Un momento de humor, a cargo del fiscal Vanegas

4 de febrero de 2009

La noticia "Hector Vanegas aceptó propuesta del Prian por identificación y esoterismo" que colgó la ciberpágina de Radio Centro es muy chistosa.

Muchos lo querían de candidato a este singular y ensombrerado personaje; pero fue la llamada de Álvaro Noboa, quien "le comunico que las bases y la dirigencia habían pensado en su nombre y aquello fue lo que le decidió porque se encuentra 'muy identificado con las causas del PRIAN'". Esa llamada, y el que en las propias palabras de Vanegas "como yo creo mucho en el sistema cabalístico, soy muy esotérico (era día domingo, era la hora nona, las tres de la tarde) resolví en ese momento aceptar la candidatura".

Yo todavía no sé qué es mas chistoso: el suponer que en esa prolongación de los deseos de su dueño que es el PRIAN las bases y la dirigencia pensaron algo en conjunto, el indagar las causas que este Eliot Ness criollo comparte con un partido cuya ideologia son los caprichos de su líder o el que la cábala sea la que termine por persuadirlo de aceptar una candidatura. Las primeras dos cosas son mentiras piadosas que se cuentan para adornar un discurso pobre, pero lo de la cábala sí es real: por eso mismo debería preocuparnos. Me pregunto si las providencias que emite este sujeto reciben el sabroso estimulo intelectual de sus coincidencias cabalísticas o el honesto ejercicio de razonar un Código. Ummmm, el mundo es cualquiera.



PS.- Un vídeo de nuestro (involuntario) comediante y candidato (casi me olvido de precisarlo) a Prefecto de la amputada Guayitas el Mapa.

No solo lo ilegible sucede

3 de febrero de 2009

Ayer pasé por casa de mi abuela en el sofocante centro de esta urbe tropical. No estaba mi abuela; estaba, sí, Macuchín (hermana de mi abuela: para todos los efectos, una abuela más). Me senté a leer El Universo en la mecedora que solía ocupar mi abuelo: comprobé que ese diario en su edición de ayer pareció existir solo para casi confirmar aquella frase de Oscar Wilde de que solo lo ilegible sucede. Casi: porque comentamos con Macuchín una noticia que publicó ese diario que nos probó que no solo lo ilegible sucede: también lo tendencioso.

Lo que la redacción de la nota “Lara acusa a Herrera de tener ‘relaciones ilícitas’” hace con el nombre del Sr. Pablo Arosemena Mármol (a quien no tengo el placer o displacer de conocer) tiene nombre: se llama tendenciosidad. La historia que intenta contarnos la nota es el siguiente: en los ochentas Pablo Arosemena Mármol “fue parte de la banda de Reynaldo Zamora, alias El Rey, acusado de cometer asaltos a vehículos blindados de transporte, bancos, joyerías, tráfico de autos usados y asesinatos a policías”. Arosemena, a la fecha de hoy, es gerente del bróker de seguros Armusa y mantuvo reuniones con Óscar Herrera en el Palacio de Carondelet el 30 de enero y el 14 de febrero de 2007 (según los registros de ingresos de la Casa Militar de la Presidencia de la República). Óscar Herrera era entonces asesor de la Secretaría de la Administración Pública; a partir de mayo de 2007 fue designado Director de la Unidad Técnica de Asesoramiento de Seguros de la Presidencia de la República. Según una investigación de la Comisión de Fiscalización del Congreso (dirigida entonces por Ramses Torres del PK) el bróker de seguros Armusa fue una de las 19 empresas seleccionadas por la Unidad Técnica sin concurso previo y que luego se recomendaron a 19 instituciones públicas para su contratación. El diario cita la opinión de Galo Lara: “Herrara tiene una ‘relación ilícita con este sujeto de alta peligrosidad’, refiriéndose a Arosemena". En el recuadro, el diario publica: “Banda. Reynaldo Zamora, alias El Rey, fue conocido por sus actividades ilícitas de la década de los ochenta. EE.UU. Fue encarcelado en el 2004, tras ser deportado desde Estados Unidos, donde también estuvo detenido por liderar una banda de antisociales latinos”.



La historia intenta contarnos un supuesto acto de corrupción, a saber: el que Arosemena se reunió con Herrera (en circunstancias en que éste ocupa un cargo distinto a aquel que luego ocuparía para cometer el supuesto acto de corrupción) para cabildear que el bróker que éste gerencia se lo seleccione sin concurso previo y se recomiende su contratación a instituciones públicas. No hace falta ningún asomo de brillante inteligencia para percibir lo endeble (por ausencia de explicación en la relación causal, por falta de detalle en la naturaleza de esa selección y esa recomendación) de esta línea argumentativa. Pero eso no es lo grave (eso, en realidad, es moneda común en la prensa ecuatoriana). Lo grave es que se afirme en la versión digital* que Arosemena participó en una banda de delincuentes que lideró Reynado El Rey Zamora, acusada de cinco graves delitos que no tienen relación alguna con el supuesto acto de corrupción actual y sobre cuya participación el diario no nos presenta prueba alguna y, más todavía, que este hecho se enfatice en el titular (que se hace eco de una opinión de Galo Lara) y en el recuadro, donde se destaca una breve reseña de El Rey Zamora, personaje perfectamente accesorio a esta historia como no sea para contribuir a la misma con una tendenciosidad que no la merece ningún texto periodístico que sea digno de tomarse en serio.

Pablo Arosemena Mármol tiene el derecho de reclamar su derecho de rectificación a diario El Universo (artículo 66 numeral 7 de la Constitución –en términos del “derecho de toda persona agraviada por informaciones sin pruebas o inexactas, emitidas por medios de comunicación social, a la correspondiente rectificación, réplica o respuesta, en forma inmediata, obligatoria y gratuita, en el mismo especio…” y artículo 14 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos). Y el redactor de esta nota y el editor del diario, la obligación moral de ejercer mejor su oficio. No puede constituir un trabajo muy difícil hacerlo mejor que esta redacción salvo que, en efecto, no se lo quiera hacer así.

* La versión en prensa hacía referencia a un informe que elaboró la policía en los ochentas. Así tal cual, solo un informe: no un proceso, una sentencia judicial o algún otro elemento de juicio que permita corroborar el contenido de un informe del que se desconoce en qué términos y contextos fue escrito. O sea, de todas maneras, alipori.

P.S.- Con el permiso de mi compadrito Juan Pablo Toral cuélgoles una de sus obras para matizar estas líneas.

De Rocafuerte a Ferrajoli

1 de febrero de 2009

El 24 de marzo de 1835 Vicente Rocafuerte, en calidad de Jefe Supremo de la Nación, le dirigió una carta al General Juan José Flores en la que declaró que “algún día hemos de empezar la época de las reformas, y hablar a los pueblos con hechos, y no entretenerlos con promesas que después no se cumplen nunca”. En otra carta Rocafuerte le razonó a Flores el porqué convenía “no tocar en mucho tiempo” el tributo indígena a pesar de admitirle que eliminarlo era “principio de justicia” (4 de marzo) y en otra lo persuadió de la necesidad de ejercer “un rigor que toque en crueldad para sofocar el espíritu anárquico” y “una firmeza que inspire terror” para conservar la tranquilidad pública (17 de marzo). Estas citas, extraídas de un solo mes de un copioso epistolario, acaso resumen el ideario político del siglo XIX: economía feudal, sociedad de matriz colonial y práctica política exclusiva de salones y cuarteles, cuyas autoridades, digámoslo con palabras de Jorge Luis Borges, “se dedicaban a conspirar, mentir e imponerse" sin posibilidad para otros actores de exigirles enmienda alguna.

Ese era el diseño institucional del siglo XIX: ese diseño cambió en el siglo XX. La irrupción de nuevos actores en la escena política provocó inéditas exigencias que condujeron a la consagración de nuevos derechos cuyo cumplimiento (en teoría) podía exigírselo a la autoridad. Esos nuevos derechos fueron los derechos sociales y la Constitución ecuatoriana que empezó a reconocerlos fue la de 1929. Desde aquel entonces (casi son 80 años) el reconocimiento de los derechos en las cartas constitucionales, incluidos los derechos sociales, se ha incrementado de manera notable: son las constituciones del ’98 y del 2008 las más generosas en la consagración de los mismos. Un decenio demoró la Constitución del ’98 para probarnos el abismo entre la teoría y la realidad. La que entró en vigor en octubre del 2008 no puede repetir ese error.

Seré redundante: la única garantía que tenemos para que evitemos repetirlo son las garantías. Lo diré con palabras del jurista italiano Luigi Ferrajoli: “una Constitución puede ser avanzadísima por los principios y derechos que sanciona y, sin embargo, no pasar de ser un pedazo de papel si carece de técnicas coercitivas –es decir, garantías- que permitan el control y la neutralización del poder y del derecho ilegítimo”. La Constitución actual ofrece un amplio, luminoso elenco de garantías constitucionales (artículos 84-94). Ferrajoli está consciente que “habrá que distinguir siempre entre el modelo constitucional y el funcionam2iento efectivo del sistema”, esto es, entre la teoría y la realidad. También nosotros debemos estar conscientes que la única manera de salvar ese abismo entre la teoría y la realidad es mediante el ejercicio constante e incisivo de esas garantías constitucionales; más todavía, debemos estar conscientes de que esa inmensa tarea nos corresponde a los ciudadanos, quienes hoy tenemos las herramientas para que esas promesas que otrora nos entretenían, ahora las hagamos cumplir."





Naturaleza y ecolatría

25 de enero de 2009

La discusión sobre la ley minera ofrece muchas miradas críticas. Una de esas miradas puede posarse sobre el contenido de la preocupación que algunos actores de esa discusión tienen por la conservación de la naturaleza. Grosso modo, la ética medioambiental tiene dos grandes paradigmas al respecto: el primero, el “conservacionismo”, que postula que la preservación del medioambiente tiene sentido si y solo si supone un valor instrumental para el ser humano; el segundo, el “preservacionismo”, que postula que existen razones para preservar la naturaleza aunque ese hecho carezca de valor instrumental para los seres humanos.

Tengo la intuición de que muchos actores (acaso sin ser conscientes de ello) postulan el segundo paradigma que refiero. Tengo también la convicción de que este segundo paradigma no revela un interés ecologista sino una devoción “ecólatra”: una suerte de adoración de la naturaleza, fronteriza con lo místico o lo religioso. En lo personal, no tengo nada que criticarle a esa postura “ecólatra” que un particular suscriba (tan respetable como cualquier otra postura o adoración) salvo, por supuesto, que ese particular (o ese colectivo de particulares) pretenda imponernos a los otros su ecolatría mediante la aplicación de una ley o de una política pública. (Dicho en limpio: cada quien es libre de adorar a la Pachamama, pero en el ámbito público nadie puede imponernos su adoración, ni de la Pachamama ni de ninguna otra deidad, por muy buena o muy chida que le parezca al creyente en la misma).

Es evidente que preocuparse por el medioambiente es una preocupación legítima y también urgente: sobran los motivos para abrazarla. Me parece igualmente evidente que esa razonable preocupación tiene que relacionarse con la conveniencia humana. El concepto de “desarrollo sostenible” (introducido por primera vez en 1980 en un documento de la International Union for the Conservation of the Nature) que puede definirse, en palabras de Pablo de Lora, como el “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras” las que “tendrían un derecho a recibir ese legado” (aunque aclaro que el lenguaje de los derechos no es el adecuado para referirse a este tema porque para ser sujeto de derechos –esto es evidente- primero hay que ser sujeto, y las generaciones futuras no lo son) es útil para definir esa humana conveniencia. Una conveniencia que, por supuesto, no supone no intervenir de ninguna manera en la naturaleza (ecólatra aspiración de algunos) sino de intervenir en ella de manera responsable. Si quien interviene en la naturaleza (sea un minero artesanal o una empresa transnacional) nos ofrece garantías de que las necesidades de las generaciones futuras no se comprometerán con su intervención, desde el ámbito público, no habría nada que objetarle a aquella intervención.

En definitiva: el derecho a adorar a la Pachamama no implica la obligación para otros de adorarla. Nuestra obligación para con el medioambiente se cumple con el respeto al “desarrollo sostenible”. Basta y sobra.

UCSG, mala cosa

23 de enero de 2009

El amigo Héctor Chiriboga, a instancias de esta nota de prensa que publicó Diario El Universo el domingo 18 de enero, publicó esta columna en su espacio como firma ancla de Diario El Telégrafo. La columna parte de los últimos sucesos acaecidos en la elección del Presidente de la Asociación Escuela de Derecho de la Universidad Católica (AEDUC) para derivar en un análisis de la situación actual de la UCSG. Lo hace en los siguientes precisos términos:

“Cuando se piensa la U como una empresa y los criterios son financieros, considerando a los estudiantes como clientes a los que hay que satisfacer para que sientan que todo es fácil y rápido, se producen distorsiones en lo laboral y académico; cuando las cosas realmente importantes no se debaten desde las instancias con mayor representatividad, involucrando a los estudiantes, sino que, por el contrario, se prohíbe las discusiones y cuando la universidad se involucra sin problema en las “causas cívicas”, pero se horroriza porque algunos de sus estudiantes están con el partido contrario, entonces ellos observan el doblez del discurso, y lo aprenden; cuando no sólo se permite que algunos estudiantes agredan al Presidente de la República y profesores, sino que además se los protege, entonces no deben causar sorpresa las balas y agresiones como formas del debate político”.

Este párrafo de Chiriboga es tan preciso como revelador: el afán crematístico por sobre el aval académico, la mucha autocracia y la poca autocrítica, el sesgo y el oportunismo políticos son algunas de las adoquinadas rutas que nos conducen a este debacle académico e institucional de la UCSG. El papá de mi carnaval Curro Toral solía decir cuando algo andaba mal, uh, mala cosa. El buen y sapiente George falleció hará casi tres años: yo le heredé esa frase, que utilizo a menudo y que bien vale para la situación actual de esta pobre UCSG, mala cosa. Pero es que, de veras, no menos puede esperarse de hacer las cosas tan mal, eh.

De excepciones y de festejos

22 de enero de 2009

Este martes 20 fue un día excepcional en toda la regla (no “la excepción que prueba la regla” no sea uste’ tonto. Si es del caso, lea la voz “excepción” del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce para desasnarse). Excepcional, porque asumió la Presidencia de los Estados Unidos de América un hombre a quien puede crecerle un afro (el gráfico adjunto evidencia esa singularidad) y sobre quien se tiene altas expectativas.


Excepcional también porque el idiota profundo de Bush (aquel que dijo que “para la NASA el espacio aún es alta prioridad” o “la gran mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país” –lo que en definitiva es peccata minuta porque lo peor de él es su condición de criminal y de aliado de criminales) abandonó la Presidencia de EE.UU. Obvio, el mundo está de fiesta.





¡A festejar!

Felinas reflexiones

18 de enero de 2009

La entrada “El Gato” provocó muchos e interesantes comentarios. Me impresiona cómo a partir de poco más de tres mil caracteres (incluidos espacios) se desarrollaron 37 páginas de ideas: disensos, acuerdos, premisas y conclusiones, pistas para continuar el debate. Trataré de resumir (con perdón) esas ideas en los siguientes términos:

El llamado “Proceso de Regeneración Urbana” que impone el Municipio local puede y debe mejorarse: la discusión estriba en qué sentidos puede hacerse esa mejora y qué procedimientos nos conducen a la misma. Se tiene la intuición de que profundizar el modelo actual que el Municipio local impone no nos conducirá a esa mejora. En realidad, si se lo analiza en detalle, al modelo del Municipio local pueden formulársele no escasas críticas: por impedir la apropiación ciudadana del espacio público, por practicar mecanismos de exclusión social (al amparo de un imaginario de tintes racistas, hagámonos cargo), por cometer violaciones a las libertades individuales (en particular mediante la aplicación de un estrecho canon moral en las llamadas “zonas regeneradas” por parte de guardias con escasa instrucción), por provocar una ciudadanía con vocación de turista de su propia urbe (que tiene miedo a la libertad de asumirse como cabal ciudadano de la misma).

De todas esas críticas, el Municipio local nunca acusa recibo (la frase de Nebot, dicha cuando el asunto de los informales, es elocuente al respecto: “Yo digo, y si quieren, ustedes escuchan”). A pesar de que el Municipio local ostenta un discurso débil (el Alcalde nunca se ha molestado en definir los dos puntales de su discurso -la libertad y la autonomía- y evoca vagas ideas de trabajo y de progreso para salir al paso de toda crítica que se le formule) y que quienes defienden su gestión suelen esgrimir argumentos huecos, como el falso dilema entre el caos roldosista y el orden socialcristiano (en el discurso, el roldosismo opera como “terrorismo del ornato”) o el que deba defenderse el modelo local por oposición al Gobierno central, el modelo goza de una alta aceptación. El que, en general, la prensa calle y sea “generosa” con el Municipio local se relaciona con esa alta aceptación.

Ante este escenario, se destacó la importancia de implementar un modelo que promueva la inclusión social, el autogobierno colectivo y el respeto a las libertades individuales (mínimos de una sociedad democrática). Se relevaron ciertas ideas al respecto: iniciativas de presupuesto participativo y de silla vacía, implementación de legislación de cabildo abierto (la legislación colombiana es interesante a este respecto), discusión del estatus de las Zonas Regeneradas para que se imponga en éstas el mínimo posible de restricciones y sólo siempre que éstas sean estrictamente necesarias y racionales, mejor legislación en materia de derechos individuales (como el derecho de reunión, por ejemplo).

Decía Paz de la poesía que “no es un decir: es un hacer”. Yo creo otro tanto de la crítica, a partir de la cual mucho se puede construir. Hagámosle.

BSC: nuevo uniforme

15 de enero de 2009

De vuelta a los 80's y la honestidad brutal. La vuelta a los ochentas se manifiesta en el amarillo intenso y los vivos rojos de la camiseta; también en la barba que asoma en quien promociona este nuevo uniforme, que evoca una época en la que los pelos en la cara no eran extraños (barbado y con similar uniforme puede recordarse, por ejemplo, al zaguero uruguayo Alfredo de los Santos) como lo prueban la Campaña "Polaco" Escobar del Bestiario del Balón y la Cruzada Sergio Vásquez de En una baldosa. Más todavía, la honestidad brutal, que se revela en las cartas dispuestas para el juego y la apuesta, la cerveza espumosa y presta para el primer sorbo (que siempre es el mejor), en el nombre juguetón del auspiciante. El fondo marino como telón de fondo corona este aire festivo de un equipo que los últimos once años se ha encargado de levantar un cerro de copas (todititas llenas de alcohol) pero ninguna que alegre a su numerosa hinchada.
Joda aparte, que este año píllenos goleadores y háganos campeones. Una generación (no tanto la mía, que saboreó la gloria de los ochentas -y tanto la extraña) mucho lo necesita.

Mejor no hablar de ciertas cosas

14 de enero de 2009

Antier estábamos con una amiga piola en su oficina y queríamos escuchar música, ¿qué ponemos?, me pregunta. Reviso las carpetas de su computadora, ya está, respondo: Sumo. De inmediato empezó a sonar Mejor no hablar de ciertas cosas. El ambiente era cálido esa temprana noche.

He hecho pública mi devoción por Sumo y en particular por quien fue su vocalista, Luca Prodan (quien supo hacer carne esa potente frase de Jack London: "prefiero ser un fugaz y brillante meteoro que un lento y perezoso planeta"). Sumo es, de entre un amplio repertorio de posibilidades, mi grupo favorito del rock argento (y me pregunto, ¿quién me inoculó este delirio? ¿Acaso la Vero, quien loada sea, mañana viene de visita?). De allí que sin conocer su trabajo en El Vuelto S.A. y sin ser fanático de Las Pelotas, la muerte de Sokol me toca, me toca.

Porque ayer murió quien fue bajista y baterista de Sumo en su primera época y vocalista de Las Pelotas, Alejandro "El Bocha" Sokol, de un paro cardiorrespiratorio mientras esperaba en la terminal de Río Cuarto el micro que lo lleve a Buenos Aires. (Aquí, la nota de su deceso en Rolling Stone; acá, su última entrevista para esa revista.) De la muerte no puede predicarse nada con certeza: yo solo podría sugerir esta sentencia del gran Baruch de Spinoza: "el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte y toda su sabiduría es sabiduría de la vida" (Ética, 4ta parte, prop. LXVII). O para decirlo con palabras de Sumo: mejor no hablar de ciertas cosas. Solo acudir a la memoria y escuchar, volver a escuchar...

El Gato

11 de enero de 2009

“Lejos del palacio municipal hay una plaza llamada Victoria. De la Regeneración para acá, la plaza ganó una reja. Adentro, entre sus charcos de cemento con palmeras, sus bancos de hormigón y una glorieta, hay poca gente. Más gente hay del otro lado. Allí, en la vereda, deambulan vendedores. El Gato vende masajes: es un hombre de setenta años, con un maletín de cuero en el que ha pegado un cartel que reza: “Se soban toda clase de safaduras. Yo. El Gato”. Cuando la policía viene, El Gato da vuelta el maletín para ocultar las intenciones y entonces parece lo que es: un hombre pobre, encerrado del lado de afuera de una plaza enrejada”. Así concluye el reportaje “Guayaquil: La Regenerada” que sobre esta urbe tropical publicó Leila Guerriero en el diario La Nación de Argentina el domingo 2 de diciembre de 2007.

El reportaje de Guerriero es excelente (puede consultárselo, aquí): contiene una precisa descripción del llamado “proceso de regeneración urbana”, una entrevista al Alcalde Nebot y unas referencias a algunos de los críticos del llamado “proceso de regeneración urbana” (Xavier Andrade, Ramón Sonnenholzner, Tina Zerega). Entre los críticos, Xavier Andrade señala que “el simulacro es la clave de la regeneración urbana” y que “no se construye ciudadanía. Se construyen visitantes”; Ramón Sonnenholzner acentúa “que se ha sobredimensionado el logro estético y se ha olvidado el desarrollo humano, sanitario”. Tina Zerega, por su parte, sintoniza con esas críticas: “Los ciudadanos hemos convertido la ciudad en una vitrina a la que hay que observar, pero de la que no podemos apropiarnos”. La entrevista al Alcalde Nebot tampoco tiene pérdida: su énfasis en la pocilga anterior, el acento en el turismo actual (que incluye, por supuesto, a quienes habitamos en esta ciudad) y el que Guerriero lo haya pillado en una mentira porque Nebot afirma que las puertas que dividen la parte regenerada de Las Peñas de aquella que no lo está “nunca están cerradas” cuando en el curso del reportaje Guerriero comprueba, vía la explicación de un guardia privado, que las puertas sí se cierran durante un lapso de la noche. La razón que ofrece el guardia para mantenerlas cerradas es tan simple como elocuente: “Bueno, es para separar. Porque ésa es zona no regenerada”.

Pero la parte de este reportaje que no deja de impresionarme por su capacidad para sintetizar el significado del llamado “proceso de regeneración urbana” es la viñeta de El Gato. Que la plaza Victoria (ícono de la ciudad) ganó una reja, que el cemento y las palmeras, que el parque está desolado: ése es el espacio público (o lo que queda del mismo). Que El Gato vende un servicio, que oculta su oficio cuando la policía se le acerca, que este hecho lo convierte en “un hombre pobre, encerrado del lado de afuera de una plaza enrejada”: esa es la exclusión social. Que a pocos le interesa escucharla, que mejor brillan los oropeles: esa es la triste realidad.

P.S.- Dos fragmentos de la Sixtina Guayaca, de la que se habla en el reportaje de Guerriero ("me lo regalaron"). Arriba, el Alcalde Nebot le entrega un papiro que reza Más Ciudad a un efebo semidesnudo y una mozuela en pelota ostenta sus tetas. Abajo, Febres (no lo culpo) observa con sospecha esta escena de corte homoerótico y sensual.























Leo es lo más

9 de enero de 2009

El amigo colombiano Leonardo Reales me envió vía Caralibro unos cariñosos saludos de año nuevo y este vídeo. Lo conocí a Leo en un curso de derechos humanos que hicimos entre Lovaina, La Haya y Estrasburgo (con un fugaz tránsito por Luxemburgo) en el verano del 2006. Conservo de ese curso muy buenos amigos y muy gratos recuerdos. Uno de esos muy buenos amigos es el gran Leo y muchos de mis gratos recuerdos me los convoca el acordarme de cómo me hizo reír durante esas dos semanas. Leo se dedicó en su natal Santa Marta, años atrás, a hacer stand-up comedy en la tele local. Lo retomó en Estados Unidos (donde viajó para estudiar en Columbia) y ahora realiza funciones en New York. La última vez que lo vi, estaba yo en compañía de JC (alías “Noboa Maldini”) y compartimos los tres en su departamento en Queens un chingo de cervezas y un cerro de risas (en la foto, chino de risa). Leo es lo más, un tipazo con mucha energía y la mejor onda. Les cuelgo aquí el vídeo que me pasó. Saluz.


Kristotek

7 de enero de 2009

Ayer OZ, en su breve pero sustanciosa (en inteligente humor y opiniones) visita a Ecuador, nos refirió la anécdota de que anoticiado de la existencia de centros de esparcimiento con nombres religiosos (a saber, Buddha Bar y Ganesh en esta urbe tropical) contó, ante la que se convirtió de inmediato en azorada audiencia, su proyecto de crear una disco con motivos cristianos. Su broma horrorizó a los píos presentes en la reunión.

Ayer, a partir de su anécdota, flipamos con la idea de OZ: el imaginario cristiano (el católico, al menos, que es el que me lo conozco mejor porque lo padecí en mi infancia) da mucho para un bar temático. En principio, podría replicarse la entrada de Ganesh pero en clave cristiana: un Cristo de brazos abiertos que cuelgue del techo (no decidimos aún si su mirada debería ser dulce o doliente; acaso feroz). La carta tendría piqueos Eucarísticos y Apostólicos, platos tipo Cuerpo de Cristo, La Última Cena y Chorizos en Salsa de Lourdes; los cocktails tendrían nombres sugestivos como Parusía, Juicio Final, Evangelio de Juan (éste te pondría en trance místico deuan), Hijas de Lot (cachondería pura), Carro de Elías, Camino a Belén, etc. Tendría detalles tipo Andrés Carne de Res: así, el popote del Bloddy (Virgin) Mary tendrían una imagen de la Virgen María (Inmaculada since 1854) con guiño de ojo y teñida de rojo. La música sería un techno potente (¡aguante el punchis!) que un DJ apropiadamente vestido de so-cerdote tocaría desde un altar y la atención estaría a cargo de benditos y malditas, debidamente ataviados al efecto. Todo esto y más flipamos nosotros ayer y cuando andábamos en busca de un nombre, el Curro, habitúe de la palabra certera, sentenció que la disco se llamaría Kristotek: brindis y aclamación.

Dijo Cioran: las religiones son cruzadas contra el humor. Me temo que como flipaje de dos white russians de duración la idea nos divierte, pero como negocio no nos rendiría. La gente no sabe todavía disfrutar de una sana dosis de herejía (no en público al menos, las apariencias, blablá).

P.S.- En la foto, arriba: Curro, OZ, xaflag. Abajo: vodka tonic, gin tonic, white russian.

De vuelta (fútbol, bici, lector)

La vuelta de Cali deparó, entre tantas otras cosas, la recepción tardía de familiares regalos navideños. A la usual y siempre bienvenida porción de ropa y perfumes, se añadieron una botella de vino y cortesía de mamá… una pelota de fútbol.

Lo mejor de las navidades en la niñez son la sorpresa de los regalos y la satisfacción de recibir aquellos que se anhelan con particular devoción. Mi memoria registra felices ejemplos de esa sorpresa y esa satisfacción. De la sorpresa, la Navidad de mis seis años, en Playas, cuando mi mamá disfrazada de Papá Noel me entregó una bicicleta de spiderman (mi tía Marta me regaló un reloj-robot, que estalló en pedazos frente a mis ojos –un happening prematuro) con la que, paciente enseñanza de mi tío Óscar mediante y sobre la calle polvorosa en las afueras de la casita vieja –la casa de playa que mi abuelo situó frente al hipódromo Costa Azul, para mirar feliz y whisky en mano, las carreras de caballos- aprendí a conducir bici. De satisfacción, la Navidad de mis nueve años cuando mi mamá me regaló la pelota de fútbol del Mundial del ’86, la Azteca de Adidas, que tanto anhelaba para jugar fúbol en la cancha de cemento del Cristóbal, donde pasé tantas tardes de mi infancia (a despecho de mis deberes escolares). Súmesele a esos regalos navideños, el libro Las Aventuras de Tom Sawyer del entrañable Mark Twain que mi abuela me regaló un día cualquiera cuando tenía unos cinco o seis años en el departamento de Vélez y Boyacá donde vivía, que todavía conservo en mi biblioteca remendado por su hacendosa mano y que me inició en la condición (dicho sea a instancias de Borges) de la que más me enorgullezco, la de lector, y todos en conjunto son las tres actividades de las que más he sido devoto en mi vida: el fútbol (para jugarlo, verlo, discutirlo) la bicicleta (para recorrer cientos de kilómetros, en plan recreacional o funcional) y la lectura (para cultivar gustos sencillos y mente compleja). Sazónese estos tres con amigos, viajes y copas, y lo mejor de mi vida pasa allí.

Todo lo evoca esta pelota de fútbol, que aguarda estreno este sábado, ojalá en la playa pa' celebrar el inicio de temporada.

Cali(ente)

5 de enero de 2009

Trip it! Reventamos, tos' las noches reventamos. Neta.












Crónica navideña

28 de diciembre de 2008

Mejor aclararles de volea el exceso que supone este título: la primera aclaración necesaria es su distinta orientación. Yo pensaba, en realidad, escribirles una crónica que critique la navidad, una crónica anti-navideña en toda la regla. Una que refiera las razones por las cuales me resulta tan indiferente la navidad (porque, valga decirlo también, tampoco me sucede oponerme a ella: que cada quien busque su camino a la felicidad como guste –hay tanta soledad en el mundo que supongo que la navidad es un mal necesario-). Pero considero que estas razones son en realidad tan de orden público y tan evidentes por sí mismas que estimo innecesario insistir en ellas: me refiero en particular al ímpetu comercial de esta época, su espíritu consumista, su impuesta fraternidad. Desde una perspectiva estrictamente personal, además, la navidad es un rito de una religión en la que no creo, como no creo tampoco en ninguna otra.

Contra lo que critico de la navidad (a pesar de lo mucho que se lo machaca al público para provocarlo y cuyas provocaciones pretenden resolverse usualmente en monetario) me gusta pensar que lo importante es la cercanía con la familia y los amigos (esa patria para el individuo), la sonrisa, los abrazos, el tiempo compartido y que todas, todas esas cosas son independientes de una fecha cualquiera… Y es que parece también tan evidente si se lo piensa un poco, pero como dijo Lennon: “la vida es lo que te sucede mientras piensas en otras cosas”. Y más simple, por supuesto, es dejarse llevar.

La segunda aclaración necesaria es que ésta no es una crónica. No solo no es una crónica por contenido: tampoco lo es por actitud. Para contar una crónica es necesario (lo resalté en una entrada anterior) ponerse en los zapatos de otros, o mejor, para decirlo en palabras del maestro Ryszard Kapuscinski: “la mayoría de la gente en el mundo vive en muy duras condiciones y si no las compartimos no tenemos derecho a escribir”. Yo no he honrado ese compromiso. No me he puesto en los zapatos de los otros para sentir su soledad (un abrebocas de sensaciones para quienes viven en las antípodas de lo que se provoca en esta época), para sentir ese otro significado de estas fechas para quienes poco o nada tienen, para los olvidados (que suelen ser los de siempre) o para quienes se lavan dando lo que les sobra. Esa es precisamente la tensión que suele aprovecharse en esta época. Tensión que suele resolverse (y eso es lo triste) enflaqueciendo el bolsillo y no agrandando el corazón.

En todo caso es evidente que este título, aclaraciones mediante, se revela como una farsa. Farsa: sustantivo que no pocas veces caracteriza al espíritu que he sentido que impera en estas fiestas. Sostengo que se trata solamente de reivindicar el dar los abrazos cuando se tengan ganas, sin sujeción a fechas ni villancicos (y mientras más, mejor).















P.S.- Santa intenta reivindicarse. Pero nel.

¡Cali Pa-chan-guero!

23 de diciembre de 2008

Este podría ser (tengo algunas cosas en reserva y acaso no lo sea, pero cúrome en salud: abandoné la bitácora los 3 países y 21 días que duró mi último trip) el último post del 2008, un año de excelente factura (no entraré al detalle: no es momento de inventarios). Hoy, después de odiar a Nathalie Celi (uno de nosotros se reúne con ella esta tarde y retrasa nuestra salida) partimos rumbo a Cali. Cuatro amigos, un coche alquilado, un camino a recorrer, un solo propósito: pachanga a toda madre. Otro amigo nos espera allá, otro se nos une después de navidades (que a él si le importan). Confieso que saberme pronto en Locombia es felicidad. Saberme en Cali (no la conozco, he estado en Medellín, en Bogotá, en Cartagena: soy coquito en Cali) donde mi abuelo Antuco solía ir para la Feria (¡porque nosotros vámonos para la Feria laputaquenosremilparió!) y siempre decir que eran fantásticas fiestas, es felicidad salsa. Solo añadiré, para precisar el tamaño de mi emoción locombiana, que si Nietzsche hubiera conocido Colombia, habría postulado su fuckin’ eterno retorno en un rumbiadero, me lo sé. Saluz con tos’ ustedes y como dicen los tanos: ¡coman bien, beban fuerte y no le tengan miedo a la muerte! Esa triste golfa no lo merece.

P.S.- Aprovecho este medio de difusión masiva para que si alguien tiene algún consejo, dirección o amiga en Cali o Pereira, me lo haga saber al xaflag@yahoo.com o en la cajita de comentarios. Salute.










P.S.- Añádasele a orden una "e".
Sírvase al gusto.

Escena en matrimonio

22 de diciembre de 2008

Nos atizamos unas botellas de vino con JC, ese fenómeno de tía abuela que es Macuchín y las estelares participaciones de Isabel y Gabi, el sábado en casa de mi abuela, en el centro de esta urbe tropical. En plan random terminamos por aterrizar (todos, menos Macuchín que se quedó happy at home) en el matrimonio de un compañero de colegio de JC que se realizó en un “salón de eventos” (o sea, un "espacio físico de lo improbable”) en la ciudadela LG (“La Garzota”) vecindad con la porteña L.A. (“La Alborada”).

Para no hacerle swicht a mis sesos no crucé calle rumbo al Viejo Parr sino que me entregué a los champucitos, copa tras copa. En un momento de la noche, estaba yo en la barra para pedirme uno más y hete aquí que se me acercan dos mujeres y un sujeto portador de un antifaz morado, seguro remanente de la hora loca de hace una hora atrás. Las mujeres estaban bien, sin aspavientos. Una de ellas me preguntó mi nombre. Se lo di. Aseguró que me conocía de alguna parte. Me excusé: yo no la registraba de ninguna. Me habló de un conocido en común, le respondí que no lo conocía. Sostuvimos un intercambio de corteses trivialidades, que mi memoria no conserva y que merecieron los matices simples de sonrisas compartidas. Las mujeres se despidieron sin énfasis y se alejaron rumbo al otro extremo del salón. Me quedé con el tipo del antifaz morado, frente a frente.

¿Cuál te gustó? Sorbí mi champú. Ninguna. Me sonrió. No, no. De las dos, ¿cuál te gusto más? Las miré alejarse, caderas bamboleantes. La de negro le dije, para cortar rollo. Ok. Déjalo por mi cuenta. Se lo agradecí, en plan meramente cortés. No me lo agradezcas, me atajó, para apostillar de inmediato: Esto es un negocio. El tipo del antifaz empezó a caminar tras ellas y yo no tenía certeza de si lo habían extraído de la radionovela de Kaliman o de alguna comedia tropical. Todavía no alcanzo a configurar si me encontré con un extraño cafishio o con un llano sujeto banana falto de afecto que pretendía hacerle creer a su prójimo algo que evidentemente no era. Su antifaz, valga decirlo, no aportaba demasiado para la primera hipótesis.

La noche siguió, champú tras champú y rica música tropical mediante. El tipo del antifaz seguía allí, con las mujeres de simpatía sin aspavientos alrededor. Nunca más me se acercó. Salimos del matrimonio y nos fuimos a un bar, donde se suponía que miraríamos el partido del Manchester United vs. Liga de Queto. No lo hicimos. El amanecer nos pilló en otro borde.

En la tarde, cuando desperté, averigüé de inmediato y experimenté la satisfacción de saber que habían perdido. Lo único que lamenté es que no haya sido por paliza.

Periodismo y crónica

21 de diciembre de 2008

Agradezco al amigo poeta Fabián Darío Mosquera por invitarme a participar de un foro sobre periodismo y crónica, en la grata compañía de María Paulina Briones, el propio FDM (en calidad de moderador, con tendencia a la tinosa intervención) y Francisco El Negro Santana. El acto se desarrolló el 3 de los corrientes en el MAAC y su auditorio fueron los estudiantes de sexto curso del Liceo Panamericano, donde FDM enseña literatura.

El lugar estaba lleno; la mesa que ocupamos tenía sendas copas de vino (siempre se agradece). Empezó María Paulina (su bitácora, acá) con la lectura de un texto que sirvió de propicia entrada a la discusión; tomé la posta y empecé por advertirle al público que me sentía (como tantas otras veces) un meteco en ese panel y que mi (de)formación era de otra índole, que yo venía desde el periodismo de opinión (sin embargo de interesarme mucho como lector la crónica y en alguna hobby medida como escritor); eso sí, precisé, el escribir periodismo de opinión no implica disminuirse a las posibilidades de la letanía y los lugares comunes (los “hay que” tan propios de tantos mediocres) sino abrirse a distintos conceptos y distintas posibilidades de estilo (donde puede aparecer la grata visita de la crónica –por ejemplo-, u otros especímenes). Yo enfaticé algunas evidencias particulares: mi interés en el derecho y la política, en la defensa de los conceptos de autonomía individual y de autogobierno colectivo, los que me interesan como puntos de partida para caminos cuyo recorrido depara la visita de otros temas, cómplices y amigos, o cosas de mi estilo, como el evitar los gerundios y las preposiciones. La idea que quise transmitir es acercarse sin prejuicios a una idea, divertirse en el proceso de escribirla, matizarla sin énfasis y sin privarla de gracia. Ummmm, no sé si logré mi cometido.

Luego, el plato fuerte a cargo de El Negro Santana, capo de crónicas locales, de una ciudad tan peculiar y tan propicia para la crónica. Hoy, El Negro publica sus crónicas en El Telégrafo; no tienen pérdida. El Negro desgranó sus historias en pleno dominio de la palabra y del auditorio, con solvencia y gracias totales, un capo di tutti capi. Contó sus experiencias en El País de España y en El Uni(co)verso, contó historias de cómo redacta sus crónicas y nos encandiló a todos.

Se abrió una ronda de preguntas: nos llovieron, no porque les hallamos sembrado a estas almas en formación jardines de dudas sino porque la nota del examen de literatura les iba en ello. En todo caso, preguntaron bien: nos obligaron (en particular a El Negro, en su rol de figura estelar) a reformular y precisar nuestras observaciones de hacía unos minutos. Mientras El Negro explicaba, yo recordé una frase de Ryszard Kapuściński que se aplica, creo yo, a la responsabilidad de escribir crónicas tal como él la entiende y la practica, el que “la mayoría de la gente en el mundo vive en muy duras condiciones y si no las compartimos no tenemos derecho a escribir”. El cuore de la crónica (de toda actividad periodística, si me apuran) late allí, en ese compromiso. Muchos corazones han dejado de latir al amparo del cinismo y hoy nos sonríen, impasibles, desde su cara de dólar. Abundé sobre este punto en otra respuesta y con otra cita del gran Kapuściński, “los cínicos no sirven para este oficio”, la que complementé con esa clásica frase del pícaro tío Óscar, “cínico es aquel que conoce el precio de todo y el valor de nada”. Postulé entonces lo contrario de esa definición de Wilde: que quien se involucra en la actividad periodística, desde cualquiera que sea su trinchera, debe defender ciertos valores: la más amplia libertad para expresarse, el compromiso de ponerse en los zapatos de los otros, el reconocimiento de ciertos mínimos que no se pueden y no se deben negociar.

La noche vino bien, me encontré con varios amigos, presenciamos una obra de Molière, abrevamos varias copas de tinto, nos cruzamos a Nicotina a seguirla (nos acompañaron varios estudiantes: cuando me contaron que pensaban apenas salidos del colegio empezar a trabajar, les reconvine que no cometieran ese error, que se dediquen a viajar y a vivir de noche, que se pierdan un poco: esa es siempre la mejor manera de encontrarse.) Como detalle de agradecimiento de mi participación, Mencha (la rectora del Liceo) me hizo entrega de la foto que abajoubico (que la tomó, con su natural talento, el amigo Ricky Bohórquez). En la carta que acompañó este detalle, Mencha escribió: “la foto fue seleccionada especialmente para ti”. Mencha sabe de mis pesares de hincha.

P.S.- En la foto arribaubicada, el ilustre panel. Fabián, desternillado de risa sin causa aparente, comme il faut.











P.S.- Nótese la seductora uña que sostiene la foto, ja.


Solo una cosa no hay...

20 de diciembre de 2008

Yo le deseé larga vida a León Febres-Cordero: mis razones para tal deseo eran razones de justicia. De esa justicia que en razón de los crímenes de lesa humanidad que se cometieron en su período de Gobierno tenía cuentas pendientes con él y a la que su muerte burla y lo consolida en la impunidad.

Suele impresionarme el que entre los méritos que Febres-Cordero acuñó (como el rescate de Guayaquil de la pocilga roldosista) se cuente el que haya liberado al país del terrorismo. Sostener esa opinión es suponer que el Estado frente al terrorismo debe también actuar de manera terrorista: suposición estúpida porque equipara al Estado (cuya razón de ser es garantizar los derechos de todos quienes vivimos bajo su jurisdicción) con un grupo irregular cuya razón de ser es la violación de esos derechos que el Estado tiene la obligación de garantizarnos. Más todavía, sostener esa opinión es olvidarse (sea por ignorancia o mala fe) que en una sociedad democrática el único propósito válido para el combate al terrorismo es proteger las instituciones democráticas, los derechos humanos y el imperio de la ley, no menoscabarlos (a lo que se tiende cuando se actúa fuera de la ley, sin respeto a mínimos derechos –vida, integridad persona, debido proceso-. Recuérdese esa terrible frase de Febres-Cordero, tras el fallido desenlace del secuestro a Nahím Isaías: “Los derechos humanos son absolutamente respetables en este país, para quienes viven dentro de la Constitución y la ley”: esta frase, si se la piensa bien, fractura la sociedad y contraviene el auténtico propósito de toda democracia).

Michael Ignatieff afirma que la función de los historiadores honestos es purificar los argumentos y reducir al mínimo el número de mentiras en el debate. Reduzcamos, entonces, una: el ingeniero Febres-Cordero solía afirmar que la muerte de los hermanos Restrepo se juzgó oportunamente. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo desmiente: en su Informe No 99/00 sobre el Caso Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo Arismendy el Estado, al tiempo de aceptar su responsabilidad por la desaparición de los hermanos Restrepo, reconoció que hubo “resultados incoherentes e ilegales” de la Policía Nacional y que “el proceso judicial interno estuvo caracterizado por demoras injustificadas, tecnicismo a ultranza, ineficiencia y denegación de justicia”. No se juzgaron a todos los involucrados ni se encuentran todavía los cuerpos de los desaparecidos. No hay justicia.

La justicia que yo deseé para Febres-Cordero consistía en investigar los crímenes de lesa humanidad perpetrados en su período de Gobierno: una investigación, en sede nacional o internacional, pero siempre con las debidas garantías (esas mismas garantías que se le negaron a las víctimas de su combate al terrorismo) y que en caso de responsabilizarlo se lo sancione con la prisión domiciliaria que correspondía. Su muerte nos arrebató esta posibilidad de cesar la impunidad y de hacer justicia. Nos queda, eso sí, la tarea pendiente de discutir de manera objetiva y crítica nuestra historia reciente. Porque, dicho sea al amparo de Borges: “Solo una cosa no hay. Es el olvido”.

Villoro, fútbol y cuento del bisnes

18 de diciembre de 2008

Conocí a Villoro vía este artículo en la revista Soho en que cada frase es un ejemplo de dominio pleno de la palabra y de divertido ingenio: ambos atributos merecieron mi inmediata y rendida admiración. (Mucho Villoro, acá.) El artículo en cuestión tiene, además, la enorme virtud de referirse a uno de los temas literarios que yo más disfruto (¡Galeano, Marías, Fontanarrosa!): el fútbol (el que disfruto cada vez más, excepción sea hecha de la Champions, en su faceta literaria, en la que su épica y lírica dependen del hecho que de su generoso acervo se escoja y de la habilidad del narrador para contarlo, que lo que lo disfruto en mi condición de hincha, precisamente, en razón de la falta de épica y lírica y el notorio declive del Borrachines Sporting Club). Esa puerta de entrada no me defraudó: Dios es redondo es ese espléndido libro de fútbol de Villoro en el que éste hace graciosa cita de Heidegger, Canetti y Agamben al tiempo que su epígrafe escogido para abrirlo es el siguiente: “En el principio Dios iba a la escuela y se ponía a jugar fútbol con sus amigos hasta que llegaba la hora de irse con sus amigos a sus salones. Aunque Dios sabe muchas cosas, quiere aprender más y hacer cosas nuevas. Un día Dios dijo: ‘hoy trabajé mucho y es hora de ir a recreo’. Dios y sus amigos se pusieron a jugar fútbol y Dios chutó tan duro la pelota que cayó en un rosal y se ponchó. Al explotar la pelota, se creó el universo y todas las cosas que conocemos”. Su autor se llama Rodrigo Navarro Morales, tiene siete años, estudia en el Instituto Alexander Bain y su imaginación convierte al Génesis es un vulgar relato de mórbidos pastores (cosa a la que, de todas maneras y sin necesidad de compararlo, el Génesis se acerca bastante.)

Ahora cambiemos de tema, no de autor. Villoro es un literato a carta cabal y fue a principios de este año que disfruté en una isla Caribe (febrero, República Dominicana) de su novela El Testigo, ganadora del Premio Herralde de Novela y sobre la cual, sin asomo de innovación, me atengo a copiarles un fragmento de su contratapa: “Julio Valdivieso, intelectual mexicano emigrado a Europa, profesor en la Universidad de Nanterre, vuelve a su país después de una larga ausencia. El PRI ha perdido al fin las elecciones y se inicia un peculiar período de transición. […] Julio, como todos los exiliados, vuelve a ese tiempo extraño de los regresos, un pasado siempre presente donde uno se reencuentra con el fantasma de lo que puedo ser, con la seductora imposibilidad de retomar la vida donde se la dejó”. El libro no tiene pérdida, como tampoco la tiene este fragmento del mismo que recuerdo que comentamos con el bro X. Andrade, en razón de que ambos en ese tiempo escribimos sendos artículos sobre la legalización de las drogas. El relato ilustra, por sí mismo, el punto:

"Acabo de estar en la Secretaría de la Defensa. Tienen un piso que no está abierto al público, con un museo del narco. Vi la pistola con cachas de oro del Chapo Guzmán, una Biblia con un receptáculo para guardar cocaína, unas puertas talladas con las efigies de unos guardianes que sostienen ametralladoras AK-47. Hay algo raro en que el ejército guarde esas reliquias.
- El enemigo les parece más poderoso que ellos. Es natural que lo admiren." (Pág. 341)

Dos páginas después:

"- El problema está arriba –levantó el índice, como si el gobierno de México ocupara el piso superior de la casa (su sonrisa irónica descartaba a Dios).
- Estados Unidos es el responsable. Tienen a más negros en la cárcel por tema de drogas que en las universidades. Aquí conocemos a los narcos por nombre, apodo y vicios favoritos. Ahí están tan protegidos que operan en la sombra."

Es el cuento del bisnes, ni más ni menos. Y los que pierden, los que pierden, siempre son los otros.








BSC: nuevas contrataciones

16 de diciembre de 2008

Jorge Luis Pérez me hizo reír mucho esta mañana con su artículo autobiográfico “He sido contratado por BSC”. Tocó mis fibras de hincha: me sentí en capacidad de intentarlo, de probarme en filas canarias. Mi experiencia me avala: mi ranquin cervecero, mi afición al ron y al bourbon, mi picardía fernecera y mi toque de magia eslava cortesía de competentes white russians son todos mis atildados pergaminos para ofrecerme al club de mis amores en condición de rendidor stopper, de cinco peleón y marrullero, digamos, tipo un Toninho Vieira en permanente curda: seré un estajanovista de la rúbrica, uno que no dará una (noche) por perdida y que la distribuirá, siempre tinosa y a profundidad. Mi principal defecto, ay de mí, es que yo no conduzco sino una modesta bicicleta y mis compañeros de equipo, en cambio, potentes vehículos de motor al servicio de descalabros varios: derrumbar postes, estrellar coches, arrollar incautos. Como en el caso de Pérez, no me será nada fácil enfrentar a estos gladiadores de la madrugada, pero como encamó el célebre filósofo mexicano* Alfonso Sayas, empuñando un mezcalito, la lucha se hace.

* No mencioné mis habilidades adquiridas (tequila y mezcal) en mis largas temporadas en México, por las razones que aquí se exponen, hechos éstos que no impiden en absoluto que esta madrugada yo le hinche a los Tuzos. Hasta entonces atizaré, a manera de entrenamiento recreativo, unos white russians en un bar de la localidad. ¡Salud!

(Tragi)comedia editorial en El Comercio

15 de diciembre de 2008

En la busca de información para redactar la entrada “Buitres y papel picado” encontré este adefesio. El amigo Héctor Chiriboga me había advertido de su publicación y mucho nos habíamos reído de su torpe comparación. En su parte tragicómica (o mejor dicho, en la más tragicómica, porque el resto tampoco vale mucho) el editorial de El Comercio del 11 de diciembre afirma lo siguiente:

“Lo sucedido en la Universidad Católica de Guayaquil es insólito, aunque desconcierta, pues fue ese centro universitario el que tuvo la hidalguía de oponerse, hace pocas semanas, a una agresión estatal que pretendía convertir a ese campus en un centro de promoción electoral. Entonces hubo una reacción estudiantil, más que de las autoridades, que rememoró las grandes gestas de la universidad en el continente.
Se regresó a la histórica reforma universitaria de Córdova [sic] de 1918 y a los hitos de la universidad ecuatoriana a raíz de la revolución de 1944, cuando Benjamín Carrión enarboló la cultura como identificación nacional.” (Las cursivas son mías)

Me interesa, en particular, la parte en cursivas. El fulano que redactó este editorial desconoce mucho, el pobre, el significado de la reforma universitaria de Córdoba. En un apartado de su extensa y excelente obra de historia sobre América latina (América latina. De la independencia a nuestros días, Fondo de Cultura Económica, Pág. 413-414) François Chevalier describe ese proceso histórico en los siguientes términos:

“[Argentina] fue teatro, en 1918, en la vieja universidad de Córdoba (fundada por los jesuitas), de una insurrección estudiantil cuyas repercusiones continentales, a 50 años de distancia, aún ofrecían curiosas analogías con los movimientos mundiales “contestatarios” en las universidades, entre otros con el de Francia en 1968.
Recordemos brevemente las bases del “manifiesto de Córdoba” y de sus prolongaciones en junio-julio de 1918, que atrajeron la atención de ciertos periodistas europeos […]
De ahí nacen las “bases para la organización de las universidades” que proclamó en su congreso de Córdoba, del 20 al 31 de julio de 1918, la Federación Universitaria Argentina (fundada el precedente 11 de abril).
Las bases comprenden 10 puntos:
1. coparticipación de los estudiantes;
2. nexo institucional con los estudiantes alumnos o diplomados (“vinculación de los graduados”);
3. libre asistencia a los cursos;
4. profesorado libre;
5. periodicidad de la cátedra;
6. carácter público de las actas y de las sesiones;
7. extensión de la universidad fuera de su recinto (o difusión de la cultura universitaria);
8. asistencia social a los estudiantes;
9. autonomía universitaria (sistema diferencia organizativo)
10. universidad social (es decir abierta al pueblo y dependiente del pueblo)
Una vez reconocidas por el Presidente Yrigoyen (decreto de reforma del 13 de octubre de 1918), estas ideas vencen en 1918-1920 a pesar de la vigorosa oposición que suscitaron, sobre todo entre el cuerpo profesional. Se propagaron con rapidez en Montevideo, y especialmente en Perú (1918-1920); después en Chile, Colombia (Bogotá y Medellín), Caracas, México, La Habana, etc.”

Transcrito lo cual, cualquier comparación entre este complejo proceso político y educativo con la pendencia acaecida en los predios de la UCSG el 16 de agosto de 2008 es desconocer (ignoro si por estupidez o por mala fe) el inmenso, gigante hiato que distancia el proceso de Córdoba de este suceso universitario. Para mayor inri, el pobre fulano que redactó este adefesio desconoce que Córdoba se escribe con “b” de burro (un sustantivo que bien podría caracterizarlo, por cierto). Sería solamente para la risa sino fuera porque El Comercio se supone un periódico serio y este adefesio representa su opinión institucional sobre este tema: de allí su condición trágica. Aunque, en todo caso, la risa prevalece: que sirva, entonces, para el escrache y la risa esta necedad.

P.S.- El amigo Héctor Chiriboga publicó este interesante artículo, en sintonía.

El término "matrimonio"

14 de diciembre de 2008

El 27 de diciembre de 2007 el Presidente uruguayo Tabaré Vásquez promulgó una ley que regula las uniones concubinarias de distinto e igual sexo. Uruguay fue el primer país de América latina en legalizar la relación de parejas homosexuales con alcance nacional (al tiempo de la promulgación de esta ley en Uruguay, la unión de parejas homosexuales era legal en Ciudad de México y Coahuila, en México; Río Grande do Sul, en Brasil; Buenos Aires, Villa Carlos Paz y provincia de Río Negro, en Argentina; en Colombia, la Corte Constitucional les reconoció varios derechos a las parejas homosexuales). Ecuador legalizó la unión de homosexuales en el artículo 68 de la Constitución Política actual y reservó la palabra matrimonio para la unión de parejas heterosexuales*.

En una entrada de su excelente bitácora Escribir para qué (titulada "Los guardianes de las palabras") Leila Macor escribe que los conservadores derrotados “comienzan a entender que la homosexualidad no es una enfermedad y hasta aceptan que los gays necesitan ampararse en la ley. Pero aún defienden lo poco que les queda: la propiedad de la palabra. El derecho a nombrar los cimientos de su dignidad con los términos que consideran que les son propios. Aceptan las uniones legales entre homosexuales, ¡pero que no se les llame matrimonio!”. Esta acertada descripción de Leila Macor permite continuar el análisis que se postuló en una entrada anterior de esta bitácora ("Matrimonio en campo abierto"). Quiero insistir, eso sí, en que la institución del matrimonio no es lo importante (porque como decía el enorme Groucho Marx: “El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución” –siempre he sido, valga decirlo, marxista de la tendencia grouchiana): lo mismo puede una pareja homosexual o heterosexual, si lo desea, vivir dentro o fuera de la institución matrimonial: eso no afecta lo esencial (que siempre es invisible a los ojos, Principito dixit). Pero lo que sí es reprochable en una sociedad democrática que postula en su Constitución Política sólidos principios de no discriminación (como lo es la ecuatoriana con todos los juguetes al menos desde la Constitución de 1998) es la sanción legal de una discriminación verbal “argumentando un supuesto título de propiedad que le confieren la religión y la tradición”, como afirma Leila Macor, quien concluye su entrada con los siguientes cabales términos: “Las palabras son peligrosas: crean realidades, no se debe despreciar su poder. Por eso esta nueva clase de "conservadores derrotados” son posesivos con los adjetivos y sustantivos con que se definieron hasta ahora: porque intuyen que cuando pierdan la batalla de la palabra, habrán perdido la guerra para siempre”. Ojalá la pierdan, porque su credo es discriminar: un credo despreciable.

* Curiosamente, como bien lo argumentó un comentarista (Fernando Abel) en la entrada "Matrimonio en campo abierto", la Constitución Política de 1998 no prohibía el matrimonio homosexual. Se podría argumentar en contra de esta hipótesis que no fue esa la intención de los redactores del texto constitucional y que el Código Civil establecía que el matrimonio era la unión de hombre y mujer, etc. (Azul formuló la primera prevención, DoctorObservador -hoy Observador a secas- la segunda). Lo del Código es insustancial (se puede desarrollar una ley posterior que derogue esos artículos o una interpretación constitucional podría declararlos inconstitucionales por considerarlos discriminatorios) y lo de la intención de los redactores no se sostiene porque los principios que sustentaban a la Constitución Política de 1998 permitían una interpretación en sentido contrario. Así, el artículo 17 garantizaba “a todos sus habitantes, sin discriminación alguna, el libre y eficaz ejercicio y goce de los derechos humanos”, el artículo 18 inciso 2 obligaba a que en materia de derechos “se est[e] a la interpretación que más favorezca su efectiva vigencia”, el artículo 23 numeral 3 garantizaba el derecho a la igualdad ante la ley en términos de “todas las personas serán consideradas iguales y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin discriminación en razón de […] orientación sexual” (artículo 23, numeral 3) y el artículo 37 in fine definía el matrimonio como fundado solamente “en el libre consentimiento de los contrayentes y en la igualdad de derechos, obligaciones y capacidad legal de los cónyuges”. Dicho lo cual, solo bastaba que atento a esas normas constitucionales el Tribunal Constitucional actúe en consecuencia. Pero los católicos y otros miembros de confesiones retardatarias podían descansar tranquilos: ese tipo de interpretación constitucional era y es rara avis en estos pagos (pobre Ecuador, tan cerca de Colombia y tan lejos de su interpretación constitucional): de veras, nuestra jurisprudencia constitucional es, en términos generales, hoy como siempre, vergonzosa.



















P.S.- Yisuscrais contraataca, en solidaridá.

Buitres y papel picado

12 de diciembre de 2008

La actitud de Ricardo Antón, Director de la Comercial de Tránsito del Guayas, en relación con la obra del artista Betto Villacís es reprochable y torpe. Reprochable, porque constituye un atentado contra la libertad de expresión artística de Betto Villacís y contra el derecho que tenemos todos los ciudadanos de recibir ideas de toda índole. Torpe, porque el efecto que provocó su reprochable actitud fue el contrario al que pretendió: lejos de impedir que se conozca la obra, contribuyó a difundirla (yo pongo mi granito de arena); lejos de impedir que se afecte la honra de la Comercial de Tránsito del Guayas, contribuye a que en legítimo uso de nuestro derecho a la libertad de expresión los ciudadanos “afectemos” la honra de la muy sensible Comercial de Tránsito del Guayas.












Por cierto, no cabe justificar la actitud de Antón como un ejercicio del derecho a la protesta como alguien sugirió en los comentarios a la entrada que posteó el amigo José María León Cabrera en su excelente bitácora. Yo he suscrito y he postulado el derecho a la protesta que tenemos los ciudadanos, por ejemplo aquí y acá: no es difícil comprender la naturaleza de este derecho a partir de estas palabras del Juez Brennan de la Corte Suprema de Estados Unidos: “Los métodos convencionales de petición pueden ser y suelen ser inaccesibles para grupos muy amplios de ciudadanos. Aquellos que no controlan la televisión y la radio, aquellos que no tienen la capacidad económica para expresar sus ideas a través de los diarios o hacer circular elaborados panfletos pueden llegar a tener un acceso muy limitado a los funcionarios públicos, y como lo que nos interesa es que tengan un acceso regular a los funcionarios públicos, sobre todo si lo que tienen consigo es una queja vinculada con un agravio constitucional muy fuerte, entonces el hecho de que éste sea un grupo con muy especiales dificultades para expresar su punto de vista nos obliga a tener una consideración muy especial frente a los medios que escogen para presentar sus reclamos”. El comentario que Roberto Gargarella formula a esta opinión del Juez Brennan precisa la idea: “Cuando más dificultad tenga un individuo o grupo para acceder al poder, más razones hay para asegurarle una protección especial”. (Gargarella, Roberto, Carta abierta sobre la intolerancia. Apuntes sobre derecho y protesta, Pág. 27-28). No cabe, entonces, amparar la reprochable y torpe actitud de Antón en el derecho a la protesta.

Pero la actitud que de verdad me preocupa, porque se supone que debería estar en sus antípodas, es la actitud de las autoridades de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (¡ay, mi alma máter!). El Vicerrector Académico de la UCSG, Mauro Toscanini Segale, lejos de defender la autonomía universitaria y el derecho a la libertad de expresión, ofreció disculpas a Ricardo Antón; el argumento de éste es paupérrimo: “[n]o puede ser que en la misma universidad donde se educan vigilantes se haga este tipo de mofa de la institución. No lo aceptaré” (en referencia a los cursos que los aspirantes a vigilantes reciben en la UCSG y que los paga la Comercial de Tránsito del Guayas) pero mucho peor es que el vicerrector Mauro Toscanini lo acoja: “Yo pedí que sacaran la pintura porque, en realidad, se afectaba a una institución. 1 200 de estos vigilantes se capacitan en la universidad en valores para que sean mejores en su institución. Y no podemos ridiculizarlos”. Antón conversó con Toscanini; según las propias palabras de Antón, “la CTG no dio ninguna orden para que se retire este cuadro de la exposición. Fueron los propios directivos de la universidad que al darse cuenta de lo que estaba sucediendo dispusieron que se retirara”; Toscanini considera, el pobre, que esa disposición no constituye censura, al tiempo que advirtió a Betto Villacís, cuando retiraba el cuadro que estaba alojado en el vicerrectorado académico, que no podría exhibir la obra en el galería de la universidad.

Sin embargo, el Consejo Universitario emitió el 8 de diciembre una resolución en la que rechaza “todo acto que signifique violación a los espacios y práctica universitaria [sic]”y ratifica “la adscripción y respeto de nuestra Universidad a los principios universales de libertad de expresión” y de “libre expresión artística”. Si esta resolución no es un burdo acto de cinismo y se toma con mínima seriedad lo que se afirma en la misma, la obra de Villacís debería exhibirse en la galería, gústele o no al Director de la Comercial, pésele a quien le pese. Pero es sólo lírica, una verónica para la tribuna. Más pesan 1.200 cursantes, en contante y sonante. Porque es evidente que el único argumento en limpio que exhibe Mauro Toscanini es que debe respetarse a una institución (la Comercial) que educa a 1.200 de sus miembros en la universidad. Los principios que enuncia la resolución son sólo papel picado, que unos buitres picotean por allí.

La universidad en el horno y a Antón el tiro le salió por la culata. Yo quiero contribuir al escarnio y la sátira, pero mis habilidades en materia de diseño son escasas; quien diseñe algo en ese sentido, me lo envía y aquí lo colgamos. ¿Si le ponemos alitas de buitre a este ojón adefesio? Podría ser un buen inicio. Sírvanse.












¡Ay, 60 años!

11 de diciembre de 2008

Ayer. Hoy son sesenta años y un día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de saldo ambiguo. Al amparo de Cioran y de los gnósticos tiendo a considerar sin tomármelo muy en serio (obvio porque no soy creyente; si lo fuera, sí que tendría que pensármelo) que dios es, ora omnipotente y malvado, ora bondadoso pero chapucero: sólo esas patéticas alternativas divinas podrían explicar, desde la metafísica, este desastre de mundo en el que vivimos y del que la DUDH no ha podido salvarnos. Pero la DUDH mérito sí que tiene: fue, hace sesenta años y un día, el punto de partida de la comunidad internacional para codificar el derecho internacional de los derechos humanos, para reivindicar un discurso y orientar una práctica que, a pesar de sus notorias deficiencias e insuficiencias, no poco ha contribuido para evitar y corregir muchas injusticias. La DUDH es, me gusta pensármelo con estas palabras de Nadime Gordimer, “el documento esencial, la piedra fundamental, el credo de la humanidad que recoge todos los otros credos que orientan el comportamiento humano”.

El artículo 1 de la DUDH no parece difícil de comprender y practicar. Dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Sin embargo uno mira alrededor… Pero bue, no cabe que dejemos de imaginarnos un posible mundo mejor: lo digo al amparo de Lennon (otro aniversario reciente, just three days ago) quien soñaba con un mundo sin codicia, ni países, ni religión, malas ideas que tanto han contribuido para que nos dañemos los unos a los otros. Libertad, igualdad, fraternidad: todavía mucho por hacer. A seguirla, para que como sugería Camus, al menos abandonemos el mundo un poco mejor de cómo lo encontramos.

Un affaire de drogas en el Caribe

9 de diciembre de 2008

Yo estaba en una playa del Caribe (donde se vive como se escribe, como dijo Luis Leonardo Aute) en una fresca noche en pie de paz con una segunda botella de tinto en el depto de mi muy querida Eileen. Y hete aquí que pasada la medianoche del 2 de ese febrero bisiesto me introduzco a Internet para revisar la publicación de mi columna Razones para la Legalización de las Drogas (si se publicó completa y sin modificaciones, etc.) y me encuentro con este pana, una idea infeliz. Era la primera vez (que no sería la última) en casi dos años de columnista estable que El Universo no publicaba mi columna de opinión. Decidí que el asunto merecía atención pa’ luego porque nada yo podía resolver esa madrugada: escancié entonces la segunda de tinto y la noche se vino fresca, risueña y caribeña.

Ya en la tarde de ese 2 le escribí a Emilio Palacio un escueto correo electrónico en el que le solicité una explicación. Él me respondió con un correo amable que yo contesté de inmediato en los siguientes términos los que ahora publico en esta bitácora en reemplazo del editorial que El Universo no publicó aquel 2 de febrero. Me parece que mi contestación al amable correo de Palacio refuerza los argumentos del debate que pretendí plantear en materia de razones para legalizar las drogas: de ahí que decida publicarla en este espacio. La columna que el 2 de febrero se censuró, terminó por publicarse (con modificaciones) el sábado 1 de marzo, primer sábado después de mi regreso del Caribe sucedido el 25 de febrero. Las modificaciones a la columna se convinieron en una conversación que, a finales de febrero, sostuvimos con Palacio en su oficina: conversación en general amable, aunque a ratos chance áspera y finalmente circular. La columna, después de discutirlo cerca de tres horas, terminó por publicarse aquel 1 de marzo en los mismos términos que planteé en la contestación que hoy publico.













P.S.- Una última cosa: la versión a la que se accede a través del enlace que consta en esta entrada los dirige al editorial que publicó El Universo, con las modificaciones que sufrió el original. El original, aquel que no se publicó, consta en esta bitácora, acá.