La fiscal y la política

22 de febrero de 2021

Habla horrores de este país que en una entrevista de La Peste Posta, hecha por Ardersson Boscán al candidato a la Vicepresidencia por UNES, Carlos Rabascall, haya ocurrido el episodio que narraré a continuación.

 

Fue así: Boscán le pregunta a Rabascall su opinión sobre la fiscal Salazar. A Rabascall le divierte la idea de invertir los papeles y él, a su vez, entrevistarlo a Boscán. Procede así, y le pregunta a bocajarro: ‘¿Tú confías en ella?’.

 

La respuesta de Boscán fue: ‘Yo desconfío de todos los políticos’ [v. a partir del ‘salud, salud Andersson’, min. 46:55]

 

Pobre este país: es asombrosa la facilidad con la que se acepta en la esfera pública el rol político de una autoridad judicial que no debe JAMÁS tener un rol político. Según la Constitución, la Fiscalía es un ‘órgano autónomo de la Función Judicial’ que ‘funcionará de forma desconcentrada y tendrá autonomía administrativa, económica y financiera’ (Art. 194). Aceptar, entonces, que la fiscal Lady Diana Salazar tiene un rol político es, implícita y necesariamente, suponer que toda su actuación es una invariable sucesión de abusos.

 

Lo que debe ser cierto, por la pasmosa tranquilidad con que se lo admitió.

Quito en la mala

18 de febrero de 2021

En Quito, un factor clave (i.e., un político de Guayaquil) determina su norte. Por ejemplo, condujo a la elección de Rodas el 2014 (v. ‘La caída de Rodas’).

 

Ahora, al 2021, el primer lugar en la primera vuelta electoral fue para un quiteño, Andrés Arauz. No cualquier quiteño, pero la especialidad de la casa: un burócrata quiteño (v. ‘Marx y Quito’). Sin embargo, este hombre, uno de los suyos, académico y formal, no es profeta en su tierra. Gana por mucho en el país, pero en Quito obtiene un discreto tercer lugar, detrás de Hervas y Lasso.   

 

¿A quién es que quiere, entonces, Quito? La montañesa Quito quiere es a un guayaco. Y no a cualquier guayaquileño: a Guillermo Lasso, que es banquero y que es aliado de Jaime Nebot, capo di tutti capi de la derecha conservadora y goodfella guayaquileña (v. ‘Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’). La mayoría de quiteños, así, vota por la rancia y fulera derecha guayaquileña. La que, por cierto, usualmente los ha visto a menos (v. ‘La descripción de un cojudo’).

 

Quito niega a uno de los suyos, para rendirse a un representante de sus históricos rivales, los  oligarcas de Guayaquil. Todo esto le ocurre por su odio a otro guayaquileño Correa, claramente. Por eso, y por la falta de un liderazgo propio (v. ‘Quito sin liderazgo’), pues Quito es esa rara capital que no produce liderazgos de alcance nacional (esto es una constante histórica). Y, a juzgar por su situación actual (un alcalde con grillete, un rector digno del siglo XIX, el Deportivo Quito), ni liderazgos a secas.

El oidor y la empanada

14 de febrero de 2021

Durante el reinado de Carlos II de España, era normal la venta de los cargos públicos (v. ‘Vale para dos idiotas’), y así, un fulano pagaba una cantidad X y era nombrado en un puesto administrativo del reino. El limeño Cristóbal de Cevallos y Borja fue uno de esos fulanos: el 3 de mayo de 1688 compró el cargo de oidor supernumerario de Quito, y el 6 de enero de 1690 ya servía en su puesto. Es lógico suponer que quien se compraba un cargo público cuando ‘servía’ en su puesto, realmente ‘se servía’ de su puesto, es decir, buscaba compensar con creces su inversión (1). Y como oidor supernumerario, Cevallos se mantuvo en Quito por muchos años.

 

El oidor Cristóbal de Cevallos era un hombre supersticioso, o como lo describió González Suárez, ‘padecía […] la flaqueza de tenerse por favorecido del Cielo con dones sobrenaturales(2). Así, en un almuerzo por ser su cumpleaños, Cevallos dijo ver ‘una imagen clara y perfecta de la Santísima Virgen’ en unas manchas que el aceite de una empanada frita había dejado en un pedazo de papel blanco. Y este hombre, cuenta González Suárez, ‘creyó que era una aparición celestial, un milagro; y lo más curioso del caso fue que a ese papel sucio le rindió culto, y hubo sacerdote que se prestara para celebrar misa en honra de lo que se apellidaba «Nuestra Señora de la empanada»(3). El obispo de Quito, Diego Ladrón de Guevara, por medio de la Inquisición, hizo perseguir y castigar estas ridiculeces.

 

Luego, en 1710, el propio obispo Diego Ladrón de Guevara lo acusó a Cevallos de aceptar sobornos y vender la justicia, y en 1713 el Consejo de Indias ordenó su suspensión del cargo de oidor y su exilio de la ciudad de Quito. Hasta ahí llegó la compensación de su inversión de 1688.

 

(1) Esta es la mentalidad que perpetúa nuestra corrupción.

(2) González Suárez, Federico, ‘Historia general de la República del Ecuador. Tomo IV’, Capítulo décimo octavo, pp. 421-422. Todas las citas corresponden a este texto. También, v. Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia, voz ‘Cristóbal de Ceballos Morales y Borja’.

(3) Un nombre que debería rescatarse para una empanadería con motivos paganos.