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La Audiencia de Quito

4 de septiembre de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 4 de septiembre de 2026.

Una cédula real, dada el 29 de agosto de 1563 por el rey Felipe II en Guadalajara (España), ordenó la creación de una Audiencia en los dominios americanos del Reino de España que debía residir “en la ciudad de San Francisco de la dicha provincia del Quito” del Virreinato del Perú y estableció los límites para su administración de justicia (una Audiencia es un tribunal, compuesto por un presidente y varios oidores). Fue la segunda Audiencia creada por decisión del rey Felipe II, después de la Audiencia de Charcas en 1559. 

La Audiencia de Quito fue la penúltima dentro del primer ciclo de creación de audiencias españolas en América, empezado con la Audiencia de Santo Domingo en 1511 y concluido con la Audiencia de Chile en 1565 (la tercera y última creada por Felipe II). En este período, en total, se crearon once de estos órganos para la administración de justicia en los dominios americanos del Reino de España. Con el tiempo, algunas se suprimieron (incluida la de Quito entre 1717 y 1723) y otras más se crearon.

Las Audiencias se clasificaban en virreinales, pretoriales y subordinadas. La de Quito era una Audiencia subordinada, sometida a una Audiencia virreinal. Entre 1563 y 1739, subordinada a la Audiencia de Lima; desde 1739 y hasta los tiempos de la independencia, a la Audiencia de Santa Fe. Otras Audiencias subordinadas eran Guadalajara (México) y Charcas.

Esta condición de Audiencia subordinada es importante para comprender el origen de las juntas que se crearon en Charcas (Chuquisaca y La Paz) y en Quito el año 1809. Aquel año, el Reino de España estaba en guerra con la Francia de Napoleón y desde mayo de 1808 la resistencia se había organizado en juntas (la primera, en Asturias) para la defensa de un reino sin rey legítimo (Carlos IV y Fernando VII habían abdicado en Bayona). 

En enero de 1809, la Junta Suprema Central, “depositaria de la autoridad soberana” hasta el retorno del rey legítimo, convocó a elecciones en los territorios del reino para que designen a sus representantes en dicha Junta. Participaron en estas elecciones sus dominios en América y las islas Filipinas (nombradas así como homenaje a Felipe II). 

La regla que se dictó para la ocasión ordenaba que se elija un representante por cada Virreinato y Capitanía General, un total de diez entre América y Asia. Esto dejaba a la Audiencia de Quito sometida a la jurisdicción de una Audiencia virreinal. (Con el agravante de que, para estas elecciones, algunas provincias de la Audiencia de Quito estuvieron bajo la jurisdicción del Virreinato de Santa Fe y otras bajo la jurisdicción del Virreinato de Lima).

Este contexto es relevante para comprender la creación de la Junta Suprema de Gobierno (con el título de “Magestad” y presidida por una “Alteza Serenísima”) en la ciudad de San Francisco de Quito el 10 de agosto de 1809. Vista en el contexto de la lucha en Europa, fue su forma de participar en la defensa del Reino de España frente a la agresión de los franceses y la ocasión para romper su dependencia de una Audiencia superior, situada en la ciudad de Santa Fe (Bogotá).

Esta es la naturaleza del movimiento de agosto de 1809: no fue una lucha contra el Reino de España, fue en su defensa. 

Virreinatos despedazados

17 de julio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 17 de julio de 2026.

En la medalla que en 1825 entregó el Congreso de Colombia a Bolívar se puede leer la siguiente inscripción: “A Simón Bolívar, Libertador de Colombia y del Perú”. Estos son los dos grandes territorios de su gesta libertaria: los dos virreinatos españoles (Nueva Granada y el Perú) en el Sur de América, que él hubiera querido reunir en una federación con la capital en Guayaquil o Quito, según confesó en carta a Antonio José de Sucre, del 12 de mayo de 1826. 

Pero como el propio Simón Bolívar lo advirtió en otra carta, escrita al final de sus días (el 9 de noviembre de 1830) y dirigida a Juan José Flores, en tanto gobernante del Ecuador: “la América es ingobernable para nosotros” (para “nosotros” los criollos burgueses, quiso decir el Libertador). Y, por ser ingobernable, profetizaba Bolívar, América iba a quedar en manos de “tiranuelos de todos los colores y razas”. Como una consecuencia de esta ingobernabilidad, no se tardó en trizar el sueño bolivariano de reunir a los dos virreinatos en una sola masa republicana, en seis países independientes: Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

En rigor, Bolívar detuvo un proceso que estaba ocurriendo desde 1803 en el territorio americano de España, por una orden real: el desprendimiento del Sur del Virreinato de la Nueva Granada para convertirse en el Norte del Virreinato del Perú. En las elecciones de 1809 para integrar la Junta Suprema Central, se votó en circunscripciones distintas: Quito vinculada a Santafé y Guayaquil, a Lima. Por esos días, la designación de las autoridades para Guayaquil y Cuenca (no así para Quito) empezó a decidirse en Lima.

Pero la independencia revirtió este proceso de agregación al Perú. De las tres capitales de provincia, Guayaquil se independizó por su propia cuenta el 9 de octubre de 1820, pero no fue así con Cuenca y Quito, que fueron ganadas por la fuerza para la causa republicana en 1822. Ellas se agregaron sin chistar a la causa de Colombia, porque le debían su independencia de los españoles. Pero a la provincia de Guayaquil, que quiso decidir su propio destino en un Colegio Electoral pues ella misma se había libertado sin deber nada a Colombia o Perú, el llamado El Libertador (o, para esta ocasión: El Opresor) lo impidió, ocupando la ciudad acompañado de 1.300 soldados y cesando en sus funciones a una Junta Superior de Gobierno elegida por los representantes de 27 pueblos de la provincia para asumir, en su reemplazo, el gobierno unipersonal y anexar por decreto la provincia de Guayaquil a su proyecto colombiano. 

Por la fuerza, Bolívar integró a todo lo que él comprendía que era el Virreinato de la Nueva Granada en su República de Colombia, a partir de 1822. Su integración de territorios se rompió de forma definitiva menos de ocho años después, en 1830, cuando de su gigante República de Colombia sólo quedó el Distrito del Centro. Demostrando la ingobernabilidad del territorio, los otros dos distritos se separaron para conformar, el Distrito del Norte, Venezuela, y el Distrito del Sur, el Ecuador. Con una mayor pena que gloria. En el caso ecuatoriano al menos, muchísima pena.

El sueño de Bolívar fue unir Virreinatos. La realidad se los terminó despedazando.  

Buscando un buque inglés

16 de enero de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 16 de enero de 2026.

“El enemigo de mi enemigo es mi amigo” es un famoso proverbio árabe. Inglaterra era una poderosa enemiga de Francia y dado que Francia era enemiga de Quito, entonces Inglaterra pasó a ser una (potencial) amiga del Quito insurgente de 1809. 

Porque este Quito insurgente de 1809 no hizo su revolución contra el Reino de España, como se sostiene en el manido discurso patriotero. De manera formal, la revolución de Quito fue hecha contra la ocupación del territorio peninsular español por las tropas del emperador francés Napoleón Bonaparte, a quien el revolucionario Rodríguez de Quiroga caracterizó en su célebre proclama del 16 de agosto como “el sanguinario tirano de Europa”, e instó a que él “pase los mares, si fuese capaz de tanto: aquí le espera un pueblo lleno de religión, de valor y de energía”.

Pero, en realidad, la revolución de Quito de 1809 se llevó a término para romper con siglos de subordinación administrativa, ora al Virreinato de Lima, ora al Virreinato de Santa Fe. En palabras de la historiadora Federica Morelli, con la excusa del combate a los franceses, esta revolución fue la oportunidad “de constituir un gobierno autónomo tanto de la madre patria como de los dos virreyes”.

Ahora, para sostener su revolución, los quiteños necesitaban de armas. Y aquí entra en escena Inglaterra. En un momento de desesperación, cuando la revolución parecía venirse abajo en septiembre de 1809, el marqués de Selva Alegre, Presidente de la Junta de Gobierno de Quito, dirigió una carta al “capitán de cualquier buque inglés”.  

En esta carta, el marqués explicaba la razón de ser de la Junta de Gobierno por él presidida: “Enemigos eternos del infame devastador de la Europa, Bonaparte, hemos resuelto resistir hasta la muerte á su tiranía, como lo ha hecho la gloriosa e incomparable nación inglesa. En su virtud el pueblo de este Reino ha separado del mando de él a los españoles que lo regían, sospechados de secuaces declarados de aquel monstruo, y ha creado una Junta Suprema Gubernativa”. Y es en tal virtud que el citado marqués le pide al hipotético inglés “armas y municiones de guerra que necesitamos, principalmente fusiles y sables. Sírvase usted traernos a cualquiera de los puertos de Atacames o Tola, dos mil fusiles, con sus bayonetas y dos mil sables de munición, pues serán satisfechos a los precios corrientes”.

La revolución de Quito fue guerreada por todas las provincias vecinas a Quito (esto es, Popayán, Cuenca y Guayaquil). En este caso concreto, fueron las tropas de Popayán las que impidieron que el enviado de la Junta de Quito llegue siquiera a buscar los buques de bandera inglesa, pues los puertos habían sido tomados cuatro días antes de la redacción de la carta suscrita por el marqués de Selva Alegre. 

Desde las montañas de los Andes a un buque en el Pacífico: era éste un camino muy difícil de recorrer para “un gobierno frágil, inestable y acosado por la guerra”, como caracterizó Daniel Gutiérrez Ardila al Quito insurgente en su artículo “Revolución y diplomacia: el caso de la primera Junta de Quito (1809)”.

Tras este fracaso y otros más, en Quito, los revolucionarios se resignaron a la derrota y el 24 de octubre devolvieron el poder a los españoles. 

La Cenicienta de Colombia

12 de diciembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de diciembre de 2025.

El historiador David Bushnell, en un libro de historia de Colombia (“Colombia. Una nación a pesar de sí misma”), define la situación del Ecuador como parte de la República de Colombia (1822-1830): “Ecuador era en realidad la Cenicienta de la Gran Colombia: ningún ecuatoriano había ocupado un puesto importante a escala nacional, no había ninguno que fuese general e incluso eran escasos sus coroneles”.  

A este Ecuador no le fue preguntado si quería pertenecer a la República de Colombia. Es necesaria una aclaración: decir “Ecuador” es decir un anacronismo porque “Ecuador”, como Estado, surgió recién en 1830. Lo que se integró a la República de Colombia en 1822, fue la Audiencia de Quito. El Congreso Constituyente celebrado en Cúcuta en 1821, que aprobó la creación de la República de Colombia, decidió que el territorio de la Audiencia de Quito pertenecía “naturalmente” al Virreinato de Nueva Granada. En este Congreso no participó ningún “ecuatoriano”. 

El artículo 6 de la Constitución de Cúcuta dispuso que el territorio de Colombia comprendía “el antiguo virreinato de la Nueva Granada y Capitanía General de Venezuela”. Y especificó, en su artículo 7, que los pueblos de esos territorios “que están aún bajo el yugo español, en cualquier tiempo en que se liberen, harán parte de la República”. 

Después de la entrada en vigor de la Constitución de Cúcuta, Quito y Cuenca fueron liberadas por tropas comandadas por el venezolano Antonio José de Sucre y empezaron a formar parte de la República de Colombia. El caso de Guayaquil era muy distinto, porque ella se había independizado y estaba administrada por un gobierno republicano desde 1820, antes de la entrada en vigor de la Constitución de Cúcuta. Además, no le debía su independencia ni a colombianos ni a peruanos. Por eso, la provincia de Guayaquil quería decidir su destino en libertad, a través de sus representantes reunidos en Colegio Electoral. 

Pero como explica el historiador Bushnell: “Bolívar, que había asumido el control de la sierra ecuatoriana, no podía permitir que la costa tuviera una capacidad de decisión libre y por eso prevaleció la anexión a la Gran Colombia”. Así se la integró a la Audiencia de Quito a la República de Colombia: sin contar con su voluntad, o incluso, en contra de su voluntad. 

Durante este período colombiano, en 1824, el Congreso de Colombia aprobó una Ley de División Territorial. Cuando el Distrito del Sur (es decir, lo que sería el Estado del Ecuador) se separó de la República de Colombia en 1830, se perdió buena parte de la Audiencia de Quito (una enorme extensión de territorio al norte del río Carchi, hasta Popayán), porque se quedó como parte de Colombia. El Estado del Ecuador quiso recuperar ese territorio a través de una guerra ocurrida en 1832, pero perdió. Y las cosas quedaron según la Ley de 1824.

A la Audiencia de Quito se la integró a la República de Colombia sin contar con su voluntad, o incluso, en contra de su voluntad; durante su permanencia, se la trató como a una Cenicienta sin opción a baile real; finalmente, tras su salida, perdió una importante porción de territorio. 

Así nació el Estado del Ecuador: un territorio muy desmejorado tras su paso por Colombia.

Un Ecuador colombiano

3 de octubre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 3 de octubre de 2025.

En su origen, en 1830, el Estado del Ecuador se pensó en pie de igualdad con los otros dos Estados con los que quiso integrar la República de Colombia. El artículo 3 de su Constitución estableció la siguiente regla: “El Estado del Ecuador concurrirá con igual representación a la formación de un Colegio de Plenipotenciarios de todos los Estados, cuyo objeto sea establecer el Gobierno general de la Nación y sus atribuciones…”.

Esta igualdad de representación debió parecer extraña a los Estados de Venezuela y Colombia, porque el Estado del Ecuador era pequeño y poco poblado, y en los tiempos de los españoles no fue una Capitanía General (como Venezuela) ni un Virreinato (como Colombia), sino una Audiencia (de Quito) subordinada a la Audiencia de Santa Fe (Bogotá). Por eso, cuando en el Congreso de Cúcuta (1821) se decidió la incorporación de la Audiencia de Quito a la República de Colombia, varios diputados estimaron irrelevante consultar a su población pues el territorio de la Audiencia de Quito pertenecía “naturalmente” al Virreinato de Nueva Granada. Y así quedó en el texto de la Constitución.

En 1830, el Ecuador quería seguir siendo colombiano. Lo había sido desde 1822, como parte de un distrito (del Sur), gobernado por unos militares venidos del Norte, que en conjunto con los otros dos distritos (del Centro y del Norte, correspondientes a Colombia y Venezuela) formaron la República de Colombia. La propuesta de la Constitución ecuatoriana de 1830 era cambiar el estatus de la subordinación: pasar de ser un distrito de un país centralizado a ser un Estado de un país confederado. Ahora como un Estado y con una mayor autonomía, el Ecuador quería seguir siendo parte de la República de Colombia. 

La Constitución ecuatoriana tenía carácter provisorio. Su artículo 5 declaró su subordinación a lo que se decida en el Colegio de Plenipotenciarios: “Los artículos de esta carta constitucional que resultaren en oposición con el pacto de unión y fraternidad que ha de celebrarse con los demás Estados de Colombia, quedarán derogados para siempre”.

Esta apuesta del Estado ecuatoriano era ambiciosa. Quería mantener viva la República de Colombia, ahora en formato confederado; al efecto, en el artículo 3 de su Constitución dispuso a los otros dos Estados su participación en un Colegio de Plenipotenciarios para fijar “por una ley fundamental los límites, mutuas obligaciones, derechos y relaciones nacionales de todos los Estados de la unión”. Y la integración del Colegio se debía hacer con igualdad de representación. Un paso osado dado por el Ecuador: de haber sido ignorado en Cúcuta para formar Colombia a querer participar en igualdad de condiciones para mantener viva a Colombia.

La respuesta de los otros Estados fue la misma que en 1821 en Cúcuta: ignorar a la Audiencia de Quito/Ecuador. Este Colegio de Plenipotenciarios propuesto en 1830 jamás se reunió. Tampoco cambió que los militares venidos del Norte siguieron gobernando, como antes en el distrito del Sur, ahora en el Estado del Ecuador. 

Y lo hicieron hasta 1845, cuando la revolución marcista logró el exilio del general Juan José Flores y la República del Ecuador empezó a ser gobernada por los hijos de su suelo.

La anexión

7 de marzo de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 7 de marzo de 2025.

En 1821, salvo por la Gobernación de Guayaquil, la Audiencia de Quito estaba en manos de los españoles. En Cúcuta, entre mayo y octubre de 1821, se reunió un Congreso Constituyente compuesto por 57 diputados, que redactaron una Constitución y varias leyes para regular la conducta de los habitantes de un naciente Estado cuyo nombre era República de Colombia, bajo el mando de un presidente por ellos designado: el general venezolano Simón Bolívar.

De los diputados reunidos en Cúcuta, ninguno representaba a parte alguna de la Audiencia de Quito. Siendo esta República de Colombia la unión de los territorios del Virreinato de Nueva Granada (incluyendo allí el territorio de la Audiencia de Quito) y de la Capitanía General de Venezuela, en su Congreso Constituyente se debatió el título para la agregación de Quito a Colombia. 

Para algunos, la discusión del título para la agregación de Quito era irrelevante, porque ella no se mandaba sola. El territorio de la Audiencia de Quito pertenecía “naturalmente” al Virreinato de Nueva Granada y por eso la expresión de la voluntad quiteña no era relevante. Era parte de una “unidad territorial preexistente”, que se quería conservar bajo formas republicanas.

Otros evidenciaron la contradicción de unos “representantes de los pueblos” que impedían a otros ejercer el mismo derecho a la autodeterminación que ellos. El diputado Manuel María Quijano advirtió que se debía dejar a Quito y a otras entidades territoriales en la libertad de agregarse a Colombia, para que “no se coartase la libertad a los representantes en materia de tamaña importancia no sólo para nosotros, sino para Quito y las demás partes que traten de unirse a Colombia”.

Finalmente, el Congreso de Cúcuta puso en la Constitución que el territorio de Colombia comprendía “el antiguo virreinato de la Nueva Granada y Capitanía General de Venezuela” (Art. 6) y que los pueblos de esa extensión territorial “que están aún bajo el yugo español, en cualquier tiempo en que se liberen, harán parte de la República” (Art. 7). En rigor, esta cláusula no aplicaba a Guayaquil, pues era una Gobernación libre y republicana desde 1820.

En Guayaquil se reunieron en un Colegio Electoral 57 diputados del territorio de la Gobernación para dictar una Constitución y designar a sus gobernantes. Y ocurrió en noviembre de 1820, antes que los otros 57 diputados se reunieran en Cúcuta.

Para 1822 se había concretado la independencia de los territorios de la Audiencia de Quito. Los territorios que fueron liberados por las fuerzas del general Bolívar se asociaron de inmediato (¡Qué remedio! Se lo debían) a la República de Colombia. Pero el caso de Guayaquil era singular, pues se había liberado a sí misma el 9 de octubre de 1820.

Una ambigüedad constitucional, si acaso, le causaba gracia a Simón Bolívar. Él iba por sus pistolas. En el caso de la Guayaquil libre, el general Bolívar vino personalmente a la ciudad con sus tropas (1.300 “bravos colombianos”). Se presentó en ella el 11 de julio de 1822, con el firme propósito de imponer su voluntad de anexionar la Gobernación de Guayaquil a la república bajo su mando. 

Y se retiró el 1 de septiembre de 1822, con la anexión de Guayaquil oleada y sacramentada.

El caso de Quito

28 de julio de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 28 de julio de 2023.

El caso de Quito es el de un tribunal inferior devenido en república a la fuerza. Quito se convirtió en sede de una audiencia por real cédula del 29 de agosto de 1563, firmada por el rey Felipe II. Entró en funciones el 18 de septiembre del año siguiente.

Una audiencia era, en esencia, un tribunal de justicia. La monarquía española instituyó en América numerosas audiencias, compuestas de un presidente y de un número de oidores (digamos, jueces) que variaba según la importancia de la audiencia. Por una parte, las audiencias de México y de Lima (capitales de virreinato) llegaron a tener doce oidores; la de Quito siempre se mantuvo en cuatro oidores.

Ocurre que esta audiencia de Quito siempre fue una audiencia subordinada (cuando fue audiencia, porque entre 1717 y 1723 fue suprimida). Era subordinada porque si en Quito se decidía algo, siempre podía ser apelado ante una audiencia superior. Desde 1563 hasta que se fundó en 1739 el virreinato de Nueva Granada, ese órgano superior fue la audiencia de Lima. Desde 1739 hasta la extinción de las audiencias con la caída de la monarquía española, ese órgano superior fue la audiencia de Santa Fe. Todas las audiencias estaban subordinadas a la decisión del rey en Europa.  

El reconocido historiador Federico González Suárez escribió: “Por una especie de fatalidad hasta los hombres buenos y mejor intencionados, cuando venían a Quito investidos de autoridad, se dañaban”. Y explicaba como razón: “la enorme distancia a que se encontraban de la Corte y la tardía administración de justicia por parte del soberano, cuyas resoluciones se dictaban al cabo de años de cometido el delito, les daban cierta impunidad, muy perjudicial para la moral y las buenas costumbres”. 

En este ambiente, Quito resultó un bastión del gobierno español. Es un hecho que no hay héroes quiteños en la batalla del Pichincha y que su contribución a la independencia fueron unos soldados de baja graduación. Los firmantes del Acta producto de la batalla fueron un novogranadino (Morales) y un altoperuano (Santa Cruz), delegados por un venezolano (Sucre). Quito fue liberada de España pero no para darle autonomía sino para incorporarla a una república, acorde a una ley en cuya creación ningún quiteño participó: la Constitución de Cúcuta de 1821.

Por siglos, la jurisdicción de la audiencia de Quito abarcó un espacio mucho más allá del río Carchi: llegaba hasta Popayán. Una vez sumada a la fuerza a una nueva república (se llamaba Colombia, le decían “la gran”), por una ley que se decidió en 1824, cuando Quito y otros territorios se separaron en 1830 para fundar el Ecuador, resultó que Colombia le impuso al Ecuador el hecho (disputado por las armas y vencedora Colombia en 1832) que sus límites terminaban en el río Carchi. Y así es que, de aquel territorio sobre el que Quito administró justicia hasta 1822, apenas unos diez años después perdió su mayor parte por la decisión/imposición de Colombia.  

Tal el caso de Quito: una audiencia subordinada, liberada a la fuerza de España, sometida sin consenso a Colombia, que finalmente la privó de unos enormes territorios al norte con los que Quito había estrechado vínculos (económicos, políticos, familiares) durante siglos. 

El general San Martín remando en dulce de leche

22 de julio de 2022

            Publicado en diario Expreso el viernes 22 de julio de 2022.

Hubo un tiempo en que la provincia de Guayaquil fue una república independiente, codiciada por colombianos y peruanos (el Ecuador no existía). El antecedente de esta codicia es que, en tiempo de la dominación de los españoles, la provincia de Guayaquil perteneció al Virreinato del Perú hasta que pasó al Virreinato de la Nueva Granada, pero después volvió a ser controlada por el Virreinato del Perú. A consecuencia de estos vaivenes, los grandes países que surgieron de la disolución de los citados Virreinatos se pensaron ambos con derechos para codiciar a Guayaquil: Colombia la quería como su extremo Sur, Perú como su extremo Norte. 


José Joaquín de Olmedo decía que el 9 de octubre era el día de la independencia y el 8 de noviembre era el día de la libertad. Este último día, en 1820, un total de 57 representantes de los pueblos que conformaban la provincia de Guayaquil (toda la Costa menos Esmeraldas) se reunieron para aprobar una Constitución provisoria para la provincia independiente. De acuerdo con el artículo 2 de esta efímera Constitución: ‘La Provincia de Guayaquil se declara en entera libertad para unirse a la grande asociación que le convenga de las que se han de formar en la América del Sur’.


Ésta era la postura del guayaquileño Olmedo. Él creía que una reunión de representantes de los pueblos de la provincia de Guayaquil debía decidir la materia de a qué país ‘unirse’, o si mantenerse como un país independiente. La Junta de Gobierno de Guayaquil, que Olmedo presidía, convocó a una reunión de representantes que debió celebrarse el 28 de julio de 1822 justamente para decidir sobre este tema.


Pero el general Simón Bolívar, a la sazón Presidente de Colombia, tenía otro plan, que excluía del todo oír a los representantes de la provincia de Guayaquil, y era imponer su voluntad. Su gran argumento fue haber llegado a la ciudad, el 11 de julio de 1822, acompañado de 1.300 soldados colombianos. En seguida, el secretario de Bolívar le envió una nota a Olmedo y a los otros dos integrantes de la Junta de Gobierno (Francisco María Roca y Rafael Ximena) en que les indicaba que su breve experimento democrático debía llegar a su fin. A los pocos días, todos ellos abandonaron la ciudad para pasar a residir en Lima. Roca y Ximena no volvieron jamás a Guayaquil.


Bolívar ocupó militarmente Guayaquil para anexar la provincia a la Colombia que él presidía. En esto, le ganó de mano al general José de San Martín, a la sazón Protector del Perú. Él viajó a Guayaquil para incorporar esta provincia al Perú, pero en camino a la ciudad, en Puná, el 25 de julio de 1822, a San Martín se le informó de la ocupación militar de Guayaquil por Bolívar y sus 1.300 soldados colombianos. Anoticiado, en su cabeza debió quedar meridianamente claro que Bolívar lo tenía ya todo atado. Guayaquil estaba perdida para el Perú.


Cuando la mañana del 26 de julio de 1822 el general San Martín llegó a Guayaquil abordo de la goleta de guerra ‘Macedonia’, lo recibió en el muelle un arco decorativo en el que se podía leer ‘Bienvenidos a Colombia’. Luego tuvo lugar la célebre entrevista de Bolívar y San Martín, donde es fama que se decidió el destino de Guayaquil…


Bien pudieron hablar del clima.

La batalla de Tarqui

25 de febrero de 2022

            Publicado en diario Expreso el 25 de febrero de 2022.

Un acontecimiento poco conocido de la historia de la América hispana es la celebración de unas elecciones generales a escala continental, convocadas el 22 de enero de 1809 por la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino de España. Esta Junta Suprema Central convocó a los territorios americanos en posesión del Reino de España a la elección de un total de nueve diputados, uno por cada virreinato (Nueva España, Perú, Nueva Granada y Buenos Aires) y uno por cada capitanía general (Cuba, Puerto Rico, Guatemala, Chile y Venezuela). Las elecciones se realizaron (en el Virreinato de Lima se escogió a José de Silva y Olave) pero los diputados americanos nunca llegaron a integrar la Junta Suprema Central, debido a su disolución en enero de 1810. 

 

El caso relevante para la batalla de Tarqui es que, para estas elecciones del año 1809, el actual territorio del Estado del Ecuador (entonces contenido en la Audiencia de Quito) se dividió en dos: la provincia de Quito votó en el Virreinato de Nueva Granada, mientras que las provincias de Guayaquil y Cuenca votaron en el Virreinato del Perú. Este hecho electoral evidencia que, desde los inicios del siglo XIX, la provincia de Quito y las provincias de Guayaquil y Cuenca se encontraron en diferentes jurisdicciones.

 

La batalla de Tarqui, ocurrida el 27 de febrero de 1829 en un portete en las cercanías de Cuenca, fue el enfrentamiento entre los Estados sucesores del Virreinato de Nueva Granada y del Virreinato del Perú, esto es, entre la República de Colombia y la República del Perú. Para Colombia, todavía gobernada por Bolívar, este enfrentamiento ocurrió para defender y mantener los territorios que ella había obtenido en tiempos ya republicanos (incluida una ocupación manu militari de Guayaquil, comandada por el propio Bolívar) mientras que, para el Perú, este enfrentamiento bélico era una oportunidad para recuperar los territorios que habían pertenecido al Virreinato del Perú en las postrimerías del período colonial (en tiempos en que los documentos oficiales en Cuenca se los firmaba como ‘Cuenca del Perú’). Por ello, resulta apenas natural que el Presidente del Perú que comandó el ejército de su país para la recuperación de estos territorios haya sido un nativo de Cuenca, José Domingo de Lamar.

 

En la batalla de Tarqui, los peruanos de Lamar conocieron la derrota. En consecuencia, las provincias de Guayaquil y Cuenca (la que, para esta época, estaba ya renombrada como Azuay) siguieron perteneciendo a la República de Colombia (en específico, al Distrito del Sur de dicha república).

 

Ahora, sostener los territorios del Sur le duró poco a Colombia. Al año siguiente, 1830, el Distrito del Sur se desmembró de la República de Colombia y se constituyó como Estado independiente con el nombre raro de ‘Estado del Ecuador en la República de Colombia’. Con el tiempo, este Estado adoptó el nombre ‘República del Ecuador’ y decidió que la fecha de la batalla de Tarqui (una batalla en la que su Ejército no tuvo ni arte ni parte, ni podía tenerla puesto que ni existía) sea la fecha fundacional de su Ejército. Así, esta extravagancia histórica resulta, cuando menos, un claro indicador de una ausencia de gestas heroicas propiamente ecuatorianas. 


Fe de erratas.-
Una edición anterior de este artículo (que salió en prensa) indicaba que José Joaquín de Olmedo fue el escogido en la elección del año 1809. El escogido en 1809, como se lo ha aclarado, fue José de Silva y Olave, tío de Olmedo y quien lo designó a él como su Secretario para que lo acompañe en el viaje a España.