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Siempre lejos

5 de junio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 5 de junio. 

El 24 de mayo de 1822 se concretó la independencia del Reino de España de la parte de la Audiencia de Quito al sur del río Carchi. En su período de lucha por la independencia (1820-22) hubo tres gobernaciones españolas, cada una con jurisdicción sobre una provincia. Cada provincia se independizó en momentos diferentes.

La primera en independizarse fue Guayaquil, por la gesta del 9 de octubre de 1820. Fue una independencia hecha por cuenta propia, que no le debió nada a los ejércitos colombianos o peruanos. De inmediato se organizó un Colegio Electoral en la ciudad de Guayaquil, con representantes de los pueblos de la provincia (en total, 57) que dictó una Constitución (el “Reglamento Provisorio de Gobierno”), que puso en vigencia un sistema electivo y republicano de gobierno. También designó a un triunvirato presidido por José Joaquín Olmedo para la dirección de los destinos de una provincia que permaneció independiente hasta que fue anexada manu militari a Colombia por Simón Bolívar. 

La segunda en independizarse fue Cuenca. Lo hizo el 3 de noviembre de 1820, pero fue recuperada en seguida por el gobierno español. La entrada en Cuenca el 21 de febrero de 1822 del ejército patriota, comandado por Sucre, significó la ruptura definitiva de Cuenca con el gobierno monárquico.

Ese mismo ejército patriota avanzó hasta el volcán Pichincha para luchar por Quito. De las tres capitales de Gobernación, Quito era la sede de una Audiencia, es decir, de un tribunal de justicia que tenía jurisdicción sobre las tres provincias y sobre vastos territorios al norte del río Carchi. De las tres capitales de provincia, Quito era la única que hasta mayo de 1822 no había sido independiente, como lo fueron Guayaquil y Cuenca. 

A Quito, entonces, la independizó de España el ejército patriota, con su glorioso triunfo en la batalla del Pichincha. La capitulación del Reino de España la firmaron, por el lado de los patriotas, un santafesino (Morales) y un huarineño (Santa Cruz). El 25 de mayo de 1822, en la cima del Panecillo, se arrió la bandera española.

Pero el triunfo en la batalla del Pichincha no fue por la independencia de Quito, porque en seguida un cabildo abierto (presidido por el lojano José Félix Valdivieso) decidió la anexión de la provincia de Quito a la República de Colombia. (También se anexaron a Colombia: antes, en abril, Cuenca; después, en agosto, manu militari, Guayaquil). 

Así: antes se gobernaba desde Madrid pero desde 1822 se gobernaba desde Bogotá. En todo caso, siempre se gobernaba desde lejos.

Años después, en 1830, se formó el Estado del Ecuador como una desmembración de las tres provincias anexadas a Colombia en 1822. Allí empezó, sí, un gobierno independiente.

Entonces: la batalla del Pichincha significó la ruptura con el Reino de España del único territorio de la Audiencia de Quito que, hasta mayo de 1822, en todo momento, había sido parte del Reino de España. 

Pero ese 24 de mayo de 1822 no significó, de ninguna manera, la independencia: significó apenas un cambio de dominador. Fue el paso del gobierno de las tres provincias por un reino europeo a su gobierno por una república sudamericana. Con sus capitales (Madrid y Bogotá) siempre, siempre lejos.

23 de septiembre

26 de septiembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 26 de septiembre de 2025.

Nadie lo recordó: hace tres días se cumplieron 195 años del día en que el militar venezolano Juan José Flores puso el Ejecútese a la Constitución del Estado del Ecuador. Este 23 de septiembre pasó sin celebración oficial de ningún tipo, sin reconocimiento ni recordación, realmente sin importancia alguna. Sin pena ni gloria, como todo otro 23 de septiembre.

Pero el 23 de septiembre de 1830 entró en vigor la primera Constitución del Estado del Ecuador, aprobada por un Congreso Constituyente reunido en Riobamba; en consecuencia, aquel fue el día que el Estado del Ecuador entró a participar del concierto de las naciones. Formalmente, el 23 de septiembre es la fecha de fundación del Estado.  

Porque no puede ser la fecha de fundación del Estado ecuatoriano el 10 de agosto de 1809 quiteño ni el 9 de octubre de 1820 guayaquileño, por la sencilla razón de que en aquellos años el Ecuador únicamente existía en minúscula: “ecuador” era la línea imaginaria que partía al mundo por la mitad. “Ecuador”, para definir a un territorio, es una invención posterior.

Tampoco puede ser la fecha de fundación del Estado ecuatoriano el 24 de mayo de 1822, porque ese día el ejército patriota triunfó en la batalla del volcán Pichincha e independizó a la provincia de Quito del reino de España, pero para enseguida incorporarla a la República de Colombia. Esta agregación es el momento de la invención del término “Ecuador” para definir a un territorio. 

El militar venezolano Simón Bolívar utilizó el término “Ecuador” para denominar al departamento de la República de Colombia en que se convirtió la antigua provincia española de Quito. Entre 1822 y 1830 el departamento del Ecuador, en conjunto con los departamentos de Guayaquil y del Azuay, conformaron el distrito del Sur de la República de Colombia.  

En mayo de 1830, este distrito del Sur compuesto de tres departamentos se separó de la República de Colombia. Se convocó al Congreso Constituyente en Riobamba, veinte diputados redactaron una Constitución de 75 artículos (incluidas dos disposiciones transitorias) y el general Flores puso a esta Constitución en vigor el 23 de septiembre. Desde ese día, el término “Ecuador” abarcó un territorio que, según el artículo 1 de la Constitución, comprendía a los tres departamentos que habían sido de la República de Colombia “formando un solo cuerpo independiente con el nombre de Estado del Ecuador”.

Según el artículo 2 de la Constitución, este Estado del Ecuador se consideraba parte de una confederación “con los demás Estados de Colombia, para formar una sola Nación con el nombre de República de Colombia” (los otros dos Estados de Colombia eran sus antiguos distritos del Centro y del Norte, correspondientes a las actuales Colombia y Venezuela). En su artículo 3, la Constitución del Ecuador supeditaba a la decisión “de un Colegio de Plenipotenciarios de todos los Estados” la fijación de “los límites, mutuas obligaciones, derechos y relaciones nacionales de todos los Estados de la Unión” (Este Colegio de Plenipotenciarios jamás se reunió). Un Estado raro, pero Estado al fin.

En todo caso, lo indiscutible es que el 23 de septiembre de 1830 se fundó el Estado del Ecuador. Aunque nadie lo recuerde.

Historia de dos amigos guayaquileños

19 de septiembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 19 de septiembre de 2025.

José Joaquín Olmedo y Vicente Rocafuerte fueron guayaquileños y contemporáneos, nacido el primero en 1780 y el segundo en 1783. Fueron ilustrados y fueron amigos, que participaron en la lucha por la independencia de los territorios americanos del Reino de España y que terminaron por fundar, en 1835, la República del Ecuador. 

Hasta llegar a este momento de fundación de la República del Ecuador, Olmedo y Rocafuerte tuvieron unas trayectorias similares: ambos integraron las Cortes de Cádiz en el Reino de España (Rocafuerte únicamente por un breve período en 1814, mientras que Olmedo fue parte de las Cortes entre 1811 y 1814, año de su disolución por decisión del rey Fernando VII), ambos formaron parte del Cabildo de Guayaquil, ambos viajaron por varios países de América y de Europa, y ambos fueron representantes en Europa de un nuevo Estado americano (Rocafuerte de México, Olmedo del Perú). 

Las trayectorias de Olmedo y Rocafuerte también tienen sus diferencias. Entre 1819 y 1833, años en los que Rocafuerte vivió en el exterior, Olmedo tuvo una agitada vida en su territorio natal. En 1820, fue elegido el primer jefe civil del Guayaquil independiente y republicano. Olmedo gobernó la Provincia Libre de Guayaquil como presidente de una Junta Superior de Gobierno entre 1820 y 1822, hasta la ocupación militar de la provincia comandada por el general Simón Bolívar en julio de 1822. 

Como presidente de la Junta Superior de Gobierno, Olmedo procuró la independencia de los demás territorios que pertenecieron a la Audiencia de Quito. Tras la batalla del Pichincha, la Junta presidida por Olmedo publicó el 9 de junio de 1822 una proclama, en la que se leía: “Cuando nos propusimos ser libres, no podíamos dejar gemir en la opresión a los pueblos que nos rodeaban”. Y en esta proclama se reconoció que los esfuerzos de Guayaquil habían sido coronados por el éxito: “Guayaquileños: Quito es ya libre: vuestros votos están cumplidos”. 

Años después, en 1830, Olmedo participó como diputado en el Congreso Constituyente que reunió a veinte adinerados varones en Riobamba con el propósito de fundar un Estado con el disparatado nombre de “Estado del Ecuador en la República de Colombia”. Olmedo fue parte de la comisión que redactó la Constitución y fue nombrado su primer Vicepresidente, cargo al que renunció el año siguiente. 

En 1833 volvió Rocafuerte a Guayaquil. Por aquel entonces, Olmedo estaba dedicado a sus asuntos privados, pero no lo estaría por mucho tiempo. La vorágine de los acontecimientos del trienio 1833-1835 desembocó en una guerra civil que parió una república. 

Rocafuerte fue el Jefe Supremo triunfante en la guerra civil, tras la victoria de su ejército en la batalla de Miñarica. Convocó a una convención nacional, que fue presidida por Olmedo. Esta convención, reunida en Ambato, aprobó la Constitución que originó la República del Ecuador y que lo designó a Vicente Rocafuerte como su primer Presidente Constitucional. El Ejecútese de Rocafuerte a esta Constitución que Olmedo contribuyó a redactar con su guía y pluma, fue dado el 13 de agosto de 1835. Ese día nació la República del Ecuador.  

Fue un largo viaje de dos amigos en la vida pública, hasta concretar una república.

1809 y 1820

27 de junio de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de junio de 2025.

Dos fechas importantes para la historia del Ecuador son el 10 de agosto de 1809 y el 9 de octubre de 1820. Es un asunto de justicia realizar una necesaria distinción entre una y otra fecha, porque diferentes fueron su naturaleza, su propósito y su resultado.  

Su naturaleza fue diferente. El 10 de agosto de 1809 en Quito existió un movimiento autonomista, dentro del ámbito de la Monarquía Católica, con el objetivo de recuperar la preeminencia de Quito sobre los territorios que ella había perdido en los años precedentes. Como lo ha descrito la profesora de historia de las Américas en la Universidad de Turín, Federica Morelli: “El principal objetivo de la junta quiteña de 1809 no fue, por lo tanto, la independencia de España sino la reconstitución de un territorio que había sufrido una desarticulación mucho antes de la crisis de 1808”.

Por su parte, el 9 de octubre de 1820 fue un movimiento independentista. Quedó así de claro en el Acta que se suscribió en Guayaquil ese mismo día, donde se indicó sin lugar a dudas que el 9 de octubre de 1820 era para esta ciudad el día “primero de su independencia”.

También el propósito que animó a los movimientos fue distinto. El 10 de agosto de 1809, las élites de Quito, por su afán de recuperación del espacio, quisieron imponer la supremacía de Quito a las provincias vecinas de Cuenca, Guayaquil y Popayán. En palabras de Federica Morelli: “la junta de Quito adoptó una actitud agresiva y a menudo no esperó la respuesta de las demás ciudades respecto de su adhesión o no al proyecto. Al contrario, destituyó a las autoridades existentes y las sustituyó por funcionarios nuevos, elegidos directamente por ella y en estrecho vínculo con las grandes familias de la capital. Tales prevenciones hegemónicas de la junta de Quito sobre las restantes provincias provocaron una viva reacción entre las élites de las últimas”.

Por contraste, tras el 9 de octubre de 1820, desde Guayaquil se buscó la independencia de las demás provincias. La Junta Superior de Gobierno de Guayaquil, presidida por José Joaquín Olmedo, creó una milicia llamada División Protectora de Quito, aportando con cuantiosos recursos y numerosos soldados para la lucha por la libertad de las provincias que conformaban la Audiencia de Quito. Tras una lucha de casi dos años, el 24 de mayo de 1822, varios guayaquileños, entre muchos otros patriotas, lucharon en las faldas del Pichincha por la libertad de Quito. 

Finalmente, el resultado de ambos movimientos fue distinto. Mientras el 10 de agosto de 1809, tras la reacción de las élites de las provincias vecinas, concluyó en el regreso de los españoles al poder el 24 de octubre de 1809, en el caso del 9 de octubre de 1820 los esfuerzos que se empeñaron fueron coronados con el éxito. 

Cuando se conoció la noticia del triunfo de los patriotas en la batalla del Pichincha, la Junta de Gobierno de Guayaquil publicó una proclama el 9 de junio de 1822, que decía: “Cuando nos propusimos ser libres, no podíamos dejar gemir en la opresión a los pueblos que nos rodeaban”. Y se reconoció en esta proclama que los grandes esfuerzos de Guayaquil habían rendido su fruto: “Guayaquileños: Quito es ya libre: vuestros votos están cumplidos”.

El número de los representantes

30 de mayo de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 30 de mayo de 2025

José Félix Valdivieso, el derrotado cuando enfrentó a Flores en 1835 y el derrotado cuando defendió a Flores en 1845, fue el alcalde de Quito a partir del 25 de mayo de 1822 por haberlo designado el militar venezolano Antonio José de Sucre tras su victoria en la batalla del Pichincha. En esta calidad, Valdivieso convocó a una asamblea de representantes de Quito, que se celebró el 29 de mayo.

Ese día, la asamblea aprobó un acta que empezaba así: “En la ciudad de San Francisco de Quito, capital de las provincias del antiguo reino de este nombre…”, pero, en rigor, cada provincia española que conformó el reino de Quito, para su administración tenía cada una su propia Gobernación y su propia capital. La provincia española de Guayaquil (Gobernación desde 1763) tenía su capital en Guayaquil; la provincia española de Cuenca (Gobernación desde 1777) tenía su capital en Cuenca. A mayor inri, la vez que Quito quiso imponerse, en agosto de 1809, como la capital frente a sus provincias vecinas (Guayaquil y Cuenca, y además Popayán), éstas no lo consintieron. La guerrearon y se impusieron.

Pero esa premisa falsa era necesaria para el primer punto del Acta, que fue declarar a las provincias “que componían el antiguo reino de Quito como parte integrante de Colombia bajo el pacto expreso y formal de tener en ella la representación correspondiente a su importancia política”. Los representantes quiteños se arrogaron la írrita potestad de integrar a Colombia de una forma inconsulta a la provincia de Guayaquil (porque para el caso de Cuenca resultaba superflua la declaración, pues la provincia de Cuenca se había incorporado a la República de Colombia el 11 de abril de 1822). Y procuraron que Colombia le reconozca a Quito una “representación” que corresponda a “su importancia política”. 

Lo dicho por Quito fue irrelevante para Guayaquil, por lo que Simón Bolívar debió venir a esta ciudad por primera vez, acompañado de 1300 soldados colombianos, para cesar a la Junta de Gobierno de Guayaquil e imponer la anexión de la provincia a la República de Colombia el 31 de julio de 1822. Las tres provincias, convertidas ahora en departamentos de Colombia, conformaron su Distrito del Sur.

Cuando se separó de Colombia el Distrito del Sur en 1830 para conformar el Estado del Ecuador, Quito buscó lo mismo: una “representación correspondiente a su importancia política”. De las tres antiguas provincias españolas, Quito era, por mucho, la más poblada. El número de los representantes en el Congreso, alegaban en Quito, debía hacerse en función de la población. Como en 1809, Guayaquil y Cuenca no quisieron y se impusieron.

Por seis Constituciones y treinta años, la representación se hizo como si el Ecuador estuviera compuesto por tres Estados federados, es decir, con una estricta igualdad en el número de los representantes (a este efecto, seguían siendo unos departamentos colombianos).

Esto lo cambió el guayaquileño más querido en Quito, Gabriel García Moreno. Desde la Constitución de 1861 se determinó que el cálculo de los representantes se iba a hacer con base en el número de habitantes en cada una de las trece provincias que integraban el Estado en aquel tiempo. Y así es desde entonces. 

Un inglés en pelota

28 de febrero de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 28 de febrero de 2025.

El primer grupo opositor de la historia política del Ecuador se conformó durante la primera presidencia del venezolano Juan José Flores (1830-1834). Este grupo se llamó El Quiteño Libre y publicó el semanario del mismo nombre desde el 12 de mayo de 1833. 

Lo integraron varios terratenientes serranos, profesionales como el doctor Manuel Ontaneda (en cuya botica podía suscribirse al semanario por un año pagando seis pesos, por un semestre pagando tres pesos y por un trimestre pagando doce reales) y una personalidad tan singular como la del inglés Francis Hall, autor de libros de viaje, discípulo de Jeremy Bentham, visitante de Thomas Jefferson en Monticello, veterano de las guerras de la independencia con Simón Bolívar (1818-1822) para luego convertirse en un opositor a la dictadura bolivariana y, una vez establecido en Quito, en un botánico aficionado de sus alrededores (publicó el libro titulado Ecuador, Plants & Excursions near Quito) y residente en el “barrio bravo” de San Roque.  

Simón Bolívar le había advertido a su coterráneo Juan José Flores, en carta fechada 9 de noviembre de 1830, acerca de la llegada de Vicente Rocafuerte al nuevo Estado que Flores empezó a gobernar desde septiembre de ese año. Le advirtió, en concreto: “este hombre lleva las ideas más siniestras contra V. y contra todos mis amigos. Es capaz de todo y tiene los medios para ello”. Bolívar le avisó a Flores que le iban a disputar el poder.    

En 1833 Vicente Rocafuerte arribó al Ecuador. Nomás llegar, los integrantes de El Quiteño Libre le mostraron su simpatía y promovieron su candidatura al Congreso de 1833, resultando en su elección como diputado por Pichincha. Y Bolívar tuvo razón: Rocafuerte tampoco demoró en involucrarse en una revolución contra el gobierno de Juan José Flores que se originó en Guayaquil, en octubre de 1833. Flores en persona debió salir de Quito a Guayaquil para sofocar la revolución, dejando encargado el poder ejecutivo conforme a la Constitución. Y es fama que también dejó armado un plan, que concluyó con la muerte y la humillación del inglés Francis Hall.

El 19 de octubre de 1833 varios integrantes de El Quiteño Libre pretendieron hacer una revolución en Quito, asaltando un cuartel, pero terminaron por ser víctimas de la emboscada que se había planeado en su contra. Tomados por sorpresa, el ataque de las fuerzas gobiernistas produjo varias bajas en los revolucionarios y la inmediata dispersión de sus fuerzas (sin embargo, ni Matheu, ni los Ascázubi, ni Zaldumbide, ni Sáenz, ni Valdivieso murieron: se salvaron todos los terratenientes). En esta refriega cayó el héroe de Pichincha, el ilustrado Francis Hall.

Las autoridades del gobierno de Flores ordenaron la humillación pública de sus despojos mortales: a este ilustrado que quiso bien al Ecuador se lo colgó desnudo de un poste, para que la población de la ciudad reflexione sobre los peligros de intentar hacer una revolución. Así clareó en la Quito triste del 20 de octubre de 1833.

Refino, entonces, el título de esta columna: un inglés en pelota, colgado de un poste de la plaza San Francisco, por orden de la autoridad y como forma de control popular.

Viñeta de un país (naciente, persistentemente) bárbaro.

República de Guayaquil

4 de octubre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 4 de octubre de 2024.

Entre el 9 de octubre de 1820 y el 13 de julio de 1822, Guayaquil vivió una forma de gobierno independiente y republicana. “Por Guayaquil independiente” es el indiscutible lema inscrito desde 1820 en nuestro escudo. El Guayaquil republicano, empero, merece unas precisiones.

Que Guayaquil haya sido una república fue consecuencia de nuestra independencia. Tras el 9 de octubre, toda vez que se rompió el vínculo con el Reino de España, se sustituyó a la monarquía (el gobierno de uno, el rey) por una república autogobernada. 

Este autogobierno tomó forma con la reunión en Guayaquil de un Colegio Electoral integrado por representantes de 27 pueblos de la provincia (un territorio de alrededor de 50.000 kilómetros cuadrados; toda la Costa, menos Esmeraldas). Este órgano representativo, reunido entre el 8 y el 11 de noviembre de 1820, aprobó las normas (el Reglamento Provisorio de Gobierno, nuestra pequeña Constitución) para administrar el territorio de la Provincia Libre de Guayaquil. En estas normas se estableció una división de los poderes del Estado y se reguló una milicia para la liberación de los territorios vecinos, en su mayor parte todavía gobernados por España.

El Poder Ejecutivo era de carácter electivo y residió “en tres individuos elegidos por los Electores” (Art. 4). Para integrar la Junta de Gobierno que debió gobernar los destinos de la Provincia Libre de Guayaquil hasta la designación de sus reemplazos por la representación provincial, el Colegio Electoral designó a Rafael Ximena, Francisco María Roca y José Joaquín Olmedo.  

El Poder Legislativo (la representación provincial) “se convocará por el Gobierno cada dos años en el mes de octubre, o antes si la necesidad lo exigiese” (Art. 19). El Poder Judicial se desarrolló en los artículos del 11 al 15 para administrar justicia “en lo civil y criminal” (Art. 11). 

En 1820 ocurrió que un territorio de la América del Sur (uno más) rompió con la administración de la monarquía española para pasar a ser administrado, primero, por sus propias normas, con un régimen de separación de poderes y, segundo, por sus propias autoridades, de forma electiva y periódica. Con este antecedente, se debe concluir que Guayaquil, por la fuerza del 9 de octubre y, sobre todo, por el derecho del 8 de noviembre, se organizó como una república. Y subsistió como tal por casi dos años. 

Guayaquil fue una república generosa y de carácter libertario. No buscó (como ocurrió en 1809) imponer una primacía de la provincia sobre las provincias vecinas. Por contraste, luchó por su independencia del Reino de España. Organizó una milicia (la “División Protectora de Quito”) y subió la montaña para combatir por la liberación de los quiteños. Hijos de esta ciudad pelearon en el volcán Pichincha, el 24 de mayo de 1822, para cumplir ese objetivo. En conjunto con otros americanos (y europeos), lo consiguieron.

El episodio del Guayaquil republicano concluyó el 13 de julio de 1822, cuando el Secretario del Presidente Simón Bolívar le comunicó a la Junta de Gobierno de Guayaquil que había cesado en sus funciones (1.300 soldados colombianos acantonados en la ciudad respaldaban esta idea). Unos días después, se anexionó la provincia a Colombia. 

El 25 de mayo

25 de mayo de 2021

Al día de siguiente de la batalla del Pichincha, en la cima del Panecillo y a las 2 de la tarde, se arrió la bandera española y se izó el tricolor colombiano. Fue, para Quito, el paso simbólico de pertenecer a una monarquía europea para pasar a pertenecer a una naciente república sudamericana, la República de Colombia. 

 

El jefe militar de los españoles, quien testimonió por ellos esta derrota en uno de sus bastiones andinos, se llamó Melchor de Aymerich. Él perdió contra el ejército del héroe independentista, Antonio José de Sucre, compuesto de bravos sudamericanos y algunos mercenarios europeos.

 

Y sin embargo…

 

La fuente es Efecto Prometeo

 

Exijo una explicación.

El 24 de mayo

24 de mayo de 2021

199 años del día en que el ejército independentista comandado por Sucre triunfó en las faldas del volcán Pichincha frente al ejército español comandado por Aymerich. Tras la batalla del 24 de mayo de 1822, Quito empezó a ser republicana e independiente de España, pero no autónoma en la administración de su territorio. Su viejo ideal del año 1809 seguía todavía sin realizarse (sobre el autonomismo en Quito, v. ‘Siglo y medio de miseria y derrotas’ y ‘Lo contrarrevolucionario en la ‘Revolución del 10 de agosto’ (becoming a weirdo)’). Y pasó que no vinieron tiempos mejores.

 

Entre 1822 y 1830, la provincia de Quito se travistió: cambió de nombre y de límites. Pasó de llamarse provincia de Quito a Departamento del Ecuador, y pasó de tener los límites del tiempo de la Monarquía Católica a tener los límites que le dispuso Colombia al Distrito del Sur en su ley de organización territorial de junio de 1824. Así, cuando el Ecuador se separó de Colombia, tras unas escaramuzas políticas y militares (el ejército del Ecuador llegó incluso a ocupar Popayán), el Estado del Ecuador se recondujo a firmar el Tratado de Pasto el 8 de diciembre de 1832. Por este tratado, Colombia se quedó con la región del Cauca, la que durante el tiempo de la Monarquía Católica había tenido un intenso vínculo comercial con la provincia de Quito, que por el hecho de la independencia se interrumpió (sobre los límites en 1832, v. ‘El Ecuador en sus orígenes: ir por lana y salir trasquilado’ y ‘1832: una de cal, única de arena’).  

 

Entre el 24 de mayo de 1822 y el 8 de diciembre de 1832 transcurrieron 10 años, 6 meses y 12 días. Hasta 1822 una orgullosa capital muy periférica del Reino de España, desde ese año Quito fue perdiendo su nombre, muchos vínculos comerciales y un vasto territorio (sobre el nombre, v. ‘El nombre que Bolívar dio a nuestro país’ y ‘De porqué fuimos el Estado del Ecuador y no el Estado de Quito, o el ‘ya qué chuchaffff’’).

 

La independencia, por lo visto, no resultó un buen negocio para la franciscana ciudad. Y ese declive empezó un día como hoy, hace 199 años.