Lo feo, lo malo, lo bueno

16 de septiembre de 2011

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Publicado en GkillCity el 16 de septiembre de 2011.

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Lo feo, lo malo, lo bueno: este clásico trío servirá para este reporte sobre la “estrategia” que utilizó el municipio de Guayaquil en el proceso penal que sigue contra Daniel Adum Gilbert.

Escenario general

El municipio de Guayaquil inició un proceso penal contra Daniel Adum Gilbert por la supuesta violación del artículo 4 de la “Ordenanza que norma la obligación que tienen los propietarios, o administradores, arrendatarios u ocupantes de inmuebles, de pintar adecuada y debidamente las fachadas, cerramientos, cercas o verjas de las edificaciones, para el embellecimiento y ornato de la ciudad”, aprobada por el municipio de Guayaquil el 10 mayo del 2001.  Su artículo 4, primer inciso, establece lo siguiente:

Art. 4, primer inciso.- Las personas que sean sorprendidas in fraganti, o que mediante denuncia comprobada se determinare que son los responsables de pintar y dañar con pinturas u otros elementos, mediante dibujos y gráficos indebidos, expresiones inadecuadas, grafitis u otras formas inapropiadas, las paredes, fachadas, columnas, cerramientos, cercas, verjas, etc., de bienes inmuebles de dominio público o dominio privado, afectando el ornato, embellecimiento, estética, aseo y sanidad de la ciudad serán juzgados por los Comisarios Municipales y sancionados con multas equivalentes a dos (2) veces el valor del perjuicio ocasionado del que se obtendrá la suma de dinero necesaria para que la Municipalidad proceda a remediar el daño, y trabajará comunitariamente privado de su libertad y bajo vigilancia de la Policía Metropolitana, en la pintada o reparación del bien afectado, por un máximo de siete días.

Para imponer la sanción que en ella se establece (multa y prisión de 7 días con trabajos comunitarios) la ordenanza obliga al comisario municipal a que en el proceso penal pruebe lo siguiente: 1) que se sorprendió “in fraganti” o que mediante “denuncia comprobada” se pudo determinar la responsabilidad de una persona en los actos de “pintar y dañar” paredes, fachadas, columnas, cerramientos, cercas, verjas, etc.; 2) que la pintada que ocasionó daño se haya manifestado con “dibujos y gráficos indebidos, expresiones inadecuadas, grafitis u otras formas inapropiadas”; 3) que la pintada que ocasionó daño haya afectado “el ornato, embellecimiento, estética, aseo y sanidad de la ciudad”.

El proceso penal que inicia una autoridad municipal debe respetar las garantías del debido proceso.  Eso incluye, entre otras cosas, el derecho a ser oído dentro del proceso penal, a contar con tiempo para preparar su defensa, a presentar de forma verbal o escrita argumentos y a replicar los argumentos en su contra, a presentar pruebas y a contradecir las pruebas contra él presentadas, a obtener una resolución debidamente motivada.  Ninguno de estos derechos respetó en el proceso penal contra Adum el comisario municipal a cargo, Ab. Ángel Peñafiel Espinoza, a pesar de que tenía la obligación constitucional (artículo 76 numeral 1) y legal (artículo 395 del Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Control) de hacerlo.  En realidad, el proceso penal duró dos días, desde que el delegado municipal # 59, Flavio Maridueña Carreño, remitió un informe al director de justicia y vigilancia, Ab. Xavier Narváez Valdiviezo, en el que refería que la pared de la Av. del Bombero había sido utilizada “para exponer pintura” y que días después se habían pintado otras, en las que después de repintarlas los funcionarios municipales de gris, el 20 de agosto “habían pintado caras diciendo: ‘Censurado por mostacho alfacho’” (sic).  El 24 de agosto, este informe se agrega al expediente 2011-7669 que el comisario cuarto municipal, Ab. Ángel Peñafiel Espinoza, sigue contra Daniel Adum Gilbert.  El informe se constituyó como el único fundamento para que el comisario cuarto municipal resuelva imponer “LA MULTA EQUIVALENTE AL DOBLE DEL PERJUICIO, EL MISMO QUE DETERMINARÁ LA DIRECCIÓN DE OBRAS PÚBLICAS, Y TRABAJARÁ COMUNITARIAMENTE PRIVADO DE SU LIBERTAD, BAJO VIGILANCIA DE LA POLICÍA METROPOLITANA, EN LA PINTADA O REPARACIÓN DEL BIEN AFECTADO, POR UN MÁXIMO DE SIETE DÍAS”. (Las mayúsculas y las negrillas son del original).

Se reporta a continuación lo feo, lo malo y lo bueno de la “estrategia” del municipio de Guayaquil en este proceso penal.

Lo feo

Lo feo de la “estrategia” del municipio de Guayaquil sucedió el día de la audiencia pública, en las afueras de la Intendencia General de Policía del Guayas: el municipio de Guayaquil llevó a personas que no conocían siquiera de qué se trataba el proceso penal contra Adum, con el propósito de provocar y buscarle conflicto a la gente de Litro x Mate, que respaldaba con su presencia a Daniel Adum Gilbert.  En algún momento, incluso, una de esas personas (como puede observarse en este video) empuja a Paulina Obrist.  Las prácticas de provocación y de violencia no son extrañas a los socialcristianos del municipio de Guayaquil: las prácticas de provocación y de agresión verbal a los concejales de oposición en las sesiones del Concejo Municipal, la violencia física de un concejal a otro y del propio Alcalde Jaime Nebot Saadi a una autoridad judicial (que, sin embargo, lejos de recibir críticas de quienes con tanto celo se preocupan de cualquier agresión verbal emanada de otras autoridades, casi nunca ha merecido ni información ni reproche en los medios de comunicación locales –el subdirector de diario Expreso, Jorge Vivanco Mendieta, no tuvo empacho en llamarlo una defensa “con vehemencia –como debe ser-” lo que a Nebot le agradó bastante).

Es feo que el municipio tenga estas prácticas y que los medios de comunicación sean, de manera general, mudos cómplices de las mismas.  Y no es tanto feo, como facho (dándole la razón al Mostacho).

Lo malo

Lo malo de la “estrategia” del municipio de Guayaquil es la “argumentación” que utilizó para “probar” la responsabilidad de Daniel Adum Gilbert e imponerle la sanción establecida en la ordenanza.  Es mala, primero, por mentirosa: en la audiencia, como pruebas contra Adum, el director de justicia y vigilancia, Xavier Narváez Valdiviezo, presentó unas fotografías a las que calificó de “manifestaciones supuestamente artísticas que no sólo violan la ley sino agreden a la ciudad” (audio, min. 03:08 - 03:47) que no eran de autoría de Daniel Adum Gilbert.  Sí, así fue, tan absurdo como eso: el municipio de Guayaquil intentó probar la responsabilidad de una persona en un proceso penal con actos de reconocida autoría de otra persona (esto está para romper el guatedefacómetro, pero en realidad este procedimiento malicioso no es extraño para el municipio de Guayaquil: hizo lo propio en el caso de la censura previa, en el que nos atribuyó a quienes presentamos la acción de protección el defender obras cuya defensa nunca habíamos asumido: véase acá).  Las fotografías que presentaron correspondían al proyecto “Burros de colores”, que si se habrían tomado la básica molestia de googlearlo se habrían encontrado con el blog www.burrosdecolores y se darían cuenta que ese proyecto es de autoría de Jorge Jaén (el proyecto obtuvo un “primer premio salón de julio” y, no se piquen, también llegó a Carondelet).  Acusar a una persona de actos que de manera pública y notoria no ha cometido (con solo googlearlo poder darse cuenta), eso es mala estrategia.  Pésima.

Es mala, también, la estrategia por arbitraria e irracional.  En ningún momento de la audiencia pública el director de justicia y vigilancia, Xavier Narváez Valdiviezo, intentó razonar el por qué de la responsabilidad de Daniel Adum Gilbert en los hechos que le imputaba; nunca intentó razonar cómo el hecho de pintar colores causaba daño, cómo los cuadrados de colores constituían “dibujos y gráficos indebidos, expresiones inadecuadas, grafitis u otras formas inapropiadas”; cómo el daño que causaban los colores afectaba “el ornato, embellecimiento, estética, aseo y sanidad de la ciudad” (menos todavía cómo podía afectarlo cuando lo que había antes de los colores era, ahí sí, paredes manchadas de publicidad, de grafitis ininteligibles y de obscenidades, las que jamás merecieron atención de las autoridades municipales, las que ahora sí, ¡oh, sorpresa!, resultan celosas guardianas del “ornato y etcétera” de la ciudad).  Nunca intentó razonamiento alguno para rebatir los argumentos expuestos por la contraparte de que la ordenanza era arbitraria, desproporcionada, ilegal e inconstitucional (expuestos en este escrito y en la audiencia pública, cuyo audio puede escucharse acá: dicho sea de paso, el que calla, otorga); nunca intentó razonar nada, porque el director de justicia y vigilancia alegaba que “lo que sí es objetivo es la ley y su cumplimiento” (audio, min. 06:00 - 06:04).  Para el representante del municipio de Guayaquil no había nada que razonar a este respecto: el municipio de Guayaquil crea la ordenanza y sus funcionarios la hacen cumplir cuando ellos entienden que ésta se ha incumplido, sin consultas a los ciudadanos (a las que están obligados legalmente) y sin razonamientos de ningún tipo.  Lo hacen porque sí, porque quieren.  Así no más.  Una forma de entender las cosas y de proceder que resulta, de manera evidente, arbitraria e irracional.

Recapitulemos: un proceso penal de dos días en sede municipal en el que se irrespetaron garantías básicas del debido proceso, una sanción impuesta en la que no se consultó a los ciudadanos de la ciudad a la que supuestamente se ofende (que es una obligación legal, de conformidad con el artículo 3 literal g) del Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización) , una “argumentación” que sostiene que la ley, tal como ellos la entienden, es “objetiva” (un WTF jurídico del tamaño de la incapacidad de Lucio Gutiérrez) y que parece concederles patente de corso para eximirse de realizar todo tipo de ejercicio argumentativo para probar la responsabilidad de Daniel Adum Gilbert en los hechos que le imputan haber cometido.  En resumen, el municipio crea la norma (cuya creación es ilegal e inconstitucional, además), la pretende aplicar como le da su real gana, por sí y ante sí, sin consultas ni razonamiento alguno y con pruebas falsas.  Un asco.  Es difícil pensar que podían hacerlo peor que este triste ropaje jurídico con el que han pretendido disimular su prepotencia y su afán persecutorio contra Adum.

Esta actitud de la entidad municipal de erigirse como celosa guardiana del ornato de la ciudad (a la cual, esto es textual, estos murales de colores de la agrupación Litro x Mate supuestamente “agreden”, según nos cuenta el director de justicia y vigilancia), en términos de impedir o sancionar toda manifestación que a ellos no les parece adecuada, es una actitud propia de gobiernos anteriores a la época de la Ilustración, propia de los principios del “Estado de policía”, el que de acuerdo con Gustavo Zagrebelski, se halla “fundado no sobre la libertad, sino sobre el ‘paternalismo’ del Estado, donde, en general, la acción de los particulares se admitía sólo mediante autorización de la Administración, previa valoración de su adecuación al interés público.  En el Estado de policía, una sociedad de menores; en el Estado liberal, una sociedad de adultos”. (El derecho dúctil, Pág. 29)  Una sociedad de menores: el que debe ser el probable sueño húmedo del idealista papanatas que es Melvin Hoyos: véase acá y acá.  Una autoridad que no es liberal, a pesar de lo mucho que se llena la boca rebuznando: “libertad, libertad”.

Lo bueno

Lo bueno es que el municipio de Guayaquil es papayero y con este proceder tan feo y tan malo (tan torpe y tan turro, añadiría yo) lo que hacen es darle la razón a quienes lo retratan, jocosamente, como “facho” en las paredes que insisten en pintar de gris.

Lo bueno, también y más importante, es que a pesar de la disciplinada omertá entre el municipio de Guayaquil y los medios de comunicación locales, se empieza, en buena medida a través de las redes sociales, a observar grietas en ese muro de silencio embrutecedor y cómplice.  Acá un video que se presentó en la audiencia pública con algunas opiniones que contribuyen a ello:


¿Vieron a la señora Nelly Cereceda de Vallarino que salió en el video?  La señora dice que la acción del municipio de Guayaquil le provocó “la sensación de haber regresado al medioevo, y eso ya pasó hace muchos siglos”.  Si una señora de 88 años tiene razón en caracterizarte como una antigualla medieval (o como un Estado pre-ilustrado de policía, en términos de Zagrebelski), o sea, en definitiva, como entidad indigna del siglo XXI, entonces harían mejor las autoridades del municipio de Guayaquil en no tener la turra terquedad de Iván Hurtado y pensar en su retiro e irse “por la sombrita”, como diría el concejal Polito.  Porque, ha sido evidente, una ciudad del siglo XXI les queda muy, pero muy grande.

Mostacho el Facho

2 de septiembre de 2011

Publicado en GkillCity el 2 de septiembre de 2011.

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Mostacho El Facho es un personaje conocido en las redes sociales, que tiene su propio canal de TV (mostachoteve) y cuya imagen (similar a la del abogadito Nebot) ha engalanado algunas paredes de la ciudad, para evidente disgusto de varios funcionarios del municipio local. No tengo ni puta idea de quién es Mostacho El Facho, pero mi hipótesis es que no es uno, sino legión.

Debe ser muy sencillo hacer a Mostacho El Facho (el stencil de Mostacho El Facho está disponible en la web) y cualquiera lo puede bajar y podrían capturar a uno y otro tomará la posta. En todo caso, lo realmente asombroso de todo este asunto del que Mostacho El Facho es parte es que una ciudad en la que los garabatos y las obscenidades (un amplio catálogo de vergas, por ejemplo) nunca han motivado a las autoridades municipales lo suficiente como para borrarlos, la existencia de colores en lo que antes eran muros grises (con garabatos y obscenidades, además) los motive tanto e inviertan de nuestro billete para borrarlos. Parecerían encantados con las vergas que adornan la ciudad (o al menos eso parece indicarnos su inalterable presencia) y muy molestos por los colores (al tiempo de amar el gris por sobre todas las cosas). Si entran en terapia sexual, yo apostaría que el psicólogo de turno pondría una notita al pie de su informe: "caso difícil".

Ahora, puede entenderse que el municipio ame el color gris: es un color monótono, neutro y sombrío, tal como son sus políticas para el espacio público. O sea, es un color congruente. Pero lo que debería resultarnos difícil de entender es cómo el municipio puede actuar, nuevamente, en abierta contradicción a la ley, en este caso, contra su propia ordenanza, la que establece para el caso de que se afecte con "dibujos o gráficos indebidos" u "otras formas inapropiadas" el "ornato, embellecimiento, estética, aseo y sanidad" una sanción de multas y de hasta siete días de prisión. Nadie sensato consideraría esos dibujos de colores como indebidos o inapropiados, ni que puedan afectar todas esas cosas que el municipio sostiene en su ordenanza que le interesa proteger. Nadie sensato podría considerarlo así, menos después de observar una de esas comparaciones antes y después (tan queridas por Novedades TV y por las autoridades del municipio para todavía vacilar, casi veinte años después, el cuco de Bucaram), como ésta:

 
Menos todavía puede justificarse la represión penal que establece la ordenanza por expresarse de una manera que disguste a la autoridad (aunque la disguste mucho, como los stencils de Mostacho El Facho). Si tanto indigna a la gente (incluidos a los políticos de Madera de Guerrero) que Correa haya utilizado el tipo penal de desacato para sancionar a quienes se expresaron de una manera que lo cabreó (una indignación justificada de la gente, por supuesto, que para quienes creemos que a las palabras -porque eso de ser whining bitches es aburrido tirando a patético- las deben acompañar los actos, nos motivó a presentar una acción de inconstitucionalidad del delito de desacato, que firmamos los abogados Ramiro Ávila, Agustín Grijalva, Rafael Lugo y quien esto escribe, y que puede encontrarse en el siguiente enlace, esa misma indignación debe provocarle a la gente el que exista una ordenanza que sancione con prisión a quienes pinten colores o graffitis que no sean del gusto de la autoridad. Esto, porque la prisión es, de manera evidente, una sanción desproporcionada, por un acto que podría repararse (llegado el caso) sin ninguna afectación a la libertad personal. Pero no sólo es una sanción desproporcionada, sino que también el establecer en una ordenanza una sanción de privación de libertad es ilegal e inconstitucional: hacerlo está en abierta contradicción con el artículo 2 del Código de Procedimiento Penal y con el artículo 76 numeral 3 de la Constitución, que establecen el principio de legalidad para las sanciones penales, lo que implica que solamente la Asamblea Nacional puede dictar normas que sancionen con la privación de libertad: no puede nunca hacerlo una corporación municipal. La ordenanza es desproporcionada, ilegal e inconstitucional: yo digo que debería resultarnos difícil de entender que exista, pero a condición de que fuera ésta una sociedad liberal y democrática. Porque, a decir verdad, está claro que todo esto puede entenderse que suceda en el territorio del abogadito Nebot.

Pero es incluso peor. Las gentes del municipio (el abogadito Nebot, el primero) se llenan la boca hablando de libertades, pero no las respetan en la práctica. La casa que alquila Daniel Adum sobre la calle Higueras en Urdesa, en la cual él pintó las paredes de colores, el municipio se las pintó de gris. Llegaron de madrugada y mancharon de sombrío lo que antes era de color: no es esa pared de la calle Higueras una pared de propiedad pública, no es una pared que se haya pintado contra la voluntad de su propietario o de su administrador. En este caso, tanto el propietario (una persona que vive fuera del país) como su administrador (el propio Adum) querían que la pared esté pintada como estaba, pero el municipio decidió pintarla, por sí y ante sí, sin consultar a nadie, en clara afectación a la libertad de una persona de decidir sobre su propiedad (la pared no tenía ninguna pintura ofensiva, ni había molestado a ninguno de los vecinos, quienes más bien se han sentido incómodos con este hegemónico y patético gris). Y así se llena la boca esta pobre gente, tan llena de imposiciones, prohibiciones y arbitrariedades, hablando de libertades: pura mentira. Bullshit.

Y no se detiene allí el asunto. Mostacho el Facho publicó en su canal de TV un didáctico video en el que el abogadito Nebot no duda en defender la libertad de expresión y en proclamar que "discrepar no es delito, ni aquí, ni en ninguna parte del mundo". Si el abogadito se tomara en serio lo que dice, ¿a cuenta de qué la orden de meter presa a una persona por discrepar con las acciones represivas (e ilegales, además) que borran colores de la ciudad? Tenga la valentía de la coherencia, abogadito. Pilas ahí.

En resumen, las pintadas de "gris municipal" carecen de sustento legal, la posible represión penal es desproporcionada, ilegal e inconstitucional, la pintada de una propiedad privada contra el consentimiento de sus legítimos administrador y propietario una violación a la libertad de estos y a su derecho a la propiedad privada y el abogadito Nebot a punto de cometer un evidente acto de alta hipocresía (una vez más). Pero de esto último y de sus anteriores errores queremos rescatar al municipio. En esta edición de GkillCity presentamos una propuesta de ordenanza que respeta el espacio público y el derecho a la propiedad privada, que elimina la desproporcionada represión penal y la abominable práctica de la delación (instituida por ordenanza el jueves 18 de agosto, otro desatino) y que promueve la participación ciudadana en la gestión de los espacios comunes. Hay chance para que el abogadito Nebot se reivindique y no nos permita confirmar que tiene de Mostacho todo lo que tiene de Facho. Como ese stencil que tanto le disgusta.

El socialcristianismo, enfermedad social (test para su detección)

11 de agosto de 2011

Publicado en GkillCity.com el 11 de agosto de 2011.

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Este gentil servidor de GkillCity.com pone a disposición de la ciudadanía este práctico test para detectar si padece Ud. la enfermedad social del socialcristianismo (y de su camuflaje de madera):

1) ¿Está Ud. de acuerdo que en el espacio público existan restricciones "de ingreso a áreas públicas -el lugar X 'se reserva el derecho de admisión'-, de besarse, sentarse, circular o comportarse de una manera distinta a la ordenada, de vestimenta para el caso de los habitantes del cerro Santa Ana y de los taxistas -fallida esta última-, de acceso de los desposeídos -vagos y mendigos- y de los vendedores informales a las áreas regeneradas (que se traduce en una 'limpieza sociológica' del sector y en abusos varios de las autoridades que aplican esta restricción) y [que existan] regulaciones inconsultas (como por ejemplo, la estética que en general se impone, la eliminación de las bancas en la zona regenerada, la implantación de disfuncionales áreas verdes, etc.) que conducen, en esencia, a una arquitectura urbana que propicia la conversión del ciudadano en turista de su propia ciudad y a un uso del espacio público sujeto a una vigilancia extrema que favorece la comisión de violaciones a las libertades civiles de las personas en nombre de una idea sesgada [...] del orden y la seguridad"?. (Véase acá, y acá)

2) ¿Está Ud. de acuerdo con negarle a los ciudadanos toda posibilidad de participación en la gestión de los bienes y de los dineros públicos que administra el municipio local (o sea, en la administración de nuestro billete) así como en el debate sobre las políticas públicas que esa misma entidad aplica en nuestra ciudad? (Véase acá, y acá)

3) ¿Está Ud. de acuerdo con la represión a los comerciantes informales, en vez de discutir con ellos su sensata propuesta? (que consiste en lo siguiente: "que se cree una comisión de evaluación y diseño de nuevas ordenanzas que estaría conformado por un delegado del Municipio, un delegado del Gobernador, un delegado de los mercados, un delegado de los comerciantes ambulantes y un delegado de los comercios tradicionales, así como definir las zonas de trabajo, los productos que se puedan vender, otorgar permisos de funcionamiento para los vendedores, la entrega de un carné de funcionamiento y creación de un programa de capacitación con temas como atención al cliente, manejo de negocios y tributación"). (Véase acá, y acá)

4) ¿Está Ud. de acuerdo con que la libertad que deba priorizarse sea la "de comercio" al tiempo que considera válido que se restrinjan de manera ilegítima el ejercicio de otros ámbitos de la autonomía personal? (Véase acá, y acá)

5) ¿Está Ud. de acuerdo con perseguir (a través del ruin procedimiento de la delación entre ciudadanos por el pago de 1000 dólares) y encarcelar a quienes pintan de colores las paredes grises de la ciudad? (Véase acá, y acá)

6) ¿Está Ud. de acuerdo con que acudir en turbamulta a un juzgado y golpear a un juez es la manera correcta de obtener "justicia popular" y no un síntoma evidente de fascismo? (véase acá -min. 1:52-2:35)

7) ¿Está Ud. de acuerdo con aplicar la censura previa de manera contraria a los tratados internacionales de derechos humanos y a la Constitución porque considera que ciudadanos adultos de Guayaquil no se encuentran en "capacidad de decodificar algunos mensajes"? (Véase acá, y acá)

8) ¿Está Ud. de acuerdo con imponerle una sanción de 12 años a quienes ejerzan su derecho a la protesta contra la mala administración de la Metrovía? (Véase acá, y acá)

9) ¿Está Ud. de acuerdo con la discriminación a los homosexuales? (Véase acá, y acá)

10) ¿Está Ud. en incapacidad de pensar y rebatir los puntos anteriores sin recurrir a la bajeza de los ataques personales, el recuerdo de la barbarie bucaramata, la ignorancia, el moralismo o la exaltación de la violencia (o sea, sin incurrir en "todo lo que es" el kit cerebral socialcristiano)?

La última pregunta del test es porque un día su sensei mayor les contó a sus huestes socialcristianirijillas que eso de pensar era cosa de "sociólogos vagos". La muletilla es facilona y subnormaloide, pero para los socialcristianos de cepa ha sido razón suficiente para despreciar la discusión con los otros de fuera de su estrecho círculo, el debate de ideas con el resto de los ciudadanos, el civil diálogo.

De ahí que los políticos y los administradores públicos socialcristianos nunca intervengan fuera de su zona de confort (o sea, ese pool de prensa escrita, radio y TV de obscena obsecuencia a sus políticas públicas) y, en consecuencia, no intervengan jamás en ningún espacio de debate ciudadano abierto sobre su administración y sus políticas públicas, en el que puedan exponerse a críticas. Ahora, si lo miramos en detalle, esto tiene mucha lógica, porque el líder socialcristiano remanente, Jaime Nebot, fuera de su cuidada zona de confort es un fracasado: las dos campañas en las que participó para la Presidencia de la República (elecciones del 92' y 96') en las que tenía que verse de qué madera es que estaba hecho, las perdió: la primera frente a un anciano y la segunda frente a un demente. Su madera resultó muy turra, a pesar de lo cual todavía entuca a la gente con el verso aquel de que es "de guerrero". Pfffff.

Y de ahí que los socialcristianos de cepa, cuando discuten en redes sociales o en otros ámbitos sobre asuntos de interés público, no puedan pensar como ciudadanos de una sociedad democrática del siglo XXI, sino que tengan que incurrir en la bajeza de los ataques personales, el recuerdo de la barbarie bucaramata, la ignorancia, el moralismo o la exaltación de la violencia. Pensar las ideas detrás de las preguntas de este test es algo que está muy lejos de las posibilidades de estos vulgares rednecks de una Alabama decimonónica revestida de ridículo Miami, que oculta la basura (o sea, sus propias miserias) debajo de la alfombra.

Pero lo peor de todo, lo peor, es su profunda ignorancia. Porque, sea dicho con las palabras del "sociólogo vago" Karl Popper, la verdadera ignorancia no es no tener conocimientos, sino rehusarse a adquirirlos.

Esto recién empieza

7 de julio de 2011

La historia comienza con la violación de un menor de edad que se graficó en el diario Extra y que se representó en una escultura de Graciela Guerrero en la exposición “Playlist: grandes éxitos del arte contemporáneo en el Ecuador”.  El procurador síndico del municipio, Miguel Hernández, en la audiencia que se celebró ayer le mostró tres fotos al juez Sócrates Moreno y todas eran una única foto, siempre la misma: la foto de la escultura de Graciela Guerrero, que parece una obsesión malsana de las cabecitas municipales.  Según cuentan, cuando el alcalde se enteró que un moreno violaba a un niño en su museo, montó en cólera y ordenó su retiro.  De ese primer acto de censura a la imposición de la censura previa en las bases de participación del salón de julio había solamente un par de carajazos de distancia.

La obra de Guerrero es, en realidad, una provocación para pensar las representaciones que la prensa amarillista (típica del diario de mayor circulación nacional, diario Extra) hace de casos atroces de violencia sexual.  En palabras del propio catálogo de la exposición, la obra de Guerrero constituye una crítica de “las estrategias de la prensa amarillista, la cual ha circunvalado -desdeñando cualquier consideración ética- las recientemente estrenadas restricciones constitucionales para la cobertura de hechos violentos, suplantando con ilustraciones caricaturescas las fotografías que anteriormente publicaban de las víctimas de actos delictivos. En todos los casos las obras hablan de lo superficial que resulta todo abordaje mediático en relación a fenómenos sociales como estos”.  O, en palabras de Rodolfo Kronfle: “Si el diario con mayor tiraje del país circula una imagen de un ‘moreno violando a un niño’ […] ¿porqué se censura exactamente la misma imagen convertida en escultura cuando lo que hace esta segunda sería precisamente criticar la circulación incuestionada de la primera?... ¡sin palabras!”.

Pero anclados como estaban en sus prejuicios, para Miguel Hernández y para Melvin Hoyos la obra era pornográfica y punto.  Los dos se la exhibieron al juez Sócrates Moreno y la consideraron una obra inaceptable para que la vean los niños, a quienes se debía proteger de la misma al tiempo que la mostraban con detalle a las cámaras de televisión para que salga en el noticiero del mediodía… ¡en horario infantil!  Ese es el tamaño de su preocupación por lo niños: una excusa barata para su moralista arbitrariedad.

En la audiencia sobre la acción de protección que se celebró ayer, el juez décimo de lo civil, Sócrates Moreno, decidió declararse incompetente (uno podría decir que en TODO el sentido de la palabra) para conocer la causa que planteamos contra la censura previa.  Hay que precisar que los mayores atributos de este juez durante la tramitación de la misma fueron el fastidio evidente por tener una causa incómoda y el miedo recurrente a fallar en derecho.  Bateó de entrada las medidas cautelares con la absurda excusa de que quedaban pendientes por agotar “vías administrativas”, sin especificar ninguna.  Luego encontró la vía para batear la acción de protección y decidió declararse incompetente porque, según él, la acción a interponerse es la acción pública de inconstitucionalidad, la que es una vía claramente ineficaz para la protección del derecho por la sencilla razón de que su único efecto es expulsar una norma del ordenamiento jurídico y cuando llegue la resolución en esta vía (sea la definitiva o la provisional que alegó Hernández) ya no habrá norma que expulsar siquiera, porque la norma se habrá extinguido.  Así de absurda es la sentencia del juez Moreno.  Nada imprevisible, por supuesto, que en tribunales el miedo prevalezca sobre la razón.

Ahora, la defensa del municipio sobre el fondo del asunto debe provocar vergüenza ajena.  Según el procurador síndico Hernández, la facultad para imponer la censura previa deriva de una “tradición constitucional” (esto es tan WTF que el guatdefacómetro se trizó).  Si uno debe explicarle a la máxima autoridad jurídica del municipio de Guayaquil que la entidad donde él trabaja es un órgano de la administración pública cuyas competencias y atribuciones deben someterse a los principios de constitucionalidad y de legalidad (según expresa disposición del artículo 226 de la Constitución), estamos jodidos, porque con un sujeto con esta tan peregrina idea en ese espacio de poder podría el Municipio hacer lo que le venga en gana sin sujeción ni respeto a la ley (que es precisamente lo que hizo en este caso, valga decirlo).  Más aún: según Hernández, antes que el principio de actuar de conformidad con la ley está una nebulosa idea del bien común que él sustenta en… ¡los deberes de los ciudadanos! (el guatdefacómetro está a tope). El deber de los ciudadanos de anteponer el bien común al bien particular es la base jurídica suficiente para que la administración pueda imponerles a los ciudadanos la censura previa: esto es tan absurdo como que Melvin Hoyos le diga a alguien: “tú tienes el deber de que yo te censure”.  Hernández se pasó por el traste (diría “por el culo”, pero a Melvin, que encuentra porno en todo, le puede dar algo) el principio de legalidad, el que parece, en realidad, estorbarle bastante.  Y finalmente, Hernández nunca desvirtuó que la censura para los adultos era incorrecta; se cebó, con entusiasmo que en la diócesis de Boston podría levantar sospechas, en decir que lo suyo era la protección de los niños.  A lo Magda Flanders. Y mostró las fotos que los niños no deberían ver por nada de este mundo en horario infantil (Ecuavisa las pasó en su noticiero de las 13:00). Ni Monty Python lo hacía mejor. El guatdefacómetro, kaputt.

El juez se la sacó entonces y no era imprevisible que lo haga. Después de todo, nosotros sólo teníamos el derecho de nuestra parte y cualquiera en este país sabe que eso suele, en nuestros tribunales, no bastar o servir de muy poco.  Del otro lado teníamos y tenemos a una maquinaria política que mete miedo, con o sin razón. Porque después de todo, Nebot no ha tenido problema ninguno en golpear jueces en su propio despacho; así que las cosas que hará “en privado” para meterles miedo no son muy difíciles de imaginar. El juez pensó, ¿comprarse un pito, para qué? Y se olvidó de ser juez.

Pero como dice el bigotón golpea-jueces de Nebot, “esto recién empieza”.  Vamos a apelar y vamos a seguirla, si es necesario hasta instancias internacionales.  Y nos vamos a divertir en el camino, porque todo es ganancia para nosotros.  Que se abra el debate sobre el tipo de mentirosos y equivocados individuos que administran el espacio público en esta ciudad, eso ya es ganancia.  Que se sepa que actúan de manera arbitraria (porque la censura previa es sólo un botón de muestra, por supuesto) y sin sujeción a las leyes, eso ya es ganancia.  Que se los critique y se muestren como lo que son, unos pobres tipos temerosos del sexo, llenos de prejuicios y de prepotencia, valientes de sonseras y de absurdos, eso ya es ganancia, y se empieza a lograr, poco a poco, la discusión de sus políticas discriminatorias y de sus abusos, y a tomar acciones y a divertirnos, y a reírnosles en su cara, que es lo que estos curuchupas, en definitiva, se merecen.

Y así osa llamarse "historiador"

6 de julio de 2011

Calvin Huecos (AKA, “Melvin Hoyos”) escribió una nota en su página de facebook titulada “reflexiona muchacho, aún estás a tiempo”. Como buena parte de lo que Calvin ha dicho sobre este tema de la censura previa, su nota está llena de mentiras y de equivocaciones. ¿Mentiras y equivocaciones anteriores?: se las puede observar en la Demanda (Pág. 2-4) con su respectiva y sustentada refutación.

Según Calvin en su nota, “un grupo de jóvenes manipulados por el señor Xavier Flores llegaron al Palacio de Justicia”. Primera mentira: en realidad, cada cual asistió porque quiso (de hecho, yo llegué solo a la audiencia) y la única difusión que se hizo fue a través del twitter y de www.gkillcity.com. Luego dice Calvin, “curiosamente, el señor Flores comenzó a preocuparse por los niños después de haber defendido a raja tabla, el que exista un lugar en donde puedan exponerse obras como la escultura de un niño cuando es violado por un adulto”. En realidad, otra mentira. La preocupación por los niños estuvo desde el principio y puede leerse en la demanda que lo que se buscaba era la conciliación de “la obligación de ‘protección moral de la infancia y adolescencia’ con el derecho colectivo o social de todas las demás personas a conocer las ideas, opiniones e informaciones que se involucran en esas expresiones artísticas y a juzgarla por sí mismas” (Demanda, Pág. 15). La confusión de Calvin es tal que supone que la existencia de un lugar “donde pueda exponerse obras como la escultura de un niño cuando es violado por un adulto” al cual se restrinja el acceso a niños y adolescentes no es protegerlos adecuadamente (es, además, la manera legítima de protegerlos de acuerdo con las obligaciones internacionales del Estado establecidas en el artículo 13.4 de la Convención Americana). Esto, Calvin no lo comprende. Es de suponer que, según Calvin, sólo puede protegerse de verdad a los niños y los adolescentes cuando también se censura a los adultos la posibilidad de juzgar por sí mismos. Cualquiera podría entender que para proteger a unos (los niños y adolescentes) no es necesario privar a otros (todos los adultos) de su derecho a tener un juicio propio sobre una obra de arte, por sexualmente explícita que ésta sea (no por nada es adulto, ¿no?). Cualquiera lo podría entender, menos Calvin. Él está negado.

Por cierto, la “escultura de un niño cuando es violado por un adulto” que tanto horroriza a Calvin es, en realidad, una obra que Graciela Guerrero presentó en la exposición “Playlist: grandes éxitos en el arte contemporáneo del Ecuador”, que organizó el museo municipal en enero del 2010. La obra de Guerrero era, en realidad, una provocación para pensar las representaciones que la prensa amarillista (típica del diario de mayor circulación nacional, diario Extra) hace de casos atroces de violencia sexual. En palabras del propio catálogo de la exposición, la obra de Guerrero constituye una crítica a:

“las estrategias de la prensa amarillista, la cual ha circunvalado -desdeñando cualquier consideración ética- las recientemente estrenadas restricciones constitucionales para la cobertura de hechos violentos, suplantando con ilustraciones caricaturescas las fotografías que anteriormente publicaban de las víctimas de actos delictivos. En todos los casos las obras hablan de lo superficial que resulta todo abordaje mediático en relación a fenómenos sociales como estos”.

O como después diría Rodolfo Kronfle en su bitácora de Internet:

“Si el diario con mayor tiraje del país circula una imagen de un “moreno violando a un niño” […] ¿porqué se censura exactamente la misma imagen convertida en escultura cuando lo que hace esta segunda sería precisamente criticar la circulación incuestionada de la primera?... ¡sin palabras!”

Pero Calvin no procesa otra manera de entender el arte como no sea desde la prohibición: todo lo que no se ajusta a su estrecho marco de referencia moral y sexual es, de plano, pornográfico y no vale. Así de limitados son los alcances intelectuales de Calvin en esta materia.

Según Calvin, la protección de los niños no me importa a mí, porque lo que sí me importa “es que la pornografía se enseñoree en nuestra sociedad, así le haga daño a nuestros niños y nuestros jóvenes”. Esto es absurdo y es mentiroso. Las únicas veces que la demanda se refiere a la pornografía es cuando se lo cita a Calvin refiriéndose a la misma: lo que postula la demanda es una defensa del arte critico que puede ser “molesto, irritante o provocador” (lo que puede incluir lo “sexualmente explícito”; se sostuvo este criterio con fundamento en el caso del artista León Ferrari resuelto por la Cámara Contencioso Administrativa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; V. Demanda, Pág. 8) por oposición a la idea de arte del Municipio que es tan conservadora que el jefe actual del museo municipal, Víctor Hugo Arellano, ha llegado a sostener que debe ser “expresión con valor cultural que deleite, edifique y enaltezca a la mujer y a los niños”. El interés principal de la demanda no es, ni mucho menos, la promoción de la pornografía (la que, insisto, sólo existe en las obsesiones de Calvincito, en ninguna parte más se la menciona) sino que no se nos imponga a todos los adultos una censura previa ilegítima y arbitraria, porque la imposición de ese tipo de censura es la violación “más radical y extrema” de la libertad de expresión (V. Demanda, Pág. 12-14). En la demanda y en el alegato se demuestra sobradamente que el municipio ha ejecutado (dispuesto y firmado por Calvin en conjunto con el alcalde Nebot) un acto de imposición de censura previa de manera ilegítima y arbitraria porque no existe ningún fundamento jurídico para la imposición de la censura previa: ninguna competencia ni ninguna atribución de ninguna de las autoridades del municipio los faculta a imponerla (V. Alegato, Pág. 6-10). Es más, es tan grosera la violación del derecho a la libertad de expresión que se impone contra disposición expresa constitucional en contrario: el artículo 18.1 de la Constitución prohíbe la censura previa. Que Calvin me atribuya, nuevamente, que no me importa si se ocasiona daño a los niños y adolescentes, es otra mentira más. Más arriba se citó la demanda en este sentido de necesidad de proteger a los niños; en el alegato se volvió a insistir en la obligación de proteger a los niños y adolescentes (V. Alegato, Pág. 10-12). Pero Calvin ve solamente lo que quiere ver. Sea por analfabetismo funcional o por mala fe, se rehúsa a entender las razones expuestas y desarrolladas ampliamente tanto en la demanda como en el alegato.

Luego Calvin lanza una retahíla de acusaciones personales que las tomo de quien provienen y les doy la importancia que, en consecuencia, se merecen: nula. De allí, Calvin me atribuye que “hasta museógrafo” he llegado a creerme, “al pensar que dentro del Museo Municipal se pueden realizar reestructuraciones físico- espaciales para formar una nueva sala”. Esto es otra mentira más de Calvin. El uso de mamparas lo refirieron 40 personas vinculadas a actividades artísticas que presentaron un amicus curiae al amparo del artículo 12 de la Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional entre quienes figura su ex jefa del museo municipal, quien estuvo a cargo de colocar esas “reestructuraciones físico-espaciales” que son las mamparas (en palabras del diccionario: “Panel o tabique de vidrio, madera u otro material, generalmente móvil, que sirve para dividir o aislar un espacio”) para crear esos espacios aislados y en el alegato se presentaron unas fotografías que demuestran que se lo había hecho antes. Según Calvin, en esa sala yo quiero colocar “toda la pornografía” que pretendo “hacer creer que es arte”. Pero lo que se quiere con esas mamparas es que sean el área física que permita mantener las obras sexualmente explícitas en un área de acceso restringido a los niños y adolescentes para garantizar su debida protección y donde, advertido del contenido de las obras sexualmente explícitas, cualquier adulto que así lo desee pueda ingresar. Y ésta es la clave de todo este asunto. Para Calvin, una persona adulta tampoco debe ver esas obras porque “no todos están en capacidad para decodificar algunos mensajes”. La auténtica razón por la cual la censura previa debe imponerse, entonces, “es porque la mayoría no tiene capacidad para decodificar mensajes por sí misma y necesita que alguna autoridad iluminada que sí tiene esa rara capacidad de decodificación (la que, ¡oh, sorpresa!, coincide con sus pudorosos gustos artísticos) le impida el acceso a esas ideas, por su propio bien. Así, ante los ojos de Hoyos, la mayoría de los ciudadanos somos “incapaces relativos” (justo como los niños) a los que se nos debe imponer un tutor social (el propio Hoyos) que decida por nosotros cuáles expresiones podemos y cuáles expresiones no podemos conocer. Así, más le vale a Hoyos y a la [Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil] un ciudadano ignorante ‘que entrega sus facultades deliberativas y decisorias, al menos en cuanto corresponde a los asuntos públicos, a las instancias estatales’, que un ciudadano crítico: tal es la idea detrás de esta disposición de censura y como lo advierte la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, esa idea de ciudadanía solo puede entendérsela en el contexto ‘de los regímenes autoritarios’”. (V. Demanda, Pág. 16 y la Agenda Hemisférica para la Libertad de Expresión de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión).

Nosotros (hablo por quienes presentamos la demanda) creemos, en cambio, que toda persona adulta tiene el derecho a decidir por sí misma lo que quiere o lo que no quiere ver (aunque eso que quiere ver sea pornografía: no en vano, por ejemplo, la única restricción de acceso a los cines pornográficos es la de edad: una vez que eres adulto, eres libre de ver lo que quieras) y que el hecho de que Calvin considere que hay personas que no están en “capacidad para decodificar algunos mensajes” es un acto de soberbia intelectual (algunos no pueden “decodificar” por sí mismos y él asume, entonces, la tarea de “decodificar” por ellos) que sólo puede merecer desprecio colectivo y reproche jurídico.

Finalmente, Calvin dice que podría “canalizar” mi “potencial” en “algo más constructivo”, en vez de “hacer daño al arte, a nuestra gente, pero principalmente a nuestros niños”. Como se ha visto en los documentos citados, es todo lo contrario: nosotros postulamos una defensa del arte crítico, una defensa de la gente adulta a decidir por sí misma las cosas que ve y las que no y la protección legítima, adecuada y eficaz de los niños y adolescentes, con el debido respeto a las normas internacionales, la Constitución y las leyes. Por lo visto, Calvin Huecos es un ser muy mentiroso y profundamente equivocado.

Nótese que he respondido todas y cada una de las mentiras de Calvincito con documentos que son plenamente contrastables. Todo lo contrario de lo que ha hecho Calvin, que no sustenta ninguno de sus puntos en fuentes primarias sino en meras tergiversaciones y opiniones subjetivas y antojadizas. Y así es como osa este sujeto llamarse “historiador”. Pfffff.

El mejor gol

23 de junio de 2011


Publicado en GkillCity el 23 de junio de 2011.

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Hoy son 25 años y un día, pero lo recuerdo como ayer: a principios del partido, mi viejo recibió a un amigo para conversar de negocios y se sentaron en una mesa situada en un altillo, desde donde hablaban a voces y bebían whisky; mi viejo, ocasionalmente, me preguntaba el resultado.

Yo tenía ocho años y poco más, miraba fijamente la pantalla donde las patrias de John Ward y Juan López se enfrentaban en un match del Mundial del ’86 y le respondía a mi viejo con el entusiasmo propio de la edad pero, muy en el fondo, sentía un infantil cabreo de que esté en una reunión de negocios en vez de mirar el partido conmigo.  De repente, en la pantalla, Maradona la pisa en mitad de la cancha y empieza a correr con la pelota atada al pie: seis ingleses atrás y once segundos después, con la pelota adentro del arco y el gol más hermoso de la historia de los mundiales celebrándose con el puño en alto junto al banderín del córner, se convierte en el feliz y épico vengador de la humillada patria de Juan López y de millones de argentinos.  A mí, en realidad, todo este cuento de la patria me importaba nada, lo mío era tan simple y tan feliz como gritar el mejor gol que en mis pocos años de fútbol mis ojos habían visto. 

Lo mío era gritarlo e ir a gritarle a mi viejo en su reunión, sin nada de esa vaina que llaman respeto a los mayores, que se lo había perdido, que se había perdido el mejor gol del mundo.  Corrió al monitor y sorbió su whisky, frente a la pantalla, para multiplicar el deleite (que es lo que yo haría) de verlo en esas repeticiones con la R gigante en el extremo de la pantalla.  Me acarició la cabeza y dijo: “tenías razón. El mejor gol de la historia de los mundiales”.  Aquel gol en el que la gesta épica le rinde su mayor homenaje a la estética de la jugada: el mejor de todos, como su autor. 

Contra la censura previa

22 de junio de 2011

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Se presentó este lunes 20 una demanda de acción de protección y de medidas cautelares contra la censura previa impuesta por el municipio de Guayaquil en el Salón de Julio. La demanda puede leerse por acá. Para hacérselas breve, en la descripción de los hechos se describen las mentiras evidentes y las equivocaciones del director de cultura del municipio, Melvin Hoyos (AKA, “Calvin Huecos”); en la argumentación jurídica se comprueba como la imposición de la censura previa es una violación de la prohibición de censura previa establecida en la Constitución y en instrumentos internacionales; en el fondo de todo, lo que nos prueba la existencia misma de la censura previa es que las autoridades del municipio de Guayaquil piensan de nosotros sus ciudadanos que todos somos idiotas (incapaces de “decodificar” algunos mensajes, en palabras del mentiroso y equivocado Calvin) que no merecemos tener nuestro propio juicio sobre una obra artística (o, ya que estamos, sobre la gestión pública en general: el municipio de Nebot es, de manera tan turra como aleve, contrario a la participación de los ciudadanos en la administración de lo que nos pertenece: nuestros recursos, nuestros espacios públicos, nuestra ciudad) ni la posibilidad de discutirlas. Así, es tan simple como esto: nos prefieren ignorantes antes que informados y críticos. Y esa es, sépase, una lógica propia de gobiernos autoritarios y de personas miserables.

La demanda la ha difundido El Comercio, La República, ecuadorenvivo, en grupos de Internet y, porsupollo, en nuestro espacio (mío y de amigos) www.gkillcity.com. (Sígannos en redes sociales: se viene La Descarga).

La intro

21 de junio de 2011

Publicada en Gkillcity el 21 de junio de 2011.

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La censura previa, como Los dinosaurios, debe desaparecer. Pero no es fácil. Todavía hay autoridades en Guayaquil que creen que todas las demás personas somos incapaces de “decodificar” (así lo dijo una de ellas) algunos mensajes y que tienen el poder suficiente (ejercido ilegalmente) para impedirnos el acceso a esos mensajes.  A mayor cinismo, su idea es que deciden impedirnos la difusión de esos mensajes por nuestro propio bien.  Esas poderosas autoridades nos tratan como niños, o como idiotas.

Nosotros creemos que las personas en una sociedad democrática merecemos un trato distinto, que respete nuestro derecho a juzgar por nosotros mismos y a discutir con los demás las razones de nuestros juicios.  Esta página es un ejercicio de esas creencias: por eso la abrimos con esta demanda contra la censura previa que en el Salón de Julio impusieron las autoridades del municipio de Guayaquil. Aquí está la demanda

Apóyenla y difúndanla: puede que ustedes contribuyan a la desaparición del último dinosaurio.

Querido Calvin:

5 de mayo de 2011

Estás en el horno: sólo un tipo ignorante, paniaguado o idiota podría sostener la grosera e ilegal vulneración del derecho a la libertad de expresión que suponen tus declaraciones en Expresiones publicadas el domingo 1 de mayo. El que unas obras no se admitan al Salón de Julio por tratarse de “obras sexualmente explícitas” es un acto de censura previa, una evidente y grosera violación al derecho de un artista que desee participar en el Salón de Julio a expresar sus ideas artísticas a través de imágenes de “obras sexualmente explícitas” (como las que utilizó Gabriela Chérrez en el Salón de Julio de 2007 y con las que obtuvo el primer premio) así como una evidente y grosera violación del derecho de todas las personas a apreciarlas y discutirlas (ese es el propósito del arte, ¿no lo crees, Calvin?). Es probable que te preocupe que esas imágenes puedan ofender a algunas personas y es cierto, eso es probable. Pero querido Calvin, no seas bobito: para evitar que esas personas se ofendan, lo lógico es advertirles del contenido de las obras (lo que se llama, en materia de libertad de expresión, una regulación de “tiempo, lugar y modo”) y que quien quiera observarlas las observe y quien no quiera hacerlo, no lo haga, como corresponde en pleno uso de la libertad de cada uno: de esta forma se concilia el derecho del artista de expresarse y de los ciudadanos de conocer su expresión, así como el respeto a las personas que por su sensibilidad podrían ofenderse con “obras sexualmente explícitas”. ¿Tiene sentido, Calvin, no lo crees?

Es probable que lo creas, porque es probable que no seas idiota como para no entender las sencillas razones por las cuales tu opinión publicada en Expresiones constituye una evidente violación a la libertad de expresión. Pero es que no va de ti, Calvin. Son tus jefes los que te dan la orden y tú eres quien tienes que ponerla cara con chivita mosquetera (piquetera la chivita, eh) y ni modo: te tocó esa. Y da igual, los medios de comunicación, tú bien lo sabes, no dirán nada: su defensa de la libertad de expresión es muy turra, solamente funcional a sus intereses (y entre sus intereses está una devoción –oh, paradoja- casi de “sexualidad explícita” para callar lo que perjudique al Municipio de Guayaquil: ¿quieres ejemplos?: acá, acá y acá). Ningún editorialista lo criticará; la información que se dé, si alguna se da, será insustancial. Tú censuras, en grosera violación a la libertad de expresión, y los medios de comunicación callan, o dicen pendejadas: el ciclo de la “omertá” (el código mafioso del silencio, porsiaca) se cierra bonito. The show goes on.

Pero las cosas se le han puesto más difíciles al show conjunto de la Alcaldía de Guayaquil y los medios de comunicación locales. Las redes sociales rompen ese ciclo absurdo y embrutecedor, y se hace difícil sostener los silencios como antes se hacía, y cada vez es peor. Esta carta abierta dirigida a ti, querido Calvin, quiere contribuir a esa dificultad, o mejor dicho, contribuir a romper esos silencios. Si nos tomamos el derecho a la libertad de expresión en serio, ese debería ser el resultado. Veremos.

Por lo pronto, sólo dejarte constancia de cuán ignorante, paniagudo o idiota te hacen ver tus conservadores y patéticos jefes. Eso, y que te mejores. Saluditos,

Atte.,

xaflag

P.S.- Y ya que estamos, Calvincito, ¿el libro panegírico que escribiste sobre el ministro velasquista que supo ser el viejo de tu Jefe Mayor (con un título trucho que hace referencia a “El Tigre del Bulubulu”, que era el apodo de Pedro Montero –wtf?), era simple devoción particular y chupamedias a tu Jefe Mayor o lo pagamos todos los guayacos con nuestros impuestos? Porque fíjate que los mismos que suelen llorar por la libertad de expresión (a veces y por conveniencia) suelen llorar porque se despilfarran fondos públicos. Y si hay algo que, al menos es eso, es escribirle un libro al papá de tu Jefe Mayor con dineros de la institución que maneja el Jefe Mayor, ¿no lo crees?

* Calvin Huecos (AKA Melvin Hoyos) es Director de "Cultura" del Municipio de Guayaquil (aunque nos pese).