El problema de Arauz

20 de marzo de 2021


El problema de Arauz es que tiene todo para ganar, menos una sociedad democrática.

 

Andrés Arauz es un candidato improbable. De aspecto lento y burocrático, de tono atiplado y desprovisto de carisma, explicar a Arauz en matemáticas políticas corresponde a la siguiente operación: Andrés Arauz menos el Perón del Guayas es igual a un Carlos Sagnay de la Bastida. Pero el Perón del Guayas le insufla vida a su candidatura y lo tiene a Arauz en la segunda vuelta, tras obtener en la primera vuelta un holgado primer lugar, a casi 13 puntos de su más cercano perseguidor. El Perón del Guayas consigue algo muy difícil, como es que un burócrata quiteño, un kikuyo, sea el más querido en la Costa de este atribulado país.

 

A Andrés Arauz se le ha dado todo bien, porque el peor escenario para la segunda vuelta era que pase el Yaku Power. Pero como él no maneja el CNE tan a fondo y tan bien como el candidato que lo desplazó, pasó a ser Yaku Powerless, un hombre desesperado al darse cuenta que se le esfumaba su oportunidad de llegar a la Presidencia y ver cómo se repetía esa misma historia multisecular en la que un oligarca blanco patea al indio. Y pasó, entonces, Guillermo Lasso, el más vencible de los opositores a Arauz.

 

Lasso es el más vencible, por sus atributos personales y por el contexto. Hoy por hoy, no hay nada que empute más a un ecuatoriano que el gobierno de Lenin Moreno, y Lasso es el candidato que se lo puede asociar al gobierno de Moreno, pues ha co-gobernado con él. Por contraste, el candidato Arauz puede elaborar una narrativa de la persecución que su grupo político ha sufrido durante el gobierno de Moreno: se lo podrá acusar de muchas cosas, pero no de haber co-gobernado con él. Todo lo contrario: es su víctima.

 

Así, Arauz tiene todo para ganar: llega a una segunda vuelta 1.200.000 votos por encima de su contendor, teniendo a un adversario débil y una narrativa favorable.

 

El problema de Arauz es que la victoria en las urnas no lo define todo. Si triunfa por poco, el superpoder de Lasso en el CNE puede hacerlo perder. Y si triunfa por mucho, se podría activar un plan B, donde a pesar de ganar las elecciones Arauz no llegaría a ejercer el poder, porque se descalifica al binomio ganador antes del 24 de mayo. La razón para esto, mientras tenga un mínimo de verosimilitud, es lo de menos, porque la fiscal Salazar y el contralor Celi no tienen dudas ni tampoco miedos. Y los estándares democráticos del anti-correísmo son tan bajos, tan al ras, que permiten suponer un indisimulado apoyo a esta alternativa.

 

El gobierno de Moreno se ha caracterizado por sus esfuerzos para acabar con el correísmo, a un nivel de monomanía. Con órganos ad-hoc, jueces, autoridades administrativas, legislativas y electorales: todo lo que tenía a mano el gobierno de Moreno para acabar con el correísmo, lo utilizó*. Pero lo hizo de una manera tan burda y tan torpe, tan Notario Cabrera, que sus esfuerzos fracasaron, pues terminaron por fortalecer a Correa**. Al poscorreísmo de Lenin Moreno (2017-2021) le salió el tiro por la culata, pues en vez de superarlo a Correa, está logrando que él regrese al poder por la interpuesta persona de su candidato improbable. El 11 de abril sería el día de la certificación del fracaso de los (des)propósitos de este gobierno imbécil.

 

Frente a todos los obstáculos que le han interpuesto, Correa está terminando por reírseles en la cara a sus opositores. Y es por ese contexto, que creo que Arauz tiene un problema grave: incluso a pesar de ganar, podría no ser Presidente. Y en rigor, no es su culpa. No lo es el ganar (pues eso es mérito del Perón del Guayas), ni por supuesto, perder, pues esto último se deberá a que lo elegirían Presidente en una sociedad que, de democrática, tiene el membrete y unos cuantos entusiastas***.

 

* A título ilustrativo, sobre las persecuciones por el Consejo Transitorio, v. ‘La dictadura inadvertida’; por la rama legislativa, v. ‘Ella dice que ella dijo’ y ‘Estamos pintados’; por la rama electoral, v. ‘Las elecciones del 24 de marzo de2019: como ni una’; y, por las autoridades administrativas, v. ‘La Contraloría ecuatoriana contra los derechos’ y ‘Ola k iso?’.

** Un hecho que termina por fortalecer lo que buscaba destruir acomete ‘la fábula de Nopol’.

*** El problema no es solo una élite política de escaso sentido democrático (un sistema respetable en tanto conveniente a la élite, v. ‘Ecuador, 1978: el origen del caos’) porque un problema mayor es que no hay en el Ecuador una ciudadanía que defienda al sistema democrático en las calles. Un movimiento de última hora, como el que cobijó a la agrupación de Correa para su participación en las elecciones del 2021, es apenas un instrumento para esa participación, carente de bases populares.

El callejón sin salida de Guillermo Lasso

17 de marzo de 2021

 El candidato Guillermo Lasso está en un callejón sin salida. El callejón se llama ‘Derrota’.

 

En otro escrito argumenté que Lasso tenía el acumulado ideal para llegar en tercer puesto en estas elecciones: es un tipo no carismático (casi que anti-carismático), es banquero y, mucho peor, es un político vinculado al nefasto gobierno de Lenin Moreno, el Rey Midas de la Mierda (v. ‘Tres razones para que Lasso sea tercero’). Pero también advertí que Guillermo Lasso tenía un superpoder, que es el control de las instituciones electorales (asegurado en una tregua, v. ‘La tregua’). Y ha usado ese superpoder y le ha servido lo suficiente como para desplazarlo a Yaku Pérez a un tercer puesto (v. ‘Yaku Powerless, o el perro de las dos tortas’).

 

Ahora, en su tercera participación en la carrera a la Presidencia, Lasso llega por segunda vez a la segunda vuelta. Pero ha llegado en una situación incómoda: desgastado por la disputa con Yaku Powerless y estando casi 13 puntos debajo de su contendor (32.72% vs. 19.74%). Para entender el tamaño de esta incomodidad es clave recordar las remontadas en segunda vuelta, que han sido tres. En 1984, la remontada del ingeniero Febres-Cordero fue de apenas un punto y medio (28.74% vs. 27.20%). En 1996, la remontada del abogado Bucaram fue de menos de un punto (27.17% vs. 26.28%). En 2006, la remontada del economista Correa fue de casi cuatro puntos (26.83% vs. 22.84%). Todas tres por debajo de los cuatro puntos.

 

Para remontar esos casi 13 puntos se necesita, entonces, a un gran candidato. Y sólo tenemos a Lasso.

 

Y si esto estaba mal, ahora se pondrá peor. Entre los dos candidatos en la segunda vuelta, el único que puede ser asociado a las élites, por la inobjetable razón de que ser banquero es ser parte de ellas, es Guillermo Lasso. Y las élites han sido las grandes beneficiarias del odiado y vilipendiado gobierno del Mojón Moreno: se lo ha visto en sus políticas económicas, en su descuido por la atención a los pobres y, muy poderosamente, en la distribución de las vacunas en tiempos de pandemia. Uno puede entender que el ecuatoriano del común, jodido en estos tiempos, arrecho porque a él le han tocado las migajas o el desprecio, o aún peor, el ataúd en la calle, no favorezca a un candidato que es parte de esas élites que viven tan despreciadoramente distinto a él. Es un mal momento para ser parte del top.

 

El candidato Lasso tiene todo en contra pero, OJO al dato, esta es la primera vez que Lasso llega a la segunda vuelta con un control de las instituciones electorales. Es un escenario muy distinto, diametralmente opuesto al de su primera vez en la segunda vuelta, el año 2017*. Y ese control del conteo podría ser la escalera que lo saque del callejón.

 

* Por contraste, el actual es muy parecido al escenario del año 1998 cuando ocurrió la elección del nefasto presidente Jamil Mahuad (Jebús quiera hoy redimido por el cannabis), que fue el último candidato de derechas que llegó a la Presidencia con un programa y un partido (la Democracia Popular) identificados con esa tendencia y en cuyo gobierno emergió a la vida política el ahora candidato G. Lasso. En 1998 no hubo un candidato del PSC en competencia, pues esa tienda política estaba aliada con el partido de Mahuad (ídem con G. Lasso este 2021). En 1998, el órgano electoral de la época, llamado Tribunal Supremo Electoral, estaba en manos de la tienda de Mahuad (ídem de ídem con G. Lasso este 2021). En ese entonces, dicho Tribunal estuvo presidido por un man de la DP, Patricio Vivanco Riofrío. En una entrevista de su sobrino, el Vivanco de La Peste La Posta, con Marcelo Dotti, se recordó este episodio. Una breve transcripción no tiene pérdida:

 

- Vivanco: ‘¿Y la DP manejaba los votos?’

- Dotti: ‘Mire, Álvaro Noboa perdió la Presidencia el ‘98 porque le robaron.’ (Las dos últimas palabras dichas con énfasis).

- Vivanco: ‘Hable serio, ahí el presidente del tribunal era medio primo de mi papá, Patricio Vivanco.’

- Dotti: ‘Mi buen amigo.’

- Vivanco: ‘Es una persona que yo considero y quiero.’

- Dotti: ‘Patricio Vivanco Riofrío. No se enoja, ¿no, usted?.

- Vivanco: ‘No, no, no.’

- Dotti: ‘Ya.’

- Vivanco: ‘Dice que Patricio le… que Patricio hizo la huevadilla.’
- Dotti: ‘Patricio un hombre muy inteligente.’ (Dicho sonreído).

- Vivanco: ‘Una cosa es ser inteligente…’

- Dotti: ‘Y era el hombre de Mahuad en el Tribunal Supremo Electoral.’ [1:14:09-1:14:38]

 

Decirle ‘inteligente’ fue la forma de Dotti para decir que Patricio fue un pillo buena gente (al menos desde el punto de vista de la DP). Como en 1998, el 2021 también tiene sus Patricios.

Yaku Powerless, o el perro de las dos tortas

16 de marzo de 2021

Eso del perro de las dos tortas es un dicho popular en México para aludir a la dificultad de servir a dos amos y, en consecuencia, quedarse en nada. En esencia, esto le ocurrió a Yaku Pérez.

 

En su momento, Yaku Pérez era el candidato con bases indígenas y alianzas con las élites, todo a una. Era el candidato ideal para tomar el poder: era fresco y anti-sistema, en un país que hace gala de odiar a sus políticos y que, por sistema, favorece a los candidatos anti-sistema en las elecciones (Bucaram, Gutiérrez, Correa, dan testimonio)*.

 

Frente a Yaku Pérez, en una segunda vuelta Andrés Arauz no tenía opción**. Pero frente al superpoder de Guillermo Lasso, cual es el control electoral, nada pudo ya hacer el Yaku Power. De poder a poder, contar los votos es mucho mejor que plagiar una canción.

 

Luego de pasar al tercer puesto, ya Yaku se desmoronó. O como se dice con acierto en esta columna de Iván Sandoval, ‘Presidente por dos días’, Yaku Pérez se ‘berreó’.

 

Yaku quiso amalgamar a la derecha y a la izquierda, unidas frente a un enemigo común: el correísmo. Y a la final, como en el dicho del perro de las dos tortas, Yaku Pérez se quedó en nada, sin pan ni pedazo. El candidato de la derecha, tan CNE-habiente, lo desplazó.

 

Y ahí quedó Yaku Powerless.

 

* Cuando se ha elegido un candidato del establishment nos ha ido como la poronga: de ello dan testimonio Jamil Mahuad en 1998 (quisiera creer que redimido por su versión cannábica) y, tomando en cuenta que Correa fue un torrente de cambio que desembocó en las aguas empozadas del establishment, Moreno en 2017.

** Luego, ya en el ejercicio del poder, Pérez iba a ser el mismo desastre de toda la vida, un Gutiérrez pachamámico, algo droguizórrico.