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Guerra civil

23 de enero de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 23 de enero de 2026.

Este tópico bobalicón de la República del Ecuador como “isla de paz” contradice a la realidad desde su mismo origen. Esto, porque la República del Ecuador se creó tras una guerra civil entre los ejércitos de la Costa y de la Sierra. 

En enero de 1835, hace 191 años, se enfrentaron en los arenales de Miñarica, cerca de Ambato, estos dos ejércitos. El ejército de la Costa (menos Esmeraldas), comandado por el venezolano Juan José Flores, cuyo Jefe Supremo era el terrateniente guayaquileño Vicente Rocafuerte; el ejército de la Sierra, comandado por el novogranadino Isidoro Barriga, cuyo Jefe Supremo era el terrateniente lojano José Félix Valdivieso. Rocafuerte era un ilustrado liberal; Valdivieso, un redomado conservador.

Venció el ejército de la Costa en Miñarica. (El poeta José Joaquín Olmedo cantó este triunfo militar en su “Oda al general Flores, vencedor en Miñarica” -obra que Marcelino Menéndez Pelayo considera en varios aspectos superior a su “Canto a Bolívar”). El bando perdedor (unas 800 personas) huyó al norte. Y fueron dos los efectos de su derrota: proclamar la muerte del Estado del Ecuador y pretender la agregación de la provincia de Quito (de la Sierra Centro-Norte) a la Nueva Granada (que era el nombre de Colombia por aquellos años).  

Que cuente este descalabro el historiador quiteño Jorge Salvador Lara: “En Tulcán, presididos por el general Matheu, decretaron la anexión a Nueva Granada; el odio político les llevó a traicionar sus ideales de siempre: la autonomía de Quito. Don Roberto Ascázubi, comisionado para ello, pasó por la vergüenza de que el gobierno de Bogotá rechazase tal acta”. Lo que se dice: un papelón.

Por esta derrota del ejército de la Sierra en Miñarica, recuerda Salvador Lara: “La Sierra debió pagar 100.000 pesos como contribución de guerra”. Una vez concluido el papelón de su fallida agregación a Colombia y pagada la contribución de guerra, los serranos se volvieron a integrar a la vida política del Ecuador.

Por su parte, el bando triunfador en la guerra civil, por intermedio del Jefe Supremo Rocafuerte, convocó a una convención nacional a realizarse en junio de 1835. La convención se instaló en Ambato y empezó sus sesiones el 22 de junio. Su Presidente fue el abogado José Joaquín Olmedo. (Después de cantar Miñarica, Olmedo se propuso darle forma jurídica a la victoria.)

En esta Convención de Ambato participaron los representantes de los tres departamentos (las antiguas provincias españolas de Guayaquil, Cuenca y Quito) que se habían reunido en el Congreso Constituyente de Riobamba para fundar el Estado del Ecuador en 1830, cuando aquel Ecuador pretendió ser una parte “confederada” a la República de Colombia. 

Esta vez fue distinto: los representantes aprobaron en la Constitución la existencia de un Estado independiente, sin confederación de ningún tipo, de nombre “República del Ecuador”. Y designaron el 8 de agosto al primer “Presidente de la República del Ecuador” en la persona del Jefe Supremo vencedor en la guerra civil, Vicente Rocafuerte. Cinco días después, el 13 de agosto de 1835, Rocafuerte puso el Ejecútese a la Constitución. Desde ese día, somos la “República del Ecuador”.  

Y lo fuimos, por una guerra civil.

La caída

19 de diciembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 19 de diciembre de 2025.

El 17 de diciembre de 1819 empezó, en Angostura, el largo camino para la forja de un Estado gigante de dos millones y medio de kilómetros cuadrados, con salida a dos océanos y riquezas sin cuento, de nombre República de Colombia (apodada “la Gran”). Aquel día, a instancias del Presidente Simón Bolívar, el Congreso reunido en Angostura decidió crear por una ley la República de Colombia. Su artículo primero decía: “Las Repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola bajo el título glorioso de República de Colombia”. 

Se quería una Constitución para esta República de Colombia: entre mayo y octubre de 1821 se reunieron en la Villa del Rosario de Cúcuta 57 representantes de Venezuela y la Nueva Granada para su aprobación (sin figurar entre estos representantes ningún quiteño, cuencano o guayaquileño, pese a lo cual sus territorios fueron agregados a Colombia). La Constitución de Cúcuta se aprobó el 30 de agosto y su Ejecútese lo puso el Presidente Bolívar el 6 de octubre.

La República de Colombia regida por la Constitución de Cúcuta estaba compuesta por los distritos Norte, Centro y Sur, correspondientes a las actuales Venezuela, Colombia y Ecuador. Esta Constitución rigió hasta la dictadura de Bolívar en 1828 y se extinguió de manera definitiva en 1830. 

Aquel año 1830 se trizó el sueño bolivariano, y faltando catorce días para acabarse el año, se murió el propio Bolívar. Desde 1830, cada distrito colombiano se fue por la suya.

En el Distrito del Norte (la capitanía general de Venezuela) se convocó el 13 de enero de 1830 a un Congreso Constituyente en Valencia. Su resultado fue la primera Constitución de Venezuela, en vigor desde el 24 de septiembre. Venezuela vivía un ambiente antibolivariano, al punto de que se supeditaron las conversaciones diplomáticas con Colombia a que Bolívar no se encuentre en territorio colombiano.

En el Distrito del Sur (la Audiencia de Quito, o mejor dicho, una porción de ella) se convocó el 31 de mayo a un Congreso Constituyente en Riobamba, donde era equidistante para las tres capitales de los departamentos (Ecuador, Guayaquil, Azuay) que componían el distrito. Su resultado fue la primera Constitución del Ecuador, en vigor desde el 23 de septiembre. En el Ecuador se invitó a Bolívar a que venga a gobernar estos territorios, pero Bolívar no aceptó.

En el Distrito del Centro (el virreinato de la Nueva Granada, incluyendo una porción de la Audiencia de Quito) se realizó en 1830 un Congreso en Bogotá (convocado por Simón Bolívar el 24 de diciembre de 1828) que dictó una nueva Constitución, en vigor desde el 5 de mayo.

Así, en 1830 cada distrito de la Gran Colombia tomó su propio camino y armó su propia Constitución. Murió el sueño bolivariano y toma sentido, entonces, la célebre frase de Simón Bolívar, escrita al final de sus días: “el que sirve una revolución, ara en el mar”.

Murió Bolívar en Colombia (cuando ya no era “La Gran”), en las cercanías de Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Once años exactos después de haber empezado en Angostura, como el flamante Presidente de una Colombia gigante, el recorrido de un largo camino para ver finalmente trizado su sueño y morir decepcionado.  

23 de septiembre

26 de septiembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 26 de septiembre de 2025.

Nadie lo recordó: hace tres días se cumplieron 195 años del día en que el militar venezolano Juan José Flores puso el Ejecútese a la Constitución del Estado del Ecuador. Este 23 de septiembre pasó sin celebración oficial de ningún tipo, sin reconocimiento ni recordación, realmente sin importancia alguna. Sin pena ni gloria, como todo otro 23 de septiembre.

Pero el 23 de septiembre de 1830 entró en vigor la primera Constitución del Estado del Ecuador, aprobada por un Congreso Constituyente reunido en Riobamba; en consecuencia, aquel fue el día que el Estado del Ecuador entró a participar del concierto de las naciones. Formalmente, el 23 de septiembre es la fecha de fundación del Estado.  

Porque no puede ser la fecha de fundación del Estado ecuatoriano el 10 de agosto de 1809 quiteño ni el 9 de octubre de 1820 guayaquileño, por la sencilla razón de que en aquellos años el Ecuador únicamente existía en minúscula: “ecuador” era la línea imaginaria que partía al mundo por la mitad. “Ecuador”, para definir a un territorio, es una invención posterior.

Tampoco puede ser la fecha de fundación del Estado ecuatoriano el 24 de mayo de 1822, porque ese día el ejército patriota triunfó en la batalla del volcán Pichincha e independizó a la provincia de Quito del reino de España, pero para enseguida incorporarla a la República de Colombia. Esta agregación es el momento de la invención del término “Ecuador” para definir a un territorio. 

El militar venezolano Simón Bolívar utilizó el término “Ecuador” para denominar al departamento de la República de Colombia en que se convirtió la antigua provincia española de Quito. Entre 1822 y 1830 el departamento del Ecuador, en conjunto con los departamentos de Guayaquil y del Azuay, conformaron el distrito del Sur de la República de Colombia.  

En mayo de 1830, este distrito del Sur compuesto de tres departamentos se separó de la República de Colombia. Se convocó al Congreso Constituyente en Riobamba, veinte diputados redactaron una Constitución de 75 artículos (incluidas dos disposiciones transitorias) y el general Flores puso a esta Constitución en vigor el 23 de septiembre. Desde ese día, el término “Ecuador” abarcó un territorio que, según el artículo 1 de la Constitución, comprendía a los tres departamentos que habían sido de la República de Colombia “formando un solo cuerpo independiente con el nombre de Estado del Ecuador”.

Según el artículo 2 de la Constitución, este Estado del Ecuador se consideraba parte de una confederación “con los demás Estados de Colombia, para formar una sola Nación con el nombre de República de Colombia” (los otros dos Estados de Colombia eran sus antiguos distritos del Centro y del Norte, correspondientes a las actuales Colombia y Venezuela). En su artículo 3, la Constitución del Ecuador supeditaba a la decisión “de un Colegio de Plenipotenciarios de todos los Estados” la fijación de “los límites, mutuas obligaciones, derechos y relaciones nacionales de todos los Estados de la Unión” (Este Colegio de Plenipotenciarios jamás se reunió). Un Estado raro, pero Estado al fin.

En todo caso, lo indiscutible es que el 23 de septiembre de 1830 se fundó el Estado del Ecuador. Aunque nadie lo recuerde.

Historia de dos amigos guayaquileños

19 de septiembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 19 de septiembre de 2025.

José Joaquín Olmedo y Vicente Rocafuerte fueron guayaquileños y contemporáneos, nacido el primero en 1780 y el segundo en 1783. Fueron ilustrados y fueron amigos, que participaron en la lucha por la independencia de los territorios americanos del Reino de España y que terminaron por fundar, en 1835, la República del Ecuador. 

Hasta llegar a este momento de fundación de la República del Ecuador, Olmedo y Rocafuerte tuvieron unas trayectorias similares: ambos integraron las Cortes de Cádiz en el Reino de España (Rocafuerte únicamente por un breve período en 1814, mientras que Olmedo fue parte de las Cortes entre 1811 y 1814, año de su disolución por decisión del rey Fernando VII), ambos formaron parte del Cabildo de Guayaquil, ambos viajaron por varios países de América y de Europa, y ambos fueron representantes en Europa de un nuevo Estado americano (Rocafuerte de México, Olmedo del Perú). 

Las trayectorias de Olmedo y Rocafuerte también tienen sus diferencias. Entre 1819 y 1833, años en los que Rocafuerte vivió en el exterior, Olmedo tuvo una agitada vida en su territorio natal. En 1820, fue elegido el primer jefe civil del Guayaquil independiente y republicano. Olmedo gobernó la Provincia Libre de Guayaquil como presidente de una Junta Superior de Gobierno entre 1820 y 1822, hasta la ocupación militar de la provincia comandada por el general Simón Bolívar en julio de 1822. 

Como presidente de la Junta Superior de Gobierno, Olmedo procuró la independencia de los demás territorios que pertenecieron a la Audiencia de Quito. Tras la batalla del Pichincha, la Junta presidida por Olmedo publicó el 9 de junio de 1822 una proclama, en la que se leía: “Cuando nos propusimos ser libres, no podíamos dejar gemir en la opresión a los pueblos que nos rodeaban”. Y en esta proclama se reconoció que los esfuerzos de Guayaquil habían sido coronados por el éxito: “Guayaquileños: Quito es ya libre: vuestros votos están cumplidos”. 

Años después, en 1830, Olmedo participó como diputado en el Congreso Constituyente que reunió a veinte adinerados varones en Riobamba con el propósito de fundar un Estado con el disparatado nombre de “Estado del Ecuador en la República de Colombia”. Olmedo fue parte de la comisión que redactó la Constitución y fue nombrado su primer Vicepresidente, cargo al que renunció el año siguiente. 

En 1833 volvió Rocafuerte a Guayaquil. Por aquel entonces, Olmedo estaba dedicado a sus asuntos privados, pero no lo estaría por mucho tiempo. La vorágine de los acontecimientos del trienio 1833-1835 desembocó en una guerra civil que parió una república. 

Rocafuerte fue el Jefe Supremo triunfante en la guerra civil, tras la victoria de su ejército en la batalla de Miñarica. Convocó a una convención nacional, que fue presidida por Olmedo. Esta convención, reunida en Ambato, aprobó la Constitución que originó la República del Ecuador y que lo designó a Vicente Rocafuerte como su primer Presidente Constitucional. El Ejecútese de Rocafuerte a esta Constitución que Olmedo contribuyó a redactar con su guía y pluma, fue dado el 13 de agosto de 1835. Ese día nació la República del Ecuador.  

Fue un largo viaje de dos amigos en la vida pública, hasta concretar una república.

Capital Riobamba

21 de marzo de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 21 de febrero de 2025.

En sus orígenes, el Estado del Ecuador se pudo organizar de una manera distinta. Y tal vez mejor, a efectos de la gobernanza del territorio.

En 1830, el naciente Estado del Ecuador pretendió ser la reunión de cuatro departamentos que integraron la República de Colombia: Cauca (en el distrito del centro), Quito, Cuenca y Guayaquil (en el distrito del sur). A la convención nacional que fundó el Estado en 1830, celebrada en Riobamba, sólo asistieron los representantes del distrito del Sur.

Pero el 20 de diciembre de 1830, el presidente del Estado del Ecuador en ejercicio del poder desde septiembre, Juan José Flores, decretó la anexión del departamento del Cauca al Estado que él gobernaba. Al año siguiente, el 7 de octubre, el primer congreso ordinario del Ecuador, en comunión con lo decidido por el presidente, aprobó una ley que anexaba el departamento del Cauca al Estado del Ecuador. 

Pero la idea de sumar los territorios al Norte del río Carchi (el límite Sur del distrito del centro) se perdió para siempre tras la guerra con Colombia que concluyó con la firma del Tratado de Pasto el 8 de diciembre de 1832 y que mató el sueño de reunir a los cuatro departamentos. El departamento del Cauca quedó donde Colombia (en esa época: Nueva Granada) quería. 

Los tres departamentos que quedaron, como lo especificó uno de los veinte varones que se reunieron en la primera convención nacional de 1830, José Joaquín Olmedo, se encontraban en una “reunión accidental” y por eso ningún departamento tenía primacía sobre otro y todos participaban en las cámaras de representantes y en los senados con igual representación (así funcionó hasta la Constitución de 1861). Esta convención otorgó el 21 de septiembre de 1830 por decreto la capitalidad del nuevo Estado a Quito, sede de una antigua audiencia española.

A partir de la pérdida de las aspiraciones a los territorios del Norte en 1832, Quito perdió la posibilidad de ser un gobierno central (quiero decir: ubicado en un centro aproximado, como en los tiempos en que fue sede de una audiencia) para el territorio del Estado del Ecuador. La derrota en la guerra con Colombia la convirtió en una capital excéntrica para el resultante territorio.  

En la convención nacional de 1835 que parió una república, celebrada en Ambato, se discutió si la capital del Estado del Ecuador debía ser Riobamba. Tenía la misma lógica que tenía Quito para su territorio audiencial en los tiempos de la dominación española: Riobamba era céntrica para el territorio del Estado tras el Tratado de Pasto. Tenía un timbre de orgullo por haber sido la sede de la convención que originó el Estado del Ecuador y se situaba equidistante a las capitales de los departamentos (que fue la razón por la que los venezolanos Flores y Febres-Cordero escogieron a Riobamba como sede de la convención nacional de 1830). 

La elección de Riobamba como capital del Ecuador era un idóneo diseño institucional para desactivar la primacía administrativa de una de las tres capitales departamentales y recuperar la centralidad para una administración más eficaz del Estado.  

La moción para debate la presentó un diputado por Chimborazo, Uscátegui. Se suspendió el debate y jamás se lo retomó. 

La primera Constitución y los indígenas

14 de marzo de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 14 de marzo de 2025.

Una explotación intensa y sistemática a los indígenas: esto fue lo que produjo la primera Constitución que rigió en el territorio del Estado ecuatoriano.

En 1830, la primera Constitución que se aprobó en Riobamba el 11 de septiembre por veinte varones adinerados (ningún indígena, por supuesto) decía en su artículo 11 que era un derecho de los ecuatorianos la “igualdad ante la ley”, pero en su artículo 68 establecía una clara desigualdad: “Este Congreso Constituyente nombra a los venerables curas párrocos por tutores y padres naturales de los indígenas, excitando su ministerio de caridad en favor de esta clase inocente, abyecta y miserable”. 

Este trato diferenciado que la norma fundamental estableció para los indígenas, en el marco de una supuesta igualdad, los situaba aparte de la naciente “ecuatorianidad” que postulaba la Constitución de 1830 (pues en la república siguen siendo percibidos por la élite política como los conquistados del territorio). Por eso la Constitución de 1830 consideró a los indígenas en situación de capitis deminutio y nombró como su tutor y su padre natural a “curas párrocos” de ese pilar fundamental de la conquista y la dominación española: la iglesia católica. 

La primera Constitución estableció que en el Estado del Ecuador había un único ministerio, que lo ocupó el lojano José Félix Valdivieso Valdivieso, el primer ecuatoriano (un natural del territorio de la Audiencia de Quito) que fue designado para el ejercicio de un cargo público en la Función Ejecutiva (tras el Presidente y el Secretario General, cargos ambos ocupados por venezolanos). Valdivieso era hijo de una Valdivieso Valdivieso, y estaba casado con otra Valdivieso. Según un registro de la época, era el propietario de 34 haciendas, repartidas a lo largo del callejón interandino. (Endogamia y grandes fortunas: una fórmula socorrida en la élite de la Sierra ecuatoriana.)

El primer informe del ministro Valdivieso listó cuatro fuentes de riqueza para el Ecuador que nació en 1830: los productos agrícolas, la minería, la industria y, de manera singular, a los indígenas.

Es decir, los indígenas eran ecuatorianos, pero a efectos de sostener la administración pública del Estado. Ese mismo Estado que los colocaba bajo el control de los curas católicos, les cobraba a los indígenas un tributo (la llamada “contribución especial de indígenas”) de tres pesos y cuatro reales, que se debía pagar en junio y diciembre de cada año por el solo hecho de ser indígena. Esta “contribución especial” subsistió hasta el año 1857.  

El ministro Valdivieso firmó una circular el 18 de noviembre de 1831, por la que obligaba a los indígenas “a cumplir religiosamente con las calidades del concierto”, es decir, a cumplir con el trabajo forzado en las haciendas. El naciente Ecuador organizaba su territorio para la mayor explotación de uno de sus recursos.

Así, la creación del Ecuador en 1830 avanzó hacia una explotación más intensa y sistemática de los pueblos sometidos por la conquista del siglo XVI, a mayor beneficio de un Estado que en 1830 excitaba el “ministerio de caridad” de los curas a favor de esta “clase inocente, abyecta y miserable”.

Esto es nacer con las pesadas losas del pasado encima.

El Sur de Colombia

1 de noviembre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 1 de noviembre de 2024.

“Conciudadanos: Mostraos dignos de representar al Sur. Dadnos un gobierno querido de los pueblos y una constitución liberal”. Así concluyó el general venezolano Juan José Flores su intervención dirigida a dieciséis varones reunidos el 14 de agosto de 1830 para la instalación de un Congreso Constituyente cuyo propósito era fundar un Estado. El título del acta que se levantó en aquella ocasión explica bien el porqué del mencionado punto cardinal: “Acta de Instalación del Congreso Constituyente del Sur de Colombia”. 

A inicios de 1830, el general Juan José Flores tenía el cargo de “Prefecto General del Distrito del Sur de la República de Colombia”. Este distrito estaba compuesto por tres departamentos: Ecuador, cuya capital era Quito; Azuay, cuya capital era Cuenca; y Guayaquil, cuya capital ostentaba el mismo nombre. 

A partir de la pacífica secesión del Distrito del Sur el 13 de mayo de 1830, Flores adoptó un nuevo cargo: “Jefe de la Administración del Estado del Sur de Colombia”. Este territorio que se segregó de la República de Colombia se convirtió en un territorio independiente, pero siguió siendo un territorio “del Sur”. Y aunque se había segregado de ella, Colombia seguía presente en el nombre del nuevo Estado.  

El tránsito del “Estado del Sur” a un nuevo Estado que se iba a llamar “del Ecuador” fue la obra de unos extranjeros provenientes del Distrito del Norte de la República de Colombia: el general Flores, en asocio con otro venezolano, Esteban Febres-Cordero, marcaron la hoja de ruta para su creación. En su primer decreto como Jefe de la Administración, Flores lo designó Secretario General del Estado del Sur de Colombia a Febres-Cordero, y ambos convocaron el 31 de mayo a un Congreso Constituyente y dictaron la normativa que iba a regular la elección de los representantes a dicho congreso, que se debió reunir el 10 de agosto de 1830 en una ciudad más o menos equidistante a las capitales de los departamentos. 

Esa ciudad equidistante fue Riobamba. Y se le pagaba a cada uno de los representantes según la distancia en leguas que debían recorrer para llegar a ella, a razón de un peso por cada legua. 

Ni por la paga, los representantes del Sur llegaron a tiempo a la cita. Finalmente se reunieron dieciséis de los veintiún representantes elegidos (siete por cada departamento) el sábado 14 de agosto de 1830. Ese día sábado, el Jefe de la Administración empezó su discurso a los representantes con las siguientes palabras: “Me congratulo con el Sur y con vosotros por la instalación del Congreso, fuente de la voluntad general y árbitro de los destinos del Estado”.

La voluntad general quiso que el 11 de septiembre de 1830 se apruebe la Constitución del nuevo Estado. No fue más “del Sur” pero conservó en su nombre a Colombia, pues pasó a llamarse “Estado del Ecuador en la República de Colombia”. Según el artículo 2 de su Constitución, su plan era unirse y confederarse con los otros dos distritos del Centro y del Norte (que hoy son Colombia y Venezuela) para la conformación de “una sola Nación con el nombre de República de Colombia”.

El término “Colombia” desapareció de su nombre tras adoptarse la siguiente Constitución del Estado, el 13 de agosto de 1835.

León y Larrea: la crítica de uno de los suyos

26 de julio de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 26 de julio de 2024.

El artículo sobre la filosofía ecuatoriana en el libro ‘100 años de filosofía en Hispanoamérica’, escrito por Fernando Tinajero, describió la emergencia de una “ideología de la cultura nacional” a mediados del siglo pasado, la que se definía por la existencia de “una nación ‘natural’ que tenía una identidad inconfundible y sin fisuras y se expresaba por medio de una cultura cuyo vehículo indiscutible era la lengua castellana”. Tinajero no la considera “una ideología cualquiera, sino la de mayor y más larga vigencia en la sociedad ecuatoriana”.

En esta “ideología de la cultura nacional”, a los indios “no se los consideró un conjunto de pueblos distintos, dueños de identidades y culturas propias, sino una clase explotada cuyas condiciones de miseria los había convertido en un lastre que impedía el anhelado ‘progreso’”. Así, en el mejor de los casos, con este marco ideológico, “los indios podían ser objeto de una política de asimilación y blanqueamiento”. El riobambeño León y Larrea hubiera dicho que no, que el blanqueamiento era el problema.

En la Biblioteca Mínima Ecuatoriana, editada en 1960, el tomo “Prosistas de la Colonia” contiene un discurso de Juan de León y Larrea (a mayores señas un riobambeño blanco que vivió a fines del siglo dieciocho) en el que defiende a los indios mediante un ataque a los blancos. El discurso de León y Larrea se titula “Sobre la injusta dominación de los indios, es decir el maltrato que hacemos de estos individuos de nuestra misma naturaleza”.

Empieza por defender León y Larrea al indio de la acusación de embriaguez, no porque el indio no sea borracho sino porque el blanco es peor: “Los vinos generosos, las mistelas dulces, los rossolis, los ponches, las que llaman tumbagas, la chicha misma, se bebe a mares, ya se hace gala la embriaguez, ya no se ven por las calles sino hombres beodos, perdida la noble parte de la racionalidad”.

Sobre la acusación de ociosidad, además de desmentirla para el indio, León y Larrea se la imputa al blanco. Dice él: “Veamos ahora, las ocupaciones de los blancos: la mesa, el paseo, el baile, el juego, los espectáculos, son los más de los días su más seria ocupación, y muchos de ellos en menos, pues no hacen nada; proyectistas, elocuentes de boca, pero nada en la práctica”.

Y ya se jode la Francia cuando León y Larrea se refiere a los vicios del indio en los poblados de los blancos (porque en tiempos coloniales, los indios fueron reducidos a vivir en espacios diferenciados que pasaron a la historia como “república de los indios”) y dice que allí los indios “son voluptuosos, estos mienten y trampean, estos engañan, estos roban, pero, ¿por qué?”, y se responde que ello es por una razón obvia: “por la unión con los blancos. Por experiencia, los que no tienen tal comercio, los que viven en los retiros, en los páramos, son unos hombres sencillos, humildes, de buena ley, y con excelentes virtudes morales”. Según León y Larrea, son los blancos los que los pervirtieron.

Y, claro, fue el fruto de la conquista: cruzaron el Océano Atlántico para ocupar el territorio de los indios y convertirlos en mano de obra barata, al menos en la diáfana opinión de León y Larrea, al servicio de beodos y proyectistas.

Historia de dos amigos

10 de mayo de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 10 de mayo de 2024.

Flores y Febres-Cordero, venezolanos, señalaron el camino a seguir para forjar un nuevo Estado en el concierto de las naciones sudamericanas. El 13 de mayo de 1830, el general Juan José Flores, hasta entonces el Prefecto del Distrito del Sur de Colombia, fue designado por representantes del departamento del Ecuador como la máxima autoridad de un nuevo Estado en formación, ostentando el singular nombre de Jefe de la Administración del Estado del Sur de Colombia.

Este Estado era apenas otro nombre para lo que se conoció como el Distrito del Sur de la República de Colombia. El Distrito del Sur, por ley colombiana de 1824, se dividió en tres departamentos: Azuay, Guayaquil y Ecuador (que fue el nombre que impuso Bolívar para reemplazar Quito). El departamento del Ecuador consintió integrar un nuevo Estado el 13 de mayo. El 19 lo hizo Guayaquil, y el 20, Azuay. 

Con el consentimiento de los departamentos, el 31 de mayo de 1830 el Jefe de la Administración del Estado del Sur de Colombia emitió su primer decreto, que fue designar como su Secretario General al venezolano Esteban Febres-Cordero. Hecho esto, emitió dos decretos, firmados por Flores y Febres-Cordero, en el que estos venezolanos marcaron la hoja de ruta para tener un Estado en unos cuatro meses, aproximadamente. Ellos convocaron a un Congreso Constituyente para regular el funcionamiento del nuevo Estado mediante la aprobación de una Constitución y demás normativa.

El plan de estos extranjeros fue simple: reglaron las elecciones de siete representantes por departamento, establecieron un lugar más o menos equidistante a sus capitales y ofrecieron pagar a cada uno de los representantes según la distancia en leguas que haya tenido que recorrer para cumplir su destino. El lugar más o menos equidistante a Guayaquil, Quito y Cuenca fue Riobamba y la cantidad a pagar era un peso por cada legua de recorrido para llegar a esa ciudad (ida y vuelta). 

La hoja de ruta diseñada por los venezolanos imponía que el Congreso Constituyente se tenía que reunir el 10 de agosto de 1830. Ni por el incentivo de un pago los representantes llegaron a tiempo, pues las sesiones empezaron recién el 14 de agosto.

No había pasado un mes de su instalación, el 11 de septiembre, cuando el Congreso Constituyente produjo una Constitución. Fue un bodrio conservador que postulaba al nuevo Estado como parte de una delirante República de Colombia y que consideraba a los indios una raza “abyecta y miserable” que debía someterse al tutelaje de los sacerdotes (el primer Ministro de Hacienda, en un informe de labores, consideró a los “indígenas” como una de las “fuentes de riqueza” del Estado -las otras eran la agricultura, las minas y la industria).

Lo que empezó un 31 de mayo concluyó 115 días después, el 23 de septiembre, cuando el Congreso Constituyente designó Presidente del nuevo Estado a Juan José Flores y él puso el Ejecútese a la Constitución. Ese 1830, Flores lo empezó como Prefecto de un distrito colombiano, pasó a ser el Jefe de la Administración de un Estado provisorio y terminó por ser el primer Presidente de un nuevo Estado. 

El plan diseñado por los venezolanos funcionó: hubo nuevo Estado y uno de ellos fue su Presidente.

La Constitución de 1812

1 de diciembre de 2023

        Publicado en diario Expreso el 1 de diciembre de 2023.

En manuales de historia constitucional ecuatoriana se puede hallar el siguiente anacronismo: la primera Constitución del Ecuador fue la quiteña de 1812. Ello es un imposible lógico, porque en 1812 un territorio llamado Ecuador no existía.

Para explicar este anacronismo es necesario que se entienda el contexto. El Quito insurgente empezó el 10 de agosto de 1809 y culminó el 1 de diciembre de 1812 con el fusilamiento de los últimos patriotas a la vera de la laguna de Yahuarcocha. Este Quito jamás pretendió que el pacto constitucional que redactó durante su período de insurgencia, a inicios de 1812, se aplique en otra parte como no sea el territorio de su provincia, con exclusión del territorio de las provincias vecinas (Popayán, Cuenca, Guayaquil).

Entonces, dado el imposible lógico de ser una Constitución ecuatoriana, hay que precisar lo que sí fue: una Constitución para la provincia española de Quito, ascendida a Estado. Véase a este respecto su artículo 1: “Las ocho Provincias libres representadas en este Congreso, y unidas indisolublemente desde ahora más que nunca, formarán para siempre el Estado de Quito”. Estas provincias, todas andinas y unidas “más que nunca” y “para siempre”, se extendían desde Otavalo en el Norte hasta Riobamba en el Sur. Tal ámbito territorial, curiosamente, se corresponde con el territorio que quedó de la que fue la provincia española de Quito, tras la firma del Tratado de Pasto de 1832.

Dicho territorio tiene una explicación histórica. En agosto de 1809, la insurgencia quiteña buscó que las provincias vecinas se integren a la provincia de Quito y la reconozcan como la cabeza administrativa de un extenso territorio. Las provincias vecinas resistieron tal pretensión quiteña y el episodio terminó en la matanza de los líderes de la insurgencia y de cientos de otras personas el 2 de agosto de 1810. Al poco tiempo, Quito se cortó sola y no buscaría más integrar otros territorios al suyo. De alguna manera, la Constitución de 1812 es un reconocimiento de la derrota de 1809-1810.  

Es un hecho que la Constitución de Quito no pensó a este nuevo Estado como un Estado independiente. Como evidencia consta su artículo 5, que se redactó “[e]n prueba de su antiguo amor, y fidelidad constante a sus antiguos Reyes” y donde se reconoce a Fernando VII, rey de España, como “su Monarca”, siempre que se libere de la dominación francesa (lo que finalmente ocurrió en 1814). Es decir, no fue (ni podía ser) ecuatoriana, ni tampoco fue la Constitución de un Estado desligado de España.

Y como dato anecdótico, la mentada Constitución fue un fracaso. Lo explica bien el historiador quiteño Carlos de la Torre: “Desgraciadamente, las funciones del Congreso [de 1812] se entorpecieron debido a la rivalidad entre sanchistas y montufaristas que en esta época llegó a extremos de increíble hostilidad, hasta tal punto que el bando encabezado por Villa Orellana se separó [y] los sanchistas abandonar[o]n la Capital el 24 de febrero y constituyer[o]n un cuerpo soberano disidente en Latacunga”. Así, la unión “más que nunca” y “para siempre” no duró ni las sesiones del Congreso que produjo la Constitución.

Ni ecuatoriana, ni independiente de España, ni tan siquiera funcionó.

Cuando Quito ganó

22 de septiembre de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 22 de septiembre de 2023.

En Europa, el año 1808, España fue tomada por la Francia de Napoleón Bonaparte, quien colocó a su hermano José como rey de España (José I). Esta ocupación provocó el inicio de la que en España se conoce como “Guerra de la independencia”. El 25 de mayo de 1808 apareció, en Asturias, una primera Junta, como una expresión de resistencia a la ocupación francesa. El ejemplo de la Junta de Asturias se multiplicó en la España peninsular.

Algunos territorios ultramarinos de España aprovecharon la oportunidad para constituir su Junta. La de Quito no fue la primera: en septiembre de 1808 se instaló una en Montevideo y en 1809 se instalaron otras en La Plata (en mayo) y en La Paz (en julio). En agosto de 1809 Quito hizo la suya. Su origen lo ha explicado bien el historiador Jaime E. Rodríguez: “Puesto que Quito era uno de los reinos del monarca tenía tanto derecho como Asturias para establecer una junta de gobierno”.  

Con la instalación de la Junta de Quito se quiso imponer una primacía administrativa sobre las provincias vecinas de Popayán, Cuenca y Guayaquil. Quito quiso fungir como una capital de facto de todo el territorio, pues desde la Junta de Quito se ordenó la destitución de las autoridades de las provincias vecinas y se dispuso que se debía posesionar en ellas unas autoridades nombradas en Quito. La Junta de Quito envió sendos delegados para explicar los hechos en las provincias de Popayán, Cuenca y Guayaquil, pero ninguno de ellos fue bien recibido; también enviaron tropas, cuando se sintieron fuertes como para imponerse. Pero perdieron.   

Entre agosto de 1809 y el agosto siguiente, las provincias vecinas le encajaron a Quito una paliza épica. Le tumbaron la Junta, recibió tropas de ocupación, juzgaron a sus líderes y, finalmente, el 2 de agosto de 1810, mataron a muchos de ellos y (algunos calculan) también a alrededor del 1% de la población de la ciudad. Su intento de primacía fue un fracaso. 

Pasados veinte años (entre ellos, ocho en Colombia), en 1830, dos de las tres provincias que habían guerreado contra la Junta de Quito y su pretendida primacía de 1809 (Guayaquil y Cuenca, que durante los tiempos colombianos fueron “Departamento de Guayaquil” y “Departamento del Azuay”) decidieron unirse con la provincia de Quito (llamada por Colombia “Departamento del Ecuador”) para formar un nuevo Estado en Sudamérica. La secesión del “Distrito del Sur” de Colombia (compuesto por estos tres departamentos) empezó a conocerse, tras un Congreso Constituyente, como el “Estado del Ecuador”. Su primera Constitución rigió desde el 23 de septiembre de 1830.

Salvo por la provincia de Popayán, que se quedó en Colombia, la provincia de Quito pudo en 1830 hacer realidad su pretensión de 1809 de tener una primacía sobre las provincias vecinas. En esta ocasión, Quito se convirtió en la capital de jure del nuevo territorio, por disponerlo una norma considerada por Juan Larrea Holguín como la “de mayor duración hasta hoy en el país”. 

El 21 de septiembre de 1830, el Congreso Constituyente reunido en Riobamba aprobó un decreto cuyo artículo primero prescribió: “La Capital del Estado Ecuatoriano será siempre é irrevocablemente la ciudad de Quito”. 

Ahí fue cuando Quito ganó.

Olmedo postrero

10 de marzo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 10 de marzo de 2023.

Antes de que exista el Estado del Ecuador, el guayaquileño José Joaquín de Olmedo había sido diputado constitucional en España en 1811-1812, en Perú en 1823, y en Guayaquil. En este último territorio, cuando se independizó de España en octubre de 1820, él fue su primer jefe civil de gobierno y (salvo por un breve paréntesis) gobernó el territorio como su máxima autoridad hasta que el militar venezolano Simón Bolívar, manu militari, sometió a Guayaquil al régimen colombiano en julio de 1822. 

Mientras gobernaba Guayaquil, el 18 de octubre de 1821, el líder civil Olmedo le escribió al militar venezolano Antonio José de Sucre, quien había sido el enviado por Simón Bolívar para lograr la independencia de los territorios del Sur de Colombia todavía sujetos a España: “Mis males crecen cada día, y ya necesito no sólo de reposo, sino de inacción por algunos meses para restablecerme. (…) Yo no he nacido para este puesto: el retiro, la soledad y la comunicación con las musas eran convenientes a mi genio y carácter; mandar, regir, moderar un pueblo y en revolución no es para mis fuerzas intelectuales y físicas”.

En 1830 y en Riobamba, Olmedo volvió a participar en una Asamblea que creó una Constitución. Olmedo fue diputado, parte de la comisión de redacción y Vicepresidente de esta Asamblea, que creó el Estado del Ecuador (Estado que, torpe e ilusoriamente, se quería confederado en la República de Colombia). En esta Asamblea, a Olmedo lo eligieron Vicepresidente del Estado. En 1831, Olmedo renunció a ese cargo. 

El desenlace de la batalla de Miñarica en enero de 1835 lo conminó a Olmedo a la poesía (con la composición de la “Oda a Miñarica” en homenaje al militar venezolano Juan José Flores) y a participar en una Asamblea que creó una Constitución, esta vez en Ambato. Olmedo fue designado Presidente de esta Asamblea. Ella redactó la Constitución que creó la República del Ecuador (ya sin la torpeza de pensarse como parte de una ilusoria República de Colombia) y nombró como primer Presidente de la naciente República al guayaquileño Vicente Rocafuerte.

En marzo de 1845, una revolución que se gestó en Guayaquil lo tuvo a Olmedo como triunviro de un gobierno provisional, que gobernó el Ecuador en conflicto con el Presidente Juan José Flores hasta que se concretó la salida de Flores del país, en junio de ese año. Este triunvirato gobernó hasta la entrega del poder en diciembre de 1845 a una Asamblea reunida en Cuenca. 

Olmedo fue entonces, por última vez, diputado a una Asamblea que creó una Constitución. Para esta época, José Joaquín de Olmedo estaba desencantado de la política ecuatoriana, pues se preguntaba con desdén en carta dirigida a un pariente: “¿Qué significarán estos nombres, patria, libertad, derechos del pueblo, convención, etc.?”.

Y unos días antes de morir, en carta del 31 de enero de 1847 dirigida a Andrés Bello, Olmedo le manifestó una crítica acerba sobre Simón Bolívar, quien había ocupado Guayaquil en 1822. De Bolívar, él dijo, “nos libró del yugo español, y nos dejó todos los desastres de las revoluciones”.

En esos días postreros debió pensar Olmedo que el joven Ecuador ejemplarizaba todos esos desastres. Murió casi enseguida, el 19 de febrero.  

Trámite y traición

24 de febrero de 2023

            Publicado en diario Expreso el 24 de febrero de 2023.

La creación del Estado del Ecuador fue un trámite, empezado en Quito. En mayo de 1830, el prefecto de uno de los tres distritos que componían la República de Colombia, el general venezolano Juan José Flores, aceptó la invitación de los notables del departamento del Ecuador (la antigua provincia española de Quito) para segregar este departamento de la República de Colombia.

El departamento del Ecuador era uno de los tres departamentos que componían el distrito que gobernaba el general Flores. Los otros dos departamentos, Guayaquil y Azuay (las antiguas provincias españolas de Guayaquil y Cuenca), también se segregaron de Colombia por la expresión de sus notables y se sumaron al departamento del Ecuador para constituir un nuevo Estado, que se llamó “Estado del Ecuador en la República de Colombia”, pues este nuevo Estado pensaba confederarse con los otros dos distritos (que hoy son Colombia y Venezuela) para conformar una República de Colombia.

Como el distrito segregado era el Distrito Sur de Colombia, a los venezolanos que impulsaron el trámite para la creación del nuevo Estado se les ocurrió que, por el verano de 1830, el territorio segregado se iba a llamar “Estado del Sur”. 

Las primeras autoridades de este “Estado del Sur” fueron dos venezolanos: el Jefe de la Administración del Estado del Sur, Juan José Flores, y Esteban Febres-Cordero. El primer decreto de Juan José Flores como Jefe de la Administración fue designar a su coterráneo Febres-Cordero como Secretario General. El segundo decreto, firmado por ambos, fue convocar a los ciudadanos “del Sur” a reunirse en Riobamba. La elección de esta ciudad fue una opción lógica dada su aproximada equidistancia a las capitales de los departamentos que iban a componer el nuevo Estado. 

El trámite siguió. La Convención reunida en Riobamba debió empezar sus sesiones el 10 de agosto, pero los diputados llegaron tarde. Se instalaron el 14 de agosto de 1830: en 45 días produjeron una Constitución, 15 leyes, 22 decretos y designaron como primer Presidente del Estado del Ecuador a quien había aprobado el inicio de este trámite de estatalidad, el venezolano Juan José Flores.

Un trámite nos hizo un Estado, pero la traición nos forjó como República. La Constitución de 1830 reconocía en sus artículos 38 al 41 la existencia de un único “Ministerio de Estado”. El Presidente Flores nombró como ese único Ministro a un hombre nacido en territorio ecuatoriano: el lojano José Félix Valdivieso.

Así, desde septiembre de 1830 empezó a operar el Estado del Ecuador, con Flores y Valdivieso a la cabeza del Estado. Para 1834, Valdivieso se había declarado Jefe Supremo del Ecuador, desafiando la Presidencia de Flores que él antes había servido. Esta situación derivó en la primera guerra civil ecuatoriana, resuelta el 19 de enero de 1835 en la batalla de Miñarica con la derrota del ejército del Jefe Supremo Valdivieso. 

De la derrota en la guerra civil de este funcionario traidor que trató de tumbar al Presidente al que sirvió y tras una Asamblea Constitucional reunida en Ambato, en agosto de 1835, surgió la República del Ecuador. Al fin, afirmando su estatalidad, ya sin la tara de creerse parte de una ilusoria República de Colombia.

Contra los blancos

12 de agosto de 2020


El tomo ‘Prosistas de la Colonia’, editado en la Biblioteca Mínima Ecuatoriana (Puebla, 1960), trae un sabroso discurso de Juan de León y Larrea, a mayores señas un riobambeño de fines del siglo XVII, en el que defiende a los indios mediante un ataque a los blancos. El discurso del friombabeño León y Larrea se titula ‘Sobre la injusta dominación de los indios, es decir el maltrato que hacemos de estos individuos de nuestra misma naturaleza’ (pp. 347-352). Y no tiene pérdida.

En la parte de sus pullas contra el zapallento, el buen León y Larrea defiende al indio de la acusación de embriaguez, no porque el indio no sea borracho, que lo es, sino porque el blanco es peor: ‘Los vinos generosos, las mistelas dulces, los rossolis, los ponches, las que llaman tumbagas, la chicha misma, se bebe a mares, ya se hace gala la embriaguez, ya no se ven por las calles sino hombres beodos, perdida la noble parte de la racionalidad…’.

Sobre la acusación de ociosidad, además de desmentirla para el indio, se la imputa al blanco. Dice León y Larrea: ‘Veamos ahora, las ocupaciones de los blancos: la mesa, el paseo, el baile, el juego, los espectáculos, son los más de los días su más seria ocupación, y muchos de ellos en menos, pues no hacen nada; proyectistas, elocuentes de boca, pero nada en la práctica’.

Y ya se pudre todo, cuando León y Larrea se refiere a los vicios del indio en los poblados de los blancos (porque en tiempos coloniales, los indios fueron reducidos a vivir en guettos que pasaron a la historia como ‘república de los indios’) y dice que los indios ‘son voluptuosos, estos mienten y trampean, estos engañan, estos roban, pero, ¿por qué?’ Eso ocurre, de acuerdo con el riobambeño León y Larrea, por una razón obvia: ‘por la unión con los blancos. Por experiencia, los que no tienen tal comercio, los que viven en los retiros, en los páramos, son unos hombres sencillos, humildes, de buena ley, y con excelentes virtudes morales’. Los blancos los jodieron.

Y, claro, no fuckin’ wonder: cruzaron el Océano Atlántico para ocupar su territorio y convertirlos en mano de obra barata para beodos y proyectistas de pálida piel. Les impusieron sus curas y su cruz.

Lo intuye León y Larrea, uno de su especie: el blanco, en la América hispana, fue la peste.

Aves y república

8 de agosto de 2017

Se puede decir que mientras ha habido aves en nuestro Escudo de Armas, ha habido (formalmente) república en el Ecuador. Tanto la representación de las aves en el Escudo como el atributo de república para este territorio provienen de un mismo año y de una misma convención: la celebrada en la ciudad de Ambato el año 1835 (1).

Entre 1830 y 1835 hubo un Escudo de Armas que esencialmente reprodujo aquel de la Gran Colombia (adoptado en el Congreso de Cúcuta de 1821), cuyo diseño se lo atribuye a José Fernández-Salvador, el presidente de nuestra primera convención constituyente, celebrada en Riobamba entre el 14 de agosto y el 28 de septiembre del año 1830 (2). Esta convención dio origen al Ecuador como un Estado independiente, mas no como república. Este último atributo le correspondía a Colombia porque Ecuador era, apenas, el “Estado del Ecuador en la República de Colombia”.

El Escudo de Armas entre 1830 y 1835. Nunca más volvería a no tener aves, desde lo decidido en Ambato.

Llegó 1835 y la segunda convención en Ambato. Desde entonces se colocaron dos aves en nuestro Escudo (en su descripción se aclara que eran “águilas”, no cóndores: esta ave de rapiña se enseñoreó en nuestro Escudo a partir de 1843) y se adoptó, por vez primera, el nombre de “República del Ecuador”.  

(1) Esta convención escogió al primer Presidente Constitucional nacido en el territorio del Ecuador, Vicente Rocafuerte.