De parte de Jonathan Lucero

6 de septiembre de 2008

Los acontecimiento de la Universidad Católica (como ciudadano, como ex alumno) me preocupan. Me tentó escribir sobre el tema, una mirada crítica sobre las muchas responsabilidades que cabe adjudicar. Pero no quería hacerlo en caliente. Quería hacerlo con conocimiento de causa, después de conversar con varios de quienes allí estuvieron. No me había dado modos de cumplir con ese propósito ("the days run away like wild horses", decía Bukowski) pero ayer en la noche, en una graciosa conversación con varios estudiantes de la universidad, en principio convocada de manera casi espontánea para discutir un proyecto lúdico de "cine y derecho" (explicar el derecho penal a partir de la Naranja Mecánica, y así) me anoticié, carcajadas y quipes mediante (la reunión se realizó en el comedero del jordano amigo Alí) de varias cosas que precisaron mis ideas y hoy recibí un correo electrónico con varios intercambios epistolares, incluido éste, que transcribo íntegro, de autoría de Jonathan Lucero. Lo abajofirmo en todos y cada uno de sus puntos. Ahí les va:

"Saludos a todo los que reciban este correo, en especial a quienes han participado en esta discusión.

Me alegra que el mail que inicialmente envié, haya producido un debate tan rico y oportuno. Veo con sumo agrado que se han dicho cosas sumamente interesantes, así como reflexiones muy profundas, mucho más coherentes y complejas de las que haya visto en medio masivo alguno.

Creo que debo iniciar respondiendo algo que Daniela dice en su primer texto. En efecto, Yo 'confieso' haber estado presente en el lugar de los hechos violentos, luego de que el presidente se marchó. El problema precisamente es que estuve cuando se supone que 'todo había pasado'. Pero resulta que no todo había pasado. presencié una agresión física a un ser humano que decidió filmar a una autoridad municipal presente en el lugar. Justamente hoy escuché una justificación terriblemente dudosa para el ataque, excusa que provino de alguien que respeto muchísimo: 'por qué Burbano estaba filmando a Roche?'. Yo a eso simplemente respondería cosas como ¿Y por qué no? ¿Qué se lo impedía? ¿No se llama eso libertad de expresión?

En todo caso, es preciso el comentario de Daniela en el sentido de que dicho mail pretendía ser un testimonio sobre un hecho violento acaecido minutos después de que, aparentemente, los ánimos se habían calmado.

En esta ocasión, para seguir el hilo de la discusión, quisiera hacer unos cuantos comentarios sobre los hechos protagónicos de aquel sábado. Me resultará un poco difícil, puesto que Carlos Burgos, con quien comparto muchos intereses académicos, ya ha dicho cosas sumamente valiosas y de una manera muy precisa.

Esta ha sido una semana difícil de digerir en la Universidad Católica. Como si no bastara la labor de hacer una honda reflexión sobre los hechos del sábado y las posturas mediáticas tomadas al respecto, el inicio de la súbita pausa de dos días en la institución, planteó muchas más interrogantes hacia todos los involucrados. Fue terriblemente penoso ver al rector de la Universidad Católica negarse a hacer declaraciones a la prensa, pero aún más penoso fue verlo acercarse sigilosamente a los estudiantes que sí las estaban dando, para, a espaldas de los reporteros, hacerles señas de que se callaran. Cuando un compañero de la carrera de Comunicación Social se acercó a la máxima autoridad universitaria para preguntarle frontalmente por qué había cerrado las puertas de la institución, éste atinó a responder: 'tú no sabes lo que yo sé'.

A veces, cuando pienso de manera foucaultiana en estas cosas, termino viendo a las instituciones como maquetas de un sistema mucho más grande.

No ha sido jamás mi intención justificar la acción de la policía. También he sido agredido en varias ocasiones por agentes del orden, entre las cuales se cuentan la del primer año de corridas de toros en el coliseo cerrado, a la que también se refiere Carlos; fui grabado e intimidado por miembros de inteligencia de la Policía Nacional, vestidos de civiles, durante protestas realizadas en los dos primeros aniversarios del Caso Fybeca. Y cómo podría faltar, la respectiva disputa verbal con el guardia de la Plaza San Francisco, quien luego de que me senté en el suelo, me juraba por su santa madre que aquel espacio era propiedad privada, y estuvo a punto de meterme en la camioneta de los metropolitanos. De eso nadie sabe, y está muy bien así. No me interesaba en lo absoluto aparecer en programas de tv en el papel de agredido. Conozco por experiencia los abusos a los que la policía puede ser capaz de someter a manifestantes, sean estos violentos o no.

Tampoco tengo intenciones de hacer proselitismo en favor del presidente. Concuerdo con Carlos en la mayoría de sus apreciaciones respecto a ese sujeto y a su papel en la política ecuatoriana. No se trata de un héroe que salvará a la patria, sino tan solo del individuo necesario para convulsionar la política del país desde sus cimientos. Tristemente, me parece que la única forma en que la ciudadanía ecuatoriana puede reaccionar de su letargo, es a través de convulsiones que rara vez nos parecerán agradables. El actual presidente tampoco me produce temor, y esa demonización que es incluso promovida desde algunos círculos intelectuales, realmente me parece bastante vacía. El clima social actual, atado al terrorismo mediático en que incurre la prensa al tacharlo de dictador o comunista, impide hacer una crítica real y veraz de los verdaderos y gravísimos defectos de nuestro jefe de estado, quien cada vez parece esforzarse más y más por errar.

¿Por qué entonces la crítica hacia los estudiantes universitarios en particular? Por que nadie la hace. En medio de la mediocridad convertida en norma, nadie reflexiona a conciencia en que los hechos violentos del día sábado, que tuvieron a los estudiantes de la universidad católica como una de las partes protagonistas, son un síntoma de un proceso degenerativo del cual las autoridades son tan concientes como responsables. No es casual el silencio del rector. Definitivamente tampoco es casual que, en medio del conflicto, quienes resultan ser los iluminados, los defensores de los intereses de los estudiantes, son gente como el Sr. Buitrón. No es casual que el presidente de la federación de estudiantes, pese a no estar alineado con el rector, haya aprendido de él la lección de bailar al son necesario para encontrar apoyo económico o político, lo cual se comprueba con el supuesto pronuciamiento del sr. Sánchez en favor del sí, meses después de haber suscrito el Mandato de Guayaquil (luego de lo cual, por cierto, nadie reclamó ni criticó, pese a arrogarse el nombre de los estudiantes para fines políticos, igual que en esta ocasión). Lo rescatable del actual representante estudiantil talvez sea que, hasta ahora, no surgen indicios de malversación de fondos, lo cual fue habitual durante los dos años anteriores.

Todo esto configura para los estudiantes y sus posiciones en torno al conflicto un panorama mucho más complejo que, digamos, el presente en la misma institución en 1972. Hoy, incluso quienes toman posturas de manera sincera, de acuerdo a sus convicciones, no están muy seguros de a quién terminan sirviendo.No dudo que el gobierno esté manipulando este suceso y armando estrategias. Pero tampoco dudo que lo haga el municipio. Y dudo menos aún de que el partido político que perdió las elecciones de representación estudiantil esté tratando de aprovechar la coyuntura para salir bien librado. Menos aún dudo de la intención de los mal llamados 'representantes' de los estudiantes, de encontrar plataformas políticas en medio del caos develado en estos días.

Busquemos coherencia: si los estudiantes que iniciaron, o que reaccionaron con violencia el día sábado, no responden a intereses que vayan más allá de sus propias convicciones y sus acciones no apuntan a favorecer sus cuentas bancarias, ¿por qué permiten que los represente gente de esa calaña? Esta es la razón por la que algunos estudiantes de derecho a quienes admiro por su integridad y que votarán por el No para el plebiscito, se averguenzan de la forma en que sus compañeros se han hecho notar en los medios.

Y es que como dice Carlos, esto es lo que la universidad nos enseña, con la venia de algunos políticos, para quienes los resultados económicos están muy por encima del pensamiento y el conocimiento. Nuestra ciudad es la insignia de esa forma de concebir la realidad, y nuestra universidad es un fiel reflejo de ello.

Como dije antes, este foro ha sido muy productivo. ¿Por qué nos vemos obligados a realizarlo por vía electrónica? ¿Qué espacio hay en Guayaquil para realizar este tipo de discusiones? ¿Qué creen que sucedería si se planteara un espacio de debate sobre el problema, dento de la universidad? Digo esto unas horas después de que me he enterado de que rige para los estudiantes una prohibición de dar declaraciones a medios de comunicación sobre este tema. Pero lo más terrible es que antes de que nos paralice la censura de las autoridades, ya nos habrá detenido el miedo asimilado a través de la cultura, que ahora llevamos impregnado en cada músculo. La razón por la que los representantes mediáticos son individuos de moral tan deplorable, es que quienes tienen el respeto y la inteligencia necesaria para pronunciarse de manera auténtica, están aterrorizados. Este día hablé con ilustres docentes de la universidad, en busca de alguno que se adhiera a la idea de un grupo de estudiantes de derecho, de generar una declaración pública que abra un debate sobre el tema. No hubo uno solo que esté dispuesto, y no por que no estuvieran de acuerdo con la idea. Todos felicitaban, decían que era lo necesario, que ya era hora que alguien defienda la universidad y evite que se termine de perder en diez minutos lo que se había construido por 45 años. Sin embargo, inmediatamente se llenaban la boca de peros relacionados a su imposibilidad de participar debido a la posición que ocupan en la institución. Creo que puedo comprenderlos. Pero no puedo dejar de pensar que el día en que yo esté en esa misma posición, me sentiré terriblemente desgraciado. Callar por conveniencia, a mi parecer, es un destino infame. Foucault en este apartado, sigue teniendo razón.

También es necesario que las personas aprendan a diferenciar la defensa coherente de una postura y la fidelidad religiosa hacia ella. Claro, esto es una utopía. Para Habermas, la clave de la vida en sociedad está en alcanzar identificaciones racionales. Desde nuestra perspectiva teórica, todo lo que se puede alcanzar es nada más que una racionalización de las identificaciones. Los apasionamientos hacia o contra un bando, habría que dejarlos para el estadio.

No soy tan optimista como Carlos. Creo que todo este asunto y cuanto se quiera hacer para solucionarlo, terminará en el fracaso. Es más, a este escándalo le quedan escasos 7 días de duración, es decir, hasta que culminen las clases en la universidad. Luego, la prensa callará. Daniela, Carlos, Mónica y yo habremos escrito una serie de molestos mails mostrando nuestras posturas, y se perderán entre los días y los mensajes que vayan llegando a las bandejas de entrada de todos los receptores. Con un poco de suerte, las autoridades serán capaces de maquillar nuevamente el verdadero rostro de la educación universitaria, que se dejó ver en estos días. Quien sabe, talvez con un poco de apoyo económico y mediático, se podría aprovechar la situación hasta para hacerle un par de implantes y una inyección de botox a la imagen de la institución. Todo se volverá a perder. Y quienes ya estamos cerca de abandonar la universidad, miraremos el asunto con resignación; pero aquellos individuos sensibles a la indignación y libres de conveniencia, lo vivirán con desesperación. Acá, no pasará nada. Nada bueno al menos. La ciudad no despierta y no va a despertar, salvo para defender a su exlusivo caudillo de turno.

No obstante, pienso que el hecho de que no se vaya a lograr nada no desmerece el intento personal de que algo se mueva. Es talvez una forma de no sentirme en deuda conmigo mismo ni con los que me rodean. Expreso mi punto de vista sin esperar que alguien escuche, sino tan solo porque pienso que es correcto. Medito mi voto luego de haber leído la constitución. Entro en el apartado de los indecisos. Soy capaz de reconocer los (pocos) aciertos del gobierno tanto como los del municipio de mi ciudad, así como me doy la libertad de criticar los errores y horrores provocados por ambas instituciones. De hecho, no soy muy amigo de las instituciones, conceptualmente hablando. Pero tampoco tengo la más mínima esperanza en que los sujetos hagan lo correcto.

Y sin embargo, aquí estamos. Esperando respuestas y deseando no haberlos cansado, me despido.

Jonathan Lucero"

Constitución, drogas y autonomía

Se critica que el artículo 364 del proyecto de nueva Constitución despenaliza el consumo de las drogas: lo cito y consigno mis observaciones (que sustento con citas de la sentencia de constitucionalidad C-221 de 1994 de la Corte de Constitucionalidad de Colombia, que despenalizó el consumo de drogas en ese país).
Artículo 364.- Las adicciones son un problema de salud pública. Al Estado le corresponde desarrollar programas coordinados de información, prevención y control del consumo de alcohol, tabaco y sustancias estupefacientes y psicotrópicas; así como ofrecer tratamiento y rehabilitación a los consumidores ocasionales, habituales y problemáticos. En ningún caso se permitirá su criminalización ni se vulnerarán sus derechos constitucionales.
1) El Estado tiene la obligación constitucional de respetar al máximo la autonomía individual (Constitución de 1998, artículo 23 numeral 5; proyecto de nueva Constitución, artículo 66, numeral 5). Este respeto implica que “el legislador puede prescribirme la forma en que debo comportarme con los otros, pero no la forma en que debo comportarme conmigo mismo, en la medida en que mi conducta no interfiere con la órbita de acción de nadie” y tiene como radical consecuencia que “cuando el Estado resuelve reconocer la autonomía de la persona, lo que ha decidido, ni más ni menos, es constatar el ámbito que le corresponde como sujeto ético: dejarla que decida sobre lo más radicalmente humano, sobre lo bueno y lo malo, sobre el sentido de su existencia […] Podemos no compartir ese ideal de vida, puede no compartirlo el gobernante, pero eso no lo hace ilegítimo. Son las consecuencias que se siguen de asumir la libertad como principio rector de una sociedad…”. En definitiva, el consumo personal de drogas no merece criminalizarse. Bien el artículo 364.
2) De la observación anterior no se sigue que no impongan sanciones a los consumidores de drogas que cometan crímenes porque es evidente que en estos casos la conducta del consumidor sí interfiere con la órbita de acción de otras personas. Para decirlo con palabras de Thomas Szasz, “en una sociedad de hombres libres, cada uno debe ser responsable de sus actos y sancionado como tal. Si el drogadicto comete un crimen, debe ser castigado por ese crimen, no por ser drogadicto”. En adición, un mínimo de sentido común obliga a la lógica distinción entre consumo privado y público, consumo no problemático y consumo indebido, consumo per se y consumo asociado a delitos, y a regular cada caso en consecuencia.
3) De la obligación constitucional de respetar la autonomía individual sí se sigue que el Estado tiene la obligación de orientar a los ciudadanos en las consecuencias del consumo de drogas. Pero el Estado no puede imponer el tratamiento y la rehabilitación a los consumidores sino solo ofrecérselos, porque “bajo el tratamiento de ciertas conductas que se juzgan desviadas, como enfermedades, se esconde el más feroz poder represivo, tanto más censurable cuanto más se presenta como una actitud paternal –casi amorosa– frente al disidente”.
En conclusión, el artículo 364 concreta el respeto a la autonomía individual que este proyecto de nueva Constitución (como también la de 1998) establece y al que todos –autoridades y ciudadanos– estamos obligados.

Ramiro Ávila, live in Guayaquil

5 de septiembre de 2008

Podría predicar cosas convencionales de Ramiro Ávila Santamaría (abogado quiteño, profesor de derecho constitucional, blablá…) pero no las merece porque no es convencional: Ramiro es un tipo extraordinario. Una inteligencia extraordinaria, una persona extraordinaria: cabeza jurídica lúcida, actitud relajada, constante sentido del humor, respetuoso ciclista y cantante espontáneo de Sabina y conocedor de todas sus letras (un tipo que tiene este último atributo, tiene que ser un buen tipo). Y sí, Ramiro es un tipazo.

Ayer Ramiro estuvo en Guayaquil para participar de la presentación de un libro que él editó y, como parte de esta presentación, realizó en el auditorio de la Corte Superior de Guayaquil una charla sobre las garantías que establece el proyecto de nueva Constitución. Las explicó en detalle, con sobrada solvencia y claridad: un lujo de exposición. El libro (en un país como éste, que es un páramo cultural en materia de estudios constitucionales) es excelente, de fondo y forma. La edición es cuidada, de muy buena calidad, y lo más importante, el contenido es mejor todavía. El preámbulo lo escribe el gran Miguel Carbonell y participan con artículos el propio Ramiro, Carolina Silva, mi amigo Juampi Morales, Daniela Dávalos, Luis Ávila, Claudia Escobar, Nicole Pérez y Raúl Llasag, sobre los temas nueva institucionalidad en la protección de los derechos humanos, garantías de los derechos, democracia sustancial, estados de excepción, acceso a la justicia, corte constitucional, derechos de los migrantes y plurinacionalidad, respectivamente. El libro se titula Neoconstitucionalismo y sociedad y lo recomiendo, mucho. Es importante que empecemos a pensar la Constitución, a pensarla en serio (sea para concordar con ella e interpretarla y aplicarla de la manera más garantista posible o sea para criticarla con fundamentos –porque, bueno, hay que hacerse cargo, el pensamiento que se opone a la nueva Constitución es una lágrima. Ya volveré sobre este punto en otro post) y este libro contribuye a ello. Por cierto, Ramiro coordina con Agustín Grijalva la edición de otro libro de derecho constitucional que analiza el proyecto de nueva Constitución (en el cual yo contribuyo con un artículo sobre relaciones internacionales que todavía tengo que enviarles –tiempo, curioso elemento que siempre se echa en falta- y que lo prologará, tal parece, el genial Roberto Gargarella) que sería el segundo libro de esta serie Justicia y Derechos Humanos del que Neoconstitucionalismo y sociedad es el primer esfuerzo y que forman parte de un proyecto editorial que desarrolla el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (en lo convencional, Ramiro es subsecretario de esa cartera de Estado).

Luego de su charla, nos fuimos un alegre y ocurrente personal a conversar en Las Peñas entre risas y cervezas, y la noche se extendió hasta el arroz con pescado donde “Olguita”. Ramiro volvió hoy a Quito. Neta, fue un enorme gusto haberlo visto a Ramiro y haber compartido con él, live in Guayaquil.
P.S.- En la foto, Ramiro es quien la lleva. Y bien que lo merece.

La juventud, venimos arrollando

4 de septiembre de 2008

Hace diez años, por estos mismos meses, yo era profesor de filosofía del Colegio Javier. Aquello fue, digámoslo, un simpático caos del que conservo varios buenos amigos y gratos recuerdos. Yo ganaba en sucres y padecía una afiliación al seguro social. Mi cheque, creo recordarlo bien, era de 800.000, mucho dinero para quien suele gastarse el fuerte de su billete en libros, bares y viajes. Esa experiencia acabó hace un poco menos de diez años (cuando en octubre del ’98 participé como organizador de un Congreso de Derecho Internacional que se celebró en Guayaquil) y no había regresado al Javier, o no recuerdo haberlo hecho, desde aquel lejano entonces hasta la mañana de ayer, cuando concurrí a participar a impúdicas horas de la mañana (08h00) de un conversatorio con estudiantes de los sextos cursos.

Entiendo que el honor de esta invitación se lo debo a la conjunción de voluntades de los amigos Erick Leuschner, que formuló la recomendación, y Roberto Marcos, que la llevó a buen puerto, con el respaldo del P. Gustavo Calderón S. J., rector de la institución. En fin, allí estaba yo, para intentar explicarles a estos estudiantes de sexto curso mis impresiones sobre el texto constitucional.

Empecé por lo obvio, por la necesidad de razonar el voto y explicar que lo que yo pretendía era ofrecerles unos pocos argumentos para pensar la Constitución. De inmediato señalé que, en razón de mi formación en materia de derechos humanos, me interesaba destacarles de la Constitución su relación con dos principios fundamentales de la organización política de una sociedad: el respeto a la autonomía individual y la promoción del autogobierno colectivo. En ese sentido, me interesó destacarles a los estudiantes, en concreto, tres cuestiones del texto constitucional: las garantías, los mecanismos de participación y la creación de políticas e instituciones públicas.

Seré breve: sobre lo primero, enfaticé lo evidente: el texto de garantías del proyecto de nueva Constitución es mucho más amplio, detallado y mejor redactado que el de la Constitución del ’98. En consecuencia, este texto sirve mucho mejor al propósito de hacer efectivos los derechos que se relacionan con nuestra autonomía individual. Sobre lo segundo, los mecanismos de participación son mucho más amplios y detallados, e incluyen la participación en ámbitos que antes eran cotos cerrados sujetos a la intervención del Congreso Nacional y otros autores, cómplices y encubridores de la institucionalidad. En consecuencia, estos mecanismos de participación cumplen mucho mejor con el propósito del autogobierno colectivo. Sobre lo tercero: más allá de las críticas de convertirse el Estado en Ogro Filantrópico (al menos los ensayos de Octavio Paz tenían gracia) enfaticé que el texto constitucional intenta tomarse en serio las promesas que formula su parte dogmática (los derechos) con un desarrollo concreto de políticas públicas e instituciones cuya obligación es cumplir esos derechos.

Enfaticé además, otra obviedad: ningún diseño institucional es perfecto y libre de corrupción y politización (ni éste, ni ningún otro, porque las instituciones las componen y administran los seres humanos, y ya se sabe…) pero el que los ciudadanos tengamos las herramientas para obligar a los políticos a cumplir con sus promesas (porque sabemos que los políticos prometen de acuerdo con sus expectativas y cumplen de acuerdo con sus temores) coloca la responsabilidad sobre nuestros ciudadanos hombros… y a partir de entonces, el proceso puede triunfar o fracasar, puede o no llegar a buen puerto. Pero ya no podremos escondernos en la fácil cobardía de decir, si fracasamos, “la culpa es de los otros”.

Luego vinieron las preguntas (punzantes y argumentadas, Constitución en mano: bien, los muchachos -lo único que lamenté de este auditorio es que sea público exclusivamente masculino. Acepto –promuevo- invitaciones de colegios mixtos o de personal femenino, eh) y café con tortilla de verde en el rectorado. Un intercambio de corteses trivialidades (y otras que no tanto) con el P. Gustavo Calderón, una promesa de participar con mucho gusto en toda otra actividad académica a la que me inviten y un volveremos a vernos pronto en el matrimonio de Erick, porque Gustavo será quien lo oficie. En definitiva, esta experiencia de diálogo matutino y juvenil me recordó e hizo sentir aquella frase de Joaquín Sabina, dicha con mucho humor cuando se acercó a recibir un premio: “la juventud, venimos arrollando”. La suscribo.

Espacio público, comunicación y ciudadanía

2 de septiembre de 2008

El miércoles 27 de agosto participé en un conversatorio sobre el tema “Espacio Público, Comunicación y Ciudadanía” que organizó la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Católica a instancias de Héctor Chiriboga, profesor de la Carrera y columnista de diario El Telégrafo, quien intervino como moderador del acto. Acompañé a Carlos Tutivén, Valentina Brevi y Jessica Jara en el común esfuerzo de formular críticas certeras sobre el tema que nos convocó y salimos, creo decirlo sin asomo de falsedad, bien librados. Carlos analizó el tema desde la comunicación, Valentina desde la arquitectura y Jessica desde la psicología. Me siento plenamente incapaz de resumir sus intervenciones sin pérdida de los necesarios énfasis y matices: en clara consecuencia, omitiré esta posibilidad. (Por cierto, esta incapacidad me recuerda la necesidad de grabar en audio estos actos y subirlos a esta bitácora de Internet como podcasts para conservar su registro y propiciar su difusión; ojalá -alguna vez lo conversé con Héctor- que realicemos en algún momento ese ciclo de debates sobre la ciudad, que lo publiquemos en formato de libro y que contribuya a una necesaria discusión que involucre al mayor número de personas, en particular a quienes no estén persuadidas de estas críticas o que sean contrarias a las mismas, para ampliar el debate y perfilar mejor su contenido y alcances. En todo caso, el próximo acto al que me inviten, grabo mi intervención y la cuelgo en esta bitácora y si los otros me autorizan, cuelgo también la de ellos.)

Resumiré, en breve, los recuerdos de mi intervención, la que formulé, como me sugirieron, desde la perspectiva del derecho y la política. La empecé con un acercamiento poco ortodoxo al tema: desde el fútbol. Ese miércoles 27 preparaba el post “Sócrates (democracia corinthiana)” que publiqué en esta bitácora y estaba yo plenamente imbuido del proceso de la democracia corinthiana que O Doutor capitaneó. Como lo afirmé en el post, la democracia corinthiana fue “una delirante experiencia libertaria de autogobierno colectivo”. Precisamente me interesó destacar esos aspectos que la democracia corinthiana concretó de manera delirante y exitosa, la “autonomía individual” y el “autogobierno colectivo”, que son precisamente los aspectos que en materia de espacios públicos y ciudadanía tienen un contenido miserable en Guayaquil. Analicé en breve las restricciones que imponen las autoridades locales para el ejercicio de los derechos ciudadanos al libre desarrollo de la personalidad y a la participación política y concluí que esas restricciones no tienen fundamento alguno en el marco de una sociedad democrática. Finalmente, tomé a préstamo unas observaciones de Carlos Tutivén sobre la incidencia de los medios de comunicación en la creación de este imaginario ciudadano para enfatizar que este imaginario esquiva analizar la pérdida de libertades ciudadanas en los espacios públicos porque se regodea con las “cuentas de colores” (“caramelos visuales” los llamó Valentina Brevi) que les ofrecen quienes mejor explotan (en lo económico y en lo político) este imaginario. Sin los necesarios matices, tal fue el contenido esencial de mi intervención.

El conversatorio con los asistentes (no fueron legión, pero tampoco un número desdeñable) fue interesante y, en lo que a mí respecta, se centró en los límites de esas restricciones a los derechos ciudadanos y la tensión entre las autoridades locales socialcristianas y las roldosistas. Sobre lo primero, enfaticé que en todo análisis de los derechos y sus posibles restricciones, los derechos tienen que verse, en palabras de Ronald Dworkin, como “cartas de triunfo” ante cualquier restricción que se pretenda. Yo no sostengo (nadie sensato lo hace) que no deba existir regulación alguna en el uso de los espacios públicos; pero sí sostengo que toda regulación que se haga tiene que hacerse con el mayor de los respetos al desarrollo libre de la personalidad de los individuos, su autonomía individual, y con la mayor inclusión de las personas en la construcción de lo que nos es común, espacios, políticas y obras públicas. Sobre lo segundo, afirmé que yo no postulo (nadie sensato lo hace) la abolición de la obra socialcristiana y la vuelta a la barbarie roldosista; pero sí sostengo que no existe, en este punto, una situación de dilema (“o es lo uno o es lo otro”) sino que puede muy bien pensarse un modelo de sociedad tolerante e inclusiva, que desarrolle políticas y obras públicas de calidad. Enfaticé, finalmente, que uno de los graves problemas de la sociedad guayaquileña es la incapacidad de pensar en el otro, de ponerse en sus zapatos, de tomarse a los individuos en serio y no como medios para un fin y turistas de su propia ciudad. Y enfaticé también que otro de los graves problemas de la sociedad guayaquileña es el “miedo a la libertad”. Sobre este tema deberíamos profundizar en otra ocasión: lo considero clave para comprender la forma cómo se estructura esta sociedad, sus relaciones de dependencia y el hecho de que si no somos más tolerantes e inclusivos no sólo es porque algunos no quieren cambiar el estado de cosas (obvio, quienes se benefician de ellas) sino porque algunos quieren no querer cambiarlas (porque tienen miedo de sufrir las consecuencias de su osado desafío o simplemente miedo de ser distintos a aquello que la sociedad les enseñó que deben ser). El tema da para mucho más y habrá que continuarlo.

Del conversatorio salí con dirección a la casa del Curro y replicamos (con mayor ferocidad, cabe decirlo) las ideas del conversatorio en compañía de algunos amigos y una amiga que, con acento italianizado, hizo las delicias del modesto auditorio. Tres botellas de vino y una tabla de quesos y jamones (cortesía tan memorable como extraña del Curro, usual anfitrión pobre pero honrado) fueron testigos de esta pequeña delicia de nuestra vida nocturna en Guayaquil.

El jardín de las sombras

31 de agosto de 2008

Este personal está tostado. Para probárnoslo, tiene una banda de rock cuyo sólo nombre ya es elocuente ("Mamá Soy Demente") y tiene un teatro de títeres sicodélicos (en cuyo caso se llama "El Jardín de las Sombras") cuya delirante propuesta está en cartelera, domingo a domingo, en el norte de la ciudad.

Yo llegué, lo admito, coquito y en plan random, en caminata corta y puntual al Centro Cultural "Ana María Vargas", sin saber exactamente a qué atenerme ni qué esperar de este teatro de títeres sicodélicos. Sólo tenía como información previa un flyer de bar, la insistencia entusiasta de la siempre risueña y entrañable Chivi y esta nota que publicó diario El Telégrafo. Antes de que se apaguen las luces y los títeres empiecen su juego de delirios, se nos entregó a los asistentes una hojita cuyo contenido intentaba describir lo que nosotros íbamos a espectar en breve. Lo consigno, a manera de abrebocas:

"La nueva especie.- El primer episodio nos narra la historia de cómo las sombras poblaron la tierra después de la desaparición de los humanos, a medida que avanza el capítulo podemos escuchar sus inquietudes, sus primeras impresiones de la tierra, sus ambiciones, etc. Mediante un proceso extraño dos de las sombras inmortales han descubierto la manera de materializarse dando origen así a la nueva especie.

El silencio.- Una sombra denominada "La Superficial" decide mediante la alquimia del silencio realizar un viaje al interior de su ser para hallar la verdad sobre sí misma, lo que hallará será terrible, pero a la vez decisivo en su búsqueda".

Advierto a ustedes, sin embargo, que esta descripción es un mísero abrebocas: no se le mide a la sicodelia de este espectáculo de sombras y sonido. No pienso, por supuesto, contarles lo que verán, no solo para no arruinarles la experiencia, sino porque ésta es (todos lo son, pero unas más que otras y ésta en particular) única e intrasferible. Puede ponerlos a pensar, sacarlos de sus hábitos, sólo hacerlos reír o incluso que permanezcan indiferentes. (Una opción triste, pero opción al fin...) No podrán negar, en cualquier caso, que este personal les propone con sus títeres psicodélicos la posibilidad de tostarse el seso un poco y siempre viene bien tostarse el seso un poco. Además, les entregan una llave: no olviden, por favor, hacer buen uso de ella.

Belleza & Glamour y sorpresa en la deposición

29 de agosto de 2008

También rescatado de esa caja de olvidos, el hi5:
"Costumbre mía de años, entrar a los baños con una lectura con la cual amenizar el rato, cuando sea menester sentarse. En esta ocasión, al apuro, tomé una revista frívola, "BG Belleza & Glamour", probable adquisición de mi madre o hermana, y complemento perfecto para el acto que en breve iba a desarrollar. Apareció, en principio, lo lógico: fotos eróticas, propaganda burda, notas ramplonas, en suma, la común frivolidad. Pero hete aquí la primera sorpresa: una nota sobre el Principito intitulada "le petit prince: el mas bello de los golpes", donde se habla elogiosamente del libro del aviador frances Antoine de Saint-Exupery y se cita, paradójicamente, su célebre frase "lo esencial es invisible a los ojos"... Si era desparpajo o cinismo, no sabría yo descifrarlo. Pensé que esa era mi cuota de estupor en el W.C. y justo cuando pensaba que nada haria variar la frivolidad con la cual "BG Belleza & Glamour" solazaba mi deposición, apareció lo insólito: una reseña sobre el libro "Mujeres" de Charles Bukowski (en el recuadro aparece la célebre cita de Henry Chinaski, "Más de un hombre bueno ha acabado en el arroyo por culpa de una mujer" -"Many a good men have been put under the bridge by a woman"), uno de los libros más crudos del autor maldito Charles Bukowski. La revista alertaba a sus lectores que el libro "no es recomendabl(e) para una persona demasiado sensible, pues habl(a) abiertamente de sexo, males sociales, sentimientos (sic) y resentimientos de toda índole". (Ni modo, pues para ese tipo de lectores se han inventado Corín Tellado, Elizabeth Subercaseaux y, en clave local, Pocha Granja.) En medio de mis gases, me asombraba que en un vademécum de frivolidad como "BG Belleza & Glamour" (el título no permite equívocos) se hallasen dos invocaciones tan opuestas entre sí y al objeto y target de la revista: una invocación a lo evanescente de la mano del Principito, otra a lo crudo de la mano de Bukowski. Nada que hacer, entonces, salvo reír: el mundo es un cualquiera.
P.D.- Bukowski lo hubiera superado, como en la foto, bebiendo".

Sócrates (democracia corinthiana)

28 de agosto de 2008

Mi recuerdo vívido del Mundial del ‘82 es el feliz cítrico Naranjito (la triste historia de su creador, acá). Mi memoria no registra, en esa época, a este jugador brasileño sobre el que Eduardo Galeano cuenta en El Fútbol a Sol y Sombra que “tenía cuerpo de garza, altas piernas flaquísimas y pies pequeños que se cansaban fácil, pero era un maestro del taquito, y se daba el lujo de convertir penales con el talón” al que su padre, a instancias de La República de Platón, llamó Sócrates.

Pero ya en el Mundial del ‘86 Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira tenía identidad para mí. No precisamente esta identidad de documento y seis nombres, sino la de delantero temible, barbado y de aspecto desenfadado, una especie de pirata sin parche ni garfio, con pata de gol y en shorts. Un jugador entrañable, aunque se haya comido un penal en la definición contra Francia que contribuyó a eliminar en cuartos de final a la única selección brasileña que despertó mi afición.

Lo que yo no sabía en esa época (la prensa no suele preocuparse de difundir estas cosas) es que este jugador de simpático aspecto, diseñado casi a la usanza de Cortázar, demasiado alto (1,91) y demasiado flaco, que fumaba mucho y corría poco pero que no lo necesitaba porque siempre ejecutaba el pase preciso y la jugada desequilibrante, que gustaba echarse unas cervezas con los amigos después de los partidos tanto como no le gustaba entrenar, bohemio y mujeriego que opinaba que su psicólogo era un vaso de cerveza, era persona de gigante y admirable compromiso democrático. Sólo muchos años después escuché y hace poco leí en un reportaje de Diners la fascinante historia de Sócrates y la democracia corinthiana. Se las cuento, en breve:

Corría el año 1981 y Brasil vivía en dictadura militar desde 1964. Ese año, el Corinthians, equipo paulista conocido como O Timao, fundado el 1 de setiembre de 1910 y segundo equipo más popular de Brasil (después de Flamengo) con un aproximado de 25.000.000 de hinchas, estaba en crisis económica y deportiva: números rojos y eliminación del torneo paulista que terminó por ganar Sao Paulo, que se coronó bicampeón. Al año siguiente, 1982 (el año del Mundial de España y del Naranjito de mis recuerdos tempranos) Sócrates, Wladimir, Casagrande, entre otros y en conjunto con el sociólogo Adilson Monteiro Alves que había asumido como Director de Fútbol del club a fines del ’81, cansados de un ambiente en el fútbol que replicaba la opresión de la dictadura militar comenzaron a discutir una salida a esta crisis y pusieron en práctica un experimento que el periodista inglés Alex Bellos calificó de utopian socialist cell, utópica célula socialista: el club como una comunidad de personas en la que todos sus miembros, desde los malos suplentes hasta los altos directivos, tomaban en conjunto todas las decisiones que los afectaban y en la que todos los votos contaban por igual. En una entrevista que Bellos le hizo a Sócrates, éste recuerda: “Nosotros decidíamos todo por consenso. Eran cosas simples como, ¿a qué hora vamos a comer? Nosotros sugeríamos, digamos, tres opciones y votábamos. La decisión de la mayoría se aceptaba”.

Cosas simples y otras que no tanto. Sócrates y sus colegas consiguieron eliminar la concentración, decidieron sobre contrataciones, dimisiones, momentos para entrenar y alineaciones para los partidos y defendieron la total e irrestricta libertad del futbolista fuera de las canchas. Acaso el término utopian socialist cell de Bellos sea excesivo, pero sí que la democracia corinthiana constituyó, como pocas, una delirante experiencia libertaria de autogobierno colectivo. Su lema certero era “libertade com responsabilidade”: la democracia corinthiana supo poner la utopía en juego.

Pero los cambios que proponía la democracia corinthiana no eran sólo casa adentro: sus propuestas trascendieron las canchas. El Corinthians empezó a utilizar leyendas en sus blancas camisetas para incidir en la conciencia de los fanáticos. La mayor parte del torneo del ’82 Corinthians lo jugó con la palabra “Democracia” impresa. Cuando se acercaban las elecciones del Estado de Sao Paulo del 15 de noviembre de 1982 para elegir gobernador y otras autoridades, lucieron la leyenda “Día 15, Vote” en sus espaldas. Iniciaron la campaña “Direitas-ja” y “Eu quero votar para Presidente” para promover la elección por sufragio directo y universal del Presidente de la República. La tenían clara. En palabras de Sócrates: “la democracia corinthiana fue fundamental para desencadenar nuevas corporaciones y resultó importante para el proceso de redemocratización que vivía Brasil. Yo siempre supe que estábamos haciendo política y sabía que debíamos aprovechar la pasión del fútbol para ayudar a la movilización de la gente”.

Poco a poco lo lograron y la democracia corinthiana se convirtió en un punto de referencia para el debate sobre la democratización del régimen militar. En la final del torneo paulista de 1983 un Pacaembú repleto hasta las banderas contempló el duelo entre Corinthians y Sao Paulo. Si Corinthians perdía, sería un bajón sensible para los ideales que defendía. Ese día Sócrates salió primero, con el brazo en alto y todo el estadio, muchísimo Brasil, pudo observar la enorme pancarta que loa jugadores sostenían con la leyenda “Ganar o perder, pero siempre con democracia”. Corinthians, para probarnos que el idealismo no se riñe con la victoria, ganó 1-0 con gol de Sócrates y se coronó bicampeón del torneo paulista. Ese 1983 eligieron a Sócrates el Jugador Sudamericano del Año. En adición a estos triunfos, la economía del club era solvente (tenía un superávit de 3’000.000 de cruzeiros, cosa inédita) y en lo político, poco a poco, el debate sobre la democratización del régimen militar al que decididamente contribuyó la democracia corinthiana, fructificó: Brasil regresó a la democracia en 1985.

Esto no es todo. A la usanza de Albert Camus, que afirmaba que “todo lo que he aprendido de moral, me lo ha ensañado el fútbol” esta experiencia nos enseña mucho. Que lo digan los propios jugadores del Corinthians; que lo diga, por ejemplo, Wladimir: “la verdad es que, en todo lo que se hace con conciencia y dedicación, se obtiene realización personal. No era por el dinero. Nosotros jugábamos con mucho placer, sobretodo porque sabíamos que estábamos contribuyendo de alguna forma, para la redemocratización del país"; que lo diga Biro-Biro, con esta frase de sencilla belleza: “La democracia me hace aprender a respetar la diferencia sin jamás aceptar las desigualdades”.

Y por supuesto que será Sócrates, quien inspiró y lideró el proceso, el que cierre este post y rinda un balance de esta época luminosa con las precisas palabras con las que finaliza su libro Democracia Corinthiana: A Utopia em Jogo escrito en conjunto con el periodista Ricardo Gozzi: “Conseguimos probarle al público que cualquier sociedad puede y debe ser igualitaria. Que podemos desprendernos de nuestros poderes y privilegios en procura del bien común. Que debemos estimular que todos se cohesionen y que pueda participar activamente de los designios de sus vidas. Que la opresión no es imbatible. Que la unión es fundamental para superar los obstáculos difíciles. Que una comunidad solo puede fructificar si respeta la voluntad de la mayoría de sus integrantes. Que es posible darse las manos”.

Grande, Sócrates. Tanto, tanto que aprender...


El aniversario de un (feliz) acto fallido

25 de agosto de 2008

Hoy se cumplen exactos 25 años de la fecha que Jorge Luis Borges anunció para su suicidio. Para fortuna de sus lectores, el argentino no cumplió. (Cuando le preguntaron por qué, Borges contestó "por cobardía". Pues bendita sea: en el ínterin hasta su muerte el 14 de junio de 1986, en Ginebra, Borges publicó los libros -algunos de sus textos los escribió antes- La Memoria de Shakespeare, Altas y Los Conjurados). María Esther Vásquez refiere en Borges, Esplendor y Derrota (Pág. 315) que Borges sí intentó un suicidio real, o que al menos eso decía él:

"Ya en Buenos Aires, Borges confesó a los amigos más íntimos, incluyendo a Fani Uveda, su empleada doméstica, que había intentado suicidarse llenando la bañadera con agua hirviendo y metiéndose adentro. Por supuesto, al sumergir el pie, el dolor se impuso sobre su decisión y desbarató el intento". Vásquez comenta sobre este episodio: "Es probable que Borges buscara esa ineficacia"; María Kodama refiere que Vásquez inventó esta historia para difamarla. (Véase, "Breve historia de la ineficacia suicida", de Gustavo Valle.)

En todo caso, para fortuna de sus lectores, la profecía que Borges no cumplió el 25 de agosto de 1983 la utilizó para escribir el cuento cuyo título es aquella fecha que no fue y que se publicó, precisamente, en La Memoria de Shakespeare. Acá, esa joyita. Por cierto, ayer 24 de agosto, Borges habría cumplido 109 años y lo conmemoramos en casa del Curro con pasta, buen vino argentino y muy grata compañía.

Para cerrar, este diálogo de Borges con Sábato, sobre el tema del suicidio:

Borges: Yo también [he pensado en el suicidio]. Hace setenta y cinco años que vengo suicidándome. Tengo más experiencia que usted, Sábato.
Sábato: (sonriendo) Con muy poca eficacia, por lo que se ve.
Borges: Sí, pero con mucha vocación, realmente.

Vocación literaria, claro está.

Desaventajados y derecho

23 de agosto de 2008

Sostengo que es necesario pensar el derecho desde el punto de vista de los más desaventajados, de los que están peor situados en una sociedad. Esta idea, en apariencia, la compartimos todos: nadie sostiene en público una postura que discrimine a los desaventajados y, en política, todo se supone que se piensa y se ejecuta a nombre y en beneficio de ellos. Las constituciones, desde la fundación de la República del Ecuador, han expresado con mayor o menor nitidez esta preocupación por los más desaventajados y una aspiración a la igualdad. Pero mucho lo sabemos: a pesar de estas promesas, la realidad ha sido otra, profundamente discriminadora e inequitativa. Esto, porque a despecho de la retórica política y jurídica, ya en la práctica y en el desarrollo cotidiano, el derecho usualmente se vincula con los intereses de una minoría que lo escribe, lo aplica, lo interpreta y lo utiliza en beneficio propio.

Ya la primera Constitución del Ecuador en su artículo 11 contiene una clara referencia a la igualdad a pesar de la profunda discriminación que imponía su principal fuente para financiar el Estado: el cobro de un tributo a los indígenas, por el solo hecho de serlo. Esta constatación de la esquizofrenia constitucional ecuatoriana se repite a lo largo de todas sus constituciones. No será necesario, sin embargo, llegar tan atrás, el espacio no lo permite: veamos la Constitución de 1998 y sus promesas: la igualdad ante la ley (artículo 23 numeral 3) y la garantía de los derechos humanos sin discriminación alguna (artículo 17) que incluye un amplio catálogo de derechos civiles y políticos (artículos 23 al 29) y una vastísima cantidad de derechos sociales (artículos 30 al 82). Y sin embargo, en la práctica… Otra constitución esquizofrénica: en la práctica nos niega la mayoría de lo que promete.

No se tiene una sola explicación para esta “esquizofrenia”, para este tránsito engañoso desde la promesa del derecho de preocuparse de los más desaventajados hasta su cotidiana ruptura. Se podría invocar el egoísmo de las élites, la idiosincrasia de los habitantes, la corrupción, los malos diseños institucionales, y un largo etcétera. Hay discursos que han participado (quisiera suponer que de buena fe) del engaño: discursos como aquel de primero el desarrollo que luego nos ocupamos de los problemas sociales, o discursos de cambio social que resultaron simples y viles mentiras (pienso en Gutiérrez, en Bucaram). Pero no me interesan tanto los discursos engañosos como el derecho efectivo que los ciudadanos podemos y debemos reivindicar.

Llego, en este punto, al núcleo de mi argumento. El país vive un momento político y jurídico crucial. El 28 de setiembre en un referéndum decidiremos una nueva Constitución, una nueva serie de promesas para el país. No se les puede imputar a quienes las escribieron formar parte de las élites; no se les puede imputar a quienes las escribieron falta de preocupación por aquellos que han sido, desde los inicios de este país, los desaventajados de siempre: los indios, los negros, los montubios, los homosexuales, los no católicos, en definitiva y como es usual, los más pobres. Pero sí se les puede imputar a muchos que tanto critican la nueva Constitución no discutir (por conveniencia o por falta de ideas, no lo sé) los derechos, las garantías y los mecanismos que se diseñaron y que proponen hacer efectivas las promesas y las ideas que todos, en apariencia, suscribimos. Hay que exigir y proponer ese debate. Y si la Constitución se aprueba, habrá que demandar el cumplimiento de sus promesas, tarea que nos corresponde, en uso de las garantías y de los mecanismos de participación y exigibilidad, a todos los ciudadanos.

Bukowski, mucho Bukowski

20 de agosto de 2008


Escribí mi columna del sábado pasado porque Bukowski es uno de mis autores favoritos y tenía muchas ganas, con ocasión de sus 88 años, de rendirle un homenaje que provoque alegría a mis cofrades de la iglesia bukowskiana (insisto: mucho, mucho mejor que otras iglesias que yo me sé) y curiosidad a quienes no lo conocen, que (acaso) los anime a unírsenos a esta espirituosa (que no espiritual) amalgama de devotos. Sobre esto último, no pocos conocidos y desconocidos me escribieron en estos días para solicitarme orientaciones de dónde encontrar al bueno de Charles. Una remisión a una librería me parece cosa de chacales, no solo porque implica gastos sino porque no tengo ninguna precisión sobre cuántos libros de Bukowski pueden encontrarse allí (aunque librerías grandes –en términos de esta ciudad, claro- como Mr. Books o Librimundi –aunque esta última decepciona, y mucho- deberían tenerlo porque Anagrama, que es una editorial importante en el contexto hispano, ha publicado varios libros de Bukowski).

Pero salgo al paso con buenas nuevas y tengo, para todos aquellos que quieran acercarse a Bukowski o releer sus obras, una alternativa mejor y mucho más económica: leer a Bukowski en Internet. Les cuelgo un par de enlaces. El primero, http://www.katarsis-net.com.ar/biblioteca, tiene a disposición de quien lo desee, “Toca el piano borracho como un instrumento de percusión hasta que los dedos te empiecen a sangrar un poco”, “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos” (libro de entrevistas con Fernanda Pivano), “Cartas y poemas”, “Love is a dog from hell”, “The days run away like horses over the hills” y “War all the time”. Esta ciberpágina, una joyita, tiene además libros de Artaud, Baudelaire, Bolaño, Capote, Cioran, Cortázar, Dick, Ginsberg, Hemingway, Huxley, Kerouac, Michaux, Miller, Pessoa, Pizarnik, Rey, Rimbaud, Symns, Thomas, Tzara, Verlaine, y muchos otros. Está excelente, la neta que sí. E incluye, por si fuera poco, enlaces a otras ciberpáginas de las que pueden bajarse más y más libros. No podrán quejarse.

El segundo enlace, http://www.bukbooks.cjb.net/, es una ciberpágina dedicada solo a la difusión de la obra de Bukowski, con un epígrafe que conmueve, “Porque los muertos no necesitan royalties”, y una foto de Bukowski entre lápidas, sonriente, panzón y haciéndonos la señal de la victoria. La ciberpágina nos ofrece en formato Word “La senda del perdedor”, “Factótum”, “Cartero”, “Pulp” (esta novela, la única que también está en formato PDF, fue su última: Bukowski la publicó en 1994 y murió al poco tiempo de terminarla, y es delirante, bárbara y risueña, y está “dedicada a la mala escritura”, ja), “El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco”, “Escritos de un viejo indecente”, “Música de cañerías” y “Abraza la oscuridad”. Ningún libro se repite y suman en total 14, entre novelas, poemas, relatos, cuentos y entrevistas. Quedan servidos. Salute.

Clítoris, migrantes y no discriminación

19 de agosto de 2008

El amigo Diego Bastidas (tipo progre e inteligente, de buenas intenciones, que en asocio con Mauricio Guim y otras buenas gentes todavía permiten pensar que en la Universidad Católica no todo está perdido) me invitó a participar como ponente en el I Encuentro Internacional sobre la Trata, Tráfico, Migración y Refugiados: desde la Realidad de las Juventudes, acto que se celebró en la sala Jey Jey Olmedo de la Facultad de Jurisprudencia de la UCSG, el martes 12 de agosto.

Ese día, cuando yo llegué, jugado con los tiempos como me suele suceder, intervenía una simpática española. Su tema era la requetecabrona política migratoria europea y ya terminaba, ya absolvía las últimas preguntas del público cuando aparece una pregunta sobre la ablación del clítoris. La simpática española inicia una respuesta de manual, “la ablación del clítoris es una práctica cultural….” pero se interrumpe. Acaso la juventud del auditorio (la mayoría eran estudiantes de colegio, aunque de los últimos años) la tentó a ensayar una explicación más detallada. Empezó entonces a explicar qué es el clítoris, dónde se sitúa (“es como un botón, situado en la parte superior de los labios mayores de la vagina”), a trazar una analogía con el órgano sexual masculino (“es de fácil excitación, como el pene”) y a explicar el propósito que cumple y cómo debería una mujer relacionarse con el suyo (“es un botón de placer, que recomiendo que lo conozcan para que lo disfruten”). Su explicación causó risas en el auditorio (propias de la inmadurez) y la orden de una maestra a sus niñas para retirarse del salón (propia de la inmadurez, también). Finalmente, la simpática española explicó la ablación del clítoris, respondió unas pocas preguntas más y terminó. Entré yo a mi charla, risueño y con veinte niñas de faldas y caras largas menos en la audiencia.

El tema que me propuso el amigo Diego (quien tuvo la gentileza al final de la jornada de prestarme un viejo libro del maestro Manuel Atienza, que se volvió a editar este año en Perú, Marx y los derechos humanos, muy, muy bueno) fue el análisis de la opinión consultiva Condición Jurídica y Derechos de los Migrantes Indocumentados. Opinión Consultiva OC-18/03 del 17 de septiembre de 2003 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ahorraré detalles de la charla, todos los preliminares que explicaron a un auditorio colegial la naturaleza y funciones de la Corte Interamericana. Me enfocaré en lo que me interesó de veras, esto es, explicar la manera cómo la Corte Interamericana entendió las obligaciones generales de los Estados y, en particular, la vinculación de estas obligaciones con el principio de no discriminación. Al final, conclusiones con un par de detalles importantes. Por razones expositivas, lo dividiré en apartados:

Obligaciones generales y consecuencias

La Corte Interamericana opinó que los Estados tienen la obligación general de respetar y garantizar los derechos fundamentales, y que esta obligación implica: 1) adoptar medidas positivas; 2) evitar tomar iniciativas que limiten o conculquen un derecho fundamental; 3) suprimir las medidas o prácticas que restrinjan o vulneren un derecho fundamental. Así, la Corte Interamericana enfatizó que los Estados no tienen solo obligaciones de no hacer, sino que tienen también claras, evidentes obligaciones de hacer. Y si los Estados incumplen con esas obligaciones mediante cualquier tratamiento discriminatorio, incurren, por ese hecho, en responsabilidad internacional.

Carácter fundamental del principio de no discriminación (jus cogens)

La Corte Interamericana destacó el carácter fundamental del principio de igualdad y no discriminación, y expresó que dicho principio ingresó en el dominio del jus cogens, con lo cual, de conformidad con el artículo 53 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, este principio se constituye como “norma imperativa de derecho internacional general […] aceptada y reconocida por la comunidad internacional de Estados en su conjunto como norma que no admite acuerdo en contrario”. Como consecuencia de esta circunstancia, el principio de igualdad y no discriminación obliga a todos los Estados, e incluso genera efectos con respecto a terceros, inclusive a particulares.

Obligaciones en materia migratoria
Con estos antecedentes la Corte Interamericana le entró a la materia migratoria; en esencia, afirmó: 1) que la obligación general de respetar y garantizar los derechos fundamentales vincula a los Estados con independencia del estatus migratorio de las personas; 2) que el derecho al debido proceso penal se le debe reconocer a todo migrante; 3) que la calidad migratoria de una persona no puede justificar la privación del goce y ejercicio de sus derechos humanos, entre ellos los de carácter laboral; 4) que para garantizar los derechos humanos de todos los trabajadores el Estado no debe tolerar situaciones de discriminación en la relación empleador-trabajador; 5) que los Estados no pueden subordinar la sujeción al principio de la igualdad ante la ley y la no discriminación a la consecución de los objetivos de sus políticas públicas, incluidas las de carácter migratorio. Cada afirmación con el debido y sólido fundamento.

Conclusiones
La Opinión Consultiva OC-18/03 de la Corte Interamericana merece un estudio detallado, en general, por la riqueza de sus afirmaciones en relación con el principio de igualdad y no discriminación y, en particular, por los argumentos que desarrolla en defensa de las personas migrantes. A quienes tienen un mínimo interés por el derecho y la política, por los reclamos igualitarios, léanla, les interesará. (Acá, de nuevo, el enlace.) Quiero no omitir, en todo caso, dos detalles de la OC-18/03 que muchas personas soslayan o minusvaloran en la discusión sobre las obligaciones del Estado y las obligaciones de los particulares, y que la Corte afirma con fuerza: 1) El que los Estados “están obligados a adoptar medidas positivas para revertir o cambiar situaciones discriminatorias existentes en sus sociedades, en perjuicio de determinado grupo de personas” (párrafo 104). 2) El que en consonancia con lo anterior, los Estados tienen “el deber especial de protección […] con respecto a actuaciones y prácticas de terceros que, bajo su tolerancia o aquiescencia, creen, mantengan o favorezcan las situaciones discriminatorias” (párrafo 104) y que “de la obligación positiva de asegurar la efectividad de los derechos humanos protegidos, que existe en cabeza de los Estados, se derivan efectos en relación con terceros (erga omnes). Dicha obligación ha sido desarrollada por la doctrina jurídica y, particularmente, por la teoría del Drittwirkung, según la cual los derechos fundamentales deben ser respetados tanto por los poderes públicos como por los particulares en relación con otros particulares” (párrafo 140).

En limpio: la Corte Interamericana declara que los Estados tienen que adoptar medidas positivas para cambiar las situaciones discriminatorias, que los particulares tienen que respetar en sus relaciones con otros particulares los derechos humanos, y que los Estados tienen la obligación de velar para que ese respeto exista.

Para cerrar: el proyecto de nueva Constitución desarrolla estos dos puntos de interés de la Corte Interamericana. Así, 1) en materia de medidas positivas, el capítulo “Principios de aplicación de los derechos”, en el artículo 11 numeral 2, inciso 3, establece: “El Estado adoptará medidas de acción afirmativa que promuevan la igualdad real en favor de los titulares de derechos que se encuentren en situación de desigualdad”; 2) en materia de respeto a los derechos humanos en las relaciones entre particulares y la responsabilidad del Estado de velar porque ese respeto se cumpla, en el capítulo “Garantías jurisdiccionales”, en el artículo 88 establece: “La acción de protección tendrá por objeto el amparo directo y eficaz de los derechos reconocidos en esta Constitución, y podrá interponerse cuando exista una violación de derechos constitucionales, por actos u omisiones de cualquier autoridad pública no judicial; contra políticas públicas cuando supongan la privación del goce o ejercicio de los derechos constitucionales; y cuando la violación proceda de una persona particular, si la violación del derecho provoca daño grave, si presta servicios públicos impropios, si actúa por delegación o concesión, o si la persona afectada se encuentra en estado de subordinación, indefensión o discriminación”. Con lo cual, si un particular vulnera el derecho de otro particular comete un acto que merece reproche jurídico y le asiste, al particular cuyo derecho se vulneró, el derecho de iniciar una acción de protección y la correspondiente obligación estatal de reparar el daño, con indicación de “las obligaciones, positivas y negativas, a cargo del destinatario de la decisión judicial, y las circunstancias en que deben cumplirse” (artículo 86 numeral 3).

Aquí dos cuestiones que merecen, en general, difusión, análisis y robusta discusión, en particular el segundo punto, un avance importante para la protección de los derechos humanos.

¿Apertura al aborto? (Ummm)

18 de agosto de 2008

En mi contestación a un amable comentario de Gustavo Palacios mencioné que quería buscar un momento el fin de semana para comentar el editorial “Apertura al aborto” que Eduardo Castillo publicó el 8 de agosto en diario El Universo. Pude recién encontrar ese momento en la madrugada del lunes, en compañía de los rítmicos carnalitos de Café Tacuba (muy grata compañía, vale decirlo). El editorial de Castillo contiene, en esencia, tres críticas dirigidas a lo que él llama “puertas abiertas al aborto”. A continuación, mis comentarios. Entrémosle.

La primera de las críticas de Castillo se refiere al “Plan de Gobierno del Movimiento PAIS 2007-2011” que auspicia la ampliación de las causales de despenalización del aborto. Esta crítica de Castillo supone, de antemano y sin una discusión robusta y seria, que un plan de gobierno no puede incluir la ampliación de causales de despenalización del aborto. El aborto es un asunto polémico y, sin lugar a dudas, se tienen muy fuertes razones para prohibirlo; pero es justo reconocer también que se pueden ofrecer muy fuertes razones para despenalizarlo. Por citar solo un ejemplo, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa adoptó el 16 de abril de 2008 la Resolución 1607 (2008) que invita a sus 47 países miembros a “despenalizar el aborto en los plazos de gestación razonables”; en los antecedentes de dicha resolución se ofrecen argumentos que merecen no soslayo sino discusión. Aquí en Ecuador, en la arena pública y en general, el debate se ha reducido a considerar válida la postura de la iglesia católica y ofrecer razones con relación a si el proyecto de nueva Constitución acoge esa postura o no. Es evidente que la reducción del debate a este estrecho ámbito constituye una pérdida para el necesario debate, robusto y serio, que el asunto amerita. En adición, esta crítica de Castillo a un texto cuyo valor jurídico es nulo nada predica, por sí misma, de la efectiva “apertura de una puerta” para el aborto.

La segunda crítica de Castillo se refiere a un artículo anterior que él publicó y tituló en sintonía con un difundido lugar común, “El aborto ya es de todos”. En ese artículo, Castillo criticó la inclusión en el Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos de Levonorgestrel-Tableta 0,75 mg., componente básico de la polémica pastilla Postinor-2 que el Tribunal Constitucional prohibió por sus supuestos efectos abortistas. Nuevamente, el asunto merece una discusión robusta y seria. Mi posición al respecto la desarrollé en una columna que publiqué en diario El Universo el 24 de junio de 2006 y que titulé Sapere aude, TC, en la que critiqué la resolución del Tribunal Constitucional que prohibió la pastilla Postinor-2 por considerar que dicha resolución es sesgada y prejuiciosa; esta consideración (véase el editorial en cuestión) se asienta en sólidos argumentos, de hecho y de derecho. El tema, insisto, merece un debate robusto y serio, que Castillo (por razones de espacio, entiendo) no intenta. Y nuevamente aquí, la puerta, ni se abre ni se cierra.

Finalmente, ¡al fin!, un análisis del proyecto de nueva Constitución. En esencia, Castillo critica el artículo 66 numeral 10 porque utiliza el verbo “tener” en vez del verbo “procrear”, el término “cuándo” y la expresión “cuántas hijas e hijos tener”. En breve: sobre lo primero, el cambio del verbo implica una menor precisión, pero de allí a suponerlo base para la ampliación de las causales de despenalización del aborto el trecho a recorrer es todavía muy extenso; sobre lo segundo, el término “cuándo” se relaciona con el derecho a decidir, de manera libre y responsable, la planificación familiar, la que involucra la posibilidad de decidir el momento de reproducirse, o sea el “cuándo” hacerlo. Como he mencionado en otras entradas de esta bitácora, ese derecho a decidir el “cuándo” lo pueden poner en práctica los católicos practicantes mediante el método billings cuya aplicación la iglesia católica autoriza. Sobre lo tercero, Castillo supone que el uso de hijos e hijas “relativa al número a tener conforme al sexo diferenciado, lo que solo es posible conocer después de la concepción y a partir de las 16 semanas del embarazo”. Pero Castillo ve fantasmas, porque se trata solamente de redacción de género, ni más ni menos.

Cuando Castillo concluye “¡No nos engañemos: el nuevo proyecto admite, con manga ancha, la libre elección del aborto!” habría que responderle, “pues no, mire usted, esto hay que pensárselo, más y mejor”. Y lo más seguro es que, una vez pensado, la conclusión sea la contraria.

Bukowski

16 de agosto de 2008


Hoy serían 88 años y no fueron: Charles Bukowski murió antes, de 73, en San Pedro, California. No alcanzó los 81, la cifra que él quería para ligarse una muchacha de 18. Sin compromisos. Solo cuestión de números y ego, acaso suerte, como en las carreras de caballos. Muy a la manera de Bukowski.

Mi bitácora de Internet registra el origen de mi afición por Bukowski. Para esta columna, bástame recordar que fue un amigo argentino, Diego Vásquez Suazábal, el que me dijo, me insistió “tenés que leerlo, pibe, tenés, tenés que leerlo”. Me habló de la crudeza de Bukowski, de su escritura como si fuera la de un fontanero o un plomero, me habló de un paria, un linyera, un tipo sin brillo pero con luz propia. Me convenció. Al poco tiempo me agencié Factótum y La máquina de follar. Nunca le podré agradecer a Diego (donde quiera que estés, compadre) lo suficiente.

Uno lo lee a Bukowski, y le puede asaltar la impresión de que es fácil escribir como él. Pero es falsa esa impresión. A los imitadores se les notan las costuras: les faltan las noches de Bukowski, les falta vértigo, resaca, humor. Yo no sé cuál es la clave, no la conozco. Pero sé que el que a mi juicio escribe las mejores crónicas de este país, Juan Fernando Andrade, tiene en su bitácora de Internet (que recomiendo, mucho: http://www.culturab.blogspot.com/) palabras certeras en el post que hizo sobre la película Factótum, basada en el libro homónimo de Bukowski y cuyo personaje principal, el mítico Henry Chinaski (álter ego de Bukowski, misántropo, borracho y mujeriego) lo interpreta Matt Dillon. Dice Andrade: “Muchos de los que andan por ahí queriendo ser Bukowski creen que basta con chupar más que el resto. Por eso cada vez hay más borrachos inútiles y menos escritores entregados. Bukowski le dio con todo y, a su manera, Matt Dillon también”, y traduce y comenta, de inmediato, la que es frase insignia de la obra: “’If you’re going to try, go all the way’. Lo que en ecuatoriano vendría a ser algo como: ‘Si lo vas a intentar, dale con todo’. Cuánta razón en una sola línea, digo yo”. Simón. Mucha, mucha razón.

Pero que el propio Charles Bukowski sea, en traducción de Juan Fernando Andrade, el que cierre con su voz esta columna, el que abra las apuestas, el que tome el shot; que sea él, Bukowski, quien suene y mine nuestras diminutas seguridades con las palabras con las que concluye Factótum: “Si lo vas a intentar, dale con todo. De otra forma ni siquiera empieces. Esto puede significar perder novias, esposas, parientes, trabajos. Y tal vez la cabeza. Puede significar no comer por tres o cuatro días. Puede significar congelarte en la banca de un parque. Puede significar la cárcel. Puede significar burlas. Puede significar asaltos, aislamiento. El asilamiento es El don. Todos los otros son para probar tu resistencia. Para saber cuánto lo quieres en realidad. Y lo harás, a pesar de todos los rechazos. Y será mejor que cualquier cosa que puedas imaginar. Si lo vas a intentar, dale con todo. No hay sensación como esa. Estarás solo con los dioses. Y las noches se encenderán con fuego. Llevarás tu vida directamente a una carcajada perfecta. Es la única buena pelea que existe”.

Desarrollar es expandir la libertad en un país

14 de agosto de 2008

En mi columna "Control social y desarrollo" cité una referencia al filósofo Amartya Sen que en su bitácora de Internet formuló Roberto Gargarella. Hoy, esa bitácora nos remite a este artículo que publicó Gargarella en diario El Clarín, que amplía y comenta las ideas de Amartya Sen sobre desarrollo y libertad, que tiene su enlace acá, pero que transcribo entero (y suscribo entero, por supuesto) a continuación:

"Desarrollar es expandir la libertad en un país
Empobrece limitarse a buscar el crecimiento económico. Una sociedad justa debe brindar libertades civiles, políticas, económicas y sociales.

Por: Roberto Gargarella
Fuente: Profesor de derecho Constitucional (UBA-Univ. di Tella)

El famoso economista y Premio Nobel indio, Amartya Sen, abre uno de sus trabajos más recientes -Desarrollo y libertad (en verdad, y según el texto original, "Desarrollo como libertad")- con una definición de desarrollo muy poco ortodoxa. Para él, desarrollar un país es expandir la libertad de ese país. La idea de libertad, nos aclara enseguida, incluye tanto a las tradicionales libertades civiles y políticas (libertad de criticar al gobierno, libertad de asociarse con otros, transparencia informativa), como a ciertas seguridades básicas en materia de salud y educación. El desarrollo queda así vinculado, íntima y necesariamente, con la protección de derechos humanos básicos, y con una particular concepción de la democracia (una concepción que garantiza la reflexión crítica y el diálogo público).

El planteo del economista y filósofo indio sugiere inmediatamente una cantidad de consecuencias de extraordinario peso.

En primer lugar, el enfoque propuesto por Sen desacopla, drásticamente, las ideas de desarrollo y crecimiento económico; o desarrollo y aumento del producto bruto interno; o desarrollo y mayor tecnología; o desarrollo e industrialización. Todos estos resultados son seguramente interesantes -objetivos que un Estado puede proponerse, legítimamente- pero no representan, para Sen, más que medios posibles para conseguir lo realmente importante: mayores libertades civiles, políticas, económicas, sociales.

Una segunda consecuencia de este enfoque (la contracara de lo dicho recién) es que, para Sen, el asegurar la vigencia de nuestras libertades básicas no aparece, simplemente, como un objetivo deseable del desarrollo, una consecuencia posible del mismo, un resultado previsible o seguro, sino el fin constitutivo que debiera caracterizar a cualquier proceso decente de desarrollo.

Para Sen, ningún proceso de desarrollo aceptable puede amparar la postergación de ciertos derechos o libertades básicas "hasta que, previamente, generemos un aumento sustancial de la producción," o "hasta que la torta haya crecido lo suficiente" -tal como el discurso oficial y el de muchos de sus críticos silenciosamente repiten.

Tercera consecuencia, ningún país merece nuestro aplauso y crédito por afianzar ciertas libertades (digamos, las libertades de expresión y asociación), si al mismo tiempo descuida las libertades restantes (pongamos, el derecho de todos sus habitantes a cuidados de salud básicos, o a una educación apropiada, con independencia de las circunstancias más o menos afortunadas dentro de las cuales hayan nacido).

Luego de lo expuesto, algunos podrían decir que, a través de su noción de desarrollo, Sen fija un ideal demasiado alto, imposible de alcanzar. Contra ellos, me interesaría sostener que, por medio de su propuesta, Sen sólo nos ayuda a ver hasta qué punto los ideales vigentes sobre el desarrollo resultan abominables. Un modelo de desarrollo que identifique desarrollo con crecimiento económico, y que considere a las garantías de salud y educación para todos (y sobre todo para los que están peor) como consecuencias posibles y no necesarias de ese proceso, debiera merecer nuestro absoluto repudio. Un modelo de desarrollo que en lugar de eliminar la pobreza sólo garantice la reproducción de la misma, asegurando una supervivencia dependiente para los más pobres, debiera ser considerado inaceptable. Un modelo de desarrollo que incorpore a la mentira como estrategia, que no nos provea cada día la información más precisa posible sobre lo que se está haciendo, que no garantice las mejores condiciones para que pensemos críticamente sobre él, debiera ser considerado -siempre- como incompatible con los ideales propios de cualquier sociedad justa, ya sea que hablemos de la India o de la Argentina".

O de Ecuador. En particular, sería interesante debatir sobre estas ideas de desarrollo y libertad a la luz de lo que propone el proyecto de nueva Constitución. Asignatura pendiente.

Otra sentencia hipotética (Carlos Martín González contraataca, para bien)

De nuevo me escribió el amigo Carlos Martín González. En esta ocasión, a propósito de la columna que publicó Emilio Romero Parducci (que comenté en un post anterior) en diario El Universo, la que González critica porque la considera de evidente mala fe. Para contrastar, González redacta una sentencia hipotética que sí se corresponde con el contenido del texto del proyecto de nueva Constitución. Me parece interesante su postura y le solicité permiso para reproducirla en esta bitácora, lo concedió y, en consecuencia, procedo a publicarla, en sus partes principales y con cita del Papa Wojtyla incluida:


"...Quiero proponer, utilizando el mismo argumento, pero en forma contraria, porque es así como obliga el criterio jurídico, cuando algo debe presumirse, se presume la buena fe, y es lo que se nota ausente en la hipótesis del Dr. Romero, en la que prima una actitud perversa, dando por hecho y presumiendo la mala fe del supuesto juzgador, veamos entonces el resultado, al que se le ha quitado la dosis perversa de mala fe.

(…) para resolver, se considera: PRIMERO.- (…);– SEGUNDO.- (…);– TERCERO.- El inciso 1 del art. 45 de la Constitución dice que se reconoce y garantiza la vida, incluyendo su cuidado y protección desde la concepción.– CUARTO.- El art. 41 del Código Civil afirma que las personas a las que se refiere la norma constitucional antedicha son todos los individuos de la especie humana, cualquiera que sea su edad, sexo o condición, y el art. 61 del mismo Código Civil preceptúa que la ley protege la vida del que está por nacer, sin indicar desde qué momento, y que, por lo tanto, el juez, a petición de parte o de oficio, tomará las providencias que crea convenientes para proteger la existencia del no nacido, ;– QUINTO.- El numeral 10 del art. 66 de la Constitución claramente reconoce y garantiza a los padres el derecho “a decidir cuándo y cuántas hijas e hijos tener”, y que las decisiones de las personas sobre cuándo y cuántos hijos tener, hacen referencia estricta a la “planificación familiar responsable” es decir en el momento que se concibe un hijo, ya no hay marcha atrás, porque la vida está garantizada desde la concepción como establece el artículo 45 señalado anteriormente, por lo que el juzgador está obligado a acatar dicha disposición en su sentido literal de acuerdo a lo que establece el artículo 427 de la Constitución, por lo que resulta elemental la inadmisibilidad del argumento esgrimido por los padres del “no nacido” en el sentido de atentar contra la vida del ser dentro del vientre materno cuya protección y cuidado como ha quedado dicho está garantizada desde la concepción del mismo.- SEXTO.- Finalmente, por la superior jerarquía que tiene la garantía contenida en el inciso 1 del art. 45 de la Constitución en concordancia con lo que establece la disposición legal contenida en el art. 61 del Código Civil, respecto de la protección de la vida del que está por nacer, se estima que surten pleno efecto las dispocisiones penales contenidas en los arts. 443 y 444 Y 446 del Código Penal, relativos al aborto. Por las consideraciones que preceden (…), la suscrita jueza, investida del poder jurisdiccional que le conceden la Constitución y la Ley, “ADMINISTRANDO JUSTICIA EN NOMBRE DE LA REPÚBLICA Y POR AUTORIDAD DE LA LEY”, confirma el derecho constitucional que ampara la vida del no nacido, RECHAZANDO por tanto la invocación de los padres y el médico de un inexistente “derecho constitucional” que les haya permitido quitarle la vida al no nacido y dispone que los padres, mengano y zutana, así como el médico que practicó el aborto materia de este proceso sean enjuiciados penalmente como autores de dicho delito; remítanse las copias necesarias a uno de los señores agentes fiscales de los delitos contra la vida, para que inicie el proceso penal correspondiente (…).

Los abogados jóvenes, estamos cansados y hastiados de esta forma de pensar y sentir, que devienen en cuestiones abominables, producto de aquellas mentes que se aferran a las viejas prácticas, en los que la justicia estaba al servicio de unos cuantos poderosos. Esta hipótesis que rebate en todo las perversas lucubraciones del Dr. Emilio Romero Parducci, no sólo que es posible, sino que será aplicable y aplicada por la nueva generación de juristas quienes entendemos que por sobre los intereses personales, prima el interés general del bien común, el sumak kawsay.

Le ruego sus comentarios.

Saludos cordiales;

Carlos Martín González
"No tengáis miedo, abridle las puertasde vuestro Corazón a Cristo"
Juan Pablo II"

Mis comentarios: pues nuevamente, mi solidaridad y mi aplauso los tiene enteros Carlos Martín González. Salud.

Comentarios a la columna de Pedro Valverde

13 de agosto de 2008


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En su última columna, publicada el 8 de agosto en diario El Universo y titulada "Campo minado", Pedro Valverde no solo defiende una postura sin argumentos de ninguna índole, sino que realiza afirmaciones que evidencian graves prejuicios. De hecho, comienza su columna con la mención de que la "planificada coma, utilizada para satisfacer a los GBLT, XETU, YMCA, R2D2 y C3PO que han apoyado a nuestro firme mandatario...". Ummm, la comparación entre la comunidad GLBTT y XETU (hasta donde sé, un programa de televisión ochentero de origen mexicano y target juvenil), YMCA (la Young Men's Christian Association, -¡?) o los androides de la Guerra de las Galaxias, R2D2 y C3PO, supongo que Pedro Valverde la estima graciosa, pero en realidad no solo que no contribuye en nada a lo que pretende probar (porque la "planificada coma" se establecería, en la hipótesis que maneja Valverde, a favor de los grupos abortistas y no representa ningún interés concreto para la comunidad GLBTT) sino que se convierte en una ofensa gratuita para una comunidad como la GLBTT, usualmente discriminada, a la que se la compara, sin ninguna razón que valide la comparación (ni siquiera el sentido del humor, porque el chiste es malo, la verdad) con cosas (programas de televisión, entidades cristianas o androides de películas sci-fi) con las que no tiene relación alguna. Este ataque gratuito solo sirve para evidenciar los graves prejuicios de Valverde contra esta comunidad.

A continuación, Valverde hace tres enunciados, que él supone evidentes y que resume en tres frases:

“1. Derecho a tener los hijos que quiera (derecho a abortar)

2. Los fetos no tienen derechos (porque gracias a la coma, su vida no está garantizada)

3. Derecho a ser atendida por el Estado durante y luego del aborto (para ello el uso de la palabra embarazo en lugar de parto)”.

Es lamentable: en su columna de opinión, Valverde no opina (opinión significa, "Discurrir sobre las razones, probabilidades y conjeturas referentes a la verdad o certeza de algo") sino que realiza tres enunciados, que él supone evidentes por sí mismos, y renuncia a pensarlos. Una catequesis, parece; una lástima.

Porque además, si nos detenemos a pensarlos un poquito (recordemos siempre al sensato filósofo Savater: "Piense usted lo que quiera... Pero piénselo) los enunciados de Valverde son falsos. El primero, el derecho de la pareja "a tener los hijos que quiera" que Valverde afirma, de manera tan ligera y contundente, que es "el derecho a abortar", no es otra cosa que el derecho a la planificación familiar, el mismo que la propia iglesia católica recomienda mediante la aplicación del método "billings". Entender a partir de este derecho, el derecho a abortar, pues, ummm... Supongo que en el mundo XETU de Valverde, todo es posible.

El segundo enunciado es el cansino tema de la coma, a partir del cual Valverde concluye, con aplomo digno de mucha mejor causa, que la vida de los fetos "no está garantizada". Sobre este tema ya me he referido antes en esta bitácora de Internet en Comentarios a la hipotética sentencia del Dr. Romero Parducci y Observaciones para la iglesia; no abundaré sobre este asunto y a esas entradas los remito.

El tercer enunciado es curioso porque lo que Valverde propone (acaso sin darse cuenta: los problemas de no detenerse a pensar) es una redacción discriminatoria. Lo es, porque el Código Penal (artículo 447) establece la posibilidad de abortar "si se ha hecho para evitar un peligro para la vida o salud de la madre, y si este peligro no puede ser evitado por otros medios" y "si el embarazo proviene de una violación o estupro cometido en una mujer idiota o demente". No tendría sentido y resultaría discriminatoria una redacción constitucional que proteja solo a la mujer embarazada que termina su embarazo en un "parto" y no proteja a aquella que lo interrumpe en los casos de aborto que autoriza la legislación actual. Pero el buen Valverde no entiende que esta redacción sea protectora de todos los casos de terminación del embarazo, sino que considera que la misma "cierra con broche de oro el círculo abortivo". Ummm, insisto, los problemas de no detenerse a pensarlo un poquitín, digo yo.

Sin argumentos, el Valverde. Mal, eh.

P.S.- En la foto, los asesores de Valverde en materia de familia.