El terremoto, dos meses después

16 de junio de 2016


A raíz del terremoto del 16 de abril de 2016 que causó dos muertos en Guayaquil, lo menos que podía esperarse era que el periodismo de la ciudad haga unas preguntas sencillas. Como estas que sugirió hacer el arquitecto Eduardo McIntosh:

Fuente: Twitter de Eduardo McIntosh


Pero no, nadie ha preguntado nada. Nadie ha realizado ninguna investigación técnica, ni de ningún tipo. Ni la Alcaldía de Guayaquil va a producir ningún estudio de porqué se cayó el paso a desnivel, ni ningún periodista se lo va a pedir, ni tampoco cuestionarlo de ninguna manera. Al alcalde no se lo incomoda, porque enseguida te conviertes en el malo (1).

Esto, a pesar de que se sabe que Guayaquil se encuentra en situación de riesgo. El colapso del paso a desnivel es apenas un botón de muestra. Diario El universo, sin embargo, no abandona su mutismo y simplemente prefiere no hablar de ciertas cosas (lo suyo es la omertá). Diario Expreso, por su parte, la tiene clara, ha escarbado en el tema, pero no se ha animado a investigarlo a fondo. Se conforma con muy poco.

De hecho, diario Expreso se ha conformado con una respuesta tan resignada al fracaso como la que dio el Director de Ordenamiento Territorial de la Alcaldía de Guayaquil, Guillermo Argüello: “no hay que negar que hay reticencia de la ciudadanía a hacer trámites” (2), lo que es una forma poco disimulada de decir “no hay que negar la incapacidad de la Alcaldía para controlar las construcciones que se hacen en la ciudad”, razón por la cual los expertos estiman que en Guayaquil “el 70% de las viviendas de la ciudad ha sido construido de manera informal, sin u plano o estudio de por medio. Y del otro 30%, en la mayoría de casos no se ejecutaron los planos presentados” (3). O sea, casi un 100% de ineficacia de la Alcaldía en el cumplimiento de su obligación de control del uso del suelo en Guayaquil (artículo 55, literal b) del COOTAD).

Peor aún resultó la respuesta que le dieron de la Alcaldía a los periodistas de diario Expreso cuando preguntaron algo tan obvio como “¿quién debería controlar esto?”. Unos funcionarios de la Alcaldía de Guayaquil, muy sueltos de huesos, le “endosaron” la responsabilidad a “técnicos calculistas como constructores, y otros técnicos, en el marco del Código Civil”. Esto supone una forma muy infantil de admitir su irresponsabilidad en el control del uso del suelo: simplemente le “endosan” esta responsabilidad a otros y la Alcaldía pasa silbando (como si esto fuera posible, como si no hubiera una ley expresa que ordena actuar de otra manera, como si fuera lo mismo una alcaldía que ejerza su atribución de control o una pintada en la pared). Un dato que no deja de asombrar sobre Guayaquil es la facilidad con la que su Alcaldía se permite un actuar irresponsable.

Diario Expreso incluso puso este paréntesis en una nota informativa (4):

Fuente: Diario Expreso.
Tenemos lo básico para el ejercicio del oficio. Sabemos que la irresponsabilidad de las autoridades es causa de muertes en caso de terremotos. Sabemos que esa irresponsabilidad existe en Ecuador (“los errores y pecados de construcción”) y sabemos que esos errores y pecados también existen en Guayaquil y sabemos que la Alcaldía de Guayaquil es casi 100% ineficaz en el ejercicio de su atribución de control del uso del suelo. Pero en vez de una investigación a fondo y con rigor, lo que tenemos es un paréntesis, casi una disculpa a sus lectores.

En una veta emocional, ¿por qué no indignan en Guayaquil dos muertes que no debieron suceder? ¿Por qué el caso de la familia Patiño, por ejemplo, que por el desplome del paso a desnivel perdió a un esposo y a un padre, que dejó a una madre discapacitada, no nos conmueve? (5). En mi opinión, porque es como si todo ello no hubiera sucedido. Porque si el periodismo de Guayaquil hubiera investigado sobre el mantenimiento del paso a desnivel (buscar una respuesta a las preguntas planteadas por McIntosh, ni más ni menos), sobre la responsabilidad de la Alcaldía en estas dos muertes, sobre la situación de los familiares de las víctimas de dos muertes que no debieron suceder, la población de Guayaquil estaría indignada y su Alcaldía se habría visto en la obligación de pagar una indemnización a los familiares de las víctimas y se habrían iniciado juicios penales contra las personas responsables del mantenimiento del paso a desnivel, quienes claramente fallaron en sus obligaciones de cuidado. Pero nada de esto pasó y probablemente no pasará, porque así es como funciona en Guayaquil. En los buscadores de los diarios El universo, Expreso y El telégrafo el nombre de Jorge Patiño casi no figura en sus noticias, y menos aún lo hace el nombre de Vicente Rivas, la otra persona aplastada por el paso a desnivel que colapsó el 16 de abril. Dos meses han pasado, pero es imposible que la población de Guayaquil se indigne por dos muertes injustas: su muerte fue fugaz, para la opinión pública dejó de existir apenas sucedida.

Dos meses desde el terremoto y la ciudad de Guayaquil sigue igual: una Alcaldía impune, una prensa silente, una ciudadanía dócil. Razón lleva Manu Chao cuando canta que en Guayaquil, “nada, no pasa nada”. Porque te puede caer un paso a desnivel encima, puede morir gente por responsabilidad del gobierno local… pero nada, no pasa nada.

(1) Por efecto de la demonización, referida en: ‘Extrema y persistente desigualdad en Guayaquil’, Xavier Flores Aguirre, 13 de junio de 2016.
(2) Nelson Tubay, 'Guayaquil es un enorme riesgo', Diario Expreso, 24 de abril de 2016.
(3) Ibíd.
(4) Nelson Tubay, 'La hora de la caña guadua', Diario Expreso, 30 de abril de 2016.
(5) La única noticia sobre los familiares de Jorge Patiño, tras su deceso: 'Necesitaré un trabajo, ganar todo lo que requiera mi familia', Diario El telégrafo, 25 de abril de 2016. Era previsible: 'Ciudad dormida', Xavier Flores Aguirre, 22 de abril de 2016.

Vilma Palma y el sonido del amor

15 de junio de 2016


Un dato curioso que he constatado en algunas oportunidades es que a mucha gente que le gusta una canción, no tiene mucha idea de qué se trata. Por ejemplo, cuando he comentado que la canción ‘Auto rojo’ de Vilma Palma e Vampiros se refiere a que el ‘Pájaro’ Gómez quiere perpetrarle el sonido del amor a una colorada en la parte de atrás de su vehículo rojo, hay gente fanática de Vilma Palma en Guayaquil (en una ciudad culturalmente atascada en los noventa, este espécimen es abundante) que se resiste a creerlo. Pero únicamente hace falta escucharlo con atención (1)

  
(1) El ‘Pájaro’ plantea incluso el siguiente escenario: “mi pene hecho el muy simple dice que no y ya está”. Titán del random.

Borges y el libro

14 de junio de 2016


30 años

Una de las frases que más me gusta de Borges es aquella que consta en el ‘Borges oral’, dedicada al libro:
 
“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación” (1)
Para mí, el descubrimiento de Borges (hace tantos años y por la lectura de Ficciones, en un viaje al Sur) resultó en la ampliación de los horizontes “de la memoria y de la imaginación”, como él lo predicó del libro en su famosa conferencia. Su literatura es versátil y profunda, erudita y creativa, de un humor fino e inteligente. Yo, que desde niño he amado los libros, he sentido que él es quien mejor los representa: Borges, el escritor por excelencia (2). No sabría componer un mejor elogio para este aniversario.

(1)El libro’, Borges Oral [1978]
(2) Aquel que concibió el paraíso como una biblioteca.

Sobre el indio serrano


En el libro ‘Estudio biológico sobre el campesino ecuatoriano’, premiado por la Casa de la Cultura el año 1957, el doctor Jorge Hurel Cepeda se despacha en estos términos sobre la cultura del campesinado indígena de la Sierra:
 
“Efectivamente el campesinado de la Sierra está dotado de un sentimiento de inferioridad, a veces hosco y huraño, baja y sube sus montañas, no confía ni quiere trato con el blanco hasta que esto no sea estrictamente indispensable. Es poco sociable y misántropo, la soledad es su mundo. Su temperamento es asténico. La apatía, la indolencia y su espíritu en eterna niebla. Llevan una vida primitiva que se traduce por comer mal, emborracharse y reproducirse, aunque no llega a tener los numerosos hijos del campesino de la llanura. Siempre es muy sumiso con el amito-patrón. Resulta difícil comprender cómo puede vivir a tanta altura y soportar las durezas de un clima tan frío y de una alimentación tan miserable” (pp. 39-40). 
Es de suponer que ésta era la opinión dominante de la sociedad blanco-mestiza en la época en que se escribió este libro, el que fue premiado y editado por la Casa de la Cultura, madre y maestra de la cultura del paisito que debía convertirse en una “una gran potencia de la cultura, porque a eso nos autoriza y nos alienta nuestra historia” según supo fabularlo Benjamín Carrión, fundador de esta institución el año 1944 (1). Mucho se ha complejizado la percepción sobre los indígenas desde su levantamiento de 1990, aunque no es improbable que opiniones tan superficiales como ésta del doctor Hurel sean todavía moneda común en las élites blanco-mestizas de nuestro país. No es tan lejana en el tiempo como para haberse desvanecido aún.

(1)Benjamín Carrión’, Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Holy venom

13 de junio de 2016


Dos mil años de evolución…

Extrema y persistente desigualdad en Guayaquil

“El principal argumento que aquí se presenta es el de la exclusión social y económica, derivada de los niveles extremos y persistentes de desigualdad, que aniquila la imparcialidad legal y provoca la invisibilidad de los sumamente pobres, la demonización de quienes cuestionan el sistema y la inmunidad de los privilegiados” (1).
En Guayaquil se cumplen las tres consecuencias de la extrema y persistente desigualdad, tal como descrita por Oscar Vilhena Vieira en su luminoso artículo ‘Desigualdad estructural y Estado de derecho’:

A) Los sumamente pobres son invisibilizados: el Alcalde de Guayaquil puede declarar en una sesión de concejo:
 
“Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de la Sergio Toral” (2). 
Un mapa permite visualizar el tamaño de esta exclusión:
 
En Monte Sinaí, Trinidad de Dios y Voluntad de Dios viven personas en extrema pobreza. La razón de su invisibilidad.
 
Todo lo que está a la izquierda de la línea roja no tendrán obras ni servicios públicos, por decisión del Alcalde. Nadie se ha preocupado de cuestionar esta decisión de la máxima autoridad de la ciudad: las personas a quienes esta decisión afecta son invisibles a los ojos del resto de la sociedad. 

B) Los que cuestionan el sistema son demonizados: el caso típico de esta práctica en Guayaquil son los comerciantes autónomos. No importa que tengan propuestas concretas para mejorar su situación: en alguna ocasión le solicitaron a la autoridad “definir zonas de trabajo, los productos que se puedan vender, otorgar permisos de funcionamiento y creación de un programa de capacitación con temas como atención al cliente, manejo de negocios y tributación” para recibir por respuesta que “todo lo que venga de ellos va al archivo” (3).

En el discurso de la Alcaldía de Guayaquil, los comerciantes autónomos son siempre los “vándalos”, los que “insultan y pretenden tomarse las calles”, los que quieren traer “de vuelta al caos”: los comerciantes autónomos nunca tienen discurso propio, lo que se sabe de ellos es lo que se ha construido sobre ellos: por ello son siempre los otros malos (4).

La prensa privada de Guayaquil es cómplice de esto, pues lo apoya con la contribución decidida de sus columnistas de opinión y con los silencios de sus servicios de información. Por otra parte, los mecanismos de participación institucional son controlados por la cúpula de la Alcaldía. Así lo reconoció sin empacho el secretario municipal, Vicente Taiano, cuando comentó que el diseño escogido de participación ciudadana servía “para evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde” (5). En definitiva, el diseño de participación no es realmente para que los ciudadanos participen, sino para que no estorben. Y si alguien “estorba”, como en el caso de los comerciantes autónomos, lo demonizan, pues así ya no importa realmente la opinión de quien se opone, pues dicha opinión ya no merece ser escuchada: es el castigo por ser la opinión de un malo.

C) Los privilegiados son inmunes. El statu quo en la administración de la Alcaldía de Guayaquil tiene notorios beneficiarios, de los que existe muy poco escrutinio público. La Alcaldía de Guayaquil distribuye dineros y prebendas de una manera discrecional porque las disposiciones del Alcalde siempre son cumplidas sin chistar por los concejales de su agrupación política (auténticos ‘alzamanos’) sin que jamás se discuta en la esfera pública la pertinencia de tales asignaciones ni el procedimiento para su aprobación.

El mexicano Saúl López Noriega ha explicado cómo funciona el poder de los medios de comunicación:
 
“Es cierto que los medios influyen en las creencias, actitudes y opiniones de las personas, mas no son omnipotentes. Más que decirle a los individuos qué pensar, los medios deciden en qué podemos pensar. Los medios tienen el poder de definir la agenda. La capacidad de dirigir la atención del público hacia ciertos conflictos, determinar las prioridades atribuidas por las personas a los problemas nacionales, enumerar los temas que se mascullan en la vida pública. Son capaces de todo esto porque construyen la realidad” (6).
En Guayaquil, las inmunidades no se discuten, ni mucho menos se revierten por lo que la prensa local critica. Todo lo contrario: se perpetúan por lo que esa prensa silencia. La dócil sociedad guayaquileña lo es, en gran medida, por la falta de información. Esta carencia está en la base de nuestra crisis más profunda: el conformarnos con poco, el naturalizar las deficiencias de una gestión sin planificación y orientada a la satisfacción de intereses corporativos y, sobre todo, nuestra falta de imaginación para pensar y proponer una sociedad organizada con criterios de inclusión y prosperidad (7). Somos muy provincianos (8).

*

Así las cosas, también se perpetúa la extrema desigualdad, cuyas más graves consecuencias las padecen cotidianamente (usualmente a través de la violencia impune de la Policía Metropolitana) los invisibilizados y los demonizados de siempre, esos sobre los que los demás suelen justificar la violencia que recae sobre ellos porque algo habrán hecho, sin nunca precisar muy bien qué. Y de eso va, precisamente, la desigualdad estructural.

(1) Vilhena Vieira, Oscar, ‘Desigualdad estructural y Estado de derecho’, en: Rodríguez Garavito, César (coord.) 2011, ‘El derecho en América Latina. Un mapa para el pensamiento jurídico del siglo XXI’, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, pp. 25-46.
(3)Discusión de fondo’, Xavier Flores Aguirre, 14 de junio de 2008.
(4) Uno de los pocos esfuerzos para comprender el fenómeno informal es el documental ‘Guayaquil Informal’ de Ernesto Yitux y Andrés Loor.
(5) Municipio tendrá mayoría en la Asamblea Ciudadana’, Diario El telégrafo, 30 de septiembre de 2011.
(6) López Noriega, Saúl, ‘Democracia, poder y medios de comunicación’, Distribuciones Fontamara, México, D.F., 2009, p. 109.
(7) ONU Hábitat ha construido un Índice de la Ciudad Próspera [“City Prosperity Index”] para una “ciudad del siglo 21”. Se compone de cinco dimensiones, todas con indicadores medibles: productividad, desarrollo de infraestructura, calidad de vida, equidad e inclusión social, sostenibilidad ambiental. Contrastar las ideas y propuestas de estas cinco dimensiones de la prosperidad frente a la realidad de la gestión socialcristiana de Guayaquil tras casi un cuarto de siglo en la Alcaldía, nos dará la medida de nuestro retraso: v. UN Habitat, 'State of the world's cities. Prosperity of cities' [2012].
(8) Esta frase tiene relación con esa mentalidad de patria chica (“my city, right or wrong”) que es una renuncia a pensar y a salirse del guion trazado por la Alcaldía, por falta de información suficiente y docilidad/temor reverencial/complicidad frente a la autoridad local. Y con el hecho de que la “capitalidad” de Guayaquil siempre estuvo basada en su fortaleza económica (“Quito capital administrativa, Guayaquil capital económica”: todas las diatribas anti-kikuyos se originaron en esta dualidad); “capitalidad” que recientemente hemos perdido. La falta de prosperidad podrán encubrirla los que están en el ajo, pero para un observador guayaquileño e independiente como el economista Walter Spurrier: “La capital de la república puede oficialmente reclamar el título de ser también capital económica. Esto, a pesar de que Quito tiene sólo 1,9 millones de habitantes y Guayaquil 2,6 millones. El PIB per cápita quiteño era sustancialmente superior al guayaquileño”: Walter Spurrier Baquerizo, ‘Las economías de Guayaquil y Quito’, Diario El Universo, 11 de agosto de 2013. En un artículo posterior, Spurrier precisa: “Entre el 2007 y 2011 Guayaquil pierde 0,8% de participación de la economía, mientras que Quito la aumenta ligeramente, en 0,2 de punto. Guayaquil pasa a 23,9% de la economía nacional, casi dos puntos porcentuales menos que Quito. Nos quedamos atrás: Quito, capital económica indiscutible […]. ¿Qué pasó con Guayaquil? Pierde fuertemente en actividades profesionales e inmobiliarias, la mitad de lo que tenía antes. Todo el resto del país gana participación a expensas de Guayaquil. ¿Estamos perdiendo servicios profesionales? Debe ser causa de preocupación puesto que el futuro está en el conocimiento”: Walter Spurrier Baquerizo, ‘Guayaquil se rezaga’, Diario El Universo, 22 de febrero de 2015 (el resaltado no es del original).   

Slow jam the news (ft. Barack)

11 de junio de 2016


“Climate change is real, healthcare is affordable, and love is love”. La lleva, el morocho.


"Gracias al sol"

10 de junio de 2016


Juan Gabriel meets Creedence.


Los Borbones en pelota

9 de junio de 2016


Cuando se piensa en Gustavo Adolfo Bécquer, usualmente viene a la cabeza el tono romántico de sus Rimas y Leyendas. Casi nadie, creo, lo asociaría con la pornografía del siglo XIX. Y sin embargo, a los sevillanos Bécquer (Gustavo Adolfo y su hermano Valeriano) se les ha atribuido la creación de una obra titulada ‘Los Borbones en pelota’, que circuló de manera clandestina en España los años 1868-1869 y que se publicó (de manera incompleta, pues se han conservado 89 de 107 ilustraciones) recién el año 1986. La obra consistió en la cruda representación en acuarelas, como su título bien lo anticipa, de los Borbones en pelota (1):



  
La reina española (Isabel II, homónima del vejestorio inglés) era ninfómana y el tal Antonio María Claret (el mismísismo fulano de la parroquia urdesina) la acolitaba en sus fornicios, mientras repartía "alfalfa espiritual para los borregos de Cristo".  

(1) Burdiel, Isabel (ed.), 'Los Borbones en pelota', Institución Fernando El Católico, Zaragoza, 2012.

"Apropiate de esta bebota" (o una exploración de los límites a la libertad de expresión)

7 de junio de 2016

Durante el invierno del año 2010, en Buenos Aires, recuerdo haber leído, ya de noche y echado en cama, una revista Barcelona cuya contratapa era ésta:

Fuente: http://www.eldiaonline.com/
 
La había comprado por la mañana. No conocía el contexto de la “bebota”, pero no tardé en averiguarlo: se trataba de Cecilia Pando, presidente de la Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de la Argentina y defensora acérrima de la dictadura militar, quien incluso se encadenó a un edificio de la calle Libertador para protestar por lo que ella consideraba una injusticia.

Desde entonces, siempre pensé en esta contratapa de revista Barcelona como un símbolo de lo que significa la libertad de expresión, en clave de George Orwell: “si significa algo, es el derecho a decirles a los demás lo que no quieren oír” (por si acaso, lo mismo da si lo que se dice es sobre Cecilia Pando o Rigoberta Menchú, la discusión trasciende a la persona involucrada). Así como siempre pensé que Barcelona, la revista que se atrevió a publicar esta contratapa, era y es una revista imposible en una sociedad tan conservadora y con un sentido del humor tan Mi Recinto como la nuestra (1).

Años después, resulta que esta contratapa que yo consideraba un símbolo de la libertad de expresión por contribuir a explorar sus límites, ha terminado por servir a este propósito de exploración dentro de un proceso judicial. Cecilia Pando demandó a revista Barcelona y la jueza Susana Nóvile, a cargo del Juzgado Civil No 108 de la Capital, ordenó el 8 de mayo de 2016 a revista Barcelona a que compense a Cecilia Pando con 40.000 pesos argentinos (2).

Esta sentencia ha provocado un profundo debate en la sociedad argentina, muy interesante de seguirlo (e ignorado totalmente en nuestra prensa nacional tan “preocupada” por la libertad de expresión, por supuesto) (3). Me quedo, sin embargo, con la claridad expositiva de Roberto Gargarella en su blog, porque ha dado cuenta de los problemas argumentativos de la sentencia de la jueza Nóvile al tiempo de sugerir cómo pensar este caso en línea con la más alta protección del derecho a la libertad de expresión.

La opinión de Gargarella se la encuentra en este enlace (4).   

Este panel en la Universidad Nacional de Quilmes, en el que participó Roberto Gargarella en compañía de Horacio Verbitsky, María O’Donnell, Romina Manguel, Sebastián Lacunza, Martín Becerra e Ingrid Beck, resulta de lujo para comprender la sentencia que favoreció a Cecilia Pando, debidamente contextualizada y desmenuzada:

 
(1) Hasta antes de que el tema de la libertad de expresión se convierta en una “moda” a instancias de la lucha política anti-correísta, los “talking heads” de este país (a muchos de los cuales escuché en entrevistas de radio en tiempos pre-Correa, a las que también yo estaba invitado, con esta invariable cantilena) privilegiaban el derecho al “honor” por sobre el derecho a la expresión de opiniones que puedan afectarlo. Por ejemplo, en un caso para muchos olvidado, el que León Febres-Cordero haya demandado por injurias calumniosas al editorialista Rodrigo Fierro por sus criterios vertidos en una columna de opinión de diario El Comercio, nunca provocó su defensa exaltada de la libertad de expresión. Su línea argumentativa era del tipo: “un hombre de honor como Febres-Cordero tenía derecho a defenderse con las herramientas que le faculta la Ley”. (La sociedad democrática podía sentarse a esperar).
(3) En Argentina hoy está Macri. Eso cambia todo.
(4) Pando-Barcelona 4: Proteger la idea que no nos gusta’, Roberto Gargarella, 2 de junio de 2016.

Sobre la institucionalidad y la democracia (debate con María Paula Romo)

6 de junio de 2016

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Entrevista a cargo de Carlos Rabascall, en la que se habló de una sociedad sin compromiso, de unas élites políticas en guerra permanente, del derecho a la protesta de los ciudadanos, de unos municipios irresponsables (a la luz del terremoto del 16 de abril) y de un gobierno central de cuño conservador (un García Moreno reloaded):

Señales medioambientales del subdesarrollo en Guayaquil

5 de junio de 2016


Los habitantes de Guayaquil sabemos que nuestra ciudad se encuentra rodeada por ríos y esteros y soporta lluvias intensas en invierno: sabemos, en consecuencia, que se encuentra expuesta a graves riesgos de inundaciones, las que se han registrado de manera ocasional en Guayaquil.

Los riesgos de inundación en  la ciudad no son menores: de la información que se tiene, publicada en revistas académicas, el riesgo de inundación en Guayaquil es alto, porque es la cuarta ciudad en el mundo que sufrirá la mayor cantidad de pérdidas económicas como consecuencias de las inundaciones (1). Tenemos una idea vaga de todo esto, porque se ha discutido de una manera superficial en los medios de comunicación; pero, en general, ni las autoridades ni la ciudadanía, le conceden la importancia que merece. Purito subdesarrollo (2).

A quien menos parece importarle (paradójicamente, a quien más debería importarle) es a la Alcaldía de Guayaquil, entidad que mantiene una clara política de corte “ecocida”, puesta de manifiesto en varias de sus políticas públicas relacionadas con lo ambiental: áreas verdes, gestión de riesgos, uso del agua, recolección de desechos, conservación de la naturaleza (una marca registrada de la administración de Jaime Nebot es la persistente tala de árboles, justificada con argumentos escolares y soluciones inútiles).

Este quemeimportismo se pintó de cuerpo entero en una Cumbre Internacional del Medio Ambiente (CIMA) que organizó la Alcaldía de Guayaquil. Asistí. La Alcaldía participó con un espacio para demostrar la relevancia que le daba al asunto ambiental el organizador de la cumbre.

El resultado fue bochornoso: en un espacio desproporcionadamente grande, se parqueó un bus de la Metrovía al que se podía acceder para observar un video híperpixelado (podían verse los cuadrados en la pantalla) acerca de los riesgos del cambio climático, en el que se destacaba como una de sus consecuencias la futura inundación de varias ciudades alrededor del mundo, tales como Miami, Nueva York y Amsterdam… pero ni una palabra sobre Guayaquil, sede de la conferencia y cuarta ciudad con más riesgo de pérdidas económicas por inundaciones a nivel mundial. 

Todo estaba mal: la idea, la ejecución, el bus de la Metrovía (¡?). La puesta en práctica de la idea de “preocupación ambiental” hecha por la Alcaldía de Guayaquil en el CIMA fue un fiel reflejo de la mediocridad y de la irresponsabilidad con la que se encaran las políticas públicas ambientales en la Alcaldía de Guayaquil. Y es por eso es que tenemos una ciudad entre 5 y 9 grados de temperatura más caliente que lo que debería, sin drenajes naturales y apenas áreas verdes. Cosa que a nadie parece importarle. ¡Ah, el subdesarrollo! 

(1) Los artículos que he escrito en relación con las inundaciones en Guayaquil pueden leerse en este enlace.
(2) Una de las señales del subdesarrollo es la incapacidad "para relacionar las cosas, acumular experiencia y desarrollarse", como lo destacó Tomás Gutiérrez Alea en 'Memorias del Subdesarrollo', v. 'La posibilidad de una ciudad verde', Xavier Flores Aguirre, 18 de enero de 2016 y 'Un tipo digno', Xavier Flores Aguirre, 23 de abril de 2016.

Doble discurso / Tarea pendiente

4 de junio de 2016


Ayer el diario digital La Nación publicó un artículo de opinión de Antonio Aguirre Medina (a la sazón, mi tío) en el que criticó el doblez en la postura del alcalde Jaime Nebot frente a la construcción del puerto en Posorja (1).

Frente a este doblez, Antonio Aguirre cuestionó: “Sería interesante conocer que personas o grupos económicos adquirieron grandes extensiones de terrenos en el área adyacente de 30 kms. al área concedida”. Los polos de desarrollo generan plusvalía en los terrenos; tal vez este doblez discursivo se justifica por una elevada ganancia de quienes sabían que se iba a generar esa plusvalía (2). El precio a pagar por el doblez es mínimo; la prensa de Guayaquil ha hecho un arte del mirar a otra parte.

Porque este cuestionamiento es uno que nunca ha hecho el periodismo de Guayaquil. Esta investigación pendiente sobre la relación entre compra de terrenos y creación de polos de desarrollo nunca, hasta ahora, le ha interesado. Guayaquil es una ciudad de un periodismo tan espantosamente mediocre que su máxima autoridad puede decir, en público y suelto de huesos, que un terreno vale lo mismo, sea urbano o sea rural: “… el que un terreno sea urbano o sea rural no cambia su ubicación, ni cambia su valor, porque está en el mismo sitio […] Si usted declara urbano el desierto del Sahara, ¿cree que vale más? Será siempre el desierto del Sahara” (3). Y nadie, nunca jamás, cuestionarlo por ello.

Así, por la cara: el hombre que administra la ciudad más populosa del país dice creer en esa torpeza. En otras partes, esto sería sospecha suficiente para investigar el cuestionamiento que Antonio Aguirre ha planteado. Yo no sé si alguien más realmente cree en la mentira del alcalde (sería un incauto redomado); lo que sí sé, es que casi nadie se atreve a cuestionársela. Aguirre es una excepción.

En general, la “madera de guerrero” de nuestro periodismo está apolillada.

(1) Antonio Aguirre, ‘El doble discurso’, Diario La nación, 3 de junio de 2016.
(2) Este entramado, por ejemplo, es el meollo del problema en el que está involucrado el hijo de la presidente Bachelet, v. Rocío Montes, 'El hijo de Bachelet renuncia a su cargo en La Moneda', Diario El país (España), 13 de febrero de 2015. En esencia, es abuso de poder para el beneficio de unos cuantos que están en el ajo.
(3)Nebot, campeón’, Xavier Flores Aguirre, 3 de marzo de 2016.

Guayaquil y los espacios públicos (a la luz de ONU Hábitat)

3 de junio de 2016

"si no se hace nada para remediarlo, estos nuevos barrios serán lugares sin espacios públicos, explica Joan Clos, director ejecutivo de ONU Habitat. Sin plazas. Sin aceras anchas, aptas para la vida callejera. Sin edificios y transportes públicos –o, en todo caso, una dotación insuficiente de estos-. Con espacios comunes convertidos en jardines vallados o centros comerciales, privados de su función como lugares de realización de la vida social. Todo ello, por un crecimiento desordenado y unos Ayuntamientos que no lo han podido regular, por falta de voluntad o de recursos" (1).
 
De este párrafo inicial constante en una nota de diario El país de España sobre Habitat III, me quedo con la descripción y uno de los verbos. Con la descripción, porque esa ciudad desastrosa que se describió, de crecimiento desordenado, carente de espacios públicos y aceras anchas, deficiente en transportación pública, sobrante de jardines vallados y centros comerciales, es una descripción precisa de Guayaquil. Y así querida por su administración, porque Guayaquil es una ciudad en la que los malls son muestra de “calidad de vida”, según contó contento el alcalde en una publicidad (pagada con nuestros impuestos) en la revista Foreign Affairs (2).

El verbo con el que me quedo es “remediar”. Porque, a juzgar por lo mal que estamos a la luz de los estándares de ONU Hábitat, ese es el verbo que deberá aplicarse en los espacios públicos una vez terminado el período de este “populismo autoritario de derechas” que gobierna Guayaquil (3).

(1) David F. Guerrero, ‘Recetas para que las ciudades cuenten con espacioscomunes’, Diario El país (España), 6 de abril de 2016.
(2) Para Jaime Nebot, el mall es calidad de vida’, Xavier Flores Aguirre, 29 de noviembre de 2016.
(3) El discurso populista de la Alcaldía de Guayaquil (apelaciones continuas al pueblo y sus exaltaciones vacuas) es aupado por una prensa servil; el carácter autoritario de su gobierno es por su vertiente fascista (digno nieto de un lugarteniente del Generalísimo), v. ‘El fascismo municipal’, Xavier Flores Aguirre, 13 de enero de 2012; su orientación de derechas se manifiesta en cómo destina los recursos su administración, porque los servicios que presta no se entienden como derechos de los ciudadanos. Su práctica es que reciben mayores servicios, los que más recursos tienen. Para un análisis sobre esto, v. ‘Exigencias de equidad’, Arduino Tomasi & Isabella Romero, 29 de julio de 2013.

Periodismo adjetival vs. Periodismo de datos

2 de junio de 2016


El diario español El país publicó a día siguiente del informe a la nación del presidente Correa, un artículo que tituló ‘Rafael Correa presume su “década ganada” pero las cifras lo contradicen’, de autoría de Soraya Constante (1). Con semejante titular, pensé: “al fin voy a leer periodismo de datos sobre la política ecuatoriana, alguien se ha puesto a contrastar los hechos de un decenio de Rafael Correa en el poder”. Porque pensé que en ese artículo del 25 de mayo, el diario El país había hecho, para analizar el informe del presidente ecuatoriano, un trabajo similar al de PolitiFact (2) o al de la página de la Australian Broadcasting Corporation (ABC), cuya sección “Fact-Check” revisé a menudo durante el tiempo que estudié en Australia (3).

Pero fue leerlo apenas para decepcionarse. Las cifras que sirvieron para contradecir la “década ganada” se redujeron a la mención de algunas obviedades económicas y de algunas medidas adoptadas para enfrentar la coyuntura. Así, juzgar todo un decenio (4) por la coyuntura actual es un evidente error de razonamiento, porque es juzgar el todo por la parte (5). Su contenido crítico, frente a un informe a la nación que ofreció tantas cifras para posibles contrastes (cifras sobre ahorro público, gastos del presupuesto, deuda pública, crecimiento PIB, tasa de pobreza, desempleo, cartera de crédito, etc.) fue una sucesión de lugares comunes, sin investigación a fondo, que no ayuda a comprender, ni la complejidad del momento actual, ni mucho menos, la “década ganada” a la que este artículo soso supuso contradecir.

Pensé que diario El país iba a suplir la notoria ausencia del periodismo de datos en el Ecuador, donde el periodismo aún no supera su “fase hepática” (de adjetivales opiniones) y el contraste sistemático y sostenido de información, con un análisis profundo de los hechos y transparencia en las fuentes utilizadas, es todavía una quimera. El periodismo ecuatoriano no quiere tener lectores informados: aspira meramente a que sus lectores sean mojones en la marea de la opinión pública, puesto que así se los puede manipular más y mejor.

(1) Soraya Constante, ‘Rafael Correa presume su “década ganada” pero las cifras lo contradicen’, Diario El país (España), 25 de mayo de 2016.
(2) De PolitiFact hablé justo el día del informe a la nación y a las puertas donde éste se dio, v. 'Sobre el informe a la nación (entrevista con Carlos Rabascall)', Xavier Flores Aguirre, 31 de mayo de 2016.
(3) ABC, 'Fact-Check'.
(4) En rigor, debería ser el “decenio ganado”, porque 'decenio' se usa "para designar el período de diez años comprendido entre dos años cualquiera" mientras que 'década' se usa para designar "en especial el período de diez años referido a cada una de las decenas del siglo (años diez, veinte, treinta, etc.)", v. 'Década', Diccionario Panhispánico de Dudas (2005).
(5) 'Falacia de la composición', Uso de Razón.

AC/DC

1 de junio de 2016


En mi tiempo en Australia, cumplí mis tres sueños de viaje (el Gran Arrecife de Coral, el Parque Nacional Kakadu y la ruta ciclística de montaña Munda Biddi) pero no pude cumplir otro más: el de ver un concierto de AC/DC en su país de origen. Nunca tocaron.

En todo caso, queda la alegría de ver en video a la mejor banda de rock del mundo tocando en Buenos Aires ante el mejor público de rock del mundo: