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El libertador vulgar

23 de mayo de 2025

            Publicado en diario Expreso el 23 de mayo de 2025.

El caraqueño Simón Bolívar capitaneó la liberación de una porción de Sudamérica y después se hastió. Receló de lo hecho y diseñó en 1826 una Constitución llena de desconfianza contra los pueblos que él había libertado tras una costosa y sangrienta lucha de quince años. Esa liberación se cumplió con la caída del puerto del Callao en enero de 1826, último reducto español en América. 

Bolívar diseñó una Constitución (casi idéntica) para Bolivia y para el Perú, las que fueron una diatriba en jerga jurídica contra la participación de los pueblos en la libertad que él les había otorgado con sus luchas legendarias, las que le habían ganado a Bolívar desde 1813 el membrete de “El Libertador”. En su Constitución, Bolívar instituyó una presidencia vitalicia, con la facultad del presidente de designar él mismo a su sucesor, a la manera de una monarquía. Para Bolívar, entonces, la decisión de quien debía ejercer la máxima autoridad ejecutiva no podía estar en manos de la gente. Según decía él, “un presidente vitalicio con derecho a elegir al sucesor es la inspiración más sublime en el orden democrático”.

En la Constitución que Bolívar diseñó se postulaba que el presidente de la República debía ser una autoridad perpetua porque era “como el sol que, firme en su centro, da vida al universo”. Lo vitalicio y su sol, en todo caso, demoró un rato. En Bolivia, la Constitución se promulgó en noviembre de 1826, cayó en desuso después del motín de Chuquisaca contra el presidente Antonio José de Sucre en abril de 1828 y se la derogó formalmente en agosto de 1831. En Perú, la Constitución duró todavía menos, estando vigente apenas por 49 días entre diciembre de 1826 y enero de 1827. Se la derogó formalmente en junio de 1827.

Después de esta Constitución de corte antidemocrático, a pocos días de su muerte, Bolívar explicó el fracaso que significó haber libertado a los pueblos. El 9 de noviembre de 1830, le dirigió una carta a su coterráneo Juan José Flores, fundador y primer presidente del Estado del Ecuador que se separó en 1830 de la República de Colombia fundada por Simón Bolívar. Tras autorizarlo a la secesión, Bolívar le explicó a Flores lo que él había obtenido después de mandar por 20 años: “no he sacado más que pocos resultados ciertos. 1°. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar. 3°. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4°. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas”. Todo esto se puede condensar en esa frase tan inexacta como categórica que, por este fragmento, se le atribuyó a Bolívar: “he arado en el mar”. Tras arar, Bolívar murió el 17 de diciembre de 1830.

En enero de 1847, también al final de sus días, José Joaquín Olmedo escribió al ilustre Andrés Bello una carta en la que definió a Bolívar como “cualquier libertador vulgar” porque “nos libró del yugo español, y nos dejó todos los desastres de las revoluciones”.

Bolívar se impuso a otros, libertó y (como él mismo lo reconoció) no supo contener las fuerzas que él había libertado. Como “cualquier libertador vulgar”, decía Olmedo acertado. 

Una playa boliviana

13 de octubre de 2023

            Publicado en diario Expreso el 13 de octubre de 2023.

Mientras la República del Ecuador casi se disolvía en el vértigo de la guerra civil ocurrida entre los años 1859-1860, el expresidente José María Urbina salió del país y se exilió en Cobija, un puerto de mar de Bolivia que durante un tiempo se llamó Puerto La Mar (como homenaje al gran Mariscal cuencano José Domingo de La Mar). Mirando una playa de mar boliviano, el expresidente Urbina debió recordar su encumbramiento al poder una década atrás, en 1851. 

En aquel tiempo, el general Urbina capitaneó la tercera interrupción exitosa de un gobierno en la breve historia del Ecuador (casi 21 años de malvivir como Estado). Justificó su golpe de Estado en un supuesto apoyo del Presidente en funciones a un exPresidente, el general Juan José Flores. Urbina empezó a gobernar como Jefe Supremo, organizó una Convención que lo eligió Presidente Constitucional en 1852 y dictó una Constitución que fue, en esencia, la de 1845 reformada. 

Urbina gobernó como Presidente Constitucional por cuatro años. En 1856, lo sucedió su compadre el general Francisco Robles, a quien el país se le fue para el carajo allá por 1859. 

Durante esos meses que el general Urbina permaneció en Cobija, él habrá pensado (orquestado, maquinado) su retorno al Ecuador. Por esos mismos días empezaron a administrar el Ecuador los conservadores, pues tras la guerra civil emergió el liderazgo autocrático de Gabriel García Moreno y su primera presidencia constitucional (1861-1865). Urbina desafió por las armas al gobierno de García Moreno en varias oportunidades. 

Combatiendo una de las invasiones de Urbina, murió el exPresidente Juan José Flores, de quien Urbina había sido su edecán, y luego fue su enconado enemigo. 

El exagerado temor a que vuelva el exPresidente Urbina fue la justificación que ofreció García Moreno para ejecutar un nuevo golpe de Estado en enero de 1869. De esto se pasó a una Convención que lo eligió Presidente a García Moreno y que dictó una Constitución motejada como la “Carta Negra”, que requería ser católico para ser ciudadano. A su proyecto delirante sólo lo pudo detener su muerte, a tiros y machetazos, en agosto de 1875.

Urbina lo había sobrevivido a Flores, y ahora sobrevivió a García Moreno. Y estaba presto a volver al Ecuador cuando se presente la ocasión. A fines de 1875 se eligió, por voto popular, Presidente a Antonio Borrero; no había pasado ni un año de su gobierno, cuando se sublevó la Comandancia Militar de Guayaquil a cargo del general Ignacio de Veintemilla, con el apoyo del Municipio de la ciudad. 

Se presentó entonces la ocasión: Urbina regresó al Ecuador a apoyar este nuevo Golpe de Estado. Triunfó sobre las tropas del Presidente Borrero en la batalla de Galte en diciembre de 1876.

Formó parte del gobierno, pero se desilusionó cuando Veintemilla se declaró dictador (esta vez por auto-Golpe de Estado) en marzo de 1882. La política ecuatoriana era incorregible, una sucesión de vilipendios y violencias, de abusos sin cuento, un chuchaqui sin fin. Y su tiempo había pasado. Urbina se retiró a la tranquilidad de su residencia, en el centro de esta ciudad.

Unos treinta años después de su exilio en una playa boliviana, en 1891, murió en Guayaquil el Presidente Urbina. 

Puerto La Mar

5 de mayo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 5 de mayo de 2023.

El venezolano Simón Bolívar, en su afán de nombrar y renombrar territorios, decidió el 25 de diciembre de 1825 que en esa república que el venezolano Antonio José de Sucre había fundado con su nombre (entre agosto y octubre de 1825 la que hoy es Bolivia se llamó “República de Bolívar”) habría un puerto que llevaría el nombre de un cuencano ilustre, héroe de las guerras de la independencia americana: José Domingo de La Mar. 

La Mar, nacido en Cuenca en 1776, hijo de vasco y de guayaquileña de orígenes vascos, fue el hombre que dirigió la descarga que dirimió la batalla de Ayacucho, tras la cual América del Sur se perdió para el reino de España. En el parte de batalla que firmó Sucre, se lo reconoció a La Mar así: “Cumplo el agradable deber de recomendar a la consideración del Libertador, a la gratitud del Perú y al respeto de todos los valientes de la tierra, la serenidad con que el señor general La Mar ha rechazado todos los ataques a su flanco y aprovechado el instante de decidir la derrota”. (La Mar también sería el primer presidente constitucional del Perú, entre 1827 y 1829.) 

Así,  por el pleno entusiasmo de Bolívar, surgió en Bolivia Puerto La Mar. En el decreto de diciembre de 1825 que habilitó a Puerto La Mar como puerto nacional de Bolivia, Bolívar justificó el nombre por él decidido por tratarse de “justa recompensa al mérito contraído por el gran Mariscal don José de La Mar, vencedor en Ayacucho”. 

Durante muchos años, Puerto La Mar fue el único puerto de Bolivia. Según el censo de 1832, este puerto tenía 536 habitantes, la mayoría de los cuales eran chilenos (266), había 104 bolivianos y dos ecuatorianos. 

(No creo que haya muchos otros territorios en el extranjero que lleven o hayan llevado el nombre de una persona nacida en territorio hoy ecuatoriano.)  

Puerto La Mar tuvo una existencia efímera. Lo primero que se perdió fue el nombre que le había impuesto Bolívar en 1825, confirmado el 1 de julio de 1829 por el primer gobierno boliviano. El puerto, por la fuerza de la costumbre y el peso de la tradición, recuperó el nombre que había tenido desde tiempos coloniales, que era Cobija (Santa María Magdalena de Cobija). En Cobija se exilió, por unos meses de 1860, el presidente ecuatoriano José María Urbina. 

Hacia la época del exilio de José María Urbina, Cobija tenía unos 1.000 habitantes y un cronista había descrito que ella “se forma de una sola calle de pequeñas casuchas de madera, situadas al pie de encumbrados y elevados cerros, cuya aridez se deja ver de lejos” y vaticinó que “su progreso no será mucho en largos años, porque a su mala localidad y bahía se agrega su extrema aridez”. Este cronista era Domingo Santa María, quien llegaría a ser presidente de Chile entre 1881 y 1886.

Lo siguiente que se perdió fue la pertenencia a Bolivia. Durante la guerra del Pacífico, Chile ocupó Cobija el 21 de marzo de 1879. Victorioso en la guerra, Chile (el presidente era Santa María) sumó Cobija a su territorio. (Fue entonces que Bolivia perdió toda su región litoral). 

Una vez chileno, Cobija se convirtió en puerto menor. Desde 1907, el lugar fue abandonado. 

El antiguo Puerto La Mar hoy es un montón de ruinas, cercanas a una caleta de pescadores.

Geografía e institucionalidad

24 de junio de 2022

 

Publicado el 24 de junio de 2022 en diario Expreso.

 

En el siglo XVI la Corona de Castilla especializó sus dominios americanos en actividades productivas, según las posibilidades de su geografía. En América del Sur, por ejemplo, mientras que en los territorios de los actuales Perú y Bolivia se desarrollaron numerosos enclaves mineros, el territorio que ahora es el Ecuador se especializó en la producción agraria para el consumo interno y en la producción de tejidos para el mercado andino. La economía minera requirió mantener la producción de la hoja de coca para sus explotados indígenas, mientras que la economía agraria y obrajera no. Por esta diferencia, Perú y Bolivia (en conjunto con Colombia) han sido los mayores productores de cocaína del mundo, mientras que el pequeño Ecuador era un actor marginal del negocio del narcotráfico.

 

Hasta que lo metieron al baile, en los años noventa. Aquí entra en juego la institucionalidad del Estado. Y también el rol de los Estados Unidos de América, a cuyas instancias el Ecuador en septiembre de 1990, durante el gobierno del Presidente Rodrigo Borja, adoptó una ley de drogas (la Ley 108). El resultado de la aplicación de esta ley violatoria de las garantías judiciales fue el hacinamiento en las cárceles y la creación de un sistema corrupto, pues como lo explicó la experta Sandra Edwards, para obtener los fondos que el gobierno de los Estados Unidos asignaba al Ecuador por combatir el narcotráfico, ‘Ecuador debía comprometerse con el juego de los números: más personas en la cárcel y más acusados por delitos relacionados con drogas. […] A cambio de continuar recibiendo la asistencia económica, su trabajo consistiría en detener a tantas personas como fuera posible bajo la Ley 108’. Así, la institucionalidad se pervirtió: casos como Tibi, Chaparro Álvarez y otro y Herrera Espinoza y otros, resueltos por la Corte Interamericana en contra del Ecuador, son un testimonio de ello.

 

La institucionalidad del Ecuador siempre ha sido débil y su población usualmente ha desconfiado de ella (no es culpable, el Estado siempre decepciona). Pero en estos últimos cinco años ha ocurrido, so pretexto de una vendetta política, el persistente debilitamiento de la institucionalidad por la eliminación de instituciones, el despido de empleados y la disminución de presupuestos. Y, concomitante a este debilitamiento de la institucionalidad (que quiere decir: de la capacidad de control del Estado), el golpe brutal, asesino, de otro agente externo: los cárteles de México. Y de grupos criminales de Colombia, Albania, Italia, Brasil, etc., al punto que según la publicación Insight Crime, al Ecuador se lo conoce como las ‘Naciones Unidas’ del crimen organizado. Así, de casi no pintar nada a ser un hub internacional: en treinta y pocos años, descendimos a los infiernos.

 

A día de hoy, el Ecuador tiene una geografía favorable al negocio del narcotráfico: una enorme línea costera, muchos puertos. Y tiene una economía dolarizada, una prohibición de extraditar y una institucionalidad muy permeable a los incentivos del crimen organizado, además de una Fuerza Pública que no está en capacidad de resistir el embate de los cárteles. Es un país en caída libre.

 

Los tiempos cambiaron, desde los años noventa. Y no cambiaron para bien.

El traspatio del traspatio de la literatura

10 de diciembre de 2019


En The Atlas of Literature (2001), editado por Malcom Bradbury, hay un capítulo dedicado a los escritores de América latina. Allí (p. 299) se presenta un útil mapeo de los escritores de la región, que en Sudamérica excluye al personal escritor de Bolivia y del Ecuador:


El Ecuador, de hecho, sirve de asiento para escribir los nombres de los escritores colombianos (es más un mueble, que un país). 

La escritora María Fernanda Ampuero, en esta entrevista en el marco de la FIL, decía que en la literatura de Latinoamérica “también hay niveles y Ecuador es como el traspatio del traspatio”, afirmación que esencialmente pone en blanco y negro lo que ha representado el ilustrativo mapa a colores de este atlas.

La venganza breve y el atroz final del abogado Quiroga

16 de agosto de 2019


A los 210 años de su célebre proclama panamericana

Manuel Rodríguez de Quiroga nació en La Plata, Alto Perú (actual Sucre, Bolivia) en 1771. La Corona de España nombró a su padre como Fiscal de la Audiencia de Quito; su hijo, aún pequeño, lo acompañó a este destino. Quiroga estudió derecho y empezó a ejercer con éxito la profesión, pero dado su carácter exaltado, las autoridades judiciales lo reprendieron en numerosas ocasiones y llegaron a suspenderle el ejercicio de la profesión. Y fue allí que el abogado Quiroga tomó ofensa.

Y no se cruzó de brazos. Aprovechó la crisis en Europa (la invasión española por las tropas napoleónicas) para conspirar contra las autoridades que lo habían ofendido y le impedían su derecho al trabajo. Participó en la que se llamó “Conspiración de Navidad”, celebrada el 25 de diciembre de 1808 en la Hacienda “El Obraje”, de propiedad del Marqués de Selva Alegre. Descubierta esta conspiración por una indiscreción del coronel Juan Salinas, el abogado Quiroga y otros conspiradores resultaron presos en el Convento de la Merced.

Por esas cosas de la vida (?), el juicio que se siguió contra estos conspiradores se perdió y el abogado Quiroga recuperó su libertad. Y volvió a la carga: fue uno de los principales de la que se conoció como “revolución de Quito”. En la casa de quien se dice que era su amante, Manuela Cañizares (de quien el historiador quiteño Carlos de la Torre Reyes dice que “sucumbió ante la varonil y talentosa personalidad del Dr. Rodríguez de Quiroga”) se conspiró en la noche del 9 de agosto de 1809. Al día siguiente, muy por la mañanita, el coronel Juan Salinas le fue a informar al Presidente de la Audiencia de Quito, Manuel Urriez, alias Conde Ruiz de Castilla, que estaba depuesto y que la ciudad de Quito y sus pintorescos alrededores pasaban a estar gobernados por una Junta Suprema de Gobierno, a la usanza de las juntas que se habían creado en la Península desde mayo de 1808.

En el Acta Constitutiva de la Junta Suprema de Gobierno de Quito del 10 de agosto de 1809*, cuyo declarado propósito fue “sosten[er] la pureza de la religión, los derechos del Rey, y los de la patria y ha[cer] guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses…”, al abogado Quiroga (“Manuel Quiroga”, se lee en dicha Acta) se lo nombró para el cargo de Ministro “de Gracia y Justicia” y, como tal, era un miembro nato de la nueva Junta Suprema de Gobierno, con un sueldo anual de dos mil pesos y un tratamiento de “Excelencia”.

Este fue el momento cumbre de su venganza. Quiroga había desplazado a sus enemigos: se había elevado desde los arrabales a los que lo habían orillado los abusos de las autoridades españolas, hasta encumbrarse a los más altos cargos de una naciente administración, con la que reemplazó a quienes habían abusado de él: era el Ministro de Justicia y un vocal de la Junta Suprema de Gobierno en Quito, su ciudad de acogida.

El 16 de agosto, hoy son 210 años, Manuel Quiroga escribió una “Proclama a los Pueblos de América”, con la que pretendió colocar a Quito a la vanguardia del conservadurismo americano. Allí avisaba que “[l]a sacrosanta ley de Jesucristo y el imperio de Fernando VII perseguido y desterrado de la península, han fijado su augusta mansión en Quito” y advertía que en la ciudad andina “no resuenan más que los tiernos y sagrados nombres de Dios, el rey y la patria”. También pintaba a la revolución de Quito en toda su supuesta gloria: “En una palabra, desapareció el despotismo y ha bajado de los cielos a ocupar su lugar la justicia”**, para concluir con una invocación a conspirar contra el enemigo común, “el enemigo devastador de la Europa”, el corso Napoleón Bonaparte:

“Pueblos del continente americano, favoreced nuestros santos designios, reunid vuestros esfuerzos al espíritu que nos inspira y nos inflama. Seamos unos, seamos felices y dichosos, y conspiremos unánimemente al individuo objeto de morir por Dios, por el Rey y la patria. Esta es nuestra divisa, esta será también la gloriosa herencia que dejemos a nuestra posteridad”.

En esta arenga panamericanista, el abogado Quiroga tuvo ocasión hasta de ponerlo a Quito como un gallito frente a Napoleón: “Quito insulta y desprecia su poder usurpado. Que pase los mares, si fuese capaz de tanto: aquí le espera un pueblo lleno de religión, de valor y de energía”. (Lo esperaban “llenos de religión”: ¡qué malvados!)

Este hombre pensaba enfrentar a Napoleón armado de religión. Tostado.

Lamentablemente, su bravata y buena fortuna a Quiroga le duraron muy poco. El nuevo régimen cayó pronto, a los dos meses y piquito: para el 24 de octubre de 1809, el depuesto Manuel Urriez, bajo su alias de Conde Ruiz de Castilla, volvió a ocupar el lugar de primacía que tenía antes del 10 de agosto y pasó a presidir la Junta que se había formado. Quiroga, como era lógico, pasó a perder su empleo y su rango de “Excelencia”.

Tras cuernos, palos: por un pleito que se le inició a raíz de la llegada de las tropas limeñas a Quito el 24 de noviembre de 1809, se encarceló al abogado Quiroga en una celda del Real Cuartel de Lima (a cuya entrada hoy se lee la falsedad esa de “Real Cuartel de la Audiencia de Quito” –cosa enteramente ficticia***), donde finalmente murió.

El 2 de agosto de 1810, el abogado Quiroga fue asesinado por las tropas limeñas del coronel Arredondo, las que habían sido enviadas desde el Perú a petición del Gobernador de Guayaquil, Bartolomé Cucalón. Aquel día, una fracción del pueblo quiteño luchó para rescatar a los que estaban presos en el Cuartel de Lima por los sucesos del 10 de agosto de 1809. Si bien la idea era noble, su ejecución fue chapucera: el plan les salió muy mal y sirvió de acicate para masacrar a los presos. Al abogado Manuel Rodríguez de Quiroga, por ejemplo, le atravesaron una espada, en presencia de sus dos hijitas y de una esclava embarazada, que quedó muerta a sus pies con el vientre abierto.

Pobre de Quiroga. Su venganza fue breve; su final, atroz.

* En ninguno de los documentos del 10 de agosto se usó la voz “independencia”. Y si estos hombres y Manuela pensaron en alguna, fue en independizarse del yugo que se les imponía desde el Virreinato de la Nueva Granada.
** Esto es una tremenda paja, nivel pastor evangélico.
*** El “Real de Quito” nunca fue el nombre de ese sitio: este nombre se lo ha inventado con posterioridad a los hechos, a fin de ajustarlos a una suerte de mediocre relato de tinte heroico-independentista, que jamás ocurrió.

Un récord mundial

11 de enero de 2019


En los primeros años de nuestra historia republicana, el político azuayo Benigno Malo (1807-1870) criticó la absurda sucesión de cartas constitucionales en los primeros años de la República: “Siete constituciones en treinta años, es decir, una Constitución cada tres años y tres meses”. Y explicó enseguida la causa de esta estúpida abundancia: “Es muy clara: nuestras constituciones no han sido fruto de estudios convencionales, sino el aborto improvisado de un partido vencedor en las guerras civiles, el arma que una fracción afilaba para defenderse y herir a sus futuros adversarios” (1).

Esto lo escribió ese oxímoron racista que fue Benigno Malo a inicios de los años sesenta del siglo XIX. El promedio ha mejorado desde la Constitución de 1861, que motivó los dichos de Malo. Basado en los cálculos del historiador Enrique Ayala Mora entre 1830 y 2012, el Ecuador ha tenido “una nueva Constitución cada nueve años como promedio. Pero ese cálculo puede ser engañoso, pues si se considera que durante las dictaduras no rigió un Estado de derecho […] el promedio de vigencia por Constitución es de apenas siete años y unos meses” (2). Con otros seis años de estabilidad, el promedio ha mejorado un poco, pues llega a los ocho años por Constitución.

Ha mejorado desde los tiempos de Malo, sí, pero mal siempre nos ha ido. Hemos pasado de un promedio de tres a ocho años de duración por Constitución, pero podemos aspirar, de acuerdo con Ayala Mora, a tener “cierto récord, o al menos una mención especial, por la perenne inestabilidad de los gobiernos, que se ha manifestado en toda nuestra historia” (3).

Que yo sepa, en el número total de Constituciones no tenemos rival en el mundo mundial. Bolivia sería nuestra única coteja, y tiene 17, tres menos que nuestro desastre institucional.

(1) Arízaga Vega, Rafael, ‘Las constituyentes’, Editorial Fraga, Quito, 1998, p. 17. Es una mala idea hecha tradición.
(2) Ayala Mora, Enrique, ‘Evolución constitucional del Ecuador. Rasgos históricos’, Corporación Editora Nacional, Quito, 2018 [Serie Estudios Jurídicos, Vol. 43], pp. 13-14.
(3)Evolución…’, p. 14. Ayala Mora calculó 154 años de “vigencia constitucional” hasta 2012. Seis años y pico después, serían 160 años, divididos para 20 constituciones: a 8 años por documento.

Historia heráldica de un pajarraco

15 de julio de 2017

El cóndor es un ave de rapiña que surca los aires de nueve países de América del Sur. Los únicos países sudamericanos sin cóndores son Uruguay, Surinam y Guyana (1). Por su vocación sud-continental, esta ave (Vultur gryphus) (2) adorna los escudos de cuatro países: Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador.

En el Ecuador, este carroñero apareció en el escudo nacional de 1843. Su debut heráldico fue aprobado por la Asamblea Constituyente reunida en Quito por Juan José Flores, la misma que adoptó nuestra tercera Constitución conocida como “La Carta de la Esclavitud”. Desde entonces, el cóndor ha figurado en todos los escudos subsiguientes, hasta el actual y definitivo adoptado durante la administración de Eloy Alfaro el año 1900.

El debut absoluto del cóndor en la heráldica de los países andinos fue en 1815, en el escudo de las Provincias Unidas de la Nueva Granada en la América del Sur (3). La ley de ese entonces ordenaba que al cóndor se lo represente “en actitud de alzar el vuelo, y con la garra levantada”. Este fue el resultado:

Otrosí: A la izquierda está el Chimborazo, "arrojando de fuego por la parte del altizana".

Close up: Mother-of-Christ.
 
Desde este Bird Trippin’ hasta la actualidad, el cóndor terminó por asentarse en cuatro escudos. En el Ecuador, es fama que a este animal carroñero se lo representa de forma errada (4). Un error de diseño, para un animal maltratado en la práctica (apenas sobreviven en el país un centenar).

Un pajarraco que es digno símbolo, por tanto, de nuestra atribulada historia patria.

(1)Cóndor andino’. En Brasil y Paraguay, su vuelo es incidental (no es especie nativa).
(2) El cóndor forma parte de la familia Cathartidae, término que proviene del griego kathartes, “los que limpian”. Apropiado para denominar a los animales que se alimentan de carroña.
(3) Sobre el escudo de las Provincias Unidas de la Nueva Granada de 1815 se ha dicho que es un “paradigma heráldico”, pues “el cóndor aparecía por vez primera”, v. George Lomné, ‘El “espejo roto” de la Colombia bolivariana’, en:  Annino, Antonio & François-Xavier Guerra, ‘Inventando la nación. Iberoamérica. Siglo XIX’, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2003, p. p. 481. El territorio de lo que sería el Ecuador no participó de estas Provincias Unidas, pues se mantuvo firme bajo el yugo del Reino de España. Así fue desde la pacificación de Quito en 1812 hasta la independencia de Guayaquil en 1820.
(4) Sosa, Rex, ‘El escudo de armas del Ecuador y el proyecto nacional’, Corporación Editora Nacional, Quito, 2014 [Universidad Andina Simón Bolívar, Serie Magíster, V. 161], p. 123.

Un mensaje de Maquiavelo para el candidato Lasso

12 de abril de 2017


Lo que en Juan Manuel de Rosas era una cuestión práctica, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) lo teorizó en su obra clásica “El príncipe”:

“Nunca debe dejarse empeorar un mal por evitar una guerra, pues al cabo no se evita, y solamente se dilata en daño propio” (1).

A Guillermo Lasso no le impide acceder a la Presidencia de la República el supuesto “fraude” que ahora alega; se lo impide su relación con Jaime Nebot.

El interés de Nebot es cuidar su territorio, ahora amenazado por AP. Desde esa lógica, Lasso es un intruso y debe ser rechazado (con maestría política: haciendo que él se lo agradezca, como ha sucedido). Desde la lógica electoral que debería entender Lasso, los votos de los “novo-bolivianos” no son suficientes. Lasso debería entrar a disputar de frente el electorado de Guayas y Guayaquil, si quiere crecer lo suficiente como para acceder a la Presidencia de la República.

Así, los intereses de Nebot y los de Lasso son claramente contrapuestos. Mientras Nebot busca conservar su poder, Lasso debería disputárselo para incrementar el suyo. Si Lasso, en esta última elección, hubiera sumado a su triunfo en 13 provincias un triunfo claro en la provincia del Guayas (con unos 200.000 votos de diferencia), por estos días estaría ocupado en la conformación de su gabinete de gobierno.

Ya el tema está para el chuleteo.
 
En conclusión, en esta relación entre Nebot y Lasso, Nebot aplica la Ley del Embudo (2). Mientras Lasso no busque cambiar ese estado de cosas de manera radical, solo dilatará la situación causándose “daño propio”, como lo advertía Maquiavelo en “El príncipe”.

Por supuesto, nadie garantiza que tenga éxito (Nebot bien podría comérselo al escabeche), pero es la única buena pelea que Lasso necesita hacer.

(1) Maquiavelo, Nicolás, ‘El príncipe’, Editorial Edaf, Madrid, 2006, p. 31 [Primera edición: 1532].
(2) En la elección presidencial y de asambleístas del año 2013, CREO resignó participar en las elecciones para asambleístas en la provincia del Guayas para obtener a cambio el apoyo de Nebot contra Correa en Guayaquil. Pésimo arreglo: Guillermo Lasso no solo perdió la posibilidad de sumar más asambleístas (podría haber llegado a catorce y constituir a CREO como una bancada legislativa por sí mismo en la Asamblea Nacional) sino que el apoyo de Nebot no le reportó ningún beneficio: Lasso perdió en todas las parroquias del cantón Guayaquil frente a Correa. Pero lo más grave (lo maestro, desde la perspectiva de Nebot) fue retrasar el crecimiento de CREO en el feudo principal del PSC (este retraso en su crecimiento se reflejó en sus números del 2017). Desde la perspectiva de Nebot, CREO no es un grupo político afín, es la competencia de un mismo mercado electoral. En esta relación entre Nebot y Lasso se ha cumplido la sentencia del político colombiano Alzate Avendaño, quien decía que la política es el arte de defenderse de los amigos.

La Nueva Bolivia

9 de abril de 2017


Si por estos días las hordas lassistas no encuentran una autoridad firme como la de Guillermo Lasso, que los contrarreste eficazmente al filo de la ley, podría suceder (Jebús no quiera) que terminen por independizarse.

¿Y de qué podrían independizarse? Pues de los territorios que mayoritariamente votaron por Alianza País, los archienemigos de esta película. Así, los territorios pintados en azul serían los límites del naciente “Territorio Lasso”. 


Lo que resulta de este quiebre: un país montañoso, principalmente compuesto por indígenas, sin salida al mar y con selvas al oeste. Una nueva Bolivia.

Andrés Carrión, seriously... WTF?

18 de octubre de 2016


Andrés Carrión tiene muchos años en la televisión. Incluso en los ochentas quiso tener un canal de televisión (Ortel) que el presidente Febres-Cordero, patriarca de los lobotomizados, impidió que salga al aire. ¿Libertad de expresión? Sus pistolas.

Por sus años de experiencia en el tele, ¿qué carajo le pasó a Carrión? Si un video puede sintetizar el refrán “salir por lana y volver trasquilado” es este episodio de dos minutos:
 
 
Andrés Carrión se metió a una pelea con las armas de un soldado boliviano en la Guerra del Pacífico. Correa, prusiano para estas cosas, lo reventó y lo dejó sin vista al mar (1).

*

Los otros días fue Alfredo Pinoargote a quien un chileno arrastró como Alfaro, ahora el presidente le dio un repaso a Carrión… Nuestro periodismo es porno-miseria. Sin el porno, claro. Ni eso.

(1) En Francia, el periodista Bernard Pivot leía de 10 a 14 horas diarias en preparación para una entrevista. Este fulano, cuando llegaba a su entrevista, de seguro sabía más del entrevistado que lo que él podía recordar de sí mismo: “No había trucos, sino mucho trabajo. Yo me tiraba leyendo cada día entre 10 y 14 horas. Me leía todos los libros, completos, de cada autor que entrevistaba. Era un enorme esfuerzo de reflexión… También era muy importante tener claro que el autor era más importante que el presentador y que las respuestas eran más importantes que las preguntas” (‘Bernand Pivot: “Las familias se juntaban para ver mis programas de libros”’).
Uno mira el periodismo nuestro y el único sentimiento honesto que puede inspirarle es la vergüenza ajena (“alipori”).

Volvió el fútbol

6 de octubre de 2016

El equipo que vio el fútbol: Wladi, "Alegría", mi viejo y yo. Con la amarilla (soy del BSC; aliento a la selección).

Las boleterías del Atahualpa se cerraron a las 14h30, pero el estadio estaba todavía vacío en algunos sectores. Cuando mucha gente se acercó al Atahualpa para conseguir una entrada pasadas las 14h30, lo único que encontramos fue revendedores que volvieron a inflar los precios. El estadio no se llenó.

En fin, nada que no resuelva unas cervezas.

Dio gusto ver a este Ecuador. Le vinieron bien los cambios. Quinteros fue lento para procesarlos, pero finalmente lo hizo antes de que fuera (para él, tal vez para la selección) demasiado tarde: sacó a esa defensa turra y puso al personal forjado en la cantera del Independiente del Valle: Ramírez (hoy en el Ferencvárosi T.C. de Hungría), Mina (hoy en el C.A. River Plate de Argentina) Caicedo y Orejuela. Pudo bien haberlo puesto a Azcona en lugar de Dreer, e igual hubiera salido la valla invicta (1). El sector defensivo debe ser la cantera del Independiente del Valle + la ‘Hormiga’ + el capitán Noboa. Y pare de contar.

En el ataque, realmente fue un alivio no contar con Montero (2). Hay chance para variantes, pues los únicos fijos son Antonio Valencia y Felipao Caicedo. En mi opinión, deberían entrar Cazares y Miller Bolaños, en vez de Martínez y Enner Valencia. Si no hay trinca, esa ofensiva debería ser un tren bala.

Reacomodadas las piezas (fuera Domínguez, fuera Achilier, fuera Montero), la selección se reincorporó al grupo que clasifica sin repechaje y se enrumba al Mundial, una vez más. A nuestro próximo rival, Bolivia, en los últimos cuatro enfrentamientos en La Paz, le hemos ganado tres (2001, 2005, 2009) y empatado uno (2013) (3). Tenemos que mantener nuestra racha de ganar puntos en el Hernando Siles y sumarlos de a tres, como ha sido la mayoría de las veces: una victoria nos pondría apenas a ocho puntos de la clasificación al mundial de Rusia, con ocho partidos todavía por disputar.

Россия здесь мы приходим

(1) El único que no cabe utilizar nuevamente en esa posición es el colombiano.
(2) Es un jugador desesperante: de endemoniado drible para ganar la raya de fondo, pero de probada ineficacia para lanzar un buen centro. 
(3) Estuve presente en la victoria del 2005. Como dato curioso, sentado muy cerca de mí en la tribuna del Hernando Siles estaba el expresidente Carlos Mesa Gisbert, destituido apenas tres meses atrás (el partido se celebró el 3 de septiembre; Mesa renunció el 9 de junio). Estaba íngrimo y pensativo: tal vez en la presidencia que lo orillaron a renunciar, o en su querida selección de Bolivia, que no atinaba una (Mesa tiene un blog sobre fútbol boliviano).  

Bolivian Wars

27 de diciembre de 2015

Cosas de la vida: la primera vez que he visto más de un minuto de Star Wars ha sido con el telón de fondo de una elección boliviana y la participación de Evo Morales.  O sea, esto:


Deje así.