El ciclismo vuelve a las calles

4 de marzo de 2009


El domingo 22 de febrero Diario Expreso publicó en su suplemento Semana (la nota, aquí) un artículo con el ilustrativo título que encabeza esta entrada. Dicho artículo expone algunos ejemplos de personas que suelen utilizar la bicicleta como medio de transporte (incluido el mío propio), destaca el trabajo de Ecuador Aventura, una agrupación que promueve el uso de las bicicletas en conjunto con la M. I. Municipalidad de Guayaquil, y explica cuál es el marco legal que ampara las iniciativas y establece las exigencias a formularse en este ámbito. El artículo lo redactó con mucho oficio Johnny Alvarado y las fotos (al menos ésta que adjunto, que apareció en la edición impresa del suplemento) las tomó Romina Icaza.

El 1 de marzo publiqué una entrada titulada “Derechos de los ciclistas”; ese mismo día, la entrada recibió este comentario de Luis Vélez Lecaro (su blog aquí), mismo que pongo a consideración general:

“Ecuador Aventura es uno de los grupos de ciclistas de Guayaquil que está promoviendo la implementación de las ciclovías en Guayaquil; el jueves habrá una reunión para tratar justamente sobre las propuestas por el municipio; los que estén interesados en participar contactarse con los organizadores: http://www.ecuadoraventura.org/”
La invitación, entonces, queda hecha. Saluz.

Vindicación de la fe fubolera

Está claro que sobre fútbol puede hablarse ad infinitum. Hablarse de cosas triviales o profundas, en tono amable o agresivo; vituperarse cosas despreciables: la corrupción de los dirigentes, la desaforada ambición de los jugadores (escudada en un profesionalismo que todo lo convierte en negociable), la mediocridad infame de la prensa deportiva local (Vito Muñoz induce al vómito), así como extraerse lecciones morales valiosas (alla Camus: “Después de muchos años, durante los cuales el mundo me ha permitido vivir experiencias variadas, lo que sé acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”) o incluso postularse una identidad nacional en cierne. Hablar sobre los hechos inmediatos de un partido implica casi la bullosa necesidad de evocar hechos del pasado y profetizar sucesos futuros: sobre cualquier hecho mínimo (digamos, un tiro libre indirecto o el color de la casaca de un arquero) el contexto puede ampliarse y multiplicarse, fue dicho ya, ad infinitum.

En particular, ante las miserias notorias del fútbol moderno (trivialidad, agresividad, corrupción, ambición desaforada, mediocridad infame) yo sugiero dos cosas: la primera, conjugar la esencia dialogada del fútbol en lo que Julián García Candau llama su épica y lírica. Porque como sentenció Ángel Cappa en el fútbol no se recuerdan los resultados, se recuerdan las emociones y son, precisamente, esos recuerdos los que nos constituyen en creyentes de una iglesia o una secta fubolera. Lo trivial, lo aleve y lo miserable tienen cabida, pero una podada de la sabia Prestobarba de Occam les viene siempre bien. Cifrémonos en las emociones, en lo que de veras importa: lo que nos constituye en hinchas y nos diferencia de los funcionarios y de las cuotas de imbecilidad que siempre nos acechan. Lo segundo, que en razón de que el fútbol (como toda otra experiencia –pregúntenle sino al de Quincey de El asesinato como una de las bellas artes) puede apreciárselo como una apuesta estética, acaso prescindiendo de las emociones y disfrutándose de la cerveza y la compañía, donde el goce nos lo depara su ejecución excelsa, sea ésta la manera de apreciarlo. (Esta hipótesis podría aplicarse a los partidos de la Champions.) Acaso sean estas dos vertientes las islas que nos conviertan en sobrevivientes de un naufragio moral.

La primera (digamos, la vertiente emocional por oposición a la vertiente estética) de esas vertientes nos convierte en feligreses de iglesias en ruinas (Barcelona, Emelec, Aucas –el equipo de Kojudo Mayor) o de sectas sin futuro (¿qué otra cosa es el hincha del equipo camarata o del Automotriz Macas?): nos convierte en creyentes de una fe que, si nos atuviéramos al asomo de una lógica sensata, debería desencantarnos. Pero la fe desecha los argumentos de la razón (lo que ha teñido de sangre la historia de las religiones y no pocos estadios contemporáneos) y se cree, simple y llanamente, porque se quiere creer. Credo quia absurdum, cuentan que postuló Tertuliano: es extraño que no apadrine un equipo de fútbol. Lo más probable es que yo no tenga noticia del Tertuliano F.C., un ariete de la honestidad.

Digamos que, en general, creemos porque queremos creer. En El Factor Borges (un libro que acabo de leer y que comentaré en otra entrada) se cuenta la siguiente anécdota (Pág. 121):

“Una vez, en Madrid, un periodista me preguntó si en Buenos Aires había un Aleph. Casi cedo a la tentación y le digo que sí, pero un amigo intervino y señaló que si un objeto semejante existiera sería no sólo la cosa más célebre del mundo sino que revolucionaría toda nuestra concepción del tiempo, la astronomía, las matemáticas y el espacio. ‘Ah’, dijo el periodista, ‘entonces usted inventó todo el asunto. Yo pensé que era verdad porque usted había puesto el nombre de la calle’”.

Si un sujeto de mediana instrucción (un periodista) puede fundar la sospecha de la existencia de un objeto de ostentosa imposibilidad (el Aleph) en un hecho tan espurio (la mención de una calle), ¿qué no puede esperarse de la fe de un fanático fubolero? Al menos en comparación (dicho sea a pesar de tanto imbécil que anda suelto y que empaña, todavía sin mancharla(1), su hermosura) la fe de un fubolero no intenta imponerse coactivamente a otros (como no sea en la educación sentimental de la niñez(2)) ni se despacha con inquisiciones u otras variantes imbéciles que son comunes en otras formas de la fe. Todavía es la fe de la niñez, la recuperación semanal de la infancia que postuló Javier Marías. Benditos sean entonces todavía estos 22 salvajes-hijos-de-puta detrás de un balón.

(1) Porque “la pelota no se mancha”, dijo un enviado.
(2) La foto muestra a un señor vestido de azul y de mostacho ladri, a la sazón mi viejo, en circunstancias en que se convierte en proveedor de educación sentimental para el loco bajito de su sobrino-nieto (el hijo del que tiene que pagar la mitad de un Zacapa 23).

Fútbol deshonesto

2 de marzo de 2009



No puede predicarse mucho de un partido de fútbol cuyos atributos esenciales fueron el aburrimiento y la desidia. Los números de la previa no prometían mucho porque mucho no puede prometer el enfrentamiento entre los dos equipos que ocupan los últimos lugares de la tabla de posiciones. Las emociones de la previa pretendían mucho porque mucho pretende esa bizarra gente paradójica que somos los hinchas del fútbol, al mismo tiempo parcializados e infalibles. 22 hombres en cortos lucharon ayer con denuedo para probarnos las dimensiones homéricas de nuestro error.

Decía Ángel Cappa que en el fútbol no se recuerdan los resultados, se recuerdan las emociones. Si eso es así, este partido merece un inmediato acceso al olvido. Se recordará el resultado, porque es obvio que si no hubo emociones no hubo goles. Acaso alguien no olvide la salvada de Elizaga que derivó el balón al poste o una cabeza amarilla providencial, el que este adefesio le concede su primer punto al azul y escalar un puesto al torero. Con el paso del tiempo, el que lo recuerde será considerado el erudito de su tribu.

Salir del estadio fue percibir la honda decepción y escuchar un sucesivo vendaval de críticas. Comentamos que obtener un punto por este empate era excesivo, que el marcador real debió ser un empate escrito en números negativos, que lisiados se verían mejor. Quién sabe cuántas cosas más: la imaginación del hincha, cuando acicateada por la decepción, se multiplica. Me animé a caminar solo hasta mi casa (distante unas 25 cuadras del Capwell) porque sabía que, ese día a esa hora, no había nada ni nadie contra el que morir o matar, ni siquiera herir o lastimar. Acaso recibí algún adjetivo, del que nunca nos privamos.

Así fue. 22 hombres en cortos lucharon ayer con denuedo para probarnos las dimensiones homéricas de nuestro error. Pero sin embargo (la bizarría del hincha es así) les seguimos creyendo. Hijos-de-puta.

P.S.- La excitación de estas piezas estáticas de futbolín es superior a la que exhibieron ayer estos miserables.
P.S.- (2) El Zacapa lo compramos a medias y queda en familia.













Derechos de los ciclistas

1 de marzo de 2009

El artículo 415 de la Constitución obliga al incentivo y la facilitación del “transporte terrestre no motorizado, en especial mediante el establecimiento de ciclovías”. El artículo 204 de la Ley Orgánica de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial establece, por primera vez, derechos de los ciclistas: a transitar todas las vías públicas con respeto y seguridad y disponer de los espacios adecuados para transitar en túneles y pasos a desnivel, a disponer de circulación privilegiada dentro de las ciudades (ciclovías) y de espacios gratuitos y libres de obstáculos para estacionar las bicicletas, a transportarlas en los vehículos de transporte público sin costo adicional, a gozar de vía preferente en los desvíos e intersecciones, a tener días de circulación preferente en el área urbana (ciclopaseos). Más aún, el artículo 209 de ese mismo cuerpo legal establece que los municipios, los consejos provinciales y el ministerio de obras públicas tienen la obligación de exigir como requisito imprescindible que en todo nuevo proyecto de vías se incorporen senderos asfaltados para bicicletas y que las entidades municipales “deberán hacer estudios para incorporar en el casco urbano vías nuevas de circulación y lugares destinados para el estacionamiento de bicicletas”.

El Municipio de Quito se ha tomado en serio su obligación de incentivar el transporte terrestre no motorizado: el proyecto Ciclo-Q es una evidencia de ello. Pero para tomársela en serio fue necesaria la presión de la ciudadanía. Como lo destaca el fundador de Biciacción, Diego Puente: “Nuestra lucha ha sido muy grande y por eso propusimos el proyecto Ciclo-Q, un plan maestro para que el transporte no motorizado de Quito tenga cabida en las calles de la capital, para que en los aparcaderos del trole haya sitios en donde dejar las bicicletas. Son medidas y acciones para fomentar su uso. Hemos avanzado, en Quito tenemos más de 40.000 personas que pasean, alguna vez en bicicleta por toda la ciudad”. En Guayaquil ese número está en aproximadamente 10.000 personas.

El número en Guayaquil puede incrementarse si la M. I. Municipalidad de Guayaquil empieza a tomarse en serio, no sólo las obligaciones constitucionales y legales a las que he hecho referencia, sino las propias ordenanzas que esa corporación ha expedido al respecto. Así, desde el 22 de marzo de 2001 está en vigencia la Ordenanza de Circulación del Cantón Guayaquil cuyo artículo 10 establece que “El Concejo Cantonal podrá establecer en la vialidad de la ciudad carriles para uso exclusivo de bicicletas […]”. Fue el propio Alcalde Nebot quien firmó esta ordenanza el 8 de febrero de 2001. Aparentemente, hoy existen las intenciones de implementar dos rutas de ciclovías en la ciudad: una desde el terminal terrestre hasta Pascuales y otra desde el puente El Velero hasta Parque El Lago. Se rechazó la implementación de una tercera “porque pasa por calles regeneradas que no contemplan ciclovías”. (¡?) Hay que recordarle a las autoridades que no se trata de concesiones sino de derechos,y organizarnos para exigírselos.

83 años

26 de febrero de 2009

Ron y pasteles

24 de febrero de 2009

Como regla soy alérgico a las aglomeraciones: la sola idea de un concurrido carnaval me parece abominable y me suelo resistir a participar de la misma. Prefiero leer en casa, mirar pelis, juntarme con otros amigos disidentes (que no somos pocos). Sin embargo, admito excepciones: puedo asistir (con sumo placer además) a una invitación a la playa en período de carnaval siempre que se asemeje a ésta que me llevó el lunes en la tarde a una villa en las cercanías de Salinas. La invitación, descontada la buena compañía, incluía excelente comida (en esta ocasión, unos calamares rellenos en su tinta y unos langostinos de fábula) y mejor bebida: un Zacapa Centenario 23 años. La tarde empezó, colorada todavía, con un voleo preliminar de Buchanan’s, para continuar con la antedicha comida, la que fue regada con generoso vino blanco y para cerrar la noche, se compartió aquel conmovedor broche de oro del Zacapa 23. No hay mucho que añadir, el ron es mi bebida favorita y el Zacapa 23, mi ron favorito. La noche me participó de una trilogía (compañía, comida, bebida) de fábula.

Salimos acaso tipo once de la villa y la alegre comitiva volvía a casa cuando decidimos tomarnos unos estribos de ron en el área social de mi depa. Al efecto, compramos una de Bacardí blanco. La mejor explicación de lo que me sucedió después de dos tragos de Bacardí es que experimenté la sensación inversa de la que experimentó el mítico Ron Damón en un capítulo justamente célebre de El Chavo: en vez de comerme los pasteles para quitarme “el mal sabor de boca que me dejaron los insectos”, estaba comiéndome los insectos para pasarme el exquisito sabor de boca de un Zacapa 23. No hay derecho. La decisión fue obvia: Bacardí no more.

Al día siguiente sólo unos momentos de sol y un poco de lectura porque había que salir temprano para que, entre otros miembros de la fauna automovilística que se regresan a la tropical WhyYouKill desde las playas un martes de carnaval, no nos encontremos ni con rocas en reproducción ni con Richard Clayderman en su piano sin controoooool (como sucede en el vídeo que abajoubico). Los evitamos y sí que llegamos justo a tiempo para mirar el inicio de los octavos de final de la Champions (Inter-Manchester United). Y hablando de fútbol y de ron, este domingo en el clásico (el único partido de fútbol de este país que evoca y merece evocar esa palabra) mi primo Fernando y yo tenemos apostado un Zacapa Centenario 23 años. Ya casi, ya casi que puedo olerlo.

Una vez Argentina

22 de febrero de 2009

Se le atribuye a Octavio Paz aquella feliz humorada de que los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos. Sé (porque lo releí los otros días colgado en mi hamaca en el Inodoro Pereyra No 14) que Inodoro discute con su perro Mendieta acerca del ser argentino. El Negro Fontanarrosa, siempre genial, coloca el siguiente dialogo en sus bocas: “Inodoro: ‘… han forjáu un Ser Nacional, más buscáu que el Eslabón Perdido’. Mendieta: ‘Es que no somos el Ser Nacional. Somos el Ser Internacional’”.

Eso es cierto. El libro de Andrés Neuman, Una Vez Argentina, puede fungir de competente prueba de ese “Ser Internacional”. Neuman, descendiente de lituanos, polacos, españoles e italianos (pero, ¡cómo no?) advierte en el prefacio que “todos los personajes reales de esta novela aparecen como ficciones. Todas las invenciones que hay en ella quisieran parecer probables”. De esos personajes y sus probabilidades nos habla Neuman en su novela, y lo hace con maestría.

Me interesa, en todo caso, destacar el escenario que influyó para que Neuman y su narrativa sean posibles. En la Argentina de mediados del siglo XIX se dictó una Constitución que, en palabras de Courtis y Abramovich, otorgó una importancia no menor “al aseguramiento de la educación primaria por parte de las provincias –dato que prefigura la importancia de las élites liberales locales otorgarán a la educación como factor de unidad nacional”; fue presidente Sarmiento, quien declaró "gobernar es poblar" y tradujo en hechos la importancia constitucional de la educación. La consecuencia, según el escritor Marcos Aguinis, fue que el sistema educativo “logró una disminución sostenida del monstruoso analfabetismo, aceleró la integración de la avalancha inmigratoria, estimuló el arraigo nacional y el sentimiento de patria. Expandió una base cultural común sobre la que era posible la creación, el respeto y saludables diferencias”.

Para esa misma época en Ecuador gobernó una de las pocas personas que en el siglo XIX se tomó en serio la Presidencia de la República: Gabriel García Moreno. También le concedió importancia a la educación, pero lejos de amalgamar una identidad de país (todavía hoy a retazos) la tiñó de ese fanatismo que tanto lo caracterizó. En materia educativa, en el país se aplicó el artículo 3 del Concordato: “La instrucción de la juventud en las universidades, facultades, escuelas públicas y privadas, será en todo conforme a la doctrina de la Religión Católica”. La consecuencia, según Osvaldo Hurtado, es que el pueblo “cae en el fatalismo, se considera impotente para transformar el mundo, se enajena de la realidad que le rodea y adopta actitudes contemplativas que mantienen estática a la sociedad y facilitan la explotación general”. Esa aciaga realidad no se disipa (digamos, Padre Arregui mediante, por ejemplo) todavía.

Quiero no omitir que la trascendencia cultural de Argentina no está en duda. Acaso este libro de Neuman lo pruebe, acaso sea obra de los constituyentes liberales del siglo XIX y de la férrea voluntad de un hombre. Nosotros, todavía, en otro borde.

Flowers Bros. (Gunslingin')

21 de febrero de 2009

Gatlinburg, AP.- The Flowers Bros. harrased the tranquil town of Gatlinburg, Tn. and robbed the local bank (which will always be less offensive than funding one, commented social activist Bertold Bretch). It was a clean operation: no injured, lots of laugues. This daguerrotipe captured the Flowers Bros. when celebrating their success accompanied by joly madames ("mujeres de la vida facil y la risa alegre" they declared to the press) in a local saloon.

Los derechos de la mayoría (¡?)

19 de febrero de 2009

Empiezo por concederle a la columna Los derechos de la mayoría que publicó José Fernando Gómez Rosales en El Observador dos puntos. El primero, la honestidad de su columna, que no intenta meter argumentos de contrabando sino simplemente ofrecer su opinión sobre los derechos de la mayoría y de las minorías; el segundo, que suscribo su crítica (v. párrafo 3) a la duplicación del masculino y femenino en la gramática, porque como afirma cabal y lúcidamente Álex Grijelmo: “Muchas feministas han llevado su justa lucha al terreno del lenguaje, pero despreciando la historia de las palabras y las estructuras de la lengua común. […] Sus propuestas de ingeniería gramatical (la gramática no dice cómo se debe hablar, sino como se habla) están condenadas al fracaso. Nadie dirá nunca ‘los compañeros y compañeras de nuestro partido que estén disgustados y disgustadas con los dirigentes y las dirigentes elegidos y elegidas en el último congreso, puede quedar inscritos e inscritas en el registro de las intervenciones de esta tarde’. Nadie hablará así a no ser que se emplee en ello con un esfuerzo descomunal, tan alejado de la naturalidad con la que sentimos nuestra lengua”. (Álex Grijelmo, La Seducción de las Palabras, Pág. 252-253)

Hechas estas dos concesiones, expreso mi total desacuerdo con el núcleo de la columna. El autor nos dice, en principio (v. párrafo 1) que la lucha por el derecho de las minorías ha dado frutos con el respeto a los homosexuales (en realidad, debería ser el respeto a la comunidad GLBTT) “y varios grupos más” (sería interesante qué nos advirtiera cuáles) al tiempo que deplora que esa lucha no haya desarrollado los derechos de otras minorías, como la de los discapacitados “sobre todo los mentales” (¡?). Este párrafo es sospechoso, no se sostiene bien pero, digamos, no es grave. A párrafo seguido Gómez Rosales afirma “Así mismo [sic] se ha desarrollado y se ha logrado mucho en la lucha por la igualdad”. Aquí el “Así mismo” no solo que está mal escrito sino que sobra: la lucha de los derechos de las minorías que mencionó en el párrafo anterior es, precisamente, la lucha por su igualdad. Pero peor es lo que continúa: una descalificación de las medidas de acción afirmativa que promueven la participación política de la mujer. El autor las pone como ejemplo de medidas “absurdas” (¡?) que se han tomado “en el reclamo por la igualdad de clases” (¡?). Yo lo replico con cita de este documento que elaboró la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su informe anual de 1999, titulado Consideraciones sobre la compatibilidad de las medidas de acción afirmativa concebidas para promover la participación política de la mujer con los principios de igualdad y no discriminación: si quieren leer razones al respecto, ahí sobran.

Pero entremos en la sustancia de lo que GR quiere exponernos. Yo sostengo que esta opinión es honesta: precisamente ese hecho preocupa mucho. No, obviamente, por la honestidad, la que siempre es bienvenida en todo debate, sino porque refleja una forma de pensar muy difundida en cierto sector, amplio e influyente, de la sociedad (me refiero a la clase media, sus alrededores and up, o en palabras del autor, los que conforman la “gente común, no afiliada a ningún partido, que hemos trabajado y tratado de ayudar a los demás desde nuestros puestos de trabajo, sin haber estado involucrados en negocios o negociados abusivos empresariales o gubernamentales”). La opinión de GR es que de “lo que no nos hemos ocupado es de los derechos de las mayorías, quizás porque hemos considerado que ellos [las minorías] eran los que tenían ventaja, así como no nos hemos ocupado por los derechos de los demás ciudadanos, porque todos los ecuatorianos, o al menos eso dice la Constitución somos iguales y tenemos los mismos derechos, es decir que no sólo tienen derecho las minorías o los grupos auto considerados marginados”.

Esta opinión de GR sí que es absurda. En principio, porque si el derecho se ha ocupado de defender a algunos es a todos aquellos que han solido ser los beneficiarios (o, en el más tenue de los casos, no han solido ser los perjudicados) de una estructura social creada para beneficiar (o, dicho está, para no perjudicar) a quienes participan de las características de clase social media/alta, sexo masculino, raza blanca, religión católica e ideología conservadora. Los rasgos excluyentes, e incluso racistas, de esta estructura social eran muy evidentes antaño; hoy, precisamente la lucha por los derechos de las minorías los han atenuado (¡enhorabuena!). Las personas que comparten esas características de clase, sexo, raza, religión e ideología constituyen, en términos sociológicos, la “mayoría” (porque es evidente que numéricamente no lo son) porque son quienes detentan el poder o son beneficiarios de la estructura social. Esa “mayoría” no necesita de otros derechos que los que les corresponde a toda persona de acuerdo con la Constitución (¡los que no son pocos, eh!) porque no se encuentran en situación de desventaja (a diferencia de como sí se han encontrado y se encuentran en franca situación de desventaja quienes no han compartido o no comparten esas características de la mayoría –todo lo contrario de lo que afirma Gómez Rosales: “hemos considerado que ellos eran los que tenían ventaja” -¡?¡?) y es precisamente para garantizar esa igualdad a la que aspira la Constitución (la que, por cierto, GR también dice aspirar) que se toman medidas especiales (las que GR llama “absurdas”) para remediar la situación de desventaja y desigualdad de las minorías.

Otras cosas hacen ruido del texto GR: el que entienda que el sexo está dado ad ovo, que suponga que hay excepciones que confirman reglas, que piense que los derechos humanos son los derechos “del asesino, del violador, del guerrillero”. Esos asuntos dan mucha tela para cortar. Pero lo principal (y es preocupante porque no mucha gente se lo piensa demasiado y lo asume como normal) es que se piense que las medidas de acción afirmativa que se imponen para promover la igualdad de grupos usualmente desaventajados deben suponer una réplica de parte de quienes no sufren de esas desventajas (como si se hicieran –no digo que no tenga incidencia pero ese no es su propósito esencial ni mucho menos) en perjuicio de ellos. Esa idea solo puede provenir de quien, uno, no entiende el devenir del derecho como usual defensor de los intereses de la mayoría sociológica (que no numérica), dos, no entiende la naturaleza de las medidas de acción afirmativa y del valor igualdad en la sociedad contemporánea y que, en definitiva, no entiende que si nos tomamos en serio los derechos que consagra la Constitución el derecho debe hacerse cargo de la situación, precisamente, de los más desaventajados. En su momento lo sugerí en este artículo, cuyos ilustrativos comentarios que recibió los comentaré en otro post.

Borges recordaba una agudeza de Macedonio Fernández: “Qué inteligente es este perro. No confunde mi mano con un pedazo de carne. Es un fuerte intelectual, che”. No podría predicarse lo mismo, en este punto, sobre Gómez Rosales.

Ilha das Flores

16 de febrero de 2009

There's something wrong with the world today I don't know what it is (but I do have some intuitions)

Amigo del tribunal

15 de febrero de 2009

“Amigo del tribunal” es la traducción al español de amicus curiae, institución que mencioné en mi columna del domingo pasado como una de las que puede contribuir a la exigibilidad de los derechos sociales. La contribución del amicus curiae no se agota en esa exigibilidad, lo que abona a la necesidad de incorporar la institución del amicus curiae en la práctica judicial de este país. Procedo a explicarme.

Dicho en breve, el amicus curiae es la presentación de una opinión escrita u oral que realiza un tercero en un proceso judicial que resolverá temas de interés público, en el que ese tercero no es parte procesal. El simple hecho de que personas, grupos o instituciones que no son parte de un proceso judicial que resolverá asuntos de interés público tengan la posibilidad de presentar un amicus curiae es importante porque, como lo señala Christian Courtis, esta posibilidad de presentación refuerza el “aspecto participativo del carácter republicano de gobierno” y promueve “el debate de las cuestiones examinadas judicialmente que, de otro modo, quedan relegadas al relativo hermetismo de la función jurisdiccional”.

La institución del amicus curiae no es novedosa: registra antecedentes en el derecho romano. Menos que menos es inusual: en la práctica judicial actual tiene sólido anclaje en las cortes de los Estados Unidos de América y desarrollo judicial en Argentina (donde la Corte Suprema de Justicia dictó la Acordada 28/2004 Reglamento sobre intervención de Amigos del Tribunal); en realidad, se practica en cortes tan disímiles como las de Sudáfrica, Nigeria y Etiopía y en las cortes internacionales de derechos humanos (europea y americana). Para profundizar el estudio de esta figura jurídica recomiendo leer el excelente ensayo de Jorge Baquerizo en la Revista Jurídica No 21 de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, titulado El amicus curiae: una importante institución para la razonabilidad de las decisiones judiciales complejas

No existe ningún impedimento para admitir la presentación de amicus curiae en los procesos de interés público de este país. Al contrario, sobran los motivos: la actuación de las cortes gana en legitimidad y sus razones para decidir en ilustración y publicidad (me refiero, por publicidad, a la discusión pública de esas razones). Lo óptimo para la implementación del amicus curiae es la adopción de una ley que regule la figura de manera general, pero también podría hacerse vía normas que las propias cortes locales desarrollen (me refiero, en este punto, a la Corte Nacional de Justicia y la Corte Constitucional). Para cerrar, suscribo la frase con la que Jorge Baquerizo concluye su ensayo: “Ya es hora que enfrentemos con seriedad el desafío de la transformación de nuestras caducas instituciones si es que queremos vivir con dignidad. La democratización del Poder Judicial es una necesidad imperiosa e inquietante que no espera más dilaciones”. Porque, vale decirlo, no hay razón para esperarlas.

Random / Wasted

13 de febrero de 2009

Part of random, partly wasted



(Pancho Fundador es la estuata de Panchito de Orellana -just in case)

Tumoch!

12 de febrero de 2009

Ni yo para contarlo en demasía ni ustedes para saberlo en detalle, pero es como una espina y lo expongo al respetable. El día jueves próximo pasado, yo no podía saberlo, yo no podía preverlo, simplemente hice acto de presencia en un bar de la localidad para asistir al cumpleaños de una amiga y resultó que tocaba Fabrizzio Ferretti (Zambo Loco, creo que llaman a este que fue conductor del difunto Sintonizando). De cuando en vez (digamos, en plan trimestral) está potable presenciar un concierto de este sujeto. Yo me dije, ya tuve mi dosis del trimestre y la música de este alborotado capilar se dejó estar. Pero como para mentiras tenemos la realidad, al día siguiente, viernes, hete aquí que me voy a otro bar de la localidad y, ¡changos!, tocaba de nuevo Ferretti. Perra suerte la mía, padecer dos días seguidos Ferretti is tumoch! (véase vídeo explicativo de Peter Capusotto, min. 2:18-2:27)



Advierto que no tengo nada en contra de este sujeto: su negocio adolece de voz terrible pero es lícito y la culpa es mía por asistir al lugar equivocado (particularmente cierto en el caso del local del viernes). Amigos en común me cuentan que F. es una buena persona. Yo no lo pongo en duda. De hecho, Zambo Loco (o como quiera que se llame) tiene mi entera solidaridad porque nos prueba que se puede vivir de lo que se quiere sólo por tener la actitud suficiente para hacerlo realidad (porque en este caso, es evidente, no asoma talento). Fito tiene razón: es solo cuestión de actitud. Pero para confirmarlo no quiero tener que escucharlo a Ferretti tan seguido. Ojalá que pase al menos un trimestre hasta escucharlo de nuevo, neta, oj-alá.

tres crónicas cinematográficas tres

La reproducción reciente de DVD's piratas me ha deparado lo siguiente:

Rocknrolla:
Dirigida por Guy Ritchie: se nota, y mucho. La introducción es soberbia: de primavera le queda al espectador expuesto el bajo mundo de los negocios inmobiliarios londinenses. Pero Guy Ritchie no se la juega: el mismo ritmo trepidante y análoga historia delirante de sus anteriores trabajos se encuentran en este film, en cuya trama aparece un mafioso ruso casi imposible (está muy pendejo para ser mafioso ruso, aunque cuando juega al golf se compone un poco), una golfa contable y deliciosa, parejas de homosexuales por deseo y por piedad, eslavos inmortales, yunkies, estúpidos, canallas: the Guy Ritchie usual gang. La película entretiene porque la historia es ingeniosa y expone gracia, además de tener muy buena fotografía y muy buena música, pero no es improbable sentir al terminar (después de haber visto Snatch y blablá Barrels) una cierta sensación de yala yala como la que nos provocaban ciertos cromos en nuestra infancia. En todo caso, el tipo tiene talento y better to have than to have not, you can bet.

Gran Torino:Si no fuera porque esta película la recomendó Juan Fernando Andrade en su bitácora con un entusiasmo capaz de conmover a un cajero automático yo admito que no la habría adquirido en mi última visita al videoclub parche de mi confianza (en verdad, el videoclub parche de enfrente de mi casa). Clint Eastwood la dirige y la actúa (incapaz de traicionarse) en el rol del rudo Kowalski, un personaje que no tarda en probarnos ser un polaco cabrón a quien no sólo se le muere la esposa y padece una familia digna de aparecer en The Aristocrats (descripción local, acá) sino que, para mayor inri, su barrio se le puebla de inmigrantes indeseables (o sea, para este polaco cabrón, de inmigrantes no blancos). Además, pobre, lo persigue un cura pelirrojo que lo fatiga con argumentos sensibleros (lo que sí que está para encabronar a cualquiera). Los inmigrantes no blancos next door son orientales y, cosa curiosa y base de la historia, Kowalski se relaciona y se amista poco a poco con ellos. GT tiene buenas líneas pero, disiento con JFA, creo que ninguna permanecerá en el inconsciente colectivo de Occidente. Eso sí, y aquí coincido en grande con JFA, la película está hecha con el corazón, y a pesar de algunos momentos flacos, se sostiene. Y a uno, que suele ser un sentimental, le viene bien este callejón sin salida de ternura y sacrificio.
Se llama Gran Torino por un coche que participa casi sin rodar de la historia y en el que tardíamente paseará un perro.

Ceguera:
Empiezo por un lugar común: la película no supera el libro de Saramago. Se le mide con suma dignidad, eso sí: esa dignidad que muchos de sus personajes no tienen en esa atmósfera irrespirable en que suelen desenvolverse, tan propicia para reflexionar sobre la madera de la que estamos hechos como especie. La historia la conocen todos, con lo cual no insistiré en ella: el mérito de su director, Fernando Meirelles, es ambientarla y lo logra muy bien. El lector avisado incluso podría sentir (si ha leído el libro y su memoria se lo permite) la narrativa de Saramago durante ciertos pasajes. Las actuaciones son impecables (¡Julianne Moore, carajo!) y Alice Braga es la mujer que sueño tener cuando me emborracho, sea con gafas o sin ellas.

Es probable que los mantenga al tanto de mi cartelera personal. Saluz.

Derechos sociales / Instituciones

8 de febrero de 2009

Desde la Constitución de 1929 los derechos sociales tienen reconocimiento constitucional en el Ecuador. Las constituciones de 1998 y la actual son las más generosas en el reconocimiento de esos derechos; el que con la Constitución actual no repitamos el mismo error que cometimos con la Constitución de 1998 de declarar derechos sociales pero no tornarlos exigibles dependerá, en muy buena medida, del diseño institucional que desarrollemos para exigirlos.

Al momento de desarrollar el diseño institucional que permita la exigibilidad de los derechos sociales debemos hacernos cargo, en principio, de reconocer la posición especial que los jueces tienen en democracia para receptar las quejas de los ciudadanos, favorecer la deliberación pública y erigirse como custodios del sistema político y garantizar los derechos que la Constitución consagra. Al hacernos cargo de esta posición especial de los jueces, debemos pensar en implementar en este diseño institucional los mecanismos que permitan que los ciudadanos les presentemos a los jueces la mayor cantidad y mejor calidad de información posible para que estos fundamenten su decisión. Pueden implementarse, en este sentido, la admisión de amicus curiae, la constitución de mesas de diálogo y la celebración de audiencia públicas (como lo ha desarrollado, por ejemplo, la Corte Suprema de Argentina). O implementarse también, a imagen y semejanza de la Corte Suprema de la India, las “comisiones legales de información” (para obtener información y supervisar las sentencias) y la colaboración con otras funciones del Estado para, por ejemplo, la redacción de normas y la elaboración de políticas públicas que contribuyan al cumplimiento de los derechos sociales.

Este diseño institucional debe hacerse cargo también de que la falta de exigibilidad de los derechos sociales corresponde, en buena medida, a que el acceso de los ciudadanos al sistema judicial se lo desarrolló al amparo del concepto del Estado liberal de derecho que no contempla a los derechos sociales como derechos exigibles. Este concepto del Estado liberal en materia de exigibilidad de derechos debe superarse: para tal efecto es necesario implementar y desarrollar mecanismos tales como el amparo colectivo, las acciones de clase y la representación por parte de las autoridades (Ministerio Público, Defensoría del Pueblo) que permitan un acceso más amplio y, en definitiva, un mejor litigio de los derechos sociales.

La Constitución del 2008 constituye un avance en materia de derechos sociales pero falta desarrollar todavía esa adecuada legislación interna que tienda a perfeccionar ese avance, tanto en materia del rol que deben cumplir los jueces como con relación a los nuevos mecanismos para exigir el cumplimiento de estos derechos. Porque, para decirlo con palabras del jurista argentino Roberto Gargarella, “conviene no olvidarlo: nuestros derechos no deben depender nunca de la buena voluntad de nadie, y menos de personas a las que no controlamos. Otra vez, lo que necesitamos son mejores instituciones, y no (sólo) mejores jueces”.

Un momento de humor, a cargo del fiscal Vanegas

4 de febrero de 2009

La noticia "Hector Vanegas aceptó propuesta del Prian por identificación y esoterismo" que colgó la ciberpágina de Radio Centro es muy chistosa.

Muchos lo querían de candidato a este singular y ensombrerado personaje; pero fue la llamada de Álvaro Noboa, quien "le comunico que las bases y la dirigencia habían pensado en su nombre y aquello fue lo que le decidió porque se encuentra 'muy identificado con las causas del PRIAN'". Esa llamada, y el que en las propias palabras de Vanegas "como yo creo mucho en el sistema cabalístico, soy muy esotérico (era día domingo, era la hora nona, las tres de la tarde) resolví en ese momento aceptar la candidatura".

Yo todavía no sé qué es mas chistoso: el suponer que en esa prolongación de los deseos de su dueño que es el PRIAN las bases y la dirigencia pensaron algo en conjunto, el indagar las causas que este Eliot Ness criollo comparte con un partido cuya ideologia son los caprichos de su líder o el que la cábala sea la que termine por persuadirlo de aceptar una candidatura. Las primeras dos cosas son mentiras piadosas que se cuentan para adornar un discurso pobre, pero lo de la cábala sí es real: por eso mismo debería preocuparnos. Me pregunto si las providencias que emite este sujeto reciben el sabroso estimulo intelectual de sus coincidencias cabalísticas o el honesto ejercicio de razonar un Código. Ummmm, el mundo es cualquiera.



PS.- Un vídeo de nuestro (involuntario) comediante y candidato (casi me olvido de precisarlo) a Prefecto de la amputada Guayitas el Mapa.

No solo lo ilegible sucede

3 de febrero de 2009

Ayer pasé por casa de mi abuela en el sofocante centro de esta urbe tropical. No estaba mi abuela; estaba, sí, Macuchín (hermana de mi abuela: para todos los efectos, una abuela más). Me senté a leer El Universo en la mecedora que solía ocupar mi abuelo: comprobé que ese diario en su edición de ayer pareció existir solo para casi confirmar aquella frase de Oscar Wilde de que solo lo ilegible sucede. Casi: porque comentamos con Macuchín una noticia que publicó ese diario que nos probó que no solo lo ilegible sucede: también lo tendencioso.

Lo que la redacción de la nota “Lara acusa a Herrera de tener ‘relaciones ilícitas’” hace con el nombre del Sr. Pablo Arosemena Mármol (a quien no tengo el placer o displacer de conocer) tiene nombre: se llama tendenciosidad. La historia que intenta contarnos la nota es el siguiente: en los ochentas Pablo Arosemena Mármol “fue parte de la banda de Reynaldo Zamora, alias El Rey, acusado de cometer asaltos a vehículos blindados de transporte, bancos, joyerías, tráfico de autos usados y asesinatos a policías”. Arosemena, a la fecha de hoy, es gerente del bróker de seguros Armusa y mantuvo reuniones con Óscar Herrera en el Palacio de Carondelet el 30 de enero y el 14 de febrero de 2007 (según los registros de ingresos de la Casa Militar de la Presidencia de la República). Óscar Herrera era entonces asesor de la Secretaría de la Administración Pública; a partir de mayo de 2007 fue designado Director de la Unidad Técnica de Asesoramiento de Seguros de la Presidencia de la República. Según una investigación de la Comisión de Fiscalización del Congreso (dirigida entonces por Ramses Torres del PK) el bróker de seguros Armusa fue una de las 19 empresas seleccionadas por la Unidad Técnica sin concurso previo y que luego se recomendaron a 19 instituciones públicas para su contratación. El diario cita la opinión de Galo Lara: “Herrara tiene una ‘relación ilícita con este sujeto de alta peligrosidad’, refiriéndose a Arosemena". En el recuadro, el diario publica: “Banda. Reynaldo Zamora, alias El Rey, fue conocido por sus actividades ilícitas de la década de los ochenta. EE.UU. Fue encarcelado en el 2004, tras ser deportado desde Estados Unidos, donde también estuvo detenido por liderar una banda de antisociales latinos”.



La historia intenta contarnos un supuesto acto de corrupción, a saber: el que Arosemena se reunió con Herrera (en circunstancias en que éste ocupa un cargo distinto a aquel que luego ocuparía para cometer el supuesto acto de corrupción) para cabildear que el bróker que éste gerencia se lo seleccione sin concurso previo y se recomiende su contratación a instituciones públicas. No hace falta ningún asomo de brillante inteligencia para percibir lo endeble (por ausencia de explicación en la relación causal, por falta de detalle en la naturaleza de esa selección y esa recomendación) de esta línea argumentativa. Pero eso no es lo grave (eso, en realidad, es moneda común en la prensa ecuatoriana). Lo grave es que se afirme en la versión digital* que Arosemena participó en una banda de delincuentes que lideró Reynado El Rey Zamora, acusada de cinco graves delitos que no tienen relación alguna con el supuesto acto de corrupción actual y sobre cuya participación el diario no nos presenta prueba alguna y, más todavía, que este hecho se enfatice en el titular (que se hace eco de una opinión de Galo Lara) y en el recuadro, donde se destaca una breve reseña de El Rey Zamora, personaje perfectamente accesorio a esta historia como no sea para contribuir a la misma con una tendenciosidad que no la merece ningún texto periodístico que sea digno de tomarse en serio.

Pablo Arosemena Mármol tiene el derecho de reclamar su derecho de rectificación a diario El Universo (artículo 66 numeral 7 de la Constitución –en términos del “derecho de toda persona agraviada por informaciones sin pruebas o inexactas, emitidas por medios de comunicación social, a la correspondiente rectificación, réplica o respuesta, en forma inmediata, obligatoria y gratuita, en el mismo especio…” y artículo 14 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos). Y el redactor de esta nota y el editor del diario, la obligación moral de ejercer mejor su oficio. No puede constituir un trabajo muy difícil hacerlo mejor que esta redacción salvo que, en efecto, no se lo quiera hacer así.

* La versión en prensa hacía referencia a un informe que elaboró la policía en los ochentas. Así tal cual, solo un informe: no un proceso, una sentencia judicial o algún otro elemento de juicio que permita corroborar el contenido de un informe del que se desconoce en qué términos y contextos fue escrito. O sea, de todas maneras, alipori.

P.S.- Con el permiso de mi compadrito Juan Pablo Toral cuélgoles una de sus obras para matizar estas líneas.

De Rocafuerte a Ferrajoli

1 de febrero de 2009

El 24 de marzo de 1835 Vicente Rocafuerte, en calidad de Jefe Supremo de la Nación, le dirigió una carta al General Juan José Flores en la que declaró que “algún día hemos de empezar la época de las reformas, y hablar a los pueblos con hechos, y no entretenerlos con promesas que después no se cumplen nunca”. En otra carta Rocafuerte le razonó a Flores el porqué convenía “no tocar en mucho tiempo” el tributo indígena a pesar de admitirle que eliminarlo era “principio de justicia” (4 de marzo) y en otra lo persuadió de la necesidad de ejercer “un rigor que toque en crueldad para sofocar el espíritu anárquico” y “una firmeza que inspire terror” para conservar la tranquilidad pública (17 de marzo). Estas citas, extraídas de un solo mes de un copioso epistolario, acaso resumen el ideario político del siglo XIX: economía feudal, sociedad de matriz colonial y práctica política exclusiva de salones y cuarteles, cuyas autoridades, digámoslo con palabras de Jorge Luis Borges, “se dedicaban a conspirar, mentir e imponerse" sin posibilidad para otros actores de exigirles enmienda alguna.

Ese era el diseño institucional del siglo XIX: ese diseño cambió en el siglo XX. La irrupción de nuevos actores en la escena política provocó inéditas exigencias que condujeron a la consagración de nuevos derechos cuyo cumplimiento (en teoría) podía exigírselo a la autoridad. Esos nuevos derechos fueron los derechos sociales y la Constitución ecuatoriana que empezó a reconocerlos fue la de 1929. Desde aquel entonces (casi son 80 años) el reconocimiento de los derechos en las cartas constitucionales, incluidos los derechos sociales, se ha incrementado de manera notable: son las constituciones del ’98 y del 2008 las más generosas en la consagración de los mismos. Un decenio demoró la Constitución del ’98 para probarnos el abismo entre la teoría y la realidad. La que entró en vigor en octubre del 2008 no puede repetir ese error.

Seré redundante: la única garantía que tenemos para que evitemos repetirlo son las garantías. Lo diré con palabras del jurista italiano Luigi Ferrajoli: “una Constitución puede ser avanzadísima por los principios y derechos que sanciona y, sin embargo, no pasar de ser un pedazo de papel si carece de técnicas coercitivas –es decir, garantías- que permitan el control y la neutralización del poder y del derecho ilegítimo”. La Constitución actual ofrece un amplio, luminoso elenco de garantías constitucionales (artículos 84-94). Ferrajoli está consciente que “habrá que distinguir siempre entre el modelo constitucional y el funcionam2iento efectivo del sistema”, esto es, entre la teoría y la realidad. También nosotros debemos estar conscientes que la única manera de salvar ese abismo entre la teoría y la realidad es mediante el ejercicio constante e incisivo de esas garantías constitucionales; más todavía, debemos estar conscientes de que esa inmensa tarea nos corresponde a los ciudadanos, quienes hoy tenemos las herramientas para que esas promesas que otrora nos entretenían, ahora las hagamos cumplir."





Naturaleza y ecolatría

25 de enero de 2009

La discusión sobre la ley minera ofrece muchas miradas críticas. Una de esas miradas puede posarse sobre el contenido de la preocupación que algunos actores de esa discusión tienen por la conservación de la naturaleza. Grosso modo, la ética medioambiental tiene dos grandes paradigmas al respecto: el primero, el “conservacionismo”, que postula que la preservación del medioambiente tiene sentido si y solo si supone un valor instrumental para el ser humano; el segundo, el “preservacionismo”, que postula que existen razones para preservar la naturaleza aunque ese hecho carezca de valor instrumental para los seres humanos.

Tengo la intuición de que muchos actores (acaso sin ser conscientes de ello) postulan el segundo paradigma que refiero. Tengo también la convicción de que este segundo paradigma no revela un interés ecologista sino una devoción “ecólatra”: una suerte de adoración de la naturaleza, fronteriza con lo místico o lo religioso. En lo personal, no tengo nada que criticarle a esa postura “ecólatra” que un particular suscriba (tan respetable como cualquier otra postura o adoración) salvo, por supuesto, que ese particular (o ese colectivo de particulares) pretenda imponernos a los otros su ecolatría mediante la aplicación de una ley o de una política pública. (Dicho en limpio: cada quien es libre de adorar a la Pachamama, pero en el ámbito público nadie puede imponernos su adoración, ni de la Pachamama ni de ninguna otra deidad, por muy buena o muy chida que le parezca al creyente en la misma).

Es evidente que preocuparse por el medioambiente es una preocupación legítima y también urgente: sobran los motivos para abrazarla. Me parece igualmente evidente que esa razonable preocupación tiene que relacionarse con la conveniencia humana. El concepto de “desarrollo sostenible” (introducido por primera vez en 1980 en un documento de la International Union for the Conservation of the Nature) que puede definirse, en palabras de Pablo de Lora, como el “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras” las que “tendrían un derecho a recibir ese legado” (aunque aclaro que el lenguaje de los derechos no es el adecuado para referirse a este tema porque para ser sujeto de derechos –esto es evidente- primero hay que ser sujeto, y las generaciones futuras no lo son) es útil para definir esa humana conveniencia. Una conveniencia que, por supuesto, no supone no intervenir de ninguna manera en la naturaleza (ecólatra aspiración de algunos) sino de intervenir en ella de manera responsable. Si quien interviene en la naturaleza (sea un minero artesanal o una empresa transnacional) nos ofrece garantías de que las necesidades de las generaciones futuras no se comprometerán con su intervención, desde el ámbito público, no habría nada que objetarle a aquella intervención.

En definitiva: el derecho a adorar a la Pachamama no implica la obligación para otros de adorarla. Nuestra obligación para con el medioambiente se cumple con el respeto al “desarrollo sostenible”. Basta y sobra.

UCSG, mala cosa

23 de enero de 2009

El amigo Héctor Chiriboga, a instancias de esta nota de prensa que publicó Diario El Universo el domingo 18 de enero, publicó esta columna en su espacio como firma ancla de Diario El Telégrafo. La columna parte de los últimos sucesos acaecidos en la elección del Presidente de la Asociación Escuela de Derecho de la Universidad Católica (AEDUC) para derivar en un análisis de la situación actual de la UCSG. Lo hace en los siguientes precisos términos:

“Cuando se piensa la U como una empresa y los criterios son financieros, considerando a los estudiantes como clientes a los que hay que satisfacer para que sientan que todo es fácil y rápido, se producen distorsiones en lo laboral y académico; cuando las cosas realmente importantes no se debaten desde las instancias con mayor representatividad, involucrando a los estudiantes, sino que, por el contrario, se prohíbe las discusiones y cuando la universidad se involucra sin problema en las “causas cívicas”, pero se horroriza porque algunos de sus estudiantes están con el partido contrario, entonces ellos observan el doblez del discurso, y lo aprenden; cuando no sólo se permite que algunos estudiantes agredan al Presidente de la República y profesores, sino que además se los protege, entonces no deben causar sorpresa las balas y agresiones como formas del debate político”.

Este párrafo de Chiriboga es tan preciso como revelador: el afán crematístico por sobre el aval académico, la mucha autocracia y la poca autocrítica, el sesgo y el oportunismo políticos son algunas de las adoquinadas rutas que nos conducen a este debacle académico e institucional de la UCSG. El papá de mi carnaval Curro Toral solía decir cuando algo andaba mal, uh, mala cosa. El buen y sapiente George falleció hará casi tres años: yo le heredé esa frase, que utilizo a menudo y que bien vale para la situación actual de esta pobre UCSG, mala cosa. Pero es que, de veras, no menos puede esperarse de hacer las cosas tan mal, eh.

De excepciones y de festejos

22 de enero de 2009

Este martes 20 fue un día excepcional en toda la regla (no “la excepción que prueba la regla” no sea uste’ tonto. Si es del caso, lea la voz “excepción” del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce para desasnarse). Excepcional, porque asumió la Presidencia de los Estados Unidos de América un hombre a quien puede crecerle un afro (el gráfico adjunto evidencia esa singularidad) y sobre quien se tiene altas expectativas.


Excepcional también porque el idiota profundo de Bush (aquel que dijo que “para la NASA el espacio aún es alta prioridad” o “la gran mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país” –lo que en definitiva es peccata minuta porque lo peor de él es su condición de criminal y de aliado de criminales) abandonó la Presidencia de EE.UU. Obvio, el mundo está de fiesta.





¡A festejar!

Felinas reflexiones

18 de enero de 2009

La entrada “El Gato” provocó muchos e interesantes comentarios. Me impresiona cómo a partir de poco más de tres mil caracteres (incluidos espacios) se desarrollaron 37 páginas de ideas: disensos, acuerdos, premisas y conclusiones, pistas para continuar el debate. Trataré de resumir (con perdón) esas ideas en los siguientes términos:

El llamado “Proceso de Regeneración Urbana” que impone el Municipio local puede y debe mejorarse: la discusión estriba en qué sentidos puede hacerse esa mejora y qué procedimientos nos conducen a la misma. Se tiene la intuición de que profundizar el modelo actual que el Municipio local impone no nos conducirá a esa mejora. En realidad, si se lo analiza en detalle, al modelo del Municipio local pueden formulársele no escasas críticas: por impedir la apropiación ciudadana del espacio público, por practicar mecanismos de exclusión social (al amparo de un imaginario de tintes racistas, hagámonos cargo), por cometer violaciones a las libertades individuales (en particular mediante la aplicación de un estrecho canon moral en las llamadas “zonas regeneradas” por parte de guardias con escasa instrucción), por provocar una ciudadanía con vocación de turista de su propia urbe (que tiene miedo a la libertad de asumirse como cabal ciudadano de la misma).

De todas esas críticas, el Municipio local nunca acusa recibo (la frase de Nebot, dicha cuando el asunto de los informales, es elocuente al respecto: “Yo digo, y si quieren, ustedes escuchan”). A pesar de que el Municipio local ostenta un discurso débil (el Alcalde nunca se ha molestado en definir los dos puntales de su discurso -la libertad y la autonomía- y evoca vagas ideas de trabajo y de progreso para salir al paso de toda crítica que se le formule) y que quienes defienden su gestión suelen esgrimir argumentos huecos, como el falso dilema entre el caos roldosista y el orden socialcristiano (en el discurso, el roldosismo opera como “terrorismo del ornato”) o el que deba defenderse el modelo local por oposición al Gobierno central, el modelo goza de una alta aceptación. El que, en general, la prensa calle y sea “generosa” con el Municipio local se relaciona con esa alta aceptación.

Ante este escenario, se destacó la importancia de implementar un modelo que promueva la inclusión social, el autogobierno colectivo y el respeto a las libertades individuales (mínimos de una sociedad democrática). Se relevaron ciertas ideas al respecto: iniciativas de presupuesto participativo y de silla vacía, implementación de legislación de cabildo abierto (la legislación colombiana es interesante a este respecto), discusión del estatus de las Zonas Regeneradas para que se imponga en éstas el mínimo posible de restricciones y sólo siempre que éstas sean estrictamente necesarias y racionales, mejor legislación en materia de derechos individuales (como el derecho de reunión, por ejemplo).

Decía Paz de la poesía que “no es un decir: es un hacer”. Yo creo otro tanto de la crítica, a partir de la cual mucho se puede construir. Hagámosle.

BSC: nuevo uniforme

15 de enero de 2009

De vuelta a los 80's y la honestidad brutal. La vuelta a los ochentas se manifiesta en el amarillo intenso y los vivos rojos de la camiseta; también en la barba que asoma en quien promociona este nuevo uniforme, que evoca una época en la que los pelos en la cara no eran extraños (barbado y con similar uniforme puede recordarse, por ejemplo, al zaguero uruguayo Alfredo de los Santos) como lo prueban la Campaña "Polaco" Escobar del Bestiario del Balón y la Cruzada Sergio Vásquez de En una baldosa. Más todavía, la honestidad brutal, que se revela en las cartas dispuestas para el juego y la apuesta, la cerveza espumosa y presta para el primer sorbo (que siempre es el mejor), en el nombre juguetón del auspiciante. El fondo marino como telón de fondo corona este aire festivo de un equipo que los últimos once años se ha encargado de levantar un cerro de copas (todititas llenas de alcohol) pero ninguna que alegre a su numerosa hinchada.
Joda aparte, que este año píllenos goleadores y háganos campeones. Una generación (no tanto la mía, que saboreó la gloria de los ochentas -y tanto la extraña) mucho lo necesita.

Mejor no hablar de ciertas cosas

14 de enero de 2009

Antier estábamos con una amiga piola en su oficina y queríamos escuchar música, ¿qué ponemos?, me pregunta. Reviso las carpetas de su computadora, ya está, respondo: Sumo. De inmediato empezó a sonar Mejor no hablar de ciertas cosas. El ambiente era cálido esa temprana noche.

He hecho pública mi devoción por Sumo y en particular por quien fue su vocalista, Luca Prodan (quien supo hacer carne esa potente frase de Jack London: "prefiero ser un fugaz y brillante meteoro que un lento y perezoso planeta"). Sumo es, de entre un amplio repertorio de posibilidades, mi grupo favorito del rock argento (y me pregunto, ¿quién me inoculó este delirio? ¿Acaso la Vero, quien loada sea, mañana viene de visita?). De allí que sin conocer su trabajo en El Vuelto S.A. y sin ser fanático de Las Pelotas, la muerte de Sokol me toca, me toca.

Porque ayer murió quien fue bajista y baterista de Sumo en su primera época y vocalista de Las Pelotas, Alejandro "El Bocha" Sokol, de un paro cardiorrespiratorio mientras esperaba en la terminal de Río Cuarto el micro que lo lleve a Buenos Aires. (Aquí, la nota de su deceso en Rolling Stone; acá, su última entrevista para esa revista.) De la muerte no puede predicarse nada con certeza: yo solo podría sugerir esta sentencia del gran Baruch de Spinoza: "el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte y toda su sabiduría es sabiduría de la vida" (Ética, 4ta parte, prop. LXVII). O para decirlo con palabras de Sumo: mejor no hablar de ciertas cosas. Solo acudir a la memoria y escuchar, volver a escuchar...

El Gato

11 de enero de 2009

“Lejos del palacio municipal hay una plaza llamada Victoria. De la Regeneración para acá, la plaza ganó una reja. Adentro, entre sus charcos de cemento con palmeras, sus bancos de hormigón y una glorieta, hay poca gente. Más gente hay del otro lado. Allí, en la vereda, deambulan vendedores. El Gato vende masajes: es un hombre de setenta años, con un maletín de cuero en el que ha pegado un cartel que reza: “Se soban toda clase de safaduras. Yo. El Gato”. Cuando la policía viene, El Gato da vuelta el maletín para ocultar las intenciones y entonces parece lo que es: un hombre pobre, encerrado del lado de afuera de una plaza enrejada”. Así concluye el reportaje “Guayaquil: La Regenerada” que sobre esta urbe tropical publicó Leila Guerriero en el diario La Nación de Argentina el domingo 2 de diciembre de 2007.

El reportaje de Guerriero es excelente (puede consultárselo, aquí): contiene una precisa descripción del llamado “proceso de regeneración urbana”, una entrevista al Alcalde Nebot y unas referencias a algunos de los críticos del llamado “proceso de regeneración urbana” (Xavier Andrade, Ramón Sonnenholzner, Tina Zerega). Entre los críticos, Xavier Andrade señala que “el simulacro es la clave de la regeneración urbana” y que “no se construye ciudadanía. Se construyen visitantes”; Ramón Sonnenholzner acentúa “que se ha sobredimensionado el logro estético y se ha olvidado el desarrollo humano, sanitario”. Tina Zerega, por su parte, sintoniza con esas críticas: “Los ciudadanos hemos convertido la ciudad en una vitrina a la que hay que observar, pero de la que no podemos apropiarnos”. La entrevista al Alcalde Nebot tampoco tiene pérdida: su énfasis en la pocilga anterior, el acento en el turismo actual (que incluye, por supuesto, a quienes habitamos en esta ciudad) y el que Guerriero lo haya pillado en una mentira porque Nebot afirma que las puertas que dividen la parte regenerada de Las Peñas de aquella que no lo está “nunca están cerradas” cuando en el curso del reportaje Guerriero comprueba, vía la explicación de un guardia privado, que las puertas sí se cierran durante un lapso de la noche. La razón que ofrece el guardia para mantenerlas cerradas es tan simple como elocuente: “Bueno, es para separar. Porque ésa es zona no regenerada”.

Pero la parte de este reportaje que no deja de impresionarme por su capacidad para sintetizar el significado del llamado “proceso de regeneración urbana” es la viñeta de El Gato. Que la plaza Victoria (ícono de la ciudad) ganó una reja, que el cemento y las palmeras, que el parque está desolado: ése es el espacio público (o lo que queda del mismo). Que El Gato vende un servicio, que oculta su oficio cuando la policía se le acerca, que este hecho lo convierte en “un hombre pobre, encerrado del lado de afuera de una plaza enrejada”: esa es la exclusión social. Que a pocos le interesa escucharla, que mejor brillan los oropeles: esa es la triste realidad.

P.S.- Dos fragmentos de la Sixtina Guayaca, de la que se habla en el reportaje de Guerriero ("me lo regalaron"). Arriba, el Alcalde Nebot le entrega un papiro que reza Más Ciudad a un efebo semidesnudo y una mozuela en pelota ostenta sus tetas. Abajo, Febres (no lo culpo) observa con sospecha esta escena de corte homoerótico y sensual.























Leo es lo más

9 de enero de 2009

El amigo colombiano Leonardo Reales me envió vía Caralibro unos cariñosos saludos de año nuevo y este vídeo. Lo conocí a Leo en un curso de derechos humanos que hicimos entre Lovaina, La Haya y Estrasburgo (con un fugaz tránsito por Luxemburgo) en el verano del 2006. Conservo de ese curso muy buenos amigos y muy gratos recuerdos. Uno de esos muy buenos amigos es el gran Leo y muchos de mis gratos recuerdos me los convoca el acordarme de cómo me hizo reír durante esas dos semanas. Leo se dedicó en su natal Santa Marta, años atrás, a hacer stand-up comedy en la tele local. Lo retomó en Estados Unidos (donde viajó para estudiar en Columbia) y ahora realiza funciones en New York. La última vez que lo vi, estaba yo en compañía de JC (alías “Noboa Maldini”) y compartimos los tres en su departamento en Queens un chingo de cervezas y un cerro de risas (en la foto, chino de risa). Leo es lo más, un tipazo con mucha energía y la mejor onda. Les cuelgo aquí el vídeo que me pasó. Saluz.


Kristotek

7 de enero de 2009

Ayer OZ, en su breve pero sustanciosa (en inteligente humor y opiniones) visita a Ecuador, nos refirió la anécdota de que anoticiado de la existencia de centros de esparcimiento con nombres religiosos (a saber, Buddha Bar y Ganesh en esta urbe tropical) contó, ante la que se convirtió de inmediato en azorada audiencia, su proyecto de crear una disco con motivos cristianos. Su broma horrorizó a los píos presentes en la reunión.

Ayer, a partir de su anécdota, flipamos con la idea de OZ: el imaginario cristiano (el católico, al menos, que es el que me lo conozco mejor porque lo padecí en mi infancia) da mucho para un bar temático. En principio, podría replicarse la entrada de Ganesh pero en clave cristiana: un Cristo de brazos abiertos que cuelgue del techo (no decidimos aún si su mirada debería ser dulce o doliente; acaso feroz). La carta tendría piqueos Eucarísticos y Apostólicos, platos tipo Cuerpo de Cristo, La Última Cena y Chorizos en Salsa de Lourdes; los cocktails tendrían nombres sugestivos como Parusía, Juicio Final, Evangelio de Juan (éste te pondría en trance místico deuan), Hijas de Lot (cachondería pura), Carro de Elías, Camino a Belén, etc. Tendría detalles tipo Andrés Carne de Res: así, el popote del Bloddy (Virgin) Mary tendrían una imagen de la Virgen María (Inmaculada since 1854) con guiño de ojo y teñida de rojo. La música sería un techno potente (¡aguante el punchis!) que un DJ apropiadamente vestido de so-cerdote tocaría desde un altar y la atención estaría a cargo de benditos y malditas, debidamente ataviados al efecto. Todo esto y más flipamos nosotros ayer y cuando andábamos en busca de un nombre, el Curro, habitúe de la palabra certera, sentenció que la disco se llamaría Kristotek: brindis y aclamación.

Dijo Cioran: las religiones son cruzadas contra el humor. Me temo que como flipaje de dos white russians de duración la idea nos divierte, pero como negocio no nos rendiría. La gente no sabe todavía disfrutar de una sana dosis de herejía (no en público al menos, las apariencias, blablá).

P.S.- En la foto, arriba: Curro, OZ, xaflag. Abajo: vodka tonic, gin tonic, white russian.

De vuelta (fútbol, bici, lector)

La vuelta de Cali deparó, entre tantas otras cosas, la recepción tardía de familiares regalos navideños. A la usual y siempre bienvenida porción de ropa y perfumes, se añadieron una botella de vino y cortesía de mamá… una pelota de fútbol.

Lo mejor de las navidades en la niñez son la sorpresa de los regalos y la satisfacción de recibir aquellos que se anhelan con particular devoción. Mi memoria registra felices ejemplos de esa sorpresa y esa satisfacción. De la sorpresa, la Navidad de mis seis años, en Playas, cuando mi mamá disfrazada de Papá Noel me entregó una bicicleta de spiderman (mi tía Marta me regaló un reloj-robot, que estalló en pedazos frente a mis ojos –un happening prematuro) con la que, paciente enseñanza de mi tío Óscar mediante y sobre la calle polvorosa en las afueras de la casita vieja –la casa de playa que mi abuelo situó frente al hipódromo Costa Azul, para mirar feliz y whisky en mano, las carreras de caballos- aprendí a conducir bici. De satisfacción, la Navidad de mis nueve años cuando mi mamá me regaló la pelota de fútbol del Mundial del ’86, la Azteca de Adidas, que tanto anhelaba para jugar fúbol en la cancha de cemento del Cristóbal, donde pasé tantas tardes de mi infancia (a despecho de mis deberes escolares). Súmesele a esos regalos navideños, el libro Las Aventuras de Tom Sawyer del entrañable Mark Twain que mi abuela me regaló un día cualquiera cuando tenía unos cinco o seis años en el departamento de Vélez y Boyacá donde vivía, que todavía conservo en mi biblioteca remendado por su hacendosa mano y que me inició en la condición (dicho sea a instancias de Borges) de la que más me enorgullezco, la de lector, y todos en conjunto son las tres actividades de las que más he sido devoto en mi vida: el fútbol (para jugarlo, verlo, discutirlo) la bicicleta (para recorrer cientos de kilómetros, en plan recreacional o funcional) y la lectura (para cultivar gustos sencillos y mente compleja). Sazónese estos tres con amigos, viajes y copas, y lo mejor de mi vida pasa allí.

Todo lo evoca esta pelota de fútbol, que aguarda estreno este sábado, ojalá en la playa pa' celebrar el inicio de temporada.

Cali(ente)

5 de enero de 2009

Trip it! Reventamos, tos' las noches reventamos. Neta.