Las lecciones de Mahuad

17 de mayo de 2018


Iba en mi carro por la calle Pedro Carbo, cuando lo veo a Jamil Mahuad en la que era la esquina de la casa de mis bisabuelos, donde ahora venden batidos, parado, como el vohue, con un batido de mango casi vacío en su mano derecha. Sudaba como suelen sudar los serranos en la costa: ostentosamente.

Bajé la ventana y le grité: “Jamil, suba, que tengo algodón de azúcar. Y aire acondicionado”.

No terminaba de decir “…nado” que ya estaba Mahuad abriendo la puerta de mi carro. Una vez sentado, puso su cara frente a la rejilla del aire acondicionado por unos segundos, refrescándose el ostentoso sudor, para luego exclamar:

- “¡Qué fresquiticidad!”
- “¿Fresquiticidad?”
- “Perdón, me emocioné”.

Me reí.

- “Antes que nada quiero que sepa, expresidente Mahuad, que siempre he deseado a usted la misma suerte que tuvo Alfaro.”
- “¿Que en el futuro me reconozcan los esfuerzos que hoy me niegan?”
- “No, morir incinerado por una turba.”

Hubo un silencio, que interrumpió un sorbo del batido. Calmo, Mahuad me dijo:

- “Deberías escucharme antes”.
- “Okey, hable”.
- “Te voy a explicar algo”, me dijo asumiendo un cierto tono profesoral, “que te ayudará a entender la situación en la que yo me encontraba”. Y añadió, no desprovisto de sorna: “Y tal vez te haga pensar que no merezco la muerte por el fuego, o la muerte del todo, o quizás, incluso, que merezca tu clemencia”.
- “Dígalo, Jamil”.
- “Mi explicación será práctica. Hazme el favor de respetar a rajatabla las leyes de tránsito. Cuando llegues a la intersección con la calle Clemente Ballén, detente en el semáforo y muévete únicamente cuando éste te lo indique”.

Llegué a la luz roja y la respeté. Algunos me pitaban para que aproveche y me mueva, porque había espacio delante. Varios me rebasaron por la derecha para ocuparlo. Total, cuando se puso en verde, el espacio para avanzar estaba bloqueado.

Mahuad habló:

- “Una primera observación: en este país, como puedes apreciar, el respeto a la legalidad es una desventaja. Esto explica a nuestra sociedad”.

Yo era el único que no avanzaba. Se puso de nuevo en rojo y no me moví. Los carros volvían a rebasarme por derecha y los que viraban desde Ballén bloqueaban la intersección. Era un caos.

- “Una segunda observación: hay reglas, los semáforos, pero no hay quién las haga cumplir. Y créeme, esto es muy común, hay demasiadas personas interesadas en que las reglas no se cumplan. Palabra de presidente.”

Iba a hacerle un comentario sobre su período de gobierno, cuando arremetió de nuevo:

- “Una tercera observación: si no ocupas un espacio, otro lo ocupará por ti. Esto explica a nuestra clase política”. 
- “¿A qué se refiere?”
- “A su canibalismo. Solo están preocupados en hacerse daños unos a otros, sin proyectos en común. Fíjate que su gran éxito en políticas públicas, que lo firmé yo, orillado por las circunstancias, es la dolarización. De todas las cosas hechas en decenas de años, es esto lo que quieren conservar. Pero, ¿qué es la dolarización? Es la renuncia a una de las facultades del Estado, la de dictar política monetaria. Es decir, lo que quieren conservar es la imposibilidad del ejercicio de una facultad, una que es normal y consustancial a todos los Estados del mundo. Y la quieren conservar, porque saben por experiencia que es mejor para este país ser incompetente que competente: sin competencia, no tienes la posibilidad de cagarla, lo que con competencia, invariablemente sucedería, porque esto es Ecuador. La dolarización no hace más que poner en evidencia que Ecuador es un país tan, pero tan pobre, que se celebra ser un subnormal”.

Me quedé sin palabras. Siempre había visto a la dolarización como una ventaja, no como la demostración de una celebración de la subnormalidad.

- “Ahora”, me dijo, “actúa normal. Como un guayaquileño al volante”

Hice lo que tenía que hacer. Atravesé mi carro, me impuse. No pasaron ni 20 segundos, un par de conductores a quienes corché reaccionaron un poco mal, pero normal, ya estaba del otro lado, casi a la altura de la agencia de CNT. En este punto, Mahuad volvió a intervenir:

- “La última observación: en este país, gana el que se impone. Todos sabemos que el juego está arreglado, pero la mayoría piensa que tiene cómo ganarlo, que tiene padrino, billete, fuerza, el cómo usar las mañas a su favor para imponerse. Eso es exactamente lo que tú acabas de hacer. Ganaste porque no respetaste las normas, porque fuiste como el resto, sin respeto a tu prójimo, sacando ventajas y aprovechándote de la impunidad. Eso es este tráfico, esta ciudad, este país”.

Las observaciones de Mahuad eran filosas. Pero no estaba dispuesto a darle la razón tan fácil.

- “Tu campaña decía ‘Sé lo qué hay que hacer y cómo hacerlo’. Y claramente no tuviste idea”.
- “Las circunstancias me sobrepasaron. Pero es lo normal en el Ecuador. Hoy estamos viviendo lo mismo con Moreno”.

Caí entonces: el Ecuador de finales del siglo pasado está de vuelta. La presidencia como un mojón en la marea de los poderes tribales y caníbales. Necesité a otro presidente que fue un mojón en la marea de los poderes tribales y caníbales para verlo claramente. Quise ahondar por allí:

- “¿Qué opina de Moreno?”
- “Meh.”
- “Moreno es una marioneta que le allana el camino al líder de los socialcristianos”.
- “Ah, esos fascistas de fachada democrática” dijo, y atacó a lo que quedaba del algodón de azúcar.
- “Epa, buena definición ahí, Majahuad”.

Me miró de reojo con el ceño fruncido cuando escuchó su apellido en versión original, pero relajó de inmediato. Lamió lo que quedaba en el palito del algodón de azúcar. Acto seguido, sorbió el resto del batido de mango. Se volteó a mí, y me preguntó:

- “¿Tú fumas marihuana?”
- “Sí señor.”
- “No me preguntes cómo lo sé, pero tómate uno de estos batidos de mango y fúmate un blunt tres horas después. Luego me lo agradeces.”
- “Es la cosa más rara y grata que me ha dicho un expresidente en 40 años. Gracias, presi.”

Mi imagen de Jamil Mahuad Witt ha cambiado en unos pocos minutos, en menos de dos cuadras de tránsito caotizado. Lo sentí como a un tipo a quien la historia le pasó por encima, más víctima que actor de un desastre, en un país compuesto por hordas de caníbales. Y en lo personal, lo sentí como a un fellow stoner. Un tipo que pasó por todas esas turbulencias, lotta ins, lotta outs, que ahora disfruta de las cosas sencillas de la vida. Del algodón de azúcar, de un café, de la amistad de Dussan Draskovic.

- “Aquí me bajo”, me dijo cuando llegamos a la intersección siguiente, con la calle Aguirre. “Tengo una cita para tomar café con Dussan en el Doral y ya voy tarde. No me había dado cuenta de la hora”.
- “Ha sido un gusto Jamil. No pensé que de querer quemarlo pasaría a querer quemar uno con usted”.
- “Gracias a ti por el algodón de azúcar y el aire acondicionado. Pero sobre todo por el aire acondicionado”.
- “¿Fresquiticidad?”
- “Fresquiticidad total”.

Nos reímos. Se botó del carro y empezó a caminar por la calle Aguirre rumbo al Doral.

Las ciclovías y el elefante

16 de mayo de 2018



La primera nota: “Guayaquil renuncia a las ciclovías” (11/abril/2018)

La nota pinta una realidad triste: la Alcaldía de Guayaquil proyectó 8 ciclovías, pero solo ejecutaron dos, una de ellas en el centro que “nunca fue respetada”. La nota describe que en la ciclovía de la calle Junín, en el centro, ahora se iba a construir una jardinera “que es como se lo ha aprobado por parte del alcalde”. Finalmente, se publica la opinión lapidaria del vocero de la Alcaldía: “en el centro de Guayaquil, por las condiciones de las calles y el clima no funciona una ciclovía”.

La segunda nota: “Ciclistas y alcaldes forman un solo equipo por las ciclovías” (10/mayo/2018)

Todo el escenario de desastre de la nota anterior, es decir, el incumplimiento de su propia planificación, la ineficacia de hacer cumplir lo ejecutado e incluso su regresión (la ciclovía de la calle Junín), además de la negativa de construir ciclovías en el centro, las conjuró la sola expresión del alcalde: “No hay problemas con el tema ciclovías”, para a continuación señalar que “por el momento debemos tener restricciones, no prohibiciones, en el centro”.

Desde los ciclistas, el problema es cualquier restricción a la circulación, en el centro o en cualquier otra parte. No porque no pueda haber restricciones a la circulación. Pero porque tienen que estar plenamente justificadas.

Y veamos esta justificación: según el redactor de esta nota, el alcalde ofreció lo que él llamó “razones técnicas”, que se reducían a esto:

“Evitar aportar al colapso del tránsito que ya se presenta en esta parte de la ciudad”.

¿Razones técnicas? JAJAJA. Reformulemos: el tráfico colapsa y se piensa “evitar” que se aporte a ese colapso a través de una restricción a la circulación de aquellos que podrían contribuir a evitar el colapso del tráfico: los ciclistas (claro, para ello se requiere planificación y otro modelo de desarrollo que priorice el interés general por encima del particular: ciencia ficción para el gobierno local). Estas “razones técnicas” del alcalde ven como problema a una posible solución, no ofrecen ni un dato, ni un estudio, ni nada, únicamente una restricción, propuesta frente a quienes serían sus destinatarios, que allí sentados debieron ser de cera porque no dijeron ni mú. Se ofrendó ante ellos una de las “razones técnicas” más pobres que una autoridad ha propuesto en el orbe occidental, pero la muchachada hurgó en el silencio.

Seamos claros: la medida que quiere imponer la Alcaldía es una vulneración a los derechos de los ciclistas, que pagan los platos rotos de la incompetencia de la Alcaldía en la planificación y en la ejecución de lo planificado.

No hay que ser ingenuos: esta reunión con los ciclistas fue un lavado de imagen, en un área en la que se han hecho las cosas muy mal, no de ahora, desde siempre, porque se avecinan tiempos electorales. Eso es todo. Y Mr. Hyde fue el cronista de este simulacro.

Conclusión: El elefante en la habitación.

El elefante en la habitación es que al alcalde le importa un pepino las ciclovías. No de ahora, desde siempre. Lo suyo son los vehículos a motor: ahí, en ello y alrededor de ello (calles, puentes, cemento) está el biyuyo. Cuando ha tenido oportunidades (financiamiento internacional, por ejemplo) para desarrollarlas, las ha desperdiciado. Cuando ha asumido la competencia del tránsito, no las ha vinculado a una planificación integral. Incluso cuando (aunque de manera deficiente) las ha implementado, luego ha dado marcha atrás (como lo mostró Expreso en la primera nota, cuando estaba Dr. Jekyll). Y la cereza de este pastel anti-ciclístico es la restricción que pretende ahora imponer a la circulación en el centro. 

Así es Ciudad Sainete, donde te pasan este elefante en la habitación como “un solo equipo por las ciclovías”. Y la verdad, no sé qué es peor: o los ciclistas que se han dejado, o el periodista que redactó ese adefesio.  

Cagada de Biblioteca


Fundada por Pedro Carbo en 1862, e iniciada su colección con 100 libros por él donados, la Biblioteca Municipal tiene una historia de 156 años. Entre sus directores cuenta con ilustres nombres como Alfredo Baquerizo Moreno, Camilo Destruge, Rosa Borja de Ycaza (primera bibliotecaria municipal y también directora de la Biblioteca Nacional en Quito). A día de hoy y desde 1992, su director es Melvin Hoyos, cuya mejor descripción es: 

“Un tipo que hace caca por doquier”.

Entonces, esta descripción que hace Mario Campaña de su experiencia como usuario de la Biblioteca Municipal, que cualquier otro usuario (de los pocos que vamos) puede atestiguar, permite atisbar la colosal cagada de biblioteca que se tiene en Guayaquil:

“la así llamada Biblioteca Municipal es una afrenta para la ciudad. Con eso le dejo claro mi impresión. Las salas están desoladas; no hay escritorios sino ¡ventanillas! -y ¡en medio de rejas de hierro!- para pedir libros. Da la  impresión no de un centro de lectura y conservación de libros sino de un reformatorio. Los libros no están expuestos a la vista y consulta de los visitantes. En mis visitas, siempre matutinas, nunca he visto un lector. No hay catálogos que se puedan examinar. La misma página web de la biblioteca provoca vergüenza: no se puede consultar allí nada, aparte de fotitos ridículas y unas “cartillas” en que se informa de personajes tan relevantes como Batman y Mickey Mouse, hágase una idea…”.

Lapidario.

Periodismo en loop

15 de mayo de 2018


Leyendo la “Historia de la Prensa de Guayaquil” de Camilo Destruge, uno se encuentra con este comentario del autor sobre la conducta del periodismo, hecha con ocasión de su análisis del periódico “El ecuatoriano del Guayas”:

“Frases llenas de encono, palabras duras, apóstrofes sangrientos, y hasta alusiones muy directas, muy claras, a la vida privada […] tal ha sido el procedimiento en todas las épocas de revolución, de lucha electoral, etc.; los adversarios se han destrozado por medio de la prensa, llegando en ocasiones hasta la ferocidad” (1).

Destruge analizaba un periódico de 1833, en un libro publicado en 1924, que se siente igual de apto para definir nuestro presente de 2018, casi 200 años y mucha tecnología después.

Ecuador es un incansable loop de malas ideas.

(1) Destruge, Camilo, ‘Historia de la Prensa de Guayaquil’, Tomo I, Corporación Editora Nacional, Segunda Edición, Quito, 1982, p. 124-125.

Metrovía, una vía al fracaso

14 de mayo de 2018

Es solo cuestión de mirar el mapa con las troncales de la Metrovía que publicó diario El Universo.

Las siete troncales, evidencia de un fracaso.

La Metrovía debió empezar en enero de 2005, pero empezó a funcionar (de manera parcial) en julio de 2006, casi con año y medio de retraso. Luego, las tres primeras troncales de la Metrovía debieron estar para el 2008, pero recién lo estuvieron el 2013, esto es, ya con cinco años de retraso (1). Para el 2015, según diario El Universo, debieron estar las siete troncales, pero hoy se mantienen apenas las tres que se completaron en el 2013. De la cuarta troncal, apenas se han removido tierras para su futura construcción (2). Las otras tres troncales, que son Puente Portete-Centro Urbano, Prosperina-Centro Urbano y Las Orquídeas-Centro Urbano, mejor no hablar. El alcalde ha decidido minimizarlas, como si eso sirviera para ocultar su fracaso (por increíble que parezca, en Guayaquil, eso sirve). Cuando en Radio Tropicana, María Fernanda Perrone le preguntó por estas tres troncales, el alcalde simplemente respondió que “las otras son muy chiquitas, las otras no son troncales” (¡?) (3). Y así esquivó el bache: el alcalde tiene la extraña manía de pasar sus mentiras de agache.

De hecho, los esquiva siempre. Cada miércoles, el alcalde repite una misma letanía y dice que en esta ciudad no hay una obra incumplida, ni atrasada, etc. Una sola palabra bastaría para conjurar su letanía: “Metrovía”. Apenas hay tres de las siete troncales y unas magras opciones de hacer una cuarta troncal y de las otras tres mejor que se pierdan todas las esperanzas. El ejemplo más claro de una obra incumplida y atrasada. Dicho con simplicidad: una obra fracasada.  

Pero es casi nulo el periodismo que se atreva a cuestionar en serio la mediocridad y los fracasos (la Metrovía, evidencia de uno de ellos) de la Alcaldía de nuestra ciudad. Menos aún lo hay en las entrevistas de los días miércoles, donde (salvo por la parcial excepción de Radio Tropicana) todos los periodistas parecen estar allí para satisfacer las necesidades de comunicación de la Alcaldía de Guayaquil.

O, lo que es lo mismo, para permitirle al alcalde que pase sus mentiras de agache.

(1) 'Metrovía, 2017', Xavier Flores Aguirre, 23 de enero de 2017.
(2) 'Compactan terreno donde operará troncal 4 del sistema Metrovía', Diario El Universo, 14 de febrero de 2018.

Olmedo y sus amigos contra los trolls del siglo XIX

13 de mayo de 2018


El propósito de garantizar la libertad y de reprimir los abusos está en la decisión del primer Cabildo que se celebró en el Guayaquil republicano, en noviembre de 1821, de aprobar un decreto represivo y de instituir una Junta Conservadora de la Libertad de Imprenta, pomposo nombre para un órgano dedicado a la restricción de la libertad de expresión. Los tres primeros jurados que conformaron dicha Junta fueron el sacerdote Pedro de Benavente cura vicario de la Iglesia Matriz, el comerciante Esteban José Amador y el doctor en jurisprudencia Manuel Roca.

El objeto conocido como “imprenta” era un reciente arribo al puerto de Guayaquil: el Procurador General de su Cabildo, Francisco María Roca, gestionó su adquisición con su amigo porteño (bonaerense) José de Sarratea, financista del ejército de San Martín. Por un regateado (aunque todavía excesivo) valor de 4.500 pesos y un cómodo sistema de pagos convenido entre estos hermanos masones, la novedad llegó a Guayaquil a fines de abril de 1821, año primero de la vida independiente de la ciudad, tras 286 de haber pertenecido al Reino de España sin imprenta ninguna.

El cronista del establecimiento de la imprenta en la ciudad, José Gabriel Pino Roca, dice que los bandos de ese primer año de vida independiente de Guayaquil, “adivinaron en la prensa, un arma poderosa de combate, y se lanzaron á ella; no para discutir serenamente la agregación de Guayaquil á uno ú otro Estado; mas, dejándose guiar por la pasión y la odiosidad, fatales consejeras, apelaron á la difamación para vencer al contrario” (1). Desde el principio de los tiempos, la descalificación por sobre el argumento.

La solución de aquel entonces, tomada en una Junta de Gobierno presidida por Olmedo, fue reglamentar el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, en el campo de los “manuscritos anónimos infamatorios”, y conformar un órgano de control para reprimir esta práctica.

El decreto que se fijó en los lugares públicos de Guayaquil fue el siguiente:

DECRETO

Siendo degradante para un pueblo que goza de la libertad de imprenta en toda la estensión [sic] que podía apetecer, el uso de manuscritos anónimos, y debiendo cerrarse esta senda oscura, en la cual puede la maledicencia ofender y calumniar más libremente, con la esperanza de la impunidad;

La Junta de Gobierno ha venido en decretar:

1.º A todo manuscrito anónimo infamatorio, se aplicará con más rigor la pena de los impresos.
2.º Las justicias ordinarias recogerán todo libelo manuscrito y harán la más prolija indagación de su autor.
3.º Todo individuo está obligado a entregar a las justicias, cualquier libelo manuscrito que llegue a sus manos, y a quien se le justifique no haberlo verificádo [sic], será responsable de su contenido.

Imprímase y publíquese.

Olmedo. Ximena. Roca.

Una decisión que se tomó contra los que escribían “anónimos infamatorios” que buscaban la calumnia impune: los trolls del siglo XIX.

(1) Pino Roca, J. Gabriel, ‘Establecimiento de la imprenta en Guayaquil’, Gutenberg, Guayaquil, 1906, p. 20.

Lawrence y el frío

12 de mayo de 2018


Vi una crítica a una foto de una destapada Jennifer Lawrence en el frío de Londres con cuatro actores varones debidamente cubiertos, que se supone que mostraba el machismo que habita en la industria del cine. Vi un titular en diario El País, pero no me tomé en serio la noticia y pasé de largo.



Horas después, la misma Jennifer Lawrence respondió al revuelo causado por la foto. Aseguró que la polémica era “ridícula” y que estaba “extremadamente ofendida” por los comentarios vertidos; que su vestido de Versace era “fabuloso” y que actúo en concordancia con esta simple premisa: “Estuve afuera por 5 minutos. Me habría parado en la nieve por ese vestido porque amo la moda y esa fue mi elección”. Y aclaró:

“Esto es sexista, esto es ridículo, esto no es feminismo. Sobreactuar acerca de todo lo que alguien dice o hace, creando controversia sobre tontas e inicuas cosas como lo que yo decido usar o no usar, no es movernos hacia delante. Es crear distracciones tontas de los temas importantes. Bájenle, gente. Todo lo que me ven usar es mi elección. Y si quiero estar en el frío, ESA TAMBIÉN ES MI ELECCIÓN”.

 
La buena intención de luchar contra la injusticia del machismo estructural ha llevado a sus celosos guardianes a cometer otra injusticia, precisamente contra la mujer a la que decían proteger del machismo estructural, quien resultó “extremadamente ofendida” por su celo. Me recordaron a la amante de los animales que viajó a Pamplona a proteger a los toros en un San Fermín y murió a consecuencia de una cornada. Es una buena intención que termina por arruinarse a sí misma y, en el camino, causar daño al objetivo que dice defender.

Melvin hace caca

11 de mayo de 2018


Esta entrevista es asombrosa.

Melvin Hoyos tiene más de un cuarto de siglo en el mismo cargo. Según dice Hoyos en la entrevista que le hizo Jessica Zambrano para diario El Telégrafo, “nadie ha hecho más por la cultura en el país que esta dirección y Alcaldía”. Tras veintiséis años de fatigar la infamia en la dirección de cultura del cantón Guayaquil, Hoyos teme que el relevo de su empleo podría “dejar a Guayaquil a la deriva” y afirma, textual: “A mí me da pena por mi ciudad porque me encantaría tener discípulos”.

Hoyos ensalza el trabajo de la dirección de cultura a su cargo, pero si ese trabajo fuera tan exitoso como él dice, ¿cómo se explica que la ausencia de una persona en un cargo implique el peligro de “dejar a Guayaquil a la deriva”? ¿Tan importante resulta Hoyos? Como si él fuera imprescindible, como si la cultura fuera a decaer en Guayaquil sin su augusta presencia. Si ese fuera el caso, entonces la administración de la cultura ha sido un fracaso, pues si toda la gestión cultural de una urbe de más de 2 millones de habitantes depende de la presencia de un único individuo (y de un mequetrefe como Hoyos, además) entonces no existe institucionalidad, ni políticas públicas, ni norte al cual referirse.

Pero es aún peor esta frase: “A mí me da pena por mi ciudad porque me encantaría tener discípulos”. Su explicación a esto ilustra cuán lamentable es Hoyos: “Miles de personas vienen a preguntar cosas. Cientos –baja la voz y agrega- pero ¿sabes cuánta gente se sostiene para preguntar cosas? Nadie”. Es decir que la exitosa gestión cultural de Guayaquil, en 26 años, no ha producido ni un discípulo, ni nadie que pueda “sostener” una pregunta. Y es así que este pelmazo, en vez de ser autocrítico y pensar que si en más de un cuarto de siglo en la dirección a su cargo no ha logrado ni un relevo, ni tan siquiera un discípulo, debería sentir pena por sí mismo (como el fracasado gestor cultural que es) y no por la “ciudad” a la que dice servir. Con una dosis pareja de prepotencia y cursilería, valga precisarlo.      

Melvin en su gagging mental: el pobre hace una afirmación que él mismo demuestra falsa en los dichos subsiguientes. Porque no puede nunca ser exitosa una gestión carente de institucionalidad y de políticas públicas, que no podría sobrevivir a la ausencia de un único funcionario y que no tiene discípulo alguno, ni tan siquiera un único ciudadano que pueda “sostener” una pregunta. Un pinche desastre.

Es así que en el tren de ideas de Melvin Hoyos expresado en esta entrevista, su explicación niega su afirmación. Pero él ni se da por enterado: es inocente, como un perro que se hace caca en la acera, y se aleja moviendo la colita.

Jurado y Jungbluth

10 de mayo de 2018


Los apellidos de los debutantes por Ecuador en los Juegos Olímpicos y en los Juegos Olímpicos de Invierno comienzan con jota: Jurado debutó en los Juegos Olímpicos de París en 1924 y Jungbluth en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang en 2018. Esta es una coincidencia.

Y esta es otra: ambos debutantes quedaron casi últimos. Jurado quedó sexto entre siete en salto alto (1) y Jungbluth terminó 112 entre 119 inscritos en la competencia de esquí cross-country. Y esto de no subir al podio es una tradición olímpica de la delegación ecuatoriana, sólo rota por J. Pérez en dos oportunidades. 

(1) Jurado compitió también en los 100 metros planos (en su debut absoluto, el 6 de julio de 1924) y quedó de último. También compitieron en estos Juegos Olímpicos dos atletas serranos (Jarrín y Villacís) que no terminaron sus pruebas. El resultado de salto alto de Jurado fue lo más granado de esta aventura parisina. Sus participantes obtuvieron para ella 6.000 sucres dados por el Presidente de la República de aquel entonces, José Luis Tamayo. Los serranos compraron en París los zapatos equivocados y, por ello (al menos así lo reportó el cónsul del Ecuador, Luis Barberis), no pudieron completar sus competencias, v. ‘Ecuador en París 1924’. Otro caso de mal uso de recursos públicos, inveterada tradición nacional, antes y después de 1924.

"Ciete"

9 de mayo de 2018


La Superintendencia de Control del Poder de Mercado es un órgano de la administración pública, sancionador, cuyo propósito es buscar la eficiencia y la transparencia de los mercados del Ecuador. Tiene sede, ¿cómo no?, en Quito. Emite resoluciones en las que sanciona a empresas como El Rosado, Interagua y Nestlé, con multas que pueden alcanzar los millones de dólares (a CONECEL le clavaron 82, por ejemplo) y con otras medidas correctivas.

El caso es que el 15 de junio de 2017, esta Superintendencia dictó una resolución con la que obligó a Nestlé a pagar 157.807,26 por concepto de multa y en la transcripción de esta cifra escribió la palabra “Ciete”. Tanto fue el bochorno y la desazón al interior de la Comisión de Resolución de Primera Instancia de la Superintendencia, que este órgano volvió a reunirse cinco días después para dictar una aclaración a su anterior resolución, en la que escuetamente advirtieron que se había “deslizado un lapsus clavis” en la del 15, que el guarismo al que se referían era, lógicamente, el “siete”.

Qué atentos. Aguante la Súper.

La FEF, un pelado sabido

8 de mayo de 2018


Como dice Ricardo Vasconcellos, la FEF vive una suerte de “minusvalía moral”. El anterior jefe de la FEF fue preso, pero el resto de su equipo se mantiene intacto en el poder. Es asombroso como en Ecuador se naturaliza la corrupción, porque no hay nadie tan gil (creo) como para poder creerse que TODA la corrupción que durante la larguísima dirección de Luis “Delincuente” Chiriboga sucedió en la FEF, fue obra de un solo hombre, a espaldas de todos los demás, todos ellos inocentes. TODA la corrupción, a manos de una ÚNICA persona. Ya condenada, pasamos la página, a otra cosa.

Es que hay que ser un imbécil para creérselo.

Pero tal vez haya que serlo aún más para diseñar la estrategia jurídica de la FEF. El que reemplazó a Luis “Delincuente” Chiriboga fue Carlos “Medidas Sustitutivas” Villacís, quien no se va preso porque es demasiado viejo para eso. La razón por la que merecería la cárcel es por su manejo opaco e irregular de los derechos de TV. Cuando la justicia le ordenó a la FEF que haga un nuevo concurso, la FEF cumplió, pero a su manera.

La belleza de la estrategia jurídica de la FEF radicó en su simplicidad: cumplió con hacer el nuevo concurso que la justicia le ordenó que haga, nada más que lo hizo para una fecha distinta. Para el año 2028.

La FEF quiso pasarse de sabida pero no hubo quien se tragara semejante rueda de molino. Y de pasarse de sabida, pasó la FEF a hacerse mucho la cojuda. En el juicio que le siguen a Carlos “Medidas Sustitutivas” Villacís por el desacato a la orden judicial (porque su forma chambona de cumplir la orden equivalió a eso), la defensa jurídica que esgrimió fue que se cumplió con lo ordenado “según sus convicciones y el asesoramiento que ha tenido pero de forma diferente a lo que el juez aspiraba”.

Ma-dre-de-Dios.

¿Dónde aprendieron derecho los abogados de la FEF? ¿Leyendo cómics?

En resumen: la FEF ha actuado como un peladito sabido, que comete travesuras y luego busca evadirse de su responsabilidad con argumentos dignos de un mundo de fantasía. Y que, increíblemente y contra todo asomo de sentido común, esperaba ganar.

Eso, en una caricatura de un niño de 6 años como Calvin, es entendible.


Pero en profesionales del derecho, es una auténtica vergüenza. Eso sí, justo es precisarlo, resulta una condigna defensa para un elenco de “minusválidos morales”, que es (poco más o menos) lo que representa la FEF por estos días.

El presidente y los ratones

7 de mayo de 2018


Ah, las drogas: unas sustancias que si legalizadas, se abarataría su precio de forma sustancial pero también se perderían las “oportunidades de negocio” en las sombras que es lo que mueve miles de millones de dólares, con precios artificialmente altos. El negocio entonces es no legalizarla y mantener los precios altos, que es lo que permite que florezca un lucrativo y muy violento negocio. Los otros días, Óscar del Brutto lo explicó en nuestra prensa pituca (toda una rareza).

En Ecuador, so pretexto de ahorrar, se ha tomado una decisión anti-técnica en el combate a las drogas. A través del Decreto No 376 que adoptó este 23 de abril el presidente Lenin Moreno, esta autoridad eliminó la Secretaría Técnica de Drogas, que era la encargada (entre otras cosas) de la destrucción de la droga que se incauta, para pasarle esta responsabilidad al Ministerio del Interior, que de esta manera se convierte en juez y parte de la destrucción de la droga que él incauta. Esta situación es preocupante, advierte un experto en seguridad que entrevistó diario Expreso, porque:

“Lo que se recomienda internacionalmente para evitar cualquier caso de corrupción o cualquier irregularidad, es que no sea el mismo ente el que incauta y el que la analiza y destruye. Más aún en Ecuador, donde las cifras de captura no han coincidido nunca con las de destrucción de droga” (1).

En pocas palabras, con esta reforma anti-técnica el gobierno del presidente Moreno está creando una “oportunidad de negocio” para que a la droga incautada se la “coman los ratones”, o alguna otra variante de la corrupción, nada extraña en un país sustancialmente corrupto en el que “nunca” ha coincidido la cantidad de droga incautada con la cantidad de droga destruida. Nunca: es decir, se trata de un país con muchos ratones. 

Y un presidente que, inadvertidamente, les ofrece queso.

(1) ‘Causa recelo que Interior sea juez y parte al custodiar droga’, Diario Expreso (Sara España), 7 de mayo de 2018.

La cruzada de Borrero


Antonio Borrero Cortázar fue el primer azuayo que ocupó la Presidencia de la República, el primero de los malditos.

Elegido en octubre de 1875, tras el magnicidio de Gabriel García Moreno, Borrero enfrentó en septiembre de 1876 un levantamiento de su Jefe Militar en Guayaquil, Ignacio de Veintemilla. El Presidente Borrero resistía el asalto: el 13 de ese mes, publicó una proclama dirigida a los ecuatorianos a fin de salvar la Patria “defendiendo al Gobierno que ella ha creado, y no la hundáis en el abismo de males sin cuento”.

En esa proclama, Borrero planteó el asalto al poder de Veintemilla en términos de una defensa de la religión en un pueblo de católicos. El morlaco apuntó que la rebelión de Veintemilla “no es sino un desquiciamiento del orden religioso, social y político que hoy impera en el Ecuador. Los que niegan la Divinidad de Jesucristo, los que aseguran que el pueblo es más soberano que Dios, los que piden el matrimonio civil, son los que han buscado, como instrumento torpe y ciego, a un Jefe desleal”, por lo que exhortó a sus conciudadanos: “Si vosotros sois, como nadie podrá dudarlo, un pueblo de hombres religiosos, defended a vuestro Dios combatiendo el ateísmo”. Y arengó, asimismo, a sus soldados para que no entronicen la dictadura “porque levantar la de un hombre que no presenta ningún principio, ninguna idea, ningún derecho, es un crimen de Lesa Patria” (1).

La rebelión de Veintemilla triunfó y fue el Presidente que más tiempo gobernó de manera continua (1876-1883) hasta la aparición de Rafael Correa en el siglo XXI.

A Antonio Borrero le pasó lo que al esposo de la cigarra: se lo fumaron. Su arenga religiosa valió Espíritu Santo (paloma).

(1) ‘Proclama del 13 de septiembre de 1876 de Antonio Borrero, Presidente de la República del Ecuador, a los ecuatorianos’, en: “Historia del Ecuador”, Salvat Editores Ecuatoriana, Vol. 6, Barcelona, 1980, p. 123.

Marcha cannábica y prensa pituca

6 de mayo de 2018


Diario El Universo es la señora pituca de la prensa de Guayaquil. La construcción de su noticia sobre la “marcha promarihuana” que publicó el día de hoy es un ejemplo de su defensa del orden burgués y de la forma cómo narra a quienes lo desafían (obviamente, en su acotada visión del mundo, los integrantes de la “marcha promarihauana”).


Eso es todo. Una nota de cinco párrafos, que se titula, con tono amarillista, “Dos retenidos y disturbios en marcha promarihuana en Guayaquil”. El redactor de la noticia es tan perezoso que escribe “Los asistentes indicaron que estas marchas se realizan…” en vez de él hacer un trabajo de investigación sobre ellas y darse cuenta de su alcance mundial. Nunca hay un interés en explicar el propósito de la marcha, como no sea con una cita anónima (no textual) que dice que lo que se busca es “la implantación de marihuana para evitar que persista el narcotráfico” (?) y su promoción “como método curativo a enfermedades”. Nuevamente, la explicación de un contexto del porqué se marcha está fuera de rango para nuestra señora pituca de la prensa y su redactor perezoso.

Pero lo peor está por venir: la señora pituca que es El Universo narra la represión policial de manera gozosa: cuenta que la Policía “retiró a los asistentes”, pero no explica nunca lo que anunció en su título, la suerte de los “dos retenidos” por la policía. Es lo de siempre: en la narrativa de la violencia policial en Guayaquil, El Universo la suele contar como si de un hecho de la naturaleza se tratara, como si ello debía pasar y punto, sin necesidad jamás de averiguar sus consecuencias. De los “retenidos” por la Policía no sabemos nada. Más bien, tenemos la justificación que da nuestra señora pituca: “además, los transeúntes se sentían atemorizados por los consumidores”.

Porque sin redondear su nota con algo de reefer madness y paranoia, El Universo no habría sido todo lo señora pituca que puede ser, y que invariablemente, es.
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Fray Domingo de Soria, M.D.


Desde 1786, la ciudad de Guayaquil empezó a pertenecer al obispado de Cuenca (creado por Pío VI), que era a su vez un obispado sufragáneo de la arquidiócesis de Lima. En 1790, quien fuera el primer obispo de Cuenca, José Carrión y Marfil, visitó Guayaquil y, en ella, el hospital “Santa Catalina mártir”. La administración de esta casa asistencial se encontraba a cargo de fray Domingo de Soria de los religiosos de San Juan de Dios desde el año de N. S. de 1758.

Cuenta Federico González Suárez en su “Historia general de la República del Ecuador” que el obispo Carrión encontró “el Hospital muy descuidado”, de manera tal que…

“… reprendió acremente al hermano Soria, por el desaseo de la casa y el mal servicio a los enfermos; cerró la iglesia al culto público, puso por capellán un clérigo y, deseando que el establecimiento mejorara, quitó a los frailes el manejo de las rentas y lo confió al Cabildo secular de la ciudad” (1).  

De esta manera fue relevado Fray Domingo de Soria de la administración del hospital “Santa Catalina mártir” por el obispo Carrión. Soria había ocupado ese puesto por 32 años y lo más asombroso era que “el hermano Domingo Soria era a la vez el Superior y el médico de la casa”. No duró mucho sin ejercer estos cargos, pues Soria protestó por su destitución al Consejo de Indias, que terminó por restituir al fray y a la vez “doctor” Soria a su puesto en el hospital “Santa Catalina mártir”. Esto motivó un escueto comentario de González Suárez: “Había ocasiones en que el Consejo de Indias atendía más a la conservación del patronato, que a los derechos de la justicia”.

Con el paso de los años, este hospital “Santa Catalina mártir” pasó a ser el hospital “Luis Vernaza”, hoy administrado por la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

(1) González Suárez, Federico, ‘Historia general de la República del Ecuador’, Tomo Quinto, capítulo noveno, p. 412-414 (el resaltado no es del original).

¡Ataja, Cevallos!

5 de mayo de 2018


Al presidente de mi club, lo apoyo 100% en su lucha contra la Liga de Rachito y sus Amiguitos. Al gobernador de mi provincia, en este caso que voy a narrar, lo apoyo 0%. Esos extremos confluyen en una misma persona: “Payaso sin maquillaje”. Avatares de cumplir doble función.

Sucede que en este año 2018 se han realizado en Guayaquil 17 llamadas falsas que decían que se había puesto una bomba que nunca hubo. Es un hecho terrible, la mentira y la pérdida de tiempo, pero no tanto como para que el gobernador “Las manos del Ecuador” piense que alguien deba irse a la cárcel por trece años, por ese solo hecho. Es una infracción, sí, desafortunada y todo, pero trece años por algo que no causó ningún daño real como no sea una pérdida de tiempo, resulta tremendamente exagerado. Es equipararlo a los casos más extremos de tortura y de turismo sexual, por ejemplo, que en sus versiones agravadas se sancionan también con trece años. Es considerarlo más grave que un caso de muerte causada por un conductor borracho, que se sanciona con menos años de cárcel.

Porque el acusado de “tentativa de terrorismo”, según el gobernador Cevallos y otros altos funcionarios de seguridad, podría ser condenado a trece largos años de “rehabilitación” del grave delito (¡?) de haber llamado por teléfono, hecho el chistoso.

Es notoria la desproporción, es patente la ridiculez.

¡Ataja, Cevallos! Piensa lo que haces Gober, para que no valgas Gaver.
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