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Groucho Trump

6 de junio de 2017

Desprovisto de toda gracia marxista.
Fuente: David Pope, 2 de junio.

Rumbea + Marx + Cevallos (cóctel para pensar)

30 de noviembre de 2009


El tantas veces citado artículo de Jaime Rumbea + el procedimiento discursivo del abogado Groucho Marx + el comentario de Ricardo Cevallos en El Telégrafo de hoy = elementos para una discusión de los sucesos políticos del Ecuador desde la crítica a las falacias que constituyen el grueso de la opinión de la oposición y desde la crítica razonada a los aciertos y los desaciertos del Gobierno central (para cuya necesaria crítica, además, corresponde una recopilación acuciosa de datos duros y de serios contrastes –así como hacerse cargo de la cultura política de esta provincia sin país al cual referirse, tan imaginario este último como el nombre del que se apropiaron los constituyentes de 1830 para fundarlo)

Liberalismo conservador

9 de agosto de 2009


“El liberalismo de la política cotidiana es al liberalismo, lo que la música militar es a la música”, acá.

Breve cuestionario sobre libertad de expresión

5 de agosto de 2009


Una estudiante me solicitó que absuelva unas preguntas sobre libertad de expresión para su tesis. A continuación, con permiso de ella, las preguntas y mis respuestas:
1. ¿Cuál ha sido su formación académica y trayectoria profesional?
Soy Licenciado en Ciencias Sociales y Políticas (1999) y Abogado (2002) por la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil y Diplomado de Derechos Humanos y Procesos de Democratización (2006) por el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile. He participado en cursos académicos en materia de derecho y de política en países de América latina, Europa y en los Estados Unidos. Trabajo como abogado, consultor y periodista de opinión.
2. ¿Qué diarios lee?
La mayoría de las veces, en su versión electrónica, todos los diarios de circulación nacional de este país (Expreso, El Telégrafo, El Universo, El Comercio, Hoy). En ocasiones, prensa internacional (de España, Estados Unidos y Argentina, principalmente).
3. Diario El Universo, ¿se rige bajo un Código de Ética Profesional del Periodista?
No que yo sepa. Si lo tienen, no es público, y a juzgar por lo que escriben, lo aplican muy poco.
4. ¿Cuál fue el motivo de su salida de Diario El Universo?
En esencia, diferencias con la posición editorial del diario.
5. ¿Qué criterio le merece la calidad de los programas televisivos y artículos de la prensa nacional?
Sobre lo primero, de la TV diré que no puedo expresar mayor cosa porque yo soy de la idea de Groucho Marx, quien sostenía que la TV era muy educativa porque cada vez que alguien la encendía, él salía del cuarto y se iba a leer un libro. Lo único que miro en TV, de manera regular, es el fútbol y lo que puedo decir de nuestro periodismo deportivo (salvo honrosas excepciones como Andrés Gushmer, Diego Arcos y Carlos Víctor Morales) es que es lamentable, e incluso, vergonzoso. Sobre lo segundo, diré que los artículos de la prensa nacional parece que los escribieran esta infame mayoría de periodistas deportivos (salvo, nuevamente, honrosas excepciones).
6. ¿Qué es para usted la libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de opinión e información?
La libertad de expresión tiene una dimensión individual y una dimensión social, e implica no sólo el derecho de una persona de expresar su opinión (con un mínimo de necesarios límites al ejercicio de este derecho) sino el derecho de los miembros de una sociedad a informarse y a participar en el debate de asuntos de interés público (o sea, propiamente, su dimensión social). El ejercicio de la libertad de expresión no debe regularse por la lógica excluyente del mercado sino que deben generarse una serie de mecanismos (medios públicos, observatorios de la sociedad civil a los medios en general, radios comunitarias, etc.) que promuevan la mayor participación en la deliberación colectiva de intereses comunes (propuesta, gestión y ejecución de políticas públicas). La libertad de prensa es la libertad de un medio de comunicación de expresar su postura ante la opinión pública (tiene, en esencia, los mismos mínimos y necesarios límites al ejercicio de la libertad de expresión en su dimensión individual). Es necesario distinguirla de la libertad de expresión, con la que tiene una relación de especie a género. La defensa de la libertad de expresión no se agota, ni mucho menos, en la defensa de la libertad de prensa. Más todavía, ciertas prácticas de la libertad de prensa (los oligopolios y el ejercicio de este derecho sin el respeto a las normas éticas del oficio) son dañinas a la libertad de expresión. Ante eso, corresponde la aplicación de regulaciones y, en los casos extremos, de responsabilidades ulteriores y, en todos los casos, la propuesta de un mayor debate crítico. Entiendo que la libertad de opinión y la libertad de información se contienen en la lógica de la libertad de expresión en general.
7. ¿Piensa usted que existe libertad de expresión en los medios de comunicación?
A juzgar por este informe de la Ciespal, una muy disminuida. Además, el ejercicio de la libertad de prensa (para hablar con precisión), que se ha ejercido con arrogancia y agresividad, es bastante mediocre.
8. ¿Considera que varios medios de comunicación están ligados al poder económico o político?
Ese vínculo es bastante evidente. Por ejemplo, la liviandad con la que el diario El Universo se refiere a los abusos policiales de la Policía de la M. I. Municipalidad de Guayaquil (por oposición a cómo trata ciertos casos análogos) quiere decirnos algo en este sentido. O el que haya sacado (ese mismo diario) a Roberto Aguilar por criticar a personas vinculadas con la banca (los hermanos Isaías) quiere decir otro tanto en el mismo sentido.
9. ¿Considera que existe objetividad e imparcialidad en el periodismo?
No. Pero no creo que tenga que existir necesariamente. Se puede hacer un periodismo subjetivo, que tome partido (lo mínimo que cabe exigir en este caso es que no se nos quiera engañar y decirnos que la toma de partido equivale a defensa de la libertad de expresión: eso es inmoral y es hipócrita). Pero, en general, un medio de comunicación serio debería presentar los hechos de manera neutral, sin introducirle sesgos, lo que implica la presentación de la mayor cantidad de voces que tengan interés en la discusión de un asunto de índole pública.
10. ¿Cree usted que los medios de comunicación influyen en la sociedad?
Sí, por supuesto, crean y re-crean la realidad.
11. ¿Cómo mira la confrontación del Presidente de la República con los medios de comunicación?
Mal, de parte y parte. La crítica del Presidente a los medios se inscribe en una lógica de acción estratégica (son su único rival en el tablero político –el resto son gente que da un poco de vergüenza ajena por su incapacidad de articular un discurso- y han asumido ese rol de rival en la medida en que como se ha dicho en la respuesta 8 defienden ciertos intereses políticos y económicos –en algunos casos, por supuesto y que son muy loables, sí existe una defensa de principios) pero el Presidente la hace muy mal, sin la altura necesaria e incluso, estratégicamente, permitiéndoles a los medios de comunicación asumir un rol de víctimas ante su crítica. Si el Presidente lo hace mal, los medios reaccionan (salvo excepciones, como lo que ha hecho diario Expreso a nivel de investigación, por ejemplo) de igual o peor manera. Un excelente análisis de este tema, puede encontrarse en este artículo de Tina Zerega.
12 ¿Cómo analiza usted la demanda del Presidente Correa a Diario La Hora?
Estoy en profundo desacuerdo. Escribí al respecto, acá.
13. ¿Qué opina de los calificativos presidenciales a varios comunicadores sociales?
A pesar de inscribirse en una lógica de acción estratégica, son una estupidez. Se puede decir lo mismo, de una mucha mejor manera. La prensa es probable que se merezca esos adjetivos en el fondo: lo que se impugna es la forma (la que, además, contribuye a que la prensa se victimice).

El término "matrimonio"

14 de diciembre de 2008

El 27 de diciembre de 2007 el Presidente uruguayo Tabaré Vásquez promulgó una ley que regula las uniones concubinarias de distinto e igual sexo. Uruguay fue el primer país de América latina en legalizar la relación de parejas homosexuales con alcance nacional (al tiempo de la promulgación de esta ley en Uruguay, la unión de parejas homosexuales era legal en Ciudad de México y Coahuila, en México; Río Grande do Sul, en Brasil; Buenos Aires, Villa Carlos Paz y provincia de Río Negro, en Argentina; en Colombia, la Corte Constitucional les reconoció varios derechos a las parejas homosexuales). Ecuador legalizó la unión de homosexuales en el artículo 68 de la Constitución Política actual y reservó la palabra matrimonio para la unión de parejas heterosexuales*.

En una entrada de su excelente bitácora Escribir para qué (titulada "Los guardianes de las palabras") Leila Macor escribe que los conservadores derrotados “comienzan a entender que la homosexualidad no es una enfermedad y hasta aceptan que los gays necesitan ampararse en la ley. Pero aún defienden lo poco que les queda: la propiedad de la palabra. El derecho a nombrar los cimientos de su dignidad con los términos que consideran que les son propios. Aceptan las uniones legales entre homosexuales, ¡pero que no se les llame matrimonio!”. Esta acertada descripción de Leila Macor permite continuar el análisis que se postuló en una entrada anterior de esta bitácora ("Matrimonio en campo abierto"). Quiero insistir, eso sí, en que la institución del matrimonio no es lo importante (porque como decía el enorme Groucho Marx: “El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución” –siempre he sido, valga decirlo, marxista de la tendencia grouchiana): lo mismo puede una pareja homosexual o heterosexual, si lo desea, vivir dentro o fuera de la institución matrimonial: eso no afecta lo esencial (que siempre es invisible a los ojos, Principito dixit). Pero lo que sí es reprochable en una sociedad democrática que postula en su Constitución Política sólidos principios de no discriminación (como lo es la ecuatoriana con todos los juguetes al menos desde la Constitución de 1998) es la sanción legal de una discriminación verbal “argumentando un supuesto título de propiedad que le confieren la religión y la tradición”, como afirma Leila Macor, quien concluye su entrada con los siguientes cabales términos: “Las palabras son peligrosas: crean realidades, no se debe despreciar su poder. Por eso esta nueva clase de "conservadores derrotados” son posesivos con los adjetivos y sustantivos con que se definieron hasta ahora: porque intuyen que cuando pierdan la batalla de la palabra, habrán perdido la guerra para siempre”. Ojalá la pierdan, porque su credo es discriminar: un credo despreciable.

* Curiosamente, como bien lo argumentó un comentarista (Fernando Abel) en la entrada "Matrimonio en campo abierto", la Constitución Política de 1998 no prohibía el matrimonio homosexual. Se podría argumentar en contra de esta hipótesis que no fue esa la intención de los redactores del texto constitucional y que el Código Civil establecía que el matrimonio era la unión de hombre y mujer, etc. (Azul formuló la primera prevención, DoctorObservador -hoy Observador a secas- la segunda). Lo del Código es insustancial (se puede desarrollar una ley posterior que derogue esos artículos o una interpretación constitucional podría declararlos inconstitucionales por considerarlos discriminatorios) y lo de la intención de los redactores no se sostiene porque los principios que sustentaban a la Constitución Política de 1998 permitían una interpretación en sentido contrario. Así, el artículo 17 garantizaba “a todos sus habitantes, sin discriminación alguna, el libre y eficaz ejercicio y goce de los derechos humanos”, el artículo 18 inciso 2 obligaba a que en materia de derechos “se est[e] a la interpretación que más favorezca su efectiva vigencia”, el artículo 23 numeral 3 garantizaba el derecho a la igualdad ante la ley en términos de “todas las personas serán consideradas iguales y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin discriminación en razón de […] orientación sexual” (artículo 23, numeral 3) y el artículo 37 in fine definía el matrimonio como fundado solamente “en el libre consentimiento de los contrayentes y en la igualdad de derechos, obligaciones y capacidad legal de los cónyuges”. Dicho lo cual, solo bastaba que atento a esas normas constitucionales el Tribunal Constitucional actúe en consecuencia. Pero los católicos y otros miembros de confesiones retardatarias podían descansar tranquilos: ese tipo de interpretación constitucional era y es rara avis en estos pagos (pobre Ecuador, tan cerca de Colombia y tan lejos de su interpretación constitucional): de veras, nuestra jurisprudencia constitucional es, en términos generales, hoy como siempre, vergonzosa.



















P.S.- Yisuscrais contraataca, en solidaridá.

De pasquines y omisiones

19 de septiembre de 2008

Vivo en un barrio que otrora mereció llamarse pelucón y que hoy está en franca desbandada. Un dato no menor de mi esquinero edificio, para efectos de este post, es que se sitúa al frente de una estación de la Metrovía. Es, en efecto, no menor porque implica que todos los días el portero de mi edificio entrega en el departamento 13 los pasquines diarios que la Metrovía distribuye (la palabra pasquines es precisa: todo reemplazo o adjetivo que intente su redención sobra). En ocasiones me detengo a hojearlos porque me interesa conocer las simas a las que puede llegar la propaganda cuando se disfraza de trabajo periodístico; más todavía, me detengo a hojearlos porque en no pocas ocasiones su cerrada defensa del ideario municipal los conduce a exponerlo demasiado, a mostrarnos (a despecho de sus perennes intenciones laudatorias) aquellos momentos en que a las autoridades locales se les corre el maquillaje autonómico y libertario y exponen su auténtico rostro antidemocrático. Solo a manera de ejemplo, si no fuera por estos pasquines yo no habría conocido el penoso y autoritario concepto de diálogo que aplica el Alcalde Nebot: “yo digo y si quieren, ustedes escuchan”.

Hoy, uno de estos pasquines publica una interesante noticia bajo el titular “Metropolitanos”. Dice lo siguiente:

“Mediante un comunicado el director municipal de Justicia y Vigilancia, Andrés Roche, anunció que iniciarán acciones legales contra los ex empleados de la Policía Metropolitana que aseguran que los enfrentamientos sucedidos en la Universidad Católica “fueron gestados en el Cabildo”. “Es por demás mentira y tremendamente injurioso y falso que estos señores, que ya no son funcionarios municipales, puedan aseverar(lo)”, dice el documento. Agrega que al separar a estos elementos de la institución el Gobierno los utiliza para “fastidiar a la administración municipal”.

El pasquín reproduce las declaraciones de Andrés Roche en clara adherencia a la postura del municipio local. Eso es evidente porque el pasquín no menciona ni en esta edición ni en ediciones anteriores cuáles han sido esas declaraciones de los ex empleados (¿guardias?) de la Policía Metropolitana que motivan la respuesta de Roche y se limita sólo a exponer la posición del municipio y las acusaciones actuales (contra el Gobierno) y futuras y penales (contra los ex empleados de la Policía Metropolitana) que formula Roche. Pero lo que este pasquín hace de manera involuntaria es exponer al público lo que los otros medios de prensa, que se suponen tan comprometidos con la verdad, acallan.

Me tomé la molestia (porque neta que los periódicos locales parecen existir para justificar la frase de Wilde, “leer los periódicos es llegar a la convicción de que sólo lo ilegible sucede”) de leer toda la prensa local y dos periódicos de Quito. A los periódicos quiteños, que no mencionan el asunto, podría excusárselos sin dificultad. Pero los periódicos guayaquileños sí que no tienen excusa: ninguno de ellos menciona una sola palabra de este comunicado o de sus antecedentes. Ni el “primer diario público” del Ecuador, El Telégrafo, ni El Universo, ni el Expreso, ni el Extra. De la televisión no puedo dar fe porque mi relación con ese aparato es la misma que la de Groucho Marx (“I find television very educating. Every time somebody turns on the set, I go into the other room and read a book”). Pero en los medios escritos, y me atrevo a apostar que también en los televisivos, ninguno se ha molestado en reproducir o comentar el comunicado de Roche, ni mucho, mucho menos las opiniones de los ex empleados de la Policía Metropolitana, las que (es evidente) no merecen soslayo porque aseguran que el Municipio de Guayaquil es responsable(ustedes recordarán que Andrés Roche estuvo presente el día de los hechos y que su guardaespaldas o chofer –la versión varía según el medio de comunicación- pretendió quitarle al profesor Fabián Burbano la cámara con la que éste filmaba a aquel, v. acá) de los hechos que sucedieron en la Universidad Católica el sábado 16 de agosto (en calidad de gestor de los mismos) que tanto escándalo ocasionaron en la opinión pública. Pero hoy, a pesar de que es indudable que estos hechos merecen atención, sea para dilucidar si el Gobierno utiliza a estos ex empleados de la Policía Metropolitana para ataques falaces contra el Municipio de Guayaquil o si el Municipio de Guayaquil (vía Andrés Roche u otros funcionarios) tuvieron relación con la gestión de los hechos de aquel sábado, todos chitos: mutis por el foro. ¿Y el compromiso con la verdad? Bien, gracias.

En octubre de 2003 una de las mejores plumas que ha escrito en diario El Universo, Roberto Aguilar, escribió lo siguiente: “Cuando del Municipio de Guayaquil se trata, la TV olvida que su papel, en una democracia, es el de servir como mediadora, punto de encuentro y espacio de debate para tendencias diferentes”. Estas palabras de Aguilar se pueden también aplicar, sin problemas, a la prensa escrita. Porque ambas, TV y prensa escrita, sea por acción o por omisión –y más por lo segundo- confirman que las palabras de Aguilar –para desgracia de una sociedad con tan escasa capacidad autocrítica– mantienen su plena vigencia.