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El último dictador civil

20 de junio de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 20 de junio de 2025.

El 22 de junio de 1970, hace casi 55 años, el Registro Oficial No. 1 publicó el decreto supremo No. 1 con el que José María Velasco Ibarra, quien había sido elegido Presidente de la República en una elección celebrada el 2 de junio de 1968, se declaró dictador en los siguientes términos: “Art. 1º.- Asumo el Mando Supremo de la República a partir del día de hoy hasta el 31 de Agosto de 1972 fecha en la cual termina el período presidencial para el que fui elegido por la soberanía popular”. 

Las justificaciones que el Presidente Velasco Ibarra ofreció para la declaratoria de su última dictadura fueron puestas de manifiesto en los considerandos del decreto supremo. En principio, Velasco Ibarra justificó su dictadura en la necesidad de proteger a la administración del Estado, porque el sistema legislativo había debilitado al Poder Ejecutivo y porque “fuerzas negativas y antinacionales” habían conducido al Ecuador a “una crisis que amenaza su misma existencia”. 

En seguida, Velasco Ibarra justificó la dictadura por la necesidad de satisfacer los reclamos de la sociedad, tanto de una opinión pública que según él deseaba una “reestructuración nacional sobre bases de respeto a la moral, a la autoridad y a las leyes”, como de las Fuerzas Armadas que “en forma patriótica, comprensiva y unánime han solicitado al actual Presidente de la República que asuma los Plenos Poderes”. Y Velasco Ibarra les hizo caso.

El quiteño José María Velasco Ibarra es nuestra gran figura democrática, pues ningún otro ha sido elegido Presidente en tantas ocasiones por la votación popular, un total de cuatro: en 1934, 1952, 1960 y 1968. Velasco Ibarra es también nuestra gran figura dictatorial, pues ningún otro ha intentado la dictadura en tantas ocasiones como él: en 1935, 1946 y 1970. 

En 1935 Velasco Ibarra intentó la dictadura, sin éxito, cuando (según su decir) se precipitó sobre las bayonetas y las Fuerzas Armadas no lo respaldaron. Fue la única ocasión en que no tuvo éxito, porque en 1946 y 1970, en cambio, sí consolidó su dictadura, aunque en ningún caso duró demasiado. 

El 30 de marzo de 1946 Velasco Ibarra se declaró dictador a fin de desconocer una Constitución que se había sido aprobada recién en 1945 y con la que él no estuvo de acuerdo, por lo que convocó a una nueva Asamblea Constitucional, que lo volvió a designar a él Presidente de la República el 10 de agosto de 1946 y que produjo a fines del año 1946 otra Constitución, que esta vez sí fue de su agrado. Velasco Ibarra gobernó hasta que el golpe de Estado del coronel Mancheno Cajas lo obligó a renunciar el 23 de agosto de 1947.

En 1970, por segunda vez Velasco Ibarra intentó con éxito una dictadura. Como se indicaba en el citado decreto supremo No. 1, Velasco Ibarra debió gobernar hasta el 31 de agosto de 1972, pero fue interrumpido por un golpe de Estado militar perpetrado el 15 de febrero de 1972, que ha pasado a la historia como el “Carnavalazo” y por el que subió al poder el general Guillermo Rodríguez Lara.

En esta última dictadura, Velasco Ibarra gobernó el país por espacio de 603 días (1 año, 6 meses y 28 días) sin contrapesos políticos. Ha sido nuestro último dictador civil. Pero muy probablemente, no será el último.

La vocación autoritaria

27 de diciembre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de diciembre de 2024.

El informe 2024 de la corporación Latinobarómetro lleva por optimista título “La democracia resiliente”, fue publicado en su página web (www.latinobarometro.org) el viernes 20 de diciembre y es un exhaustivo estudio de opinión pública que mide actitudes, valores y comportamientos, para lo cual aplica alrededor de 20.000 entrevistas en 17 países de América latina, representando a más de 600 millones de habitantes.

El informe 2024 de Latinobarómetro, entre otras cosas, reveló un reclamo por una solución autoritaria en el Ecuador, de una intensidad sin parangón en la región.

“Actitudes hacia el autoritarismo” se denomina el capítulo 4.6 del informe 2024 de Latinobarómetro, que presenta “los indicadores específicos de autoritarismo” para los 17 países latinoamericanos cuyos habitantes son entrevistados. El capítulo se compone de la respuesta a tres afirmaciones. La primera afirmación es: “No me importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas”. 

Entre las respuestas “muy de acuerdo” y “de acuerdo” a esta primera afirmación, el Ecuador registra por encima del 60% de personas que coinciden con ella, siendo el cuarto porcentaje más alto de América latina (en conjunto con Honduras) y apenas por debajo de Paraguay, Guatemala y El Salvador. Seis de cada diez ecuatorianos no tendrían problema con la llegada de una dictadura, siempre que resulte efectiva para resolver problemas.   

La segunda afirmación de este capítulo es: “Está bien que el presidente pase por encima de las leyes, el parlamento y/o las instituciones con el objeto de resolver los problemas”. Entre las respuestas “muy de acuerdo” y “de acuerdo” con esta segunda afirmación, el Ecuador registra el porcentaje más alto de América latina con el 54%, que es un porcentaje casi 20 puntos superior al promedio regional del 35% y demostrando a las claras que un dictador no requiere encumbrarse a través de un golpe de fuerza. Un dictador puede emerger también en el marco de una democracia vaciada de contenido, como la ecuatoriana. 

Porque la democracia ecuatoriana es un cascarón vacío y los datos de este informe 2024 (de manera muy preocupante) así lo evidencian. El Ecuador es el Estado de América latina que registra el mayor porcentaje de su población que considera posible que la democracia puede funcionar sin estos tres elementos: el 58% considera que puede funcionar sin partidos políticos, el 57% que puede funcionar sin congreso y el 50% que puede funcionar sin oposición. Cifras que están muy por encima de su promedio regional del 42%, 39% y 37%, respectivamente. Vaciar a la democracia de todo lo que la constituye, pero seguir llamándola democracia: tal cosa es el ideal ecuatoriano. 

Por eso es lógico que en la respuesta a la tercera afirmación contenida en el capítulo 4.6 del informe 2024 de Latinobarómetro, “Deberíamos deshacernos de las elecciones y del parlamento y dejar que los expertos tomaran las decisiones por la gente”, el Ecuador también registre el porcentaje más alto entre los países de América latina. Un 50% de la población está “muy de acuerdo” o “de acuerdo” con esta tercera afirmación.

Estas cifras revelan la vocación autoritaria del pueblo ecuatoriano.

Paradoja de Velasco Ibarra

11 de octubre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 11 de octubre de 2024.

Nadie en la historia del Ecuador ha sido tan aclamado y exitoso como líder democrático, como el quiteño José María Velasco Ibarra (1893-1979). También: Nadie en la historia del Ecuador intentó tantas veces ser dictador y tantas veces con éxito, como él. 

Entre las décadas de los treinta y los setenta, Velasco Ibarra fue la figura estelar de la cartelera democrática. Participó en cinco elecciones para la Presidencia de la República y fue elegido en cuatro oportunidades (únicamente perdió la elección de 1940, frente a Carlos Arroyo del Río). Por la vía democrática, nadie ha sido elegido tantas veces como él.

En su primera elección para la Presidencia de la República, en diciembre de 1933, Velasco Ibarra triunfó. Empezó su administración el 1 de septiembre de 1934 y la concluyó el 20 de agosto de 1935, cuando se precipitó “sobre las bayonetas” según su propio decir. Fue la primera vez que buscó la dictadura, la única en que fracasó en el intento.

La segunda vez que Velasco Ibarra ejerció la Presidencia de la República no llegó por la vía electoral pues en su segunda elección popular perdió frente a Carlos Arroyo del Río, quien no terminó su período porque se lo impidió la Revolución Gloriosa de mayo de 1944, que lo condujo a Velasco Ibarra a la Jefatura Suprema y, después, a la Presidencia de la República, bajo la consigna “Todo el poder a Velasco”.

Fruto de la Revolución Gloriosa se organizó una Asamblea Constitucional que designó el 10 de agosto de 1944 presidente a Velasco Ibarra y que produjo en marzo de 1945 una Constitución. A Velasco Ibarra le disgustó la idea de gobernar co esta Constitución, por lo que el 30 de marzo de 1946 tentó la dictadura nuevamente. Esta vez con éxito. 

Como dictador, Velasco Ibarra convocó a una nueva Asamblea Constitucional, que lo volvió a designar a él presidente el 10 de agosto de 1946 y que produjo a fines del año 1946 otra Constitución, que sí fue del agrado del dictador. Velasco Ibarra gobernó hasta que el golpe de Estado del coronel Mancheno Cajas lo obligó a renunciar el 23 de agosto de 1947.

La siguiente presidencia de Velasco Ibarra, entre 1952 y 1956, fue el fruto de una elección popular celebrada en junio de 1952 y fue el único período que Velasco Ibarra logró concluir en su dilatada vida política. 

La tercera vez que fue elegido presidente por elección popular fue en junio de 1960. Empezó a gobernar el 1 de septiembre de aquel año y concluyó su período por un golpe de Estado militar el 7 de noviembre de 1961. 

La cuarta y última vez que Velasco Ibarra fue elegido presidente por la vía electoral fue en junio de 1968. Volvió a tentar la dictadura, nuevamente con éxito. El 22 de junio de 1970, Velasco Ibarra se declaró dictador y gobernó por poco menos de dos años. El 15 de febrero de 1972 los militares lo sacaron del poder en un golpe de Estado que pasó a la historia como el “Carnavalazo”.

En materia de dictadura, Velasco Ibarra la intentó tres veces (líder máximo de la categoría) y consiguió ser dictador en dos oportunidades (más que cualquiera).

El saldo de cinco décadas de vida política arroja la paradoja de Velasco Ibarra: el más exitoso líder democrático del Ecuador es el mayor practicante de la dictadura. 

Las seis presidencias de Velasco Ibarra

12 de abril de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de abril de 2024.

Todas las décadas entre 1930 y 1970 lo tuvieron a José María Velasco Ibarra como la máxima autoridad del Poder Ejecutivo. Entre 1934 y 1935, entre 1944 y 1947, entre 1952 y 1956, entre 1960 y 1961, y entre 1968 y 1972. A la década de los setenta, Velasco Ibarra llegó como un dictador, pues elegido en las urnas en junio de 1968 se declaró dictador en junio de 1970. Un golpe militar lo tumbó en febrero de 1972. 

Cuando después de la dictadura militar volvimos a la democracia, Velasco Ibarra ya no estaba allí. Murió en marzo de 1979, a los 86 años.

En sus cinco décadas de presencia en la política ecuatoriana, Velasco Ibarra sumó un total de seis presidencias. Cuatro veces fue elegido presidente por la voluntad popular, siendo el ecuatoriano más veces favorecido por el voto popular para la obtención de la presidencia (la primera vez en 1934, la última vez en 1968). En el Ecuador todavía es recordada una frase a él atribuida: “Dadme un balcón en cada pueblo y seré presidente”. Se la recuerda cada vez más como un lejano testimonio de un tiempo de política de masas sin redes sociales. 

Como evidencia de nuestra inestabilidad política, Velasco Ibarra es también el ecuatoriano que más veces ha intentado declararse dictador, por tres oportunidades, lográndolo en dos de ellas. La vez que fracasó fue en 1935, cuando el ejército no secundó su golpe de Estado y lo obligó a renunciar. De esta época es otra de sus frases famosas: “Me precipité sobre las bayonetas”, tal vez también un testimonio de la obsolescencia de las armas del Ejército en esa época.  

Las otras dos presidencias de Velasco Ibarra fueron obra de votaciones en asambleas constitucionales, ambas reunidas en la década del cuarenta. Tras el triunfo de la llamada “revolución Gloriosa” que el 28 de mayo de 1944 depuso al gobierno de Carlos Arroyo del Río, una asamblea constitucional redactó una Constitución progresista y lo designó presidente de la República a Velasco Ibarra para que gobierne bajo el imperio de la nueva Constitución. Esa Constitución fue aprobada y entró en vigor el 6 de marzo de 1945. 

Pero el marzo siguiente, específicamente el día 30, Velasco Ibarra se declaró dictador y, a diferencia de 1935, esta vez sí fue exitoso. Desconoció la Constitución de 1945 y puso en vigor la Constitución de 1906. En seguida organizó una nueva asamblea constitucional, que dictó una nueva Constitución que ya no era progresista y lo eligió a él presidente.

Esta nueva Constitución entró en vigor el 31 de diciembre de 1946. Velasco Ibarra no pudo gobernar mucho tiempo bajo su imperio, porque en agosto de 1947, su Ministro de Defensa, Carlos Mancheno Cajas, ensayó un golpe de Estado y obligó a Velasco Ibarra a renunciar el día 23. Cuando este golpe de Estado (conocido como el “Manchenazo”) fracasó, la política ecuatoriana siguió su curso prescindiendo de Velasco Ibarra, pues él ya había renunciado. 

El récord de Velasco Ibarra: Seis presidencias en total, cuatro veces elegido por la voluntad popular, dos veces dictador (de las tres que lo intentó). Es muy revelador de nuestra cultura política que la figura señera de nuestra democracia de masas en el siglo XX tenga tan sostenida y acusada vocación dictatorial. 

La revolución de 1876

16 de febrero de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 16 de febrero de 2024.

Un presidente cuencano y un comandante quiteño. La revolución se origina en Guayaquil. El año es 1876.

Durante la mayor parte de 1876, gobernó el presidente cuencano Antonio Borrero. Elegido por la voluntad popular en octubre de 1875 tras el magnicidio de García Moreno, él había sido la carta liberal frente a los candidatos conservadores Julio Sáenz y Antonio Flores. Se esperaba de él que convoque a una convención nacional para reemplazar la Constitución ultramontana de 1869. 

Pero el presidente Borrero se negó a hacerlo, hecho que lo malquistó con los liberales. Así que el 8 de septiembre de 1876 empezó a gobernar con disputa: el Concejo Municipal de Guayaquil pronunció al comandante de la plaza de Guayaquil, el quiteño Ignacio Veintemilla, como Jefe Supremo de la República y Capitán de sus Ejércitos. 

Según el acta suscrita ese día en “gran comicio público”, se lo desconoció al presidente Borrero por haber sido “inconsecuente a los principios liberales que proclamó y defendió como ciudadano”. En una proclama que puso a circular Veintemilla ese mismo día, él se declaró un ungido por Guayaquil para “la difícil y delicada tarea de salvar al país, próximo a hundirse en un abismo, a consecuencia de la política indefinible, vacilante y desleal del actual gobierno”. 

Desde el 8 de septiembre, al menos en Guayaquil, no rigió más la Constitución de 1869. Se puso en vigencia la Constitución de 1861.

Cinco días después, el 13, Antonio Borrero puso a circular su proclama frente a la revolución. Empezaba así: “Una revolución inicua, sin nombre y sin principios acaba de consumarse en Guayaquil”, para atribuirle en seguida un origen impío: “Los que niegan la Divinidad de Jesucristo, los que aseguran que el pueblo es más soberano que Dios, los que piden el matrimonio civil, son los que han buscado, como instrumento torpe y ciego, a un Jefe desleal”, es decir, a Veintemilla. Al presidente Borrero la Constitución de 1869 parecía caerle muy bien.

En apoyo a la postura del presidente Borrero salió el Concejo Municipal de Quito, el que declaró a los “autores de la inicua revolución” como “enemigos de la religión, de la autoridad, de la familia, de la propiedad, del hombre y de Dios”. Las matronas quiteñas también publicaron una grave protesta “con todo el ardor de nuestros corazones contra ese rebelión amenazadora y alarmante, y para ofrecer al Supremo Gobierno los votos y fervientes oraciones que, humilladas al pie de nuestros altares, elevaremos al Dios de los Ejércitos”.

Pero ni con los superpoderes de las matronas se pudo conjurar la revolución en marcha desde el 8 de septiembre. Se sucedieron los pronunciamientos y esta revolución originada en Guayaquil se hizo fuerte en la región litoral, mientras que fue resistida en las provincias serranas. El 14 de diciembre, en Galte y en Los Molinos, ocurrieron sendas batallas, que se saldaron con el triunfo revolucionario. 

Antes de concluir el año 1876, el 24 de diciembre, Ignacio Veintemilla y parte de su ejército entraron en Quito. Borrero perdió la disputa y Veintemilla ordenó que se lo reduzca a prisión.

Con el tiempo, el quiteño Veintemilla abandonó la causa liberal y se declaró dictador. Cayó en julio de 1883.

1979

8 de diciembre de 2023

             Publicado en diario Expreso el 8 de diciembre de 2023.

El 10 de agosto de 1979 el Ecuador regresó a la democracia después del período dictatorial más extenso de su historia. Aquel año entró en vigor una nueva Constitución y se posesionó a un Presidente joven y progresista, el abogado guayaquileño Jaime Roldós Aguilera, elegido tras su triunfo en una segunda vuelta disputada contra Sixto Durán-Ballén en abril de 1979.  

En los veinte años anteriores a 1979 apenas se realizaron dos elecciones presidenciales, que tuvieron a un mismo vencedor. En las elecciones de 1960 y de 1968 triunfó el mismo que ya había ganado en las elecciones presidenciales de 1952 y de un lejano 1933, el quiteño José María Velasco Ibarra. Ninguno de estos dos períodos presidenciales (1960-1964 y 1968-1972) los pudo Velasco Ibarra concluir. 

El de 1960-1964 lo interrumpió un golpe de Estado militar en 1961 y el de 1968-1972 lo interrumpió el propio Velasco Ibarra cuando se declaró dictador en 1970. Nuestro Presidente más veces vencedor en las urnas (un total de cuatro) también fue un contumaz entusiasta de la dictadura. La intentó sin éxito en 1935 (tiempos de su célebre: “Me precipité sobre las bayonetas”) y la intentó con éxito en 1946. En su último período presidencial la volvió a intentar y terminó por gobernar el país por espacio de 603 días sin contrapesos políticos oficiales, hasta que un golpe de Estado en 1972 (conocido como “El carnavalazo”) acabó con su gobierno.

Tras el golpe de Estado militar de 1961, a Velasco Ibarra lo sucedió su vicepresidente, Carlos Julio Arosemena Monroy (a quien, por cierto, lo destituyó otro golpe de Estado militar en 1963), mientras que tras el golpe de Estado militar de 1972 a Velasco Ibarra lo reemplazó el general Guillermo Rodríguez Lara. 

Al general “Bombita” Rodríguez, a su vez, en 1976 le hicieron un nuevo golpe de Estado, por el que se encumbró a la dictadura un triunvirato militar que se comprometió a devolver al Ecuador al orden constitucional. Prometieron, cuando asumieron, que la democracia volvería el año siguiente, a fines de 1977.

Por supuesto, no lo cumplieron. Ni tampoco confiaron en la democracia y en los partidos políticos, y por eso nombraron a dos comisiones para que elaboren sendos proyectos de Constitución que serían puestos a consideración del pueblo: un proyecto fue la Constitución de 1945 reformada y el otro fue una Constitución nueva. En el referéndum que se celebró en enero de 1978 ganó la nueva. (Fue la primera vez que una Constitución no la redactó una Asamblea Constitucional).

En total, en los veinte años precedentes a esta nueva Constitución y a un Roldós tan joven y progresista, el Ecuador había tenido dos golpes de Estado contra un único Presidente elegido en sendas elecciones (Velasco Ibarra), una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución de la República (en 1967), dos Presidentes de apellido Arosemena, al bueno y barcelonés de Clemente Yerovi y alrededor de doce años de dictadura. Y casi dos años de dictadura le corresponden a un dictador civil, que ocurre que es nuestra gran figura democrática del siglo XX.

Por eso, agosto de 1979 fue un gran momento de esperanza para el pueblo ecuatoriano. La política ecuatoriana, por supuesto, no tardó nada en arruinarlo todo.

El Estado que celebró a su dictador

23 de junio de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 23 de junio de 2023.

A lo largo de la historia política del Ecuador, acabar con el contrario es la forma de estar. El más grande demagogo de la política ecuatoriana, José María Velasco Ibarra, lo describió tan claro: “O yo destruyo al Frente, o el Frente me destruye a mí”. (El Frente –el Frente Democrático- era el enemigo del momento. Velasco se le fue encima.)  

Corría el año 2018 y la forma de acabar con Rafael Correa y las autoridades “correístas” (es decir, las nombradas durante su período de gobierno) fue la creación de un órgano especial (el recordado “Consejo Transitorio”) encargado de su exterminio. Este órgano debe ser caracterizado como una dictadura, dadas su duración limitada, su ninguna sujeción a la ley sino a su entera voluntad y su persecución de un propósito concreto, que son las características insignia de un órgano dictatorial.

El problema con las evaluaciones y destituciones hechas por este Consejo Transitorio es que todas son violatorias de derechos. Obviamente, ello no es percibido así en la jurisdicción ecuatoriana, tan acostumbrada a soportar este tipo de majaderías. Pero desde la perspectiva del derecho internacional, lo hecho por el Consejo de marras viola numerosas garantías judiciales que protege la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Así, en ajustado resumen: se violó el principio de legalidad y de retroactividad porque la normativa para evaluar a las autoridades se compuso de normas imprecisas y vagas, que fueron redactadas con posterioridad a las acciones y omisiones que se evaluaron. Se violó el derecho a un juez competente por no estar fijada la competencia de los juzgadores en una ley previa. Se violó el derecho a un juicio imparcial pues el presidente del Consejo Transitorio anticipó en varias ocasiones criterios descalificadores sobre los evaluados. Se violó el derecho a la presunción de inocencia porque las dudas en los procesos se usaron en contra de los acusados y se los condenó sin eliminar toda duda razonable sobre su culpabilidad. Se violó el derecho a tener una comunicación previa y detallada de la acusación formulada porque el Consejo Transitorio iniciaba el proceso de investigación sin informar al evaluado de las razones de su evaluación, su fundamento probatorio y su caracterización legal. Se violó el derecho a tener el tiempo y los medios adecuados para preparar su defensa porque se estableció un sumario “reservado”. Y, finalmente, se violó el derecho de recurrir del fallo porque toda apelación se la presentaba ante al mismo órgano que había dictado la resolución de primera instancia (en un nivel premium de ineficacia, de 24 apelaciones que se presentaron, 24 se rechazaron).

La clase política en el Ecuador es incapaz de percibir sus errores y sus abusos (algún día la Corte Interamericana de Derechos Humanos se los tendrá que explicar). A Julio César Trujillo, el deschavetado nonagenario que encabezó y puso cara a esta dictadura, en una ceremonia en la que estuvieron presentes el presidente Moreno y las más altas autoridades del Estado, se lo condecoró post-mórtem con la Orden de San Lorenzo, que es la más alta condecoración que puede otorgar el Estado ecuatoriano.

Es decir, por todo lo alto lo celebraron a su dictador. 

Pons se puso el quepis

30 de septiembre de 2022

Publicado en diario Expreso el 30 de septiembre de 2022.



Antonio Pons Campuzano, nacido en Guayaquil, médico, hijo de catalán y paisa, a sus 37 años se encumbró a la máxima autoridad del Poder Ejecutivo por un mes y pocos días del año 1935. En esa época, la Constitución de la República (la décimo segunda, de 1929) disponía que el reemplazo del Presidente, por ausencia temporal o definitiva, era su Ministro de lo Interior. La interpretación arbitraria que de esta disposición hicieron los militares es lo que condujo a Pons a la cumbre del Poder Ejecutivo.

 

Pons era Ministro de lo Interior en la primera Presidencia Constitucional de Velasco Ibarra. El 20 de agosto de 1935, alrededor de las 9 de la mañana, él presentó su renuncia al Presidente. Según lo cuenta en su libro ‘Contra el zarpazo de la garra política’, publicado en Buenos Aires en 1936, esa mañana “fui sorprendido con la presencia de un regimiento que al compás de su banda militar se acercaba a los bajos del Palacio […] Y a poco se me dijo que su objeto era la promulgación de un Decreto asumiendo la Dictadura el doctor Velasco Ibarra”. En desacuerdo con esta dictadura, contra la que él había advertido, Pons renunció a su cargo.

 

El intento dictatorial de Velasco Ibarra fracasó. Con Velasco fuera de juego, era necesario que se designe a alguien en su reemplazo, en calidad de Encargado del Poder. El gobierno de los civiles y su beligerante Congreso, bajo la Constitución de 1929, había sido un rotundo fracaso: ningún Presidente terminaba su período y se vivía en permanente estado de pugna y zozobra. Era un buen momento para prescindir de ellos. Era el turno de los militares.

 

En Quito, Pons vivía en el hotel Savoy. Allá fue la alta oficialidad del Ejército para ofrecerle el Encargo del Poder. Antes de su caída, en la tarde del 20 de agosto, Velasco Ibarra había aceptado la renuncia de Pons. Pero esto no le importaba, ni a Pons ni a los militares, que omitieron este detalle que a Pons inhabilitaba (el designado por Velasco in extremis en reemplazo de Pons era un tal Carlos Guerrero). Pons empezó su gobierno el 21 de agosto de 1935.

 

En su gobierno, como él mismo lo reconoció en su libro, apenas pudo contemplar “el desarrollo de los acontecimientos sin poder, honradamente, contener el desbordamiento de tanta pasión política y tanta ambición desenfrenada”. Para él, nada peor que la “Garra política” (representada en Arroyo del Río) a los que definió como “Poder, Poder y Maldad”. El 26 de septiembre Pons recogió sus pasos y decidió renunciar a su Encargo.

 

Y aquí fue que el civil se puso el quepis, porque en vez de renunciar ante el Congreso para seguir el procedimiento constitucional, él decidió hacerlo ante la alta oficialidad del Ejército porque los consideraba “el mejor intérprete de los sentimientos cívicos”. Ese día de septiembre convocó en la Casa Presidencial “al Inspector General del Ejército y a los representantes de las principales dependencias del Ministerio de Guerra y de los cuerpos de línea”, y ante ellos, “es decir, ante el Ejército ecuatoriano, renuncié mi cargo después de exponerles la honradez de mis propósitos y los sentimientos patrióticos del Gobierno”.

 

El Ejército ecuatoriano decidió el reemplazo de Pons. Empezamos a vivir en dictadura.

 

~*~

 

Fuentes:

* La principal fuente de este artículo es el opúsculo de Pons ‘Contra el zarpazo de la “garra política”’. Las citas corresponden a las siguientes páginas: “fui sorprendido con la presencia de un regimiento…” (p. 7); “el desarrollo de los acontecimientos…” y “Poder, Poder y Maldad” (p. 16); “el mejor intérprete…” (p. 10); “al Inspector General del Ejército…” y “es decir, ante el Ejército ecuatoriano…” (p. 20). Una sucinta biografía en: ‘Antonio Pons’ (Ecured).

* Los artículos de la Constitución del año 1929 que disponían el reemplazo del Presidente o del Encargado del Poder por su Ministro de lo Interior son los siguientes:

“Título VI

Sección I. Disposiciones generales

(…)

Art. 79.- En caso de falta del Presidente de la República, de enfermedad u otro impedimento accidental que pase de diez días te subrogará el Ministro de lo Interior, y, en el orden cronológico de sus nombramientos, los demás Ministros.

Por falta o impedimento accidental de cualquiera de los subrogantes, hará sus veces el que le siga, según el orden expresado, mientras asuma el ejercicio del Poder Ejecutivo el llamado por la Ley.

Art. 80.- El Presidente de la República cesa en sus funciones por terminación del período fijado en la Constitución, y deja vacante el cargo por muerte, destitución, admisión de renuncia o incapacidad física permanente declarada por el Congreso.

Art. 81.- Cuando, por cualquiera de las causas expresadas en el Artículo anterior, vacare el cargo de Presidente de la República, el Ministro subrogante, con arreglo al Artículo 79, se encargará del Poder Ejecutivo, y, dentro de los ocho días siguientes a la fecha en que hubiere ocurrido la vacante, convocará a elecciones, las que deberán estar terminadas en el plazo de dos meses, a lo

más, contados desde la misma fecha. Efectuadas las elecciones, el Congreso ordinario siguiente practicará el escrutinio hasta el veinte de Agosto, a más tardar, y el primero de Setiembre inmediato el Encargado del Poder Ejecutivo cesará en sus funciones y empezará el nuevo período constitucional.”

* Un libro que contiene un relato bien documentado sobre la caída de Velasco en su primera presidencia es: Norris, Robert, ‘El gran ausente’, Tomo I, Ediciones Libre Mundi, 2004, Quito, pp. 227-245.  


Aguirre contra Velasco Ibarra

4 de septiembre de 2021

El lojano Manuel Agustín Aguirre era el Secretario del Partido Socialista en los tiempos de la ‘Revolución Gloriosa’. En 1943, cuando el expresidente José María Velasco Ibarra representaba la opción frente a la continuidad del gobierno liberal, Aguirre no dudó en saludar a Velasco como ‘un hombre de fuerte raigambre popular, ascendrado patriota, honrado y progresista, cuya lucha continental por la defensa de los principios democrático y los más altos derechos humanos, será una garantía efectiva de libertad y democracia’ (1)

 

La ‘Revolución Gloriosa’ produjo una Asamblea Constitucional que empezó a funcionar el 10 de agosto de 1944 con el propósito de producir la décimo cuarta Constitución del Estado ecuatoriano (décimo tercera de la República del Ecuador). Aguirre fue el Vicepresidente de esta Asamblea Constitucional que lo designó Presidente Constitucional a Velasco ese 10 de agosto de 1944 (debió gobernar hasta el 1 de septiembre de 1948) y que promulgó la Constitución que se había propuesto redactar el 6 de marzo de 1945.

 

Esta Constitución de 1945 duró poco, porque no fue del gusto de Velasco. El 30 de marzo de 1946, Velasco se declaró dictador. Al poco rato, Velasco organizó unas nuevas elecciones para elegir a los representantes a una nueva Asamblea Constitucional que nuevamente lo designó Presidente Constitucional y que dictó una nueva Constitución el 31 de diciembre de 1946, ahora sí a gusto de Velasco. Para 1946, la opinión de Aguirre había variado de manera radical. Ahora lo consideraba a Velasco ‘el traidor número uno, introducido como caballo de Troya en la revolución’ (2). Traidor, porque encumbrado en el poder por la ‘Revolución Gloriosa’, buscó destruir el fruto de la revolución, esto es, la Constitución de 1945. Cosa que Velasco logró: dictadura mediante, obtuvo una Constitución conservadora, que era de su agrado y que era el símbolo de su traición. (3)

 

La desazón de Aguirre con Velasco, pasado el tiempo, se convirtió en una ácida crítica que lo sitúa a Velasco como el tonto útil de las oligarquías que siempre fue:

 

‘No existe ningún político ecuatoriano que haya prestado más eficientes y mejores servicios a la clase dominante, que el doctor Velasco Ibarra; pues debido a sus capacidades demagógicas, a su falta absoluta de responsabilidad y escrúpulos, a su constante escamoteo ideológico, que va del azul al rojo, ha podido mantener tras de sí, que es decir tras de las oligarquías dominantes, a un pueblo maniatado, enceguecido, humillado, desorientado, desviado mucho tiempo del verdadero camino de su liberación. Ningún hombre por lo mismo, ha hecho tanto daño a las masas trabajadoras del País, ha impedido el desarrollo de su conciencia de clase y ha retardado su auténtica marcha revolucionaria hacia la conquista de su propio destino’. (4) 

 

~*~

 

(1) De la Torre Espinosa, Carlos, 'La seducción velasquista', Ediciones Libri Mundi y FLACSO, Quito, 1997, p. 220.

(2) Ibíd.

(3) La Constitución de 1946, fruto de la traición velasquista como era, fue la única que rigió en un período de estabilidad política durante el período central del siglo XX, que va desde la Revolución Juliana en 1925 hasta el regreso a la democracia en 1979, pues es la Constitución que estuvo vigente durante los gobiernos de Plaza Lasso entre 1948 y 1952, de Velasco Ibarra entre 1952 y 1956, y de Ponce Enríquez entre 1956 y 1960. Ninguna otra Constitución de ese período (1929, 1945, 1967, y menos la de 1938, que jamás se promulgó) rigió sobre un período completo de gobierno.

(4) De la Torre..., pp. 233-4.   

Las 4 caídas del Presidente de las 5 décadas

21 de agosto de 2021

Fue el 20 de agosto de 1935 (son 86 años y un día) cuando el Presidente José María Velasco Ibarra cayó por primera vez. Velasco es el político que más veces ha ejercido la Presidencia del Estado del Ecuador, con un total de cinco, en un período que cubre cinco décadas del siglo XX. En cuatro de ellas llegó por la votación del pueblo y en cuatro de ellas los militares lo sacaron. 

 

En 1935 Velasco se quiso declarar dictador, pero los militares no lo apoyaron en su movida (como él diría, se precipitó sobre las bayonetas). Cayó antes de cumplir un año de gobierno (entonces se empezaba a gobernar el 1 de septiembre y Velasco había empezado ese día de 1934). Lo detuvieron y condujeron al Regimiento Calderón, donde firmó su renuncia. Velasco buscó asilo en la Legación de Colombia y abandonó el Ecuador por un tiempo.

 

Volvió para participar en las elecciones de 1940, que perdió frente a Carlos Arroyo del Río. Cosas de la vida política ecuatoriana, Velasco fue quien concluyó el período presidencial de Arroyo, pues Arroyo debió renunciar el 30 de mayo de 1944, a escasos dos meses y pico de terminar su período presidencial, por efecto de la ‘Revolución Gloriosa’. Velasco cruzó la frontera norte y entró a Quito, donde usufructuó de esta revolución que se había labrado en las calles de Guayaquil. El 31 de mayo, la insurgencia organizada en la ADE (Acción Democrática Ecuatoriana) lo designó Presidente provisional a Velasco, para al rato, el 10 de agosto, ser designado Presidente Constitucional por una Asamblea Constitucional. Dicha asamblea también dictó la décimo cuarta Constitución del Ecuador el 6 de marzo de 1945.

 

Velasco debía gobernar hasta el 1 de septiembre de 1948 bajo el imperio de la Constitución de 1945. Pero, incómodo con la Constitución y con sus opositores, se declaró dictador el 30 de marzo de 1946 y, en esta ocasión, su aventura dictatorial le funcionó. Empezó la represión a sus opositores, el ataque a los periódicos y, por supuesto, el desconocimiento de la nueva Constitución. Para hacer efectiva su destrucción, Velasco organizó una nueva Asamblea Constitucional, de cuño conservador, que dictó otra Constitución el 31 de diciembre de 1946, la décimo quinta, ahora sí del gusto de Velasco. Esta Asamblea Constitucional lo designó Presidente Constitucional a Velasco la madrugada del 11 de agosto de 1946, con un mandato que debía igualmente terminar el 1 de septiembre de 1948.

 

Transcurría 1947 con Velasco Presidente, hasta que llegó el ‘Manchenazo’. El 23 de agosto de 1947 el coronel Carlos Mancheno Cajas practicó un Golpe de Estado, con el que produjo la renuncia del Presidente Velasco y un efímero gobierno suyo que, sin apoyos, apenas le permitió disfrutar de su Golpe de Estado por diez días. El coronel debió renunciar a su blooper y reconocer que el Poder Ejecutivo le correspondía a quien era el Vicepresidente de Velasco, el otavaleño Mariano Suárez Veintimilla. En cuanto a Velasco, él estaba caído y debió salir, una vez más, a vivir fuera del Ecuador. (1)

 

Velasco es un ejemplo de la brutal inestabilidad política del Ecuador porque en cuatro de cinco oportunidades no terminó su período presidencial por decisión de los militares. La única vez que sí lo terminó fue en la década del cincuenta, entre 1952 y 1956, en el marco de una de las pocas etapas de estabilidad política de este atribulado país (2).

 

Después de esta excepción a la regla de la inestabilidad, Velasco volvió a la Presidencia en 1960. En esta ocasión volvió a durar poco, aunque duró un poco más que su primera vez en 1934-1935 (3). Su gobierno fue represivo y no dudó en alejar o apresar a sus opositores, incluidos algunos congresistas y al Vicepresidente Carlos Julio Arosemena (4). Varios militares se sublevaron: el batallón ‘Chimborazo’, situado en el Sur de Quito lo hizo la mañana del 7 de noviembre de 1961, aunque fueron rápidamente sofocados; la Base Militar de Taura también se sublevó y pidió por la libertad del Vicepresidente y los congresistas. Otros militares, como los aviadores de la Zona Militar de Quito, plegaron a la insurgencia de Taura. Velasco perdió tiempo visitando los cuarteles, todo estaba ya perdido. En sus propias palabras: ‘Estuve en el Cuartel del Tanque hasta las dos de la madrugada del día 8 de noviembre. A esas horas asomó el General del Pozo Lagos a decirme que las Fuerzas Armadas no aceptaban mi continuación en el Gobierno’. (5) Velasco, como un maleteado, se fue a dormir adonde un amigo. A la mañana siguiente, buscó asilo en la Embajada de México.

 

En simple, lo que el general del Pozo Lagos le dijo a Velasco era que debía aceptar los hechos consumados. En la noche del 7 de noviembre de 1961, a eso de las 22h50, el Congreso Nacional había designado al Vicepresidente Carlos Julio Arosemena como el reemplazo del caído Velasco. (6) Carlos Jumo gobernó hasta el próximo Golpe de Estado militar.

 

La quinta y última vez de Velasco en la Presidencia empezó en 1968. Había pasado 34 años del año 1934, cuando su primera vez como Presidente. Velasco recurrió en 1970 al manido expediente de declararse dictador y, como en 1946, le volvió a funcionar. Desde el 22 de junio de 1970, Velasco ejerció como un dictador, hasta que los militares decidieron darle chapeta, una vez más, para sumar la cuarta en total. Ocurrió el 15 de febrero de 1972, en un martes de Carnaval, en lo que se recuerda como ‘El Carnavalazo’, cuando los militares depusieron al dictador Velasco para imponer la dictadura de uno de los suyos, el general Guillermo Bombita Rodríguez Lara. Así, el Ecuador vivió en dictadura, sea civil o militar, a lo largo de toda la década del setenta, pues recién regresó a la democracia el 10 de agosto de 1979, tras el triunfo electoral de Jaime Roldós. Para ese entonces, Velasco ya estaba muerto. Se petateó el 30 de marzo de 1979, recién cumplidos sus 86 años.

 

El cadavérico Velasco y su verbo electrizante

En resumen, Velasco ejerció cinco veces la Presidencia de la República, en cuatro lo eligió el pueblo ecuatoriano y en cuatro los militares lo destituyeron. Velasco se declaró dictador en tres oportunidades y actuó en tal condición en dos. También en dos oportunidades, Velasco fue elegido por una Asamblea Constitucional. Su dominio de la política ecuatoriana (o debo decir: su rol funcional) abarcó cinco décadas, del treinta al setenta (7). Marcó una época.

 

Es quien más veces fue Presidente, pero también es el que más veces cayó. Velasco es el campeón, pero de la inestabilidad política ecuatoriana. Nuestra marca registrada.

 

~ * ~

 

(1) La justificación de Velasco para renunciar, en sus propias palabras: ‘Desde el momento que militares de toda la República se juntaban en Quito para la cuartelada y para ultrajarme, estaba rota la paz y la justicia, y pude yo expresar lícitamente que renunciaba para evitar una lucha civil y que se restableciese la paz y la justicia. También Alfaro renunció y desde una legación. También Alessandri renunció. Unos renuncian y otros nó. [sic] Depende de las circunstancias’, v. Norris, Robert, ‘El gran ausente. Biografía de Velasco Ibarra’, Tomo II, Ediciones Libri Mundi, 2004, Quito, p. 97.

(2) Un canto a la inestabilidad: ese período de estabilidad política en el que participó la tercera Presidencia de Velasco para conformar la sucesión de tres gobiernos de Presidentes Constitucionales (Plaza Lasso, Velasco Ibarra, Ponce Enríquez) entre 1948 y 1960, hasta entonces, sólo registraba un antecedente en la historia política del Ecuador, con la sucesión de otros tres Presidentes Constitucionales entre 1912 y 1924 (Plaza Gutiérrez, Baquerizo Moreno, Tamayo Terán). En el siglo XIX jamás ocurrió este fenómeno.

(3) En 1934-1935 demoró 353 días en caer; en 1960-1961 demoró 432 días (1 año, 2 meses y 6 días)

(4) Carlos Julio fue tan bacán, que cuando cayó detenido en el Panóptico y le preguntaron por su identificación, vaticinó su destino: ‘Carlos Julio Arosemena, 42 años de edad, Vicepresidente de la República y mañana Presidente Constitucional’, v. ‘El Gran Ausente’, Tomo II, p. 328.

(5) ‘El Gran Ausente’, Tomo II, p. 330.

(6) Como el Ecuador es un país rocambolesco, esa noche del 7 de noviembre el Alto Mando de las Fuerzas Armadas le ofreció la Presidencia de la República a Camilo Gallegos Toledo, Presidente de la Corte Suprema de Justicia, que él aceptó a las 22h15. Es decir, entre la noche del 7 y la madrugada del 8 de noviembre de 1961 hubo en el Ecuador tres presidentes: Velasco, manque maleteado, seguía siéndolo hasta antes de su abandono efectivo del poder; Arosemena, designado por el Congreso; Gallegos, designado por los militares. Un golpe de fuerza de la Fuerza Aérea decidió las cosas a favor de Arosemena la mañana del 8 de noviembre, cuando ‘[a]viones a chorro pasaron sobre el Palacio Legislativo, soltando unos disparos al aire’, por lo que ‘[f]rente a la amenaza de una guerra civil y sin tener una base legal, Gallegos y sus partidarios en las Fuerzas Armadas reconocieron al Gobierno de Arosemena’. Triunfó el Congreso, pero por las balas, v. ‘El Gran Ausente’, Tomo II, p. 331.

(7) No hay que olvidar que Velasco fue, en todo momento, un tonto útil de la oligarquía, v. ‘Velasco Ibarra y la oligarquía ecuatoriana’.