Groucho Trump
6 de junio de 2017
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Rumbea + Marx + Cevallos (cóctel para pensar)
30 de noviembre de 2009

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Liberalismo conservador
9 de agosto de 2009
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Breve cuestionario sobre libertad de expresión
5 de agosto de 2009

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Etiquetas: Derecho, Entrevista, Groucho Marx, Libertad de Expresión
El término "matrimonio"
14 de diciembre de 2008
En una entrada de su excelente bitácora Escribir para qué (titulada "Los guardianes de las palabras") Leila Macor escribe que los conservadores derrotados “comienzan a entender que la homosexualidad no es una enfermedad y hasta aceptan que los gays necesitan ampararse en la ley. Pero aún defienden lo poco que les queda: la propiedad de la palabra. El derecho a nombrar los cimientos de su dignidad con los términos que consideran que les son propios. Aceptan las uniones legales entre homosexuales, ¡pero que no se les llame matrimonio!”. Esta acertada descripción de Leila Macor permite continuar el análisis que se postuló en una entrada anterior de esta bitácora ("Matrimonio en campo abierto"). Quiero insistir, eso sí, en que la institución del matrimonio no es lo importante (porque como decía el enorme Groucho Marx: “El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución” –siempre he sido, valga decirlo, marxista de la tendencia grouchiana): lo mismo puede una pareja homosexual o heterosexual, si lo desea, vivir dentro o fuera de la institución matrimonial: eso no afecta lo esencial (que siempre es invisible a los ojos, Principito dixit). Pero lo que sí es reprochable en una sociedad democrática que postula en su Constitución Política sólidos principios de no discriminación (como lo es la ecuatoriana con todos los juguetes al menos desde la Constitución de 1998) es la sanción legal de una discriminación verbal “argumentando un supuesto título de propiedad que le confieren la religión y la tradición”, como afirma Leila Macor, quien concluye su entrada con los siguientes cabales términos: “Las palabras son peligrosas: crean realidades, no se debe despreciar su poder. Por eso esta nueva clase de "conservadores derrotados” son posesivos con los adjetivos y sustantivos con que se definieron hasta ahora: porque intuyen que cuando pierdan la batalla de la palabra, habrán perdido la guerra para siempre”. Ojalá la pierdan, porque su credo es discriminar: un credo despreciable.
* Curiosamente, como bien lo argumentó un comentarista (Fernando Abel) en la entrada "Matrimonio en campo abierto", la Constitución Política de 1998 no prohibía el matrimonio homosexual. Se podría argumentar en contra de esta hipótesis que no fue esa la intención de los redactores del texto constitucional y que el Código Civil establecía que el matrimonio era la unión de hombre y mujer, etc. (Azul formuló la primera prevención, DoctorObservador -hoy Observador a secas- la segunda). Lo del Código es insustancial (se puede desarrollar una ley posterior que derogue esos artículos o una interpretación constitucional podría declararlos inconstitucionales por considerarlos discriminatorios) y lo de la intención de los redactores no se sostiene porque los principios que sustentaban a la Constitución Política de 1998 permitían una interpretación en sentido contrario. Así, el artículo 17 garantizaba “a todos sus habitantes, sin discriminación alguna, el libre y eficaz ejercicio y goce de los derechos humanos”, el artículo 18 inciso 2 obligaba a que en materia de derechos “se est[e] a la interpretación que más favorezca su efectiva vigencia”, el artículo 23 numeral 3 garantizaba el derecho a la igualdad ante la ley en términos de “todas las personas serán consideradas iguales y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin discriminación en razón de […] orientación sexual” (artículo 23, numeral 3) y el artículo 37 in fine definía el matrimonio como fundado solamente “en el libre consentimiento de los contrayentes y en la igualdad de derechos, obligaciones y capacidad legal de los cónyuges”. Dicho lo cual, solo bastaba que atento a esas normas constitucionales el Tribunal Constitucional actúe en consecuencia. Pero los católicos y otros miembros de confesiones retardatarias podían descansar tranquilos: ese tipo de interpretación constitucional era y es rara avis en estos pagos (pobre Ecuador, tan cerca de Colombia y tan lejos de su interpretación constitucional): de veras, nuestra jurisprudencia constitucional es, en términos generales, hoy como siempre, vergonzosa.
P.S.- Yisuscrais contraataca, en solidaridá.
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De pasquines y omisiones
19 de septiembre de 2008
Hoy, uno de estos pasquines publica una interesante noticia bajo el titular “Metropolitanos”. Dice lo siguiente:
“Mediante un comunicado el director municipal de Justicia y Vigilancia, Andrés Roche, anunció que iniciarán acciones legales contra los ex empleados de la Policía Metropolitana que aseguran que los enfrentamientos sucedidos en la Universidad Católica “fueron gestados en el Cabildo”. “Es por demás mentira y tremendamente injurioso y falso que estos señores, que ya no son funcionarios municipales, puedan aseverar(lo)”, dice el documento. Agrega que al separar a estos elementos de la institución el Gobierno los utiliza para “fastidiar a la administración municipal”.
El pasquín reproduce las declaraciones de Andrés Roche en clara adherencia a la postura del municipio local. Eso es evidente porque el pasquín no menciona ni en esta edición ni en ediciones anteriores cuáles han sido esas declaraciones de los ex empleados (¿guardias?) de la Policía Metropolitana que motivan la respuesta de Roche y se limita sólo a exponer la posición del municipio y las acusaciones actuales (contra el Gobierno) y futuras y penales (contra los ex empleados de la Policía Metropolitana) que formula Roche. Pero lo que este pasquín hace de manera involuntaria es exponer al público lo que los otros medios de prensa, que se suponen tan comprometidos con la verdad, acallan.
Me tomé la molestia (porque neta que los periódicos locales parecen existir para justificar la frase de Wilde, “leer los periódicos es llegar a la convicción de que sólo lo ilegible sucede”) de leer toda la prensa local y dos periódicos de Quito. A los periódicos quiteños, que no mencionan el asunto, podría excusárselos sin dificultad. Pero los periódicos guayaquileños sí que no tienen excusa: ninguno de ellos menciona una sola palabra de este comunicado o de sus antecedentes. Ni el “primer diario público” del Ecuador, El Telégrafo, ni El Universo, ni el Expreso, ni el Extra. De la televisión no puedo dar fe porque mi relación con ese aparato es la misma que la de Groucho Marx (“I find television very educating. Every time somebody turns on the set, I go into the other room and read a book”). Pero en los medios escritos, y me atrevo a apostar que también en los televisivos, ninguno se ha molestado en reproducir o comentar el comunicado de Roche, ni mucho, mucho menos las opiniones de los ex empleados de la Policía Metropolitana, las que (es evidente) no merecen soslayo porque aseguran que el Municipio de Guayaquil es responsable(ustedes recordarán que Andrés Roche estuvo presente el día de los hechos y que su guardaespaldas o chofer –la versión varía según el medio de comunicación- pretendió quitarle al profesor Fabián Burbano la cámara con la que éste filmaba a aquel, v. acá) de los hechos que sucedieron en la Universidad Católica el sábado 16 de agosto (en calidad de gestor de los mismos) que tanto escándalo ocasionaron en la opinión pública. Pero hoy, a pesar de que es indudable que estos hechos merecen atención, sea para dilucidar si el Gobierno utiliza a estos ex empleados de la Policía Metropolitana para ataques falaces contra el Municipio de Guayaquil o si el Municipio de Guayaquil (vía Andrés Roche u otros funcionarios) tuvieron relación con la gestión de los hechos de aquel sábado, todos chitos: mutis por el foro. ¿Y el compromiso con la verdad? Bien, gracias.
En octubre de 2003 una de las mejores plumas que ha escrito en diario El Universo, Roberto Aguilar, escribió lo siguiente: “Cuando del Municipio de Guayaquil se trata, la TV olvida que su papel, en una democracia, es el de servir como mediadora, punto de encuentro y espacio de debate para tendencias diferentes”. Estas palabras de Aguilar se pueden también aplicar, sin problemas, a la prensa escrita. Porque ambas, TV y prensa escrita, sea por acción o por omisión –y más por lo segundo- confirman que las palabras de Aguilar –para desgracia de una sociedad con tan escasa capacidad autocrítica– mantienen su plena vigencia.
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Etiquetas: Alcaldía de Guayaquil, Andrés Roche, Groucho Marx, Metrovía, Roberto Aguilar
