Anuncio (exposición de Stéphane de Genot)

13 de mayo de 2009

Hoy, 19h45 se inaugura la exposición “Doce imágenes” de Stéphane de Genot en la Alianza Francesa de Quito (Avenida Eloy Alfaro  N32-468 y Bélgica).  El diario El Comercio publicó esta nota y yo contribuyo a difundirla con la presentación de la siguiente info que circula por Internet:

"“Doce imágenes” es la segunda exposición del artista que nos presenta aquí sus últimas obras, fruto de un constante proceso de exploración y experimentación no solo de técnicas pictóricas sino también de interpretaciones conceptuales.

La exploración de Stéphane de Genot a través de la pintura se inició hace más de treinta años. Sin embargo no fue hasta el 2006 que el artista permitió que 15 de sus obras salgan a la luz en su primera exposición pública, justamente titulada Del Interior al Exterior que se llevó a cabo en la galería de la Academia Diplomática del Ecuador en noviembre del 2006. Esta primera muestra nos permitió apreciar a Stéphane bajo un nuevo ángulo. Él es un personaje complejo, con un universo propio en constante reestructuración y búsqueda. Su nueva muestra no presenta ni tesis, ni definitivos, ni conclusiones, sino al contrario, son doce instantes más en su constante apreciación de la vida".

 Suena piola.  Yo de causalidad estaré esta noche por Tokio Blues, con lo cual es probable que me deje caer un rato.  Salute. 

Vistazo (I)


El poderoso teléfono de Neira

El registro de llamadas celulares puede sustentar un juicio penal.  El ex columnista de Vistazo, Xavier Castro Muñoz le ganó en tres instancias un juicio que por injurias calumniosas le había puesto el ex diputado socialcristiano Xavier Neira Menéndez, en torno a la influencia que ejercía este político en las cortes judiciales.  El registro de 411 llamadas en menos de cinco meses del ex diputado a jueces y dirigentes judiciales sirvió de sustento a Castro para probar tal influencia.  Del número celular del economista Neira se registraron numerosas llamadas al juez Hernán Ulloa; al juez Luis Rojas Bajaña, a los ex Presidentes de la Corte Superior Gustavo von Buchwald y Armando Cervantes y al dirigente judicial Luis Muñoz.”

Yo conocí el caso de primera mano y defendí en público la postura de Xavier Castro Muñoz porque entendí que defenderla era defender la libertad de expresión.  Es ridículo, pero la noticia ha pasado casi desapercibida (el que Vistazo publique aunque sea esta gacetilla es lo mínimo: el supuesto “delito” de injurias calumniosas y no calumniosas graves que le imputó, digámoslo con todas sus letras, el “verdadero director nacional de la Función Judicial desde 1998 y considerado el abogado sin título más poderoso del país” a XCM sucedió en sus páginas): el buscador del profeta Google, si colocamos “xavier neira” + “juicio”, nos arroja sólo cuatro resultados (consulta hecha a las 12h05 del 13 de mayo): dos son plenamente insustanciales (los de los diarios Hoy y El Comercio) y dos se refieren al juicio sin profundizar al respecto, ambos de EcuadorInmediato (aquí y acá). 

Valga decirlo: Xavier Neira Menéndez fue Ministro de Industrias en el período de Febres-Cordero (duró 33 meses en el cargo hasta que se lo acusó de corrupción por un contrato con la empresa Ecuahospital; para evitar la orden de captura Neira fugó a los Estados Unidos de América, país al que, dicho sea de paso, ya más no puede viajar porque su Gobierno le revocó la visa –Miguel Orellana Arenas es la reciente adquisición de este deplorable club- por sospechas de “corrupción”), diputado y candidato a la Presidencia de la República el año 2002 por el PSC (¿cómo olvidar la vergüenza ajena que provocaba LeóNeira?) que terminó por expulsarlo de sus filas por las sospechas de corrupción que justificaron retirarle la visa.  El juicio que Xavier Castro Muñoz le ganó a XNM contiene referencias que tienden a probar la clara injerencia de XNM en las cortes de justicia y el núcleo duro de su discusión se refiere al derecho a la libertad de expresión (aquel que los medios de comunicación dicen tanto defender)…

Y sin embargo, las dos únicas referencias en la prensa escrita (además de Vistazo) pertenecen a dos diarios quiteños que aluden de manera insustancial el asunto (en uno de ellos, el diario Hoy, escribe todavía XNM) y dos noticias meramente descriptivas que corresponden a un diario digital.  Los diarios de Guayaquil, mutis por el foro: ni una noticia, siquiera (al menos, ninguna que aparezca en una busca digital, valga aclararlo).  Ningún medio de comunicación se ha preocupado de discutir los alcances de esta sentencia, de entrevistar a los involucrados (¡al juez Ulloa Parada, que está tan de moda!), de pensar el asunto, nada.  Es muy patético, de veras.

Lo dicho: a los medios de comunicación les gusta callar porque están como ausentes (cuando les conviene: las razones de fondo son desagradables).
   
P.S.- En la foto, dicho sea con el estribillo de moda, ¿De qué se ríe Neira? ¿De la mediocridad de la llamada “prensa libre” acaso?  Ummm.  Y sí, puede ser.

Caridad

10 de mayo de 2009


Debo a la trinidad que componen un literato bigotón y argentino, un profesor (radicado en esta ciudad) argentino de origen tano y una religiosa de origen albano y fama mundial la reflexión de esta página. La relación de esta trinidad es la siguiente: el literato bigotón y argentino (Martín Caparrós) publicó en la edición local de la revista Soho (No 77) un artículo sobre la religiosa de origen albano y fama mundial (Agnes Gonxha Bojaxhiu, alias Madre Teresa de Calcuta) titulado Por qué detesto a la Madre Teresa de Calcuta. Yo me hago cargo de los dichos de Martín Caparrós y los asocio con los dichos del profesor argentino de origen tano, Jorge Massuco.
Martín Caparrós recuerda en su artículo los gestos amistosos de la Madre Teresa para con los dictadores Enver Hoxha y Baby Doc Duvalier, su recomendación de que los afectados por el desastre ecológico que provocó Union Carbide en el Bhopal indio “olvidaran y perdonaran” en vez de reclamar indemnizaciones y su petición de clemencia en favor de Charles Keating, “uno de los mayores estafadores de la historia financiera norteamericana: el fulano que se robó, por medio de una serie de maniobras bancarias, 252 millones de dólares de pequeños ahorristas”. Estos son detalles, en comparación con lo peor: la eficaz militancia de la Madre Teresa en el conservadurismo católico (cuando recibió el premio Nobel de la Paz en 1979 declaró: “la contracepción y el aborto son moralmente equivalentes”) y su idea-fuerza, “la idea de que el sufrimiento de los pobres es un don de Dios: ‘Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la pasión de Jesucristo –dijo la Madre Teresa-. El mundo gana con su sufrimiento’”.
Me interesa referirme a la Madre Teresa de Calcuta (“amiga de tiranos y estafadores, militante de lo más reaccionario, facilitadora de la muerte”, la llama Caparrós) porque hoy en día su nombre, como ningún otro y en razón de sus actos de caridad, representa la idea de bondad. Yo sostengo que esa representación “bondadosa” de la Madre Teresa es errónea en lo individual (el conservadurismo católico y la idea de aceptación del sufrimiento me parecen, en principio, ideas lamentables de bondad) y que es errónea y discriminadora en lo social. Para este último punto es que convoco al análisis al profesor argentino Jorge Massuco, el que en su libro El nosotros analiza la idiosincrasia de la sociedad de Guayaquil, a la que caracteriza como populista y gamonal, “acostumbrada a una organización social vertical, en la cual todo emana de arriba, criada en el fatalismo de será lo que Dios quiera o así lo ha querido Dios” y analiza la caridad (él la refiere como limosna y la entiende práctica común de las élites), la que “lejos de propiciar condiciones de identidad ciudadana, ahonda las diferencias; no procura la autoestima sino que perfecciona las diferencias. Es la institucionalización de la incapacidad de los sectores populares para darse sus propias reglas.” Y se pregunta: “¿No existe la posibilidad de desarrollar un proyecto conjunto en el que todos asuman responsabilidades compartidas?”. Y la respuesta, desde las élites sociales y políticas de esta ciudad, suele ser un rotundo no.
P.S.- [Benditos] los húmedos chochitos de las putas / que consuelan a más desconsolados / que las madres teresas de calcutas. (Acá, todo el Ciento volando de catorce)

Voto igual, etc.

9 de mayo de 2009

Antonio Rodríguez Vicéns suele escribir de manera solvente y argumentada (advierto que no soy tan asiduo lector de El Comercio pero en las ocasiones que lo he leído a ARV, esa es la impresión que me ha dado).  De ahí que me haya impresionado la lectura de su artículo de este martes 5 de mayo, Defensa del voto nulo, compuesto por ideas débiles y excesiva palabrería (atributos, por cierto, que no son escasos de quienes hacen, o dicen hacer, periodismo de opinión en este país; pero, neta, no me los esperaba de ARV).  Dividiré mi crítica a su artículo en cinco acápites:

I) El voto igual

En el primer párrafo de su artículo ARV formula un enunciado falso.  ARV sostiene que existe una contradicción entre el artículo 62 y el artículo 143 de la Constitución porque el primero establece el derecho al voto igual y el segundo, que el Presidente y Vicepresidente se eligen por mayoría absoluta de votos válidos emitidos.  De la lectura de ambos artículos ARV sostiene que el artículo 143 no le concede igual valor a los votos válidos que a los votos nulos, lo que contradice el derecho al voto igual que establece el artículo 62.  Este enunciado es falso.  En realidad, el derecho al voto igual, en palabras de Juan Hernández Bravo:

“…puede ser entendida en dos diferentes sentidos, a saber: a) en un sentido meramente formal o de igual valor numérico, cada ciudadano un voto o el mismo número de votos que los demás ciudadanos (el sufragio desigual implica entonces un voto plural). […] b) en un sentido sustancial o de igual valor de resultado (no sólo de oportunidades), que se refiere a la proporcionalidad entre la cantidad de votos y su peso específico político, es decir, la igualdad cuantitativa y la igualdad de posibilidades de eficacia, que se traducen en que cada puesto de representación o escaño esté respaldado por un número de votos razonablemente igual al de los demás escaños”.

Sobre el voto plural como voto desigual expuesto en el punto a) añade Hernández Bravo que el voto plural “consiste en conceder varios votos al elector que cumpla determinados requisitos de carácter educativo, económico o fiscal, profesional o familiar, o que tenga reconocida su vinculación con varias circunscripciones electorales” y nos advierte que el voto plural “coexistió extensamente con el sufragio restringido”, aunque también se lo utilizó “en sistemas electorales de sufragio universal bajo la forma del derecho de emitir un voto adicional en colegios electorales  diferenciados de carácter universitario y corporativo (España según la normativa electoral de 1890) o universitario (el Reino Unido hasta las reformas electorales de 1948)”.  Sobre el punto b) conviene precisar que, en este caso concreto, la igualdad se refiere a que cada voto que respalde un puesto de representación o escaño tenga un peso específico político de igualdad razonable con los otros votos que respalden un puesto de representación o escaño. Lo dicho, entonces, supone como condición sine qua non para valorar la igualdad del voto el que ese voto que se emitió respalde a un candidato.  Es evidente: ninguna de estas dos maneras de entender el concepto de “voto igual” ampara la interpretación de ARV.    

II) El voto como protesta

En el segundo párrafo de su artículo ARV formula un enunciado débil que pretende reforzar la idea de “injusticia” que él le atribuye a la supuesta contradicción entre los artículos 62 y 143 de la Constitución.  Ese enunciado le atribuye al voto nulo (ARV no se toma la molestia de especificar en qué medida el voto nulo cumple este propósito, salvo el vago enunciado de suponerlo “en gran medida”) el servir “como una muestra de inconformidad y de protesta”.  En realidad, el voto nulo, según Hernández Bravo, “es un voto irregular, que puede suponer una discrepancia formal con las reglas establecidas en dicha normativa, pero también una discrepancia material, en el sentido de que no permita averiguar inequívocamente cuál sea la voluntad que el elector pretende expresar, es decir, suscite dudas razonables acerca de cuál sea esa voluntad (si se trata de una preferencia electoral expresada incorrectamente o si precisamente se trata de no expresar preferencia electoral alguna y, además, de hacerlo de forma no válida). […]  Y así, puede ser de dos clases, a saber: voto nulo involuntario, producido por error o inadvertencia del elector […] y voto nulo voluntario.  En un sentido similar a éste se expresó el analista Simón Pachano ese mismo martes 5 de mayo en las propias páginas de El Comercio, cuando en la entrevista “Hay una mala interpretación de los datos” expresó que “el voto nulo y blanco tienen muchas explicaciones. Una es de desconocimiento, gente que no se interesa en la política y que no le interesa dar un voto positivo a nadie y vota por obligación. Un segundo grupo es la que rechaza con ese tipo de voto. Es decir, quienes están en contra de todos o del sistema y vota sobre todo nulo. Un tercer grupo es gente que se quedó sin un candidato; que tuvo su preferencia, pero ve que no va a tener ninguna opción”.  (Por cierto, de Simón Pachano recomiendo mucho revisar el editorial “Autoengaño” del lunes 4 de mayo para desvirtuar algunos adefesios que se han dicho a raíz de la elección de Presidente del 26 de abril).

En el caso concreto, es importante reconocer el matiz de esta precisión para entender el significado del voto nulo (y no otorgarle un significado impreciso y general, como hace ARV para soportar la falsa idea del párrafo primero) y concederle un efecto en el resultado electoral (volveré sobre esta última idea más adelante).

III) Voto facultativo, voto libre

En el tercer y cuarto párrafos de su artículo ARV introduce un nuevo elemento en su perorata: el voto facultativo.  Lo hace, sin nombrarlo, de manera imprecisa y confusa.  De hecho, en su imprecisión ARV confunde los conceptos de voto facultativo y de voto libre, como veremos de inmediato.  Afirma ARV que la Constitución “pretende inducirlos [a los que votan nulo] a tomar una decisión, mediante el voto obligatorio y contra su voluntad o sus convicciones, a favor de una de las opciones presentadas”.  Luego afirma: “Elegir debe ser un acto de plena libertad” pero que, a través de normas legales, “se nos obliga a respaldar una opción que nos parece mala o inconveniente, se está desconociendo esa libertad”.  Al respecto, conviene formularle algunas observaciones:

1) En principio, ARV debería aclarar que esas han sido las reglas del juego desde siempre (v. la entrevista y el editorial de Simón Pachano) y que no son creación de la Constitución del 2008.  Su afirmación, expresada en términos generales, induce a error.

2) Yo concuerdo con que el voto debe ser facultativo (lo he sostenido, por ejemplo, aquí).  Pero no concuerdo con la confusión conceptual que realiza ARV.  El voto obligatorio, es cierto, establece sanciones para quien no acude a la votación.  Pero el que una persona acuda a la votación para que no se le apliquen las sanciones que establece la ley electoral no repercute necesariamente “a favor de una de las opciones presentadas”, ni “obliga [a los votantes] a respaldar una opción que nos parece mala o inconveniente”.  En principio, ARV confunde el voto facultativo (al que alude sin nombrarlo) con el voto libre (*): los confunde, porque el que una persona asista a una votación para evitar una sanción no implica que esa persona tenga la obligación de respaldar un candidato que le parezca malo e inconveniente porque siempre podrá escoger entre alguno de los candidatos en liza o votar por ninguno de ellos (esto es, nulo o blanco) con las consecuencias que cada una de esas decisiones comporta para el resultado electoral (aclaro: el que la consecuencia de esa decisión no sea deseable en el caso del voto nulo, en puridad, no predica nada sobre el ejercicio de la libertad para escogerlo).

IV) Lo descartable

En breve: lo descartable es un elenco de expresiones que no eran necesarias para la exposición de estas ideas y que acentúan la pobreza de su contenido y su tendenciosidad.  No es difícil identificarlas y no revisten mayor relevancia para este análisis.

V) Observación final

Yo respaldo el derecho a votar nulo y propongo que el voto nulo surta un efecto en el resultado electoral.  Ese resultado debería otorgársele siempre que el porcentaje de votos nulos alcance un X porcentaje y provocar como efecto, al este porcentaje restarle legitimidad a los electos, la repetición de las elecciones.  Esta idea, por supuesto, merece mucha discusión, para precisarla y fortalecerla, pero será para otra entrada.  (Es un dato curioso, pero a pesar de su acerba crítica al voto nulo, en todo su artículo ARV no formula ninguna propuesta concreta.)  En lo que difiero con el artículo de ARV, entonces, no es tanto en el fondo de su idea sino en la forma de expresarla (esos atributos de pobreza argumentativa, excesiva palabrería, tendenciosidad manifiesta).  Para precisar: mi postura con respecto al voto nulo es de lege ferenda, mientras que la postura de ARV es de lege lata.  Así, una postura de lege ferenda supone proponer una reforma del derecho vigente: en ese sentido es que yo propongo que el voto nulo surta un efecto y que el voto debería ser facultativo.  Una postura de lege lata, en cambio, supone el análisis de un problema de interpretación del derecho vigente.  En su artículo, ARV, ni siquiera llega a empezar la discusión de un problema de interpretación: simplemente afirma su interpretación, y lo hace con pobres argumentos, excesiva palabrería y tendenciosidad manifiesta.  En su forma, esto es lamentable, y su penoso efecto es empobrecer el debate de fondo, que podría ser muy enriquecedor.  No me lo esperaba de ARV.

P.S.- Les cuelgo un artículo de Juan Hernández Bravo sobre la abstención activa (la manera técnica de denominar al voto nulo y al voto blanco).  Las otras citas de JHB las extraje de “Los sistemas electorales”, en: Del Águila, Rafael (ed.), “Manual de Ciencia Política”, Pág. 349-389).

(*)  Esta distinción entre voto facultativo y voto libre puede inducir a error de interpretación.  Aclaro entonces: el voto facultativo hace relación a la obligatoriedad o no de asistir a la votación y el voto libre hace relación a la libre orientación que el elector puede otorgarle a su voto –con independencia de que haya asistido a la votación obligado o no- para escoger el candidato de su preferencia o no escoger ninguno –esto es, votar nulo o en blanco. 

Acciones afirmativas

3 de mayo de 2009


Artículo 11 de la Constitución del Ecuador, segundo numeral, tercer inciso: “El Estado adoptará medidas de acción afirmativa que promuevan la igualdad real a favor de los titulares de derechos que se encuentren en situación de desigualdad”.
Para comprender este inciso de la Constitución es necesario que partamos de una premisa: en ocasiones, el tratarnos a todos por igual puede provocar desigualdad.  Preciso los términos de esta premisa: el “tratarnos a todos igual” implica quequien juzga haga abstracción de las diferencias que existen en el caso que analiza y el “provocar desigualdad” implica que puedan provocarse efectos negativos tales como la negación de iguales oportunidades, la marginación y la exclusión.
Ahora, explico la expresión “en ocasiones” de la premisa.  Para hacerlo, es necesario conocer la distinción que existe entre igualdad real (a la que hace referencia la Constitución en este tercer inciso) e igualdad formal (a la que hace referencia la Constitución en el inciso inmediato anterior, en el que prohíbe la discriminación por razones de sexo, edad, etnia y un largo etcétera).  Esta necesaria distinción, en palabras de Luigi Ferrajoli, implica que en los casos de igualdad formal “los hombres deben ser considerados como iguales” mientras que en los casos de igualdad real “los hombres deben ser hechos tan iguales como sea posible”.  Así, en el primer caso, existen diferencias que merecen respeto y garantía; en el segundo, existen desigualdades que merecen remoción y compensación.  Es precisamente en este segundo caso el de las “ocasiones” en que “tratarnos a todos por igual” provoca desigualdades. 
Ahora, es importante destacar que tanto la igualdad formal como la igualdad real son útiles para proteger derechos.  Según Ferrajoli, los derechos que la igualdad formal protege “son los derechos a la diferencia, es decir, a ser uno mismo y a seguir siendo personas diferentes de los demás” y los derechos que la igualdad real protege “son los derechos a la compensación de las desigualdades y, por ello, a llegar a ser personas iguales a las demás en las condiciones mínimas de vida y supervivencia”.   Es precisamente para la garantía de estos últimos derechos (que nuestra Constitución consagra de manera amplia y generosa) que es útil la adopción de las medidas de acción afirmativa.
Quiero no omitir, para cerrar, que la adopción de medidas de acción afirmativa halla fundamento en la teoría de la justicia de John Rawls.  El primer principio de justicia aplicable es aquel que sostiene que “cada persona tiene un derecho igual a la más extensa libertad compatible con una libertad similar de los otros”.  El segundo principio a aplicar es el “principio de diferencia”, que prescribe que “las desigualdades sociales y económicas deben ser arregladas de forma tal que ambas estén: a) para el mayor beneficio de los menos favorecidos, y b) asociadas a oficios y posiciones abiertas a todos bajo condiciones de una justa igualdad de oportunidades”.  De lo que se concluye que una desigualdad de oportunidades sólo es aceptable siempre que amplíe “la oportunidad de aquellos con menores oportunidades”.  Precisamente, para lo que sirven las acciones afirmativas.

¡Visca el barça!

2 de mayo de 2009


Con lo que se vio hoy, cómo no querer el fut.  Chapeau.

Con ustedes, la chingadalupe:

30 de abril de 2009


El mito de la chingadalupe: “una imagen ideal que el macho mexicano debe formarse de la compañera, la cual debe fornicar con desenfreno gozoso y al mismo tiempo debe ser virginal y consoladora”.  Lo describe en esos términos Roger Bartra en su libro La jaula de la melancolía, que reproduce en esta entrada de su bitácora de Internet en la edición digital de la revista mexicana Letras Libres para referirse a este collage que encontró “en la Calzada de los Misterios de la Ciudad de México, casi esquina con la calle Talismán”.  La locación y el ícono chingadalupano son muy mexicanos, pero mucho me temo que esa “imagen ideal” tiene alcance regional e incluye, por supuesto, a este “país irreal limitado por sí mismo, partido por una línea imaginaria”, que dijera Adoum.  ¿O no?

EP

29 de abril de 2009

“Que Vera es ‘vanidoso’ y ‘exagera’, escucho decir ahora a los pocos despistados que se alegran.  La vida me enseñó que solo a las cocineras y a las empleadas domésticas se les perdona que juzguen a los personajes públicos con esos parámetros tan banales”.  Aquí.
Yo hace tiempo que lo desprecio y me sobran los motivos.  Leerlo, y nunca es tarde para empezar.
P.S.: Prefiero mucho el gremio de las cocineras y el de las empleadas domésticas que al de los periodistas biliosos.  Prometen menos tendenciosidad y desinformación.





Anécdotas, sentencia y crónica

28 de abril de 2009


Tengo un par de anécdotas, digamos, de liviana protesta contra Alberto Fujimori.  La primera data de abril del 2000, días antes de las elecciones de la primera vuelta para la segunda reelección de AF, cuando mi carnaval Andrey y yo estábamos en Cuzco en plan de mochileros y salimos a marchar contra la organización fraudulenta de esas elecciones.  Los peruanos gritaban, ¡Chino, Chino, devuelve nuestros votos!, y nosotros, por obvias razones, le gritábamos al Chino, devuélveles sus votos, pero lo mismo el Chino no devolvió nada y cocinó el fraude como el pavo.  Recuerdo que el domingo de la elección, cuando se cerraron las votaciones, la TV recicló lo que pudo de Cantinflas, El Chavo y otros cuelquierismos hasta que la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales) organizó el fraude.  (La prensa en Perú no tenía, como aquí, un sesgo contra el Gobierno sino que había sido cooptada –evidente corrupción mediante- por el Gobierno.) 

La segunda sucedió en julio de 2006 y en Santiago de Chile, cuando a instancias de la invitación de la amiga peruana Claudia Josi, el grupo de amigos que estudiábamos en el Diplomado de Derechos Humanos y Procesos de Democratización en el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile participamos de un plantón que se realizó frente al centro de detención donde aguardó la sentencia que decidió si lo extraditaban o no al Perú para gritarle algunas lindezas al Chino, el que no anduvo en esta ocasión como el pavo: lo extraditaron al fin al Perú, donde lo sometieron a juicio penal y donde hace exactas tres semanas, el 7 de abril, la Sala Penal Especial de la Corte Suprema compuesta por los jueces Príncipe Trujillo, Prado Saldarriaga y San Martín Castro (quien presidió la Sala) lo condenó a 25 años de prisión por hallarlo responsable más allá de toda duda razonable de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta y los secuestros del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer.  Esta sentencia peruana es un precedente esperanzador y de enorme interés porque es la primera vez que un tribunal de la región condena a un ex gobernante elegido por voto popular, porque la sentencia tiene una solvencia jurídica que impresiona (puede leérsela íntegra aquí) y porque es un paso, pequeño pero muy importante paso, en el difícil y largo proceso de acabar con la usual impunidad en materia de violaciones a los derechos humanos.
  
En esta página encontré esta entrada que contenía la descripción, desde la visión personal de Natalia Sobrevilla, de lo que significa esta sentencia.  Me emocionó y me parece interesante compartírselas.  Ahí les va:

Reflexiones después de un fallo histórico

"Hoy la sala penal especial le ha dado un fallo condenatorio a Alberto Fujimori. Lo ha sentenciado a 25 años de pena privativa de la libertad, la pena máxima por cuatro de las causas por las que fue extraditado de Chile. Los jueces lo encontraron culpable de ser el autor mediato del homicidio calificado, es decir, el asesinato de veinticinco personas, de ser el autor mediato de lesiones graves de cuatro personas y del secuestro agravado de dos personas. Para algunos esto no es mucho, considerando el elevado número de víctimas de la violencia vivida en el Perú. Otros arguyen que ése era un precio más que justo, ya que a cambio de unas cuantas muertes se terminó con el terrorismo. Para mí, lo importante de hoy es que la justicia peruana, no la justicia internacional o la interamericana, sino la peruana falló que estos delitos constituyen crímenes contra la Humanidad en el Derecho Internacional Penal.

No soy abogada, en parte por haber crecido durante un tiempo en que el derecho fue desprestigiado de tal forma que llegó a parecerme una rama de estudio poco indicada para quienes buscaban la justicia. Crecí en un país donde la democracia existía sólo para algunos, para quienes vivían en las zonas que no eran de emergencia, un país deshecho por el terrorismo y la hiperinflación, donde, al tiempo que yo crecía, los espacios iban siendo copados poco a poco por ese limbo legal donde la constitución no valía. Mis primeros recuerdos políticos fueron las elecciones de 1980 cuando regresó la democracia, la matanza de los periodistas en 1983, y la creciente desazón ante la imposibilidad de terminar con un grupo que, inicialmente se pensó era no solo pequeño sino que estaba muy aislado. Recuerdo conversaciones vagas sobre abusos a los derechos humanos, pero todo era muy abstracto, dicho en voz muy baja durante los apagones cada vez más frecuentes, esas largas noches oscuras en que la luz eléctrica se cortaba y sentíamos todos que las zonas de emergencia estaban cada vez más cerca. 

Las elecciones que llevaron a Alan García al poder la primera vez quedan frescas en mi memoria, recuerdo como en la tele pusieron un retrato sin cara y como ésta iba apareciendo cuando iban llegando los resultados. En el momento no entendí que significaba la llegada del APRA al poder, pero al poco tiempo se esclareció lo que quería decir populismo. No tenía edad para ir a votar cuando los miembros de mesa eran resguardados por miembros del ejército, cuando todos temían por su vida. Ya para entonces las noticias de las matanzas no eran raras, incluso las llegamos a ver muy de cerca cuando se amotinaron los terroristas en las cárceles. Ya para entonces en Lima había toque de queda, nadie podía circular después de media noche y la ciudad estaba cubierta de tanques y soldados. Para fines de los ochenta la sensación de hartazgo era incontenible, el miedo y la desazón interminables.

No pude votar en 1990 por cuestión de días. El padrón electoral se cerró dos semanas antes de mi cumpleaños. Me tocó ser espectadora del último proceso llevado acabo con la constitución de 1979. Ya universitaria viví la campaña de modo intenso con una sensación de asco permanente; el triunfalismo anticipado de Vargas Llosa siempre me pareció peligroso. Al principio, cuando salió Fujimori al ruedo, junto con el candidato del grupo religioso que tenía como símbolo el pescadito, fue el candidato del chiste. Se le veía gracioso en su tractor prometiendo honestidad, trabajo y progreso. Cuando quedó claro que arrasaría simplemente porque prometía todo lo que evidentemente era imposible e inviable dejó de ser gracioso y se convirtió en una realidad que no hemos podido evadir en estos últimos veinte años. El día que fue electo me sentí profundamente triste, no por la derrota de su rival, quien contribuyó bastante a su victoria, sino porque me quedó claro en ese momento que una gran mayoría de peruanos no tenía ningún deseo de enfrentarse con la verdad y que prefería un candidato que les mentía de la manera mas descarada.
En los veintiún meses que duró la democracia con Fujimori, el deterioro de la situación fue patente. Sus primeros actos de gobierno fueron hacer todo lo que había dicho en la campaña que no haría. La derecha aplaudió con fuerza. Estos fueron los tiempos del grupo Colina, de la matanza de Barrios Altos. En los primeros meses de 1992 la situación se hizo cada vez más compleja con el enfrentamiento entre el ejecutivo y el congreso. El cinco de abril tiene mucho más sentido en retrospectiva que en aquel momento, a pesar de que en la facultad de Historia los profesores nos dieron ese lunes clases magistrales sobre el terrible pasado republicano y lo poco novedoso que era aquello. La violencia creció aún más: otra vez toque de queda, esta vez a las diez de la noche. La guerra ya estaba encima nuestro, no había donde esconderse, las bombas eran cosa de todos los días. No importaba, nada importaba, total podíamos morir el próximo día, así como murieron los nueve estudiantes y el profesor de la Universidad Guzmán Valle de la Cantuta, porque una noche los fueron a buscar y los acusaron de senderistas.

Tuve la suerte de que a mí nadie me viniera a buscar, la suerte de nunca estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, pero eso fue todo. Fue simplemente una cuestión de suerte. Hoy el tribunal ha dejado en claro que ninguna de las víctimas tenía vínculos con Sendero Luminoso. Eso es algo que no hay que dejar de resaltar: eran inocentes, y por eso mismo sus deudos recibirían reparaciones monetarias de parte de Fujimori, no del Estado, sino de quien la corte considera el autor mediato de los hechos. Hoy hemos recordado paso a paso cada uno de los 247 hechos que han sido probados durante el juicio. Oír a la relatora recitarlos por casi dos horas nos hizo revivir casi veinte años, presentado las acciones del ex presidente una a una, sin dejar espacio para las dudas. Eso es lo que se ha probado en la sala penal especial, los jueces se han pronunciado.

La hija de Fujimori, hoy candidata presidencial, también se ha pronunciado, para ella la lectura de la sentencia no ha sido más que una venganza política. Esto a pesar de que no se ha juzgado a su padre por los múltiples crímenes contra la democracia. Por eso no lo extraditó Chile. Chile no lo extraditó por haber cerrado el Congreso ni por haber destruido el orden constitucional; no se le juzgó por el extraño proceso que llevó al Congreso Constituyente Democrático – la primera vez en la que pude votar y las opciones eran el reloj, la escoba, o el representante de Batman. No se le leyó sentencia por haber puesto en efecto una constitución a su medida que le permitía una muy discutible reelección. Tampoco se le siguió juicio por la cuestionada ley de interpretación auténtica que le permitió una aún más cuestionable re-reelección en el 2000, en la que hizo trampa cuando probablemente no la hubiera necesitado, porque su régimen había estrangulado la libertad de prensa con una corrupción difícil de imaginar. Ni siquiera se le juzgará por los múltiples delitos de corrupción e enriquecimiento ilícito, porque por un voto no se le extraditó por eso. No, esos juicios están por venir. El juicio de la historia recién comienza, y se construye hoy desde las bases del fallo de los jueces San Martín Castro, Prado Saldarriaga y Príncipe Trujillo.

Natalia Sobrevilla Perea
7 de abril de 2009".

Trámite, inicio, ajedrez

26 de abril de 2009


La elección de hoy para elegir Presidente de la República es de mero trámite: sabemos que vencerá el binomio que encabeza Rafael Correa.  (Por cierto, el atribuirle este inminente triunfo solamente a la demagogia y la publicidad es muy torpe; entraré de manera implícita en ese análisis en esta ocasión.)  Supongo que los otros binomios que compiten en esta elección para Presidente son conscientes de su próxima derrota y que la consciencia que tienen de ese hecho podría explicarnos el contenido reactivo y delirante de sus campañas.  Para no entrar en detalles que los aburran, señalaré solamente que el hecho de que los dos únicos binomios (de los otros siete en disputa) con opciones reales de ocupar el segundo puesto ofrezcan, el de Gutiérrez, un retorno al pasado que lo obligó a escapar al apuro en helicóptero (¡?) y el de Noboa, un viaje (sea dicho con las precisas palabras de Chespirito) “al país de la fantasía / por la veredita de la ilusión”, es prueba fehaciente de sus delirios de campaña.  A esos delirios vale añadirle la escasez general de sus propuestas (que constituyen casi una renuncia a pensar) que es la que los orilla a comportarse de manera reactiva, como si se tratara no de proponer un mejor gobierno que el de Correa, sino simplemente el que Correa no gobierne.  De veras, son una lágrima, que tiene muy merecida su derrota.

Hay dos elementos, sin embargo, que sí resultan relevantes para el análisis.  El primero es lo que significa esta elección como inicio de un proceso; el segundo, el posicionamiento de las piezas en el ajedrez político de este país.  Sobre lo primero: a partir de mañana el Gobierno de Correa inicia un nuevo proceso.  Cuando asumió el poder en enero de 2007 Correa argumentó que el escenario político y jurídico le era adverso: 27 meses después, ambos escenarios son diferentes y le son favorables, con un nuevo marco constitucional y una oposición débil (compuesta, en lo más relevante, por un hombre de escasas ideas democráticas criado a la sombra de un león y acartonado en su cantón porque no supo o no pudo heredarle las garras a su mentor y una prensa que se pretende defensora de la libertad de expresión porque tampoco entiende –o, en los casos en que exista mala fe, porque menosprecia- el contenido de esa libertad).  Desde este 27 de abril el Gobierno de Correa tendrá un período de cuatro años sin elecciones a la vista y sin mayores excusas, de su parte, para dilatar el inicio de un proceso que disminuya el nivel de confrontación de los meses anteriores y promueva acuerdos con los demás actores políticos.

El segundo elemento es el posicionamiento de las piezas en el complejo ajedrez político.  En particular, ese posicionamiento es relevante en los casos de candidatos a dignidades provinciales y cantonales, los que podrían convertirse en bastiones de oposición.  Es prematuro todavía para conocer cómo decidan organizarse y actuar durante estos cuatro años si optan por oponerse: es de esperar que entiendan que una oposición que no sea crítica y de propuestas, sólo contribuye a hacerle el juego al Gobierno.  Ojalá que 27 meses no hayan pasado en vano.