El alcalde expuso allí su “visión del futuro”. Quince años después de esta exposición, tres de sus principales ideas han fracasado. Su visión del futuro ha resultado una farsa.

Una de las principales ofertas de campaña del alcalde Nebot en su primera elección, el lejano año 2000, fue la “recuperación” del Estero Salado, el que todavía está tan podrido como lo dejó su predecesor Febres-Cordero, o casi. Para el único que ha cambiado el Estero Salado es para ese recurrente hacedor de fantasías disfrazado de historiador, llamado Melvin Hoyos (1).

La visión del futuro de Nebot incluía una ciudad “competitiva”, en capacidad incluso de atraer un “corredor tecnológico”. Quince años después, Guayaquil es una ciudad no competitiva, sino rezagada (2) y lo del “corredor tecnológico” es apenas una quimera: a día de hoy, Guayaquil es una de las peores ciudades de América latina para hacer negocios (3).

(1)El estero de la fantasía’, Xavier Flores Aguirre, 6 de agosto de 2016; por contraste, véase ‘El estero de la realidad (de baños curativos a vertedero de desechos)’, Xavier Flores Aguirre, 7 de agosto de 2016.
(2) Así lo ha advertido un economista guayaquileño honesto y suficientemente valiente como para llamar a las cosas por su nombre, como lo es Walter Spurrier: v. Walter Spurrier Baquerizo, ‘Guayaquil se rezaga’, Diario El universo, 22 de febrero de 2015.
(3) Guayaquil ocupa el puesto 38 de entre 51 “ciudades para hacer negocios” en América latina, en el ranquin que elabora la revista América Economía. Ha bajado 4 puntos desde la medición anterior.

Urbanismo responsable vs. Guayaquil (o tres desastres urbanos)

28 de diciembre de 2016

El director de ONU Hábitat, Joan Clos, explica en esta entrevista a diario El Tiempo de Bogotá lo que está mal en el crecimiento de las ciudades (1). Y, de manera nada sorprendente, es como hacer un CHECK LIST de las deficiencias de la administración socialcristiana en Guayaquil:

Una Metrópolis tropical cuyo crecimiento arrastra tres desastres urbanos.

1. PLANEACIÓN A FAVOR DE UN GRUPO DE INTERÉS.

“[El diseño urbano] es levantar el plano, hacer las calles, decir cómo un cruce resuelve los problemas. Tiene que ver con el diseño del espacio público y el diseño de las parcelas edificables, y la relación entre ambos. La planeación se le ha entregado al mercado inmobiliario, y ellos no tienen por qué saber sobre vías públicas porque es un servicio colectivo y no de un proyecto urbanístico. Se les delega a ellos por incapacidad del Estado”.

Como lo han puesto en evidencia los pocos urbanistas que se han preocupado de discutir a Guayaquil en profundidad, la planeación en Guayaquil está en manos del mercado inmobiliario. Para John Dunn, el Municipio se limita “a la simple aprobación de proyectos y construcciones” sin dar “las directrices de crecimiento de la ciudad e implementar una serie de objetivos que permitan medir el crecimiento urbano y la calidad del mismo”. Eduardo McIntosh es aún más rotundo: “Es fácil notar la confusión en el rol que el departamento de planeamiento urbano de Guayaquil debe tener. En lugar de dictar la política de crecimiento a seguir y de coordinar los esfuerzos de los promotores inmobiliarios para maximizar la calidad de sus ofertas, se piensa que el rol del departamento de planeamiento urbano es el de autorizar permisos de construcción y apenas relatar lo que sucede. Es sencillo entender la manera caótica en la cual la ciudad ha venido creciendo" (2).

CHECK

2. CRECIMIENTO DE MANCHA URBANA.

“Lo que estamos diciendo como Naciones Unidas es que, desde el punto de vista de la política urbana, hay que volver a poner la vivienda en el centro de las urbes. Y esto se puede conseguir si lo persigues y lo consideras. Desde el punto de vista funcional y financiero, es lo más eficaz y lo más productivo. La construcción en la periferia tiene como consecuencia que la ‘mancha urbana’ crece, y la dispersión disminuye la productividad de las urbes. Aparte de que el costo de los servicios per cápita es más alto, la productividad de la economía es más baja”.

El hecho de que un economista como Walter Spurrier (no sospechoso de afinidad alguna con el gobierno central) afirme que Guayaquil "creció menos que el resto del país" y que "nuestra ciudad ya no es imán de la migración interna y externa" encuentra una explicación en la forma en la que se ha construido Guayaquil (3). Pero como se demostró en el punto anterior, la “planeación se le ha entregado al mercado inmobiliario” y son ellos la facción ganadora de esta forma de construir, y aunque termine por perjudicar a la ciudad como un todo, ningún cambio puede esperarse bajo el imperio del PSC.

CHECK

3. CRECIMIENTO SEGMENTADO.

“A nivel teórico, la respuesta es siempre la misma: que hay que mezclar a toda la población. Precisamente, la capacidad de innovación y creación de la ciudad proviene no de la separación de grupos, sino de la mezcla de grupos. Este es el ideal. Hay que ver cómo se gestiona en la práctica”.

En la práctica, en Guayaquil el norte es la burbuja. La derrota de una ciudad sucede cuando, como ha pasado con Guayaquil, el aislarse de los demás se convierte en una aspiración común.

CHECK

(1) María Teresa Santos & Ernesto Cortés F., ‘“Sin ley, la urbanización es un desastre”: Joan Clos’, Diario El Tiempo, 16 de octubre de 2016.
(2)Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’, Xavier Flores Aguirre, 4 de abril de 2016.
(3) Walter Spurrier Baquerizo, ‘Guayaquil se rezaga’, Diario El Universo, 22 de febrero de 2015.

Ciudades frágiles

27 de abril de 2016


En el extraordinario libro de Alain Musset ‘Ciudades nómadas del nuevo mundo’, este geógrafo francés se refirió a la “fragilidad” de las ciudades fundadas en la América hispana. En palabras de Musset:
 
“Durante todo el período colonial, los españoles instalados en el Nuevo Mundo tuvieron que enfrentar los ataques de numerosos enemigos: indígenas insumisos o comunidades rebeldes y aventureros llegados de Europa para reclamar su parte del botín americano, entre otros; sin embargo, los que provocaron los mayores desastres fueron principalmente los caprichos de la naturaleza, mal comprendida y mal manejada” (1). 
Esta falta de comprensión de cómo prevenir los daños que puede provocar la naturaleza (inundaciones, erupciones volcánicas y terremotos) pasó factura en la historia colonial de América latina. Según los cálculos de Musset, “más de 30 asentamientos fueron trasladados durante la época de la Colonia por causa de un desastre natural (inundaciones, erupciones volcánicas y, sobre todo, terremotos)”. Y añadió que esta cantidad de los traslados “muestra la gran vulnerabilidad de las ciudades españolas, construidas en el Nuevo Mundo” (2). 

Este lastre colonial se mantiene casi intacto. En un informe reciente de ONU Hábitat sobre el estado de las ciudades en América latina, este organismo especializado de las Naciones Unidas sostuvo que en nuestros países:
 
“Existe poca conciencia de cómo la urbanización mal pensada puede incrementar los factores de riesgo a desastres, con las consecuentes pérdidas materiales y humanas. Desafortunadamente, en muchos países de la región, se desconocen las medidas para reducir la vulnerabilidad, no se consideran o no se fiscalizan(3). 
Deficiencias en la construcción como las descritas en el informe de ONU Hábitat están en la raíz del desastre ocasionado por el terremoto del 16 de abril de 2016. Porque como bien lo saben y lo comunican los expertos, “los terremotos no matan gente, pero el colapso de los edificios sí” (4). Evitar ese colapso es una decisión humana, demasiado humana. 

Así, nuestras ciudades seguirán siendo siempre “frágiles”, como lo han sido desde tiempos de su lejana fundación, mientras desde la sociedad civil y el gobierno central se permita la irresponsabilidad de las autoridades seccionales en la aplicación y el control de las medidas necesarias para reducir, de una manera drástica, la vulnerabilidad de nuestras construcciones ante la eventualidad de un terremoto. Si algo debemos sacar en limpio, como sociedad, del desastre que ocasionó el terremoto del 16 de abril, eso debería ser la obligación civil de tomarnos en serio las prevenciones necesarias para que un terremoto cause un mínimo de daños y, en la medida de lo posible, no mate a nadie. Eso es cuestión de voluntad política, nada más (5).

(1) Musset, Alain, ‘Ciudades nómadas del Nuevo Mundo’, Fondo de Cultura Económica, México, 2011 [Título original: ‘Villes nómades du Nouveau Monde’, 2002], p. 212.
(2) Ibíd, p. 213.
(3) ONU Hábitat, ‘Estado de las ciudades de América latina y el Caribe 2012. Rumbo a una nueva transición urbana’, Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, Río de Janeiro, 2012, p. XIII.
(4) Shigeru Ban en TED: los terremotos no matan gente, pero el colapso de los edificios sí’, TED Talk, 11 de marzo de 2015 [Última visita, 27 de abril de 2016].
(5) La normativa existe (la 'Norma Ecuatoriana de Construcción', aprobada por Acuerdo Ministerial No 0047 del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda el 10 de enero de 2015); sólo hace falta voluntad política para su aplicación eficaz.