Mostrando entradas con la etiqueta Sixto Durán-Ballén. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sixto Durán-Ballén. Mostrar todas las entradas

Assad Bucaram y el retorno a la democracia

22 de diciembre de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 22 de diciembre de 2023.

Richard J. Bloomfield (1927-2011) fue el Embajador de los Estados Unidos de América en la República del Ecuador entre 1976 y 1978. A principios de 1978, mientras Bloomfield era el representante del gobierno de Jimmy Carter, él transmitió a Washington D.C., por cable diplomático, sus impresiones acerca del proceso de retorno a la democracia en el Ecuador. 

El cable del Embajador Bloomfield reconoció la existencia de cinco actores políticos clave dentro del proceso de retorno a la democracia: el líder populista Assad Bucaram (1916-1981), el Consejo Supremo de Gobierno, los partidos políticos y los miembros de la élite económica de Quito y de la élite económica de Guayaquil. De estos, los dos actores más relevantes (además de antagónicos) eran Assad Bucaram y el Consejo Supremo de Gobierno. Bucaram, porque él era aquel a quien todos los demás actores políticos querían que se impida su acceso a la Presidencia de la República; el Consejo Supremo de Gobierno, porque ellos podían imponer los tiempos y los modos del proceso de retorno a la democracia.

El Embajador Bloomfield identificó en su cable diplomático que las razones para este cargamontón contra Bucaram eran de cuño racista (por su origen libanés) y de clase (por su extracción popular). Y según decía él, en la clase política ecuatoriana de 1978, sólo una “pequeña minoría” pensaba que a Assad Bucaram se le debería permitir su participación en las elecciones que se iban a celebrar en julio de 1978. 

En cualquier caso, las razones contra Bucaram fueron suficientes, pues el Consejo Supremo de Gobierno, siendo como era el amo de los tiempos y los modos del proceso de retorno a la democracia, finalmente decidió impedir la participación de Assad Bucaram. Lo hizo a través de una regulación de modo: el 20 de febrero de 1978, el Consejo Supremo de Gobierno decretó que iba a regir para las elecciones venideras una nueva Ley de Elecciones, en una de cuyas cláusulas dispuso (con evidente dedicatoria, dada la singular condición de hijo de libaneses de Assad Bucaram) que ningún hijo de padres extranjeros podía participar como candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de julio de 1978. 

Si bien Bucaram no pudo participar en las elecciones, sí se las pudo ingeniar para que su partido político, la Concentración de Fuerzas Populares, coloque como candidato a la Presidencia de la República a su sobrino político, Jaime Roldós (1940-1981). Se dijo entonces de la candidatura de Roldós: “Roldós a la Presidencia, Bucaram al poder”. Y a Roldós le fue bien: alcanzó el segundo lugar y pasó a la segunda vuelta con el candidato del Partido Social Cristiano, Sixto Durán-Ballén. 

Pasaron varios meses para la segunda vuelta (amo de los tiempos, el Consejo Supremo de Gobierno dilató lo que pudo su celebración) hasta que finalmente se la hizo en mayo de 1979. Triunfó de manera arrolladora el candidato de Bucaram, pero de poco sirvió, pues el país de los desacuerdos empezó pronto y para 1981, ambos, Bucaram y Roldós, ya estaban muertos. 

En cuanto a Richard J. Bloomfield, en enero de 1978 salió a su siguiente y final destino, como Embajador de los Estados Unidos en Portugal. Se retiró del servicio diplomático en 1982.

1979

8 de diciembre de 2023

             Publicado en diario Expreso el 8 de diciembre de 2023.

El 10 de agosto de 1979 el Ecuador regresó a la democracia después del período dictatorial más extenso de su historia. Aquel año entró en vigor una nueva Constitución y se posesionó a un Presidente joven y progresista, el abogado guayaquileño Jaime Roldós Aguilera, elegido tras su triunfo en una segunda vuelta disputada contra Sixto Durán-Ballén en abril de 1979.  

En los veinte años anteriores a 1979 apenas se realizaron dos elecciones presidenciales, que tuvieron a un mismo vencedor. En las elecciones de 1960 y de 1968 triunfó el mismo que ya había ganado en las elecciones presidenciales de 1952 y de un lejano 1933, el quiteño José María Velasco Ibarra. Ninguno de estos dos períodos presidenciales (1960-1964 y 1968-1972) los pudo Velasco Ibarra concluir. 

El de 1960-1964 lo interrumpió un golpe de Estado militar en 1961 y el de 1968-1972 lo interrumpió el propio Velasco Ibarra cuando se declaró dictador en 1970. Nuestro Presidente más veces vencedor en las urnas (un total de cuatro) también fue un contumaz entusiasta de la dictadura. La intentó sin éxito en 1935 (tiempos de su célebre: “Me precipité sobre las bayonetas”) y la intentó con éxito en 1946. En su último período presidencial la volvió a intentar y terminó por gobernar el país por espacio de 603 días sin contrapesos políticos oficiales, hasta que un golpe de Estado en 1972 (conocido como “El carnavalazo”) acabó con su gobierno.

Tras el golpe de Estado militar de 1961, a Velasco Ibarra lo sucedió su vicepresidente, Carlos Julio Arosemena Monroy (a quien, por cierto, lo destituyó otro golpe de Estado militar en 1963), mientras que tras el golpe de Estado militar de 1972 a Velasco Ibarra lo reemplazó el general Guillermo Rodríguez Lara. 

Al general “Bombita” Rodríguez, a su vez, en 1976 le hicieron un nuevo golpe de Estado, por el que se encumbró a la dictadura un triunvirato militar que se comprometió a devolver al Ecuador al orden constitucional. Prometieron, cuando asumieron, que la democracia volvería el año siguiente, a fines de 1977.

Por supuesto, no lo cumplieron. Ni tampoco confiaron en la democracia y en los partidos políticos, y por eso nombraron a dos comisiones para que elaboren sendos proyectos de Constitución que serían puestos a consideración del pueblo: un proyecto fue la Constitución de 1945 reformada y el otro fue una Constitución nueva. En el referéndum que se celebró en enero de 1978 ganó la nueva. (Fue la primera vez que una Constitución no la redactó una Asamblea Constitucional).

En total, en los veinte años precedentes a esta nueva Constitución y a un Roldós tan joven y progresista, el Ecuador había tenido dos golpes de Estado contra un único Presidente elegido en sendas elecciones (Velasco Ibarra), una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución de la República (en 1967), dos Presidentes de apellido Arosemena, al bueno y barcelonés de Clemente Yerovi y alrededor de doce años de dictadura. Y casi dos años de dictadura le corresponden a un dictador civil, que ocurre que es nuestra gran figura democrática del siglo XX.

Por eso, agosto de 1979 fue un gran momento de esperanza para el pueblo ecuatoriano. La política ecuatoriana, por supuesto, no tardó nada en arruinarlo todo.

El patrón de Lasso

24 de marzo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 24 de marzo de 2023.

La derrota que encajó el Presidente Lasso tras la consulta popular del 5 de febrero de 2023 siguió un patrón. Antes de la emergencia de Guillermo Lasso como representante de la derecha ecuatoriana en la Presidencia de la República, desde el retorno a la democracia en 1979, dos gobernantes de derecha, ya desgastados en su popularidad, hicieron una consulta al pueblo. Fueron Febres-Cordero y Durán Ballén. Ambos perdieron. Lasso es el tercero de esta lista. 

El primero de junio de 1986, a mitad del período de León Febres-Cordero, el Presidente le preguntó a sus mandantes lo siguiente: “Compatriota: ¿Quiere usted que los ciudadanos independientes tengan pleno derecho a ser elegidos sin necesidad de estar afiliados a partido político alguno, confirmando así la igualdad de todos los ecuatorianos ante la ley?”. 

El asunto preguntado era un reclamo social de la época y fue redactado con un claro sesgo (“confirmando así la igualdad”). A pesar de ello, el Presidente Febres-Cordero sufrió una grosera derrota: el Sí obtuvo 781.409 votos (24.96%) mientras que el No obtuvo 1.779.697 votos (56.85%). 

El 26 de noviembre de 1995, a menos de un año de concluir el gobierno de Sixto Durán-Ballén, el Presidente le preguntó a sus mandantes sobre varios temas: descentralización, derecho a escoger el régimen de seguridad social, distribución equitativa de recursos, prohibición de paralizar servicios públicos, disolución constitucional del Congreso Nacional por el Presidente de la República, elecciones distritales y uninominales y período legislativo de cuatro años, elección del presidente del Congreso Nacional cada dos años, reestructuración de la Función Judicial, eliminación de privilegios en el sector público y creación del Tribunal Constitucional y su regulación. 

Fueron un total de once preguntas. En todas y cada una de ellas ganó el No. El Sí siempre se mantuvo en la franja del 30% de los votos, mientras que el No se mantuvo en la franja del 40% de los votos. Fue una derrota contundente.

Febres-Cordero y Durán-Ballén tenían una baja popularidad al momento de hacer las consultas populares en 1986 y 1995, que funcionaron como una evaluación al gobierno del Presidente postulante. Evaluación que perdieron.

Ese es el patrón que siguió la consulta popular de Guillermo Lasso el 5 de febrero de 2023. Un gobierno de derecha, con una baja popularidad (una encuesta comparativa publicada en estos días lo ubica a Guillermo Lasso como el Presidente peor evaluado de América latina, con el 17% de aceptación a su gestión), que convocó a una consulta popular para legitimar su actuación en el resto del período. Ocho preguntas el Presidente presentó, en todas las ocho preguntas perdió. Aunque muchas eran preguntas tentadoras: tal es el tamaño del desafecto popular a la gestión presidencial.

En el Ecuador, desde 1979, se han convocado un total de doce consultas populares. Éstas tres, de Febres-Cordero, Durán-Ballén y Lasso, son las únicas que el pueblo ha negado.

En el caso de Lasso, esta derrota lo coloca a él en la situación de gobernar por más de dos años, sin apoyo del arco político y sin respaldo popular. 

Una posición difícil de afrontar, más parecida a languidecer que a gobernar.

El ocaso de Nebot

3 de octubre de 2021

A principios de octubre de 2019, el abogado guayaquileño Jaime Nebot Saadi pudo pensarse Presidente de la República del Ecuador. Pero ese octubre llegaron el asocio con y la protección del Presidente Moreno, la breve capitalidad de Guayaquil, el abierto desprecio a los indígenas [v. ‘Nebot antes de la marcha’ y ‘Nebot, después de su discurso’]. A mayor inri, después llegó la pandemia y su acción devastadora en marzo y abril de 2020 [v. ‘Guayaquil y el modelo que tocó fin’]. En una administración PSC, la ciudad de Guayaquil fue, a los ojos del mundo-mundial, un fracaso criminal en la contención del Covid-19. Al modelo de Nebot se le cayó lo ‘exitoso’.

 

A principios de octubre de 2021, el abogado guayaquileño Jaime Nebot Saadi es un hombre en procura de una venganza. De la Presidencia de la República, ya ni hablar (desde octubre de 2019 la idea de acceder a ella se tornó quimérica: el paso del tiempo descalabró cualquier posibilidad). Nebot declinó su candidatura, dejándole así la vía libre a su antiguo amiwi, Guillermo Lasso. Nebot dijo, en ese tiempo, que iba a optar por otra vía para servir, a través de su propuesta de consulta popular. Esta propuesta de Nebot no pasó el filtro de la Corte Constitucional y una mayoría de jueces (5 de 9) le pincharon su globito*.

 

Nebot apoyó a su amiwi en las elecciones del 2021, Lasso triunfó, y así, dio inicio el primer gobierno programáticamente de derechas desde el gobierno del nefasto Durán-Ballén [v. ¿Por qué el Presidente Durán-Ballén fue un desastre?]. Los tiempos parecían propicios.

 

La relación entre Lasso y Nebot siempre fue asimétrica a favor de Nebot. Nebot pudo pensar en llegar a un acuerdo de gobernabilidad y en tener un rol importante en el nuevo gobierno derechista. Pero llegar a la Presidencia de la República (coto vedado para Nebot) lo cambió a Lasso, quien ahora siente (porque así es) que estar en la Presidencia lo sitúa en el lado superior de la relación asimétrica que él mantiene con Nebot.

 

Tras este vuelco en la relación, Lasso parloteó pero para luego boicotear el inminente acuerdo con Nebot and pals, por el que hubiera llegado a la Presidencia de la Asamblea Nacional un líder socialcristiano, Henry Kronfle. Así, como una clara evidencia del vuelco en la asimetría, finalmente, Lasso lo pateó a Nebot.

 

Y es por ello que hoy, en su ocaso político, Jaime Nebot Saadi es un hombre en procura de una venganza. (La Presidencia de la República se evaporó de entre sus aspiraciones.) Nebot sabe bien que la política del Ecuador le otorgará muchas herramientas y oportunidades para ejecutar su venganza. Casi octogenario, pero él estará siempre al acecho del momento para ejecutarla.

 

Pero ojo, no es por idealismo. Es por un mejor reparto.

 

* Nebot dijo que la decisión de los cinco jueces era ‘el principio de su fin’. Pero a esos cinco jueces se los observa tan campantes como para póster de Johnnie Walker®. En otros tiempos, esta sentencia de Jaime Nebot implicaba una consecuencia en el mundo real; hoy, fue pura farfulla. Un síntoma del menguante poderío en su ocaso.

¿La tercera?

5 de junio de 2020


Corrían los primeros días de 1992 cuando en el diario El Universo se “pudo comprobar que la decisión está tomada y es definitiva”: Fabián Alarcón Rivera, de las filas del Frente Radical Alfarista (FRA), iba a acompañar “como binomio al abogado Jaime Nebot (PSC)”. Según el autor de la nota, este acuerdo se había alcanzado el jueves 2 de enero, “tras un diálogo que duró cerca de una hora entre Nebot Saadi y Alarcón Rivera, quien vino a Guayaquil con ese propósito” (‘Alarcón será binomio de Nebot’, 5 de enero de 1992).

Pero la noticia resultó falsa. En vez de Fabián Alarcón, Nebot lo escogió al ambateño Galo Vela Álvarez como su binomio en el primer fracaso en su ambición de ser el Presidente del Ecuador. Ese año 1992, al binomio Nebot-Vela lo venció una cuña de su mismo palo, compuesta por Sixto Durán-Ballén y Alberto Dahik. En su segundo fracaso, en 1996, a Jaime Nebot lo venció su archienemigo, Abdalá Bucaram. Y a él lo tumbó... Fabián Alarcón.

La lucha de titanes ochenteros... ¡todavía continúa!
Y el pueblo dijo: '¡Destruye! ¡Destruye!'

Desde 1996, Nebot quedó curado de espanto y nunca ha vuelto a intentarlo. Será finalmente en este junio, que despejará la duda de si se anima o no a una tercera carrera presidencial.

Mi pronóstico es que no. Es más digno un sosegado retiro.

Sholoman y la seguridad social

20 de diciembre de 2019


En los estertores del Gobierno del viejo nefasto y represivo de Durán-Ballén, se convocó al pueblo ecuatoriano para que participe en un referéndum a fin de incorporar, en la Constitución de 1979, una norma que, palabras más, palabras menos, aplique en el Ecuador el régimen vendehumo de las AFP chilenas. 

Es decir, se quiso mercantilizar la seguridad social, pero el pueblo convocado a referéndum el 26 de noviembre de 1995 supo decirle al Gobierno de Durán-Ballén que NO, en todas y cada una de las 11 preguntas que se le formuló.

En esa época también circulaba por la TV nacional, un superhéroe criollo (creo que era una producción de Ecuarrisa), de nombre Sholoman, interpretado por Oswaldo Segura. Era un superhéroe bien de a gaver, porque no dudó un instante en apoyar esta movida batracia de nuestra derecha:

Diario Extra, 'Informa primero y mejor', 13 de noviembre de 1995.

Visto en perspectiva, por cómo se evidenció el fracaso de las AFP en Chile, el pueblo del Ecuador fue sabio en su votación en contra de la pregunta 2 que propuso el cambio en la seguridad social (60% en contra) y no se jamó este severendo entuque que le proponía nuestra derecha pilla, apoyada por Sholoman.

Y en cuanto a este superhéroe desclasado, hoy tiene un bien merecido sitial en el olvido.

Sixto y la represión

18 de octubre de 2019


En la mitología liberaloide ecuatoriana, existe el mito de que Sixto Durán-Ballén fue un buen Presidente. Yo disiento, con argumentos de derechos humanos. Creo que fue un hijoputa de Presidente*, uno de mierda.

Y cito a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos como testigo de cargo: este órgano americano ha indicado que, durante el Gobierno de Durán-Ballén “entre mediados de 1992 y mediados de 1996 [se] declaró el estado de emergencia o la suspensión de garantías […] en Ecuador al menos siete veces”. La CIDH afirmó que “combatir la delincuencia mediante la suspensión de garantías individuales en virtud del estado de emergencia, no se ajusta a los parámetros exigidos por la Convención Americana para que sea procedente su declaración [y que el] modus operandi del Estado ecuatoriano [es] emitir decretos de emergencia y suspensiones de garantías constitucionales de manera indiscriminada y como mecanismos sistemáticos para combatir la delincuencia común”. Lo dijo en la audiencia del Caso Zambrano Vélez y otros vs. Ecuador, un crimen de Estado cometido durante el Gobierno de Durán-Ballén (durante su primer estado de excepción).

¿Cómo no lo iba a recordar, entonces, con mucho cariño el mundo liberaloide ecuatoriano (fundamentalmente, liberaloide es otra manera de decir “fascista”), si el Gobierno de Durán-Ballén se encargó de bolearle balín de lo lindo a los pobres? No hay nada que excite más a nuestra derecha liberaloide que la existencia de un Estado represivo a su favor. Lo hemos visto estos últimos días: está desatada.

Esto, aunque el motivo de la excitación liberaloide produzca un Estado que es disfuncional en el contexto internacional (¿pero quién dijo que la derecha liberaloide tenía conciencia de sus actos? –el liberaloide habla desde su ombligo y ama a Ayn Rand). Para centrarnos en la época del anciano represor que fue Durán-Ballén, esta disfuncionalidad se la ha reconocido en siete sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en contra del Estado ecuatoriano (su tercera parte, de un total de 21), por los abusos de la Fuerza Pública (policías y milicos) ocurridos durante el Gobierno de Durán-Ballén. Se los enumero a continuación: el Caso Tibi, sobre abusos policiales en un proceso de narcotráfico; el citado Caso Zambrano Vélez, por la ejecución extrajudicial de tres personas en un operativo militar; el Caso Vera Vera, sobre la muerte de una persona bajo custodia policial; el Caso García Ibarra, sobre la muerte de un adolescente a manos de un policía; el Caso Herrera Espinoza, sobre torturas en centros de detención; el Caso Valencia Hinojosa, sobre abusos en el fuero policial para encubrir un crimen; el Caso Vásquez Durand, sobre la desaparición de un peruano en el marco del conflicto armado con el Perú. Ahí les dejo, en los enlaces, los resúmenes de todos estos casos sentenciados de violaciones de derechos humanos, para que lo festejen a su hijoputa Presidente*.

Si Ecuador fuera un país en serio, no se lo recordaría a Durán-Ballén con una imagen positiva. A la luz de los estándares internacionales de derechos humanos, su período de Gobierno fue muy represivo y violento. (Pero la lobotomía del país es tal, que no se recuerda ni su brutal represión a la libertad de expresión, incluso denunciada por la SIP**)

Fumándose la institucionalidad, el viejito.

Pero es que eso es: no somos un país en serio. Tenemos un Gobierno que es una fachada de intereses empresariales, cuyos voceros son las empresas de medios de comunicación de alcance nacional a los que le importa pija los derechos informativos de los ciudadanos.

Sólo en esta estupidizante política de desinformación, puede entenderse que a este anciano represor de Durán-Ballén se lo recuerde de manera positiva, aún teniendo este espantoso récord en materia de derechos humanos.

Corolario: Yo no me como ese cuento del viejito bonachón, pergeñado por sus mediocres aliados mediáticos. Yo sí lo desprecio.  

* Sin relación a una vulva, de cualquier tipo. Lo que se llama hijoputa por derecho propio.
** Una rareza, porque es un perro de la derecha atacando a otro perro de la derecha, cuando suelen actuar de manera coordinada.

Wilmer Zambrano explica cosas (a militares y policías)

12 de octubre de 2019


Tanto en el año 1993, como desde la vigencia del estado de excepción el pasado jueves 3 de octubre, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas han unido sus esfuerzos para reprimir a la población. El 6 de marzo de 1993, un operativo de las Fuerzas Armadas llevado a cabo en el Batallón del Suburbio, populoso sector de Guayaquil, encontró 9 escopetas recortadas, 2 machetes, 7 cuchillos, 1 juego de esposas y 1 medidor de electricidad, 18 paquetes de dinamita militar de procedencia peruana, 8 granadas militares. En el curso de este operativo en el que participaron 1.200 efectivos de sus tres ramas, las Fuerzas Armadas detuvieron a 39 personas y mataron a tres, entre ellas, a Wilmer Zambrano.

Hay que decirlo: Wilmer Zambrano no era ningún angelito. En su poder tenía 1 repetidora, 1 machete, 2 pistolas, 2 revólveres, 1 recortada, 1 cuchilla y algunas fundas que se supone que servían para el envío de drogas. Para obtener este botín, los miembros de las Fuerzas Armadas se cobraron su vida. El Estado, vía sus Fuerzas Armadas, lo mató a Zambrano, y luego pasó lo usual: no investigó los hechos.

Porque hay que admitir que el Estado ecuatoriano no ha sido ningún angelito, tampoco. Ese operativo del 6 de marzo de 1993 se hizo con base en el Decreto Ejecutivo No 86 que había dictado el Presidente Sixto Durán-Ballén el 3 de septiembre de 1992 (cuando aún no llevaba ni un mes en el ejercicio de su Presidencia) por el que en razón de “hechos de vandalismo, atentados contra la integridad física de las personas y considerables perjuicios a la propiedad pública y privada”, dispuso “la intervención de las Fuerzas Armadas en todo el territorio nacional”. Años después, la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró en una sentencia en contra del Estado ecuatoriano que este decreto de Durán-Ballén “no fijó limites espaciales, temporales ni materiales de la suspensión de garantías” por lo que autorizó, implícitamente, la comisión de abusos por la Fuerza Pública. En dicha sentencia, la Corte IDH encontró al Estado ecuatoriano responsable por la violación del derecho a la vida (Art. 4 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos) de las víctimas mortales del operativo en que murió Zambrano.   

El caso en la Corte Interamericana por el operativo del 6 de marzo de 1993 se resolvió el 4 de julio de 2007 y se había originado por una denuncia que presentó el 8 de noviembre de 1994 la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU), referida a la ejecución extrajudicial de tres personas (Wilmer Zambrano, José Miguel Caicedo y Segundo Olmedo Caicedo) en el marco de una suspensión de garantías que no estuvo ajustada a los parámetros del Sistema Interamericano. Es un tipo de caso que, por lo visto en los hechos actuales de represión de la Fuerza Pública a la protesta social a partir de este 3 de octubre, bien podría presentarse de nuevo en el Sistema Interamericano, 25 años después.

El caso sentenciado el 4 de julio de 2007 se llamó Zambrano Vélez y otros vs. Ecuador y en su trámite el Estado buscó disputar la responsabilidad por las tres víctimas mortales, porque estimó que la actuación de su Fuerza Pública se la había hecho en el marco de la “legítima defensa” y en aplicación de unas normas del derecho interno, pero la Corte IDH le opuso “un principio de Derecho Internacional” en razón del cual todo Estado “responde por los actos y omisiones de sus agentes realizados al amparo de su carácter oficial, aun si actúan fuera de los límites de su competencia” y, en particular, le aclaró sobre la actuación de las Fuerzas Armadas como agente para el control de la protesta social, que “los Estados deben limitar al máximo el uso de las fuerzas armadas para el control de disturbios internos, puesto que el entrenamiento que reciben está dirigido a derrotar al enemigo, y no a la protección y control de civiles”.

El mensaje dado al Estado ecuatoriano en esta sentencia fue claro: no se puede tener unos decretos de estado de excepción redactados tan a la maldita sea. El Estado, increíblemente, acusó recibo: le ofreció a la Corte IDH que la Asamblea Constituyente que iba pronto a parir una nueva Constitución (nuestra décimo novena, la “de Montecristi”) iba a restringir “el uso indiscriminado que en ciertas ocasiones se puede dar del estado de excepción, de esa facultad que tiene el Poder Ejecutivo para decretar un estado de emergencia”.

Y, curiosamente, el Estado ecuatoriano cumplió. Hoy estamos mucho mejor equipados que en 1993 (cuando todavía éramos un país muy silvestre) para enfrentar los estados de excepción dictados por un Presidente de la República. Primero, ya no están redactados tan a la maldita sea como lo estuvieron en los años del anciano represor de Durán-Ballén. Segundo, tienen controles por parte de la Asamblea Nacional y la Corte Constitucional. De la Asamblea Nacional nada puede decirse hasta ahora, pues nada ha dicho o hecho (su naturaleza es el Retardo), pero la Corte Constitucional sí que se ha manifestado. En dos dictámenes, uno de fecha 7 de octubre y otro del 10 de octubre, la Corte precisó que, por estos 30 días de excepción, la actuación de la Fuerza Pública tendrá, entre otros, estos claros límites:

“e) […] no autoriza la disolución de concentraciones y manifestaciones de protesta pacífica.
f) […] que las garantías jurisdiccionales y las del debido proceso establecidas en la Constitución se encuentran en plena vigencia durante el estado de excepción, y que por tanto éste no ampara ninguna suspensión o restricción de las mismas; en particular la garantía del hábeas corpus.
g) […] la obligación internacional de respeto a los hospitales, centros de salud, universidades y en general lugares que sirvan de centros de acogida, por lo que, en ninguna circunstancia, podrán ser objeto de ataques.” (El resaltado no es del original.)

Por estos días, estos límites son relevantes para la actuación de nuestra Fuerza Pública. En Zambrano Vélez y otros vs. Ecuador, la Corte Interamericana le atribuyó la responsabilidad al Estado del Ecuador debido a que no pudo justificar su actuación por los hechos de 1993. En el 2019, tenemos demasiado evidencia colectiva de que es imposible tomarse cualquier negación de responsabilidad en serio. Y ya tenemos, según los cálculos de la Defensoría del Pueblo (órgano al que la Corte Constitucional le encargó que haga el seguimiento de las medidas), cinco muertos en este estado de excepción vigente desde el 3.

Además, a diferencia de 1993, este año 2019 el marco jurídico que delimita la actuación de la Fuerza Pública sí que está muy claro: lo precisó la Corte Constitucional. Toda acción que no se ajuste a los restrictivos parámetros que este órgano se ha preocupado de desarrollar, será violatoria de los derechos humanos. Debería serlo ante los tribunales nacionales, seguramente lo será en los tribunales internacionales.

Por eso sorprende esta comunicación de las Fuerzas Armadas en la que trata de deslindar su responsabilidad por su actuación frente a la protesta social:

Esta afirmación de las Fuerzas Armadas, frente a un tribunal internacional, carece de valor alguno. Ellas deberían saberlo bien, porque el Estado ecuatoriano ya fue sentenciado por su culpa, como lo recuerda la sentencia del Zambrano Vélez y otros. Es tan sencillo como que cualquier aspecto de su actuación que no esté ajustado a lo dispuesto por la Corte Constitucional en sus dictámenes del 7 y 10 de octubre, acarreará la responsabilidad del Estado ecuatoriano, en sede nacional o internacional, tarde o temprano.

Y lo mismo va para la Policía, que son los auténticos represores.  

N.B.: Los hechos narrados y todas las citas hechas son tomadas de: Corte IDH, Caso Zambrano Vélez y otros vs. Ecuador. Sentencia de 4 de julio de 2007 (Fondo, Reparaciones y Costas), Serie C No 166, con excepción de la cita de la Corte Constitucional, que corresponde a su Dictamen del 10 de octubre [Juez ponente: Enrique Herrería Bonnet].

Derecho a la sátira: política y periodismo en el Ecuador

27 de mayo de 2019


En 1.998, la televisión ecuatoriana tuvo un programa de sátira política en el extinto canal SíTV como no se lo había tenido ni se lo volverá a tener en la TV del Ecuador: ‘Sin ánimo de ofender’. Existen varios capítulos del programa subidos a YouTube, pero este episodio en el que utilizan a ‘Los Locos Addams’ para satirizar a la política ecuatoriana es realmente fuera de serie:

 
Más de veinte años después, los personajes políticos de ‘Sin ánimo de ofender’ siguen siendo reconocibles: ‘Ciego Horrendo’ es Diego Oquendo; ‘Bembicia’ es Gloria Gallardo; ‘Tía diez Lucas’ es Elsa Bucaram; ‘Merlinafón’ es Roberto Bonafont… La escena final incluye este memorable diálogo entre Bembicia, interpretada por Carolina Ossa, y otro personaje llamado “La abuela”, interpretado por el genial Johnny Shapiro:

Bembicia: “¡Pero qué horror! ¡No! ¡Es que yo no puedo aceptarlo! ¡No puedo aceptar porque no dejan que nosotros les impongamos nuestras verdaderas tradiciones! ¿Por qué? ¿Por qué, si nosotros lo único que queremos hacer es renovar nuestra ciudad? Hacerla, hacerla más hermosa, más bella, dar verbenas, renovarla con retretas…
La abuela: [Interrumpiendo a Bembicia] “Ay, sí”.
Bembicia: [Imponiéndose] “¡Civismo! ¡Civismo! ¡Eso es lo que le vamos a dar al pueblo, civismo, y por qué no se dejan?” [Suspira]
La abuela: “Siéntate tranquila, hijita, ellos no comprenden que nosotros los políticos y los periodistas somos una familia muy normal
Bembicia: “Somos muy normales”.
La Tía 10 Lucas: “Así es, JEJEJE”.

De fondo, la música de ‘Los Locos Addams’… El episodio concluye con un pedo que dispersa al personal (incluido a “Sexto”, parodia de Sixto D-B) y un mensaje tranquilizador de la abuela pedorra. Es la más certera sátira producida en la televisión ecuatoriana sobre el hondo vínculo entre la política y el periodismo, que tanto se ha puesto en evidencia durante el Gobierno del Presidente Lenin ‘Mojón en la Marea’ Moreno.

Se trata de una sátira que, a pesar de haber sido hecha hace más de 20 años, conserva total vigencia.