Cuidado con el patrimonio

13 de agosto de 2017


La Alcaldía de Guayaquil publicó el 11 de agosto de 2017 un comunicado que tituló: “La verdad sobre el cuidado de los bienes patrimoniales en Guayaquil”. Es esto:


Vamos punto por punto.

Punto 1: ¿En serio tenían que empezar con una falacia “tu quoque”? Este es un inicio poco auspicioso, además de ruin.

Punto 2: Dicen no haber recibido ni un dólar para la preservación de bienes patrimoniales. Con esta lógica, si no le “dan” plata desde Quito, la Alcaldía de Guayaquil no va a invertir recursos propios para cuidar el patrimonio de la ciudad.

Punto 3: Empieza mal esta enumeración cuando inicia con “La Catedral de Guayaquil”, que es un vivo ejemplo de su incompetencia para el cuidado del patrimonio. Por lo demás, el resultado es una mezcla de peras con manzanas pues confunde las obligaciones de cuidado patrimonial con las obras públicas en general.

Punto 4: Pedirle a la Alcaldía de Guayaquil que “invierta” dineros públicos en el cuidado del patrimonio es insensato: como no es una tarea “jugosa” para los gremios inmobiliario y de la construcción, esto no convoca su interés (lo “jugoso” es su demolición). Pero la Alcaldía de Guayaquil es tan irresponsable que, teniendo desde el 3 de junio de 2015 la obligación de dictar “las ordenanzas o reglamentos que protejan el patrimonio cultural local para su preservación, mantenimiento y difusión” (Art. 12, núm. 2), todavía no lo hace.

Esto, a pesar de haber un concejo de alzamanos a disposición.

Punto 5: A la Alcaldía de Guayaquil parece estorbarle “La Casa del Cacao”. Su propósito es demolerla, aprovechar algunas cosas (“como chapas y rejas”) y construir algo nuevo. Se caga en nuestro patrimonio arquitectónico.

El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural ha impedido que la Alcaldía de Guayaquil tire abajo la casa. A pesar de ser un inmueble de su propiedad y a pesar de tener una específica obligación legal (“Adoptar medidas precautelatorias para la protección del patrimonio cultural local”, Art. 13 núm. 3), la Alcaldía de Guayaquil no piensa hacer nada con este inmueble, salvo verlo caerse para responsabilizar de ello al INPC. Que se joda el patrimonio, que se joda un eventual ciudadano al que le caiga la casa o fragmentos de ella encima, que se joda el INPC.

La Alcaldía de Guayaquil pasa de todo. Este es su pueblo.

Punto 6: Su afán justiciero es notable. Ojalá empiecen por aclarar lo que parece un auto- atentado a un bien patrimonial para apurar su demolición. Porque, aún dados todos estos antecedentes, eso sería ya demasiado canalla.

Una rara ruptura. Publicado en Facebook, por Paola Martínez.

*

Después de leer este comunicado, la “verdad” se ha revelado diáfana: en Guayaquil hay que tener mucho cuidado con el patrimonio. Lo administra su Alcaldía, tamaña irresponsable.

El liberalismo de Alfonso Reece

11 de agosto de 2017

El artículo de Alfonso Reece Dousdebés publicado unos días atrás en diario El Universo titulado “Blasfemia barata” es interesante porque ilustra bien la postura liberal de su autor. Y ofrece la oportunidad de un contrapunto.

1) La postura de Reece

Reece es un liberal que defiende el derecho a la libertad de expresión con gran vehemencia. Es una persona consciente que “el derecho a la libertad implica el derecho a escuchar lo que no queremos oír”, como aseguraba el inglés George Orwell. En esto, estoy totalmente de acuerdo con él.

Sin embargo, el liberalismo de Reece se corta en el rol del Estado frente a la libertad de expresión. Su postura liberal entiende que el rol del Estado frente a la libertad de expresión es un rol de abstención. Se indigna del uso de sus impuestos para obras como la del Centro Cultural Metropolitano: “Si esto se hubiese desplegado en una galería privada, allá cada cual con su mal gusto, pero no en un edificio público”.

2) El contrapunto

El liberalismo puede tener una postura distinta frente a la libertad de expresión. A diferencia de Reece, creo en un activo rol del Estado frente al ejercicio de la libertad de expresión en su comunidad y creo que tiene la obligación de fomentarla (1).

Por ejemplo, a contramano de otros agnósticos/ateos, estoy de acuerdo con que el Estado apoye (bajo ciertas condiciones) actividades religiosas, como por ejemplo la procesión del Cristo de Consuelo. Por supuesto, el espectro de acción del Estado para fomentar la libertad de expresión es mucho más amplio que las actividades de carácter religioso, e incluye polémicas exhibiciones de arte (sí, como aquella exhibida en el Centro Cultural Metropolitano de Quito).

Por supuesto, resulta irrelevante que a Alfonso Reece no le guste la obra exhibida en el Centro Cultural Metropolitano. Llama a esta obra de “calidad ínfima, manifestaciones feas, sin gracia, con un chambón y gratuito afán de provocación”. Pero no es el arte que no le agrada a Reece el que debe prohibirse (él no ha sugerido esto, su artículo es mucho más inteligente), es el arte que cuestiona ideas en nuestra sociedad aquel que debe permitirse y fomentarse.

La obra del colectivo “Mujeres creando” en el Centro Cultural Metropolitano de Quito es polémica: hace alusiones a la iglesia católica, pues “recrea nuevas vírgenes que representan los abusos de la Iglesia Católica (pedofilia o corrupción) y de los Estados que atentan contra los cuerpos de las mujeres al penalizar el aborto”. No son alusiones gratuitas: son problemas contemporáneos abordados de manara crítica. Es decir, para lo que sirve el arte.

Así, con las debidas restricciones de tiempo, modo y espacio, una obra como ésta no viola de ninguna manera la libertad de expresión. En el marco de una sociedad democrática y abierta, con las restricciones de forma antedichas, la obra del colectivo “Mujeres creando” es parte de la libertad de expresión que las instituciones públicas pueden financiar con mis impuestos y con los del señor Reece (mal que a él le pese).

3) Conclusión: por una mejor defensa del pluralismo

En mi opinión, el liberalismo se defiende mejor cuando se lucha por la pluralidad de ideas en la esfera pública. Si eso requiere que el Estado ecuatoriano apoye ideas y obras que no gustan a una porción de su comunidad (en este caso, a la influyente porción católica), pues ese es el precio de vivir en democracia. 

(1) Una argumentación inteligente en este sentido: ‘El efecto silenciador de lalibertad de expresión’.

10 de agosto: "post hoc, ergo propter hoc".

10 de agosto de 2017

La historia de la independencia del Ecuador del Reino de España suele ser narrada como una gran falacia “post hoc, ergo propter hoc”, que asume que dado que un acontecimiento sucedió después de otro, este segundo acontecimiento es consecuencia del primero. La falacia es muy simple: como el Ecuador se independizó del Reino de España en 1822, los acontecimientos de 1809-1812 fueron su necesario antecedente. Un “primer grito de independencia”, como le suelen decir sin razón.

Ambos episodios, lo sucedido en Quito y alrededores entre 1809 y 1812 y lo sucedido a raíz de la revuelta de octubre de 1820 hasta la batalla del Pichincha en mayo de 1822, responden a lógicas distintas.

En 1820 era claro que se buscaba la independencia del Reino de España. El contexto estaba maduro para ello. El Escudo de Armas de la “Provincia Libre de Guayaquil” no dejó lugar a dudas de esta intención:


Ni tampoco las dejaba el Reglamento Provisorio de Gobierno adoptado el 11 de noviembre de 1820 por la Junta Electoral de Guayaquil presidida por el poeta José Joaquín de Olmedo:

Art. 1.- La Provincia de Guayaquil es libre e independiente…
Art. 2.- La Provincia de Guayaquil se declara en entera libertad para unirse a la grande asociación que le convenga de las que se han de formar en la América del Sur”.

En 1809, la independencia del Reino de España era el ideario de una minoría que nunca prosperó. Los documentos adoptados por la primera junta (de 1809) y por la segunda junta (de 1812) fueron explícitos en su voluntad de pertenecer a la Monarquía Española.

En el Manifiesto del Pueblo de Quito del 10 de agosto de 1809 se dice de este pueblo de Quito que:

“Juró por su Rey y Señor a Fernando VII…”.

Un pueblo que juramenta su sumisión a un Rey no puede nunca reclamar una ruptura con su reino. No hay lógica en ello.

En la Constitución del Estado de Quito del 15 de febrero de 1812 se pone peor:

Art. 5.- En prueba de su antiguo amor, y fidelidad constante a las personas de sus pasados Reyes; protesta este Estado que reconoce y reconoce por su Monarca al señor don Fernando Séptimo, siempre que libre de la dominación francesa y seguro de cualquier influjo de amistad, o parentesco con el Tirano de la Europa [N. del A.: Napoleón] pueda reinar, sin perjuicio de esta Constitución”.

El ideario “autonomista” de los criollos de Quito es evidente en este artículo.

En el caso de la independencia de Guayaquil en 1820, las condiciones eran favorables para adoptar una ruptura total con el Reino de España. En el caso de los hechos del 10 de agosto de 1809, las ideas de una independencia del Reino de España eran una excentricidad. La idea que prevaleció en los aristócratas criollos de Quito (mayoría y beneficiarios directos de esta movida agostina) fue la de hacer una junta “autonomista” de criollos, que reemplace en el gobierno a las autoridades españolas mientras retorne a reinar el Rey de España Fernando VII El Deseado, preso de los franceses.

Así, son dos acontecimientos muy distintos: una revuelta independentista iniciada en la provincia de Guayaquil en 1820 y una revuelta autonomista fracasada en la provincia de Quito entre los años 1809 y 1812. 

Por el extendido uso de la falacia “post hoc, ergo propter hoc” en la construcción romántica de nuestra historia (la prevaleciente todavía: así de pobres somos) se trata de vincular el episodio de 1809 con el episodio de 1820, cuando se parecen tanto como el culo a las témporas.

Un cuento para bobos

9 de agosto de 2017

La Alcaldía de Guayaquil adquirió el “Castillo José Martínez de Espronceda” el año 2010. Entonces, la Alcaldía tenía grandes expectativas para este inmueble patrimonial, situado en la esquina NE de la intersección de las calles Eloy Alfaro y Venezuela, barrio del Astillero. Se pensaba convertir a este edificio patrimonial en una biblioteca pública. Y era una gran idea.

Sin embargo, la Alcaldía de Guayaquil no hizo nada. En siete años, ha dejado languidecer el castillo que compró, que se convirtió en una guarida para vagabundos, en un sitio para consumir alcohol y drogas, y en un motel express de los amores furtivos de una escuela nocturna de los alrededores. Hasta que en este año 2017 la Alcaldía de Guayaquil, finalmente, intervino.

Fuente

Olvídense, en todo caso, de la biblioteca pública y el archivo que estaba anunciados para este inmueble y que todavía pregona su Departamento de Turismo en su página web. Ahora el “Castillo José Martínez de Espronceda” no será un espacio para la cultura, pues allí “funcionarán dependencias municipales”.

¿Qué pasó? Algo así:

- Jaime Nebot: “Quiero que allí hagan una biblioteca”.
- Ingeniero random: “Pero Alcalde, esa alternativa es muy costosa”.
- Jaime Nebot: “Entonces no quiero que hagan una biblioteca”.

Como el plan se había anunciado (y se lo sigue anunciado, a pesar de haber disposición en contrario) sin ninguna pinche planificación, era muy normal que después se encuentren dificultades y se lo abandone.

Así, la noticia positiva de la recuperación de este inmueble tal como la publicó El Universo (‘Municipio de Guayaquil suscribe contrato para la inauguración del castillo Espronceda’) evidencia la forma cómo se cuentan las cosas en Guayaquil: se vende como un progreso, lo que apenas es una respuesta tardía y mala a un viejo problema. Tardía, pues la Alcaldía ha tardado siete años en empezar a recuperar un edificio patrimonial; mala, porque pasó de ser una biblioteca pública (tan necesaria) a convertirse en oficinas para la burocracia municipal.

Pero es así cómo se construye la idea de renovación de Guayaquil durante las alcaldías del PSC: con los convenientes olvidos de sus previas negligencias. La idea que queda flotando es que en Guayaquil sí se ha hecho algo, aunque ese “algo” se lo haya hecho tarde y mal.

Porque lo importante, al final, es seguir viviendo en delusión, es decir, en una Guayaquil que resulta tan eficaz como irreal.

Conclusión: El relato socialcristiano de Guayaquil es un cuento para bobos.

La lucha por el patrimonio


Hace un par de días, la periodista Blanca Moncada publicó un artículo en diario Expreso que tituló: “Coimas, cerveza, chuzos y orina”. En esa nota, denunciaba sustancialmente lo siguiente: a las 10 PM la protección pública (municipal) se retiraba del sector del cerro Santa Ana y dejaba su protección en manos de la seguridad privada. Entonces, a partir de las 10 PM, la seguridad privada (que ha sido corrupta: “Solo pasan a determinada hora y cobran”) tranza con algunos individuos para permitirles vender productos (“encebollado, jugos y hasta marihuana”) por fuera de la ley. La conclusión viene de una autoridad municipal: “Si los guardias hicieran su trabajo y no fueran corruptos, no habría informales allí” (1).

La Alcaldía de Guayaquil acusó recibo. Ayer publicó lo siguiente:

 

Lo que demuestra que si se la mosquea lo suficiente, la Alcaldía de Guayaquil reacciona. Miren lo que logró un artículo de prensa (2).

De importancia igual o mayor que el cuidado del cerro Santa Ana es cuidar los edificios patrimoniales del cantón Guayaquil. Esta obligación le corresponde a la Alcaldía de Guayaquil, pues desde el 3 de junio de 2015 esa es una de sus competencias.

Pero la Alcaldía de Guayaquil se ha probado no competente para asumir esta competencia. El caso de la caída de la cruz de la Catedral, a principios de año, fue un ejemplo de ello. La caída de una columna del edificio patrimonial de “La Casa del Cacao”, el día de ayer, es una voz de alerta sobre el estado deplorable de la conservación patrimonial a cargo de la Alcaldía.

Este desplome en “La Casa del Cacao” debería motivar una reacción en los guayaquileños a quienes sí nos preocupa el patrimonio de nuestra ciudad. Este artículo es un grano de arena que apunta a ese propósito. Hacen falta más opiniones, más plantones, más exigencias concretas a una Alcaldía que está en deuda, en este tema patrimonial y en tantos otros. Hay que exigirle las rectificaciones inmediatas de todas las maneras posibles y como lo dice la Alcaldía en su comunicado, “siempre conforme a la ley”.

Pero hay que hacerlo. Porque está demostrado que la Alcaldía de Guayaquil cuando se la mosquea lo suficiente, sí reacciona. Lo que hay que lograr, es que esta vez su respuesta sea para bien: para preocuparla e involucrarla en la conservación de nuestro patrimonio común.

(1) Lo dijo el vocero de la Policía Metropolitana, Roberto Viteri. Los guardias corruptos que permiten la venta de encebollado, cerveza y marihuana (trilogía muy, muy guayaca) en el cerro Santa Ana son los guardias contratados por la Fundación Siglo XXI para cuidarla. Con la Alcaldía, si no hace agua por un lado, la hace por el otro.
(2) Por supuesto, una reacción represiva está en el “ADN socialcristiano”. Si roban en el parque Centenario, ha llegado la hora de subir las rejas. En su lógica ochentera, esto es lo correcto (lo asombroso es que lo hagan pasar por un modelo de desarrollo).

Carrusel y Televistazo

8 de agosto de 2017


Me gusta trabajar de madrugada y escuchar la radio. Las noticias en radio Carrusel empiezan unos minutos antes de las seis de la mañana. Hoy, lo primero que reportaron fue el accidente de un tráiler en la bajada del paso a desnivel que empieza en la avenida Joaquín Orrantia (la del Mall del Sol) y termina en la avenida de las Américas.

Radio Carrusel queda en la avenida de las Américas, muy cerca de donde ocurrió el accidente. Los participantes del programa se mofaban de la ausencia de la Agencia de Tránsito Municipal (ATM) en el lugar de los hechos. Uno decía que si a alguien se le ocurría llamar a un ATM para que venga a ayudarte a esa hora de la madrugada, él te respondería “no, déjame dormir un ratito”.

Ya para la tarde, una y pico, en Televistazo, parte de la noticia sobre este mismo hecho fue la presencia de los agentes de la ATM en el sitio del accidente.

Dos versiones distintas de un mismo hecho sobre la actuación de la ATM: uno en el lugar de los hechos, el otro para mantener la delusión en el público general.

Aves y república

Se puede decir que mientras ha habido aves en nuestro Escudo de Armas, ha habido (formalmente) república en el Ecuador. Tanto la representación de las aves en el Escudo como el atributo de república para este territorio provienen de un mismo año y de una misma convención: la celebrada en la ciudad de Ambato el año 1835 (1).

Entre 1830 y 1835 hubo un Escudo de Armas que esencialmente reprodujo aquel de la Gran Colombia (adoptado en el Congreso de Cúcuta de 1821), cuyo diseño se lo atribuye a José Fernández-Salvador, el presidente de nuestra primera convención constituyente, celebrada en Riobamba entre el 14 de agosto y el 28 de septiembre del año 1830 (2). Esta convención dio origen al Ecuador como un Estado independiente, mas no como república. Este último atributo le correspondía a Colombia porque Ecuador era, apenas, el “Estado del Ecuador en la República de Colombia”.

El Escudo de Armas entre 1830 y 1835. Nunca más volvería a no tener aves, desde lo decidido en Ambato.

Llegó 1835 y la segunda convención en Ambato. Desde entonces se colocaron dos aves en nuestro Escudo (en su descripción se aclara que eran “águilas”, no cóndores: esta ave de rapiña se enseñoreó en nuestro Escudo a partir de 1843) y se adoptó, por vez primera, el nombre de “República del Ecuador”.  

(1) Esta convención escogió al primer Presidente Constitucional nacido en el territorio del Ecuador, Vicente Rocafuerte.

Nuestra independencia del Reino de España en contexto

7 de agosto de 2017

Una de las cosas que me provoca mayor sospecha sobre las narrativas tradicionales del proceso de independencia de los territorios que terminaron por componer el Ecuador en 1830 es esa manía de entenderlos como procesos “endógenos”, ideas geniales que se le ocurrieron a gente siempre genial, tiro La Vanguardia Es Así. Tal es el caso con la mentira histórica del 10 de agosto de 1809 (1), magnificado a mayor gloria nacionalista. Siempre a manera de un relato pobre, de un cuento para bobos.

La realidad, por supuesto, fue mucho menos idílica, pero sobre todo, mucho más articulada con el contexto americano y europeo (2). En el caso del 10 de agosto de 1809 es necesario comprender esa fecha histórica…

“…desde la trilogía europea-peninsular-americana. Es más, desde la perspectiva temporal circunscrita al ciclo de las revoluciones liberales y burguesas que afectó a Europa y América desde 1775 a 1871. Sólo desde esta dimensión amplia, hispana, global y dialéctica, podremos entender satisfactoriamente los cambios que van se van a producir desde estos años” (3).

Un análisis de este tipo conduciría a considerar a la primera Junta de Quito como una junta “autonomista” y dentro de la Monarquía Española, jamás “independentista”. Las primeras juntas independentistas aparecieron a partir de 1810, “fecha que marca, verdaderamente, la cesura” (4).

(1) “Grito de independencia”, mis polainas.
(2) Por “menos idílica”, entiéndase que los criollos no dudaron en sacar tajada de su autonomismo: “Los protagonistas del proceso fueron poderosos latifundistas, para cuyo manejo político la burocracia española era un impedimento. Una vez instalados en el mando, suprimieron las contribuciones de los blancos, manteniendo las de los indios, e hicieron desaparecer la constancia de las cuantiosas deudas que habían contraído con la Corona por compra de tierras. Los notables criollos fueron los usufructuarios de la libertad”, v. ‘Resumen de historia del Ecuador’.
(3) Chust, Manuel, ‘Un bienio trascendental: 1808-1810’, en: Manuel Chust (coord.), ‘La eclosión juntera en el mundo hispano’, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2007, p. 12. 
(4) Ibíd., p. 24. En el Manifiesto del Pueblo de Quito del 10 de 1809, Quito “juró por su Rey y Señor a Fernando VII, conservar pura la Religión de sus Padres, defender, y procurar la felicidad de la Patria, y derramar toda su sangre por tan sagrados y dignos motivos”. El Marqués de Selva Alegre, presidente de esta junta, explicó sus motivos: “el pueblo de esta Capital, fiel a Dios, a la patria y al Rey, […]  ha creado otra [junta] igualmente suprema e Interina […] mientras S.M. recupera la Península o viene a imperar en América”, cit. en Rodríguez O., Jaime E., ‘El Reino de Quito, 1808-1810’, en: Ibíd., p. 180. Clarito está el caso de la franciscana ciudad: érase una ciudad a la espera de su querido Rey. Por contraste, véase cómo se escribe una declaración de independencia: ‘Quito, 1809-1812’.
 

Damián Medina

6 de agosto de 2017

En un misal de mi abuela encontré un recuerdo de la primera comunión de un tío suyo, Damián Medina Vallejo. Este Damián era hijo de otro Damián Medina, hijo a su vez de otro Damián Medina, nacido en Ciudad de Panamá el año 1825, cuando Panamá (el “Departamento del Itsmo”) y Guayaquil (el Departamento de Guayaquil”) pertenecieron ambas a la efímera Gran Colombia (1819-1830).


El detalle pintoresco de este recuerdo de primera comunión es que se celebró el domingo 6 de agosto de 1911 (un día tal como hoy, hace 106 años) en la “capilla del colegio CRISTÓBAL COLÓN”. Y dado que el Cristóbal entró a funcionar el 28 de mayo de 1911, apenas 70 días antes de esta ceremonia celebrada en su capilla, creo que es un recuerdo de la primera vez que se celebró una Primera Comunión en el Cristóbal Colón*.

* Imposible confirmarlo en los archivos de la institución porque solo conservan datos de las primeras comuniones desde 1999 (88 años más tarde).

Paren de venir / ya váyanse

4 de agosto de 2017


Durante la Alcaldía socialcristiana de León Febres-Cordero, en 1994, el grupo argentino “The Sacados” puso una canción de moda:

 
Guayaquil es una ciudad tan noventera que el estribillo de esa canción de 1994 podría bien caracterizar a su escena musical actual de “celebridades” (hoy, año dosmilfuckingdiecisiete).

Por supuesto, la caracterizaría por razones distintas.

Paren de venir… todas esas “celebridades” que han venido al menos desde los años noventa (incluso desde los ochentas y setentas) y que han resultado imparables: siguen viniendo, no paran de venir a quemar sus últimos cartuchos en el puerto de Guayaquil. Si son salseros, vienen con financiamiento municipal a todas y cada una de las fiestas populares de los 25 de julio y 9 de octubre; para todo el resto de “geronto-celebridades”, la única explicación para su permanencia de varias décadas en cartelera es que no hay ilusiones ni presupuesto para proponer algo distinto a esta ciudad.

En general, se ha jugado sobre seguro: en la escena musical se ha apostado a lo que ha funcionado antes, porque las posibilidades para innovar son escasas y los impuestos (los del Municipio y el destinado a la Junta de Beneficencia de Guayaquil, específico para espectáculos públicos) son altos.

Por eso Guayaquil es una ciudad atascada en sus años noventa y tiene una Alcaldía marca PSC en plena sintonía con ese mood (established since 1992). Aquí se vende como moderno lo que ya pasó de moda, tanto en oferta musical como en administración de la ciudad. Y la gente lo sigue consumiendo, sin chistar ni cuestionarlo. Si acaso, lamentándose en voz baja.

Es por todos estos años de incesante noventerismo que se justifica el lema no oficial de Guayaquil durante su período socialcristiano: “Esto es lo que hay”. Es lo que hay en la “Capital Tropical del Conformismo” en que unos cuantos avivatos han convertido a Guayaquil.

Entrevista a una experta

3 de agosto de 2017


Blanca Moncada, periodista de diario Expreso, entrevistó a una doctora en arquitectura por la Escuela Técnica de Arquitectura de Sevilla y codirectora del Máster Laboratorio de la Vivienda del siglo XXI en la Universidad Politécnica de Cataluña, la argentina Zaida Muxí Martínez. Como todo persona que conoce de urbanismo y que no se deja vender gato por liebre, Muxí Martínez se dio cuenta enseguida que Guayaquil es un desastre.


1) Las críticas de Zaida Muxí Martínez a Guayaquil

* La gran extensión de la ciudad y su dispersión.

* La preeminencia absoluta del vehículo privado.

* La falta de planificación.

* La construcción de la ciudad orientada a la satisfacción del negocio inmobiliario.

* La autoridad municipal no cuida del espacio público.

* El malecón como un espacio recuperado para pasear a la manera de un centro comercial. “Guayaquil se ha abierto al río, pero de manera falsa”.

* La falsa sensación de seguridad por vivir en urbanizaciones cerradas.

* No hay calidad de vida en las aceras, no hay sombras, no hay pasos de peatones.

* La creación de urbanizaciones alrededor de una única vía de acceso (Samborondón, Vía a la Costa).

2) Las soluciones de Zaida Muxí Martínez para Guayaquil

* Controlar la expansión de la ciudad.

* Recuperar la planificación de la ciudad y tomar en cuenta la climatología y la participación los ciudadanos para llevarla a cabo.

* Trabajar en la igualdad social, la generación de oportunidades y la creación de variedad que haga atractiva a la ciudad.

* Comprar edificios vacíos en el centro, para habilitarlos y proponerlos para vivienda de estudiantes, a la manera de lo hecho por la Universidad de las Artes.

* El comercio debe volver a las calles.

* Potenciar el transporte público. Los peatones deben ser prioridad.

* Tener una buena relación con la ría.

3) El modelo de desarrollo de la Alcaldía de Guayaquil

El problema de fondo es el modelo de desarrollo de Guayaquil. La Alcaldía de Guayaquil sabe, porque encargó un informe a la Corporación Andina de Fomento (CAF), que el modelo de desarrollo impuesto en Guayaquil es un desastre: “lotes pequeños para la sviviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general un aclara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”.

Pero eso no es lo peor. Lo peor, de acuerdo con los expertos de la CAF, es que el crecimiento de Guayaquil cuesta alrededor de US$7 millones por kilómetro cuadrado, mientras que si se utilizaran las iniciativas propias de una ciudad “verde, inclusiva y sustentable”, eso no solo que resultaría 6 veces más económico, sino que además resultaría una alternativa más eficaz para el control de las inundaciones que la alternativa de crecimiento que ha escogido la Alcaldía de Guayaquil.

El mensaje es claro: resulta contraproducente que la ciudad se expanda tanto, pero a su vez, esa expansión beneficia al sector inmobiliario y de la construcción. La ciudad invierte unas seis veces más de lo que invertiría para obtener un peor resultado que el que obtendría con la aplicación de unas políticas amigables con el ambiente y con los ciudadanos, como las que recomienda la CAF en su informe:

“Guayaquil ofrece condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de vivienda, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medio ambiente [para] diseñar soluciones sustentables en el largo plazo”.

Pero que el PSC aplique este cambio es imposible. ¿La razón? Echaría a perder el negocio de las inmobiliarias y las constructoras (los socios naturales de un Alcalde que salió de entre sus filas).

En resumen: Guayaquil es una ciudad de unos pocos avivatos y unos muchos incautos (y ojo, escojo mis palabras).

4) Conclusión

El hiato entre esto que somos como ciudad y lo que debemos procurar hacer en Guayaquil es enorme. Y mientras más tiempo esté el PSC en el poder, más lejos estaremos de cambiar de rumbo. Porque el problema de fondo con el PSC es aquello (paradójicamente) de lo que más se vanagloria hasta ahora: su modelo de desarrollo.

Esto, porque el modelo de desarrollo aplicado por el PSC en Guayaquil te vende como una Disneylandia lo que realmente funciona como el Play Land Park. Y lo asombroso a estas alturas, realmente, es que haya tantos incautos que no puedan hacer la diferencia.

Censura en el Centro Cultural Metropolitano de Quito

Esto es claro: en el derecho a la libertad de expresión no se le concede ningún privilegio a la iglesia católica de manera tal que se le reconozca una protección especial. Todo discurso sobre ella, incluidos los hirientes u ofensivos, encuentran amparo en el derecho a la libertad de expresión.

En Ecuador, la iglesia católica sigue siendo muy poderosa. Se mosquea su plana mayor y a Roditas tal vez y le da hasta diarrea. A Canguil le ha quedado inmensa la alcaldía de Quito. Lo confirma la censura de la obra “Milagroso altar blasfemo” expuesta en el Centro Cultural Metropolitano.

El saldo, vía alcalde autoritario o mangoneado, es que el arte en el Ecuador sigue siendo sometido a tutelaje por la autoridad. Ellos son los que determinan qué podemos ver los ciudadanos. Así sucede en Guayaquil en el Salón de Julio desde el año 2011 por disposición del tardo-franquismo socialcristiano y así sucede en Quito en una exposición del Centro Cultural Metropolitano porque la Conferencia Episcopal se mosqueó y el alcalde es un papanatas.

Qué “ama la vida” ni qué ocho cuartos. El lema de este país bien podría ser: “Ecuador: un Estado colonial vive en ti”. ¿La razón? Porque en este país la iglesia católica sigue siendo poderosa en la política civil y se caga cuanto puede en el derecho a la libertad de expresión, con permiso (incluso indisimulado apoyo) de las autoridades civiles.

En triste conclusión: el Ecuador es tan laico como Rodas es un alcalde exitoso. 

La historia de dos fracasos, expuesta en una sola censura.

Lógica binaria

2 de agosto de 2017

En espacio de tres días, diario El Universo hizo expresión de su lógica binaria en la política ecuatoriana. Unos políticos (el gobierno local) son sus amigos, otros (el gobierno central) son sus enemigos. “The beauty of this is its simplicity, Dude”.

Este 31 de julio diario El Universo publicó el editorial “Apoyo para emprendedores”. El texto es del todo indiscernible de uno escrito por el relacionador público de la Alcaldía de Guayaquil. Véalo Ud. mismo:


Dos días después, el 2 de agosto, diario El Universo publicó el editorial “No queremos ser burlados”. No importa lo que haga o diga el Lenin de la Gente*, de todas maneras la sospecha persiste. Siempre en guardia, El Universo es un celoso perro guardián.

A los amigos todo, a los enemigos nada.

Al final, en lo tocante al periodismo, es un diario politiquero, al que se le notan demasiado las costuras.

* El “Lenin de la Gente”, siempre que “La Gente” sea entendida como en el eslogan del derrotado candidato presidencial Jaime Nebot de 1996 (hoy, consiglieri del régimen), v. ‘Un solo toque: populismo y cultura política en Ecuador’ (pp. 50-52).

La leyenda de Noguchi es mentira

1 de agosto de 2017


Hideyo Noguchi (1876-1928) fue un médico japonés a quien Guayaquil recuerda con cariño. En esta ciudad suele atribuírsele la leyenda de haber descubierto el origen de la fiebre amarilla, enfermedad que era un azote para Guayaquil hasta finales de la segunda década del siglo pasado (1).

Tal descubrimiento jamás sucedió. El japonés Hideyo Noguchi formuló una hipótesis sobre la transmisión de la fiebre amarilla que se probó falsa. Él postulaba que la fiebre amarilla la transmitía una leptospira icteroides, “llegando a ensayar una vacuna preventiva preparada con cultivos de los Leptospiras que pareció dar buenos resultados, por todo lo cual la personalidad de Noguchi, indiscutiblemente valiosa ya, fue exaltada con la admiración y gratitud imperecedera de nuestros conciudadanos” (2). Pero era un error.

Otros investigadores sometieron a prueba la hipótesis de Noguchi para concluir, “uno tras otro, que el germen encontrado por Noguchi era idéntico al Leptospira icterohemorragiae, señalado dos años antes por Inada e Ido (también japoneses) como agente causal de la enfermedad de Weil, cuya sintomatología clínica es muy semejante a la Fiebre Amarilla con la cual puede fácilmente confundirse” (3).

El ponja en acción


Como bien se sabe por las campañas para la erradicación de la fiebre amarilla en el Ecuador, el bicho que transmite la fiebre amarilla es el mosquito Aedes aegypti. Esa fue la hipótesis que el médico cubano Carlos Juan Finlay (1833-1915) había formulado muchos años antes de que Noguchi formule la suya (4).    

Hideyo Noguchi viajó a Ghana en 1928 para continuar con sus investigaciones sobre la fiebre amarilla. Él mismo tenía dudas acerca de su hipótesis: al final de sus días, había bautizado a su leptospira como interrogans (5). Murió en Acra, capital de Ghana, el 21 de mayo del mismo año que llegó y a consecuencia de una fiebre amarilla contraída en el curso de sus investigaciones.

Ese día de 1928 se perdió a un científico dedicado, a una persona honorable, a un familiar amado, etc. Pero no fue el día que partió aquel que descubrió al transmisor de la fiebre amarilla. Ese honor en particular, le cupo al cubano Carlos Juan Finlay, no al ponja Noguchi.

(1) Por ejemplo, ‘Dr. Hideyo Noguchi’. Tampoco es desconocido en Guayaquil que Noguchi no fue el responsable de este descubrimiento. Se lo ha difundido en publicaciones locales desde hace muchos años, aunque sin verdadero énfasis. Esta abulia por la verdad debe ser de un caso más de nuestra inveterada afición por inventarnos héroes (Abdón Calderón, Rumiñahui, Lorena Bobbit, etc.).
(2) Juan A. Montalván Cornejo, ‘La Fiebre Amarilla y su origen en el Ecuador’, en: AA.VV., ‘La fiebre amarilla y los médicos de Guayaquil’, Archivo Histórico del Guayas, Guayaquil 1987, p. 283.
(3) Ibíd., p. 284.
(4) Desde 1881 el cubano Carlos Juan Finlay postuló ante la comunidad científica que era el mosquito Aedes aegypti el transmisor de la fiebre amarilla y estaba en lo correcto. Pero por muchos años, casi nadie se lo tomó en serio (sus colegas lo rayaban de “Mr. Mosquito”).
(5) J. A. Falconí Villagómez, ‘Noguchi y la La Fiebre Amarilla’ [1961], en: AA.VV., ‘La fiebre amarilla y los médicos de Guayaquil’, Archivo Histórico del Guayas, Guayaquil 1987, p. 249.