Tello, Correa

13 de octubre de 2019


He visto esta película antes: pierde el más débil, el que no puede defenderse. Cuando se necesita echarle la culpa a alguien porque las cosas que han ocurrido son espantosas (la violencia, los muertos), esto resulta un fácil expediente. Como ninguno de los negociantes (en este caso, gobierno e indígenas) querrá asumir su responsabilidad por todas las cosas espantosas, optarán por echarle la culpa a un tercero. Es el camino fácil.

Cuando el incendio ocurrido en Guayaquil el 5 y 6 de octubre de 1896, en el que se quemó toda la ciudad desde Malecón y Aguirre (al frente de la Gobernación) hacia el Norte, con noventa manzanas consumidas por el fuego, 1.500 casas destruidas y 25.000 personas (casi la mitad de la población) sin hogar, se le terminó por echar la culpa de lo ocurrido a un lojano de apellido Tello. Con los años se demostró que él no había tenido parte, pero en esos días amargos se necesitaba un chivo expiatorio: a Tello se le hizo un proceso sumario y se lo fusiló frente al edificio de la Gobernación, que se había conservado del flagelo.   

Esto que le pasó a Tello, le va a pasar a Rafael Correa. Se necesita echarle la culpa a alguien, y el expresidente Correa no está en condiciones de defenderse (fuera del país y con varios juicios espurios en su contra). Entonces, se buscará responsabilizarlo a él de lo que pasó en la Contraloría General del Estado (que apesta a auto-atentado) y ultimadamente de los muertos de estos días atroces. Léanla a esta señora, porque este será el guion:





Vendrá su puesta en escena, y lo dirán en la tele, las radios y los pasquines periódicos. Y habrá mucha gente que comprará esta historia, porque se ajusta mucho al relato que se han hecho en su cabeza de las cosas que pasan a su alrededor. Es la historia que se ajusta perfectamente a su burbujita.

Nunca dejará de sorprenderme lo imbéciles que creen que somos. Y, lamentable es admitirlo, lo mucho que aciertan.

Wilmer Zambrano explica cosas (a militares y policías)

12 de octubre de 2019


Tanto en el año 1993, como desde la vigencia del estado de excepción el pasado jueves 3 de octubre, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas han unido sus esfuerzos para reprimir a la población. El 6 de marzo de 1993, un operativo de las Fuerzas Armadas llevado a cabo en el Batallón del Suburbio, populoso sector de Guayaquil, encontró 9 escopetas recortadas, 2 machetes, 7 cuchillos, 1 juego de esposas y 1 medidor de electricidad, 18 paquetes de dinamita militar de procedencia peruana, 8 granadas militares. En el curso de este operativo en el que participaron 1.200 efectivos de sus tres ramas, las Fuerzas Armadas detuvieron a 39 personas y mataron a tres, entre ellas, a Wilmer Zambrano.

Hay que decirlo: Wilmer Zambrano no era ningún angelito. En su poder tenía 1 repetidora, 1 machete, 2 pistolas, 2 revólveres, 1 recortada, 1 cuchilla y algunas fundas que se supone que servían para el envío de drogas. Para obtener este botín, los miembros de las Fuerzas Armadas se cobraron su vida. El Estado, vía sus Fuerzas Armadas, lo mató a Zambrano, y luego pasó lo usual: no investigó los hechos.

Porque hay que admitir que el Estado ecuatoriano no ha sido ningún angelito, tampoco. Ese operativo del 6 de marzo de 1993 se hizo con base en el Decreto Ejecutivo No 86 que había dictado el Presidente Sixto Durán-Ballén el 3 de septiembre de 1992 (cuando aún no llevaba ni un mes en el ejercicio de su Presidencia) por el que en razón de “hechos de vandalismo, atentados contra la integridad física de las personas y considerables perjuicios a la propiedad pública y privada”, dispuso “la intervención de las Fuerzas Armadas en todo el territorio nacional”. Años después, la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró en una sentencia en contra del Estado ecuatoriano que este decreto de Durán-Ballén “no fijó limites espaciales, temporales ni materiales de la suspensión de garantías” por lo que autorizó, implícitamente, la comisión de abusos por la Fuerza Pública. En dicha sentencia, la Corte IDH encontró al Estado ecuatoriano responsable por la violación del derecho a la vida (Art. 4 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos) de las víctimas mortales del operativo en que murió Zambrano.   

El caso en la Corte Interamericana por el operativo del 6 de marzo de 1993 se resolvió el 4 de julio de 2007 y se había originado por una denuncia que presentó el 8 de noviembre de 1994 la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU), referida a la ejecución extrajudicial de tres personas (Wilmer Zambrano, José Miguel Caicedo y Segundo Olmedo Caicedo) en el marco de una suspensión de garantías que no estuvo ajustada a los parámetros del Sistema Interamericano. Es un tipo de caso que, por lo visto en los hechos actuales de represión de la Fuerza Pública a la protesta social a partir de este 3 de octubre, bien podría presentarse de nuevo en el Sistema Interamericano, 25 años después.

El caso sentenciado el 4 de julio de 2007 se llamó Zambrano Vélez y otros vs. Ecuador y en su trámite el Estado buscó disputar la responsabilidad por las tres víctimas mortales, porque estimó que la actuación de su Fuerza Pública se la había hecho en el marco de la “legítima defensa” y en aplicación de unas normas del derecho interno, pero la Corte IDH le opuso “un principio de Derecho Internacional” en razón del cual todo Estado “responde por los actos y omisiones de sus agentes realizados al amparo de su carácter oficial, aun si actúan fuera de los límites de su competencia” y, en particular, le aclaró sobre la actuación de las Fuerzas Armadas como agente para el control de la protesta social, que “los Estados deben limitar al máximo el uso de las fuerzas armadas para el control de disturbios internos, puesto que el entrenamiento que reciben está dirigido a derrotar al enemigo, y no a la protección y control de civiles”.

El mensaje dado al Estado ecuatoriano en esta sentencia fue claro: no se puede tener unos decretos de estado de excepción redactados tan a la maldita sea. El Estado, increíblemente, acusó recibo: le ofreció a la Corte IDH que la Asamblea Constituyente que iba pronto a parir una nueva Constitución (nuestra décimo novena, la “de Montecristi”) iba a restringir “el uso indiscriminado que en ciertas ocasiones se puede dar del estado de excepción, de esa facultad que tiene el Poder Ejecutivo para decretar un estado de emergencia”.

Y, curiosamente, el Estado ecuatoriano cumplió. Hoy estamos mucho mejor equipados que en 1993 (cuando todavía éramos un país muy silvestre) para enfrentar los estados de excepción dictados por un Presidente de la República. Primero, ya no están redactados tan a la maldita sea como lo estuvieron en los años del anciano represor de Durán-Ballén. Segundo, tienen controles por parte de la Asamblea Nacional y la Corte Constitucional. De la Asamblea Nacional nada puede decirse hasta ahora, pues nada ha dicho o hecho (su naturaleza es el Retardo), pero la Corte Constitucional sí que se ha manifestado. En dos dictámenes, uno de fecha 7 de octubre y otro del 10 de octubre, la Corte precisó que, por estos 30 días de excepción, la actuación de la Fuerza Pública tendrá, entre otros, estos claros límites:

“e) […] no autoriza la disolución de concentraciones y manifestaciones de protesta pacífica.
f) […] que las garantías jurisdiccionales y las del debido proceso establecidas en la Constitución se encuentran en plena vigencia durante el estado de excepción, y que por tanto éste no ampara ninguna suspensión o restricción de las mismas; en particular la garantía del hábeas corpus.
g) […] la obligación internacional de respeto a los hospitales, centros de salud, universidades y en general lugares que sirvan de centros de acogida, por lo que, en ninguna circunstancia, podrán ser objeto de ataques.” (El resaltado no es del original.)

Por estos días, estos límites son relevantes para la actuación de nuestra Fuerza Pública. En Zambrano Vélez y otros vs. Ecuador, la Corte Interamericana le atribuyó la responsabilidad al Estado del Ecuador debido a que no pudo justificar su actuación por los hechos de 1993. En el 2019, tenemos demasiado evidencia colectiva de que es imposible tomarse cualquier negación de responsabilidad en serio. Y ya tenemos, según los cálculos de la Defensoría del Pueblo (órgano al que la Corte Constitucional le encargó que haga el seguimiento de las medidas), cinco muertos en este estado de excepción vigente desde el 3.

Además, a diferencia de 1993, este año 2019 el marco jurídico que delimita la actuación de la Fuerza Pública sí que está muy claro: lo precisó la Corte Constitucional. Toda acción que no se ajuste a los restrictivos parámetros que este órgano se ha preocupado de desarrollar, será violatoria de los derechos humanos. Debería serlo ante los tribunales nacionales, seguramente lo será en los tribunales internacionales.

Por eso sorprende esta comunicación de las Fuerzas Armadas en la que trata de deslindar su responsabilidad por su actuación frente a la protesta social:

Esta afirmación de las Fuerzas Armadas, frente a un tribunal internacional, carece de valor alguno. Ellas deberían saberlo bien, porque el Estado ecuatoriano ya fue sentenciado por su culpa, como lo recuerda la sentencia del Zambrano Vélez y otros. Es tan sencillo como que cualquier aspecto de su actuación que no esté ajustado a lo dispuesto por la Corte Constitucional en sus dictámenes del 7 y 10 de octubre, acarreará la responsabilidad del Estado ecuatoriano, en sede nacional o internacional, tarde o temprano.

Y lo mismo va para la Policía, que son los auténticos represores.  

N.B.: Los hechos narrados y todas las citas hechas son tomadas de: Corte IDH, Caso Zambrano Vélez y otros vs. Ecuador. Sentencia de 4 de julio de 2007 (Fondo, Reparaciones y Costas), Serie C No 166, con excepción de la cita de la Corte Constitucional, que corresponde a su Dictamen del 10 de octubre [Juez ponente: Enrique Herrería Bonnet].

El error de Nebot

11 de octubre de 2019


En la película política que se está proyectando ahora, el escenario está orillándose para que la derecha triunfe*. A la opción de izquierda fuerte (i.e., el “correísmo”) se la ha procurado mantenerla ausente y bajo permanente descalificación. No se podría descartar una sorpresa desde la izquierda (pues, ¿quién era Correa a mediados del 2005?) pero la disputa en las elecciones del 2021** parecería hacerse entre dos candidatos de la derecha: Nebot y Lasso.

Jaime Nebot es muy fuerte en Guayaquil y los pintorescos pueblos de sus alrededores, por lo que Lasso cambió su estrategia y decidió trasladarse a Quito para buscar los votos de los serranos, unos votos que también Nebot había salido a buscar, disfrazado con un poncho y todo. Pero Nebot, por un error cojudo, acabó por perder muchos de esos votos (y con ello, perjudicó gravemente sus opciones a la Presidencia).


El error de Nebot fue cojudo, pues confundió a su auditorio: respondió tan sobrador como lo habría sido en cualquiera de las radios paniaguadas de Guayaquil que lo entrevistaban los miércoles cuando Alcalde, pero a una televisora de alcance nacional. Del resto se encargaron el contexto y las redes sociales. Y, entonces, así fue como un torpe chascarrillo se le convirtió en un grave problema, que hace que Guillermo Lasso se relama. 

* Salvo que le claven un Yaku a la yugular, if you know what I mean.
** Si es que no se anticipan las elecciones, un escenario muy probable. Otto o Retardo: ese es el dilema.

Nebot, después de su discurso

10 de octubre de 2019


Si el exalcalde Nebot, antes de la marcha, estaba jodido, su discurso de este 9 de octubre lo jodió aún más.

Hay que decir que el exalcalde empezó bien, pues quiso encuadrar la acción de Guayaquil (donde tiene sus “pies”) como una acción en pro del Ecuador (donde está su “corazón”). Era lo lógico si quería vender su ideología de la prosperidad desde esta tarima octubrina.

Pero enseguida empezó a trastabillar. Dijo que se había dicho a sí mismo: “¿Qué fiesta hicieron los de Fragua de Vulcano? ¿qué baile hicieron? ¡Ninguno!”

Esto es pura ignorancia de Nebot. En el relato de José María Villamil, uno de los partícipes en la gesta de octubre de 1820, él claramente recuerda: “El Domingo primero de Octubre de 1820, me hallaba de visita a la digna familia del Tesorero D. Pedro Morlás. Separado de los demás, conversaba con el Tesorero. La niña de quien he hablado dijo: ‘-Será posible que no bailemos esta noche?’ ‘Tú no piensas más que en baile, dijo la madre con tierna severidad’. Y resulta que tras la petición de esta mozalbeta se organizó una fiesta en la casa de Villamil para que ella baile (esta hija del Tesorero se llamó Isabel Morlás y tenía entonces trece años –después se casó con el prócer León de Febres-Cordero y se fue a vivir con él a Venezuela). Y esta fiesta, contrario a lo supuesto por Nebot, fue lo que la historia ha recogido con el nombre de “Fragua de Vulcano”. Tiene hasta un monumento al frente del Municipio. 

De aquí en más, el exalcalde Nebot no pasó de decir generalidades: afirmó que este 9 de octubre era una oportunidad para “mantener la libertad de Guayaquil y del Ecuador” y que en Guayaquil “defendemos lo que tenemos que defender en contra de lo que ofende todo lo que yo he mencionado” (?). Se puso también punitivo, su estado natural: afirmó que a los luchadores de Guayaquil les tocaba “reemplazar al Estado y castigarlos como se los tiene que castigar” y que Guayaquil también podía ser la del “puño cerrado, capaz de golpear en el pecho mortalmente a quien ofende a la ciudad de Guayaquil”.

¿A quién le quería pegar, Nebot? A unos enemigos de fantasía, a los que “son malos por su actitud delictiva, y aquí los vamos a castigar, aquí no tenemos ese tipo de gente” (?). Aquí esto ya no hace sentido: ¿en Guayaquil no hay gente con “actitud delictiva”? ¿En qué planeta vive Nebot?

Luego afirmó: “Aquí no tendrán cabida nunca, no tendrán éxito nunca, los que no tienen normas claras de respeto a la convivencia civilizada, esa es la posición de Guayaquil, y que no nos busquen, porque nos encuentran”. La única conclusión posible es que en el Planeta Mocolí, la droga es barata. Es la única explicación para este divague psicodélico que sugiere que en Guayaquil quien no respeta “normas claras de respeto a la convivencia” no ha tenido cabida nunca… cuando el no respeto a las normas de convivencia es el modus operandi de los guayacos cuando conducimos nuestros vehículos (Mahuad lo explica), y en general, es cómo nos comportamos en esta tierra de sabidoshhh. Y si el exalcalde Nebot no se ha enterado de esto, es porque está alucinando.

Increíblemente, vino más mumbo-jumbo: “Siempre hemos estado preparados, primero la ley, primero la ley, y después, la ley del pueblo” (?), y luego, la más hermosa de sus vaguedades: “hay que hacer la guerra para conseguir la paz, la paz vendrá cuando derrotemos a quienes nos quitan la paz” (?).

Probablemente, el último poncho.

Y luego de todo este divague de Nebot, llegó su cierre con una mención a la ideología de la prosperidad y a un partido por sobre todos los partidos: “construyamos juntos el Ecuador que merecemos y que queremos, que Dios bendiga a los ecuatorianos, pero que los ecuatorianos sepamos que a Dios le toca bendecir al Ecuador y a nosotros juntos salvar nuestra Patria, salvar al Ecuador, un abrazo cariñoso para siempre, un abrazo en la lucha, un abrazo en la ideología de la prosperidad y en el partido del Ecuador, sobre todas las ideologías y sobre todos los partidos. Gracias a ustedes”. Cuando terminó su discurso, sus muecas de disgusto transmitieron clarito su verdadero mensaje: “La he cagado. Tiré una buena oportunidad a la marchanta”.

El curtido Nebot de la política sabe bien que le fue mal: no pasó de decir vaguedades, de hacer acusaciones sin destinatario, de evocar vanas ilusiones. Si desde esta tarima quiso vender su ideología de la prosperidad, pues no convenció a nadie de ello. Y en el proceso (v. “Nebot, antes de la marcha”) se hizo de unos cuantos enemigos que habría preferido evitar.

Mala tos, Alcalde James de la Mofle. La Presidencia parece ya un lugar lejano.

Nebot, antes de la marcha

9 de octubre de 2019


El día que conmemora su fecha de independencia, la ciudad de Guayaquil se enfrenta a un problema de antes de su independencia: una sublevación de los naturales de la tierra (aka “indígenas”). Durante la colonia, a eso le temió la gente blanca de este puerto* y la gente blanca de toda la Audiencia de Quito, sabedores como eran de que este extremo occidente de España era un territorio de conquista. Que los conquistados (aka “indígenas”) quisieran sublevarse, entraba entre los temores razonables de los descendientes más o menos pálidos de los salvajes conquistadores de América.

Pero pasada la independencia del Reino de España, a 199 años de ella, que la élite política de Guayaquil invoque una sublevación de los indígenas como base para marchar es, cuando menos, un anacronismo. Un temor del siglo XIX, impropio del 2019.

Pero parece ser, además, una torpeza: ahora al presidenciableNebot se le está esfumando la chance de ser Presidente de la República§. Por defender la ciudad de la que fue Alcalde, Nebot se ha emperrado en llamar “vándalos” a los que se han opuesto a las decisiones del Gobierno impopular que él respalda. Y ha convocado a los guayaquileños a marchar para defender a su ciudad de la sublevación indígena, que él la ha asociado con los “vándalos” y contra los que él ha prometido “mano dura” si osan entrar a Guayaquil.

Así, Guayaquil se revela como un feudo socialcristiano y sus autoridades lo atrincheran casi al estilo de una ciudad española del siglo XVI para así evitar que malvados forasteros la dañen. Es una medida surreal, también por lo que implica para Jaime Nebot como posible candidato nacional: quedar asociado a una protección matonil de un gobierno impopular, a una figura decadente como la de Lenin Moreno y a un discurso regionalista (indígena = vándalo) que lo torna impopular en muchas regiones del país que le son muy necesarias si desea aspirar a la Presidencia, como él mismo lo sabía y tanto lo vestía:


Pobre Alcalde James de la Mofle: por mucho Guayaquil, se quedó sin Ecuador. 

* Por “gente blanca” se entiende en Guayaquil un amplio abanico de colores que incluye a la negritud de la familia Roca.
Entiendo como un acto de hijueputismo del Presidente Lenin Moreno declarar a Nebot y a Lasso como futuros presidentes del Ecuador. Como un Rey Midas de la Caca, esto fue un touch de mierda de su parte.
§ Lasso se relame.

Guayaquil, bastión de la derecha autoritaria

8 de octubre de 2019


Es 8 de octubre de 2019, víspera de las fiestas de independencia de la ciudad, y Guayaquil es la capital de un país dividido y el bastión de un gobierno impopular.

Con el Decreto Ejecutivo No. 888 del día 8 de octubre, el Presidente Lenin Moreno decretó el traslado de la “Sede de Gobierno a la ciudad de Guayaquil”. Así, Guayaquil se ha convertido en la capital administrativa del Ecuador mientras dure el estado de excepción (o visto desde otro ángulo: Quito se convirtió transitoriamente en Machachi in the parlance of la Guadalupe). El Presidente Lenin Moreno y su Gabinete sesionan desde el Gobierno Zonal en Guayaquil, en el opulento edificio que perteneció al Banco del Progreso y que Ricardo Patiño adecuó para el servicio público. Allí se reúnen las principales autoridades de las cinco Funciones del Estado ecuatoriano.

La historia es larga pero para hacerla corta, desde que los guayaquileños empezamos a elegir por voto popular al alcalde de nuestra ciudad (es decir, desde 1947), Guayaquil ha sufrido de tres populismos: el del CFP, el del PRE y el del PSC. Este último populismo es de carácter autoritario y de derechas, y está enquistado en la Alcaldía desde 1992.

Como a Guayaquil la democracia no le ha sentado bien, a fines de los ochenta y principios de los noventa la ciudad se hallaba en la mala: llena de basura, por fuera y por dentro del Palacio Municipal. El PSC se hizo fuerte frente al notorio fracaso del populismo del PRE, pues se erigió como la facción que “recuperó” a Guayaquil de esa etapa mala, con un caudillo autoritario y carismático como León Febres-Cordero a la cabeza.

Por este relato “heroico” del PSC es que creo que la facción de la derecha autoritaria (AKA “el fascismo”) en Guayaquil pudo emerger tan victoriosa frente al descalabro de los hermanos Bucaram, elegidos para el Sillón de Olmedo en 1984 (Abdalá) y 1988 (Elsa), pero incapaces de completar sus períodos. En la siguiente elección para la Alcaldía, en 1992, le llegó su turno al PSC, cuando ocurrió lo que según el filósofo italiano Norberto Bobbio justificó la emergencia del fascismo en la Italia de los años treinta: “la conquista del poder por parte del fascismo fue el resultado de una fecunda alianza entre precisos intereses de clase y turbios ideales, favorecidos por la crisis moral, social y económica que atravesaba un [cantón] como el nuestro, por larga tradición más acostumbrado a la opresión que a la libertad”. Donde se lee cantón, se leía (en el texto original de Bobbio) “país”… pero este reemplazo no altera un ápice el sentido de la frase, tan real en un caso como en el otro. En Guayaquil, fue la crisis de la ciudad por el gobierno del PRE lo que favoreció al emergente PSC, el partido de la derecha autoritaria de Guayaquil.

Ahora, ¿por qué digo que el PSC es de derechas? Porque el negocio de la Alcaldía del PSC, en la planificación y en la ejecución de las políticas públicas, es satisfacer a los intereses de las empresas constructoras. El crecimiento de Guayaquil, horizontal y de cemento, cuesta seis veces más que un crecimiento vertical y ambientalmente sostenible: es decir, el llamado “modelo exitoso” del PSC despilfarra una fortuna en hacer las cosas mal, siendo Guayaquil una de las ciudades más vulnerable a las inundaciones que hay en el mundo.

En otras palabras, el crecimiento de Guayaquil es económicamente estúpido… salvo que seas parte del negocio de la construcción (de cuyas filas emergió el Alcalde Nebot, boca abierta). Pero lo peor no es el despilfarro de los recursos (que te embuten como éxito para todos, cuando lo es para pocos), lo peor es el riesgo real que corre Guayaquil debido a las inundaciones en un futuro no muy lejano (una o dos generaciones más), sobre lo que nada efectivo se ha hecho.

Y luego, ¿por qué el PSC es autoritario? Pues por la forma vertical de su administración, en la que se ejecuta lo que ha decidido la cúpula. La concreción legal de esta verticalidad ocurrió en la “Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana del cantón Guayaquil”, que es una burla a la idea de gobierno democrático pues habilita a participar en la Asamblea Cantonal de Guayaquil únicamente a los 117 “representantes de la sociedad” que están mencionados en la Ordenanza. Pero si con acotar el número era insuficiente, la Alcaldía le ha repartido dinero de forma generosa a varios (acaso la mayoría) de estos 117 privilegiados en una ciudad de casi 3 millones de habitantes.

Y por si no quedaba claro quién mandaba, la Ordenanza en cuestión le reservó al Alcalde y un concejal un voto calificado en la Asamblea Cantonal del 51%. Como que esta norma se la hizo durante la Alcaldía de Jaime Nebot, sólo podía aspirarse con ella a que se haga su voluntad. O como lo advirtió quien entonces era Secretario del Municipio, Vicente Taiano, la norma debía diseñarse “para evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde”.

Entonces, en estos días la Guayaquil del PSC ha llegado a una cúspide: se ha erigido como la capital administrativa del Ecuador. Como Guayaquil es la casa de la derecha autoritaria desde 1992, es natural que sea la sede de un gobierno nacional que ha adoptado unas medidas tan favorables a las empresas y tan perjudiciales para el ciudadano común.

Y, por supuesto, a la derecha autoritaria de Guayaquil le sienta muy bien el racismo que se pone en evidencia en un país dividido, así que es apenas natural que se adopte su tono para la marcha de mañana (pues su telón de fondo es, no nos engañemos: “aquí no pasarán estos indios brutos” –con palabras un poco más elegantes, claro).

Es por eso, conciudadanos de Guayaquil, que la marcha de mañana 9 de octubre más que una resistencia, es una celebración. Es la celebración de la derecha autoritaria y de los áulicos del Presidente más impopular e infradotado de los últimos tiempos. Y un triste papel, siendo ya el 2019.

Una Constitución con dedicatoria

5 de octubre de 2019


El Estado del Ecuador nació en una Asamblea Constituyente que se celebró en Riobamba en 1830, con unas normas talladas a la medida de su primer Presidente Constitucional, Juan José Flores, individuo natural de Puerto Cabello, en Venezuela. En la notable ‘Historia del Ecuador’ que editó Salvat el año 1982, se describió a nuestra primera Constitución como hecha a la medida de este militar avecindado en Quito:

“Más que estatuto fundacional de un estado, fue instrumento de dominación de un caudillo afortunado: en efecto, consideraba ecuatorianos no sólo a los aquí nacidos, sino también a los naturales de otros estados de Colombia avecindados en el Ecuador y a los militares que estaban a su servicio al tiempo de declararse en estado independiente. Así aseguraba Flores su ecuatorianidad y la de los militares venezolanos en que se apoyaba; luego establecía los requisitos para ser presidente de la República, redactados de tal manera que a las claras se veía la dedicatoria: tener treinta años de edad (era ésa la de Flores) y ser ecuatoriano de nacimiento, a menos de ser colombiano al servicio del Ecuador al tiempo de declararse en estado independiente (tal era el caso de don Juan José), que hubiera prestado servicios eminentes (Flores, en Pasto y Tarqui), que estuviera casado con ecuatoriana (lo era doña Mercedes Jijón, la mujer de Flores) y que tuviera una propiedad raíz de 30.000 pesos (Flores y su cónyuge tenían bienes aún más cuantiosos).”*

La siguiente Asamblea Constitucional, reunida en Ambato en 1835, optó por un expediente más sencillo: proclamó a Juan José Flores como “ecuatoriano por nacimiento”** y sanseacabó.

* Salvador Lara, Jorge, ‘Los comienzos de la República (1830-1845)’ (pp. 1-52), en: AA.VV. [Dir. Juan Salvat & Eduardo Crespo], ‘Historia del Ecuador’, Salvat Editores Ecuatoriana, Vol. 6, Barcelona, 1980, p. 8.
** Ibíd., p. 28.

La "estabilidad política" del Ecuador en sus 189 años

4 de octubre de 2019


El Ecuador es un Estado tan calamitoso que, en sus 189 años de vida política independiente (established since 1830), ha gozado por escasas siete oportunidades del beneficio de una administración de dos o más presidentes constitucionales consecutivos que han concluido el período de su designación.

La siguiente tabla muestra estos siete casos de “estabilidad política” registrados en estos 189 años de jugar a ser país:

Tabla I: Descripción de los casos de “estabilidad política” en el Ecuador
Períodos de Gobierno
Presidente(s) durante los períodos
Ruptura del período
Número de períodos
Total de días hasta la ruptura (calculados a años y semanas)
1835-1843
Vicente Rocafuerte (1835-1839) y Juan José Flores (1839-1843)
Juan José Flores (6 de marzo de 1845)
2
3.498 días (9,58 años / 499,71 semanas)
1884-1892
José María Caamaño (1884-1888) y Antonio Flores (1888-1892)
Luis Cordero (16 de abril de 1895)
2
4.083 días [nuevo récord] (11,18 años / 583,29 semanas)
1897-1905
Eloy Alfaro (1897-1901) y Leonidas Plaza (1901-1905)
Lizardo García (15 de enero de 1906)
2
3.284 días (8,99 años / 469,14 semanas)
1912-1924
Leonidas Plaza (1912-1916), Alfredo Baquerizo (1916-1920) y José Luis Tamayo (1920-1924)
Gonzalo Córdova (9 de julio de 1925)
3
4.694 días [nuevo récord] (12,85 años / 670,57 semanas)
1948-1960
Galo Plaza (1948-1952), José María Velasco (1952-1956) y Camilo Ponce (1956-1960)
José María Velasco (17 de noviembre de 1961)
3
4.815 días [nuevo récord] (13,18 años / 687,86 semanas)
1979-1996
Jaime Roldós-Oswaldo Hurtado (1979-1984), León Febres-Cordero (1984-1988), Rodrigo Borja (1988-1992), Sixto Durán-Ballén (1992-1996)
Abdalá Bucaram (6 de febrero de 1997)

4
6.390 días [récord actual] (16,49 años / 860,58 semanas)
2009-?
Rafael Correa bis (2009-2013, 2013-2017)
¿Moreno?
2 (hasta ahora)
Hoy son 3.707 días, y contando (10,15 años / 529,57 semanas)
Fuente: Ayala Mora, Enrique, ‘Evolución constitucional del Ecuador. Rasgos históricos’, p. 141-147.  Para el conteo de los días....

Algunos datos relevantes que se extraen de esta “Tabla I”:

* En los 70 años de administración ecuatoriana durante el siglo XIX (1830-1900), sólo en dos ocasiones se registraron dos presidencias consecutivas completas: en las dos intervino un Flores (padre e hijo) y un guayaquileño oligarca (V. Rocafuerte y J. M. Caamaño).
* La Revolución Liberal implicó un “A la Costa” para la administración pública: en las dos ocasiones que se registraron presidencias consecutivas completas durante esta época, todos los presidentes fueron costeños: E. Alfaro de Montecristi, L. Plaza de Charapotó, A. Baquerizo de Guayaquil y J. L. Tamayo de Chanduy. 
* Leonidas Plaza es el único presidente que participó de dos períodos de estabilidad (1897-1905 y 1912-1924).
* En los 100 años del siglo XX, se cerró un ciclo de estabilidad empezado por Eloy Alfaro (1897-1905) y se completaron tres períodos de estabilidad que fueron de tres o más períodos presidenciales (1912-1924, 1948-1960, 1979-1996).
* Eloy Alfaro es el único presidente que abrió un período de estabilidad (1897) y lo cerró él mismo con un Golpe de Estado (1906).
* Dos familias colocaron a padre e hijo en la presidencia: los Flores (Juan José y Antonio, siglo XIX) y los Plaza (Leonidas y Galo, siglo XX).
* El período de estabilidad asociado al boom bananero se vinculó de forma exclusiva a unos Presidentes de origen serrano (G. Plaza, hacendado serrano accidentalmente nacido en Nueva York; J. M. Velasco y C. Ponce, de origen quiteño).
* El período de estabilidad registrado en el retorno a la democracia (1979-1996) ha sido el más largo de la historia política del país, e involucró a cinco presidentes en los cuatro períodos consecutivos que tuvo. Este período fue de 17 años (tres períodos de cuatro años y uno de cinco –el de Roldós y Hurtado, entre 1979 y 1984).
* De los cuatro Presidentes elegidos durante el período de mayor estabilidad política, dos fueron de Guayaquil (J. Roldós y L. Febres-Cordero) y dos estuvieron vinculados a Quito (R. Borja y S. Durán-Ballén, nacido en Boston).  
* En el siglo XXI se ha registrado la singularidad de que los dos períodos presidenciales consecutivos que se han completado se asocian a una misma persona: Rafael Correa (2009-2013 y 2013-2017). 

Pero el dato más asombroso que se extrae de esta “Tabla I” es que somos los ecuatorianos de mi generación (los Xennial) quienes hemos vivido durante más tiempo bajo los beneficios de la “estabilidad política” (?). En total, hemos experimentado desde el retorno a la democracia (1979-2019) seis períodos presidenciales completos. Y estamos contando.§

En contraste con el “total de tiempo” de la “estabilidad política” en la “Tabla I” que le corresponde al período anterior (1830-1979), casi que los Xennial en el Ecuador hemos vivido en Suiza frente a la situación de inestabilidad política de nuestros mayores.  

Y si este desastre institucional que hemos vivido en estos últimos 40 años de vida política es una Suiza, esto únicamente pone en evidencia dos cosas:

1) Los ecuatorianos de antes vivían en la puta selva;
2) Nuestro subdesarrollo es una pesada losa.

*

§ Aunque también la época de mayor estabilidad ha estado curtida de mucha inestabilidad, pues en el decenio que corre desde la caída de A. Bucaram (1997) hasta la elección de R. Correa (2006), hemos vivido tres rupturas violentas de períodos de gobierno (A. Bucaram, J. Mahuad y L. Gutiérrez). No extrañaría que Moreno se sume a esta lista de fracasados.

Frank Zappa tiene razón sobre las mujeres

3 de octubre de 2019

Creo que Frank Zappa tiene razón:

“… si quieres creer que las mujeres son una especie maravillosa que: [1] nunca va al baño; [2] no puede hacer nada equivocado; [3] es completamente superior al hombre, entonces créelo- cualquier cosa que te haga sentir bien”* (Las negritas evidencian la ironía.)

Para refrendar esta frase de Frank Zappa en la actualidad política del Ecuador, se debe considerar que hay tres mujeres que hoy están al mando de importantes órganos del Estado: la blanca-mestiza María Paula Romo, la indígena Diana Atamaint Wamputsar, y la negra Lady Diana Salazar Méndez. Y no nos ha ido bien.

Ninguna de ellas ha hecho algo distinto a lo que pudieron hacer sus predecesores masculinos en sus mismos cargos. Romo ha actuado como cualquier Ministro de los tiempos del Lucio que tan mal le caía, Atamaint ha sido igual o peor (realmente, mucho peor) que sus pares varones en materia de organizar las elecciones, y Salazar ha sido tan peón del poder como cualquiera de los otros fiscales con pene que puedan a sus mentes venir (y hay uno, en particular, que no quieren que les venga… pero ya les vino, JAJAJA).

En todo caso, cualquiera de las personas que haya argumentado que la participación de las mujeres iba a significar un cambio en la forma de hacer política… nos timó. No es una cuestión de sexo, es de estructura**.

Hoy nos gobierna una evidencia del timo, en un ramillete racial que representa el empoderamiento femenino en la política ecuatoriana… pero para mal.

Y con ello, se termina por darle la razón a Zappa, que era el objeto principal de este escrito.

* Zappa, Frank & Peter Occhiogrosso, ‘The real Frank Zappa book’, Touchtone, New York, 1999 [primera edición: 1989], p. 226. Por cierto, Peter Capusotto ha advertido cómo alguna gente se ha emperrado en afanar con el sub-estilo facilón de Andrés Calamaro: “Ya está amigo, un poco de Calamaro, un poco de Coti, y te sumás a los 1.400 autores que copian a Calamaro y más o menos mojan”. La razón para que ello sea así, la relaciona Capusotto con Frank Zappa: “Dale, a copiar a Calamaro, ¿te vas a poner a copiar a Zappa que es más difícil y vende menos?”. Lo que está de fondo en este sketch de Capusotto es esto: la genialidad es el privilegio de unos pocos, por ende, es mucho menos imitable. (Calamaros los hay por montones: por ejemplo, Fabrizio Ferretti es el Calamaro del Guayas).
** Porque, neta, o es el feminismo un ataque al capitalismo y una propuesta para un estado de cosas que subvierta todas las opresiones de raíz, o es el tributo que unas cuantas mentes lúcidas le rinden al pop. Not bad tho, but (mainly) fruitless.