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Ecuador, administrado por un dipsómano

13 de septiembre de 2021

Algunas decisiones condicionan la historia de un país. En el caso del que desde el año de N. S. de 1830 es el Estado del Ecuador, este condicionamiento ocurrió muy temprano, en agosto de 1534. El 28 de ese mes y año se fundó la villa de San Francisco de Quito, con el propósito de trasladarla 30 leguas al Norte para, sobre las ruinas de un poblado nativo llamado Quito, construir una nueva población sujeta al dominio de un Emperador europeo (1). Así, a Quito se la trasladó a una ubicación muy favorable para su defensa militar de los eventuales ataques de los nativos, pero muy mala para el intercambio comercial.

 

Durante el tiempo que fuimos una posesión de pálidos reyes, Quito ostentó muchos nativos para explotar pero muy escasa capacidad para llevar lejos el producto de la explotación de sus nativos. La geografía la condenaba. A Quito le habría convenido muchísimo la apertura de un camino por Esmeraldas para comunicarse de una forma más directa con Panamá, pero ello fue imposible por costo/beneficio y la resistencia de los nativos (v. ‘Esmeraldas no way’). Quito siempre pudo contar con Guayaquil como el puerto de salida para sus productos, pero el viaje de Quito a Guayaquil era un auténtico parto de los montes (2) y esto no cambió hasta que el ferrocarril acercó, en julio de 1908, a las dos ciudades. El Presidente que consiguió que ocurra este acercamiento histórico, Eloy Alfaro, murió en enero de 1912 en Quito, adonde él fue llevado, obviamente, en el ferrocarril. Lo que no resultaba tan obvio era que allá lo ultimen, lo arrastren, vejen su cadáver, le corten sus huevos y reduzcan su cuerpo a cenizas y fragmentos chamuscados en un parque de la franciscana ciudad (v. ‘Quito gore’, para este carnaval de sangre). Menos que obvio, esta macabra sucesión de hechos fue anómalamente brutal (3).

 

En los orígenes, ocurrió otro alejamiento entre Quito y Guayaquil, causado por las guerras entre los propios invasores europeos por el reparto de la rapiña. En 1547, la ciudad de Guayaquil trasladó su sitio de la margen derecha del río a su margen izquierda, a fin de poner río de por medio a las pretensiones de castigo de un tal Pedro de Puelles (v. ‘Los orígenes: Guayaquil se aleja de Quito’). A pesar de las protestas que Quito elevó a Lima, este alejamiento no varió (4). Tuvieron que pasar 423 años hasta que se lo salvó de una manera eficaz y moderna [!] con la construcción del llamado ‘Puente de la Unidad Nacional’, inaugurado en 1970 (5).

 

El territorio que sería el Ecuador empezó, entonces, con el pie izquierdo. En la misma llanura y en una misma quincena de agosto de 1534 se crearon las dos ciudades que serían las más importantes y populosas de la República del Ecuador, Quito y Guayaquil. En diciembre de 1534 se trasladó a la que sería la capital del Ecuador desde 1830, donde ella tendría dificultades casi insalvables para prosperar. Cuando en 1547 se asentó en la Costa la ciudad que debía ser el puerto para Quito, se lo hizo de manera tal de obstaculizar la comunicación de ese puerto con Quito. Y para peor, durante todo el tiempo en que la mal ubicada Quito fue parte del régimen pigmentocrático de un reino europeo, debió haber sido una de las ciudades donde el invasor europeo explotó de la manera más inmisericorde a los nativos que fueron sometidos en los tiempos de la conquista del territorio (6). A mayor inri, según uno de sus historiadores más reconocidos, en Quito, la administración pública se caracterizaba por la corrupción (7).

 

Durante el tiempo de los pálidos reyes centroeuropeos de la Casa Habsburgo (hasta 1700 aprox.), Quito conoció una situación algo boyante (8). Pero la llegada de la casa francesa Bourbon y sus reformas económicas del siglo XVIII la perjudicaron y causaron un declive tan brutal en su economía, que incluso sus clases altas tuvieron que rebajarse a la práctica del trueque (9). Ya en tiempos de la República del Ecuador, durante el gobierno del guayaquileño más quiteño de todos los tiempos, Gabriel García Moreno, el primer Embajador de los Estados Unidos en el Ecuador, Friedrich Hassaurek, se lamentó del misérrimo estado de Quito en un libro que escribió a partir de su experiencia diplomática: ‘En Quito existen otras carencias además de las de los hoteles: la escasez de baños y de letrinas, que no son consideradas como muebles necesarios en las residencias privadas. Este inconveniente ha hecho de Quito lo que ahora es –una de las capitales más sucias de toda la cristiandad’ (10). Cuando Hassaurek se refiere a la carencia de hoteles, es porque en Quito, capital de una República, no había uno solo.

 

Pero el hecho cierto es que aislada, paupérrima, explotadora inmisericorde de los nativos, sin una producción económica diversa y sin otro mercado que el suyo propio y el de los pintorescos pueblos de los alrededores, con todo en contra, de todas maneras Quito se erigió como la capital del nuevo Estado del Ecuador en 1830. Este hecho, registrado en el origen del Ecuador, condicionó su desarrollo. Fue, se podría decir, lo que correspondía por la historia, habiendo sido Quito la capital de una de las Audiencias en las que se dividían los dominios americanos del Reino de España (11). Pero geográficamente era un disparo al pie, porque hacía de una ciudad con estas características de miseria generalizada la imposible capital de un territorio mucho mayor que aquel que gobernaba cuando fue una provincia española (12).

 

El resultado, a lo largo de casi doscientos años de vida de este país bicéfalo, es que Guayaquil y Quito se han disputado el poder (Guayaquil por su poderío económico originado en las mismas reformas borbónicas que tanto perjudicaron a Quito, y Quito por su condición rentista de la capitalidad desde 1830) mientras que una tercera provincia, Cuenca, se dedicó a cultivar con esmero lo suyo (13). Como consecuencia de esta falta de cemento social, en el Ecuador no se han encontrado casi nunca fórmulas de consenso y su economía está atrapada en una situación de miseria espantosa originada en la explotación pigmentocrática de los tiempos europeos y realmente jamás alterada por unas élites locales acostumbradas a la rapiña.

 

El desarrollo del Ecuador habría sido distinto si sus dos ciudades más importantes se habrían fundado con criterios de integración comercial. Pero eso estaba fuera del alcance de los invasores europeos porque su fundación ocurrió en los tiempos de la brutal conquista y sometimiento de los nativos, así como de las luchas intestinas de los europeos entre ellos por repartirse el fruto de su rapiña.

 

Pero como país, sobre todo, nos condenó la pobreza material y mental de seguir en tiempos de la fundación del Estado del Ecuador el patrón histórico de tiempos de la Monarquía Española, careciendo de una visión de futuro. Estados Unidos y Australia, cuando se fundaron como países, pensaron en fundar una nueva capital para que las ciudades importantes de la época en sus respectivos territorios (New York, Boston, Filadelfia; Sídney y Melbourne) no tengan una primacía una de ellas sobre el resto. Así surgieron Washington D.C. y Canberra (14). Una capital en una ubicación geográfica distinta y adecuada para el intercambio comercial habría significado un motor potente para el desarrollo del Ecuador.

 

La debilidad de Quito como capital se demuestra cuando se comprueba que ella es una anomalía latinoamericana, pues sacando el obvio caso de Brasilia (otra capital creada para quitar una primacía a los motores del desarrollo del Brasil, Sao Paulo y Río de Janeiro), todas las capitales de los países en que se partieron las posesiones americanas del Reino de España son invariablemente los motores económicos y las ciudades más pobladas de su país, en ocasiones, por una enorme diferencia. Pero Quito es la rara, porque es la capital de su país pero no es su ciudad más poblada desde la década de 1880, cuando le cedió ese puesto a una pujante Guayaquil, tropical y cacaotera (15). Y Quito, de motor económico, ni hablar. (Salvo que consideremos al Señor Barriga como un motor económico, v. ‘Marx y Quito’.)

 

Pero mucho peor es que la situación actual de Quito hace sentir que la que es ciudad capital desde 1830 no es que ya no pueda gobernar los destinos del Ecuador (cosa en que la ha pifiado espantosa y multisecularmente) sino que ya no puede gobernar ni aún sus propios destinos. Como no se cansan de repetirlo sus más ilustres talking heads, Quito está a la deriva (16). Es como si Quito, como capital, fuera el administrador borracho de un edificio, un caso de dipsomanía crónica fortalecido por las fiestas de diciembre. A un tipo así, habría que declararlo en interdicción.

 

Si aprendemos de la historia y observamos su lamentable estado actual, a la vieja Quito habría que declararla interdicta. Debemos empezar a pensar en este país la creación de una nueva capital, un hub tecnológico de eficacia y rapidez y políticas públicas basadas en la evidencia, una capital futurista y organizada. Algo así como lo contrario de Quito.

 

~*~

 

(1) La fundación de las que serían las ciudades de Santiago de Guayaquil y San Francisco de Quito ocurrió cuando el rey de la conquistadora Castilla era el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V de Alemania, bajo su alias peninsular de Carlos I de Castilla. Así, las que serían Guayaquil y Quito nacieron juntas, en una misma quincena y en la misma llanura, para de inmediato (como un sino fatal) separarse. En el acta de fundación de Quito del 28 de agosto de 1534 se establece expresamente que la villa que se fundaba, de inmediato se la debía emplazar ‘en el sitio y asiento donde está el pueblo que en lengua de indios ahora se llama Quito, que estará treynta leguas más o menos de esta ciudad de Santiago’ (v. ‘Guayaquil nació en Ricpamba’). Esta ciudad de Santiago, que se había fundado el 15 de agosto, se la trasladó a la Costa para servir de puerto al nuevo Quito español.

(2) Este ‘parto de los montes’ es descrito en detalle en los dos volúmenes del libro ‘La ciclópea travesía en viaje de Guayaquil a Quito en la República 1830-1930’, de Alfonso Sevilla Flores.

(3) Se puede entender a estos hechos atroces como la venganza popular y macarra de Quito contra el vencedor de la revolución liberal, quien había entrado en Quito el 4 de septiembre de 1895 para imponer el nuevo régimen. Sobre el ingreso de Alfaro a Quito, v. ‘Alfaro, a balazos’, y sobre la resistencia de Quito a su ingreso a la capital, v. ‘Mala estrategia’. Así, lo que la Virgencita del Quinche (a quien se trasladó a Quito como ‘refuerzo’) no pudo evitar en 1895, el pueblo canalla y la clerigalla convirtieron en cenizas en 1912, en la que es la exhibición más sádica y brutal de violencia política en la historia ecuatoriana.

(4) En 1549, el cabildo de Quito protestó a la Audiencia de Lima: ‘Pedir que por quanto la cibdad de Santiago se pobló de próximo en el paso de Guaynacaba e para ir a venir se ha de ir con balsas y por ser puerto desta cibdad le viene daño’. Las protestas de Quito para que las cosas se devuelvan al estado anterior fueron invariablemente ignoradas. Un puente de hormigón resolvió el incidente, 423 años después.

(5) Al ‘Puente de la Unidad Nacional’ se lo conoció como ‘el eslabón perdido’, porque ‘unió al mono con el hombre’, según comentaba la sal quiteña.

(6) La crueldad a los nativos la expone el historiador González Suárez, cuando reseñó que el negocio de los obrajes ‘fue ocasión también para que se les hicieran muchos agravios a los indios; en cada obraje había cárcel, cepo, grillos y azotes; los indios eran maltratados con crueldad; de su jornal se sacaba la tasa del tributo y la pensión sinodal del cura; el indio se costeaba su alimento y su vestido, y muchas veces se le descontaban de su miserable jornal hasta las medicinas, que se le vendían muy caras, cuando el exceso de trabajo lo postraba con alguna enfermedad; trabajaba a la sombra, es cierto; su labor se hacía bajo techado, no hay duda; pero amarrado al torno, encadenado al telar, veía el indio levantarse el sol y oscurecerse el día, sin que le fuera lícito extender sus miembros entumecidos para recobrar el vigor, agotado en la monotonía de faenas interminables; la condición de estos infelices era peor que la de los mismos negros esclavos. Había obrajes donde se les obligaba a los indios a recibir adelantadas sumas considerables de dinero, para que los fueran pagando poco a poco con su trabajo personal; los indios, siempre imprevisivos e indolentes por naturaleza, derrochaban en un solo día de borrachera y diversión el producto anticipado de uno y hasta dos años de trabajo; de este modo quedaban endeudados para siempre; no volvían a recobrar su libertad, y aun muertos eran todavía deudores; en algunos obrajes se dejaban adrede transcurrir varios años seguidos sin ajustar cuentas con los indios, a fin de retenerlos sujetos trabajando; muchas veces acontecía que ni siquiera los domingos, se les permitía acudir a la iglesia para que cumplieran sus deberes religiosos. La vida de los obrajes viene a ser, pues, terrible; y condenar a un individuo a labor forzada en un obraje era más penoso que condenarlo a muerte’. (‘Historia general de la República del Ecuador’, Tomo IV, p. 473-4)

(7) Si hemos de creerle al historiador ibarreño Federico González Suárez, es la ubicación de Quito la que provocó la corrupción y la falta de efectividad en su administración pública: ‘la enorme distancia a que se encontraban de la Corte y la tardía administración de justicia por parte del soberano, cuyas resoluciones se dictaban al cabo de años de cometido el delito, les daban cierta impunidad, muy perjudicial para la moral y las buenas costumbres’. González Suárez advirtió un sino fatal en la ciudad capital: ‘Por una especie de fatalidad hasta los hombres buenos y mejor intencionados, cuando venían a Quito investidos de autoridad, se dañaban’. (De la Torre Reyes (comp.), ‘Escritos de González Suárez’, Vol. IV, pp. 214-5). Que Quito como la caña, te daña, dijo el curita.

(8) En palabras de John Leddy Phelan, ‘[d]urante el siglo XVII, la Sierra de Quito se convirtió en el taller textil de Sudamérica. La región producía lana y algodón de alta calidad y abundancia, además de muchísima mano de obra barata […] Quito enviaba sus productos textiles a todo el Virreinato del Perú, desde Panamá y Cartagena, en el norte, hasta Chile y Charcas, en el sur’ (‘Historia demográfica y económica de la Audiencia de Quito’, pp. 116, 118).

(9) Por el declive de la producción obrajera, la situación económica de Quito, en el primer siglo de gobierno de los Borbones, fue de una pobreza escandalosa: ‘Cualquier lector o investigador de la historia ecuatoriana del siglo dieciocho no puede sino impresionarse con los continuos reportes sobre la lamentable situación económica de la Audiencia de Quito […] Con su pasada gloria venida a menos, las ciudades de la Audiencia y su población estaban ahora cayendo en ruinas. La élite estaba reducida a la pobreza […]. Incluso las clases altas se habían visto en la necesidad de conseguir bienes y servicios mediante el trueque, lo cual, en palabras del Presidente Mon y Velarde ‘es la señal indefectible de la miseria y la pobreza de los países donde se ejerce’’ (‘Historia demográfica y económica de la Audiencia de Quito’, p. 237)

(10) El diplomático Hassaurek le entró con un hacha a la franciscana ciudad, v. ‘Putas por error: las damas quiteñas en el período garciano’ y ‘Sobre la burocracia capitalina’.

(11) Las audiencias eran tribunales de justicia y la audiencia de Quito fue una de las tres audiencias subordinadas del Reino de España en América (las otras dos fueron Charcas y Guadalajara), por lo que sus decisiones las podía revisar una audiencia de rango superior. Para Quito, en un principio, esa audiencia fue la de Lima, pero más adelante fue la de Santa fé (hoy Bogotá, o Drogotá, as you like it).

(12) Lo que se conoce como la ‘Revolución del 10 de agosto de 1809’ fue realmente un fracasado movimiento para que sus provincias vecinas la reconocieran a Quito, su capital audiencial, como su nueva máxima autoridad administrativa. Las tres provincias que fueron aludidas por la pretensión quiteña, Popayán, Guayaquil y Cuenca, se resistieron y le hicieron la guerra a Quito (v. ‘Las relaciones exteriores de Quito en 1809’). De resultas, Quito perdió y el asunto culminó en la masacre del 2 de agosto de 1810, con el asesinato de los cabecillas de la revolución y de bocha de gente. Pasó el tiempo y la conformación del Estado ecuatoriano en 1830 le otorgó a Quito, por su condición de capital del Estado, la primacía sobre dos de las tres provincias que la habían derrotado una generación atrás, en los años 1809-1810. Desde esta perspectiva, entonces, para Quito, Popayán es ‘the one that got away’. Y no porque Quito no la haya querido, pues incluso se hizo la guerra para incorporarla al nuevo Estado (el ejército ecuatoriano llegó a ocupar Popayán en 1831), guerra que el Ecuador perdió (‘1832: una de cal, única de arena’). En todo caso, es este triunfo administrativo de Quito en 1830 el que produjo que, de manera ‘oficial’, se reescriba la historia del 10 de agosto de 1809 para contar el cuento de la patria, destinado a justificar una primacía (vía capitalidad) de la provincia de Quito por sobre las demás provincias constitutivas del Ecuador, a través de una mentira colosal. Como lo he dicho en otra parte (‘Siglo y medio de miseria y derrotas’), hay que derrumbar esta mentira ‘a combazos’.

(13) Cuenca sabe su rol secundario en la historia ecuatoriana: si Cuenca fuera un personaje, sería Donny de The Big Lebowski. Sobre el efecto diverso de las reformas borbónicas en Quito y Guayaquil, v. ‘It’s the economy, stupid!’.

(14) Por supuesto, es casi obsceno comparar la boyante situación económica de los Estados Unidos de América y de Australia con la condición paupérrima del Estado ecuatoriano. Esta invariable escasez es la que ha provocado que en el Ecuador hayamos tenido y tengamos una visión de túnel, cortoplacista y aficionada a la miseria generalizada en beneficio de una minoría coyuntural. Sobre esta visión de túnel que nos aqueja, v. ‘Escasez. ¿Por qué tener poco significa tanto?’, de Eldar Shafir y Sendhil Mullainathan.

(15) Sobre esto, v. Hamerly, Michael, ‘Recuentos de dos ciudades: Guayaquil en 1899 y Quito en 1906’.

(16) Sobre esto último, v. ‘Quito, sin liderazgo’. El único quiteño que parece (o parecía) creer que Quito es ‘una ciudad cosmopolita y firmemente encaminada en el siglo XXI’ es Roberto Aguilar. De este desvarío he dado cuenta en ‘La descripción de un ‘cojudo’’.

Diálogo cannábico entre Mahuad y Hurtado

9 de junio de 2018


I. Seguridad

- “Mind if I do a J?”

La pregunta de Jamil era retórica. Nadie le discute su capacidad para armar los porros: es la tecnología alemana hecha manualidades. “Mi lado Witt”, decía a veces, “a J is for Jamil”, decía en otras. Esta vez usó un blunt sabor babana split y extra-large, el muy goloso. Además, era retórica porque Hurtado no entiende inglés.

- “Si tu habilidad para introducir la marihuana en un receptáculo para su consumo hubiera sido equivalente a tu capacidad para gobernar el país”, apuntó un Osvaldo Hurtado a quien le estaba empezando a patear un happy brownie que se había comido de postre al almuerzo, “este país sería distinto”.
- “Pero si yo habría salvado al país, no hubiera podido ser nunca de la DP, pues Osvaldito. Una cosa es incompatible con la otra. Simplemente no fuimos ese partido.”
- “¿Qué dices, ve?”
- “Te digo que una tarde de lluvia en Harvard, ni me preguntes cómo, terminé viendo The Big Lebowski. Y no sé cómo explicarlo, pero simplemente la película caló en mí a un punto que… it really tied the room together, ¿cachas? A partir de entonces, veo mi paso por la DP de una manera distinta, no como datos, justificaciones o argumentos, pero como una cuestión de sensibilidades. Es decir, siento (acentuó esta palabra) que si prometimos gobernar a favor de la gente, le fallamos de manera horrible.”*
- … [Osvaldo estaba en un unicornio. Brownie kicked in]
- “¡Osvaldo!”
- “¿Ah?” [Osvaldo se descolgó gentilmente de su unicornio]
- “¿Cómo llegaste a la marihuana?”
- “Una vez, por error, me comí un happy brownie en una primera comunión y dije: ‘se me quitó lo idiota, ¿qué pasó?’. Ahí supe: ‘Estuviste drogado’, me dijeron, ‘y muy feliz’. Desde entonces tengo afición por los happy brownies. Porque, bueno, cumplen lo que prometen. Dicen happy y te ponen happy.”
- “Entonces nosotros como partido fuimos menos que un happy brownie.”
- “Objetivamente hablando, si la DP fue una droga, fuimos un Valium.”

Hurtado esperó haber sido gracioso. Pero ni drogado le pasó.

- “En materia de drogas, Osvaldito”, lo reconvino Mahuad, “más que un Valium, fuimos activos represores. Durante mi gobierno estaba en vigor la represiva Ley 108, que metió a decenas de miles de personas a la cárcel con graves violaciones a su derecho al debido proceso y un abuso sistemático de la prisión preventiva.”
- “Lo recuerdo. Esa ley fue adoptada durante el gobierno de Borja, en 1990. Desde ahí se dispararon todos los abusos, judiciales y policiales.”
- “El problema real eran los incentivos para cometer esos abusos. Con el paso del tiempo, se convirtió en beneficioso para los cuerpos de seguridad y de justicia la captura de un mayor número de personas por temas de drogas. El Estado llegó incluso a firmar un convenio con los Estados Unidos para financiar a la Policía Nacional, a condición de que se incremente el número de personas detenidas y la cantidad de droga incautada. Así, el incentivo ya no era hacer justicia, era sumar presos. Esto, lógicamente, terminó por provocar la perversión del sistema y el hacinamiento en las cárceles, pero ninguna solución real, porque los que ganaron, ganan y siempre ganarán en estos sistemas represivos son los que comercian las drogas en el mercado negro, pues la prohibición eleva de una manera artificial los precios. Este sistema termina por perjudicar a los débiles que no pueden enfrentar este sistema represivo y por beneficiar a los poderosos en las sombras, que pueden corromper el sistema a su favor. Todo este desastre, lleno de violencia y de corrupción, auspiciado a nombre de la seguridad.”
- “Y esos abusos en nombre de la seguridad hoy le cuestan al Estado millones de dólares en sentencias condenatorias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.”.
- “A mí, Osvaldo, realmente me produce más angustia la situación de los presos. Es escalofriante la cantidad de gente que durante tu gobierno y el mío estuvieron en la cárcel por años, por tener en sus manos menos de la mitad de la marihuana que yo me he fumado esta tarde escuchando el Mediterráneo de Serrat.”
- “Chucha. Piensa, Jamil: ¿Cómo una estrategia de comunicación puede cambiar las ideas de una sociedad sobre la marihuana?”
- “¿Te lo digo en una palabra?”
- “Dale.”
- “Pérate…”

Mahuad se aplicó unos segundos a concluir el porro y hacerle unos retoques. El resultado, magnífico, calificaba para artesanía cannábica.

- “Ahora sí”, dijo Mahuad, sosteniendo el magnífico porro entre los dedos de su mano derecha. “Esa palabra es: Seguridad.”
- “Pero si en nombre de…”
- “Por seguridad”, interrumpió Mahuad a Hurtado, “se debe debatir un marco legal que favorezca un negocio, en vez de estigmatizar a sus clientes, a partir de hacer notar que este negocio es lucrativo, que aquí hay billete en serio. Esto no es ciencia ficción, Osvaldito, hay modelos exitosos. En Colorado, el primer estado de los Estados Unidos en legalizar el consumo recreativo de la marihuana, es decir, en darle seguridad jurídica a su tráfico y a su consumo, la medida ha sido exitosa en términos económicos y sociales. El resultado en cuatro años de experiencia de legalizar la marihuana en Colorado es un mercado de 4.5 mil millones de dólares que genera más de 200 millones anuales en impuestos y la creación de miles de nuevos empleos. Además, en Colorado, el consumo de marihuana ha disminuido en los adolescentes.”
- “Asombroso.”
- “Más asombroso aún: ¿Sabes cuál fue la clave de la campaña para llegar a legalizar la marihuana en Colorado, Oswaldo? Por increíble que te parezca, promocionar que la marihuana es una sustancia más segura que el alcohol. Marijuana is safer. ¿Puedes creerlo? Ganaron apelando a la seguridad. No apelaron a la libertad de drogarse, apelaron a la seguridad. Y tenían razón, porque la marihuana es mucho más segura: está demostrado que la marihuana es 114 veces menos peligrosa que el alcohol. Ahora tú y yo sabemos eso por experiencia, que lo peor que nos puede pasar es una siesta demasiado larga. Pero el alcohol sí que te pone muy bruto. ¿Te acuerdas de esa vez que tomamos 101 botellas de Zhumir en una Convención de la DP en Pimampiro?”
- “Lo recuerdo. Se rompieron como cuatro vajillas, hubo veintidós contusos y siete carros estrellados contra el portal, incluido un Trooper que luego terminó en la piscina. El pelado Rivera vomitó en cuatro maceteros y un mesero. La delegación de Cotopaxi usó de orinal a un representante de El Oro. La cosa se descontroló.”
- “Fue un desastre. Realmente el consumo de alcohol sí es un problema social y de salud en todas partes, no se diga en este país. Pero por otra parte, la legalización de la marihuana en Colorado, ahora en California, que por sí misma es una economía más grande que todo el Reino Unido, en nuestro sudamericano Uruguay, es evidencia de que esto es una tendencia que crece y que es irreversible. Lo que se necesita es que cambiemos de chip mental, con información y debate, para entender que la prohibición de la marihuana es un costo muy alto a pagar por no obtener nada a cambio, como no sea violencia, miedo e inseguridad, así como para entender que su legalización es una gran oportunidad para construir una sociedad más segura y más productiva, menos prejuiciada y más creativa. Y es la propia sociedad, los que defendemos el libre mercado y los emprendedores, los que debemos exigir este cambio en el enfoque de la seguridad y pasar de una seguridad represiva e ineficaz, a una seguridad jurídica para el emprendimiento y el consumo, e incluso a una mayor seguridad asociada al menor consumo de alcohol reemplazado por otra sustancia recreativa, menos dañina. Mucho menos dañina.”
- “Puta, brillante.”
- “People forget the brain is the biggest erogenous zone.”
- “¿Qué?”
- “Jackie Treehorn.”
- “¡Ah!”

Obviamente, Hurtado no tenía idea de quién era Jackie Treehorn.

- “¿Qué piensas, Osvaldito? ¿Crees que una estrategia así funcionaría?”.
- “Creo que apunta a un objetivo idóneo para abrir una conversación en una sociedad conservadora como la nuestra: la seguridad. Es en nombre de la seguridad que cometimos tantos errores en el pasado, es por la seguridad por la que debemos enmendar las políticas sobre la marihuana de cara al futuro. Por la seguridad de emprender, de cuidar de uno, de consumir en libertad. Porque si seguimos insistiendo en políticas represivas, costosas e inútiles, que únicamente han fracasado, ¿qué chucha, somos masoquistas? Es un buen momento para pensar por fuera de la caja… creo que tus argumentos me hubieran persuadido aunque yo no hubiera consumido jamás marihuana. Porque… es de puro sentido común, ¿no? Pero claro, eso es fácil decirlo ahora que estoy drogado… ¿Y?”

Este último “¿Y?” incluía un gesto con la jeta que aludía a la pieza de artesanía cannábica que Mahuad ostentaba en su mano derecha.

- “Es de banana split”, dijo orgulloso.
- “Solo una caladita, que más temprano me comí un brownie.”

Osvaldo Hurtado aspiró como si de menospreciar a Correa se tratara, y casi se rompe los pulmones.

- “Solo una caladita, qué hijopu…”, y se desató un torrente de risas entre ambos. Mahuad había fumado la tarde escuchando a Serrat y a Hurtado le pegó ahora sí el brownie como un zurdazo de Jimmy Izquierdo. Cualquiera que haya estado en circunstancias como esas (a mí me pasó una vez en el Bolocentro), sabe que uno simplemente no para de reírse hasta el dolor de panza, y que sigue.

Y así estaban, agarrándose las barrigas, partidos de la risa, los dos presidentes que la DP le dio al Ecuador.

*

P.S.- Esta versión alternativa de la DP drogada me gusta 795.684 veces más que su versión original. Que es, tristemente, la verdadera.

* Sobre The Big Lebowski y el sentido zen de la vida, v. ‘The Dude and the Zen Master’. Los enlaces asociados a las palabras del expresidente Mahuad constantes en este escrito conducen a elementos para sostener (a efectos de que este sea informado y razonable) un debate acerca de la legalización del uso recreativo de una… planta.

"Oh, fuck it!"

26 de mayo de 2018


Si alguien me pide que defina al país en tres palabras, ahí las tiene:

“Oh, fuck it!” (1)
Esta expresión se la interpreta de tres maneras:

Primera: La percepción del ecuatoriano a día de hoy. Es una sensación de saber que se escogió a alguien que fue menos que su promesa, pero no estar suficientemente indignado para hacer algo al respecto.

Segunda: Las intenciones de la derecha. En este caso, es un fucking comando. Funciona como anglicismo por “sifonear los recursos del Estado para satisfacer los intereses privados”.

Tercera: La actitud del presidente Moreno. Es mi impresión que hace tiempo que no le interesa la presidencia, que no le gusta ejercerla. Y ya, para sostenerse en ella, le da igual el entreguismo sin condiciones, porque no sabría hacerlo mejor de todas maneras.

El resultado inevitable de este “Oh, fuck it!” es: “we are fucked”.

(1) El “Oh, fuck it!” par excellence.