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Los presidentes muertos

27 de febrero de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de febrero de 2026.

Un total de cuatro presidentes de la República del Ecuador han muerto durante el ejercicio de la presidencia y cada uno murió por una causa distinta: un asesinato, la muerte natural, un (probable) suicidio, un (supuesto) accidente de aviación.

El primero fue el líder conservador Gabriel García Moreno (nacido en Guayaquil en 1821, muerto en Quito en 1875). Fue elegido presidente de la República por sendas asambleas constitucionales para el ejercicio de sus dos períodos de gobierno (1861-1865 y 1869-1875). Casi al término de su segundo período, en mayo de 1875, García Moreno compitió para la reelección. 

En aquellos tiempos, las elecciones las organizaba el propio gobierno y su resultado era muy previsible (ganaba invariablemente el candidato auspiciado por el gobierno). La elección de 1875 fue la única que García Moreno ganó por votación popular (con el 99.1% de los votos, aunque en aquel entonces eligió únicamente el 2.27% de la población). Iba a empezar este nuevo período de gobierno el 10 de agosto de 1875 pero cuatro días antes, el 6 de agosto, García Moreno fue asesinado, a tiros y machetazos, a los pies del Palacio de Gobierno. 

El segundo presidente que murió mientras ejercía el cargo fue el liberal Emilio Estrada Carmona (nacido en Quito en 1855 y muerto en Guayaquil en 1911). Estrada fue elegido por el voto popular en enero de 1911 (también arrasó: triunfó con el 93.95% de los votos). Tomó posesión de su cargo el 1 de septiembre de ese mismo año. Estrada debió gobernar hasta el 1 de septiembre de 1915, pero un infarto interrumpió el ejercicio de su cargo el 21 de diciembre de 1911, con apenas 111 días en funciones.

Un natural de Quito, Aurelio Mosquera Narváez, nacido en 1883, fue el tercero en fallecer siendo el Presidente de la República. Mosquera fue elegido Presidente por el Congreso Nacional el 2 de diciembre de 1938, tras la renuncia del cuencano Manuel María Borrero. Es fama que el Presidente Mosquera se suicidó con la ingesta de grandes dosis de Nembutal y por una pena de amor (o por la pura vergüenza de que su mujer le haya puesto los cuernos). Murió en Quito, la fría madrugada del 17 de noviembre de 1939.

El último de esta lista fúnebre fue el guayaquileño Jaime Roldós Aguilera, nacido en 1940. Roldós fue el primer presidente tras la vuelta a la democracia en 1979, después de casi diez años de dictadura. Él participó por el partido populista por excelencia, la Concentración de Fuerzas Populares (CFP). 

Fue un presidente elegido por la voluntad popular, en la primera ocasión que en el Ecuador la elección se realizó a dos vueltas. La primera vuelta se llevó a término el 16 de julio de 1978 y la segunda vuelta, que fue demorada por la dictadura para favorecer al candidato opositor, se realizó casi un año después, el 29 de abril de 1979. No sirvió de nada: Jaime Roldós obtuvo el 68.49% de los votos, frente al 31.51% que obtuvo Sixto Durán-Ballén. Una paliza nunca superada.

Roldós tomó posesión del cargo de presidente el 10 de agosto de 1979 y murió menos de dos años después, cuando el avión oficial en el que viajaba a Zapotillo se estrelló contra el cerro Huayrapungo. Este (supuesto) accidente de aviación ocurrió el 24 de mayo de 1981.

Rosa Borja

15 de marzo de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 15 de marzo de 2024.

En el Sur de esta ciudad, la calle que inicia en la intersección con El Oro y termina en la intersección con José Vicente Trujillo se llama Rosa Borja de Ycaza. Es el perímetro este del barrio del Centenario, es la calle que separa a ese barrio del barrio Cuba. Y recuerda, con su nombre, a una mujer notable: feminista, política, artista.

En su origen ya más que centenario, esa calle no se llamó así. El Concejo Municipal le había asignado el nombre de un extranjero, George Canning. Él fue un londinense nacido en 1770 que, entre 1822 y 1827, ocupó el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, apoyando la causa independentista en la América del Sur y procurando el reconocimiento de los nacientes Estados de la región, como ocurrió con Colombia en abril de 1825.

Claro que el Estado del Ecuador no existía a esa época. Su maltrecha andadura recién empezó en 1830, cuando Canning ya estaba muerto.

El nombre de Canning para una calle de Guayaquil también murió en 1936, cuando el Concejo Municipal decidió cambiar el nombre de la calle Ministro Canning por Rosa Borja de Ycaza, para “alentar su labor”. Porque aquel año, Borja estaba viva: nacida el 30 de julio de 1889 ella contaba 47 años y era una destacada feminista de Guayaquil (presidenta del Consejo Nacional Ecuatoriano de la Unión de Mujeres Americanas y presidenta de la Legión Femenina de Educación Popular, además de la editora de su órgano de difusión oficial, la revista “Nuevos Horizontes”). Para 1936, Rosa Borja había publicado un libro con tres conferencias titulado “Aspectos de mi sendero”, otro de poesías “Hacia la vida” y una obra de teatro “Las de Judas”.

Rosa Borja correspondió a este aliento brindado por el Concejo Municipal. Vivió largos veintiocho años desde entonces, hasta su muerte el 22 de diciembre de 1964. Durante esos casi treinta años de vida, Borja fue una mujer pionera: la primera que ocupó el cargo de Directora de la Biblioteca Municipal de Guayaquil (1953-1959) y de Directora de la Biblioteca Nacional del Ecuador.

También publicó, durante ese período, varios libros de poesía y de teatro y dos biografías: la suya propia, titulada “Mi mundo íntimo”, y la de su padre, el doctor César Borja Lavayen.

Sobre temas sociales, en este período Rosa Borja publicó sobre su ciudad “Guayaquil, ojeada histórica de la ciudad, desde los Huancavilcas hasta nuestros días” y “El Municipio y los problemas sociales de Guayaquil”. También publicó el libro “Influencia de la mujer como factor importante en el mejoramiento humano” y se destacó por ser una activa conferenciante feminista. La Unión de Mujeres Americanas, con sede en Nueva York, la designó su presidenta. 

Rosa Borja fue también Consejera Provincial del Guayas y una activa militante de la Concentración de Fuerzas Populares (CFP) con Guevara Moreno, durante los años cincuenta y principios de los sesenta. Fruto de su gestión política, el Municipio fundó el Centro Municipal de Cultura, que se cerró el año 1989 durante la administración de Elsa Bucaram.

Finalmente, Rosa Borja también fue compositora. Su “Álbum de música” fue premiado en Buenos Aires en 1942 por la Asociación Argentina de Música de Cámara.

Rosa Borja, una mujer notable.

Assad Bucaram y el retorno a la democracia

22 de diciembre de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 22 de diciembre de 2023.

Richard J. Bloomfield (1927-2011) fue el Embajador de los Estados Unidos de América en la República del Ecuador entre 1976 y 1978. A principios de 1978, mientras Bloomfield era el representante del gobierno de Jimmy Carter, él transmitió a Washington D.C., por cable diplomático, sus impresiones acerca del proceso de retorno a la democracia en el Ecuador. 

El cable del Embajador Bloomfield reconoció la existencia de cinco actores políticos clave dentro del proceso de retorno a la democracia: el líder populista Assad Bucaram (1916-1981), el Consejo Supremo de Gobierno, los partidos políticos y los miembros de la élite económica de Quito y de la élite económica de Guayaquil. De estos, los dos actores más relevantes (además de antagónicos) eran Assad Bucaram y el Consejo Supremo de Gobierno. Bucaram, porque él era aquel a quien todos los demás actores políticos querían que se impida su acceso a la Presidencia de la República; el Consejo Supremo de Gobierno, porque ellos podían imponer los tiempos y los modos del proceso de retorno a la democracia.

El Embajador Bloomfield identificó en su cable diplomático que las razones para este cargamontón contra Bucaram eran de cuño racista (por su origen libanés) y de clase (por su extracción popular). Y según decía él, en la clase política ecuatoriana de 1978, sólo una “pequeña minoría” pensaba que a Assad Bucaram se le debería permitir su participación en las elecciones que se iban a celebrar en julio de 1978. 

En cualquier caso, las razones contra Bucaram fueron suficientes, pues el Consejo Supremo de Gobierno, siendo como era el amo de los tiempos y los modos del proceso de retorno a la democracia, finalmente decidió impedir la participación de Assad Bucaram. Lo hizo a través de una regulación de modo: el 20 de febrero de 1978, el Consejo Supremo de Gobierno decretó que iba a regir para las elecciones venideras una nueva Ley de Elecciones, en una de cuyas cláusulas dispuso (con evidente dedicatoria, dada la singular condición de hijo de libaneses de Assad Bucaram) que ningún hijo de padres extranjeros podía participar como candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de julio de 1978. 

Si bien Bucaram no pudo participar en las elecciones, sí se las pudo ingeniar para que su partido político, la Concentración de Fuerzas Populares, coloque como candidato a la Presidencia de la República a su sobrino político, Jaime Roldós (1940-1981). Se dijo entonces de la candidatura de Roldós: “Roldós a la Presidencia, Bucaram al poder”. Y a Roldós le fue bien: alcanzó el segundo lugar y pasó a la segunda vuelta con el candidato del Partido Social Cristiano, Sixto Durán-Ballén. 

Pasaron varios meses para la segunda vuelta (amo de los tiempos, el Consejo Supremo de Gobierno dilató lo que pudo su celebración) hasta que finalmente se la hizo en mayo de 1979. Triunfó de manera arrolladora el candidato de Bucaram, pero de poco sirvió, pues el país de los desacuerdos empezó pronto y para 1981, ambos, Bucaram y Roldós, ya estaban muertos. 

En cuanto a Richard J. Bloomfield, en enero de 1978 salió a su siguiente y final destino, como Embajador de los Estados Unidos en Portugal. Se retiró del servicio diplomático en 1982.

La decadencia de Guayaquil

1 de julio de 2022

 

Publicado en diario Expreso el 1 de julio de 2022.

 

La Guayaquil de tres generaciones atrás era una ciudad distinta a la actual: era fresca, tranquila y acogedora, cívica (es la Guayaquil de la última revolución que ha tenido este país, la ‘Gloriosa’). Para esa época ocurrieron dos hechos que resultan claves para comprender el cambio radical que ella ha sufrido. El primero: empezaron en 1947 las elecciones populares para elegir el alcalde o la alcaldesa del cantón. El segundo: desde la década de los cincuenta empezó un crecimiento acelerado de su población. Estos hechos están relacionados, pero para mal.

 

El año 1950 se realizó el primer censo en el país y Guayaquil tenía alrededor de 250.000 habitantes. El sexto censo, el año 2001, informó de una Guayaquil de ya casi dos millones de habitantes (1.985.379). Por muchos años, la ciudad recibió un flujo alto y constante de personas (cuya inmensa mayoría vino a vivir en tugurios e invasiones) que lo aprovecharon los políticos de Guayaquil, creando redes clientelares en estos sectores populares de rápida expansión.

 

En Guayaquil, tres partidos políticos han aprovechado las redes clientelares en los sectores populares: Concentración de Fuerzas Populares (CFP), Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) y Partido Social Cristiano (PSC). El desarrollo postergado en estos lugares, el suplido de servicios y obras a cuentagotas tan conveniente al mantenimiento de las redes clientelares, ha producido que buena parte de la población de Guayaquil viva en situación de hacinamiento y pobreza, sin una adecuada provisión de servicios básicos, sin acceso a áreas verdes ni a espacios de recreación, en unas condiciones que, según afirma un informe de la ONU-Hábitat, ‘contribuyen a la creación de la pobreza y a su realimentación, algunas de las cuales hacen parte del concepto que las define como trampas de pobreza’. ‘Trampa de pobreza’ quiere decir una ciudad en la que dejar de ser pobre es malditamente difícil.

 

Una ciudad que no te ofrece oportunidades, te obliga a crear esas oportunidades. Aunque ello implique encomendarse a San Pablo Escobar.

 

Porque este maltrato y abandono de años ha provocado en Guayaquil que una parte postergada de su sociedad se haya organizado. Lo que ocurre es que se ha organizado en revancha, para emprender en actividades criminales y para subvertir el (supuesto) orden de la ciudad. Y resulta que esa parte de la sociedad que se dedica al narcotráfico está mejor organizada que el Estado. Hoy en día, esta gente organizada con propósitos criminales controla un amplio territorio en el Sur y en otras partes de Guayaquil, donde imponen su ley y disputan la hegemonía del Estado. Como lo ha denunciado la Alcaldesa, ellos cobran ‘vacunas’ a los contratistas del Municipio para dejarlos hacer la obra pública. Y el Estado, ni el local ni ningún otro, no puede evitarlo.

 

El resultado es que hoy Guayaquil es una ciudad calurosa, violenta y estresante, sin civismo y (probablemente) sin otro futuro como no sea uno auto-destructivo. Decayó muy pronto, en apenas tres generaciones, conducida por las redes clientelares de los políticos, acompañada de una ciudadanía embobada, muerta por la desidia generalizada y rematada por el exitoso, boyante negocio del narcotráfico.

Guayaquil, bastión de la derecha autoritaria

8 de octubre de 2019


Es 8 de octubre de 2019, víspera de las fiestas de independencia de la ciudad, y Guayaquil es la capital de un país dividido y el bastión de un gobierno impopular.

Con el Decreto Ejecutivo No. 888 del día 8 de octubre, el Presidente Lenin Moreno decretó el traslado de la “Sede de Gobierno a la ciudad de Guayaquil”. Así, Guayaquil se ha convertido en la capital administrativa del Ecuador mientras dure el estado de excepción (o visto desde otro ángulo: Quito se convirtió transitoriamente en Machachi in the parlance of la Guadalupe). El Presidente Lenin Moreno y su Gabinete sesionan desde el Gobierno Zonal en Guayaquil, en el opulento edificio que perteneció al Banco del Progreso y que Ricardo Patiño adecuó para el servicio público. Allí se reúnen las principales autoridades de las cinco Funciones del Estado ecuatoriano.

La historia es larga pero para hacerla corta, desde que los guayaquileños empezamos a elegir por voto popular al alcalde de nuestra ciudad (es decir, desde 1947), Guayaquil ha sufrido de tres populismos: el del CFP, el del PRE y el del PSC. Este último populismo es de carácter autoritario y de derechas, y está enquistado en la Alcaldía desde 1992.

Como a Guayaquil la democracia no le ha sentado bien, a fines de los ochenta y principios de los noventa la ciudad se hallaba en la mala: llena de basura, por fuera y por dentro del Palacio Municipal. El PSC se hizo fuerte frente al notorio fracaso del populismo del PRE, pues se erigió como la facción que “recuperó” a Guayaquil de esa etapa mala, con un caudillo autoritario y carismático como León Febres-Cordero a la cabeza.

Por este relato “heroico” del PSC es que creo que la facción de la derecha autoritaria (AKA “el fascismo”) en Guayaquil pudo emerger tan victoriosa frente al descalabro de los hermanos Bucaram, elegidos para el Sillón de Olmedo en 1984 (Abdalá) y 1988 (Elsa), pero incapaces de completar sus períodos. En la siguiente elección para la Alcaldía, en 1992, le llegó su turno al PSC, cuando ocurrió lo que según el filósofo italiano Norberto Bobbio justificó la emergencia del fascismo en la Italia de los años treinta: “la conquista del poder por parte del fascismo fue el resultado de una fecunda alianza entre precisos intereses de clase y turbios ideales, favorecidos por la crisis moral, social y económica que atravesaba un [cantón] como el nuestro, por larga tradición más acostumbrado a la opresión que a la libertad”. Donde se lee cantón, se leía (en el texto original de Bobbio) “país”… pero este reemplazo no altera un ápice el sentido de la frase, tan real en un caso como en el otro. En Guayaquil, fue la crisis de la ciudad por el gobierno del PRE lo que favoreció al emergente PSC, el partido de la derecha autoritaria de Guayaquil.

Ahora, ¿por qué digo que el PSC es de derechas? Porque el negocio de la Alcaldía del PSC, en la planificación y en la ejecución de las políticas públicas, es satisfacer a los intereses de las empresas constructoras. El crecimiento de Guayaquil, horizontal y de cemento, cuesta seis veces más que un crecimiento vertical y ambientalmente sostenible: es decir, el llamado “modelo exitoso” del PSC despilfarra una fortuna en hacer las cosas mal, siendo Guayaquil una de las ciudades más vulnerable a las inundaciones que hay en el mundo.

En otras palabras, el crecimiento de Guayaquil es económicamente estúpido… salvo que seas parte del negocio de la construcción (de cuyas filas emergió el Alcalde Nebot, boca abierta). Pero lo peor no es el despilfarro de los recursos (que te embuten como éxito para todos, cuando lo es para pocos), lo peor es el riesgo real que corre Guayaquil debido a las inundaciones en un futuro no muy lejano (una o dos generaciones más), sobre lo que nada efectivo se ha hecho.

Y luego, ¿por qué el PSC es autoritario? Pues por la forma vertical de su administración, en la que se ejecuta lo que ha decidido la cúpula. La concreción legal de esta verticalidad ocurrió en la “Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana del cantón Guayaquil”, que es una burla a la idea de gobierno democrático pues habilita a participar en la Asamblea Cantonal de Guayaquil únicamente a los 117 “representantes de la sociedad” que están mencionados en la Ordenanza. Pero si con acotar el número era insuficiente, la Alcaldía le ha repartido dinero de forma generosa a varios (acaso la mayoría) de estos 117 privilegiados en una ciudad de casi 3 millones de habitantes.

Y por si no quedaba claro quién mandaba, la Ordenanza en cuestión le reservó al Alcalde y un concejal un voto calificado en la Asamblea Cantonal del 51%. Como que esta norma se la hizo durante la Alcaldía de Jaime Nebot, sólo podía aspirarse con ella a que se haga su voluntad. O como lo advirtió quien entonces era Secretario del Municipio, Vicente Taiano, la norma debía diseñarse “para evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde”.

Entonces, en estos días la Guayaquil del PSC ha llegado a una cúspide: se ha erigido como la capital administrativa del Ecuador. Como Guayaquil es la casa de la derecha autoritaria desde 1992, es natural que sea la sede de un gobierno nacional que ha adoptado unas medidas tan favorables a las empresas y tan perjudiciales para el ciudadano común.

Y, por supuesto, a la derecha autoritaria de Guayaquil le sienta muy bien el racismo que se pone en evidencia en un país dividido, así que es apenas natural que se adopte su tono para la marcha de mañana (pues su telón de fondo es, no nos engañemos: “aquí no pasarán estos indios brutos” –con palabras un poco más elegantes, claro).

Es por eso, conciudadanos de Guayaquil, que la marcha de mañana 9 de octubre más que una resistencia, es una celebración. Es la celebración de la derecha autoritaria y de los áulicos del Presidente más impopular e infradotado de los últimos tiempos. Y un triste papel, siendo ya el 2019.

Pugna de poderes

18 de agosto de 2019


En el año 1979, son ya 40 años de esto, el Ecuador volvió a la democracia, período al que algunos querían que se lo conozca como “la decimoséptima república ecuatoriana”, puesto que nos regía la 17ava Constitución, votada por el pueblo en referéndum del 15 de agosto de 1978. Esta nueva Constitución buscaba un poder ejecutivo fuerte:

“Con un parlamento elegido en forma definitoria de la elección presidencial, la denominada segunda vuelta, se induce claramente al electorado a procurarle a ese Presidente de mayoría absoluta una legislatura alineada en el mandato popular predominante” (Alfredo Pinoargote, ‘La república de papel’, p. 119).
 
Y así ocurrió en el primer intento, en 1979. El Presidente Jaime Roldós tuvo a 47 diputados identificados con él: 32 de CFP (Concentración de Fuerzas Populares) y 15 de la ID (Izquierda Democrática), es decir, “más de las dos terceras partes de la Cámara Nacional de Representantes, la mayoría necesaria para instrumentar el cambio prometido al mandante soberano” (p. 119).

Parecía un escenario propicio, con un Presidente joven e idealista, Jaime “Seconal” Roldós, apoyado por un número suficiente de legisladores. Pero el autor al que seguimos en este punto, cuenta qué pasó en este Ecuador de la vuelta a la democracia:

“Sostenemos como verdad evidente e irrefutable que la pugna entre los poderes ejecutivo y legislativo es, en el Ecuador, de carácter histórico y permanente, sean quienes fueren sus protagonistas. No obstante, como la historia tiene sus propios actores, y cada capítulo los suyos propios, en la decimoséptima república ecuatoriana asumieron el respectivo liderazgo de esta pugnacidad recurrente Jaime Roldós Aguilera y Assad Bucaram. Antes hubo otros nombres, Rocafuerte y Flores, Velasco Ibarra y Martínez Mera, Arosemena Monroy y Velasco Ibarra, y muchos más” (p. 119).

Y esta pugna entre Assad Bucaram y Jaime Roldós “a la postre, esterilizó el más categórico pronunciamiento popular de la historia nacional” (p. 120), con la particularidad de que se trataba de una pugna que involucraba a tío y sobrino. Y la política ecuatoriana fue una vez más, lo que ha sido casi sin variante desde que nos regimos como Estado independiente en 1830: una incesante sucesión de gobiernos de pandilla.

Estos primeros pugnantes de la “décimo séptima república” murieron ambos en 1981. Jaime Roldós en un sospechoso “accidente” de aviación el 24 de mayo y Assad Bucaram de un infarto fulminante, el 5 de noviembre.

La cuenta larga y dos preguntas

23 de mayo de 2019


Hay un nivel de análisis político de los acontecimientos que corresponde a la coyuntura. Por ejemplo, el análisis del Embajador Bloomfield previo a la celebración del referéndum del 15 de enero de 1.978 es un excelente ejemplo de este tipo de análisis, del trabajo de las fuerzas anti-democráticas que le impidieron a Assad Bucaram ser Presidente del Ecuador.

Un análisis de cuenta larga supone abarcar una época. Pongamos por caso, el período de la “vuelta a la democracia”, iniciado en 1.979, con la elección del joven abogado Jaime Roldós del partido Concentración de Fuerzas Populares (CFP), sobrino político del viejo Bucaram. Entre 1.979 y 2.019, esta época abarca ya 40 años. Y ha habido en ella tres grandes fuerzas políticas.

La primera, el CFP, la fuerza dominante en las elecciones de 1.979: tenía al Presidente de la República para el período 1.979-1.984 (en esa época duraban cinco años) y contaba con el bloque mayoritario en la Cámara Nacional de Representantes (tal era su nombre: luego, “Congreso Nacional”, actualmente, “Asamblea Nacional”). Su fortuna en este nuevo período duró poco: a fines de 1.981, estaban muertos el Presidente Jaime Roldós y el líder del partido, Assad Bucaram, de un supuesto accidente de aviación y de un fulminante infarto, respectivamente. Sin ellos, el CFP quedó fuera de juego. Y se creó un vacío de poder.

La segunda fuerza política dominante, el PSC, emergió en reemplazo del CFP. Tras un breve e insustancial interregno del bobo de Oswaldo Hurtado (1.981-1.984), asumió la Presidencia de la República el ingeniero León Febres-Cordero (1.984-1.988), pero su control de los negocios de Estado trascendió su estricto período de Gobierno. Quien mejor lo puede describir es uno de los amigos de la Casa de Bálsamos, el Cónsul de los Estados Unidos de América en Guayaquil, Kevin Herbert, que lo hizo en un cable a su Gobierno, del año 2005: “Él parece contento de gobernar en las sombras, usando su presión en las instituciones de gobierno (Congreso, Justicia, paraestatales) para influir en las políticas”. Febres-Cordero manejó este país de manera vertical, visceral y a las puteadas por más de dos decenios. El país llegó a un hastío: en ese período tres presidentes elegidos por voluntad popular (Bucaram, Mahuad y Gutiérrez) no concluyeron su período. La CIDH, en un informe de ese mismo año 2005 sobre la situación política del Ecuador, fue lapidaria:

“[L]a Comisión reitera que la crisis coyuntural que se vivió durante el último año en Ecuador [2005], refleja problemas estructurales de mucho mayor alcance que no logran ser resueltos por la grave inestabilidad política que afecta al país y la incapacidad de sus clases dirigentes de formar consensos amplios y perdurables que permitan identificar e implementar políticas públicas inclusivas necesarias para el respeto y goce efectivo de todos los derechos humanos…”.

La Comisión IDH no omitió su criterio sobre el efecto que tiene en la población estos “problemas estructurales” y  la “grave inestabilidad política” que impide solucionarlos:

“La Comisión no puede dejar de señalar, que la población ecuatoriana tiene un alto nivel de escepticismo con respecto a las instituciones democráticas, a la dirigencia política y a la capacidad de los órganos estatales para tutelar los derechos humanos”

Es decir, la población estaba hastiada y fue de ese hastío que surgió la tercera fuerza política dominante del período, el economista Rafael Correa (2.007-2.017) y su movimiento Alianza País. Correa pateó el tablero político (con un Febres-Cordero menguante) y tuvo la fuerza suficiente para, en un par de años, establecer una nueva Constitución y crear una nueva institucionalidad. Sin embargo, se le subió el poder a la cabeza y se quedó un período de más. Pero a pesar de sus excesos y abusos, Correa hizo bien muchas cosas que otros no habían hecho, o que habían hecho mal (en el campo de la inversión social, principalmente). Está lejos de ser un cadáver político: aún en su ausencia, la política ecuatoriana sigue girando alrededor suyo. Sus seguidores mantienen la ilusión de su regreso, sus detractores le tienen un miedo-pánico (sazonado de un odio multi-causal, que a más regionalista, más intenso).

Ahora, este período que vivimos desde la caída de Correa, al que denominaré “Período Moreno-Nebot”… ¿es el punto de partida para una nueva época de dominio socialcristiano, o son los últimos estertores de una vieja ilusión? Me explico.

La vez pasada (principios de los ochenta) cuando un serrano bobo ocupó el poder, vino el guayaco sabido, se lo quitó y se encaramó en él por más de dos decenios. Ese podría ser el caso ahora: el serrano bobo (Lenin Moreno) está en el poder, el guayaco socialcristiano y sabido (antes LFC, ahora Nebot) está a las puertas de quitarle el poder y encaramarse en él… ¿Por cuánto tiempo?

He aquí la diferencia: Febres-Cordero se trepó en el poder con 53 años, mientras que Nebot lo haría con 73 años (si lo hace este 2.019). Son los 20 años que gozó Febres-Cordero, con los que Nebot no cuenta: si llega al poder (no dudo que esa sea su personal ambición), su paso sería breve e insustancial. Breve, pues por edad no podrá gobernar mucho tiempo; e insustancial, porque sin esa perspectiva, su llegada es mucho más la coronación de una vida política bien jugada (el triunfo final de un capo), que una apuesta por el bien común. Las consecuencias del reparto de la institucionalidad en lo que he denominado el “modelo empresarial de desarrollo” de la Alcaldía socialcristiana, tendría unas consecuencias nefastas si se lo pone en práctica a nivel nacional, y sin duda, activaría de inmediato el tradicional “péndulo” en nuestra política. En este análisis de cuenta larga, el “Período Moreno-Nebot” sería apenas un episodio compuesto de Moreno (el serrano “izquierdista” bobo y traidor) y de Nebot (el guayaco derechista y sabido), en el que Moreno juega el rol de la parte desechable y Nebot es el triunfador.

Este “Período Moreno-Nebot” se podría dar por las horas bajas de la fuerza dominante del período: Rafael Correa. De llegar a darse el Gobierno de Nebot, este político guayaco habrá alcanzado su vieja ilusión, pero ya en el ocaso de su carrera y a costa de permitir un escenario político posterior en el que Correa recuperaría mucha fuerza y en el que no dudo que se adaptarían las circunstancias para su regreso. Quedan así dos preguntas, atadas una a la otra:

1) ¿Cuánto tiempo podría durarle a Nebot el dominio político del Ecuador?
2) ¿Cuándo vuelve Correa?

N.B: En cualquiera de estas tres etapas de dominación política, el juego de la política nacional es obra de guayacos: lo fueron los finados Bucaram, Roldós y Febres-Cordero; lo son Correa y Nebot.

Rosa Borja de Ycaza

30 de julio de 2017

Desde niño he vivido familiarizado con este nombre, porque es el nombre de la calle de mi casa desde antes de entrar a la preparatoria en el Cristóbal Colón (que queda sobre esa misma calle, al 115) (1).

Pero antes la calle “Rosa Borja” no se llamaba así. En un principio (en un gesto de cipayismo que habría hecho sonreír a Jauretche) el Concejo Municipal de Guayaquil, cuando el primer trazado de esta calle del Barrio del Centenario con dirección al Sur, la denominó “Ministro Canning”. La llamó así por George Canning (1770-1827), Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido que desde 1822 hasta 1827 procuró el reconocimiento de las naciones sudamericanas por parte del gobierno británico.

En todo caso, el Concejo Municipal de Guayaquil decidió revertir pronto esta decisión inicial. El 4 de agosto de 1936 decidió cambiarle el nombre a la calle “Ministro Canning” por “Rosa Borja de Ycaza”. El Concejo, cuenta el cronista Pérez Pimentel, “ejecutó la ordenanza el 7 de septiembre siguiente”.

Cuando se le puso su nombre a una calle, la poetisa e intelectual Rosa Borja Febres-Cordero vivía, estaba casada con Alberto Ycaza Carbo, era una destacada feminista de Guayaquil (presidenta del Consejo Nacional Ecuatoriano de la Unión de Mujeres Americanas y presidenta de la Legión Femenina de Educación Popular y editora de su órgano de difusión oficial, la revista “Nuevos Horizontes”) y había hasta entonces publicado un libro con tres conferencias “Aspectos de mi sendero”, otro de poesías “Hacia la vida” y una obra de teatro “Las de Judas”.

El Concejo Municipal la homenajeó ese 1936, con el propósito de “alentar su labor”.

Rosa Borja correspondió a sus expectativas. Vivió por largos veintiocho años desde este homenaje municipal, hasta que murió el 22 de diciembre de 1964. Durante esos casi treinta años de vida, Borja fue una mujer pionera: la primera que ocupó el cargo de Directora de la Biblioteca Municipal de Guayaquil (1953-1959) y de Directora de la Biblioteca Nacional del Ecuador.



También publicó, durante ese período, varios libros de poesía y de teatro y dos biografías: la suya propia, titulada “Mi mundo íntimo”, y la de su padre, el doctor César Borja Lavayen.

Sobre temas sociales, en este período Rosa Borja publicó sobre su ciudad “Guayaquil, ojeada histórica de la ciudad, desde los Huancavilcas hasta nuestros días” y “El Municipio y los problemas sociales de Guayaquil”. También publicó el libro “Influencia de la mujer como factor importante en el mejoramiento humano” y se destacó por ser una activa conferenciante feminista. La Unión de Mujeres Americanas, con sede en Nueva York, la designó su presidenta. Fue también Consejera Provincial del Guayas y una activa militante del CFP con Guevara Moreno, durante los años cincuenta y principios de los sesenta. Fruto de su gestión política, el Municipio porteño fundó el Centro Municipal de Cultura, que se cerró el año 1989 durante la administración de Elsa Bucaram.

Last but not least, Borja también fue compositora musical. Su “Álbum de música” fue premiado en Buenos Aires en 1942 por la “Asociación Argentina de Música de Cámara”.

Rosa Borja de Ycaza fue una mujer notable, con calle propia en su ciudad. Una mujer de la que, es ignorancia generalizada, hoy se conmemora un aniversario más de su nacimiento el año 1889.

(1) Un edificio antiguo, cuya construcción se inició en 1945 y culminó en 1951, a cargo del arquitecto Juan Orús Madinyá, emplazada en el mismo lugar que ocupó el antiguo edificio de madera de tres pisos donde funcionó el Cristóbal desde su inauguración el 28 de mayo de 1911, v. ‘Colegió Cristóbal Colón (patrimonial)’.
(2) Como Primer Ministro del Reino Unido, podría decírsele “George Canning, El Breve”: asumió el cargo el 10 de abril de 1827 y cesó en él apenas 119 días después, dado su fallecimiento por neumonía el 8 de agosto de ese mismo año. Según cuenta una página web del gobierno británico, sus últimas palabras fueron “Spain and Portugal”.