¿Manuela Culea?

4 de mayo de 2018


En el libro Historia secreta de Costaguana del colombiano Juan Gabriel Vásquez se puede leer lo siguiente:

“Doña Manuela Sáenz, quiteña de nacimiento, ha dejado a su legítimo (y aburridísimo) esposo, un tal James o Jaime Thorne; en 1822, el Libertador Simón Bolívar hace su entrada triunfal en Quito; poco después, ídem en Manuela. Se trata de una mujer extraordinaria: es diestra sobre un caballo y magnífica con las armas, y durante la gesta de la Independencia Bolívar logra comprobarlo en carne propia: Manuela monta tan bien como tira. Pesimista ante la condena social, Bolívar le escribe: “Nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor”. Manuela le responde llegando sin anunciarse a su casa y mostrándole, a golpe de cadera, lo que opina de los auspicios. Y el 25 de septiembre de 1828, mientras el Libertador y su Libertadora gozan de múltiples Libertinajes, en el lecho presidencial de esa Colombia incipiente, un grupo de conspiradores envidiosos –generales de muchos soles cuyas mujeres ni montan ni tiran- deciden que aquel coitus quedará interruptus: intentan asesinar a Bolívar. Con la ayuda de Manuela, Simón da un salto, escapa por la ventana y va a esconderse debajo de un puente” (1).

El inmenso, bolsapayasesco mérito de Manuela fue tener un pubis no angelical de acuerdo con los estándares de la época que le tocó en suerte vivir. En esa época circuló este romance sobre su relación libertina al cuadrado:

Bolívar, enhiesta espada
“Manuela, vendrás conmigo.”
“Simón, tu espada yo sigo
Mi vaina, bien aceitada.” (2)

Más que Sáenz, nuestra lúbrica Manuela debería renombrarse como esta estrella de la TV de los años ochenta:

A-team
 
Le haría justicia a su fogosa actividad por el Libertador y por la Independencia.

Es eso, o leer bodrios como éste. Cuya única representación gráfica puede ser:


(1) Vásquez, Juan Gabriel, ‘Historia secreta de Costaguana’, Penguin, Bogotá, 2017 [Primera edición 2007], p. 48.
(2) Ídem, p. 51.

La singularidad Cuvi

3 de mayo de 2018

El caso de Hamilton Cuvi es singular: para empezar, es el único en el top ten de goleadores del fútbol ecuatoriano cuya carrera fue mayoritariamente hecha en equipos de la costa que NO fueron ni Barcelona ni Emelec. Cuvi jugó en Audaz Octubrino de Machala, 9 de octubre, Filanbanco, Valdez S.C. de Miracle City, Liga de Portoviejo, S.D. Aucas y Delfín. En total marcó 147 dianas (69 de ellas durante su paso por el extinto Filanbanco) las que lo ubican en un muy honroso 6to puesto en la tabla histórica de goleadores del campeonato nacional de fútbol ecuatoriano.

Fuente
 
En este top ten de goleadores, Cuvi no es el único que nunca salió campeón, pues comparte esta distinción negativa con el argentino (nacionalizado ecuatoriano) Ángel Luis Tano Liciardi, quien fue goleador en cuatro campeonatos (1972, 1974, 1975, 1976, récord único) pero jamás campeón. En lo que sí resulta único Hamilton “El flexible” Cuvi es en que jamás jugó en un equipo que, alguna vez, haya quedado campeón. Todos los demás en el top ten de goleadores jugaron cuando menos en El Nacional (la mayoría), o en Emelec, Barcelona, Liga (Q), el Cuenquita, o en el fundido Taxi.

De hecho, con la excepción de la S.D. Aucas y del Delfín en la serie A, el resto de los equipos en que jugó Cuvi, o juegan en primera B (como Liga de Portoviejo), o en segunda (como 9 de octubre) o, de plano, ya ni existen, como es el caso de Filanbanco y del Valdez de Milagro, que terminó por extinguirse ya entrada la década de los noventa.

Estos antecedentes hacen refulgir esos 147 goles del Flexible Cuvi en la Serie A, anotados todos ellos en equipos de medio pelo. 

Nacer dos veces

2 de mayo de 2018

En el muy agradable libro Alfredito, Alfredito de autoría del periodista argentino Jorge Barraza se recoge el episodio histórico de la clasificación del Perú al Mundial de México 1970 por su empate a dos en La Bombonera contra Argentina. Sucedió el 31 de agosto de 1969; los dos goles de la selección peruana fueron obra del puntero del Sport Boys, Oswaldo Cachito Ramírez.

En el artículo dedicado a esta gesta, Barraza describe dos escenas de gran caballerosidad, tal vez impensables al día de hoy. La primera, que en una premiación de la revista El Gráfico a fines de 1969, el seleccionado y capitán argentino, Silvio Marzolini, le entregó a Héctor Chumpitaz, capitán de la selección peruana, una distinción a la que acompañó de las siguientes palabras: “Perder la clasificación ante Perú fue una amargura muy grande, pero me considero un buen perdedor y creo que Perú nos eliminó bien. Por eso, al entregarle este trofeo a Chumpitaz, le deseo al equipo peruano la mejor de las suertes en México”.

En el mundo exitista del fútbol actual, “me considero un buen perdedor” es anatema.

El segundo episodio de caballerosidad fue la palinodia que motu propio escribió el periodista peruano Paco Landa, quien había escrito antes del partido de su selección: “Perú jugará con diez frente a Argentina; Didí decidió alinear a Ramírez”. Después de los dos goles de Cachito Ramírez y la clasificación gloriosa, Landa escribió una columna a la que tituló: “Perdona, Cachito”. Así empezaba: “¡Perdona “Cachito”! Perdona a nombre de quiénes no creíamos en tu efectividad. Yo también estuve entre ellos”. Y así concluía: “Arrollaste todo a tu paso y ni la matonería vestida de celeste y blanco fue suficiente freno a tu codicia. Todo lo desbordaste, todo sistema se vino abajo ante tu ímpetu. ¡Una vez más, perdona “Cachito”!”.

Al día de hoy, lo habitual es que los comentaristas deportivos digan cualquier huevada, con total impunidad, sin retractarse jamás. En Ecuador, esa es la norma.

Pero esas eran otras épocas. Y ese fue un partido especial. Tanto, que los goles del puntero del Sport Boys, Cachito Ramírez, “hicieron explotar de orgullo a una nación entera como nunca”, y para el mismo Cachito, ese día fue un parteaguas. Por eso, el artículo de Barraza se tituló “Nací dos veces en mi vida” y empieza con la voz en primera persona de Oswaldo Ramírez, Cachito, chalaco de nación: “Yo nací dos veces en mi vida: una el 28 de marzo de 1947 en el Callao, la otra el 31 de agosto del ‘69 en La Bombonera”. 

¡Feliz aniversario, ORVE HOGAR!

1 de mayo de 2018


Un año. Es increíble lo que hemos vivido juntos.

Para describirlo, porque soy cuidadoso, me voy a atener a lo que dice la ley. De acuerdo con la Ley Orgánica de Regulación y Control del Poder de Mercado, se considera que unas aseveraciones son denigratorias cuando puedan menoscabar el crédito de una empresa en el mercado, a no ser que dichas aseveraciones “sean exactas, verdaderas y pertinentes”. La pertinencia de mis aseveraciones es por nuestro aniversario. La verdad y la exactitud de los hechos es lo que cuento a continuación:

Hace un año compré una refrigeradora en Orve Hogar y todavía esta empresa no me la entrega. Yo pagué mi parte el 1ro de mayo de 2017, pero Orve Hogar, un año después, aún no ha cumplido con la suya.

Y eso que no era difícil hacer bien las cosas. Como resulta que Orve Hogar terminó por no tener la refrigeradora que le compré, Orve Hogar me ofreció, o devolverme el dinero, o una refrigeradora de inferior calidad sin costo adicional, o una refrigeradora mejor que la que pagué (apenas la siguiente versión de la misma marca) pero pagándole casi 300 dólares más. Ya dice.


¿Por qué tendría uno que soportar la incompetencia de una tienda que vende electrodomésticos? Si ellos no tienen lo que yo les he pagado, las consecuencias de su incompetencia la tienen que soportar ellos, no el consumidor.

Demandé. Primero ante la Defensoría del Pueblo, luego ante un Juez de Contravenciones. Orve Hogar perdió en las dos ocasiones. El Juez le dio un plazo para que me entregue la refrigeradora, que ya está vencido. A Orve Hogar no le importa nada. No solo irrespeta a los consumidores, también irrespeta las decisiones de la justicia (a la audiencia en el Juzgado envió a un abogado que ni sabía los hechos del caso, el pobre).

Por estos días, salvo que en un súbito arranque de responsabilidad Orve Hogar me entregue la refrigeradora, el Juez ordenará la retención, secuestro o embargo de sus bienes para darme lo que me corresponde. El peso de la ley.

Lo único que puedo animarme a recomendar, a partir de esta experiencia, es NUNCA VAYAN A ORVE HOGAR. ESE LUGAR APESTA.

El sainete


En Amador’s, planta baja, el noticiero pasó un video de un Alcalde de Guayaquil enojado, en plan “El pueblo soy yo”. 

- “Es cosa de asombro”, dijo un tipo que llevaba una sopa marinera a medio talle, “que se diga que la voluntad de uno encarna la voluntad de toda una ciudad”.
- “Lo realmente asombroso es que esa persona no viva siquiera en la ciudad que dice representar”, terció un morocho que se empujaba una guata.
- “Eso no es nada”, aclaró una mancita que esperaba que Periquito le despache un chupe, pues era viernes. “Asombroso es que viva fuera de la ciudad que dice representar, en una isla privada, en ciudadela cerrada, rodeado de guardias privados y de robaburros”.
- “Esos son los arrabales del asombro” espetó un abogado que tenía la corbata sumergida en una cazuela de camarones y aún no se daba cuenta. “Lo realmente asombroso es que a pesar de vivir fuera de la ciudad, en una isla privada y segregada, ese millonario sea el ídolo de los pobres de la ciudad”.
- “Eso es verdak”, dijo un señor con pinta de Ñaño Lelo, que se sacaba un moco después de comerse el último de los patacones de un ceviche mixto y a quien la gente confundía con León Roldós, “pero no es la historia en su totalidak. La curiosidak es que el Alcalde haya surgido del sector de la construcción y que durante su gestión haya usado a la Alcaldía para beneficiar a ese sector empresarial en un claro ejemplo de capitalismo de amigos, a pesar de lo cual este millonario que vive fuera de la ciudak en una isla privada y segregada es el ídolo de los pobres y encarna la voluntak de toda la ciudak. Allí la figura está redonda y lo asombroso se muestra en toda su complejidak”.

Se hizo un grave silencio. El señor con pinta de Ñaño Lelo se levantó para pagarle a doña Yoconda y mostró su cédula. Sí era León Roldós. Pagó justo, tomó unos caramelos y se fue.

La gente se quedó pensativa (incluido el fiel Periquito) después de este último comentario. A pesar de la exquisitez desmesurada de sus platos, se posó en el ambiente la impresión triste de estar viviendo menos en una ciudad, que en un sainete.

La barbarie, hoy como siempre

27 de agosto de 2017


Fiodor Dostoievski en ‘Recuerdos de la casa de los muertos’ escribió que “el grado de civilización de una sociedad puede juzgarse por el estado de sus prisiones”. Juzgado así, en el territorio que se convirtió en la malhadada República del Ecuador jamás hemos conocido otra cosa que un estado de barbarie.

El Tomo V de la ‘Historia General de la República del Ecuador’ de Federico González Suárez describe la situación de las cárceles durante el período colonial:

“En las cárceles no había sistema alguno penitenciario bien establecido; el preso estaba encerrado en calabozos inmundos, sin luz ni aire sano, cuando era pobre y pertenecía a las clases obreras de la sociedad; si pertenecía a la nobleza, se le proporcionaban cuantas comodidades deseaba durante los días de su encarcelamiento”.

Tales distinciones odiosas en la colonia siguen existiendo en la actualidad (v. ‘Cárcel 4’, donde suelen ir los pillos de alto coturno). Y continúa el padrecito González:

“Las cárceles eran lugares donde los culpables vivían atormentados, pero de donde no podían salir nunca corregidos ni enmendados; antes, podían adquirir vicios con los cuales no habían estado manchados. La pena de azotes y la de trabajos forzados no se imponían a los nobles. Ordinariamente la justicia, muy benigna con los españoles nacidos en la Península, era severa con los mestizos y los indios, y tolerante con los españoles americanos”.

Esta “pigmentocracia de la justicia” continúa vigente, en un país en el que el racismo está tan naturalizado que muy rara vez se lo discute.

Es la barbarie, hoy como siempre.

El papel de cojudo

26 de agosto de 2017


Hay varios momentos notables en la intervención del legislador socialcristiano Jaime Nebot el 1 de septiembre de 1990 (en particular, debido al nivel cosaco de su consumo de alcohol), como cuando advirtió a su audiencia que él tenía que miccionar sobre la humanidad del legislador socialista Víctor Granda (aquel célebre “no puedo pegarte, tengo que mearte”). Pero su momento cumbre es cuando el legislador socialista Enrique Ayala Mora lo acusa de no saber debatir, mientras los socialistas (según decía Ayala Mora) sí que sabían. 

Matraca lo puteó de lo lindo:

“¿Qué socialismo, mamarracho? Vestido de frac, con pipa y tabaco inglés… ¡cojudo!”.

A la voz de “¡cojudo!”, todo el Congreso Nacional se cagó de la risa. De inmediato, la basureada de Nebot surtió efecto: Ayala Mora se pintó de colores. De ahí en más, no dijo ni pío.

 
Para las elecciones de febrero de 2017, el cojudo de 1990 se lanzó de candidato a asambleísta por su provincia (Imbabura) y fungió de co-ideario de quien lo había basureado años atrás (?). Así, una vez más se confirmó la ingeniosa frase de Charles Dudley Warner, “la política hace extraños compañeros de cama”.

Por cierto que para estas elecciones de 2017 Ayala Mora cambió el frac, la pipa y el tabaco inglés por un chaleco rojo y un eslogan que afirmaba que los socialistas eran más buenos que las fritadas de Imbabura (?). Ayala perdió la elección, y es probable que con esta derrota se apee de manera definitiva de la política. De aquí en más, probablemente, ya no dirá ni pío.

Es tentador decir, dados sus antecedentes, que esto le pasó a Ayala por “cojudo” (established since 1990).

Democracia sin demócratas

24 de agosto de 2017


Formalmente, la República del Ecuador es una democracia (así dicen su Constitución, sus leyes y la periódica organización de elecciones). Pero de fondo, Ecuador carece de lo fundamental para ser una democracia, pues le faltan los demócratas. Y le faltan, creo, por dos razones fundamentales: primero, por nuestros ciudadanos; segundo, por nuestro periodismo.

En cuanto a los ciudadanos, el ecuatoriano no suele tener valores democráticos en su interacción con los demás. Somos un país donde suele imperar la desconfianza mutua, la intolerancia y la corrupción. Con gente así curtida, la democracia se torna casi imposible.

Y en cuanto al periodismo, se supone que tiene la responsabilidad de crear una ciudadanía informada, que es un pilar de la democracia. Pero su rol en Ecuador se ha reducido casi en exclusiva a la manipulación en función de sus intereses económicos, lo que implica desde la alteración de la verdad hasta la omisión de datos sustanciales para comprenderla. Nuestro periodismo es principalmente mercenario; únicamente de manera accidental, resulta informativo.

En resumidas cuentas: ciudadanía y periodismo son dos lastres que impiden que la democracia prospere en el Ecuador. Seguimos siendo, como decía Jorge Luis Borges, una sociedad dedicada a “una versión latinoamericana de la política: conspirar, mentir e imponerse”.

Un whisky para espantar al diablo

23 de agosto de 2017


Cuando el fenómeno de El Niño del año 1899/1900 (1) destruyó varios kilómetros de línea férrea, Archer Harman se dirigió con preocupación al general Eloy Alfaro:

Harman: “¿Y ahora, qué hacemos, general?”
Alfaro: “Primero, don Archer, tomemos un trago de whisky para espantar al diablo, luego veremos qué hacer” (2).

Descontando que el diablo no existe, su respuesta es la de un hombre sabio. No en vano partió en dos la historia de este país mal hecho.

(1) Desde el invierno de 1899/1900 se consideran fenómenos de El Niño “muy fuertes” a los sucedidos en esos años y en 1940/1941, 1982/1983 y 1997/1998.
(2) Karl Dieter Gartelmann, ‘Nariz del diablo y monstruo negro’, Tramaediciones, Quito, 2008, p. 107.

Una pandilla de gamberros

22 de agosto de 2017

Como dice esta veterana, con razón:


Primera parte: la ignorancia de la ley

El 11 de enero de 2017 lo entrevistaron al Alcalde de Guayaquil en radio Sucre y le preguntaron por la caída de la cruz de la Catedral. El Alcalde respondió que la competencia de patrimonio cultural consiste en…

“…cuidar, en velar, en autorizar, en incentivar al cuidado de los bienes patrimoniales. No en pagar las reparaciones y el cuidado de los bienes patrimoniales que son de terceros, de personas particulares, o en este caso, de la curia. En el caso de los bienes municipales, por supuesto que tenemos que pagar y hacer mantenimiento, edificación, traslado, etcétera…”.
  
Ya por aquí el Alcalde de Guayaquil empieza mal. La competencia de cuidado patrimonial demanda mucho más de una autoridad municipal responsable: “las facultades de rectoría local, planificación local, regulación local, control local y gestión local” (Art. 9).

Pero se pone peor.

Segunda parte: la mentira sobre sus propios actos

El 11 de agosto de 2017, la Alcaldía de Guayaquil publicó el siguiente comunicado, a raíz de su pretendida demolición de la casa patrimonial de Imbabura y Panamá:


En este comunicado se incrusta una crasa mentira en su punto 5: la Alcaldía de Guayaquil afirma que expropió la casa esquinera de las calles Imbabura y Panamá “para construir el Teatrino”. Esto es falso. La Alcaldía de Guayaquil expropió esa casa, en principio, para construir el “Museo del Cacao”. Incluso su “fan enamorada” ha advertido que la construcción del “Museo del Cacao” fue el propósito original de la expropiación.

Pero se pone todavía peor.

Tercera parte: la Alcaldía de Guayaquil contra todos

Pasaron los años y la Alcaldía de Guayaquil olvidó su proyecto original del “Museo del Cacao”. Su interés ahora es demoler la casa para trasladar unas partes de ella (“chapas y rejas”) a otro lado y construir allí un “Teatrino”. Y para demolerlo, la Alcaldía pretende actuar a lo gamberro, pues según su director de Justicia y Vigilancia, Xavier Narváez, procederían a demolerlo “lo más pronto posible, sin esperar respuesta del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural”. Es decir, la Alcaldía pretende actuar contra la ley.

Pero no solo eso: la Alcaldía pretende actuar en contra de la voluntad de la ciudadanía organizada de Guayaquil (sí, la abúlica ciudadanía guayaquileña se ha organizado en defensa de nuestro patrimonio). Por las redes, circula un vídeo en el que se exponen muchas de nuestras razones para evitar la demolición del inmueble de Panamá e Imbabura:


La Alcaldía, NS/NC.

Conclusión

El saldo es lamentable: la Alcaldía de Guayaquil ignora sus obligaciones legales, miente sobre sus verdaderas intenciones y pretende actuar contra la ley y contra la voluntad de los ciudadanos de la ciudad que administra.

Es asombroso que esta pandilla de gamberros siga en el poder en Guayaquil.

Metrovía: el tamaño de su mediocridad

20 de agosto de 2017


A fines del 2015, un usuario describió lo que se vive en la Metrovía:

Esto, cuando el pasaje costaba todavía 25 centavos. Subió el precio, pero su servicio sigue igual de malo.

El servicio de la Metrovía sigue siendo igual de mediocre a lo descrito por este usuario. Y se pone peor.

A efectos de formarnos criterio, abandonemos por un momento el conformismo (que cuenta en Jazmín con una de sus más altas exponentes) imperante en los habitantes de Guayaquil para calificar a la Metrovía (1), para entrar a compararla con los demás sistemas de Bus Rapid Transit (BRT) del mundo. El Bus Rapid Transit Standard califica en oro, plata y bronce el desempeño de los BRT a nivel mundial. Y en este contexto, la muy mediocre Metrovía de Guayaquil nunca ha dejado de ser lo más bajo en esta escala: “bronce”.

Antes de que algún acomplejado diga que el “oro” es el patrimonio de los BRT europeos, que se sepa que nada más en la vecina Colombia, el Transmilenio de Bogotá y el Metroplús de Medellín reciben “oro” por sus sistemas BRT. La diferencia entre estos BRT colombianos y el BRT de Guayaquil (alías, “la Metrovía”) está en una mejor administración de los recursos, sujeta a una inteligente planificación.  

Porque en Guayaquil, la planificación fracasó. Piénsese en el siguiente dato: el día que se inauguró la Metrovía, 29 de julio de 2006, el alcalde de Guayaquil anunció que las primeras tres troncales de este sistema BRT iban a estar listas para el año 2008. Resultó una mentira colosal: recién en febrero del 2013 entraron a funcionar las tres troncales que entonces se ofrecieron.


Y se pone incluso peor: en la que fue su planificación, la Alcaldía de Guayaquil pretendía que para el año 2020 la Metrovía iba a contar con un total de siete troncales. Con casi diez años de retraso, todavía está en la lucha por empezar la cuarta. Y de las otras tres, mejor olvídense (2).

Tal es el tamaño de su mediocridad.

(1) En mi opinión, el guayaquileño tiene anestesiado el sentido crítico sobre lo que sucede en su ciudad: ‘Guayaquil y la crítica’.
(2) En una entrevista radial, le preguntaron a Nebot por las siete troncales de la Metrovía. Dijo que las otras tres troncales “son muy chiquitas”. JAJAJA (¡cómo vende humo este pibe!).

Así, cualquiera

19 de agosto de 2017


El siguiente episodio de enero refleja muy bien la forma cómo la Alcaldía de Guayaquil sobrevive a su propia incompetencia.

*

En la que fue su segunda entrevista radial de los miércoles este año 2017, el alcalde Jaime Nebot debía ofrecer una explicación por la caída de la cruz de la Catedral, en razón de que el Municipio de Guayaquil debió haber autorizado y controlado esta intervención (tal es su obligación legal: Resolución No 0004-CNC-2015, Arts. 9-14). La restauración de la Catedral fue realizada de forma pública (hubo cierre de calles, sobrevuelo de helicópteros, notas de prensa) pero el Municipio fue incapaz de ejercer sus obligaciones legales. La consecuencia de ello fue el aparatoso fracaso de la restauración.

El alcalde Nebot escogió a una comparsa ideal para la transmisión de sus ideas: radio Sucre, de propiedad del exconcejal del PSC Vicente Arroba Ditto. Él le formuló una primera pregunta al alcalde, que concluyó con las siguientes palabras: “Los padrecitos dicen que el Municipio tenía que realizar ese trabajo”. En este punto, Nebot empieza a REÍRSE y sus dos entrevistadores lo secundan en la risotada. En medio de estas risas, es que Nebot empezó su respuesta. Fue cualquiera. Véanlo ustedes mismos:


Arroba Ditto y el otro fulano sentado a su lado no estaban allí para hacer periodismo, eso de ninguna manera. Su función era la de ser meras comparsas de cualquier cosa que el alcalde Jaime Nebot quiera decir, sin jamás incomodarlo ni cuestionarlo.

A un periodismo como aquel no se le ocurrirá jamás preguntarle al alcalde Nebot cosas como, por ejemplo: ¿Por qué si el Municipio de Guayaquil está obligado a la rectoría, planificación, regulación y control y gestión del patrimonio cultural y arquitectónico en su jurisdicción, no actúa en concordancia con sus obligaciones legales? ¿Por qué no dicta las ordenanzas a las que lo obliga la ley? ¿Por qué no crea la institución de control que debe crear para controlar la gestión de lo patrimonial en el cantón?

En vista de los últimos sucesos, estas preguntas se hacen cada vez más urgentes.

*

Porque tengámoslo claro: es este tipo de periodismo servil al poder político e irresponsable frente a los ciudadanos, como el practicado por radio Sucre en esta entrevista que reseño, el que permite que el patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad se destruya.

Y es por este tipo de mal periodismo, generalizado en Guayaquil, que la Alcaldía de nuestra ciudad, aunque irresponsable, queda siempre impune. Así, cualquiera.

Bonil y Guayaquil

Para alguien tan crítico como el caricaturista Bonil (a quien muchas veces he celebrado por su ingenio) resulta realmente asombroso su silencio sobre lo que pasa en Guayaquil.

Es llamativo, en particular, porque Bonil dibuja para un periódico de Guayaquil. La ciudad registra numerosos problemas (tantas cosas por dibujar) pero sobre estos Bonil jamás se ha pronunciado. Ni un pinche trazo. Su sentido crítico se anula cuando de Guayaquil se trata.

My educated guess: Bonil no tiene un pelo de tonto y sabe que las cosas en Guayaquil no funcionan tan bien como lo dice la propaganda oficial, pero el diario en que él publica (diario El Universo) tiene el estatus de fan enamorada de la Alcaldía de Guayaquil. Supongo, entonces, que esto es lo que encorseta su sentido crítico, al punto de anularlo.

Lo que es una verdadera lástima, porque la Alcaldía de Guayaquil y sus torpezas son una fuente inagotable de humor.  

El laicismo de Alfonso Reece

17 de agosto de 2017


Unos días atrás, Alfonso Reece Dousdebés expuso en una columna de opinión de diario El Universo su postura liberal, de la que hice un contrapunto. Esta vez, expuso en su columna su postura sobre el laicismo.

Reece defiende en su artículo la idea de un Estado que, de manera general, debe abstenerse de intervenir en materia de libertad de religión. Es necesario apuntar que, en estricto rigor, Reece no suscribe todo tipo de abstención estatal, pues entiende que el Estado debe intervenir para impedir los casos de una “manifestación hostil contra una religión”.

*

Coincido con Reece en que el Estado tiene que intervenir, pero creo que el rol del Estado debe ser distinto a intervenir para silenciar un discurso, por muy “hostil contra una religión” que pueda parecer (1). Creo, como Owen Fiss, que la razón del Estado para intervenir “no es tanto el interés de los individuos por expresarse, sino el interés de la audiencia –la ciudadanía- por escuchar un debate pleno y abierto de los asuntos de importancia pública” (2).

Reece puede considerar que la obra del colectivo boliviano Mujeres creando “Milagroso altar blasfemo” es un bodrio. Es una apreciación irrelevante: de gustibus non est dispuntandum. Lo clave es comprender si el colectivo Mujeres creando está hablando en su obra de “asuntos de importancia pública”. 

Un análisis de esta obra se publicó en Cartón Piedra, escrito por José Miguel Cabrera. Si lo leen, verán que los temas abordados en la obra “Milagroso altar blasfemo” merecen considerarse como “de importancia pública” pues como lo explica Cabrera, el discurso de este colectivo es “a favor de la igualdad, en contra de los femicidios o del aborto clandestino y en defensa del derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos” (3).

Un Estado comprometido con la libertad de expresión debe fomentar este tipo de debates, pues su actuación debe basarse en la idea de que “la protección del discurso público –que asegure que el público escuche todo lo que debe escuchar- es un fin permisible del Estado” (4).

*

En resumidas cuentas: las ideas de Alfonso Reece sobre el liberalismo y el laicismo producen un “efecto silenciador” para la libertad de expresión. Eso es precisamente lo que Owen Fiss se propone evitar con su idea de la “protección del discurso público”, pues la expresión de ideas sobre asuntos de importancia pública debe prevalecer (salvo los casos de discursos de odio) por sobre la sensibilidad ofendida de los creyentes de una religión.

Por supuesto, se debe ser muy cuidadoso en cómo se construye este rol estatal de intervención del Estado para la “protección del discurso público”. Pero una cosa es segura: esta intervención es, sin duda, mejor alternativa que tener un Estado con un rol silenciador como el que propone Reece en estos dos artículos.

(1) Con la obvia excepción de los discursos de odio.

Washington Herrera (Naipe Centralista)

14 de agosto de 2017



La definición de “economista estatista” del Naipe Centralista, con foto. A pesar de su redacción deficiente, la frase “Cuando cayo [sic] el muro de Berlin [sic], lloro [sic] amargamente y nunca se repuso”, es joya.