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Assad Bucaram y el retorno a la democracia

22 de diciembre de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 22 de diciembre de 2023.

Richard J. Bloomfield (1927-2011) fue el Embajador de los Estados Unidos de América en la República del Ecuador entre 1976 y 1978. A principios de 1978, mientras Bloomfield era el representante del gobierno de Jimmy Carter, él transmitió a Washington D.C., por cable diplomático, sus impresiones acerca del proceso de retorno a la democracia en el Ecuador. 

El cable del Embajador Bloomfield reconoció la existencia de cinco actores políticos clave dentro del proceso de retorno a la democracia: el líder populista Assad Bucaram (1916-1981), el Consejo Supremo de Gobierno, los partidos políticos y los miembros de la élite económica de Quito y de la élite económica de Guayaquil. De estos, los dos actores más relevantes (además de antagónicos) eran Assad Bucaram y el Consejo Supremo de Gobierno. Bucaram, porque él era aquel a quien todos los demás actores políticos querían que se impida su acceso a la Presidencia de la República; el Consejo Supremo de Gobierno, porque ellos podían imponer los tiempos y los modos del proceso de retorno a la democracia.

El Embajador Bloomfield identificó en su cable diplomático que las razones para este cargamontón contra Bucaram eran de cuño racista (por su origen libanés) y de clase (por su extracción popular). Y según decía él, en la clase política ecuatoriana de 1978, sólo una “pequeña minoría” pensaba que a Assad Bucaram se le debería permitir su participación en las elecciones que se iban a celebrar en julio de 1978. 

En cualquier caso, las razones contra Bucaram fueron suficientes, pues el Consejo Supremo de Gobierno, siendo como era el amo de los tiempos y los modos del proceso de retorno a la democracia, finalmente decidió impedir la participación de Assad Bucaram. Lo hizo a través de una regulación de modo: el 20 de febrero de 1978, el Consejo Supremo de Gobierno decretó que iba a regir para las elecciones venideras una nueva Ley de Elecciones, en una de cuyas cláusulas dispuso (con evidente dedicatoria, dada la singular condición de hijo de libaneses de Assad Bucaram) que ningún hijo de padres extranjeros podía participar como candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de julio de 1978. 

Si bien Bucaram no pudo participar en las elecciones, sí se las pudo ingeniar para que su partido político, la Concentración de Fuerzas Populares, coloque como candidato a la Presidencia de la República a su sobrino político, Jaime Roldós (1940-1981). Se dijo entonces de la candidatura de Roldós: “Roldós a la Presidencia, Bucaram al poder”. Y a Roldós le fue bien: alcanzó el segundo lugar y pasó a la segunda vuelta con el candidato del Partido Social Cristiano, Sixto Durán-Ballén. 

Pasaron varios meses para la segunda vuelta (amo de los tiempos, el Consejo Supremo de Gobierno dilató lo que pudo su celebración) hasta que finalmente se la hizo en mayo de 1979. Triunfó de manera arrolladora el candidato de Bucaram, pero de poco sirvió, pues el país de los desacuerdos empezó pronto y para 1981, ambos, Bucaram y Roldós, ya estaban muertos. 

En cuanto a Richard J. Bloomfield, en enero de 1978 salió a su siguiente y final destino, como Embajador de los Estados Unidos en Portugal. Se retiró del servicio diplomático en 1982.

A Guayaquil la democracia le sienta mal

23 de octubre de 2021


El fenómeno más importante de los últimos años en el Ecuador es su acelerada urbanización y, como consecuencia, el crecimiento del rol de las ciudades para articular y dar sentido a la vida de las personas. Desde la década del cuarenta (después de perder la guerra con el Perú, después de la Segunda Guerra Mundial, en el año de N. S. de 1947) se empezó a elegir a los presidentes de las municipalidades por el voto de la población de su jurisdicción. Para el caso del cantón Guayaquil esto implicó, entre 1947 y la actualidad (es decir, sus buenos 74 años), la elección popular de un total de trece autoridades, once hombres (Guerrero por dos veces, Guevara, Estrada, Robles, Menéndez, Assad Bucaram por dos veces, Huerta, Hanna, Abdalá Bucaram, Febres-Cordero por dos veces y Nebot por cuatro veces) y dos mujeres (E. Bucaram y C. Viteri).

 

Hasta la llegada del socialcristiano al poder en Guayaquil, la ciudad vivió una época de honda inestabilidad. Entre los 45 años que van desde 1947 hasta 1992, únicamente los alcaldes Rafael Guerrero Valenzuela en 1947, Luis Robles Plaza en 1957 y Assad Bucaram Elmhalin en 1967 lograron terminar sus períodos. En ese mismo tiempo, un total de nueve autoridades (ocho hombres y una mujer) no terminaron sus períodos en la Alcaldía: el mismo Rafael Guerrero Valenzuela tras su reelección en 1949, Carlos Guevara Moreno en 1951, Emilio Estrada Icaza en 1955, Pedro Menéndez Gilbert en 1959, Assad Bucaram Elmhalin en su primera elección en 1962, Francisco Huerta Montalvo en 1970, Antonio Hanna Musse en 1978, Abdalá Bucaram Ortiz en 1984 y Elsa Bucaram Ortiz en 1988. Tres períodos concluidos vs. nueve períodos que no. Un récord lamentable.

 

Desde 1992, la Alcaldía de Guayaquil ha vivido un período de estabilidad, en claro contraste a los 45 años precedentes. En estos últimos 29 años todos los Alcaldes han terminado su período: el Alcalde Febres-Cordero entre 1992 y 2000 y el Alcalde Nebot entre 2000 y 2019. Ahora está en el Sillón de Olmedo, desde el 2019, la Alcaldesa Cynthia Viteri, auténtica Jocelyn Mieles de la administración pública que ha sobrevivido a tantos actos absurdos en su período que es seguro que lo terminará (la prensa de Guayaquil es generosa con –o debo decir: perra de- la derecha local).

 

Esta estabilidad se debe al dominio absoluto en Guayaquil de una tienda política, el Partido Social Cristiano. Su invariable triunfo ha sido el triunfo de la perversión (v. ‘El lado perverso del socialcristianismo’ y ‘Guayaquil y el modelo que tocó fin’) y, por ende, un derrotero seguro a la auto-destrucción por inundaciones. Es cuestión de tiempo.

 

Pobre Guayaquil: en tres generaciones ha pasado de una honda inestabilidad a una estabilidad perversa, en decidido rumbo a ser una ciudad estúpida y sub-acuática.

Aráuz es como Roldós

14 de diciembre de 2020

En cuanto a contenido, son distintos; pero vistos en el contexto que los produjo, los casos de Aráuz y de Roldós son similares: un gobierno conservador y de derechas, que impide a un líder popular su participación en las elecciones (Assad Bucaram en 1978; Rafael Correa en 2021), por lo que este líder popular coloca a un desconocido como su lugarteniente en las elecciones…

 

Si Roldós o Aráuz se lanzaban sin el apoyo de Bucaram o de Correa, no llegaban a ninguna parte, son unos Carlos Sagnay de la Bastida de la vida. Pero el caso es que el apoyo de Assad Bucaram y su maquinaria política (el CFP) le bastó a Roldós para vapulear al candidato de derechas en la segunda vuelta celebrada en 1979. Es la mayor paliza que se ha infligido en un ballotage: 68.49% por Roldós, 31.51% por Durán-Ballén.

 

Resta saber si el apoyo de Correa le bastará a Aráuz para en febrero triunfar alla Roldós. Pero creo que la derecha en el poder lo ha hecho tan mal, de forma tan egoísta y angurrienta, tan ya qué chucha, que este pueblo nostálgico recordará momentos en que anduvo mejor (esto es un duh! de sentido común). Y el candidato de Correa se beneficiará de ello, y la democracia no son las burbujas de Samborondón y Twitter. Es previsible el desconcierto de sus carecos cuando las cifras no cuadren con su obnubilación.

 

En el contexto, Aráuz replica el escenario que produjo el triunfo de Roldós: no me extrañaría, entonces, que repita sus resultados.

Pugna de poderes

18 de agosto de 2019


En el año 1979, son ya 40 años de esto, el Ecuador volvió a la democracia, período al que algunos querían que se lo conozca como “la decimoséptima república ecuatoriana”, puesto que nos regía la 17ava Constitución, votada por el pueblo en referéndum del 15 de agosto de 1978. Esta nueva Constitución buscaba un poder ejecutivo fuerte:

“Con un parlamento elegido en forma definitoria de la elección presidencial, la denominada segunda vuelta, se induce claramente al electorado a procurarle a ese Presidente de mayoría absoluta una legislatura alineada en el mandato popular predominante” (Alfredo Pinoargote, ‘La república de papel’, p. 119).
 
Y así ocurrió en el primer intento, en 1979. El Presidente Jaime Roldós tuvo a 47 diputados identificados con él: 32 de CFP (Concentración de Fuerzas Populares) y 15 de la ID (Izquierda Democrática), es decir, “más de las dos terceras partes de la Cámara Nacional de Representantes, la mayoría necesaria para instrumentar el cambio prometido al mandante soberano” (p. 119).

Parecía un escenario propicio, con un Presidente joven e idealista, Jaime “Seconal” Roldós, apoyado por un número suficiente de legisladores. Pero el autor al que seguimos en este punto, cuenta qué pasó en este Ecuador de la vuelta a la democracia:

“Sostenemos como verdad evidente e irrefutable que la pugna entre los poderes ejecutivo y legislativo es, en el Ecuador, de carácter histórico y permanente, sean quienes fueren sus protagonistas. No obstante, como la historia tiene sus propios actores, y cada capítulo los suyos propios, en la decimoséptima república ecuatoriana asumieron el respectivo liderazgo de esta pugnacidad recurrente Jaime Roldós Aguilera y Assad Bucaram. Antes hubo otros nombres, Rocafuerte y Flores, Velasco Ibarra y Martínez Mera, Arosemena Monroy y Velasco Ibarra, y muchos más” (p. 119).

Y esta pugna entre Assad Bucaram y Jaime Roldós “a la postre, esterilizó el más categórico pronunciamiento popular de la historia nacional” (p. 120), con la particularidad de que se trataba de una pugna que involucraba a tío y sobrino. Y la política ecuatoriana fue una vez más, lo que ha sido casi sin variante desde que nos regimos como Estado independiente en 1830: una incesante sucesión de gobiernos de pandilla.

Estos primeros pugnantes de la “décimo séptima república” murieron ambos en 1981. Jaime Roldós en un sospechoso “accidente” de aviación el 24 de mayo y Assad Bucaram de un infarto fulminante, el 5 de noviembre.

Velasco Ibarra y Assad Bucaram

29 de mayo de 2019


José María Velasco Ibarra (1893-1979) y Assad Bucaram (1916-1981) fueron dos populistas que dominaron la escena política ecuatoriana. La principal diferencia entre ambos políticos, la estableció con claridad el Embajador de los Estados Unidos de América para el Ecuador durante una parte del Gobierno del Presidente Jimmy Carter, el Sr. Richard J. Bloomfield, pues para él, el quiteño Velasco Ibarra nunca amenazó los intereses de la oligarquía, mientras que Assad Bucaram, a esos mismos oligarcas, sí que les causaba pánico porque podría cambiar las reglas del juego y con ello “la distribución de la riqueza, el poder y los privilegios”. En palabras del Embajador Bloomfield:

“Es instructiva la comparación entre Bucaram y José María Velasco Ibarra. Desde los tempranos años treinta, la solución del establishment ante la amenaza populista era cooptarla en la persona de Velasco Ibarra. Velasco era la personificación del demagogo populista, con la crucial diferencia de que él mismo era un producto de la oligarquía y cuando estaba en el gobierno no representaba amenaza alguna a sus intereses. Velasco fue así capaz de unir detrás de sus candidaturas tanto a los segundones como a los miembros de la oligarquía. Él fue depuesto en cuatro ocasiones. En las primeras tres fue sacado del poder cuando su ineptitud como administrador, en contraste con su maestría para cautivar al electorado, amenazaba con llevar al país al tipo de caos económico que el establishment no podía permitirse”.

Estos pesos pesados de la política ecuatoriana, que marcaron nuestra escena política por décadas, no sobrevivieron a la década de los ochenta. El viejo Velasco (nacido en un lejano 1893) murió en Quito el 30 marzo de 1979, a los 86 años recién cumplidos. Por su parte, el “patán de noble corazón” vivió un poco más y alcanzó a tener un fugaz aunque relevante paso en los inicios de la era democrática empezada en 1979, en su calidad de primer Presidente del parlamento (en esa época, “Cámara Nacional de Representantes”) cargo que desempeñó entre agosto de 1979 y el día de su muerte, acaecida en Guayaquil el 5 de noviembre de 1981 por un infarto fulminante y a escasos días de cumplir 65 años.

El Embajador Bloomfield y la República del Ecuador

19 de mayo de 2019


El Gobierno del demócrata Jimmy Carter (Plains, 1.924), Presidente de los Estados Unidos de América entre 1.977 y 1.981, mantuvo como Embajador de su país en la República del Ecuador a Richard J. Bloomfield (1.927-2.011), designado durante el Gobierno del republicano Gerald Ford (1.913-2.006) el año 1.976. El 10 de enero de 1.978, el Embajador Bloomfield escribió un cable muy sabroso sobre la política de los Estados Unidos de América de cara al retorno del Ecuador a la democracia, que demuestra la pequeñez de nuestras élites políticas y económicas.

En ese cable del 10 de enero, Bloomfield informó a su país que, de cara al referéndum constitucional del 15 de enero de 1.978, los actores políticos ecuatorianos discutieron cuatro alternativas: la perpetuación del gobierno militar a través de un “auto-golpe”, la interposición de una Presidencia provisional, la convocatoria a una Asamblea Constituyente, o el uso de algún subterfugio para descalificar a Bucaram. La reacción de los Estados Unidos, decía Richard J. Bloomfield, debía motivarse según si la alternativa escogida avanzaba hacia la meta del “gobierno representativo”.

Richard J. Bloomfield, Embajador gringo entre 1.976 y 1.978

La razón de plantearse estas cuatro alternativas era por el temor compartido por todos los actores políticos (militares, élites económicas de Quito y Guayaquil, partidos políticos) frente a la posibilidad de que el retorno a la democracia conduzca a unas elecciones en las que el pueblo elija a Assad Bucaram, líder populista de Guayaquil. Como lo recuerda el Embajador Bloomfield, el golpe militar del año 1.972 se dio para evitar que se realicen unas elecciones en las que pudiera ganar Assad Bucaram. Esta posibilidad real de que, seis años después, se repita ese escenario de terror donde un rústico hijo de libaneses pueda llegar a gobernarlos por el voto popular, era algo que todos los que cortaban el bacalao en el país deseaban evitar. Los hermanaba una rotunda vocación anti-democrática contra Bucaram.

En el apartado “U.S. Policy”, Bloomfield indicó las posibles reacciones de los Estados Unidos de acuerdo con algunas alternativas descritas. En particular, los escenarios que denegaban la participación popular (como el auto-golpe y la Presidencia provisional) tendrían una posible reacción hostil y negativa de los Estados Unidos. Pero en el caso usar algún subterfugio para la descalificación de Bucaram, Bloomfield recomendaba a su país que mantenga una postura “neutral”.

Finalmente, los políticos ecuatorianos en 1.978, acaso cautelosos, optaron por la alternativa que cumplía el doble propósito de satisfacer sus intereses y de no causar problemas al Gobierno de los Estados Unidos de América: se impidió a Assad Bucaram la participación en las elecciones venideras con una cláusula legal claramente abusiva.

Luego pasó que Bucaram se murió el 5 de noviembre de 1.981 obra de un súbito yeyo al wacho, apenas unos meses después del oscuro deceso de su sobrino político Jaime Roldós, el Presidente de la República que Bucaram había apoyado en esas elecciones en las que a él se le impidió participar, muerto en un supuesto accidente de aviación en mayo de ese mismo año. Tras este par de ilustres finados cefepistas del 1.981 (annus horribilis para el CFP) se volvió a barajar el naipe político del país y en este nuevo reparto quedó un serrano bobo de la DP como Presidente para lo restante de ese período (1.981-1.984) para luego pasarle la posta al siguiente hombre fuerte de nuestra política, León Febres-Cordero (1.931-2.008), quien dominó la escena política hasta el advenimiento de Rafael Correa (1.963) en el año 2.006.

Pero esto que pasó después de las muertes de Jaime Roldós (1.940-1.981) y Assad Bucaram (1.916-1.981) en ese aciago año 1.981 ya no lo pudo prever el Embajador norteamericano Richard Bloomfield en su cable de enero de 1.978. Ni verlo tampoco, no por otra razón como por la fundamentalmente práctica de que el Gobierno del Presidente Jimmy Carter lo trasladó a ejercer como su Embajador en Portugal, ese mismo año 1978. Para marzo de aquel año, Bloomfield gozaba ya de los placeres de Lisboa.

Richard J. Bloomfield murió el 22 de noviembre de 2.011 en Belmont, Massachusetts, por complicaciones relacionadas con el Alzheimer. Contaba 84 años. A él, en el tránsito a este período “democrático” que los ecuatorianos vivimos desde el año 1.979, le cupo hacer una descripción precisa de las miserias de nuestra pequeña, miedosa y anti-democrática clase política.

Ejército nacional y política: 80 años de magros éxitos

4 de mayo de 2019


El Ejército ecuatoriano ha remendado a nuestra democracia en varias ocasiones, desde que saltó a la palestra por primera vez en 1925 cuando la llamada “Revolución Juliana”. Al año siguiente, intervino de manera prosaica para colocar en el poder a Isidro Ayora, a la sazón Rector de la Universidad Central (es decir, los militares ungieron a este lojano como Dictador de la Patria).

El Ejército intervino de forma decisiva en el primer derrocamiento de José María Velasco Ibarra (1893-1979) en 1935*, así como para designar a los jefes supremos, los militares Federico Páez en 1935 y Alberto Enríquez en 1938.

Luego intervino con el “Manchenazo” en 1947, una suerte de blooper militar en la política ecuatoriana a fin de destituir nuevamente a Velasco Ibarra. No hay dos sin tres, a Velasco Ibarra lo votaron otra vez el año 1961, para que asuma su Vicepresidente, ese crack llamado Carlos Julio Arosemena Monroy, una especie de Johan Cruyff de nuestra política.

A Carlos Julio los milicos se lo bajaron en 1963 en un Golpe de Estado que los encaramó de vuelta en el poder, en este caso en forma de Junta Militar de Gobierno compuesta por cuatro flacos: Ramón Castro, Luis Cabrera, Guillermo Freile y Marcos Gándara. Duraron hasta 1966, que fue el año en que se presentó a la primera mascota de los mundiales¶ y cuando los milicos le dieron paso al interinazgo del bueno de Clemente Yerovi.

Luego triunfó una vez más Velasco Ibarra (la quinta vez: su tercer período, de 1952 a 1956, fue el único que pudo completar) y de nuevo los militares se lo bajaron. Eso sí: primero Velasco Ibarra probó las mieles de la Dictadura que se le habían negado cuando se “precipitó” en 1935: 35 años después lo logró y se declaró Dictador en 1970.

El original y auténtico "Bombita" Rodríguez, con su mirada de pícaro soñador. De Pujilí para el mundo.


Ya en 1972, volvió un clásico, en un episodio al que se recuerda como “El Carnavalazo”: un Golpe de Estado militar a Velasco Ibarra, quien ya estaba haciéndola de anciano ñoño y quien sólo volvió a Quito a morir unos años después, para poner en su reemplazo a ese simpatiquísimo general originario de Pujilí, el auténtico “Bombita” Rodríguez. Los propios milicos se encargaron de bajárselo a “Bombita” en 1976, para colocar en el poder a la última versión de los hombres de uniforme que hemos tenido en el Ecuador: la conformada por el Consejo Supremo de Gobierno, compuesto por el vicealmirante Alfredo Poveda, el general Guillermo Durán y el general Luis Leoro, encargado de conducir al Ecuador de vuelta a la democracia, lo que aunque tarde y mal (lo que en política equivale a decir: muy ecuatorianamente) finalmente hicieron en 1979. Y donde, a los tumbos, todavía nos hallamos, tres caudillos guayacos (Assad Bucaram, León Febres-Cordero y Rafael Correa) y tres golpes de Estado después.

Por cierto que los militares han tenido participación en los tres golpes de Estado desde la vuelta a la democracia: en la caída de Abdalá Bucaram en 1997 (donde brilló el general Paquito Moncayo, fallido casi Alcalde de Quito en las recientes elecciones), en la caída de Jamil Mahuad en 2000 y, finalmente, el broche de oro con el que han cerrado sus ochenta años de una incidencia directa en los avatares patrios, cuando la caída del Dictócrata Lucio Gutiérrez el año 2005, él mismo un exmilitar y golpista fallido.

En resumen, han sido 80 años (1925-2005) en los que se han cosechado magros éxitos: nueve golpes de Estado y rupturas institucionales después, el saldo es de escasas cosas memorables como no sean unos dispersos proyectos de vivienda social, algunas leyes agrarias y los triunfos de El Nacional. En todo caso, y tal vez por su extracción usualmente popular, se podría decir de los militares que son los que han sido los más “progresistas” de entre los gobernantes ecuatorianos, lo que realmente habla horrores del egoísmo rapaz de nuestras élites civiles.§

Probablemente sabremos de los militares de nuevo en este año 2019, porque tenemos a Mojón Moreno yéndose de bajada y sin frenos.

* Movida que originó la archiconocida frase de Velasco Ibarra: “Me precipité sobre las bayonetas”. La historia de nuestro Ejército empieza en el siglo XX, pues en el siglo XIX no existía propiamente un Ejército nacional.
Mascota del Mundial del ’66 en la Pérfida Albión: el León Willie.
§ Con la excepción del Gobierno de Rafael Correa, de quien si algo hay que recuperar es la inversión social y la preocupación (aunque muchas veces fallida) por mejorar la situación de los más desaventajados de entre nosotros, totalmente ausente en el desgobierno posterior a él así como en la miríada de gobiernos anteriores (salvo intrascendentes chispazos, o unas figuras muy, muy lejanas).

Ecuador, 1978: El origen del caos

3 de enero de 2019


Hubo un observador extranjero que escribió sus opiniones sobre el proceso de retorno a la democracia en el Ecuador de finales de los setenta. Y no era uno cualquiera: era uno muy informado, en razón del cargo que ocupó en nuestro país en aquella época. Se trata del Embajador en Ecuador de los Estados Unidos de América entre 1976 y 1978, Richard Joseph Bloomfield. Como funcionario de la administración de Jimmy Carter, él transmitió su opinión sobre las alternativas del retorno a la democracia en el Ecuador en un cable fechado 10 de enero de 1978, difundido por Wikileaks (1). La opinión de este diplomático resulta muy ilustrativa para comprender al Ecuador de la época y su caótico devenir en el nuevo período democrático que se echó a andar en 1979.

Al momento de escribir ese cable, nuestro país se encontraba en un proceso de retorno a la democracia impulsado por la dictadura militar; específicamente, a cinco escasos días de acudir a las urnas por primera vez en casi 10 años (2). El 15 de enero de 1978, el Ecuador votó en un referéndum para escoger entre la Constitución de 1945 reformada o una nueva Constitución para regir el país (3).

El análisis del Embajador Bloomfield reconoció la existencia dentro del proceso de retorno a la democracia de cinco actores políticos clave: el líder populista Assad Bucaram, el Consejo Supremo de Gobierno, los partidos políticos y los miembros de la élite económica de Quito y de Guayaquil. De ellos, los dos actores clave (además de antagónicos) eran el Consejo Supremo de Gobierno (compuesto por Alfredo Poveda, Luis Leoro y Guillermo Durán) y el “patán de noble corazón”, Assad Bucaram (4). El Consejo, porque ellos habían impuesto el escenario para el retorno a la democracia; Bucaram, porque era aquel a quienes todos los demás actores políticos querían impedir su acceso a la Presidencia.

Esta Tabla identifica a los actores políticos de la época y sus respectivos intereses en relación con la candidatura de Assad Bucaram y las alternativas de retorno a la democracia, como fueron detallados por el diplomático estadounidense:

TABLA. PREFERENCIAS DE LOS ACTORES POLÍTICOS EN EL PROCESO DE RETORNO A LA DEMOCRACIA (ENERO DE 1978)


MILITARES
ÉLITE ECONÓMICA DE QUITO
ÉLITE ECONÓMICA DE GUAYAQUIL
PARTIDOS POLÍTICOS
Postura frente a la candidatura a la Presidencia de Assad Bucaram
El “más formidable opositor” de la candidatura de Bucaram, en razón de su orientación conservadora y por el temor de una venganza contra ellos (pues ellos orquestaron el golpe de Estado de 1972 por la posibilidad de que llegue al poder).
Temerosos, pero menos que la élite de Guayaquil.
Temerosos  de la posibilidad de Bucaram en la Presidencia, aunque no por ello (al menos algunos de ellos) dejan de financiar la campaña del CFP.
El CFP de Bucaram era visto por los otros partidos políticos como la fuerza política dominante, pero no tienen el miedo de los otros actores políticos por su eventual llegada al poder. Son incapaces de generar una coalición política para enfrentar y vencer a Bucaram.
Postura frente a la democracia
Los militares del Consejo Supremo de Gobierno deseaban mantener la dictadura para concretar el más ambicioso plan de defensa nacional de la historia del país (así como enriquecerse en el proceso), pero sabían que su tiempo había pasado. Hubo reportes de que Durán era uno de los impulsores del voto nulo, pues deseaba convertirse en dictador único o en un triunvirato con civiles.
Están “felices, por mucho” de que se mantenga la dictadura, pues han establecido una “cómoda y rentable” relación con los militares. Algunos industriales de Quito apoyan la opción del “voto nulo” y el “magnate quiteño” Antonio Granda Centeno utiliza su periódico “El Tiempo” para la campaña por el voto nulo.
Apoyan el retorno a la democracia, no tanto por cuestión de principios, sino por la “marcada orientación serrana de los militares”.
Febres-Cordero le inyecta billete a la campaña contra el referéndum.
Los partidos políticos tenían posturas diversas, según sus opciones de posible éxito electoral frente al CFP. Los partidos tradicionales (liberal y conservador) querían comprar tiempo y su propuesta era un Presidente provisional (a la espera de que sea uno de ellos). Los partidos con menos posibilidades de éxito, proponen una Asamblea Constituyente. Algunos de ellos apoyan el voto nulo.

 Fuente

Así empezó el Ecuador de 1978: la inmensa mayoría de los actores políticos hicieron cargamontón en contra de la participación de Assad Bucaram como candidato a Presidente por razones que el Embajador Bloomfield identificó como racistas (por su origen libanés) y de clase (por su extracción popular). De acuerdo con Bloomfield, el número de demócratas en Ecuador que creían que se le debía permitir a Bucaram la participación en las elecciones presidenciales de 1978 y aceptar los resultados que de ello resulte, era apenas una “pequeña minoría”.

Es muy decidor que únicamente una “pequeña minoría” de nuestra clase política merezca calificarse de demócrata, pues lo que ello evidencia es que la mayoría de actores políticos relevantes no tenía mayor apego por la idea de democracia, como no sea para servirse de ella a fin de satisfacer sus propias apetencias, que eran casi invariablemente, o electoreras, o corruptas.

Finalmente, en lo que hace al desenlace de este historia, el Consejo Supremo de Gobierno terminó por impedir la participación de Bucaram. El 20 de febrero de 1978 dictó una Ley de Elecciones, en una de cuyas cláusulas puso (con evidente dedicatoria, por la condición de hijo de libaneses de Bucaram) que ningún hijo de padres extranjeros podría participar como candidato a la Presidencia de la República. Lo que demuestra que cuando se trata de eliminar a un enemigo común, los políticos ecuatorianos sí resultan eficaces (5). Pero es cuando se trata de construir, que la desconfianza mutua ha lastrado los esfuerzos (6).

Y así como el Ecuador empezó en 1978, siguió en adelante: invariablemente, la corrupción ha campeado y la desconfianza mutua ha tirado al traste la posibilidad de llegar a acuerdos básicos.

Y lo que demostró este cable del Embajador Bloomfield es que todo lo que está mal en el Ecuador actual, estaba ya cifrado en el origen del proceso democrático, allá por 1978.

Desde entonces, este país no ha hecho otra cosa que malograrse a gusto.

(1) Bloomfield, Richard J., Ecuador’s return toconstitutional democracy: An alternative route?, Wikileaks, 10 de enero de 1978. El Embajador Bloomfield terminó su misión en nuestro país apenas unos días después, el 21 de enero. Enseguida se encaminó a su siguiente destino, en Portugal.
(2) Las últimas elecciones en el Ecuador habían sido las legislativas de 1970, pero los diputados electos jamás llegaron a posesionarse por el autogolpe de Velasco Ibarra. Las últimas elecciones que habían sido efectivas en posesionar a los electos fueron las elecciones presidenciales de junio de 1968, en las que el pueblo eligió por cuarta vez (la quinta y última en la que ejerció la Presidencia de la República) a José María Velasco Ibarra.
(3) Con un poco más de 2 millones de votantes inscritos y una participación del 86.73% de la población, triunfó con 778.000 votos (43%) la nueva Constitución. La Constitución de 1945 reformada tuvo 583.000 votos (32%) y los votos nulos 422.000 votos (23%).
(4) El rol de Assad Bucaram en la política ecuatoriana tras el retorno a la democracia fue breve, pues falleció el 5 de noviembre de 1981, apenas unos meses después de su sobrino (por relación política) el presidente Jaime Roldós. Por sus vínculos políticos, durante la campaña de Jaime Roldós a la Presidencia se afirmaba que Roldós iría a la presidencia y que su tío Assad Bucaram iría al poder, pero una vez que Roldós llegó a la Presidencia no fue así y se enfrentaron como cabezas de dos Funciones del Estado, Roldós por el Ejecutivo y Bucaram por el Legislativo. De esta manera, se inauguró la pugna de poderes como marca distintiva de la democracia ecuatoriana, desde este entonces hasta el año 2007. Esta pugna en particular duró poco: ambos actores principales, Roldós y Bucaram, fallecieron en 1981. Esto abrió la posibilidad de consolidar espacios de poder que quedaron en disputa tras el deceso de estos líderes, lo que fue aprovechado por León Febres-Cordero y el PSC, que triunfaron en las siguientes elecciones. En eso tuvo mucho que ver la TV.
(5) Un ejemplo reciente de esto es el caso de Sofía Espín.
(6) En un informe del año 2005, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos constató “la incapacidad de sus clases dirigentes de formar consensos amplios y perdurables que permitan identificar e implementar políticas públicas inclusivas necesarias para el respeto y goce efectivo de todos los derechos humanos, particularmente aquellos relacionados con el ejercicio igualitario del derecho a la participación política (artículo 23 de la Convención), acceso a la justicia independiente, imparcial y gozar de un recurso efectivo (artículo 25 de la Convención), libertad de expresión, asociación y reunión (artículos 13 y 15 de la Convención), igual protección ante la ley (artículo 24 de la Convención), y de los derechos económicos, sociales y culturales reconocidos en el Protocolo de San Salvador que Ecuador ratificó en 1993”. Es decir, un país sin utilidad visible, v. ‘Retrato de un país roto’.

Velasco Ibarra vs. Assad Bucaram

16 de febrero de 2017

La diferencia

El embajador de los Estados Unidos de América en Ecuador, Richard J. Bloomfield, escribió un cable a las autoridades en el que destacaba las diferencias entre un José María Velasco Ibarra manipulable y de un Assad Bucaram impredecible. En palabras del embajador, difundidas por Wikileaks:

“Es instructivo comparar a Bucaram con José María Velasco Ibarra. Desde los tempranos años treinta, la solución del “establishment” a la amenaza populista fue cooptarla en la persona de Velasco Ibarra. Velasco era la personificación del populista demagogo, con la crucial diferencia de que él mismo era parte de la oligarquía y, una vez en el poder, no constituía una amenaza a sus intereses” (1)

El criterio de utilidad

La condición de “manipulable” de Velasco Ibarra (en otras palabras, aprovechable por las élites económicas y políticas en su propio beneficio) la puso en contexto Norman Morris, extraordinario biógrafo que cita las palabras de impotencia de Velasco Ibarra frente a la corrupción generalizada de su cuarta administración:

“No se puede negar que al país le ha invadido la corrupción. Yo no puedo corregir el mal; porque el empleado que reemplaza al empleado ladrón resulta también ladrón o por lo menos groseramente indelicado. Todo es pobreza en el país”.

Y ponía en ejemplo práctico:

“si yo hubiera sacado a Nebot [se refiere a Nebot Velasco, su Ministro de Gobierno], nueve posibilidades de diez, el reemplazo habría sido ladrón, y era mejor tener un Ministro ladrón que hacía buen trabajo, que un Ministro ladrón que no” (2).

Así, la condición de “manipulable” de Velasco Ibarra resultaba útil a una élite angurrienta (de “enloquecidos por el dinero”, como los llamó Carlos Julio Arosemena) pero Assad Bucaram, por su condición de impredecible, no.

Las consecuencias obvias

Velasco Ibarra fue Presidente de la República en cinco ocasiones. Las élites lo dejaban porque (y mientras) resultaba útil a sus intereses. Por contraste, a Assad Bucaram nunca lo dejaron participar. La sospecha del embajador Bloomfield de que se iba a utilizar “algún subterfugio para descalificar a Bucaram” se materializó en la disposición transitoria quinta de la Ley de Elecciones (3). Jamás pudo ser candidato a la Presidencia de la República.

(1) Wikileaks, 'Ecuador’s return to constitutional democracy: An alternative route?', 1978QUITO00155-d, Richard J. Bloomfield, 10 de enero de 1978.
(2) Norris, Robert, ‘El gran ausente. Biografía de Velasco Ibarra’, Tomo II, Ediciones Libri Mundi, 2004, Quito, pp. 290-291.
(3) ‘Las transiciones a la democracia en Ecuador y en Myanmar’, Xavier Flores Aguirre, 19 de mayo de 2016.

Las transiciones a la democracia en Ecuador y en Myanmar

19 de mayo de 2016

“Pese a que la comisión que preparaba la nueva Constitución y la normativa electoral había previsto una liberalización en la admisión de candidatos a la presidencia, la Junta Militar reglamentó el 20 de febrero [del año 1978, N. del A.] las elecciones de modo que mediante una disposición que impedía presentarse como candidato a quienes no hubieran nacido de padres ecuatorianos, se eliminaba de la contienda a personalidades destacadas contrincantes, tales como Assad Bucaram, líder de Concentración de Fuerzas Populares, y a los antiguos presidentes José M. Velasco Ibarra y Carlos Arosemena” (1). 
La disposición prohibitiva en cuestión fue la transitoria quinta de la Ley de Elecciones, dictada por el Consejo Supremo de Gobierno el 20 de febrero de 1978 y publicada en el Registro Oficial No 534 del 27 del mismo mes y año:

La disposición transitoria quinta de la Ley de Elecciones
Esta disposición vigente para las primeras elecciones en el país desde el año 1972 se dirigió, de manera principal, contra el populista Assad Bucaram, líder del partido Concentración de Fuerzas Populares (CFP). Un cable del Embajador de los Estados Unidos en Ecuador, Richard J. Bloomfield (1927-2011), transmitido desde Quito a Washington, D.C. el 10 de enero de 1978 y revelado por Wikileaks, cuenta cuáles eran las alternativas que las élites ecuatorianas (militares, comerciales y políticas) barajaban apenas un mes antes de la aprobación de la Ley de Elecciones, ante el temor de que Assad Bucaram pueda acceder a la Presidencia de la República:
 
“Las alternativas mencionadas incluyen la perpetuación del gobierno militar a través de un ‘auto-golpe’ [en español en el texto original, N. del A.], la interposición de alguna clase de presidencia provisional, la convocatoria a una asamblea constituyente, o el uso de algún subterfugio para descalificar a Bucaram” (2). 
Finalmente, la dictadura militar optó por la alternativa de menor complejidad, la más burocrática y leguleya, la más discriminatoria de todas: la exclusión expresa en disposición legal. Assad Bucaram (1916-1981) no pudo participar como candidato a la presidencia por el CFP, pero su espacio lo ocupó su sobrino político, Jaime Roldós (se decía en la época: “Roldós presidente, Bucaram al poder”): el saldo de esa primera jornada democrática para el CFP fue Roldós presidente Jaime Roldós y una mayoría del 45% en el foro legislativo por haber obtenido 30 de 69 legisladores (3). Una era de cambio democrático se inició en agosto de 1979, pero la pugna entre Assad Bucaram (legislador que ocuparía la presidencia del primer parlamento tras la vuelta a la democracia) y su sobrino el presidente dificultó la gobernabilidad de la naciente democracia desde el principio. La muerte nunca aclarada de Roldós el 24 de mayo de 1981 terminó por clausurar esta prometedora etapa (4).

El Presidente en funciones (J. Roldós), el que lo sucedería (O. Hurtado) y el que no pudo ser (A. Bucaram). Fuente: Diario Expreso.
 De manera reciente, en Myanmar (antigua Birmania) se actúo de manera similar al Ecuador de fines de la década de los setenta durante la transición (tutelada por las Fuerzas Armadas) a la democracia. En vez de una transitoria de rango legal, la dictadura militar estableció la exclusión discriminatoria en una norma constitucional que utiliza un subterfugio similar al que usó la dictadura militar ecuatoriana en la Ley de Elecciones de 1978. Así describe la norma constitucional Macarena Vidal Liy, del diario español El país: 

“‘La Dama’, como se la conoce popularmente en Birmania, no ha podido optar a la jefatura del Estado porque la Constitución birmana, redactada por los militares que han controlado el país durante medio siglo [el año 2008, N. del. A.], prohíbe ocupar el puesto a quienes tengan hijos con pasaporte extranjeros. Los de Suu Kyi tienen nacionalidad británicas” (5). 
Así como Assad Bucaram, Aung San Suu Kyi estaba habilitada a candidatizarse a la legislatura. Así como el partido de Bucaram ganó la mayoría (como no se la obtendría hasta el año 2007 con la mayoría de Alianza País en la Asamblea Constituyente) y Assad Bucaram ocupó un cargo de relevancia en el nuevo gobierno (Presidente de la Cámara Nacional de Representantes, actual Asamblea Nacional), también el partido de la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi ganó la mayoría en el legislativo y Aung San Suu Kiy ocupa cargos de relevancia en el nuevo gobierno, aunque en la misma función ejecutiva. Como Aung San Suu Kyi no podía acceder a la Presidencia por la expresa prohibición constitucional, este cargo lo ocupa su “brazo derecho” Htin Kyw y ella está a cargo de cuatro carteras ejecutivas de relevancia: Asuntos Exteriores, Educación, Energía y la Oficina de la Presidencia (6). Tal vez en el caso de Myanmar, la relación que en el Ecuador fue distanciamiento (Assad Bucaram-Jaime Roldós), allá sea de trabajo conjunto (Aung San Suu Kyi-Htin Kyaw). El liderazgo de “la Mandela de Asia” será clave para sacar adelante a un país de alrededor de 55 millones de habitantes con una democracia apenas incipiente (7).

El Presidente Htin Kyaw y la todopoderosa ministra Aung San Suu Kyi. Fuente: Diario El país (España).
En la transición a la democracia de Ecuador y de Myanmar, con casi 40 años de diferencia entre una y otra, existió una común discriminación contra la participación política de líderes populares, consagrada en la legislación. El argumento de los dictadores militares, en ambos casos, fue uno de filiación: o por tener padres nacidos fuera del país (Ecuador) o por tener hijos nacidos fuera del país (Myanmar). Si bien efectiva en impedir el acceso de Bucaram y de Suu Kyi a la más alta autoridad ejecutiva de sus respectivos países, no puedo evitar el triunfo electoral arrollador de sus maquinarias políticas (la Concentración de Fuerzas Populares y la Liga Nacional para la Democracia, respectivamente).

En Ecuador, la transición a una democracia real se truncó con la muerte de Roldós en mayo de 1981; después de eso se impuso su funesta caricatura, hasta el retorno de la institucionalidad en los gobiernos de Rafael Correa (8). La transición a la democracia en Myanmar tiene un origen similar al que tuvo Ecuador cuarenta años atrás (fruto de dictaduras militares, que pusieron obstáculos legales a la participación de líderes populares) y enfrenta un futuro democrático incierto: su experimento acaba de empezar.   

(1) ‘Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Suplemento Anual 1977-1978, Espasa Calpe, S.A., Madrid, 1982). Como se ha señalado en otra entrada, la familia Bucaram ha sido la auténtica paria de la política ecuatoriana: ‘Los parias de la política ecuatoriana’, Xavier Flores Aguirre, 23 de febrero de 2016. De los políticos a quienes esta disposición prohibía su participación en política, José María Velasco Ibarra murió en marzo de 1979, Assad Bucaram en noviembre de 1981 y Carlos Julio Arosemena en marzo de 2004. 
(2) ‘Ecuador’s return to constitutional democracy: An alternative route?’, 1978QUITO00155_d, Richard J. Bloomfield, 10 de enero de 1978.
(3) Así miraba el diario español El País en su editorial la victoria de Jaime Roldós: “En el plano político, Roldós Aguilera es un político progresista talante nacional [sic], que aspira a otorgar participación económica a las clases menos favorecidas del país, así como llevar a cabo una política nacionalista con el petróleo”. Lo situaba en el contexto de un país miserable: “La situación social en Ecuador es lamentable. El 75% de la renta nacional recae en menos del 20% de la población. El resto sobrevive con salarios mensuales de poco más de 5.000 pesetas y la situación de los obreros subempleados es aún peor. Problemas heredados de 150 años de historia que sin duda tienen una solución a largo plazo”: ‘La “fuerza del cambio” ecuatoriana’, Diario El país (España) [Editorial], 1 de mayo de 1979.
(4) ‘Los últimos días de Jaime Roldós’, Diario El Comercio, 23 de mayo de 2013.
(5) Macarena Vidal Liy, ‘La Nobel de la Paz Suu Kyi jura como ministra del nuevo Gobierno de Myanmar’, Diario El país (España), 30 de marzo de 2016.
(6) Macarena Vidal Lyi, ‘El partido de Aung San Suu Kyi logra la mayoría absoluta en Myanmar’, Diario El país (España), 13 de noviembre de 2015; Macarena Vidal Lyi, ‘Myanmar tendrá a un civil como presidente por primera vez en más de 50años’, Diario El país (España), 15 de marzo de 2016.
(7) ‘La Mandela de Asia’, Diario El país (España) [Editorial], 14 de noviembre de 2010.
(8) ‘Retrato de un país roto’, Xavier Flores Aguirre, 27 de enero de 2015.