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Un autoritario, ¿fracasado?

26 de junio de 2018


Digamos que me asalta la duda.

Partamos de este hecho: años atrás, cuando publicaba una columna semanal de opinión en diario El Universo, un periodista me escribió para hacerme unos comentarios sobre ella y decirme que una vez entrevistó a Jaime Nebot y que éste, off the record, le había dicho que el régimen que él más admiraba era el chino. Esto, en esencia, porque mantenía un riguroso control de la sociedad combinado con una apertura a los negocios.

Recordé ese comentario mientras miraba un documental de la Deutsche Welle sobre la “Nueva Ruta de la Seda” que está desarrollando China. Entre otras cosas, el documental destaca estos dos puntos: primero, China tiene un pensamiento estratégico que los occidentales, en general, no tenemos, y, segundo, que un gobierno autoritario como el chino puede ejecutar sus planes. Para decirlo de otra manera: un gobierno autoritario como el chino no está sujeto a los vaivenes auto-destructivos de una política democrática con actores fundamentalmente oportunistas, imbéciles o pillos, con todas sus nefastas variantes y combinaciones (AKA “políticos latinoamericanos, casi sin excepción”).

Teniendo esto como antecedente, se puede discutir si de acuerdo con su propio combo para el desarrollo, Nebot ha fracasado. Seguro, logró una primera parte: ha aplicado desde el año 2000 un gobierno autoritario (cada vez más atenuado, valga decirlo). Ha tenido la capacidad para ejecutar su agenda a placer: unos concejales sometidos a su comando, una participación ciudadana de pacotilla, una prensa obsecuente. Obediencia y temor y una verticalidad incuestionable. Pero fracasó en la segunda parte de su combo, en el desarrollo económico y social de la ciudad.

Mejor dicho: lo que lo diferencia de los chinos es que la Alcaldía socialcristiana de Jaime Nebot jamás tuvo pensamiento estratégico. En consecuencia, Guayaquil es una ciudad a la deriva, que ha sido incapaz de implementar una receta para el desarrollo que la convierta en una ciudad próspera e inclusiva, como lo sugiere ONU Hábitat (por la obvia razón de que hacemos exactamente lo contrario de lo que sugiere ONU Hábitat).

La neta: Guayaquil es una variante tropical del Capitalismo de Amigos (“crony capitalism”). En lo principal, su “modelo de desarrollo” es un modelo de negocios funcional a los intereses privados vinculados a la Alcaldía, en los que el concepto de bien común resulta secundario, casi anecdótico.

Esos intereses privados son los que realmente han ganado en los últimos 18 años de gestión de la ciudad y no lo perdamos de vista: eso es lo que desde la Alcaldía se ha querido todo un siempre. Visto así, el autoritarismo de la Alcaldía de Nebot no ha fracasado. Todo lo contrario: ha triunfado. A pesar de la ciudad y en su claro perjuicio.

Guayaquil con miedo

14 de junio de 2017

Por estos días, mientras en Guayaquil su Alcaldía ha dispuesto la electrificación y la construcción de rejas más altas en los perímetros del parque Centenario y del malecón, en Barcelona se ha discutido sobre “Ciudades sin miedo” (1). En este encuentro participaron más de 180 ciudades de los cinco continentes, pero ninguna de Ecuador.

A diferencia de ONU Hábitat, donde la Alcaldía de Guayaquil justificó su inasistencia con una mentira colosal (2), para el encuentro “Ciudades sin miedo”, la Alcaldía de Guayaquil no envió representante alguno. Lo hicieron ciudades como Vancouver, Venecia, Rosario, Río de Janeiro, Seattle, Sídney, Tokio. Pero Guayaquil, no.

Pues, ¿por qué lo iba a hacer, si lo suyo es precisamente el negocio del miedo? Tómese el ejemplo de la disposición de electrificar y elevar el tamaño de las rejas: como lo afirma la Fundación Siglo XXI en su comunicado sobre el enrejado del parque Centenario, el único objetivo de esta medida es “brindar mayor seguridad a los usuarios del lugar y visitantes”. Pero para fundamentar su decisión, como lo comentó el redactor de diario Expreso, la fundación “no detalló si esta medida responde a algún antecedentes delictivo o si surge a raíz de una situación en particular, y se limitó a explicar en el documento que la decisión es ‘por seguridad en general’” (3).

Pero no es la arbitrariedad de una decisión de la administración de Guayaquil lo que debe preocuparnos, llegados a este punto. Lo realmente grave es que esta decisión de electrificar o de elevar el tamaño de un enrejado es una muestra cabal de cómo se administra una ciudad con criterios obsoletos.

Porque electrificar y poner unas rejas aún más altas… ¿es en serio? ¿No se pudo pensar en otra alternativa, menos onerosa y más útil para el propósito que se busca satisfacer? Con una medida así, cabe preguntarse, cui bono? (4).

(1) Sobre la electrificación de las rejas en el parque Centenario, v. Ronald Soria, ‘Tres semanas, con derecho de admisión’, Diario Expreso, 2 de junio; sobre la elevación de las rejas en el malecón, v. ‘El malecón eleva el cercado’, Diario Expreso, 14 de junio de 2017. “Ciudades sin Miedo” fue un encuentro internacional de municipios que organizó Barcelona en Comú entre el 9 y el 11 de junio, en el que se debatió el rol de las ciudades en un mundo donde ellas “se están convirtiendo en el lugar desde donde defender los derechos humanos, la democracia y el bien común”. Es decir, se discutió un rol de ciudad opuesto al ideario y praxis de una Alcaldía como la del PSC en Guayaquil, que tan claramente privilegia a los negocios por encima de la participación ciudadana y del bien común.
(2) Sobre la mentira colosal de la Alcaldía de Guayaquil sobre ONU Hábitat, v. ‘El mundo del revés: la Alcaldía de Guayaquil y Hábitat III’.
(3)El Malecón eleva el cercado’, Diario Expreso, 14 de junio de 2017.
(4) Porque no se lo olvide nunca: la seguridad (sobre todo la necesidad de la seguridad, que es la provincia del miedo) es un negocio. Uno muy lucrativo.  

Urbanismo responsable vs. Guayaquil (o tres desastres urbanos)

28 de diciembre de 2016

El director de ONU Hábitat, Joan Clos, explica en esta entrevista a diario El Tiempo de Bogotá lo que está mal en el crecimiento de las ciudades (1). Y, de manera nada sorprendente, es como hacer un CHECK LIST de las deficiencias de la administración socialcristiana en Guayaquil:

Una Metrópolis tropical cuyo crecimiento arrastra tres desastres urbanos.

1. PLANEACIÓN A FAVOR DE UN GRUPO DE INTERÉS.

“[El diseño urbano] es levantar el plano, hacer las calles, decir cómo un cruce resuelve los problemas. Tiene que ver con el diseño del espacio público y el diseño de las parcelas edificables, y la relación entre ambos. La planeación se le ha entregado al mercado inmobiliario, y ellos no tienen por qué saber sobre vías públicas porque es un servicio colectivo y no de un proyecto urbanístico. Se les delega a ellos por incapacidad del Estado”.

Como lo han puesto en evidencia los pocos urbanistas que se han preocupado de discutir a Guayaquil en profundidad, la planeación en Guayaquil está en manos del mercado inmobiliario. Para John Dunn, el Municipio se limita “a la simple aprobación de proyectos y construcciones” sin dar “las directrices de crecimiento de la ciudad e implementar una serie de objetivos que permitan medir el crecimiento urbano y la calidad del mismo”. Eduardo McIntosh es aún más rotundo: “Es fácil notar la confusión en el rol que el departamento de planeamiento urbano de Guayaquil debe tener. En lugar de dictar la política de crecimiento a seguir y de coordinar los esfuerzos de los promotores inmobiliarios para maximizar la calidad de sus ofertas, se piensa que el rol del departamento de planeamiento urbano es el de autorizar permisos de construcción y apenas relatar lo que sucede. Es sencillo entender la manera caótica en la cual la ciudad ha venido creciendo" (2).

CHECK

2. CRECIMIENTO DE MANCHA URBANA.

“Lo que estamos diciendo como Naciones Unidas es que, desde el punto de vista de la política urbana, hay que volver a poner la vivienda en el centro de las urbes. Y esto se puede conseguir si lo persigues y lo consideras. Desde el punto de vista funcional y financiero, es lo más eficaz y lo más productivo. La construcción en la periferia tiene como consecuencia que la ‘mancha urbana’ crece, y la dispersión disminuye la productividad de las urbes. Aparte de que el costo de los servicios per cápita es más alto, la productividad de la economía es más baja”.

El hecho de que un economista como Walter Spurrier (no sospechoso de afinidad alguna con el gobierno central) afirme que Guayaquil "creció menos que el resto del país" y que "nuestra ciudad ya no es imán de la migración interna y externa" encuentra una explicación en la forma en la que se ha construido Guayaquil (3). Pero como se demostró en el punto anterior, la “planeación se le ha entregado al mercado inmobiliario” y son ellos la facción ganadora de esta forma de construir, y aunque termine por perjudicar a la ciudad como un todo, ningún cambio puede esperarse bajo el imperio del PSC.

CHECK

3. CRECIMIENTO SEGMENTADO.

“A nivel teórico, la respuesta es siempre la misma: que hay que mezclar a toda la población. Precisamente, la capacidad de innovación y creación de la ciudad proviene no de la separación de grupos, sino de la mezcla de grupos. Este es el ideal. Hay que ver cómo se gestiona en la práctica”.

En la práctica, en Guayaquil el norte es la burbuja. La derrota de una ciudad sucede cuando, como ha pasado con Guayaquil, el aislarse de los demás se convierte en una aspiración común.

CHECK

(1) María Teresa Santos & Ernesto Cortés F., ‘“Sin ley, la urbanización es un desastre”: Joan Clos’, Diario El Tiempo, 16 de octubre de 2016.
(2)Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’, Xavier Flores Aguirre, 4 de abril de 2016.
(3) Walter Spurrier Baquerizo, ‘Guayaquil se rezaga’, Diario El Universo, 22 de febrero de 2015.

El "stand" de Guayaquil

28 de octubre de 2016


En un acto de honestidad brutal, el Municipio de Guayaquil advirtió a la ciudadanía que no participaría en la Conferencia Hábitat III. Por supuesto, esto no puede sorprender a nadie: el Municipio de Guayaquil no tiene nada que aportar en una reunión en la que se discute el desarrollo urbano planificado y sustentable.

Da ternura el sutil encubrimiento de diario El universo: "El gobierno municipal" es un término que este matutino jamás usa para referirse al Municipio de Guayaquil. 
 
Dada la insondable mediocridad del periodismo guayaquileño, el alcalde Jaime Nebot pudo salir al paso de esta ausencia con una afirmación tan vacía como ésta:

Guayaquil es un "stand", pero sobre la falta de planificación en beneficio de una argolla empresarial.
   
Digo que esta es una afirmación vacía, pues en materia de desarrollo urbano Guayaquil no tiene mayor cosa de la que enorgullecerse como para andarla mostrando en un “stand”. De hecho, hay razones suficientes como para pensar que Guayaquil podría mostrar un “stand”, pero de sostenidos fracasos: Guayaquil registra graves problemas de control ambiental (la putrefacción del Estero Salado, la contaminación del río Daule) así como graves problemas de exclusión social (el trato a los comerciantes autónomos y la decisión de excluir a una porción de la población de la ciudad de las obras y servicios del Municipio son ejemplos de ello); su sistema de transportación pública, a cargo de una fundación y de consorcios de transportistas privados, ha fracasado (juzgado de acuerdo con su propia planificación) y la prestación de los servicios públicos (con sus esquemas privatizados) es ineficaz. El alcantarillado, por ejemplo, a cargo de la empresa privada Interagua, puede “llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” por contraste a alternativas propias “de ciudades verdes, inclusivas y sustentables” (así, el sistema escogido por el Municipio es ineficaz y el Municipio lo sabe, pues él mismo encargó este estudio) (1). La recolección de la basura, a cargo de la empresa privada Puerto Limpio, ni recicla, ni tampoco atiende a sectores marginales de la población a los que no les resulta rentable prestarles el servicio (pues es un servicio público sujeto a la rentabilidad privada) (2).

Lo más grave, sin embargo, es la represión a las libertades civiles, la cooptación de la participación ciudadana, la creación de un ciudadano “turista” de su propia ciudad (3) y de una ciudad en la que las personas “tienen un contacto casi nulo con personas de otras clases sociales” (4) y, en particular, la implementación de un modelo de desarrollo sin planificación y orientado a beneficiar a grupos de interés económico (en especial, los relacionados con el sector de la construcción, al que se perteneció el mismo alcalde Nebot) cuyo resultado ha sido una ciudad inequitativa, estancada en su economía y sin verdaderas áreas verdes ni espacios públicos (5). Exactamente todo lo contrario de lo que se mostraba en los “stands” de Hábitat III.

De esta manera, en casi un cuarto de siglo de la administración del PSC en Guayaquil no sólo que no se han sido resueltos la mayoría de los graves problemas de la ciudad que ellos recibieron el año 1992, sino que muchos de ellos han sido agravados.

Guayaquil es un vivo ejemplo que sin planificación y sin una orientación al bien común, las ciudades reman en dulce de leche.

(1) Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tucci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez 2013, 'La inundación de Guayaquil en marzo 2013. Opinión de expertos internacionales, Cooperación Técnica de CAF', Informe Gerencial [17 de junio de 2013], p. 32.
(2) Sobre los problemas ambientales, v. ‘Señales medioambientales del subdesarrollo en Guayaquil’, Xavier Flores Aguirre, 5 de junio de 2016; sobre la exclusión social, v. ‘Extrema y persistente desigualdad en Guayaquil’; sobre el fracaso de la Metrovía, v. ‘Novedades en la Metrovía (aplausos en el Titanic)’, Xavier Flores Aguirre, 25 de agosto de 2016; sobre las deficiencias de la gestión municipal, v. ‘La ciudad peregrina y gris que se fundó el 15 de agosto’, Xavier Flores Aguirre, 15 de agosto de 2016.
(3) Dos textos fundamentales de X. Andrade para entender Guayaquil: ‘Guayaquil: renovación urbana y aniquilación del espacio público’ y ‘Diario de Guayaquil: Ciudad privatizada’.
(4) Esta apreciación le pertenece al geógrafo David Harvey: ‘David Harvey y la vía a Samborondón’, Xavier Flores Aguirre, 13 de diciembre de 2015.
(5) Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’, Xavier Flores Aguirre, 4 de abril de 2016.

ONU Hábitat: inicio desastroso

14 de octubre de 2016

Hoy empezó la III Conferencia de ONU Hábitat en Quito. Una conferencia que se lleva a cabo cada veinte años (Vancouver 1976, Estambul 1996, Quito 2016), cuya relevancia es extraordinaria, pero cuya ejecución hoy ha sido paupérrima. En el primer día de inscripciones, Quito demostró no estar en capacidad de organizar un acto de esta envergadura.

La desorganización reinó: filas enormes que no mostraban ningún progreso por varias horas. Algunas autoridades laxas, que permitían que se salten la fila algunos “apadrinados”. Tarde se les ocurrió traer agua para refrescar a la gente del sol canicular que pegaba sobre nosotros por su incompetencia, pero no se les ocurrió traer donde recoger los desechos. Más tarde aún, recién llegaron las baterías sanitarias que envió el Municipio de Quito (¡en manos de estos incompetentes está el futuro de esta ciudad). 


La desorganización que produjo la incompetencia. Fuente.

Lo peor fue el trato de algunos funcionarios públicos, que decían tratar de ayudar. A una supuesta subsecretaria de turismo, que vino a portarse condescendiente para a la primera de recibir una queja, alzar la voz, se la mandó zumbando. Respetos guardan respetos: optó por retirarse antes de pasarlo mal esta fulana, tan rubia platino como completa inútil. Pero peor fue el caso de un imbécil de la “organización”, quien quiso poner orden a los gritos y que terminó por decir que “el que no quiera estar, que se vaya”. A ese cretino sí que le cayó su buena puteada. Obvio, su “plan” no prosperó. Una raya más al tigre. Toda la organización fue un gran fracaso, realmente.

Hoy sentí vergüenza ajena por mi país, que espero que sea pasajera. Ojalá se recupere.

Una caricatura que explica cosas

10 de agosto de 2016


La “amante bandida” de la Alcaldía de Guayaquil recibió a Jaime Nebot en su primer día como alcalde de la ciudad, con esta caricatura: 

 
Tan vieja, que el día de su publicación todavía circulaban los sucres. La caricatura la obtuve en este excelente trabajo de Karen Silva.

En el dibujo de Bonil, León Febres-Cordero le da a Jaime Nebot la llave de Guayaquil. Pero mientras Febres-Cordero tiene los pies firmes en el piso, Nebot los agita y parece estar volando. Suponemos que en un viaje que lo llevaría lejos del periodismo crítico de la ciudad cuya llave en su mano sostiene, porque el periodismo guayaquileño ha sido incapaz de levantar una crítica sostenida a las notorias deficiencias de su gestión, en los dieciséis añitos que hoy cumple (ya es señorita) (1). Han habido apenas unos chispazos de voces críticas en un océano de complacencia y de apoyos indisimulados (2).

Esta caricatura es tan laudatoria, tan entregada, que licencia esta metáfora.

(1) Si el desarrollo de Guayaquil durante el período socialcristiano se compara con la rapacidad administrativa de su precedente roldosista, Guayaquil resulta un éxito en contraste, sin duda. Pero si el desarrollo de Guayaquil se compara con los estándares de ONU Hábitat, organismo de las Naciones Unidas especializado en el desarrollo inclusivo, sostenible y próspero de las ciudades a nivel mundial, lo puesto en práctica en este casi cuarto de siglo de dominación socialcristiana de Guayaquil ha sido un rotundo fracaso.
(2) ¿Cuánto habría durado Nebot con una prensa en contra? Una prensa investigativa en serio, que hubiera hurgado en las sospechas y buscado los detalles de cómo administra los dineros de la ciudad la Alcaldía de Guayaquil y sus fundaciones adláteres, habría cambiado la historia de esta ciudad. No sólo por lo que habría dicho un periodismo con una postura crítica (no esta prensa complaciente que mira a un costado y pasa silbando) sino porque una población informada genera una sociedad más crítica, más resistente a los abusos y más participativa en lo que resulta de interés público (áreas verdes, espacios públicos, transporte público). Armados de esa sociedad, nos habríamos ahorrado algunos años de caminar en la dirección equivocada.

Guayaquil y los espacios públicos (a la luz de ONU Hábitat)

3 de junio de 2016

"si no se hace nada para remediarlo, estos nuevos barrios serán lugares sin espacios públicos, explica Joan Clos, director ejecutivo de ONU Habitat. Sin plazas. Sin aceras anchas, aptas para la vida callejera. Sin edificios y transportes públicos –o, en todo caso, una dotación insuficiente de estos-. Con espacios comunes convertidos en jardines vallados o centros comerciales, privados de su función como lugares de realización de la vida social. Todo ello, por un crecimiento desordenado y unos Ayuntamientos que no lo han podido regular, por falta de voluntad o de recursos" (1).
 
De este párrafo inicial constante en una nota de diario El país de España sobre Habitat III, me quedo con la descripción y uno de los verbos. Con la descripción, porque esa ciudad desastrosa que se describió, de crecimiento desordenado, carente de espacios públicos y aceras anchas, deficiente en transportación pública, sobrante de jardines vallados y centros comerciales, es una descripción precisa de Guayaquil. Y así querida por su administración, porque Guayaquil es una ciudad en la que los malls son muestra de “calidad de vida”, según contó contento el alcalde en una publicidad (pagada con nuestros impuestos) en la revista Foreign Affairs (2).

El verbo con el que me quedo es “remediar”. Porque, a juzgar por lo mal que estamos a la luz de los estándares de ONU Hábitat, ese es el verbo que deberá aplicarse en los espacios públicos una vez terminado el período de este “populismo autoritario de derechas” que gobierna Guayaquil (3).

(1) David F. Guerrero, ‘Recetas para que las ciudades cuenten con espacioscomunes’, Diario El país (España), 6 de abril de 2016.
(2) Para Jaime Nebot, el mall es calidad de vida’, Xavier Flores Aguirre, 29 de noviembre de 2016.
(3) El discurso populista de la Alcaldía de Guayaquil (apelaciones continuas al pueblo y sus exaltaciones vacuas) es aupado por una prensa servil; el carácter autoritario de su gobierno es por su vertiente fascista (digno nieto de un lugarteniente del Generalísimo), v. ‘El fascismo municipal’, Xavier Flores Aguirre, 13 de enero de 2012; su orientación de derechas se manifiesta en cómo destina los recursos su administración, porque los servicios que presta no se entienden como derechos de los ciudadanos. Su práctica es que reciben mayores servicios, los que más recursos tienen. Para un análisis sobre esto, v. ‘Exigencias de equidad’, Arduino Tomasi & Isabella Romero, 29 de julio de 2013.

Guayaquil, ¿ciudad para débiles?

16 de mayo de 2016


Encontré esta entrada que una viajera argentina escribió en su blog sobre Guayaquil. Su título es: ‘Guayaquil, ciudad para débiles’. Un fragmento de su cierre sirve de resumen de su contenido:
 
“Es todo una gran ficción, donde actúan los menos. Todo servido, todo cómodo. El confort es lo que busca este hombre que nada sabe de su alrededor. No sólo no sabe, sino que no le importa, y si puede pisa a quien un favor le pide. Autos, más autos, guardias de seguridad, estacionamientos, servicios de comida rápida y cajeros con sólo estirar el brazo sin salir del volante. Otro condominio y varias autopistas más. El avión se estaciona en el medio de la ciudad y de allí un taxi. La ley del menor esfuerzo está presente en todas las esquinas. Guayaquil, ciudad para débiles” (1). 
En un sentido coincido con la observación de Guayaquil como una ciudad débil: existe una marcada debilidad de carácter del guayaquileño, pues acepta con demasiada facilidad lo que hace o deja de hacer la autoridad que lo gobierna. Se siente cómodo y satisfecho con una obra pública ineficaz e irresponsable, lo que pone en evidencia una ciudad con una mayoría de personas conformistas e incapaces de utilizar su imaginación para pensar ideas por fuera de lo que reciben (pensar “fuera de la caja”, por así decirlo) porque simplemente lo dan por bueno sin chistar (2).

Y como la prensa de Guayaquil ha renunciado de entrada y de manera rotunda a mantener cualquier asomo de postura crítica frente a la administración de la Alcaldía de Guayaquil, no ha existido jamás incentivo ninguno para que despierte la sociedad civil de su letargo. Porque causas sobran, faltan los ciudadanos que masivamente las empoderen.

(1)Guayaquil: Ciudad para débiles’, Diario de Alpargatas, 28 de agosto de 2012. Eso de que Guayaquil es una ciudad “donde actúan los menos” coincide con esa ingeniosa (y tristemente cruel) observación en la película ‘Sin otoño, sin primavera’: “Guayaquil, una ciudad de 100.000 habitantes y más de un millón y medio de extras”.
(2) Se podrían pensar varias políticas orientadas en un sentido opuesto al que ha impuesto la Alcaldía de Guayaquil, por ejemplo, en materia de áreas verdes, de espacios públicos, de participación ciudadana, de políticas para los mercados, de incentivos para los emprendimientos económicos (de comerciantes autónomos y de todo tipo de iniciativa, desde la popular y solidaria a la industrial), a la prevención en la gestión de riesgos en materia de terremotos y de inundaciones… en fin, hay varios ángulos para criticar la gestión de la Alcaldía de Guayaquil. En este blog, bajo la etiqueta ‘Alcaldía de Guayaquil’ (en la barra derecha) se encuentran compiladas mis publicaciones de casi diez años de crítica fundamentada a la gestión de la Alcaldía de Guayaquil. Es necesario notar que ONU Hábitat, el organismo especializado de las Naciones Unidas en materia de ciudades (este año organiza su III Conferencia Mundial en Quito) ha señalado que las ciudades de América latina en el siglo XXI deben impulsar “un modelo centrado a la vez en el bienestar de las personas y su inclusión en la sociedad, un modelo que privilegie el empleo local, la diversidad social y cultural, la sostenibilidad ambiental y la reafirmación de los espacios públicos” (‘Estado de las ciudades de América latina y el Caribe 2012. Rumbo auna nueva transición urbana’, ONU Hábitat, 2012, p. XV). Esta es una descripción, a un mismo tiempo, de dos cosas: 1) La dirección de las políticas que las ciudades latinoamericanas deben implementar en este siglo XXI; 2) La dirección opuesta a esta recomendación de ONU Hábitat de las políticas que se han emprendido en Guayaquil durante los años de la administración de Jaime Nebot. Un estudio a profundidad de las políticas de la Alcaldía de Guayaquil durante su período de administración (2000- ) frente a los criterios de ONU Hábitat sobre lo que constituye una “Ciudad Próspera” sería una contribución clave para desentrañar la ficción de éxito que sostiene la Alcaldía de Guayaquil.

Rumbo a Hábitat III

18 de abril de 2016



Estamos a seis meses del inicio de la Conferencia Hábitat III (17-20 de octubre) en Quito, la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre vivienda y desarrollo urbano (la segunda conferencia fue en Estambul en 1996 y la primera en Vancouver en 1976). Esta bitácora pondrá en el contexto de Guayaquil y el Ecuador, hasta llegar a octubre, la investigación que se produzca rumbo a esta cita mundial. 

Guayaquil a la deriva

28 de febrero de 2016


Publicado en diario El telégrafo el 28 de febrero de 2016 en la revista dominical ‘Séptimo día’.

*

Guayaquil es una ciudad a la deriva, cuyo crecimiento se ha dado al vaivén de los intereses de los empresarios de la construcción. Esa es la idea que se obtiene a raíz de una entrevista hecha en noviembre del año 2013 al entonces Director de Urbanismo de Guayaquil, José Núñez.

En un artículo que publicó a inicios del año 2014, después de haber leído aquella entrevista al director municipal de urbanismo, el arquitecto Eduardo McIntosh criticó duramente los criterios de Núñez sobre el desarrollo de la ciudad. En particular, McIntosh reprochó el rol que ha desempeñado la Dirección de Urbanismo en el crecimiento de Guayaquil: “se piensa que el rol del departamento de planeamiento urbano es simplemente el de autorizar permisos de construcción y apenas relatar lo que sucede.  Es sencillo entender la manera caótica en la cual la ciudad ha venido creciendo”.

Aún de mayor interés es el inventario de deficiencias que hizo este arquitecto y urbanista acerca del crecimiento de la ciudad: “No hay una política que se enfoque en garantizar densidades mínimas para crear vida urbana eficiente, una correcta y homogénea distribución de equipamiento urbano –áreas deportivas, parques, comercio, servicios, educación, instituciones–, un correcto mix de usos del suelo que ayuden a crear sentimiento de comunidad y reduzcan el volumen del tráfico en la ciudad y una real construcción de tejido vial distribuido que evite cuellos de botella urbanos”. En otras palabras, hay un gran crecimiento en Guayaquil, pero a manera de una enorme mancha gris, que crea más problemas de los que resuelve. Esta ha sido la tónica, por años de años.

La prolongación de este ‘modelo de desarrollo’ socialcristiano, tal vez tan pronto como en un período de dos generaciones, podría resultar nefasto para Guayaquil. El crecimiento de una enorme mancha gris puede resultar muy beneficioso para las empresas constructoras, pero es negativo para los habitantes de la ciudad. En un informe elaborado por la ONU-Hábitat el año 2012 titulado ‘Estado de las ciudades de América latina y el Caribe. Rumbo a una nueva transición urbana’ se expresó la necesidad para las ciudades de esta región de hacer “una profunda reflexión sobre los modelos de crecimiento urbano promovidos hasta ahora, que han estado marcados por un alto grado de insostenibilidad” pues sus consecuencias han sido “ciudades que crecen con urbanizaciones de baja calidad, centradas en sí mismas, sin que nadie parezca preocuparse por el entorno general, ni por la creación de espacios de socialización que no estén totalmente dedicados al consumo”. Esa descripción de una ciudad retrata la realidad urbana de Guayaquil, cuyo alcalde considera que los malls son evidencia de una mayor calidad de vida.

Voy a concentrar la crítica a este ‘modelo de desarrollo’ que han impulsado las alcaldías del Partido Social Cristiano en Guayaquil desde el año 1992 en dos de sus consecuencias más notorias, estudiadas por arquitectos, urbanistas y la propia Alcaldía de Guayaquil: el ‘efecto de isla de calor’ y los riesgos de inundaciones. Dos consecuencias que se agravaron en el curso de los años por la ausencia de las políticas que detalló el arquitecto McIntosh en su artículo antes mencionado.

El ‘efecto de isla de calor’ provoca que Guayaquil tenga, por lo menos, tres grados más de temperatura de los que tendría normalmente, de acuerdo con la opinión de la profesora de urbanismo en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, Rosa Rada. En Guayaquil, esto se produce por cómo se ha dado el crecimiento de la ciudad: el negocio de las empresas constructoras privilegió, con mucho, el adoquín y el cemento.

En razón de lo anterior, es fácil concluir que una de las principales causas para el aumento de la temperatura a causa del ‘efecto de isla de calor’ en Guayaquil es la ausencia de áreas verdes. Guayaquil es una ciudad que no permite engaño: para cualquiera que la haya caminado resulta evidente la falta de áreas verdes en ella, por la carencia de políticas públicas desde la Alcaldía para el fomento de estos espacios, por la tala masiva de árboles ubicados en el casco urbano y por el reemplazo de especies frondosas por escuálidas palmeras.

Esta ausencia de áreas verdes se vincula con lo que en el Diagnóstico del Sistema Ecológico-Ambiental del cantón Guayaquil, incorporado al Plan de Ordenamiento Territorial de la Alcaldía de Guayaquil del año 2011 (es decir, un documento oficial producido por la propia Alcaldía), considera en sus conclusiones como el mayor riesgo futuro de la ciudad: “El riesgo de mayor importancia para el cantón es el riesgo de inundación, debiéndose prever en el futuro obras de control de inundaciones”.

El agravamiento de los riesgos de las inundaciones en Guayaquil es otra consecuencia del ‘modelo de desarrollo’ socialcristiano. Este grave riesgo no sólo ha sido reconocido por la Alcaldía, sino que ha sido materia de un estudio comparado a nivel mundial. El artículo académico ‘Future flood losses in major coastal cities’ [Futuras pérdidas por inundación en las grandes ciudades costeras] publicado en la revista Nature Climate Change el año 2013 presentó un panorama sombrío para Guayaquil en el año 2050, a causa del cambio climático. En él, Guayaquil se sitúa como la cuarta ciudad en el mundo (de entre 136 ciudades estudiadas, todas ellas costeras y con una población superior al millón de habitantes) que sufrirá la mayor cantidad de pérdidas económicas como consecuencia de las inundaciones, las que serán cada vez mucho más comunes y dañinas dada la elevación del nivel del mar a causa del cambio climático.

De acuerdo con este estudio académico, en un escenario “optimista” de sólo una elevación del nivel del mar en 20 centímetros al año 2050, las pérdidas económicas para Guayaquil podrían a ascender a 3.189 millones de dólares, sólo por detrás de Cantón en China y Bombay y Calcuta en la India. Y el daño sería de 3.189 millones de dólares, siempre que se realicen las “obras de control de inundaciones”, como aquellas a las que se refiere el Diagnóstico Ambiental incorporado a la planificación de la Alcaldía. Porque la inacción frente a este inminente escenario de riesgo, de acuerdo con este estudio, “resultaría en pérdidas inaceptablemente altas”.    

A esto me refería cuando unas líneas atrás sostuve que la continuidad del ‘modelo de desarrollo’ socialcristiano podría resultar nefasto para Guayaquil. El citado informe de ONU-Hábitat advirtió de la peligrosa ignorancia de los ciudadanos latinoamericanos frente a los riesgos de desastres futuros: “Existe poca conciencia de cómo la urbanización mal pensada puede incrementar los factores de riesgo a desastres, con las consecuentes pérdidas humanas y materiales”. Así, el mayor enemigo de esta ciudad somos sus propios habitantes, que aplaudimos aquello que nos daña. Si las autoridades de la Alcaldía le echan la culpa al dragado o a la marea alta o a una supuesta nueva modalidad delictiva en la Martha de Roldós, casi nadie en la ciudad eleva su voz de protesta y exige dejar excusas de lado y que se hagan las “obras de control de inundaciones” que son de entera responsabilidad municipal y que en el Diagnóstico Ambiental de la propia Alcaldía se mencionan.

En este punto, es necesario hacer una precisión: esta opción de crecimiento en forma de mancha gris por el que ha optado la Alcaldía de Guayaquil no es, en principio, ni ilegítima ni ilegal. Pero no se trata de juzgarla desde el punto de vista de su legitimidad o de su legalidad. Se trata de cuestionarla por ser una opción de crecimiento inconveniente para Guayaquil y peligrosa para su futuro.

Esto último lo dice un documento que la Alcaldía le solicitó a expertos internacionales que lo produzcan, vía una Cooperación Técnica con la Corporación Andina de Fomento (CAF). Este informe de análisis y recomendaciones, elaborado a raíz de la inundación del 2-3 de marzo del 2013 en Guayaquil, fue explícito en criticar el incremento continuo de la red de alcantarillado en esta ciudad: “La experiencia demuestra que soluciones que utilizan exclusivamente los principios basados en la transmisión de los impactos en el macro drenaje hacia aguas abajo, no son sustentables”, además de que pueden “llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” comparados con una estrategia integral de gestión. El informe recomendó que en Guayaquil se cambie el ‘modelo de desarrollo’ y se empiecen a gestionar las inundaciones “bajo los conceptos de ciudades verdes, inclusivas y sustentables”, en vez de continuar con estas medidas costosas y poco sustentables (aunque convenientes al negocio de las empresas constructoras).

Pero las autoridades en Guayaquil no gestionan ni las inundaciones ni el desarrollo urbano en general bajo esos principios, pues la ciudad durante casi un cuarto de siglo ha crecido y crece todavía al vaivén de los intereses de los empresarios de la construcción (tal como lo describió el arquitecto Eduardo McIntosh) mientras la dirección municipal de urbanismo apenas se ha limitado a relatar lo que sucede. Y así nos va.

Guayaquil es una ciudad a la deriva, cuyos habitantes todavía ignoran, o no terminan de comprender, los riesgos que los acechan.

La ciudad de papel

18 de febrero de 2016


El organismo especializado de las Naciones Unidas para las ciudades (ONU Hábitat) describió, sin mencionarlo, el absurdo crecimiento de Guayaquil (1) y propuso alternativas que deberíamos razonar para enderezar su rumbo:
 

(1) El urbanista Eduardo McIntosh describió las deficiencias en la planificación de Guayaquil por la carencia de cuatro políticas clave: “(1) No hay una política que se enfoque en garantizar densidades mínimas para crear vida urbana eficiente, (2) una correcta y homogénea distribución de equipamiento urbano –áreas deportivas, parques, comercio, servicios, educación, instituciones–, (3) un correcto mix de usos del suelo que ayuden a crear sentimiento de comunidad y reduzcan el volumen del tráfico en la ciudad y (4) una real construcción de tejido vial distribuido que evite cuellos de botella urbanos.”, v. ‘Guayaquil: Drinking the Kool Aid’, Eduardo McIntosh, 13 de enero de 2014 [los numerales no son del original]. En Guayaquil, en materia de planificación, lo que podía ir mal, mal fue.