Esmeraldas no way

9 de agosto de 2020


La Sierra permaneció virtualmente aislada del resto del mundo
durante trescientos años
John Leddy Phelan, ‘El Reino de Quito en el siglo XVII


En los tiempos coloniales la zona de Esmeraldas, cuyo territorio pertenecía a la provincia de Quito, se extendía desde Bahía de Caráquez hasta Barbacoas (hoy, Departamento de Nariño, Colombia). Durante el dominio español, esa zona estuvo ocupada por zambos e indios. El poderío español llegó a acuerdos con los zambos, pero los indios malabas resistieron a los avances españoles en su territorio.   

Esta situación condicionó el desarrollo de un puerto para Quito en la zona de Esmeraldas. La ciudad de Quito deseaba allí un puerto para el envío de sus productos a los mercados del Norte (las zonas mineras y agrícolas del Virreinato de Nueva Granada, e idealmente, Panamá) sin tener que traficar por el puerto de Guayaquil.  

Desde Quito se deseaba esto, pero es que Quito no se mandaba sola. La ciudad de Quito era la capital de una Audiencia de carácter subordinado, la que debía someterse a lo que disponga una Audiencia superior (a lo largo de su historia colonial, esas Audiencias fueron las de Lima y Santa Fe). En noviembre de 1629, un comerciante quiteño, el capitán Francisco de Frías Torremocha, buscó que en la Audiencia de Lima se apruebe un contrato que él había negociado con la Audiencia de Quito, a fin de construir un camino desde Quito al puerto de Santiago en Esmeraldas, pero la Audiencia de Lima vetó su proyecto el 29 del citado mes y año. Como razones para fundamentar su decisión, se citó ‘el peligro de la penetración holandesa en la Sierra, la prosperidad comercial de Guayaquil y Callao, la posible colaboración entre holandeses y zambos y el probable incremento del negocio del contrabando(1).

Este capitán Frías no fue el primero en buscar un contrato para intentar abrir un camino a la zona de Esmeraldas. Aquel honor le corresponde a Pablo Durango Delgadillo, quien en 1611 obtuvo del Virrey del Perú los cargos de Corregidor de Ibarra y Gobernador de Esmeraldas, a cambio de la construcción de un camino al puerto de Santiago. Entre 1616 y 1619, Durango abrió un camino que iba desde Ibarra hasta dicho puerto, y en esos días, ‘hubo intercambios de productos entre Quito y Panamá(2). Que la suerte del pobre dura poco, dicen: una revuelta de los belicosos indios malabas, acometida en el año de N.S. de 1619, sepultó este efímero periodo de tránsito e intercambio vía el puerto de Santiago. El origen de la revuelta ‘parece haber estado en los intentos del gobernador, Durango Delgadillo, por imponer un régimen de trabajo más severo a las parcialidades adyacentes a la población de Montesclaros’. Y los indios los mataron a todos: blancos, mestizos, negros y mulatos (3).   

Mapa de la zona de Esmeraldas en el libro de Phelan, p. 29.
 

Entre 1623 y 1628, hubo otro contratista, el limeño Francisco Pérez Menacho, quien invirtió alrededor de 30.000 pesos para reabrir el camino entre Quito y el puerto de Santiago, pero sus esfuerzos fueron inútiles frente a la resistencia de los indios malabas. Después de este fracaso, ocurrió el intento del capitán Frías y la negativa de la Audiencia de Lima de 1629.

La salida por el puerto de Santiago, como se observa en el mapa, estaba más al Norte, ‘240 kilómetros más cerca de Panamá’ que la otra ruta posible, que era la que salía al puerto de Bahía de Caráquez (‘Bahía de Caracas’ se escribía antaño). Esta otra ruta tenía la complicación grave de que mientras ‘casi la mitad de la ruta de Santiago era fluvial, […] la trocha de Bahía de Caráquez era terrestre’ (4). La principal ventaja de hacer el camino a Bahía de Caráquez era evitar a los indios malabas.

El camino a Bahía de Caráquez lo intentó hacer Martín de Fiuca entre 1615 y 1621, por tres ocasiones. Todas concluyeron en fracaso y su promotor murió ahogado. Tras él, intervino Miguel de Irarrázabal con un éxito efímero que conoció un pronto declive. El fracaso de su empresa se debió, en gran medida, a la situación económica de Quito: ‘después de pocos años de servicio, […] el volumen del comercio aparentemente no justificaba su permanencia(5).

Hacia 1630, las rutas por el puerto de Santiago y por ‘Bahía de Caracas’, fueron abandonadas. Más de un siglo después, en 1738, Pedro Vicente Maldonado intentó una tercera ruta por el valle del río Esmeraldas, pero su muerte temprana perjudicó a su empresa. La quiso continuar su yerno, Manuel Díaz de la Peña, sin ningún éxito.

Así, mientras fue parte del Reino de España y salvo por breves lapsos (como entre 1616 y 1619), Quito nunca tuvo una salida al mar como no sea pasar por Guayaquil. Su idea de evitar a este puerto y de buscar una comunicación directa con Panamá fue parte de las ilusiones de su élite durante la revolución del 10 de agosto de 1809. En el Acta que se suscribió en esa fecha, los quiteños manifestaron su decisión de atraer a la Junta Suprema que en defensa del Rey español Fernando VII se había establecido ese día en Quito, a provincias ‘como son Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá(6). Alcanzar el mercado de Panamá era una quimera de los quiteños a fin de procurar su desarrollo económico y conectarse con Europa. Pero no llegaron ni al mar (lo impidieron las autoridades de la Gobernación de Popayán).

El plan de Quito en agosto de 1809 fracasó miserablemente porque sus provincias vecinas de Guayaquil, Cuenca y Popayán se le vinieron todas encima, en el entendido práctico de que cómo así Quito buscaba para sí una primacía regional, cuando ella era muy pobre y muy periférica. Y se cebaron, entonces, con la pobre Quito: dentro del período de un año contado desde el 10 de agosto, ya le habían matado a la mayoría de los cabecillas de su revuelta y al 1% de su población, atrocidades cometidas por tropas enviadas por el Virrey desde Lima a instancia del Gobernador de la provincia de Guayaquil. (Si fuera una escena del porno, sería un bukkake.)

La conquista de Esmeraldas resurgió, en tiempos ya republicanos. A un escaso mes de haber sido agregada la provincia de Quito a la República de Colombia, un Decreto del Presidente Simón Bolívar ordenó la reapertura del camino de Esmeraldas, porque ello ‘haría llover un torrente de prosperidad sobre Quito(7). Obvio, nunca se hizo: Bolívar, primer Presidente, primer demagogo.

Este ‘Esmeraldas no way’ tuvo graves consecuencias. En las concluyentes palabras de John Leddy Phelan (p. 52), a quien se ha seguido en lo principal de este relato, los reiterados fracasos en abrir el camino de Esmeraldas condicionaron el desarrollo de Quito y del país:

La Sierra permaneció virtualmente aislada del resto del mundo durante trescientos años. Detrás de la barrera protectora de los Andes, se consolidó una sociedad de tipo señorial, en la cual la tenencia de la tierra estaba concentrada en manos de una pequeña clase de colonos blancos, mientras una dócil y densa población indígena proveía de mano de obra barata. Esta sociedad era jerárquica y paternalista, apegada a la tradición y tenazmente aferrada a los ritos aunque poco al espíritu del catolicismo barroco español. […] De haberse colonizado Esmeraldas en el siglo XVIII, el carácter ulterior de la sociedad de la Sierra podría haber sido menos apegado a la tradición, y, por tanto, más receptivo a las innovaciones. En consecuencia, pudo haber surgido un equilibrio más dinámico entre la Sierra y la Costa, antes del presente siglo’.  

*

(1) Phelan, John Leddy, ‘El Reino de Quito en el siglo XVII’, Banco Central del Ecuador, Quito, 1995 [Colección Histórica, Vol. XX], p. 41. En particular, v. el Capítulo I ‘Esmeraldas: el fracaso de una conquista(pp. 25-53).
(2) Ibíd., p. 36. Por esta vía, llegaron a Quito el obispo Alonso Fernández de Santillán y el oidor Manuel Tello de Velasco.
(3) Hernández Asencio, Raúl, ‘La frontera occidental de la Audiencia de Quito’, v., en especial, el Capítulo IV: ‘Martín de Fiuca, Antonio de Morga y las rivalidades entre las autoridades coloniales americanas (1615-1630)(pp. 136-189).
(4) Phelan, p. 43.
(5) Ibíd.
(7) Phelan, p. 51.

Los pérfidos aires

28 de julio de 2020


Por una especie de fatalidad hasta los hombres buenos y mejor intencionados, cuando venían a Quito investidos de autoridad, se dañaban’, reconoce el historiador quiteño Federico González Suárez. Y luego señala una de las razones para que esto haya ocurrido: ‘la enorme distancia a que se encontraban de la Corte y la tardía administración de justicia por parte del soberano, cuyas resoluciones se dictaban al cabo de años de cometido el delito, les daban cierta impunidad, muy perjudicial para la moral y las buenas costumbres’. Y la impunidad sigue siendo.

Insaciable en su crítica, la ácida pluma de González Suárez demuele a sus propios paisanos: ‘la adulación servil, la rastrera lisonja y el disimulo interesado no tardaban en hacer comprender a los Presidentes que vivían en un país, donde, sin obstáculo alguno, podían dar rienda suelta a sus malas pasiones’*.

González Suárez hablaba del Quito del Presidente Morga, quien gobernó a principios del siglo XVII, pero resulta tan actual en su descripción de la ciudad y sus modos burocráticos, que es muestra de que Quito ha cambiado muy poco desde el 1.600. Si acaso, para peor.

* Todas las citas corresponden a ‘Escritos de González Suarez, Vol. IV’, pp. 214-5, publicado por el Banco Central del Ecuador en la Colección de Autores Ecuatorianos el año 1.995, en Quito, y cuya introducción y selección de textos fue hecha por Carlos de la Torre Reyes. Hago constar que esta idea de ‘hombres buenos’, dañados por los pérfidos aires, incluye a María Paula Romo.

Despedida de Guayaquil

23 de julio de 2020


Yo solía decir que, como a Borges con Buenos Aires, a mí con Guayaquil no me unía ‘el amor, sino el espanto / será por eso que la quiero tanto’. Y era cierto: a pesar de tantos espantos, todavía podía vislumbrar un futuro brillante para la ciudad en que nací.

Ahora creo que ese futuro no es posible. Cuando empezó la pandemia, pensé que Guayaquil podría dar una respuesta crítica y creativa a lo que le ocurrió. Pero me equivoqué: se ha optado por creer que estamos viviendo una nueva variante del éxito que empezó después de marzo y abril, para no discutir ni pensar el abandono, los muertos y la corrupción que asolaron a esta ciudad en esos meses. Guayaquil está ahíta de imbéciles pasivos, que aceptan cualquier cosa… Aceptan este nuevo ‘éxito’, como un mendigo un mendrugo de pan.

Por mi parte, sé que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía y que lo correcto es dejar que Guayaquil siga su curso al carajo, ya sin mí. Guayaquil está condenada, y va a morir por las inundaciones a consecuencia del cambio climático, es una cuestión de tiempo… Y lo más inteligente es, precisamente, huir a tiempo.  

Esa es mi conclusión, toda vez que los espantos consumieron todo el amor que yo sentía por mi ciudad natal. Ahora la siento ajena, incluso despreciable. Vendré de vez en cuando a visitar a algunas personas que quiero, pero como si fuera otra ciudad, digamos Messina o Vientiane. Y serán unas visitas breves, porque me iré tan pronto como pueda… Es de rigor huir de estos espantos.

Tengo claro que en esta decisión de abandonar Guayaquil a su suerte, yo gano. Me ahorro el esfuerzo inútil y dejo que Guayaquil siga el rumbo que ha emprendido a su futura muerte, auspiciada por la rapiña de esos que pueden rapiñar y por la imbecilidad pasiva del resto.   

Adiós, Guayaquil: me vencieron tus espantos.

María Paula Presidenta

15 de julio de 2020

El contexto de esta breve obra es que el Presidente Lenin Moreno ha entrado de lleno en la fase estorbosa de su gobierno. Tanta gente desea que él se vaya, que su mejor movida será salir antes.

 

María Paula Romo es la Ministra de Gobierno, y Roldán es su altivo escudero y amanuense. Entre ambos, y el Granda dorima de la Romo, urden los destinos de la Patria, atribuyéndole su conducción a un tipo que no puede desplazarse por sí mismo, ni mucho menos podría dirigir los destinos de una Patria, pero cuya presencia había sido rentable, hasta ahora, para direccionar las puteadas y aguantar el desgobierno. En política, generalmente ocurre que un fusible (un Ministro, un Secretario) se debe quemar para salvarlo al Presidente. Este caso es raro, porque se trata de quemar al propio Presidente para (supuestamente) salvar al Presidente. Y quienes deberían ser sus fusibles, la Ministra Romo y el Secretario Roldán, son quienes lo tienen que convencer al Presidente de ello. Valga esto como introducción.

 

La obra es como sigue:

 

La Ministra Romo y el Secretario Roldán entran a un cuarto en Carondelet en el que se encuentra Lenin Moreno, cuasi-drogado. Se entabla el siguiente diálogo, falso, pero dadas las circunstancias, posible.

 

ROMO:Presidente, es necesario que dé un paso al costado”.

Roldán: (en voz baja) “Qué hija de puta”.

MORENO:Pero es que no puedo, mijita”.

ROMO:Simbólicamente, Presidente. Mire, Otto renuncia y usted me pone primera en una terna y segundo lo pone al Roldán y después a cualquiera. Retardo, como su nombre lo indica, demorará el trámite en la Asamblea Nacional lo suficiente para que por el paso del tiempo y el ministerio de la ley yo sea vicepresidenta. Después…

MORENO:¿En la terna?

ROMO:Si, en la terna. Usted tiene que poner a tres personas, Presidente. Una soy yo, la otra es el Roldán, y la tercera…”

 

Por cosas de la vida, pasaba por allí la Directora de Aduanas, María Alejandra Muñoz, caminando rápido.

 

ROMO: (Gritando) “¡María Alejandra!”

Muñoz: “Eu” (al ver al Presidente, se acerca al grupo).

ROMO:El Presidente quiere hacer una terna para la próxima vicepresidenta y necesitamos una tercera persona, para efectos decorativos. ¿Te sumas?

Muñoz:Yo realmente estoy buscando un…

MORENO: (Interrumpiendo a la Directora) “¿Pero no que participa el Roldan?”

ROMO: “Pero es decorativo, Presidente. Ya quedamos la otra noche que era rotativa la Vicepresidencia: primero fue un hombre, luego una mujer, luego un hombre… (En tono condescendiente) ¿Ahora a quien le toca…?”

MORENO: (Piensa un poco) “A una mujer. ¿Pero ya quedamos en eso? Yo no me acuerdo.”

ROMO: “Quedamos el Granda, el Roldán y yo. Usted no estaba.” (Dirigiéndose a María Alejandra) “¿Entonces te sumas?”

           

Muñoz se encoge de hombros, y sale disparada rumbo al baño.

 

MORENO: “¡Qué alivio que hagan cosas por el bien de la Patria!”

ROMO:De eso le hablaba, justito. Después de elegida Vicepresidenta, usted debe renunciar. Y yo paso a ser la Presidenta.

MORENO:¿Ah, si? ¿Y por qué?

ROMO:Porque las elecciones serán claves para determinar el futuro del país, y usted no está en capacidad de garantizar la continuidad de su gobierno. Su gobierno debe continuar, pero ya sin usted. Porque, a usted, Presidente, hay que protegerlo. No puede usted andar corriendo de un lado para otro…

ROLDÁN: (en voz baja, riéndose) “Qué hija de puta”.

ROMO: “… apagando incendios. Usted está para una salida digna y a tiempo. Porque ya después no podremos responder por su seguridad.”

MORENO: “¡Ah, carambas! ¡Qué complicada que es la política! ¡Qué bueno que estás tú, mijita, para trabajar por la Patria!”

ROMO: “Así es, Presidente. El destino le ha puesto a usted unas vallas muy altas, imposibles de saltar…

ROLDÁN: (en voz baja, pero riéndose ya a mandíbula batiente) “Qué hija de puta”

MORENO: “Imposibles…”

ROMO: “… por lo que yo tomaré su relevo en esta parte final. Y así, todos contentos. Yo, Presidenta. Los que sostienen al gobierno y apoyan esta medida, contentos de la continuidad de su gobierno. Retardo, y otros serviles en la Asamblea, alineados. Y a usted ya le corresponde descansar, con su familia…”

MORENO: “¿Y entonces, qué debo hacer?” (Suspira, y musita) “Ya ni recuerdo la última vez que vi el sol.”

ROLDÁN: (Mostrándole un decreto recién redactado) “Por lo pronto, firmar aquí.”

 

Moreno lo firma gustoso. Al fondo se observa pasar a la Directora Muñoz que vuelve del baño, ya aliviada. Romo la mira, y piensa que qué buena memoria tiene Roldán para haber puesto su nombre en la terna que acaba de firmar el Presidente, porque ella ni se acordaba del apellido. Y le sonríe, pero no porque le caiga bien, sino porque su misión está cumplida y se ha ganado cien dólares. Y se dirige, entonces, por última vez al Presidente.

 

ROMO: “Presidente, le avisaré los siguientes pasos a dar. Hasta pronto”.

MORENO: “Gracias, mijita”.

 

Mientras salen de la habitación, Roldán se saca un billete de cien dólares del bolsillo de su leva, y se lo pasa a Romo como pago de una apuesta. Antes de entrar a la habitación, Romo le había apostado a Roldán que lo convencería a Moreno con metáforas de movilidad imposibles para él. Le ofreció trapearle por la cara tres, y Romo cumplió.

 

Te lo mereces”, le dijo Roldán: “dar un paso al costado, correr de un lado para otro, saltar vallas… y te lo termina agradeciendo”. Romo tomó el billete y se lo guardó en un bolsillo de su pantalón, para luego responderle con sonrisa socarrona: “Lo de avisarle de los siguientes pasos a dar, eso fue de yapa. Pero no te lo creas, no hay tanto mérito. Este tipo es un cojudo, y ni sabe lo que le espera”.

 

Roldán se enserió. “Si no hay mérito”, le dijo a Romo, “entonces, devuélveme la plata”.

 

Cojudo serás vos”, le respondió ella, muerta de la risa.

 

La obra se titula “María Paula Presidenta”.


Todo lo hicieron sus enemigos

9 de julio de 2020

El Gran Elector de esta época en el Ecuador es, sin duda, Rafael Correa. Es por esto que el arco político anti-correísta (el Gobierno y otros incompetentes) se esfuerzan en torcer las leyes para impedir su participación en las elecciones.


El caso es que durante el Gobierno de Lenin Moreno se ha buscado eliminar a Correa y su movimiento con tan mala suerte que el tiro les ha salido por la culata. Crearon un Consejo ad-hoc, pusieron a una Fiscal y a un Contralor persecutorios y la Justicia sirve a sus propósitos perversos… pero todo hecho a la maldita sea. El Consejo ad-hoc resultó una dictadura y los procesos iniciados por ella y por las autoridades de control y de justicia en contra de los correístas están repletos de arbitrariedades y de abusos. En derecho, esto demorará en caer, pero caerá (no en el Ecuador, por supuesto, tierra perdida para el Estado de Derecho) pero en la política y en lo inmediato, por todo ello Correa está más vigente que nunca.


¿Por qué? Pues porque el periodo post-correísta ha sido muy pre-correísta. Volvió (y sentimos asquito) ese Ecuador del 2005, desmenuzado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su Informe Anual de dicho año:


“El año 2005 ha sido testigo de un débil estado de derecho y consecuente frágil protección de los derechos humanos en el Ecuador. La seguridad del sistema democrático se ha visto afectada por una inestabilidad política [que] ha puesto en evidencia las falencias de una estructura de poderes que ha sido endeble al momento de dar respuestas en sus políticas públicas, a los intereses de la mayoría de la población; ó que, en ocasiones, se ha visto imposibilitada de desarrollar programas de trabajo eficaces debido a la temporalidad de sus funciones. Esta erosión se ha visto reflejada, también, en la incapacidad del sistema político de dar respuesta a problemas sociales, lo cual contribuye a perpetuar falencias estructurales de derechos humanos".


Por este contexto de honda mediocridad y de aleve persecución del Gobierno, un Correa que se había retirado desgastado el 2017 ahora aparece fortalecido de cara el 2021. Su fórmula ha sido la de Perón, a quien una vez le preguntaron qué pensaba hacer él para volver al poder, a lo que el argento respondió: “Yo no haré nada. Todo lo harán mis enemigos”. Y es que ha sido eso: en tres años, un Gobierno de taimados e incompetentes (que apesta a burocracia serrana) se ha encargado de asegurarle a Correa su condición de Gran Elector para el 2021. 


Y lo peor para sus enemigos, es que ya están en ese triste momento en que mientras más se esfuerzan por debilitarlo a Correa, más lo fortalecen. Es el alto precio que les toca pagar por su trienio de incompetencia y abusos.

Monte Sinaí y su cementerio

7 de julio de 2020

Publicado originalmente en Revista Común.

 

1. Monte Sinaí

 

En el desarrollo urbano del Ecuador, Guayaquil ha sido la ciudad distinta. Desde un lejano 1992 ha sido administrada por la misma organización política, el Partido Social Cristiano (PSC), con un dominio férreo de su territorio sin paralelo en otra ciudad grande del país. Este largo dominio de casi 30 años, en la ciudad más poblada del Ecuador, también tiene la particularidad de que su crecimiento urbano ha sido postulado como un modelo “exitoso” de desarrollo por las autoridades del PSC. Y en el Ecuador mucha gente se ha comido este cuento sobre Guayaquil.

 

Pero en esa ciudad existe un asentamiento humano llamado Monte Sinaí y por su existencia se desbarata el supuesto “éxito” que el PSC ha querido vincular al desarrollo urbano que ha impuesto en la ciudad. Monte Sinaí es uno de los tantos sectores paupérrimos y olvidados que están ubicados en la periferia de Guayaquil (sus “cinturones de miseria” o “suburbios”, en la jerga local), sobre los que un alcalde del PSC declaró, en Sesión del Concejo Cantonal del 07 de Octubre de 2010, lo siguiente:

 

Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de lo que he expresado en el límite oeste, el límite de Flor de Bastión y el límite de la Sergio Toral”  [p. 12]

 

Más allá de estos límites están Monte Sinaí y muchas otras poblaciones, todas carenciadas, que suman alrededor de 200 000 habitantes. Los límites marcados por la Alcaldía son Flor de Bastión y Sergio Toral porque son “los últimos asentamientos consolidados”, según dijo el Alcalde [p. 11]. Su modelo de “éxito” no incluye a los sectores “no consolidados” de Guayaquil.

 

La razón de esta exclusión es económica y así la explicó el Alcalde del PSC: “no cabe que la ciudad, es decir los ciudadanos, tengan que seguir extendiendo la obra pública a un costo extremadamente caro, no solamente porque las obras cuestan sino porque no se recuperan” [pp. 11-12]. Y precisó:

 

… si la densidad debe ser de cien para optimizar el costo de la obra, si ahí hay una densidad de 33%, de 20%, de 25% de la real, entonces la obra por beneficiar a menos gente acaba costando tres veces, cuatro veces, cinco veces más de lo que tiene que costar para que se beneficien 4 o 5 sinvergüenzas que trafican con la gente pobre…” [p. 12]

 

Todos estos pobres del oeste (que suman alrededor del 10% de la población de Guayaquil) son primero estafados por traficantes de tierra (“porque les cobran y caro por pedazos de tierra”, según dijo el Alcalde), para luego ser abandonados a su triste suerte por la administración de su ciudad. En Monte Sinaí, y en otras zonas pobres y periféricas de Guayaquil, es tras cuernos, palos.

 

La alternativa para los pobres a quienes se excluyó de la provisión de servicios básicos era, según dijo el Alcalde, que ese pobre “vaya compre una vivienda, vaya compre un terreno urbanizado del Gobierno, vaya compre un terreno en un lote o en una casa urbanizada por el Municipio” [p. 12]. Así, si una persona pobre de Monte Sinaí no podía comprar en el mercado formal de vivienda, si no podía librarse de la maldición de los traficantes de tierra, estaba atrapado y era por su culpa. Culpable por ser pobre.

 

En el informe ‘Estado de las ciudades de América latina y el Caribe’, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat) el mismo año (2010) de las declaraciones hechas por el Alcalde del PSC sobre la negación de los servicios básicos a los asentamientos humanos no consolidados al oeste, su capítulo dedicado a la pobreza y las condiciones de vivienda empezaba así: En América Latina el acceso a la vivienda de calidad, concebida según los atributos de la vivienda adecuada, está restringido para una proporción importante de la población, la cual se encuentra marginada del mercado habitacional comercial debido principalmente a las limitaciones de la demanda [p. 117]. Es decir, excluida por su pobreza, como ocurre en Monte Sinaí. Lo raro es que en Guayaquil, a este sostenido proceso de marginación social se lo ha llamado “exitoso”. Y muchos creen que realmente lo ha sido.

 

2. El cementerio

 

En un informe sobre las inundaciones en Guayaquil, solicitado por la Alcaldía y elaborado el año 2013 por unos expertos internacionales de la Corporación Andina de Fomento (CAF), se identificaron los dos tipos de desarrollo urbano que han ocurrido en la ciudad: un “crecimiento ordenado” para sus sectores consolidados, pero también…

 

… un fuerte proceso de ocupación irregular en áreas de expansión donde no necesariamente se siguen las normas de ocupación del suelo establecidas en ordenanzas municipales. Paradójicamente, como en otras ciudades de la región, la expansión de la ciudad irregular ocurre en forma cuasi organizada, generalmente por emprendedores que invaden propiedades privadas —con o sin acuerdo del propietario de la tierra— y con ello activan un mercado sumergido de la tierra urbana que se inicia con la ocupación ilegal de lotes sin servicios básicos de aguas, alcantarillado y drenaje.” [p. 13]

 

En este informe de la CAF se advirtió que el “crecimiento ordenado” de Guayaquil se ha hecho “con lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano” [p. 24]. Esta impermeabilización del suelo de Guayaquil resulta muy costosa, frente a una estrategia que privilegie “áreas verdes, pavimentos permeables, reservorios y otras medidas que ayudan a integrar la gestión del drenaje pluvial, el alcantarillado sanitario y la recolección y disposición de residuos sólidos” [p. 25]. Esta estrategia que decidió la Alcaldía, indica el informe de la CAF, “puede llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” [p. 25] y sus efectos “no son sustentables” a largo plazo [p. 31].

 

Entonces, según este reporte, en la parte “ordenada” de Guayaquil se decidió que la ciudad crezca como una mancha gris, con limitadas áreas verdes y un desarrollo no sustentable y exageradamente costoso. En los sectores de “crecimiento no ordenado” se tiene, en principio, una negación de los servicios básicos, para después pasar a un crecimiento demorado y costoso: “Se observa que el abastecimiento de agua es el primer servicio que se atiende, seguido de alcantarillado sanitario y, finalmente, siguiendo un enfoque tradicional ligado a la instalación exclusivamente de obras de conducción, se atiende el drenaje pluvial” [p. 13].

 

Así, una ciudad tan mal hecha y desigual en su desarrollo urbano, cuando fue golpeada por la pandemia del COVID-19 en marzo y abril de este 2020 tan aciago, quedó reducida a muertos en las calles, a cadáveres perdidos en los hospitales, a una podrida corrupción para buscar esos cuerpos y no hallarlos. Por varios días, la pandemia del COVID-19 hizo y deshizo en Guayaquil, se enseñoreó y ensañó con ella. Su actual Alcaldesa, Cynthia Viteri, utilizó una metáfora bélica para explicar lo que ocurrió: “Este pueblo pacífico recibió una bomba desde el aire, como Hiroshima”.   

 

Pero la metáfora utilizada por la alcaldesa es equivocada, porque la caída de una bomba sugiere un episodio singular y lo ocurrido en Guayaquil se explica por el modelo impuesto por el PSC durante casi 30 años (más sobre esto, en “Guayaquil y el modelo que tocó fin”, publicado en esta revista). Por la forma de su crecimiento urbano, excluyente y sometido a las fuerzas del mercado, en Guayaquil la pandemia afectó a unos mucho más que a otros.

 

Porque a las personas que viven en hacinamiento y con necesidades básicas insatisfechas, como le ocurre a cientos de miles de personas que viven en los sectores no consolidados de Guayaquil, la pandemia del COVID-19 los golpeó con mucha más fuerza. Así, es lógico y cruel que haya sido Monte Sinaí “la zona con más contagios de COVID-19 en Guayaquil”.  

 

Tomando en consideración el desarrollo urbano de Guayaquil y los años de negación de los servicios básicos a los que se ha condenado a una población como Monte Sinaí por la Alcaldía de la ciudad, se comprende que la atención de ésta a la población de Monte Sinaí, a raíz de la pandemia, haya sido la dotación de agua gratuita por tanqueros y la promesa de construir… un cementerio.

 

Porque, bien pensado, he aquí una obra adecuada para representar el abandono al que son sistemáticamente sometidos los sectores periféricos y no consolidados de Guayaquil. Lejos de las metáforas, ya en la realidad, la obra de un cementerio es apenas el lógico corolario del modelo de desarrollo que ha impuesto la Alcaldía a los pobres de la ciudad.

 

Y la triste realidad es que las personas que habitan en Monte Sinaí jamás han realmente importado a la Alcaldía pues el interés real de sus autoridades siempre ha sido otro: el favorecimiento a unos pocos, la ciudad como una oportunidad de negocio para los sectores inmobiliario y de la construcción. Así, es el maquillaje de la realidad de los pobres lo que constituye la base sobre la que se erige este supuesto “éxito” del modelo de desarrollo de Guayaquil, al que muchas otras autoridades urbanas del Ecuador envidian. Pero la realidad es que dicho “éxito” no existe, y Monte Sinaí y su cementerio son un símbolo diáfano de que jamás existió.